La emergencia del nacional-populismo

Desde hace tiempo escribo poco aquí de las Guerras Posmodernas para dedicarme más a la Geopolítica y la Nueva Guerra Fría. Sentí que algo nuevo estaba pasando durante el verano de 2013, tras los ataques con municiones químicas en la periferia de Damasco. Sorprendentemente, personas de izquierda y derecha repetían en España los argumentarios lanzados desde Moscú y Teherán. (Véase al respecto: El ataque con armas químicas de Goutha: Un caso de desinformación). La paradoja se hizo más evidente tras la invasión rusa de Ucrania de 2014, con la proliferación de apologistas del Kremlin en ambos extremos del arco político. El panorama geopolítico no sólo era preocupante, Rusia había roto con el Memorando de Budapest (1994), sino que estábamos inmersos en una campaña de desinformación.

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La ultraderecha francesa compartiendo referentes con la ultraizquierda: Bashar Al Assad y Hugo Chávez.

La certeza de que estábamos ante algo totalmente diferente me vino como una intuición por la que había que dar orden a un puzzle cuyas piezas estaban en construcción. Así, llegué a escribir durante un tiempo un Observatorio de la Nueva Guerra Fría para ir dando sentido a acontecimientos tan diversos como el pacto de gobierno en Grecia o la muerte del fiscal Nisman en Argentina que no se podían entender con el tradicional eje político izquierda-derecha. Entendí que no estábamos simplemente ante un conflicto geopolítico donde chocan visiones imperiales del mundo. Aquí había una dimensión ideológica que en aquel entonces no sabía explicar bien.

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Militar ruso llevando en Siria un parche de Hezbolá.

Cuando ordené por primera vez mis ideas en septiembre de 2014 y escribí “La Nueva Guerra Fría”, la dimensión ideológica resultó más endeble del esquema de ideas. Mencioné al euroasianismo de Alexander Dugin como la ideología que, tratando de trascender el eje izquierda-derecha, daba sentido ideológico a las aspiraciones neoimperiales de Rusia. Pero en realidad Dugin nunca ha formado parte del círculo de poder ruso y su relación con el Kremlin es ambigua, por mucho que en Occidente se escriban artículos llamándolo el “cerebro de Putin”. Es más, el “putinismo” no ha dejado de ser  una ideología en construcción y las referencias intelectuales e ideológicas de Putin son otras (véase el libro En la cabeza de Vladimir Putin).

Ahora, pasado este tiempo, resulta más fácil entender la emergencia de fuerzas políticas hostiles a las pretensiones universalistas de Occidente, las democracias liberales existentes y la arquitectura internacional sobre la que se construido la globalización. Esas fuerzas políticas defienden en el plano político un mayor papel del Estado en la economía para enfrentarse a los poderes económicos existentes (las “oligarquías vendepatrias”) y son hostiles a las injerencias de los los organismos financieros internacionales (“que están al servicio del impieralismo yanki y el capital internacional”). Políticamente, aplauden los liderazgos fuertes y son definitivamente populistas en el sentido académico del término. No en vano, Michel Eltchaninoff calificaba en su libro En la cabeza de Vladimir Putin a la ideología del régimen ruso como nacional-populismo. Un término coincidente con el proyecto “nacional-popular” (nac&pop) del kirchnerismo argentino.

En septiembre de 2014 señalé en “La conexión euroasiática” la existencia de un bloque transversal de ultraizquierda y ultraderecha en el Parlamento Europeo que vota a favor de los intereses del Kremlin en lo relacionado con Ucrania. En ese bloque encontramos a los antiguos comunistas alemanes de Die Linke y a los populistas de derechas de AfD  o a los comunistas griegos del KKE y a los neonazis de Aurora Dorada. Coinciden todos en su carácter euroescéptico y sus simpatías geopolíticas por Moscú.

Ilustración del canal ruso RT.
Ilustración del canal ruso RT.

Hay sin embargo una divisoria en ese bloque y es la posición respecto a la inmigración. Encontramos un abanico de partidos xenófobos, islamófobos y racistas. Ya señaló Jorge Verstrynge, al Front National francés después de su deriva ideológica y a Podemos sólo les separa la postura sobre inmigración. Asunto, precisamente, que llevó a las bases a presionar para que Verstrynge no ocupara un papel público relevante en Podemos.

Ayer miércoles, el bloque nacional-populista volvió a aparecer en el Parlamento Europeo para votar en contra del CETA, el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea con Canadá, que fue aprobado. Curiosamente, el eurodiputado español Miguel Urbán de Podemos y el eurodiputado francés Nicolas Bay del Front National coincidieron en señalar la coincidiencia del voto positivo de los socialistas y populares europeos. Así que con ese mismo criterio, el voto coincidente de Urbán y Bay es relevante.

La gran incógnita es, evidentemente, qué papel jugará Donald J. Trump, el presidente nacional-populista de derechas. Su postura contraria a los tratados de libre comercio y la inmigración, sus simpatías por Vladimir Putin y el soterrado antisemitismo de su entorno le colocarían en Europa sin problema entre los partidos populistas de derechas. Hasta sus críticas de la OTAN y del intervencionismo de Obama le convirtieron en un candidato preferible que Hillary Clinton para cierta izquierda española. Pero como ya advertí, las aspiraciones de grandeza son incompatibles con la debilidad ante Rusia.

El fiasco político de la caída del Consejero de Seguridad Nacional por sus maniobras diplomáticas con Rusia a espaldas del entonces presidente Obama se ha visto respondida con mensajes de hostilidad hacia Rusia en Twitter. Donald Trump no puede pretender ser un presidente fuerte y ser sin embargo vulnerable frente a Putin. Las filtraciones de información, que tanto le favorecieron durante la campaña electoral, podrían terminar de llevarse su presidencia por delante dada la hostilidad que ha generado en la comunidad de inteligencia. Y mientras en Europa, con la ejecución del BREXIT pendiente y las perspectivas de los partidos euroescépticos en las elecciones de Alemania, Francia y Holanda el proyecto europeo podría saltar por los aires. Quienes criticaban la idea de una Nueva Guerra Fría porque Rusia con el PIB de Italia no podía entrar en una carrera de armamento con la OTAN pasaron por alto las otras armas con las que se juega en el siglo XXI.

 

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com:

Confusión ideológica en la Nueva Guerra Fría (15 noviembre 2014).

La gran paradoja ideológica de la Nueva Guerra Fría (14 junio 2015).

El mundo se ha vuelto loco: Trump y la Nueva Guerra Fría (25 julio 2016).

 

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El antisemitismo y la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría

Imaginen que durante la campaña de referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea alguien hubiera usado el argumento de que el país despilfarraba recursos con sus contribuciones al Fondo de Cohesión. Y acompañara el mensaje con una caricatura en la que se representaba a los habitantes de los países PIGS como vagos y ladrones por naturaleza. Nos parecería un mensaje racista, más allá de la exactitud de los datos empleados o que efectivamente el dinero europeo fuera dilapidado en España en tramas corruptas. El asunto de fondo quedaría entonces al margen ante un mensaje despreciable. Algo así perpetró Izquierda Unida de Madrid el pasado jueves día 7 de julio en su campaña contra la visita del presidente Obama a España.

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Podríamos señalar la ironía de que el presidente Obama fuera bievenido en Cuba mientras que los comunistas españoles monten una campaña contra su visita.

Considerando que el viernes arrancó en Varsovia una cumbre de la OTAN en la que Rusia será un tema central, tendré pronto que volver a hablar aquí sobre la Nueva Guerra Fría. No creo que quede alguien a estas alturas que niegue que hemos entrado en una nueva fase de las relaciones de Occidente y Rusia, aunque no nos pongamos de acuerdo con el nombre. Es fácil entender la rivalidad geopolítica de Occidente y Rusia. Es visible en lugares como Ucrania y Siria. Pero considero que estamos en una Nueva Guerra Fría porque el conflicto tiene una dimensión ideológica que no resulta evidente a primera vista y que se extiende a ámbitos tan diversos como la cultura o el deporte.

Si repasamos las alianzas de Rusia en Oriente Medio con los países del “Eje de la Resistencia” y en Hispanoamérica con algunos de los países del ALBA vemos que todo arrancó de manera coyuntural. Por ejemplo, Venezuela se acercó a Rusia tras bloquear Estados Unidos en 2005 la exportación de tecnología israelí para modernizar los cazabombarderos F-16A, la punta de lanza de fuerza aérea venezolana. El gobierno venezolano decidió entonces, en medio de los temores a una invasión estadounidense, a firmar un gran contrato de armas con Rusia en 2006. Sería el comienzo de una relación en el que se firmarían más contratos de armas importantes, habría visitas militares rusas a Venezuela y se realizarían maniobras conjuntas.

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Lanzadera de misiles S-300VM de origen ruso del 394º Grupo Misilístico Antiaéreo “Comandante Supremo Teniente Coronel Hugo Chávez Frías”. Foto vía VenezuelaDefensa.com

Existen diferencias sustanciales en el funcionamiento de la política en Rusia, Venezuela e Irán, pero encontramos que los gobiernos y sus entornos comparten un discurso contra la hegemonía estadounidense, el intervencionismo de la OTAN y la influencia cultural de Occidente. Esa misma visión del orden internacional unió a aliados tan dispares, sin olvidar que no sólo hablamos de las relaciones de Rusia con el resto, sino también de la que mantienen Venezuela e Irán.

Aparte de una misma visión sobre el orden internacional, encontramos el parecido del discurso político que mantienen de puertas adentro los gobiernos de países tan diferentes. Afirman que defienden los intereses de las masas populares, los  “oprimidos” (mostazafin) en Irán y los “descamisados” en Argentina, desatendidas por unas élites occidentalizadas y traidoras. El líder sería por tanto la encarnación del Pueblo y su legimitidad no necesita ser validada en un sistema electoral al estilo occidental.

Donde mejor quedaron sintentizados esos dos pilares ideológicos fue en la Argentina kirchnerista, donde se hablaba del proyecto “nacional popular” (nac & pop). La expresión “nacional popular” tiene su origen en Antonio Gramsci, que propuso un populismo de izquierdas como respuesta al auge del fascismo, aunque él empleara la expresión en su análisis de la cultura italiana. Las ideas de Gramsci fueron retomadas por el argentino Ernesto Laclau, que trató de darle empaque intelectual al populismo en La Razón Populista.  Laclau ejerció así de intelectual orgánico del kirchnerismo desde la comodidad de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido. Michael Eltchaninoff emplea también el concepto “nacional popular” en su imprescindible libro En la cabeza de Vladimir Putin (Librooks, 2015) para definir la escurridiza naturaleza ideológica del “putinismo”.

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Ahmadinejad, Putin, Maduro y Morales en una cumbre de países exportadores de gas. Foto: EFE vía El Mundo.

El discurso “nacional popular” no puede ser diseccionado desde las coordenadas clásicas de izquierda-derecha. De ahí que encontremos en Europa fuerzas a izquierda y a derecha despotricando de la globalización neoliberal, de los burócratas de Bruselas, de la clase política, etc. mientras recogen el voto protesta. Como ya señalé en su momento, no sin recibir muchos ataques personales en las redes sociales, en la Unión Europa encontramos un punto de convergencia. En las votaciones concernientes a Rusia y Ucrania en el Parlamento Europeo partidos tan diferentes como el británico UKIP, el español Podemos, el francés Front National y el alemán Die Linke votan a favor de los intereses rusos. Votaron en contra del Acuerdo de asociación de Ucrania y la Unión Europea. Y han votado en contra de las condenas a la anexión de Crimea y al papel de Rusia en el conflicto ucraniano.

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Gráfico del canal público ruso RT.

En la extraña confusión ideológica de la Nueva Guerra Fría ultraderechistas franceses y comunistas españoles acudieron a luchar codo con codo en la Brigada Prizrak (Fantasma) en las filas separatistas de la Ucrania oriental. O encontramos que en España, el régimen de Bashar Al Assad es apoyado por los neofacistas del Movimiento Social Republicano y los comunistas de Izquierda Unida. Esas líneas ideológicas tan difusas, donde las simpatías por la Rusia de Putin y  el rechazo a lo que encarnan Estados Unidos y la Unión Europea son más relevantes que el eje izquierda-derecha, es lo que hace que resulte difícil explicar la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría.

Pero hay otro asunto más que se convierte en un extraño polo de convergencia ideológica a izquierda y derecha. Las simpatías hacia el Eje de la Resistencia (Irán, Siria, Hezbolá y HAMAS) y hacia a la causa palestina sirven de excusa para el tradicional antisemitismo que ahoran practican tanto ultraderecha como ultraizquierda. En Rusia, donde los fundamentos ideológicos del “putinismo” están en construcción y una reinterpretación del pasado histórico está en marcha, el antisemitismo ha vuelto al discurso público.

En Argentina la presidenta Cristina Fernández de Kirchner les recomendó  a los estudiantes de un colegio leer El Mercader de Venecia (donde aparece la figura del usurero judío Shylock) “para entender a los fondos buitres” ya que “[l]a usura y los chupasangre ya fueron inmortalizados por la mejor literatura hace siglos”. Lo que es una anécdota, hay que entenderlo en el contexto de las relaciones entonces de Argentina e Irán, cuya investigación le costó la vida al fiscal Alberto Nisman. El discurso antisemita fue asumido por las bases kirchneristas en su doble vertiente de rechazo de Israel y de los judíos como encarnación del capitalismo internacional.

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Foto vía Eliminando Variables.

En Reino Unido y Alemania hemos tenido además ejemplos recientes. Jeremy Corbyn, actual líder del Partido Laborista y declarado “amigo de Hezbolá y HAMAS”, se vio presionado a crear una comisión para investigar el percibido ambiente de antisemitismo rampante en el partido tras su llegada al puesto. El día de la presentación del informe, que concluía que no existía antisemitismo en el partido y hacía recomendaciones para combatirlo, Corbyn se mostró opuesto a discriminar y atacar a los ciudadanos de Israel porque, según él, eso sería equivalente a atacar a los musulmanes de todo el mundo por la acciones del Estado Islámico. La comparación entre Israel y el Estado Islámico no ayudó a despejar las dudas sobre el antisemitismo en el partido.

En Alemania, por su parte, estalló la polémica tras descubrirse que en un libro publicado en 2012 por un parlamentario regional del partido Alternativa para Alemania (AfD), un partido considerado el equivalente alemán del Front National francés y que simpatiza con Putin, defendía a los negadores del Holocausto y afirmaba que Los Protocolos de los Sabios de Sión era una obra que reflejaba los planes reales de los judíos para la dominación mundial.

Y finalmente llegamos a España. Recordemos el apoyo del Partido Comunista de España (principal partido de la coalición Izquierda Unida) a un acto de solidaridad con el régimen de Bashar Al Assad celebrado el año pasado en Madrid en el que intervino Francisco Frutos, quien fuera secretario general del Partido Comunista de España entre 1998 y 2009. El apoyo de Paco Frutos al régimen sirio no fue cosa puntual, habiendo viajado recienteme al país para reunirse con miembros del partido de Bashar Al Assad y dedicado varias entradas de su blog a loar al régimen sirio.

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Francisco Frutos en Siria. Foto: Crónica Popular.

La visita de Francisco Frutos a Siria para reunirse con miembros del régimen no fue una iniciativa personal y aislada. Ayer sábado día 9 de julio el eurodiputado de Izquierda Unida Javier Couso llegó a Damasco tras pasar por Beirut, donde se reunió “con representantes de la rama política de Hezbolá y del Partido Comunista de Líbano”. Hoy domingo se reunirá con el presidente Bashar al Asad “para analizar la situación del conflicto y las vías para avanzar hacia la paz en Siria”. En el Parlamento Europeo, Izquierda Unida votó en contra del Acuerdo de Asociación de Ucrania y la Unión Europea. Votó en contra de las condenas a la anexión rusa de Crimea y del papel de Rusia en el conflicto ucraniano. Los ataques a Israel y el antisemitismo no tenemos que entenderlo como el resultado de una postura moral ante el conflicto árabe-israelí. Es el producto de un posicionamiento ideológico.

La Nueva Guerra Fría es un concepto en construcción. Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com
La dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría (28 agosto 2015)
Reconsiderando la Nueva Guerra Fría (7 agosto 2015)
La gran paradoja ideológica de la Nueva Guerra Fría (14 junio 2015)
Un esquema provisional de la Nueva Guerra Fría (29 enero 2015)
La Nueva Guerra Fría (10 septiembre 2014)

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La dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría

El concepto de Nueva Guerra Fría, por simplificador, resulta engañoso. No se trata de una nueva Guerra Fría entendida como un regreso al statu quo en Europa previo a 1989, lo que permitiría desempolvar los manuales de relaciones internacionales de la época y rescatar a los sovietólogos del retiro. El mundo no es el mismo y no es posible una repetición de la historia. Precisamente las novedades de la sociedad de la información en un mundo globalizado dan lugar a las características diferenciadoras de la Nueva Guerra Fría.

En la vieja Guerra Fría existían dos bloques irreconciliables separados en Europa por el Telón de Acero. La Nueva Guerra Fría tiene lugar en un mundo globalizado donde millonarios rusos mantienen cuentas en Chipre, organizaciones de la diáspora ucraniana organizan crowdfundings en Internet para enviar equipamiento militar al frente, trolls rusos dejan comentarios en las página web de medios occidentales y organizaciones estadounidenses montan talleres de márketing político en Europa Oriental.

Las relaciones de Occidente con Rusia y sus aliados ha entrado en una nueva etapa que yo, entre muchos, caracterizo como una Nueva Guerra Fría porque a las disputas geopolíticas se añaden también elementos de una confrontación ideológica de fondo. Esa dimensión tampoco es equiparable a la vieja Guerra Fría. No existe un bloque enfrentado a Occidente que sea sólido y homogéneo en lo ideológico. No existe una corriente ideológica única, reconocible y coherente con autores de referencia y partidos políticos que sea equiparable país a país. El bloqueo puesto a Occidente se define por negación. El elemento cohesionador del bloque que tiene a Rusia como principal potencia es la oposición a la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados. Precisamente los principales aliados de Rusia fuera del espacio ex-soviético forman parte de dos bloques caracterizados por oposición a Estados Unidos en Latinoamérica y Oriente Medio: el Eje de la Resistencia y la Alianza Bolivariana junto con Argentina. Se trata antes de nada de un bloque surgido a partir de alianzas geopolíticas y geoeconómicas surgidas de una coyuntura histórica dada en la que el discurso ideológico es débil y está en construcción.

La democracia liberal y la economía de mercado es el sistema que nominalmente comparten Estados Unidos y Rusia, de tal forma que en la teoría no puede haber antagonismo de sistemas político-económicos. Pero una observación cercana de la realidad de Rusia y muchos de sus aliados revela que el sistema político de esos países no es equiparable al de las democracias occidentales. Por un lado, lo partidos en el poder se perpetúan vía las urnas mediante pucherazos electorales, leyes electorales a medida, gerrymandering, etc. El resultado es que el partido en el poder y la maquinaria del Estado se vuelven indistinguibles. Además, el poder político tiene a su servicio una potente maquinaria mediática que mantiene el culto al líder. Existe una elevada inseguridad jurídica con una justicia parcial y muy dependiente del poder político. La oposición política, más allá de sus errores y fracasos, es reprimida activamente mediante encarcelamientos de figuras señaladas, asesinatos, persecución de los medios de comunicación, etc. En esta descripción encajan en mayor o menor medida Rusia, Venezuela y Argentina, con las evidentes excepciones y variantes locales que van del asesinato de Alberto Nisman al asesinato de Boris Nemtsov. Irán y Siria son casos aparte, pero no es necesario entrar a explicar que sus sistemas políticos son opuestos a la democracia liberal.

Hay una serie de elementos en el discurso político que son comunes y que quedan resumidos en la denominación argentina del “Proyecto Nacional-Popular” del kirchernismo. Esto es, nacionalismo y populismo. La oposición a la hegemonía estadounidense en política exterior, junto al rechazo de la “globalización neoliberal” o el Consenso de Washington, lleva aparejada la defensa de un sector económico estatal fuerte. La confusión entre partido del poder y Estado crea una emergente oligarquía beneficiaria de los negocios de las grandes empresas públicas (de los siloviki a los boliburgueses), además de la existencia de redes clientelares. Si el partido en el poder se confunde con el Estado, el líder y el partido encarnan además al pueblo frente a una oposición caracterizada desde el poder como vendepatrias, golpista, al servicio de Estados Unidos, etc. Esas acusaciones toman como base las simpatías que reciben desde Estados Unidos y la Unión Europea las fuerzas de la oposición de ideología liberal (en el sentido europeo del término) o de naturaleza modernizadora.

Un elemento peculiar, quizá influencia de la hostilidad a Israel del Eje de la Resistencia, es el nada soterrado antisemitismo que presenta en el siglo XXI elementos renovados. Del antiguo conspiracionismo de los Protocolos de los Sabios de Sión se ha pasado al discurso sobre el papel del capital judío internacional en la crisis financiera o el apoyo de George Soros a las Revoluciones de Colores en Europa del Este. Mientras el antisemitismo ha pasado en Rusia al discurso oficial, hay que recordar los insultos que lanzó Nicolás Maduro contra su rival, Henrique Capriles, durante las últimos elecciones venezolanas: “judío” y “maricón”. Más allá de la anécdota, los ataques y agresiones contra la comunidad judía venezolana han aumentado durante el chavismo.

Chávez y Ahmadinejad en 2007
Chávez y Ahmadinejad en 2007

Una de las características fundamentales de la Nueva Guerra Fría es que transciende el tradicional eje político izquierda-derecha. Algo que resulta evidente en el Parlamento Europeo. Allí, existe un bloque de partidos, no necesariamente aliados en otras materias, que en las votaciones respecto a Rusia y la crisis de Ucrania votan a favor de los intereses de Rusia. Lo forman partidos situados en ambos extremos del eje izquierda-derecha: Eurófobos, euroescépticos, neofascistas, ultraderecha xenófoba, postcomunistas, comunistas, independentistas de izquierdas que abandonaron el terrorismo, etc. Esa diversidad se ha visto en los voluntarios extranjeros que se han incorporado a las filas del bando prorruso en Ucrania Oriental, donde lucharon codo con codo neofascistas franceses y comunistas españoles, generando en Internet un debate sobre la necesidad de superar viejas diferencias para luchar contra el imperialismo capitalista financiero globalizador.

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Ilustración del canal Russia Today

En el caso español, he señalado varias veces cómo el partido Podemos encaja perfectamente en el orden político de la Nueva Guerra Fría. Su núcleo duro cobró por trabajos de asesoramiento de los gobiernos de Venezuela y Bolivia, además de mantener vínculos con la organización kirchnerista “La Cámpora” y señalar a Ernesto Laclau como un referente intelectual. Su líder, Pablo Iglesias, presenta un programa en el canal en español de la corporación audiovisual pública iraní. Precisamente Pablo Iglesias ha defendido la salida de España de la OTAN y una acercamiento geopolítico de la Unión Europea a Rusia, un tema del que uno de sus mentores y frustrada figura de Podemos, Jorge Verstrynge, recogió en su libro El sueño eurosiberiano en 1992. En el Parlamento Europeo, Podemos forma parte del bloque de partidos que vota a favor de los intereses rusos en cuestiones relacionadas con Rusia y la crisis de Ucrania.

Otro partido que encajaba en ese esquema de cosas, era la coalición griega SYRIZA. Defendía la retirada de Grecia de la Alianza Atlántica, la ruptura de los acuerdos militares con Israel y su líder había hecho gestos de cara a Rusia durante la crisis de Ucrania. A la hora de formar gobierno en enero de 2015, se alió con ANEL, el “partido ruso” de Grecia. Pero transcurrido menos de un año y ante la necesidad de un nuevo rescate económico, el gobierno de SYRIZA renunció al programa original de gobierno esbozado en 2012.  Grecia fue temporalmente, como lo fue antes Chipre, tablero de juego geopolítico de la Nueva Guerra Fría, pero en ambos casos quedó de relieve la debilidad económica rusa que impidió rescatar a esos dos países y atraerlos a su órbita.

Referentes intelectuales para el blog "Tribulaciones Metapolíticas": El Che Guevara, Mishima,
Referentes intelectuales para el blog “Tribulaciones Metapolíticas”. Véanse los nombres aquí.

Curiosamente, lo que hasta ahora hemos descrito como alianzas geopolíticas coyunturales y afinidades ideológicas circunstanciales está teniendo su síntesis ideológica en la periferia de la vida política. Un panorama amplio y diverso que incluye desde kirchneristas a neofascistas, pasando por euroasianistas y miembros de la Nouvelle Droite, están construyendo un pensamiento político donde convergen Putin, Chávez y Hezbolá como vanguardia de la lucha contra el imperialismo yanki, el sionismo y el capital financiero multinacional. Véase a modo de ejemplo los blogs Pueblo Indómito, Página Transversal y Tribulaciones Metapolíticas. Son, evidentemente, minoritarios y marginales en el actual panorama político occidental. En el lenguaje de la Tercera Posición, aspiran a hacer “metapolítica”. Incluso en Rusia, como es el caso de Alexander Dugin, mantienen una relación ambivalente con el poder establecido. Sin embargo, a pesar de su papel político marginal, el ideario antioccidental resuena en Europa más allá de estos grupos periféricos porque su visión del orden internacional encajan con los de cierta izquierda europea. La confusión llega al punto que un autor de la Nouvelle Droite francesa aparece en el portal de izquierdas Tercera Información y la propaganda rusa sobre la guerra de Ucrania es publicada en el diario “obrero” La República.

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Manifestación en Francia.

Y es que, como conclusión, el mejor escaparate de la dimensión ideológica en la Nueva Guerra Fría es la proliferación de medios con los que los que Rusia, Irán y los “países bolivarianos” pretenden dar batalla en el campo de las ideas más allá de su ámbito regional. Hablamos de Russia, Today, Sputnik, Russian Behind The Lines, Press TV, HispanTV, TeleSur, etc. Todo ellos no son únicamente canales de noticias donde se representa la visión oficial de los gobiernos que los financian, sino que promueven una determinada visión política de la realidad mundial en la que se critica a Estados Unidos, la Unión Europea Israel y sus aliados.

Reconsiderando la Nueva Guerra Fría

Escribí “La Nueva Guerra Fría” el 10 de septiembre de 2014 casi partiendo de una intuición. Luego el 29 de enero de 2015 hice mi primera recapitulación en “Un esquema provisional de la Nueva Guerra Fría”. Establecido el marco conceptual, me dediqué a aplicarlo a asuntos como la muerte del fiscal Nisman en Argentina o el acuerdo de gobierno en Grecia. De paso, fui realizando recopilaciones de noticias quincenales en el Observatorio de la Nueva Guerra Fría, que ha alcanzado siete entregas.  Pero creo que ha llegado el momento de ir un paso más allá y empezar a darle mucha más solidez a todo este trabajo. Mi intención es que el resultado final sea un libro, librillo, ebook o lo que se tercie. Tengo ya un esquema de trabajo y 15.000 palabras. Pero, más allá de el resultado final sea algo parecido a un libro, creo que hay varios temas en los que incidir.

Guerra de Ucrania.
Hay mucho de lo que escribir sobre la Guerra de Ucrania. En el plano estrictamente militar hay mucho por escribir de lecciones aprendidas y guerra híbrida rusa. Además, se hace necesario un análisis en español de la implicación militar rusa en la guerra, que me parece es bastante desconocida por el público en general y pretendidamente ignorada por los simpatizantes españoles de Putin.

Geopolítica.
He sostenido que Rusia es el elemento aglutinador de un bloque de gobiernos nacional-populistas hostiles a Occidente e Israel. Creo que ya son sobradamente conocidos los vínculos de Rusia con los países del Eje de la Resistencia (Irán y Siria) y algunos de Hispanoamérica (Venezuela, Argentina, Cuba y Nicaragua). Por no hablar de los vínculos de Irán con Venezuela y Argentina. Pero habrá que estar atentos a partir de ahora, al mayor acercamiento entre Rusia e Irán tras el acuerdo nuclear. Sin ir más lejos, Fox News dice que Qassem Soleimani visitó Moscú hace poco. Podríamos ponerlo en duda o no. Pero ya tenemos otras noticias como la venta de sistemas rusos S-300 a Irán.

Últimamente me he interesado por cómo el Mediterráneo Oriental se ha convertido en uno de los tableros donde Rusia entra en disputa con Occidente. Álvaro Imbernón y yo escribimos “El contexto geopolítico de la crisis griega” para Passim.eu. Después de ese artículo ya en solitario escribí “La Nueva Geopolítica del Mediterráneo Oriental” para la Revista General de Marina, donde trato las relaciones de Rusia con Grecia, Chipre y Rusia. Del envío a la publicación en la revista transcurren normalmente meses, así que avisaré aquí si es aceptado y publicado. También he escrito para la Revista El Medio “Armas rusas para al-Assad”, que no debería tardar mucho en ser publicado. Creo que ya sólo me queda escribir sobre las relaciones entre Rusia y Turquía para terminar de cubrir el Mediterráneo Oriental.

Ideología.
Lo que diferencia la Nueva Guerra Fría de otras disputas geopolíticas en otras regiones del planeta es el papel de la ideología. Evidentemente no existe algo así como el “putinismo”, pero sí existen autores que son una referencia para Vladimir Putin y autores que aportan un marco ideológico a los intereses del bloque anti-occidental. De momento, los simpatizantes de esos marcos ideológicos están en la periferia política. Pero no por ello es menos interesante estudiarlos. Además, me parece importante ver la conexiones y simpatías de partidos políticos de la Unión Europea con Rusia.

Propaganda.
Dije en su momento que el bloque anti-occidental en la Nueva Guerra Fría se definía principalmente por negación. Y la realidad es que Rusia e Irán dedican más esfuerzos a deslegitimar a Occidente e Israel en sus órganos de comunicación que a adoctrinar ideológicamente. Hay, por ejemplo, publicados en inglés una enorme cantidad de análisis, estudios y reportajes sobre asuntos como las intoxicaciones informativas y  las factorías de trolls rusas. Creo que habría que explicar cosas como el caso “Spainbuca”,  la desinformación rusa sobre el derribo del vuelo MH17, las relaciones de Wikileaks con Rusia, etc.

Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa en el canal Russia Today
Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa en el canal Russia Today

La gran paradoja ideológica de la Nueva Guerra Fría

Hablé en su momento de la extraña convergencia entre izquierdas y derechas que se da en la Nueva Guerra Fría. Grupos de ultraizquierda y derecha votando a favor de los intereses de Putin en el Parlamento Europeo. Militantes fascistas y comunistas en las filas rusas en Ucrania Oriental. El eje izquierda-derecha no resulta operativo en este contexto. De hecho, personajes como Alexander Dugin proponen la superación de las ideologías actuales en su Cuarta Teoría Política. Su visión geopolítica es la una unión euroasiática basada en los valores tradicionales y la justicia social frente a la globalización neoliberal encarnada por Estados Unidos y Reino Unido.

Pero el concepto de la Nueva Guerra Fría, una confrontación geopolítica e ideológica, tiene un punto flaco que me señaló el profesor Javier Morales, autor de una tesis doctoral sobre la política exterior rusa. El euroasianismo de Dugin no tiene rango de ideología oficial en la Rusia de Putin. Es más, añado yo, sería difícil tratar de encontrar un corpus teórico del putinismo.

Es fácil de comprender que las diferentes alianzas de Rusia con los países del Eje de la Resistencia y la Alianza Bolivariana se basa más en razones geoestratégicas y económicas que en afinidades ideológicas. Pero la ausencia de simpatías ideológicas no es tan diferente a la alianza de Estados Unidos con las petromonarquías de la Península Arábiga. Si bien en el caso de Rusia, Irán y Venezuela puede que se hayan visto, en cierta forma, empujadas a aliarse por la hostilidad recibida desde Estados Unidos de forma compartida. Ya señalé en su momento que lo más que les une es su rechazo al modelo de democracia liberal (para el caso argentino, escúchese a Fernando Iglesias). Su convergencia ideológica se define en negativo.

La ausencia de una ideología fuerte en el bando anti-occidental es lo que quizás haya impedido que el concepto de Nueva Guerra Fría sea entendido. Pero hay que insistir que esta Nueva Guerra Fría no es un calco de la anterior. Lo interesante es que mientras de manera abierta la Rusia de Putin no trata de avanzar una agenda ideológica, otra cosa es lo que hace su aparato de propaganda, se produce una convergencia ideológica en los márgenes del eje político izquierda-derecha protagonizada por elementos políticos minoritarios. Es decir, la justificación ideológica de la convergencia entre Rusia, el Eje de la Resistencia y la Alianza Bolivariana (con el añadido de la Argentina peronista) está en proceso de elaboración y la llevan a cabo grupos, de momento, minoritarios.

Les recomiendo que se den una vuelta por blogs como La Página Transversal, Pueblo Indómito y Tribulaciones Metapolíticas para que vean como es posible criticar a Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea e Israel mientras se apoya simultáneamente a Podemos, Vladimir Putin, Bashar Al Asad, Hezbolá, el chavismo, el castrismo, el peronismo, la revolución iraní, el nacional-sindicalismo, la Nouvelle Droite, etc. Son voces minoritarias, pero ayudan a dar coherencia a lo que estamos viendo emerger.

Confusión ideológica en la Nueva Guerra Fría

En la presente crisis ucraniana, igual que el pasado verano tras el ataque con armas químicas del régimen de Assad contra su propia población, me llamó la atención la cantidad de enlaces que aparecieron en Menéame a noticias en medios rusos y a blogs que las recogían. Las personas que proponían esas noticias para ser votadas y los usuarios que las comentaban mostraban su desconfianza hacia las “mentiras de Obama”, la “propaganda de la OTAN” y los “intereses de Occidente”. Me pareció muy curioso que personas que se mostraban cínicas y desconfiadas ante las informaciones proporcionadas por fuentes oficiales de Occidente consumieran de forma acrítica las informaciones de medios como Russia Today, un instrumento de propaganda del Kremlin. (Impagable este vídeo recogido por Infobae de Daniel Estulin hablando sobre Argentina).

Ya he comentado con anterioridad aquí que en España existe la mala costumbre de considerar que un medio de comunicación o un intelectual aporta una “perspectiva crítica” cuando refuerza los prejuicios propios. Pero, ¿cómo es posible una afinidad de visiones sobre política internacional entre el Kremlin y personas de izquierda que pertenecen al mundo occidental? Al fin y al cabo, el partido que gobierna Rusia, Rusia Unida, es un partido conservador y es de sobra conocida la divergencia con la izquierda occidental en asuntos como el respeto a las comunidades LGBT. Podríamos pensar que la propaganda del Kremlin encuentra resonancia en Occidente porque apela al antiamericano de buena parte de la izquierda, algo que retrataba Fernando Iglesias en su libro Twin Towers. Y así, se aplica el criterio del “enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

El fenómeno no es nuevo. Durante la Guerra de Kosovo la página web española Rebelión.org se dedicaba a reproducir el delirante parte de bajas que publicaba aeronautics.ru, una página hoy difunta pero de la que quedan referencias en foros y copias de su información en páginas serbias. Su autor, un tal “Venik”, afirmaba que las defensas antiaéreas serbias derribaron un total de 68 aeronaves aliadas (el número real fue dos). En aquel entonces escribí a Rebelión.org para contarles que las informaciones de “Venik” eran un disparate sin fundamento y que, siendo conocido en el mundillo de los aficionados a la aviación militar, no tenía credibilidad ninguna. Nunca tuve respuesta de Rebelión.org. Tiempo más tarde El Viejo Topo, publicó el libro Ubú en Kosovo donde se recogían las mismas falsedades provenientes de Rusia sobre aquella guerra, como el falso parte de bajas aliado o una entrevista a un piloto de combate español donde se hablaba de órdenes para atacar a la población civil. La entrevista, cómo no, era apócrifa. Nadie en España había oído hablar del oficial que se citaba como autor de las declaraciones. Podríamos decir que existía en esos medios de izquierda un sesgo ideológico que les llevó a aceptar acríticamente noticias provenientes de Rusia que dejaban en mal lugar a la OTAN y las publicaron sin contrastar.

Precisamente la campaña aérea de la OTAN contra el régimen de Milošević marcó un antes y después en el seno de la asociación francesa Réseau Voltaire, que había nacido en 1994 como una organización para defender la libertad de expresión y la aconfesionalidad del Estado francés. El posicionamiento contra la participación de Francia en la campaña militar de la OTAN fue encabezado por Thierry Meysan, que se haría célebre años más tarde con su libro de teorías conspiraonaicas sobre el 11-S. Finalmente Meysan se haría con la dirección del grupo convirtiendo a la página web de RedVoltaire.net en una publicación donde lo mismo se alaba los avances de la industria militar rusa o se habla de Hezbolá cómo un equivalente chiita de la Teología de la Liberación. Aquel batiburrillo incoherente, cuyo único nexo era la oposición a Estados Unidos e Israel, me produjo perplejidad hasta que entendí que no se trataba de una publicación de izquierdas sino de algo nuevo. No podíamos analizar la cuestión desde el eje izquierda y derecha, sino que el renacido imperialismo ruso, la ultraderecha francesa, el chiismo revolucionario y el nuevo populismo sudamericano formaban un nuevo campo unido por el rechazo a Occidente y la democracia liberal.

Referentes intelectuales para el blog "Tribulaciones Metapolíticas": El Che Guevara, Mishima,
Referentes intelectuales para el blog “Tribulaciones Metapolíticas”: Del Che Guevara a Mishima, de Perón a Jomeini, de Jünger, al jeque Yassin, de Malcon X a Heidegger, de Durruti, a Marinetti, de Sandino a Malaparte…

Es curioso que en España la figura que más insista en la superación del eje izquierda-derecha sea Pablo Iglesias y que en cambio tanta animosidad generó que señalara aquí que el Frente Nacional francés, Amancer Dorado, el Partido Comunista griego y Podemos fueran de los pocos partidos que votaron en contra del descafeinado acuerdo de asociación de la Unión Europea con Ucrania. Alguno me acusó de haber afirmado que el Frente Nacional y Podemos es lo mismo cuando de lo que se trata es de que estén en el mismo campo ideológico si prescindimos de los criterios tradicionales que Pablo Iglesias considera superados. Precisamente decía Jorge Verstrynge que “Marine Le Pen no es ni fascista ni de extrema derecha” sino que es un “populismo de derechas”. Es destacable que Marine Le Pen haya estado lanzando guiños al Frente de Izquierda y su programa económico nos resulte bastante familiar. Verstrynge, por cierto, ingresó en las filas de Podemos aunque encontró el rechazo de parte de las bases por su posición ante la inmigración. Se trata de otro personaje heterodoxo contrario a Estados Unidos e Israel cuya trayectoria política se entiende mejor en su repaso a posiciones políticas como los nacional-revolucionarios y bolcheviques-bonapartistas que hace en su libro Rebeldes, revolucionarios y refractarios.

Dumb and dumber in Donbass
Dumb and dumber in Donbass

Pero si hay un asunto en que la confusión ideológica es total y del que no he parado de referirme en Twitter es el de la naturaleza política del conflicto de Ucrania. La presencia de grupos de ultraderecha en la Plaza de la Independencia (Maidan) de Kiev, que luego obtuvieron un respaldo electoral minoritario en las elecciones legislativas, sirvió para elaborar eslóganes políticos sobre la “junta golpista nazi de Kiev” de los que se hicieron eco medios y personas que reproducen la propaganda del Kremlin. Ahí está el caso de Ángel Arribas Mateo y Rafael Muñoz Pérez, dos españoles “antifascistas” (sic), que se fueron a luchar a Ucrania oriental por una causa defendida principalmente por ultraderechistas rusos y de la que se ha desentendido la ultraizquierda rusa. Tiene gracia el alboroto de algunos cuando los mencioné con nombre y apellidos en Twitter porque así ponía “sus vidas en peligro” y a los pocos días salieron ellos mismos en un montón de medios. Por cierto, los comunistas no pudieron presentarse por “defectos de forma” a la elecciones de Nueva Rusia, un topónimo rescatado del imperio zarista y cuyas nostalgias imperiales rusas queda reflejado en su bandera.

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Batallón Vostok

Ángel Arribas Mateo y Rafael Muñoz Pérez forman parte del Batallán “Vostok”, en el que se encuadraron otros voluntarios extranjeros de ultraderecha, como el francés Victor Lenta. Lenta tuvo un cargo en las Jeunesses nationalistes révolutionnaires (Juventudes Nacionalistas Revolucionarios), grupo de ultraderecha ilegalizado por el gobierno francés y al que pertenecía un joven inmigrante español condenado por la muerte de un estudiante “antifascista”. Ahora forma parte de un grupo llamado “Unión Continental” afín al euroasianismo del ruso Alexander Dugin. En otra de esas ironías que no dejan de repetirse en el caso de Ucrania, otro grupo de españoles combatiendo en las filas prorrusas han adoptado el nombre de “Brigada Internacional Carlos Palomino”, que toma su nombre del joven asesinado por ultraderechistas en Madrid en 2007.

De cómo “antifascistas” luchan codo con codo en Ucrania oriental con ultraderechistas en el bando prorruso han hecho un implecable análisis Marta Ter y Abel Riu en Eurasianet.es y que recientemente reprodujo Politkon.es Es curioso ver las justificaciones dadas a tal convergencia. Y es que tal como dice “Roberock”:

Y acabo esta nota con una frase que destroza el argumento de “los Antifascistas y los Fascistas se han unido en Donbass” No se han unido en Donbass… ya lo estábamos en Palestina pero sobre eso si callamos.

españoles en el donbas con fachas serbios y franceses

Mi agradecimiento a “Oritxupolite” por las informaciones proporcionadas.

Para seguir leyendo:
“Antifascismo y extrema derecha, compañeros de armas en el Donbass”.
“Donetsk: El campo de seducción de la nueva extrema derecha francesa”.
“El día a día en la guerra con la brigada Prizrak”