11-M: La conspiranoia de los necios (IV)

Las delirantes teorías conspiranoicas sobre el 11-M tocaron alguna fibra sensible en mí. “¿Nos toman por idiotas o qué?”, pensé. Aún así, por increíble que parezca en la blogosfera y en diferentes foros esas teorías recibieron eco. Hoy mismo Nacho Escolar enlazaba a un artículo de un tal Federico Quevedo en El Confidencial, que un país normal sería materia de juzgado de guardia.

Empecé a escribir la disección de cada artículo de Luis del Pino en Libertad Digital hace ya tiempo. Pero era una tarea que me consumía demasiado tiempo. Para colmo, a partir del cuarto capítulo la historia se complicaba con misteriosos compuestos químicos y datos, que para constrastar requerirían mucho tiempo pensé. Error. A un lector de mi blog sólo le llevó unas pocas búsquedas en Google y consultar a alguien con conocimientos de química para desmontar la impúdica cadena de mentiras de Luis del Pino. Pasen y lean el blog de Copypaste

El fin de ETA y la teoría de juegos

Esperaba sentarme un día a escribir sobre el fin de E.T.A. y las negociaciones para alcanzar ese objetivo, pero los últimos atentados terroristas han precipitado la urgencia de tratar el tema.

E.T.A. lleva sin matar desde mayo de 2003. El gobierno ha dado a su vez pasos. No creo que haya que darle muchas vueltas para comprender que algo está pasando. Creo que el fin de E.T.A. puede que esté ahora más cerca que nunca. Y parece ser algo que también el gobierno cree, dentro de la lógica prudencia.

Mientras tanto, comentaristas políticos, tertulianos y medios de la derecha en general se han escandalizado porque las bombas de E.T.A. de los últimos meses no han hecho reconsiderar al gobierno su postura. Hasta un despacho de Reuter de estos días se titulaba así: “Segunda bomba de ETA en cuatro días socava las esperanzas de paz”. La frase, “E.T.A. muestra su voluntad de negociar con otra bomba”, ha sido usada de forma socorrida, y pretendidamente irónica, por los bloggers de derecha tras cada atentado. Sin embargo, creo que las bombas de los últimos meses son un signo de que vamos por el buen camino y un síntoma de la voluntad de E.T.A. de negociar. ¿Ilógico? Echemos un vistazo a la Teoría de Juegos.

¿Qué es la Teoría de Juegos? La definición de entrada de la Wikipedia asusta a primera vista: Una rama de las matemáticas que usa modelos para estudiar interacciones con estructuras de incentivos formalizadas. O lo que es lo mismo, el estudio mediante modelos matemáticos de interacciones en las que hay algo que ganar o perder. Lo relevante de la Teoría de Juegos es que esos modelos buscan las mejores estrategias teniendo en cuenta no sólo los intereses propios sino que consideran las posibles estrategias del rival.

Muchos relacionarán la Teoría de Juegos con uno de sus modelos, el dilema del prisionero. Nosotros tomaremos una de sus variantes, el juego del gallina. Para ponernos en situación tenemos que imaginar una de esas escenas que todos hemos visto en alguna serie de televisión o película: Dos conductores acelerando a fondo en sus coches, frente a frente, yendo por una carretera en dirección opuesta. Se trata de una apuesta. El primero que se desvíe para evitar el choque, el gallina, pierde.

En un juego así una estrategia podría ser acelerar a fondo, mantener el volante y esperar a que el rival en el último momento se desvíe, sabiendo que como no lo haga el choque va a ser brutal. ¿Pero y si los dos deciden hacer lo mismo a la vez? Tenemos un tortazo monumental. El coche siniestro total y el conductor muerto o mal herido. La máxima pérdida para ambos. Cada uno tiene entonces que decidir qué hacer teniendo en cuenta lo que cree que hará su rival, y sopesando lo que gana y pierde con cada posible resultado.

Para construir nuestro modelo tenemos que penar en todas las posibilidades. Ya hemos visto que si ninguno de los dos ced,e los dos coches se van a empotrar uno contra el otro. Tenemos la máxima pérdida para ambos. Tomando una escala del 0 al 10, en este caso ambos obtienen -10. Si uno de los dos da por hecho que el otro no va a desviarse, que se encaminan hacia un choque frontal, y da un volantazo para esquivar al otro el juego termina con un ganador y un perdedor. Digamos que el que ha ganado la apuesta obtiene +5, ha quedado como valiente y se ha llevado el dinero de la apuesta. Según autores, el que pierde la apuesta ha quedado como un gallina y obtiene un resultado negativo.Otros autores suponen que el que ha perdido la apuesta, a pesar de haber quedado como un gallina, al menos puede dar las gracias por haber escapado con su coche y su vida intactos, y su ganancia es mínima pero positiva. Digamos, +1. Si resulta que los dos conductores decidieran apartarse de la trayectoria de colisión a la vez (¡esperemos que los dos dan un volantazo en direcciones opuestas!) ninguno ha quedado como más cobarde que el otro, así que el resultado es positivo para ambos. Digamos +3 para cada uno. Como no hay modelo matemático sin un dibujo, veamos la siguiente tabla. Las filas reflejan la acción del primer jugador. Las columnas reflejan la acción del segundo jugador.

Considerando la ganancia individual, el resultado óptimo para un jugador se da cuando aguanta hasta el final y provoca que su rival se eche atrás. Pero si consideramos el conjunto de los dos jugadores el resultado óptimo colectivo sería que los dos se echaran atrás a la vez.

En la vida la gente no va haciendo apuestas que impliquen el riesgo de matarse al volante de un coche de forma estúpida (¿o sí?). Pero la aplicación en el mundo de lo real es muy amplia. David de Ugarte usó el mundo del ligoteo y las relaciones de pareja, para explicar diferentes teorías económicas, incluyendo elementos de la Teoría de Juegos. Y como dicen que el amor y la guerra se rigen por las mismas reglas, llegamos a la negociación con la banda terrorista E.T.A. Apliquemos entonces el modelo del juego del gallina.

Tenemos al gobierno y a E.T.A. que son los dos conductores frente a frente. El discurso oficial ha sido que no se negocia con terroristas. E.T.A. ha de ser siempre la que dé el primer paso de abandonar la violencia. En la práctica no ha sido así. Pero eso es otro tema que veremos más adelante. E.T.A. por su parte no ha cambiado su discurso de soberanía para eso que llaman Euskal Herria. Y de atentar contra miembros de las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad del estado, pasó a hacerlo contra políticos, empresarios, periodistas, etc. La postura de inflexibilidad lleva, y ha llevado, a ese choque frontal catastrófico. Máxima pérdida para ambos.

Supongamos que alguno cediera. Supongamos que el gobierno español lo hiciera: Anuncia el traslado de los terroristas de E.T.A. convictos que cumplen penas en cárceles por toda España a a cárceles situadas en la comunidad autónoma vasca. Y anuncia para próximas fechas la celebración de un referendum vinculante sobre la independencia vasca. O supongamos que E.T.A. anunciara que abandona las armas y su brazo político (el que sea, que me pierdo con tanto cambio de nombre) condenara la violencia. Y que los arsenales de explosivos, municiones y armas de fuego fueran destruidos en presencia de testigos nombrados por ambas partes. Podemos suponer que en ambos casos cesarían los atentados. Pero el coste político para el que ha cedido sería muy alto. Se habría comportado como un gallina. El gobierno que hiciera tal cosa tendría que justificar el haber cedido ante E.T.A. a cambio de nada. Los dirigentes de E.T.A. y su entorno que autoliquidaran la organización terrorista tendría que explica a los suyos qué sentido tendría entonces los sacrificios realizados (cárcel, clandestinidad, vidas rotas, etc.)

La solución óptima es que ambos cedan a la vez. Pero para que no haya perdedores los dos han de dar el volantazo de forma simultánea, y tiene que suceder que cada uno se convenza de que su rival está lo suficientemente chiflado como querer seguir adelante. La única forma de conseguir esa coordinación es mandar una señal al otro de que se está dispuesto a dejar la apuesta en un empate, pero a la vez no desviarse para dejar claro que de no haber una respuesta positiva se piensa seguir en la misma trayectoria. Un paso en falso haría quedar al que lo hiciera como el gallina.

E.T.A. ha sido derrotada, y los últimos acontencimientos políticos en Cataluña reflejan aún más lo absurdo de estar fuera del juego democrático. Es el momento de cerrar de una vez por todas las Transición, eliminando la violencia de la política española. El gobierno y el entorno de E.T.A. se han estado mandando recados vía los medios de comunicación. Ninguno quiere dar a entender ante los suyos que su predisposición al diálogo es producto de la debilidad o que está dispuesta a dar sin recibir nada a cambio. Cada lado ha mantenido su postura. Bajo el gobierno de Zapatero no se han frenado las detenciones de terroristas, por mucho que algunos quieran presentarnos la realidad como justo lo contrario. De hecho cayó la cúpula de E.T.A.. Por su parte E.T.A. ha continuado cometiendo atentados, pero todos en el último año con la evidente intención de sólo causar daños materiales. No ha matado porque no ha querido.

Paradójicamente la postura del Partido Popular y sus paladines mediáticos refuerza la postura del gobierno en una hipotética negociación. La presión de la derecha contra la negociación le permitiría a los representantes del gobierno presentarse ante los de E.T.A. como si tuvieran un margen de maniobra limitado, y así poder presionarles para que hagan gestos inequívocos de su voluntad de renunciar a la violencia. El clásico reparto de papeles del poli bueno y el poli malo. Casi deberíamos agradecerles el trabajo, si no tuviéramos motivos para sospechar que sus verdaderas intenciones son otras. Pero de eso, si me lo permiten, hablaremos otro día.

Hacen falta ideas

Manuel Castells concluyó su monumental trilogía “La Era de la Información” dándole la vuelta a la decimoprimera tesis de Karl Marx sobre Feurbach . Si Marx sentenciaba que era la hora de que los filósofos dejaran las palabras y se pusieran manos a la obra para transformar el mundo, Castells venía a decir que si el mayor empeño en el siglo XX había sido transformar el mundo (con las consecuencias últimas que todos conocemos, añado yo), la labor que tocaba ahora era entender el mundo.

Para bien o para mal, nos ha tocado vivir en un brave new world. Y como dijo la Premio Nóbel Sara Mago (que no se diga que Espe no apoya al colectivo transexual) “[l]a izquierda no tiene ni puta idea de mundo”. En medio de ese naufragio colectivo casi sólo nos queda fiarnos del instinto. Estamos solos. Sólo contamos con nosotros mismos y nuestro sentido común. Jacinto hace poco hablaba de aplicar una regla de tres a los discursos y las realidades. Yo por mi parte quise lanzarme hace tiempo a cartografiar los territorios ideológicos. Un esfuerzo que quedó interrumpido al poco tiempo y que sólo hace poco retomé de forma marginal, hablando de la corrupción de las etiquetas. El tema de las etiquetas trajo cola. Creo que demasiados confunde las etiquetas con los contenidos. Los partidos políticos con la teoría política. La toponimia con la geografía (el mapa no es el territorio que decía aquel).

No sé si Gulliver me leyó, pero coincidía hace poco conmigo en “Crónicas desde el Planeta Barbaria”. Son los ejes ideológicos los que son inamovibles. Los que se mueven son las personas, los partidos y las etiquetas. Para complicarlo todo más, en ese nuevo mundo surgen nuevos problemas y nuevos temas que nos obligan a ubicarnos. ¿Cómo aplicar las nuevas tecnologías a las viejas cuestiones? Como es el caso de la democracia representativa, de la que hablaba Jesús Clavijo hace unas semanas. ¿Qué postura tomar ante el dilema software libre vs. software propietario dentro de la Administración Pública? José Luis Prieto tomaba partido a favor del primero? Son muchos los temas sobre los que reflexionar y debatir. Hacen faltas ideas, nuevas ideas.

Dentro de poco hará un año de aquel artículo de Fernando Berlín que yo tomé como una llamada a la acción. Ha tenido que pasar un año para que las cosas se muevan. No sé si estoy poniendo el listón muy alto. Pero no hay nada que perder. Con ustedes… lasideas.org.

El enemigo en casa

Image Hosted by ImageShack.usEso que sostiene el guardia civil en sus manos es un lanzagranadas anticarro desechable y de fabricación española Instalaza C-90. No hace mucho en Sevilla detuvieron a un soldado que había acumulado munición y material explosivo en su casa. Fue detenido al avisar los vecinos a la policía tras oir una explosión en el patio.

Me consta de hace tiempo lo fácil que puede resultar a un soldado en ciertos destinos robar material de guerra. Y miembros de mafias balcánicas han sido detenidos con armamento anticarro. Algunos seguirán explicándolo todo con teorías conspiranoicas, pero el 11-M fue el resultado de la mezcla de delicuentes con acceso a ciertos materiales con otros delincuentes que habían dado un salto ideológico. Ya saltó la alarma en su momento en EE.UU. y Alemania por la circulación de boletines de ultraderecha en sus fuerzas armadas. No sé si debería ser el momento que en España alguien se encarga de extremar el control de los polvorines militares y prestar atención a lo que pasa dentro de los cuarteles. No sé ustedes, pero la siguiente foto hecha en Iraq me resulta un tanto inquietante.

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No es lo mismo

Me resulta irónico que tras meses de escribir en este blog, dedicando el mayor tiempo a hablar de terrorismo y conflictos, haya sido una entrada sobre la degeneración de la etiqueta política “liberal” la que haya generado mayores picos de tráfico en mi blog.

Echándole un vistazo a las estadísticas podría pensar que sólo consigo muchas visitas precisamente cuando no hablo de los temas que me interesan. A excepción de esos momentos puntuales en los que la actualidad lanza al público a buscar en Internet. Como por ejemplo los días posteriores al 7-J londinense. Otro gran pico de tráfico se generó en los días que pasé en Eslovenia. Podría sacar la conclusión entonces de que mejor me dedico a hablar de otras cosas, pero los lectores que han llegado últimamente aquí parecen no irse.😀

Además no recuerdo nada que haya escrito que llevara a tanta gente a citarme. En ciberpunk.net han sido David de Ugarte, Enrique Gómez, Sombra Digital, Netoratón, BurguerLiberal, Joseba y Stranulato. Fuera de ciberpunk.net tenemos por ejemplo a Enrique Castro y Libro de Notas. Hay algún ejemplo más, como el de aquel que pretendió hacerse el listo y sólo me dejo la duda de si era disléxico o víctima de la ESO porque parece que no entendió nada. (Yo me niego a reexplicarme. Le cedo la palabra a Manel.) Pero no fue el único despistado. Decía que todo esto me resultaba irónico porque me cuesta reconocerme en lo que supuestamente inspiré.

Allá por diciembre, cuando era joven e ingenuo, y desconocía que los Reyes Magos eran los padres, empecé una serie pendiente. Venía a decir que se equivocaban de cabo a rabo los que en el lado derecho de la blogsfera se dedicaban a teorizar sobre lo que es la Izquierda. Lo mismo metían a ZP y Stalin en el mismo saco, que colocaban a Hitler como tirano de izquierdas o hacían una definición de lo que se supone que es la Izquierda hecha a la medida como muñeco de trapo. Naveguen y verán como convierten al totalitarismo, estatismo, colectivismo, socialismo, marxismo, etc… en sinónimos de Izquierda.

El primer paso para deshacer el enredo fue aplicar un esquema bidimensional. Con ello conseguíamos colocar en su sitio a ZP, la CNT y Stalin por un lado. Y de paso a Hitler y la CDU. Pero la cosa no debía quedar ahí. Esperaba en algún futuro encontrar el tiempo para continuar la serie. Pero en aquel momento por simplicar obvié un paso importante: El eje horizontal Izquierda-Derecha quedó sobreentendido. Al fin y al cabo pretendía tener una vida más allá del blog. Pero si digo que era una tarea pendientes es porque soy de los que cree que ese eje no sólo sigue siendo existiendo sino que es fundamental. Y fundamental es tener claro por qué, y qué significa estar a este lado. Lo digo ahora que surge un agregador de blogs y un periódico digital progresistas (que es en España a la Izquierda lo que a la Derecha el liberalismo). Muevo la cabeza a un lado y a otro. No, no es esto, pienso. Incluso la definición de la Wikipedia me parece un puñado de ideas mal encaminadas.

Será mi (de)formación sociológica pero para mí es tan sencillo como entender que Izquierda y Derecha se diferencian porque entienden la estratificación de la estructura social de diferente forma. Ahora alguien me preguntará que defina estructura social (la Wikipedia en español, no ayuda nada). Simplificaré, otra vez, pidiéndoles que hablemos de desigualdad social. Posiblemente mis profes de la facultad me hubieran cateado por algo así, pero de momento nos vale. (Si pudieran leerse un libro que Vidal-Quadras publicó en 1997 adelantaríamos bastante para lo que vendrá más adelante).

Detrás de esas diferentes explicaciones, por supuesto, subyacen diferentes cosmovisiones. Y a partir de esas mismas explicaciones, también, arrancan diferentes propuestas de acción (o inacción). ¿Qué cuáles son cada una? Y más allá de las divagaciones utópicas, ¿qué hacemos ahora mismo con los islamistas en suelo europeo y en dónde metemos temas como el copyleft? Ya dije que me apetece tener vida propia, y no pasarme las próximas semanas encerrado en la biblioteca de la facultad de Ciencia Política y Sociología de la Complutense para luego escribir unos post kilométricos. A no ser claro, que algún think-tank me ayude a llegar a fin de mes.😉

De momento sé que alguno dirá que el análisis de la realidad del no-sé-qué-ismo está totalmente desfasado. Que el PSOE ya no es obrero, y que el Partido Popular aquí o allá ha montado un Estado del Bienester a la noruega. Que los de la camiseta del Che son unos capullos (jo, qué novedad) y que ellos la única cosmovisión que tienen es la que alcanzan con una María que no es esta. Que algunos, como dijo Manel se han hecho liberales a base de leer prospectos de insecticidas, tratados de zoología en japonés o meditando sobre los numeritos que se mueven en la carta de ajuste; imposible que sea por haber accedido a vulgares manuales de liberalismo.

Que sí, que si los ejes puede que sean eternos los partidos se han movido. Pero eso no es nada nuevo. La solidaridad obrera brilló por su ausencia en la Europa del verano de 1914. El consenso de posguerra entre socialdemocracia y democracia cristina derivó hacia un modelo de partidos omnibus (¿quién se toma en serio los programas electorales?). Podríamos continuar con la asombrosas alianzas en tiempos de la Guerra Fría (EE.UU.+China apoyando la UNITA). Y tenemos a esos libelelos llamando “campeón de la libertad” a un tal Reagan que apoyó dictadores de Monrovia a Manila. O a Corea del Norte, último paraíso del proletariado.

Parece que echamos de menos una Arcadia feliz en la que todo estaba más claro. Y seguimos confundiendo llamarse de izquierdas con ser de izquierdas. Proclamarse marxista, con haber leído a Marx. Y leer a Marx con entender a Marx. Fumarse un canuto con saber hacer la “o” con un canuto. Que no es lo mismo. Es distinto. No sé si me explico

Historias personales

Los periodistas estadounidenses tienen una forma muy particular de contar el desarrollo de ideas o avances tecnológicos. Parece que la historia avanza a golpes de casualidad o por el empeño frente a las circunstancias de un grupo reducido de personas. Y es un estilo de contar las cosas, más allá de los valores que implica esa forma de ver el mundo, que me gusta.

Ahora mismo estoy leyendo “The new face of war” de Bruce Berkowitz y me he encontrado con varias historias curiosas.

La primera arranca en París. Casi al final de la Segunda Guerra Mundial Anthony Rona, nacido en Hungría, cuna de John von Neumman y Andy Groove, se licenció en ingeniería. Pasó un tiempo constuyendo puentes en Camerún para librarse de un matrimonio impuesto por su familia. Al volver de África se casó y emigró a Montreal. Anthony consiguió un puesto de profesor en el MIT y allí se dirigió con su mujer, Monique. El salario le llegaba muy justo para sacar adelante su familia, que la componían ahora el matrimonio y cuatro hijos. Le ofrecieron un trabajo mejor pagado en la compañía Boeing. Nada ver que ver con fabricar aviones, sino I+D para el Departamento de Defensa. Pero aceptarlo implicaba mudarse a la otra costa. Monique y él lo echaron a suertes. Ganó Boeing. Una vez instalados en Seattle, Monique encontró trabajo en la Universidad de Washington gracias a su formación como oceanógrafa.

Monique Rona se familiarizó con la informática en los años 70. En aquel entonces los ordenadores eran unas máquinas enormes y su uso un recurso escaso y valioso que había de ser compartido. En 1968 Bell Lab había adaptado los teletipos para usarlos como terminales de ordenador. En las universidades habían dos o tres ordenadores a los que accedían los profesores y estudiantes desde las diferentes facultades usando teletipos. Rona llegó a ser directora del centro de cálculo de la universidad y vio una oportunidad de negocio en montar una empresa que vendiera tiempo de uso de ordenadores a otras empresas que no pudieran permitirse comprar un ordenador propio. En aquel momento acababa de salir al mercado el Digital PDP-10 y la empresa creada por Monique junto con otros profesores de la universidad llegaron a un acuerdo con Digital. A cambio de un descuento en el precio del ordenador la empresa de Monique, Computer Center Corporation, depuraría el software. Al tiempo, Monique se enteró que dos compañeros de clase de uno de sus hijos eran unos chiflados por la informática. Y pronto llegó a un acuerdo con ellos para que se encargaran de revisar el código a cambio de tiempo de uso del ordenador Digital.

El funcionamiento de un ordenador central y el intercambio de información con sus usuarios mediante teletipos llamó la atención al marido de Monique. Al fin y al cabo ella había instalado un teletipo en la cocina de la casa. Anthony se dedicó a darle vueltas a la importancia que tendrían en las futuras guerras los ordenadores y las redes de telecomunicación. En el verano de 1976 Boeing le publicó un ensayo: “Weapons Systems and Information War”. La primera vez que alguien acuñaba el término. Y mientras, los dos chicos que Monique había contratado para depurar código sacaban adelante una empresa de software. La empresa se llamaba “Micro-Soft” y ellos dos, Bill Gates y Paul Allen.

Guerras posmodernas: El nombre de la cosa

Los más sagaces lectores de mi blog se habrán dado cuenta. He cambiado el nombre. Hace poco me comentaba una lectora que le había llamado la atención cómo al buscar “Lobo Estepario” en Google los primeros resultados de la búsqueda eran blogs. La obra del bueno de Herman Hesse quedaba relegada a un segundo plano. Según ella, además, la mayoría de esos blogs hubieran producido rechazo en Harry Haller. En mi caso el título tenía sentido porque cuando comencé mi blog allá por el 29 de febrero de 2004 me limitaba a soltar mis soliloquios de forma anónima. Después de aquel artículo de Fernando Berlín que yo interpreté como una llamada a la acción me dediqué a hablar de todo menos de mí mismo. El siguiente paso fue federar mi blog con ciberpunk.net. Su crecimiento y mi nuevo blog me llevó a especializarme y buscar mi propio nicho de la cadena alimentaria de información.

A cada paso llamarse “El Lobo Estepario” tenía menos sentido. Y a cada paso tenía más claro mi interés por reflexionar sobre la transformación de los conflictos armados en el mundo actual. Una reflexión que pretendo articular de forma coherente en un futuro próximo. Mientras tanto, aquí irán encontrando piezas sueltas de ese puzzle que estoy montando en mi cabeza.

¿Y por qué “Guerras Posmodernas”? Hay toda una ensalada de términos y conceptos: Revolución de los Asuntos Militares, Guerra en Red, Ciberguerra, Guerras de 4ª Generación, Nuevas Guerras, Guerras Asimétricas, Guerras de Información, Guerras de la Tercera Ola y añado etcétera porque seguro me he dejado alguna en el tintero. Pero creo que ninguno de estos término recoge todos los aspectos de los cambios que están sucediendo. No todas las guerras futuras tendrán lugar en Internet o implicarán el uso de nuevas tecnología. La realidad es más confusa. De ahí que considere que asistimos a la superación de un modelo particular de guerra, la guerra moderna, cuyo arranque histórico no hay que fechar en la Guerra Fría, sino un poco más atrás. En el Renacimiento, nada menos. ¿A dónde nos lleva todo esto? Lo iremos descubriendo. Comienza el viaje.