La dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría

El concepto de Nueva Guerra Fría, por simplificador, resulta engañoso. No se trata de una nueva Guerra Fría entendida como un regreso al statu quo en Europa previo a 1989, lo que permitiría desempolvar los manuales de relaciones internacionales de la época y rescatar a los sovietólogos del retiro. El mundo no es el mismo y no es posible una repetición de la historia. Precisamente las novedades de la sociedad de la información en un mundo globalizado dan lugar a las características diferenciadoras de la Nueva Guerra Fría.

En la vieja Guerra Fría existían dos bloques irreconciliables separados en Europa por el Telón de Acero. La Nueva Guerra Fría tiene lugar en un mundo globalizado donde millonarios rusos mantienen cuentas en Chipre, organizaciones de la diáspora ucraniana organizan crowdfundings en Internet para enviar equipamiento militar al frente, trolls rusos dejan comentarios en las página web de medios occidentales y organizaciones estadounidenses montan talleres de márketing político en Europa Oriental.

Las relaciones de Occidente con Rusia y sus aliados ha entrado en una nueva etapa que yo, entre muchos, caracterizo como una Nueva Guerra Fría porque a las disputas geopolíticas se añaden también elementos de una confrontación ideológica de fondo. Esa dimensión tampoco es equiparable a la vieja Guerra Fría. No existe un bloque enfrentado a Occidente que sea sólido y homogéneo en lo ideológico. No existe una corriente ideológica única, reconocible y coherente con autores de referencia y partidos políticos que sea equiparable país a país. El bloqueo puesto a Occidente se define por negación. El elemento cohesionador del bloque que tiene a Rusia como principal potencia es la oposición a la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados. Precisamente los principales aliados de Rusia fuera del espacio ex-soviético forman parte de dos bloques caracterizados por oposición a Estados Unidos en Latinoamérica y Oriente Medio: el Eje de la Resistencia y la Alianza Bolivariana junto con Argentina. Se trata antes de nada de un bloque surgido a partir de alianzas geopolíticas y geoeconómicas surgidas de una coyuntura histórica dada en la que el discurso ideológico es débil y está en construcción.

La democracia liberal y la economía de mercado es el sistema que nominalmente comparten Estados Unidos y Rusia, de tal forma que en la teoría no puede haber antagonismo de sistemas político-económicos. Pero una observación cercana de la realidad de Rusia y muchos de sus aliados revela que el sistema político de esos países no es equiparable al de las democracias occidentales. Por un lado, lo partidos en el poder se perpetúan vía las urnas mediante pucherazos electorales, leyes electorales a medida, gerrymandering, etc. El resultado es que el partido en el poder y la maquinaria del Estado se vuelven indistinguibles. Además, el poder político tiene a su servicio una potente maquinaria mediática que mantiene el culto al líder. Existe una elevada inseguridad jurídica con una justicia parcial y muy dependiente del poder político. La oposición política, más allá de sus errores y fracasos, es reprimida activamente mediante encarcelamientos de figuras señaladas, asesinatos, persecución de los medios de comunicación, etc. En esta descripción encajan en mayor o menor medida Rusia, Venezuela y Argentina, con las evidentes excepciones y variantes locales que van del asesinato de Alberto Nisman al asesinato de Boris Nemtsov. Irán y Siria son casos aparte, pero no es necesario entrar a explicar que sus sistemas políticos son opuestos a la democracia liberal.

Hay una serie de elementos en el discurso político que son comunes y que quedan resumidos en la denominación argentina del “Proyecto Nacional-Popular” del kirchernismo. Esto es, nacionalismo y populismo. La oposición a la hegemonía estadounidense en política exterior, junto al rechazo de la “globalización neoliberal” o el Consenso de Washington, lleva aparejada la defensa de un sector económico estatal fuerte. La confusión entre partido del poder y Estado crea una emergente oligarquía beneficiaria de los negocios de las grandes empresas públicas (de los siloviki a los boliburgueses), además de la existencia de redes clientelares. Si el partido en el poder se confunde con el Estado, el líder y el partido encarnan además al pueblo frente a una oposición caracterizada desde el poder como vendepatrias, golpista, al servicio de Estados Unidos, etc. Esas acusaciones toman como base las simpatías que reciben desde Estados Unidos y la Unión Europea las fuerzas de la oposición de ideología liberal (en el sentido europeo del término) o de naturaleza modernizadora.

Un elemento peculiar, quizá influencia de la hostilidad a Israel del Eje de la Resistencia, es el nada soterrado antisemitismo que presenta en el siglo XXI elementos renovados. Del antiguo conspiracionismo de los Protocolos de los Sabios de Sión se ha pasado al discurso sobre el papel del capital judío internacional en la crisis financiera o el apoyo de George Soros a las Revoluciones de Colores en Europa del Este. Mientras el antisemitismo ha pasado en Rusia al discurso oficial, hay que recordar los insultos que lanzó Nicolás Maduro contra su rival, Henrique Capriles, durante las últimos elecciones venezolanas: “judío” y “maricón”. Más allá de la anécdota, los ataques y agresiones contra la comunidad judía venezolana han aumentado durante el chavismo.

Chávez y Ahmadinejad en 2007
Chávez y Ahmadinejad en 2007

Una de las características fundamentales de la Nueva Guerra Fría es que transciende el tradicional eje político izquierda-derecha. Algo que resulta evidente en el Parlamento Europeo. Allí, existe un bloque de partidos, no necesariamente aliados en otras materias, que en las votaciones respecto a Rusia y la crisis de Ucrania votan a favor de los intereses de Rusia. Lo forman partidos situados en ambos extremos del eje izquierda-derecha: Eurófobos, euroescépticos, neofascistas, ultraderecha xenófoba, postcomunistas, comunistas, independentistas de izquierdas que abandonaron el terrorismo, etc. Esa diversidad se ha visto en los voluntarios extranjeros que se han incorporado a las filas del bando prorruso en Ucrania Oriental, donde lucharon codo con codo neofascistas franceses y comunistas españoles, generando en Internet un debate sobre la necesidad de superar viejas diferencias para luchar contra el imperialismo capitalista financiero globalizador.

54e32b4e71139e95208b45be
Ilustración del canal Russia Today

En el caso español, he señalado varias veces cómo el partido Podemos encaja perfectamente en el orden político de la Nueva Guerra Fría. Su núcleo duro cobró por trabajos de asesoramiento de los gobiernos de Venezuela y Bolivia, además de mantener vínculos con la organización kirchnerista “La Cámpora” y señalar a Ernesto Laclau como un referente intelectual. Su líder, Pablo Iglesias, presenta un programa en el canal en español de la corporación audiovisual pública iraní. Precisamente Pablo Iglesias ha defendido la salida de España de la OTAN y una acercamiento geopolítico de la Unión Europea a Rusia, un tema del que uno de sus mentores y frustrada figura de Podemos, Jorge Verstrynge, recogió en su libro El sueño eurosiberiano en 1992. En el Parlamento Europeo, Podemos forma parte del bloque de partidos que vota a favor de los intereses rusos en cuestiones relacionadas con Rusia y la crisis de Ucrania.

Otro partido que encajaba en ese esquema de cosas, era la coalición griega SYRIZA. Defendía la retirada de Grecia de la Alianza Atlántica, la ruptura de los acuerdos militares con Israel y su líder había hecho gestos de cara a Rusia durante la crisis de Ucrania. A la hora de formar gobierno en enero de 2015, se alió con ANEL, el “partido ruso” de Grecia. Pero transcurrido menos de un año y ante la necesidad de un nuevo rescate económico, el gobierno de SYRIZA renunció al programa original de gobierno esbozado en 2012.  Grecia fue temporalmente, como lo fue antes Chipre, tablero de juego geopolítico de la Nueva Guerra Fría, pero en ambos casos quedó de relieve la debilidad económica rusa que impidió rescatar a esos dos países y atraerlos a su órbita.

Referentes intelectuales para el blog "Tribulaciones Metapolíticas": El Che Guevara, Mishima,
Referentes intelectuales para el blog “Tribulaciones Metapolíticas”. Véanse los nombres aquí.

Curiosamente, lo que hasta ahora hemos descrito como alianzas geopolíticas coyunturales y afinidades ideológicas circunstanciales está teniendo su síntesis ideológica en la periferia de la vida política. Un panorama amplio y diverso que incluye desde kirchneristas a neofascistas, pasando por euroasianistas y miembros de la Nouvelle Droite, están construyendo un pensamiento político donde convergen Putin, Chávez y Hezbolá como vanguardia de la lucha contra el imperialismo yanki, el sionismo y el capital financiero multinacional. Véase a modo de ejemplo los blogs Pueblo Indómito, Página Transversal y Tribulaciones Metapolíticas. Son, evidentemente, minoritarios y marginales en el actual panorama político occidental. En el lenguaje de la Tercera Posición, aspiran a hacer “metapolítica”. Incluso en Rusia, como es el caso de Alexander Dugin, mantienen una relación ambivalente con el poder establecido. Sin embargo, a pesar de su papel político marginal, el ideario antioccidental resuena en Europa más allá de estos grupos periféricos porque su visión del orden internacional encajan con los de cierta izquierda europea. La confusión llega al punto que un autor de la Nouvelle Droite francesa aparece en el portal de izquierdas Tercera Información y la propaganda rusa sobre la guerra de Ucrania es publicada en el diario “obrero” La República.

CGOAkOSXIAA0pre
Manifestación en Francia.

Y es que, como conclusión, el mejor escaparate de la dimensión ideológica en la Nueva Guerra Fría es la proliferación de medios con los que los que Rusia, Irán y los “países bolivarianos” pretenden dar batalla en el campo de las ideas más allá de su ámbito regional. Hablamos de Russia, Today, Sputnik, Russian Behind The Lines, Press TV, HispanTV, TeleSur, etc. Todo ellos no son únicamente canales de noticias donde se representa la visión oficial de los gobiernos que los financian, sino que promueven una determinada visión política de la realidad mundial en la que se critica a Estados Unidos, la Unión Europea Israel y sus aliados.

13 thoughts on “La dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría

  1. Eres suave cuando hablas de neofascistas franceses y comunistas españoles luchando codo con codo. Durante un tiempo lucharon los comunistas españoles codo con codo incluso con neofascistas/neonazis catalanes aficionados a llevar cruces célticas y ponerse de avatar en Facebook/Vk iconos y pinturas de la División Azul junto con fotos de snipers nazis de la Segunda Guerra Mundial.

    Por lo demás, una de las entradas mejor encaminadas sobre el tema en tu blog.

    1. Me propuse profundizar en el análisis de la Nueva Guerra Fría. Además, he ido puliéndolo gracias a las aportaciones de otras personas.

  2. ¿Qué autor de la Nouvelle Droite sale en Tercera Información? El enlace lleva a la página principal y ahí no no consigo encontrar a nadie de esa corriente.

    No me convence el argumento que usa Walter Laqueur –la publicación de un libro– para hablar de antisemitismo emergente en Rusia. No observo tal antisemitismo, o desde luego no me parece mayor que el que se da en Occidente. La relación de Israel con Putin parece incluso más distendida que con Obama. RT es posiblemente el medio que con más dureza ha acusado a España de antisemita por lo del festival reggae y un programa emitido en RTVE. Y la acusación de antisemitismo es una de las favoritas de RT para demonizar a sus enemigos. Eso no impide, claro está, que a veces jueguen la carta contraria cuando les conviene, en la línea orwelliana que caracteriza a la propaganda rusa.

    Un argumento a favor de mi tesis de que Rusia no tiene grandes problemas con Israel –pese a que algunos aliados sí los tengan– es que los partidos europeos que apoyan a Rusia son prosionistas o se han hecho prosionistas justo al mismo tiempo que han entrado en nómina de Moscú. Éste es el caso de los partidos de extrema derecha que apoyan a Rusia, con la única excepción de Jobbik, que se podría explicar por algunas particularidades. Esos partidos de extrema derecha participaron en un congreso celebrado en Rusia al que acudieron representantes de Rusia Unida y del Likud, un hecho del que nunca se ha informado en Occidente (sólo publicado en medios en lengua rusa). Por otra parte, con Syriza y ANEL me da la impresión de que ha ocurrido algo similar: si bien en un pasado sus líderes han podido usar una retórica antisionista, cuando han llegado al poder han llevado a cabo medidas de acercamiento a Israel. Así pues, no parece que la política exterior rusa tenga una impronta antisionista o antisemita, o desde luego no tiene ninguna posición dogmática al respecto.

    1. Estuve buscando con Topsy y sólo encontré un tuit mío donde se los reprochaba. Fue en mayo de 2014. El buscador de Tercera Información es malísimo. Pero mientras buscaba artículos sobre Ucrania publicados en mayo de 2014 me encontré cosas de Voltairenet, así que para el caso es lo mismo.

      Habrá que estar atento a las relaciones ruso-israelíes después del acuerdo nuclear y la nueva era de negocios armamentísticos con Teherán.

  3. Hola Jesús, sin duda has progresado en tú análisis sobre la nueva síntesis ideológica que se esta cociendo en los ambientes de extrema izquierda y ultraderecha actuales, pero pienso que sigues subestimando la historia. En estos momentos me encuentro estudiando a profundidad la historia de la derecha, tanto en Europa como en América Latina. Esta convergencia de posiciones antagónicas ha tenido encuentros anteriores, que datan desde el siglo XIX y que son muy anteriores a la revolución bolchevique, que termino por cristalizar una especie de “antagonismo irreconciliable” entre ambos sectores debido a la desigualdad de fuerzas y al hundimiento definitivo de los movimientos de extrema derecha durante la posguerra.

    Aquí van algunos datos curiosos:

    1) Muchos no saben, sin embargo en la formación del antísemitismo moderno hubo muchos pensadores de izquierda que participaron en dicha cruzada: además del archi-reconocido Gobineau, habría que contar a Ernst Renán, Agustin Blanqui y a Proudhon como antisemitas de primera fila; pero el triunfo del marxismo dentro de las corrientes de izquierda modernas termino por sepultar muchos de estos otros socialismos alternativos, que ahora son recuperados por los nuevos movimientos de derecha como la Nouvelle Droite de De Benoist.

    2) La similitud entre movimientos de extrema derecha y extrema izquierda no es algo nuevo, fue notada por muchos observadores espabilados en su momento como Hayek, Molnar, Aron, Popper, etc… quienes criticaban este acercamiento entre ambas corrientes supuestamente irreconciliables. Hubo alianzas entre ambas corrientes políticas durante la Primera Guerra Mundial y en el período posterior, durante el período de entreguerras. Tanto es así, que es imposible pasar por alto el hecho de que Mussolini era originalmente un socialista, y muchos miembros fundadores del partido Nazi fueron ex-comunistas y socialistas declarados, que oponían el socialismo de Estado centro-europeo bizmarquiano (por ejemplo Van der Bruck y Spengler) contra el liberalismo de cuño anglosajón, destructor de la tradición y las sociedades orgánicas.

    3) José Antonio Primo de Rivera ya hacia suya la consigna de que la izquierda y la derecha eran iguales y debían ser dejadas de lado para establecer una tercera posición, o incluso una cuarta, donde se superaran las contradicciones de clase y las luchas partidistas que desataban el caos de la modernidad democrática y parlamentaria, verdadera culpable de los movimientos totalitarios y del triunfo del comunismo. En este sentido, el caso de Dugin es particularmente significativo, pues su visión temprana de reconciliar los antagonismos de corrientes que parecían irreconciliables y rescatar el nacional-bolchevismo resultaba, a la sazón, bastante prematura en su momento, pero con el tiempo rindió sus frutos. En Europa, durante la década de 1990, era visto por la izquierda como un “desequilibrado mental” (tal y como lo llama Bobbio), no obstante ahora se lo toman muy enserio.

    Podría seguir agregando cosas, pero creo que con este basta por ahora.

    Un saludo Jesús.

    1. Fíjate que yo no creo que una síntesis rojo-parda termine por convertirse en una ideología coherente de nuevo cuño y mayoritaria. Más bien, veo una serie de alianzas estratégicas sobre unas bases comunes.

      Ha sido interesante lo que ha pasado esta semana: Juan Manuel de Prada, eso fan de Putin, ha escrito en el ABC a favor de Assad. Mientras que tres miembros del nuevo partido de Sarkozy hacían lo mismo para la agencia Sputnik, siendo republicado en español por al-Manar. Defienden lo mismo, pero no me veo a Paco Frutos y de Prada compartiendo escenario en un acto a favor de al-Assad.

      1. Sí, estoy de acuerdo con esa afirmación y de hecho creo que alguna vez te sugerí, el año pasado, que la alianza entre la extrema izquierda y la ultraderecha actuales era un fenómeno coyuntural, basado sobre una necesidad táctica y estratégica más que de un permanente apoyo entre ambos. Yo habló de convergencia, de mezcla, no de síntesis – que en mí opinión es imposible -, especialmente sí tenemos en cuenta cuáles son los presupuestos básicos que todas estas doctrinas defienden y hacen su lema: ¿qué pueden tener en común los fundamentalistas islámicos chiíes de Hezbola con los gobiernos socialistas de América Latina o con la Rusia autoritaria de Putin? En mí opinión muy poco.

        De todos modos, los representantes de estas nuevas corrientes “ideológicas” no abogan por una síntesis, sino por una superación de las posiciones anteriores, un nuevo esquema mental que se encuentra en estado de cocción y que no estoy seguro que cumpla, a la perfección, con sus promesas. Tanto Dugin como De Benoist han intentado forjar ese moderno imaginario para esta naciente alianza transversal de movimientos con orígenes y metas distintas, que a penas parecen tocarse. Esa es la razón por la que Dugin hace tanto énfasis en una cuarta teoría política posmoderna que deje de lado los viejos antagonismos y construya un nuevo camino propio, valiéndose de un utillaje mental bastante extenso y enredado. Quizás también sea por esa razón que han comenzado a rescatar, de la trastienda de la historia, a personajes olvidados como Maurice Barrès y a Proudhom, es decir, a los socialistas no marxistas, como como inspiradores de sus movimientos sociales de ultraderecha (lo que Evola llamó un anarquismo de derecha), o retomar las tradiciones de gobierno celta o medieval-cristianas como modelos sociales alternativos a la economía de mercado.

        Aunque esto pueda parecer confuso, y la verdad lo es, la extrema derecha terminó por adoptar y utilizar muchos de los instrumentos forjados por la izquierda en su propio beneficio, conservando las formas más no el contenido. Es interesante ver ciertas similitudes entre este período actual y el período anterior a la Primera Guerra Mundial y al período de entreguerras, donde la alianza tácita, difícil y a veces inverosímil, entre extrema izquierda y derecha terminó por causar y exacerbar la “Guerra Civil Europea”, en la medida en que ambas atacaban al Estado liberal. El caso más paradigmático fue la Francia de entre-guerras, donde los movimientos anarquistas y ultra-derechistas convergieron en la figura de Georges Sorel, el teórico par excellence de la violencia terrorista con fines políticos. En fin, es algo que aún esta por verse.

Los comentarios están cerrados.