Espejismo en el desierto

Ya conté cómo la búsqueda sin éxito de ejemplos puros redes distribuidas en diferentes modelos de conflictos (guerrilla, piratería, crimen organizado, ciberguerra, etc) hizo que fuera dejando caer temas del proyecto de mi segundo libro, Guerra Distribuida. La solución fue optar por una opción intermedia donde abordar las redes, la netwar y el swarming de una forma más general incorporando algunos ejemplos de redes descentralizadas que emplean las nuevas tecnologías.

Ya he publicado dos artículos en revistas, una comercial y otra académica, que anticipan capítulos del libro. Tengo en preparación otros dos artículos que espero terminar antes del fin del verano y que servirán también formararán el grueso de nuevos capítulos. Así que no van a transcurrir cinco años desde que se me ocurrió la idea a que lo entregue para su publicación como sucedió con el primero.

Mientras, sigo trabajando en el primer capítulo. He terminado el primer epígrafe que pueden leer aquí. El primer capítulo será una explicación de las ideas sobre la transformación de la guerra dentro del establishment militar occidental, cómo fallaron en anticipar el poder de las redes por su fijación en la tecnología en vez de los procesos sociales y haré un repaso a los “disidentes” más preclaros en el período 1989-2001.

Todo arranca en la Guerra del Golfo de 1991 el con un espejismo en el desierto.

Una historia desequilibrada

He terminado de leer “34 days. Israel, Hezbollah, and the War in Lebanon” de los periodistas israelíes Amos Harel y Avi Isaacharoff. El libro trata sobre la guerra del Líbano de 2006 y es una de mis primeras lecturas generales antes de adentrarme en la avalancha de informes, evaluaciones, artículos y toda clase de obras académicas analizando las lecciones sacadas por Israel que generó aquella guerra.

Tengo en mente el proyecto de escribir al menos un par de artículos académicos sobre el tema pero todavía disto de tener un buen conocimiento de lo que pasó aquel verano de 2006. Sin embargo consultando “El desequilibrio como orden” (Una historia de la posguerra fría 1990-2008) del profesor Francisco Veiga se me ocurrió echarle un vistazo a lo que cuenta sobre el tema y no pude evitar levantar una ceja según leía.

En el capítulo 27 (págs. 453-455) comienza hablando de aquella guerra:

En julio de 2006, un síntoma alarmante dejó entrever de forma clara que Estados Unidos, la mayor superpotencia mundial, estaba perdiendo definitivamente el control de los últimos resortes del Nuevo Orden internacional que había aspirado a imponer tras el fin de la Guerra Fría. El día 12 de ese mes, el Ejército israelí lanzó una ofensiva militar contra territorio del sur del Líbano, con el objetivo oficial de obtener la liberación de dos soldados propios capturados por la organización islamista y chiíta Hezbollah.

La captura de los soldados israelíes se realizó en el interior del territorio israelí durante una emboscada en la que murieron tres soldados. Como acción diversiva se produjo el disparo de morteros y el lanzamiento de cohetes, posiblemente de 122mm. tipo “Grad”, a instalaciones militares y población civil. Cinco ciudadanos israelíes resultaron heridos.

Esos cohetes se lanzaban desde todoterrenos ligeros tipo pick-up pero también desde “silos” escondidos en algunos casos en viviendas donde instalaban lanzaderas más o menos rudimentarias.

Se trató de un acto de guerra contra Israel. Las posibilidades de rescatar a los dos soldados eran escasas pero el objetivo de la ofensiva israelí era someter a Hezbolá a tal presión que liberara a los dos prisioneros, aparte de aprovechar para eliminar la capacidad de Hezbolá de atacar el norte del país.

Pero el ataque no obtuvo el resultado previsto: los militares no fueron hallados, la ofensiva se intensificó, aportando nuevos medios y más violencia, la artillería y la aviación golpearon todo el sur del Líbano, llegando hasta los mismos suburbios de Beirut y su aeropuerto. Se volaron puentes, se destruyeron infraestructuras, la economía y el turismo del vecino país se convirtieron en blancos de los ataques.

La ofensiva israelí fue replicada por Hezbolá con ataques indiscriminados contra poblaciones civiles. Curiosamente ese “pequeño detalle” está ausente de la narración de los hechos. El problema del lado israelí es que, como demostró la guerra de Kosovo en 1999, los bombardeos aéreos son insuficientes en una guerra para lograr un resultado claro y rápido. La guerra degeneró en un “mission creep”, ampliándose cada vez más el espectro de objetivos. El aeropuerto de Beirut fue atacado, al igual que la carretera Beirut-Damasco, para evitar el traslado de los dos soldados fuera del país y evitar la posibilidad de ser llevado a Irán, como se dice que sucedió con el aviador Ron Arad.

El despliegue de una violencia tan desproporcionada respondía a las acusaciones de las autoridades israelíes al gobierno libanés de pasividad en relación con la potente organización Hezbollah, que de hecho controlaba el sur del país hasta el punto de haber constituido un estado paralelo, con sus propios recursos económicos y fuerzas armadas”.

Aquí tenemos otro de esos “pequeños detalles” que pasan desapercibido. En un país democrático normal los miembros de Hezbolá estarían en la cárcel por pertenencia a “banda armada”, posesión de armas y explosivos, etc. Se trata de un partido político que tiene un brazo armado con misiles anticarro, tierra-aire y antibuque. Además rganiza atentados terroristas, secuestra soldados del país vecino o lanza ataques contra la población civil de ese otro país. Por no hablar de maniobras militares en campo abierto. Evidentemente todo sucede con la pasividad del gobierno del Líbano, que incumple el punto 3 de la Resolución 1559 de Naciones Unidas que establecía el desmantelamiento de los grupos armados en el Líbano.

“Haremos retroceder 20 años el reloj del Líbano”, amenazó el comandante en jefe del Ejército israelí. Y en efecto, se utilizaron bombas de fósforo blanco y de racimo contra objetivos civiles; un informe de las Naciones Unidas calificó la ofensiva israelí de “modelo de violación del derecho humanitario internacional y las leyes sobre derechos humanos”.

Aparte del “non sequitur” inicial que no es más que un recurso estilístico, por mucho que se repita como una atrocidad ninguna ley internacional impide el uso de bombas de racimo o proyectiles de fósforo blanco. En el caso del último sólo lo prohíbe expresamente su empleo contra poblaciones civiles. Teniendo en cuenta que hubo muchos combates en zonas pobladas del sur del Líbano, donde Hezbolá trató de hacerse fuerte y no en campo abierte, pues evidentemente hubo víctimas civiles. Pero habría que ver de dónde sale ese “informe de las Naciones Unidas”, que en un libro sin notas a pie de página ni referencias bibliográficas siempre es muy socorrido. Lo que vuelve a ser llamativo es que el hecho de que Hezbolá atacara indiscriminadamente las poblaciones civiles del norte de Israel no merezca ni un comentario.

En torno a un tercio de la población libanesa, esto es, un millón de personas, resultó desplazada por los ataques. Tal proceder estratégico superó con creces los métodos y resultados de las fuerzas americanas en cualquiera de las operaciones llevadas a cabo hasta el momento en Iraq, incluyendo la sangrienta batalla por el control de Fallujah, en noviembre de 2004.

La batalla de Falluya casualemente fue el primer asunto del que hablé a partir del momento en que decidí convertir mi blog personal en un blog dedicado al análisis de la transformación de la guerra. Me resulta familiar aquella batalla. Un amigo escribió un artículo muy bueno en la revista “Fuerza Terrestre”. No hace mucho leí crónicas como la de Dexter Filkins en “La guerra eterna”. Así que puedo decir que Francisco Veiga no sabe lo que pasó en Falluya y que este párrafo no tiene sentido. Es pura literatura. El fantasma de Vietnam, la locura de la guerra, los estadounidenses, bla, bla, bla…

Pero lo chocante de la segunda guerra libanesa o “Guerra de Julio” fue que resultó ser una verdadera derrota estratégica y táctica para las fuerzas israelíes, quebrando el mito de su invencibilidad en combate abierto. Los miliciaciones de Hezbollah pudieron contener la ofensiva, inflingiendo importantes pérdidas materiales a los atacantes. Pero, sobre todo, lograron mantener un ritmo continuado y devastador de bombardeos con lanzacohetes móviles y misiles de corto alcance sobre las poblaciones del norte de Israel. Allí se llegó a hablar de 300.000 civiles desplazados.

Obviando que el autor no conoce la diferencia entre cohetes y misiles, el eterno pecado de querer sonar como experto en asuntos militares, podemos señalar lo llamativo que la referencia a los ataques a la población civil y los desplazados isralíes se mencionen en el apartado de logros de Hezbolá durante la guerra. ¿Sufrió Israel una derrota estratégica y táctica? No. No al menos en el plano táctico. Es todo más complicado. De hecho he encontrado que lo escribí al calor del momento no ha perdido en absoluto el interés y explica bastante bien lo que pasó. Pero el análisis de lo que pasó en esa guerra lo dejaremos para un futuro.

Al final, el conflicto concluyó el 14 de agosto al entrar en vigencia la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que estableció un alto el fuego. Ni por entonces ni posteriormente quedó ninguna duda, ni siquiera para los mismos israelíes, de que la Guerra de Julio había sido un desastre. Y ello a pesar de que los planes para la operación se habían elaborado con semanas de antelación a la toma de los dos prisioneros israelíes. Según todos los indicios, el Estado Mayor tenía preparada la ofensiva contra Hezbollah y sus rampas de misiles para septiembre, quizás más tarde, aunque no más allá de octubre. La milicia de los chitas libaneses lo sospechaba así, y de ahí la incursión del 10 de julio para capturar algunos reclutas isralíes que dieran información sobre el despliegue. Estaba claro que los dos prisioneros que se hicieron en aquella operación desvelarían a Hezbollah detalles importantes que echaban por tierra los preparativos. De ahí que tras consultar apresuradamente con Olmert y Washington, el Estado Mayor israelí decidió anticipar la fecha de la incursión.

Si la guerra fue un “desastre” para los israelíes fue precisamente por la precipitación e improvisación. El Estado Mayor israelí estaba preparando un plan operativo en caso de una guerra con Hezbolá con ataques masivos de cohetes llamado “Aguas Elevadas” que no fue aplicado porque todavía estaba siendo discutido y contemplaba la entrada de fuerzas terrestre en el Líbano. (La ocupación de suelo libanés se realizó cuando avanzada la guerra se vio que los ataques aéreos eran insuficientes). Israel en absoluto tenía previsto invadir el Líbano porque sus fuerzas armadas habían estado bastante ocupadas con la Segunda Intifada y la Desconexión de Gaza. Las fuerzas del Mando Norte habían sido desatendidas con una prioridad baja en maniobras, material y personal entrenado. Así que no desde luego no existía nada parecido a un plan de invasión del Líbano y mucho menos los dos militares israelíes, reservistas y de bajo rango, tenían conocimiento alguno de los planes que se discutían en el alto mando.

Al final Lo que parece insinuar el profesor Fransico Veiga es que la acción de Hezbolá, secuestrar en territorio israelí a dos soldados, estaba justificada por la supuesta inminente invasión isralí y no fue más que una acción anticipatoria justificada por las circunstancias. Nos es más que otro giro de tuerca al discurso de que cualquier acción reprobable por parte de Hezbolá tiene su justificación o forma parte de la naturaleza del conflicto. El propio autor enfatiza que su libro no es un manual de historia al uso, sino un ensayo histórico: Un relato de los hechos sin el apoyo de bibliografía y referencias. Hubiese estado bien conocer de qué sombrero sacó tantas ideas.

Por cierto, los dos soldados israelíes secuestrados en el incidente que dio origen a la guerra murieron en la emboscada de Hezbolá o por las heridas provocadas en un lapso de tiempo muy corto. Los cuerpos del sargento 1º Ehud Goldwasser y el soldado Eldad Regev fueron retornados a Israel dos años después.

Ankara City Tres S.L.

¿Quién se levanta por la mañana y decide ponerle de nombre a su empresa inmobiliaria “Ankara City Tres”?. ¿Un turco nostálgico de su país que se encontró que ya existía una “Ankara City S.L.” y tuvo que añadirle “Tres”? ¿Alguien que descubrió el amor en un ménage á trois en la anodina capital turca?

En 2009 se constituyó la sociedad limitada “Ankara City Tres” con un capital inicial de 3.010 euros y domicilio en la calle de Castelló número 18 de Madrid. En Internet no hay constancia alguna de actividad. No hay una página web. No hay una ninguna referencia en algún portal de negocios.

Un día la empresa se traslada al Paseo de la Castellana número 179 e informa de una ampliación del objeto de la sociedad. Ahora se dedica además a la “comercialización de todo tipo de productos”. El 8 de abril de 2011 la empresa registra la marca comercial “AK Shooter” de la clase Niza 25: “Prendas de vestir, calzado, artículos de sombrerería”. En Internet no aparecen referencias de ninguna tienda on-line, de las muchas que sirven a la comunidad airsoft y militar en España, que venda ropa de la marca “AK Shooter”. Sin embargo la empresa tiene tan buena suerte que el 17 de junio, dos meses después, la Armada Española le adjudica en un “procedimiento negociado sin publicidad” un contrato de 55.000 euros por “ropa de trabajo, ropa de trabajo especial y accesorios”.

Así funcionan las cosas.

La guerra después de Afganistán e Iraq

Un vistazo a las estadísticas de conflictos armados durante la posguerra fría refleja el cada vez menor número de conflictos interestatales si dejamos fuera las acciones de Estados Unidos en las que arrastró a otros países aliados: La Invasión de Panamá (1989), la liberación de Kuwait (1991), la intervención en Kosovo (1999), la invasión de Afganistán (2001), la invasión de Iraq (2003)… Las acciones de Estados Unidos son un enorme outlier estadístico.

Ahora con Iraq apaciguado, la fecha de retirada de Afganistán fijada y la muerte de Osama Bin Laden se hace más fácil mirar más allá y que el mensaje sea recibido. Lo curioso es que con esa manía de anticipar el futuro como una proyección de la última guerra librada, el raid en Abottabad se ha convertido en el nuevo modelo a seguir, según Adam Elkus. La ironía es que la nueva visión coincide con lo que Donald Rumsfeld proponía en su momento y se dice que es esta su venganza. Demostrarse que tenía razón. Si tan solo fuera por su legado de cenizas en Iraq

La idea de fuerzas de operaciones especiales, poder aéreo, inteligencia en red y aliados locales no es algo que fuera difícil de imaginar leyendo lo que Robert D. Kaplan proponía allá por 1998 en “Inteligencia Especial” (en España apareció publicado en “La anarquía que viene”). Desde luego no es difícil de trasladar esa visión al Flanco Sur profundo.

El último atentado con éxito supervisado por Bin Laden

Para mi artículo sobre la muerte de Bin Laden en el contexto del declive de la yihad global realicé varias tablas de atentados atribuidos a Al Qaeda y sus franquicias regionales. Había dos conclusiones llamativas. La primera es que después del atentado del 7-J de Londres en 2005 no ha tenido ningún atentado de importancia en los países occidentales atribuible a Al Qaeda y sus partidarios. La segunda es que por esa fecha empezaba una larga lista de atentados fallidos en los que la célula terrorista era detenida en una fase poco avanzada del plan, el aspirante a terrorista suicida sólo lograba morir sin producir víctimas o la bomba fallaba por un error en su elaboración.

La semana pasada The Guardian publicó algunas de las conclusiones alcanzadas tras el estudio de material encontrado en la casa donde vivía Bin Laden. Lo que se llama en términos militares estadounidenses Document Exploitation (DOCEX). Según fuentes estadounidenses el 7-J fue “the last successful operation Osama bin Laden oversaw”. Será interesante analizar el declive del núcleo central de Al Qaeda.

El último que apague la luz (I)

Cuando los aspirantes del PSOE a candidatos a la presidencia del gobierno maniobraban en los medios de comunicación afines le mostré mi extrañeza a alguien de que la ministra de defensa se postulara para el puesto. En mi opinión no tenía una gestión brillante que presentar como aval a su candidatura. Más bien lo contrario. La persona con la que hablaba sentenció con algo parecido a: “Da igual. En España a nadie le interesa los asuntos de defensa. La gente sólo se queda con eso que dicen en el Telediario sobre misiones de paz”.

Chacón quedo finalmente fuera tras el dedazo que aupó a Rubalcaba. ¿Pero y si hubiera sido candidata? ¿A alguien le hubiera importado su gestión del Ministerio de Defensa? ¿Alguien habría tenido criterios para hacer un balance?

La trayectoria del Ministerio de Defensa español en los últimos años parece seguir el paradigma de las Guerras Posmodernas interpretado por alguien que leyó el libro y no entendió nada. Los documentos oficiales del Ministerio de Defensa establece que España no tiene enemigos potenciales y las amenazas son por tanto tan imprevisibles como indefinidas. Sin embargo España, al contrario que Portugal, Suiza, o Bélgica, tiene un país vecino que reclama la soberanía de ciertos territorios. El asunto nunca supuso un problema mayor por la abismal diferencia cualitativa de las fuerzas armadas. Esa brecha se ha acortado en numerosos aspectos. Pero como ya hemos dicho en otras ocasiones resulta en el fondo irrelevante porque ante la disparidad de fuerzas Marruecos ha empleado siempre estrategias “asimétricas” con pleno éxito contra España.

Descartado el paradigma de la defensa nacional como defensa del territorio pareciera que la política oficial española es la construcción de alianzas estratégicas a través de la implicación en misiones internacionales. Es la política que siguen países como Noruega, Letonia, Estonia, Polonia o Mongolia. Teniendo por vecinos cercanos a una potencia nuclear se han implicado en las guerras de Estados Unidos para labrarse el apoyo de Washington en sus problemas locales. España ha seguido esa misma política pero de forma harto chapucera.

La primera decisión tomada por el primero de los gobiernos de Rodríguez Zapatero fue la inmediata retirada de las tropas de Iraq. Una historia que todavía no ha sido contada en sus precisos detalles. Lo que se vendió en España como una decisión fulminante producto de la coherencia con una promesa electoral fue en realidad una huída precipitada de un área de operaciones donde una estrategia errónea propició el auge y fortalecimiento de la milicia del líder shií Muqtada al-Sadr delante de las narices de las fuerzas españolas en lo que fue además un fallo clamoroso de inteligencia.

El asunto estalló el 4 de abril de 2004 en Nayaf y sólo la decidida actuación de los contratistas de Blackwater impidió que se viviera un desastre propio de las coloniales del primer tercio del siglo XX. Los responsables militares de aquella jornada fueron, por supuesto, debidamente recompensandos por el gobierno entrante. Aunque me pregunto qué versión habrían dado en el reportaje que a mayor gloria de uno de ellos le dedicó un suplemento dominical si cierto contratista de Blackwater no se hubiera contenido y tal como se le cruzó por la cabeza le hubiera partido la cara aquel día en Nayaf por cobarde e incompetente.

La Brigada “Plus Ultra” española en Iraq la componían contigentes de países centroamericanos que dependían de la cadena logística española. La retirada española los arrastró y la decisión no cayó nada bien en Washington, que se vio de pronto con un agujero en el despliegue en Iraq. La primera decisión del gobierno de Rodríguez Zapatero, que ya se había lucido manteniéndose sentado al paso de la bandera de EE.UU. en el desfile militar de un 12 de octubre, marcó durante años las relaciones diplomáticas entre España y Estados Unidos.

Evidentmente en la primavera de 2004 la actual ministra de Defensa no ocupaba la cartera y no se le puede vincular a aquellas decisiones. Suyo sin embargo fue el protagonismo de la segunda retirada de tropas españolas y el segundo encontronazo con los países aliados. Se trató por segunda vez de una cuestión de coherencia política. Se había realizado un referéndum de autodeterminación en Kosovo en el que salió ganadora la opción a favor de la independencia de aquella provincia serbia. Y el gobierno español que no veía con simpatías tal clase de referéndum, no fuese que alguien cercano pidiera uno, decidió retirar las fuerzas españolas de la KFOR.

La decisión la anunció la ministra de defensa sin que el ministro de asuntos exteriores hubiera sido ni consultado ni informado y confundiendo los plazos. No se trataba de una decisión a ejecutar inmediatamente, sino que para evitar el desastre iraquí se llevaría a cabo con tiempo suficiente para que el resto de países de la KFOR compensaran la retirada española. La ministra se olvidó de ese detalle y tuvo que ser corregida desde Moncloa para pitorreo de la prensa de derechas en España e indignación de los países aliados.

El desastre diplomático que supuso la retirada española de Iraq tuvo que ser compensando ante Washington de alguna forma. Y el gobierno de Rodríguez Zapatero decidió entonces aumentar la contribución española en Afganistán teniendo mucho cuidado de que no se vinculara con las operaciones contrainsurgencia contra los talibán llevadas a cabo por EE.UU., Reino Unido, Canadá y Australia principalmente. El esfuerzo español quedaría encuadrado en ISAF, la fuerza de reconstrucción y asistencia a la instituciones locales comandada por la OTAN.

[Continuará]

Líbano, hace cinco años

El 25 de junio de 2006 un comando del grupo palestino Hamás cruzó la frontera con Israel desde la Franja de Gaza mediante un túnel. Dentro de territorio israelí atacaron un puesto militar donde mataron a dos soldados y capturaron al cabo Gilad Shalit. Tres días más tarde las fuerzas armadas israelíes lanzaron una operación militar en la Franja de Gaza que recibió el nombre de “Lluvias de Verano”. Los objetivos declarados de la operación fueron la liberación de Gilad Shalit e impedir el lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza, que había dejado de estar bajo ocupación israelí.

En 2005 el gobierno de Ariel Sharon había llevado a cabo el desmantelamiento de las comunidades israelíes en la Franja de Gaza, unas 10.000 personas, y la retirada de las fuerzas militares. La Autoridad Palestina tomó el control de la zona pero en medio de un creciente conflicto entre Hamás y al-Fatah. En las elecciones legislativas de enero de 2006 habían ganado los islamistas de Hamás, pero la presidencia de la Autoridad Palestina anuló el resultado. El conflicto estallaría finalmente de forma violenta en 2007 con la toma de poder de Hamás en Gaza y de al-Fatah en Cisjordania, convirtiendo al territorio palestino en dos entidades diferentes en la práctica: Hamastán y Fatahland.

Las operaciones militares israelíes del verano de 2006 no obtuvieron resultado. Finalmente se impuso un alto el fuego informal en noviembre de 2006 que dura hasta hoy (véase mi artículo en el número de febrero de 2011 de la revista “Fuerzas de Defensa y Seguridad”). Pero a los pocos días del comienzo de la Operación “Lluvias de Verano” el grupo libanés Hezbolá trató de liberar presión sobre Gaza creando un segundo foco de atención para Israel.

En la maañna del 12 de julio de 2006 una patrulla israelí formada por dos vehíulos “Humvee” blindados viajaba entre las poblaciones de Zar’it y Shtula cuando fue emboscada por una fuerza de Hezbolá que había cruzado la frontera con Israel. En la madrugada había saltado una alarma que alertaba de una intrusión en la valla que separa Israel y Líbano pero no se mandó a ninguna fuerza a investigar precisamente por el miedo a intentos de secuestro. Los dos vehículos formaba parte de una de tantas patrullas aleatorias que se envíaba a recorrer la frontera. Los soldados que la integraban pertenecían a una unidad reservista a punto de terminar su período de servicio anual y sus estándares de servicio eran un tanto bajos.

El segundo vehículo de la patrulla recibió el impacto de varias granadas anticarro RPG y empezó a arder. Los soldados que sobrevivieron abandonaron el vehículo sólo para ser abatidos por ráfagas de ametralladora pesada. El primer vehículo inexplicablemente se detuvo sólo para quedar aún más expuesto a los disparos de lanzagranadas anticarro RPG. Dos de los soldados que ocupaban el vehículo resultaron heridos. La fuerza incursora de Hezbolá los capturó y llevó al interior del Líbano. Murieron en aquel momento o poco después de sus heridas.

El ejército israelí lanzó una incursión al interior del Líbano. Un carro de combate siguió las huellas de los vehículos con los que los miembros de Hezbolá huyeron del lugar sólo para encontrarse una carga explosiva de entre 200 y 300 kilos que mató a los cuatro ocupantes del Merkava Mk.II. Hezbolá respondió con lanzamiento de cohetes contra instalaciones militares y poblaciones civiles en el norte de Israel. El gobierno de Israel de Ehud Olmert replicó con ataques aéreos.

Lo que comenzó como una maniobra de distracción secundaria al conflicto en Gaza se convirtió en la segunda Guerra del Líbano para Israel y duró más de un mes.

El jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas fue durante la guerra un general de la fuerza aérea que dio prioridad al poder aéreo y a las estrategias estadounidenses de “Operaciones Orientadas a Efectos”. En las tres primeras semanas de la guerra la fuerza aérea israelí arrojó tantas bombas como en toda la Guerra del Yom Kippur sin lograr sus objetivos. Los cohetes de Hezbolá siguieron cayendo hasta el último día de la guerra. La campaña terrestre se lanzó más por la presión de la opinión pública que porque formara parte de una plan bien establecido.

He acumulado decenas y decenas de informes y artículos sobre aquella guerra. Y creo, tengo que confirmarlo, que no se ha escrito casi nada serio en español. Guillem Colom, en su artículo “Los límites del paradigma estratégico israelí” la menciona como un fracaso israelí. ¿Fue así? ¿Qué lecciones se pueden sacar de aquella guerra? Hezbolá es uno de esos actores no estatales altamente empoderados y aquella guerra un ejemplo de libro de “guerra híbrida”. Me parece que es materia para un trabajo académico.

[Cinco años después Gilad Shalit sigue en manos de Hamás]