“Margen Protector” un año después

El otro día, después de terminar y enviar a ElMed.io mi último artículo en el que me ocupaba de la Operación “Margen Protector” y su tratamiento en la prensa, Manel Gozalbo me pasó el enlace a un programa de RNE donde el corresponsal de la emisora en Oriente Medio explica lo sucedido así:

Israel quería venga el asesinato de tres colonos que el gobierno de Israel atribuía a los radicales de Hamás en Cisjordania aún a pesar de que la policía israelí negó tal posibilidad.

Aquí el contexto y a continuación una pista visual para los desorientados:

Tamaño despropósito me puso balístico y me despaché a gusto en mi cuenta de Twitter. Estoy acostumbrado a leer y destripar aquí las chorradas que eximios periodistas y académicos españoles escriben sobre el conflicto árabe-israelí. Basta recordar las boberías escritas por el profesor Francisco Veiga sobre la guerra del Líbano en 2006, el delirante relato de los últimos pensamientos de los terroristas suicidas de Hezbolá contada por el actual delegado de la Agencia EFE en el Norte de África o la basura antisemita de Ilya Topper sobre el Holocausto. Pero en este caso me entró el cabreo de pensar que Paco Forjas está en Israel cobrando un sueldo como corresponsal de una radio pública que pagamos todos. Hay que hacer un esfuerzo considerable para no enterarse de lo que pasó en 2014. Quizás Paco Forjas llegó a Israel después de aquella fase del conflicto. O quizás estamos ante un caso como el de aquel corresponsal de RNE en Berlín que no hablaba alemán y le pagaba a una amiga, que no estaba en nómina de RNE, para que le revisara la prensa alemana. Conté la anécdota en Twitter y al rato alguien, que se identificó como trabajadora de RNE, pidió respeto para los compañeros. Ya sabéis, los periodistas como la Legión. Al auxilio de los suyos con razón o sin ella. Así que mi artículo, “‘Margen Protector’ y la ‘hiperrealidad’ en el conflicto palestino-israelí”, parece ahora una respuesta al análisis de Paco Forjas sobre que se trató una venganza por la muerte de tres adolescentes israelíes.

La verdad es que es un trabajo aburrido el tener que ir refutando las tonterías que se dicen sobre el conflicto árabe-israelí. “The amount of energy necessary to refute bullshit is an order of magnitude bigger than to produce it”. En mi artículo empleo el término “hiperrealidad” de Jean Baudrillard para hablar de la fantasía construida por los medios. La acción de los actores externos sería mucho más útil y estaríamos más cerca de la solución a los problemas si los análisis en el centro del debate público fueran serios. Piensen en todos las matices, grises y contradicciones que reflejan trabajos como Un estado y medio de Jordi Pérez Colomé o Historia de Palestina. Desde la conquista otomana hasta la fundación del Estado de Israel de Gudrun Krämer.

Itxaso Domínguez comentaba en la página de Facebook de GuerrasPosmodernas.com que el dedicarme a dar leña a los periodistas por las tonterías que escriben sobre el conflicto (ella no usó esas palabras, pero ustedes me entienden) era adoptar una postura partidaria y era unir mi voz a la propaganda de uno de los lados. Que lo correcto sería al hablar del conflicto mostrar sus dos caras. Sería lo correcto, sin duda, si fuera a explicar el conflicto palestino-israelí. Pero yo lo que trato aquí son las tergiversaciones sobre un conflicto del que se cuenta machaconamente una parte. Hagan la prueba. Verán que en la prensa española se habla de la corrupción, el machismo y el racismo así que de cualquier otro problema de la sociedad israelí. Por ejemplo, alguien en Twitter me justificaba el boicot a Maitsyahu poniendo un enlace a una noticia o una foto sobre violencia policial en Israel contra inmigrantes irregulares. No hice la prueba, fallo mío, pero si hubiera buscado con Topsy en su perfil de Twitter hubiera apostado algo a no encontrar ni un solo comentario sobre la situación en los CIEs españoles. Es algo habitual, ver cómo se airean problemas de la sociedad israelí para mostrarlos como síntomas de una sociedad moralmente enferma cuando esos mismos problemas los tenemos en España y no parecen estar en el centro del debate público, como es el tratamiento a los inmigrantes en situación irregular. La sociedad israelí y su gobierno están bajo una lupa que no se aplica al lado palestino y que es presentado como un objeto pasivo en este conflicto por la perspectiva racista y paternalista de la izquierda occidental que niega la agencia al pueblo palestino, los “niños especiales” de Oriente Medio. Así que, mientras sesudos académicos e intrépidos reporteros sigan publicando análisis de mierda sobre el conflicto palestino-israelí, seguiré destripando el discurso anti-israelí hasta que algún día podamos tener un debate adulto y responsable sobre el conflicto.

La dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría

El concepto de Nueva Guerra Fría, por simplificador, resulta engañoso. No se trata de una nueva Guerra Fría entendida como un regreso al statu quo en Europa previo a 1989, lo que permitiría desempolvar los manuales de relaciones internacionales de la época y rescatar a los sovietólogos del retiro. El mundo no es el mismo y no es posible una repetición de la historia. Precisamente las novedades de la sociedad de la información en un mundo globalizado dan lugar a las características diferenciadoras de la Nueva Guerra Fría.

En la vieja Guerra Fría existían dos bloques irreconciliables separados en Europa por el Telón de Acero. La Nueva Guerra Fría tiene lugar en un mundo globalizado donde millonarios rusos mantienen cuentas en Chipre, organizaciones de la diáspora ucraniana organizan crowdfundings en Internet para enviar equipamiento militar al frente, trolls rusos dejan comentarios en las página web de medios occidentales y organizaciones estadounidenses montan talleres de márketing político en Europa Oriental.

Las relaciones de Occidente con Rusia y sus aliados ha entrado en una nueva etapa que yo, entre muchos, caracterizo como una Nueva Guerra Fría porque a las disputas geopolíticas se añaden también elementos de una confrontación ideológica de fondo. Esa dimensión tampoco es equiparable a la vieja Guerra Fría. No existe un bloque enfrentado a Occidente que sea sólido y homogéneo en lo ideológico. No existe una corriente ideológica única, reconocible y coherente con autores de referencia y partidos políticos que sea equiparable país a país. El bloqueo puesto a Occidente se define por negación. El elemento cohesionador del bloque que tiene a Rusia como principal potencia es la oposición a la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados. Precisamente los principales aliados de Rusia fuera del espacio ex-soviético forman parte de dos bloques caracterizados por oposición a Estados Unidos en Latinoamérica y Oriente Medio: el Eje de la Resistencia y la Alianza Bolivariana junto con Argentina. Se trata antes de nada de un bloque surgido a partir de alianzas geopolíticas y geoeconómicas surgidas de una coyuntura histórica dada en la que el discurso ideológico es débil y está en construcción.

La democracia liberal y la economía de mercado es el sistema que nominalmente comparten Estados Unidos y Rusia, de tal forma que en la teoría no puede haber antagonismo de sistemas político-económicos. Pero una observación cercana de la realidad de Rusia y muchos de sus aliados revela que el sistema político de esos países no es equiparable al de las democracias occidentales. Por un lado, lo partidos en el poder se perpetúan vía las urnas mediante pucherazos electorales, leyes electorales a medida, gerrymandering, etc. El resultado es que el partido en el poder y la maquinaria del Estado se vuelven indistinguibles. Además, el poder político tiene a su servicio una potente maquinaria mediática que mantiene el culto al líder. Existe una elevada inseguridad jurídica con una justicia parcial y muy dependiente del poder político. La oposición política, más allá de sus errores y fracasos, es reprimida activamente mediante encarcelamientos de figuras señaladas, asesinatos, persecución de los medios de comunicación, etc. En esta descripción encajan en mayor o menor medida Rusia, Venezuela y Argentina, con las evidentes excepciones y variantes locales que van del asesinato de Alberto Nisman al asesinato de Boris Nemtsov. Irán y Siria son casos aparte, pero no es necesario entrar a explicar que sus sistemas políticos son opuestos a la democracia liberal.

Hay una serie de elementos en el discurso político que son comunes y que quedan resumidos en la denominación argentina del “Proyecto Nacional-Popular” del kirchernismo. Esto es, nacionalismo y populismo. La oposición a la hegemonía estadounidense en política exterior, junto al rechazo de la “globalización neoliberal” o el Consenso de Washington, lleva aparejada la defensa de un sector económico estatal fuerte. La confusión entre partido del poder y Estado crea una emergente oligarquía beneficiaria de los negocios de las grandes empresas públicas (de los siloviki a los boliburgueses), además de la existencia de redes clientelares. Si el partido en el poder se confunde con el Estado, el líder y el partido encarnan además al pueblo frente a una oposición caracterizada desde el poder como vendepatrias, golpista, al servicio de Estados Unidos, etc. Esas acusaciones toman como base las simpatías que reciben desde Estados Unidos y la Unión Europea las fuerzas de la oposición de ideología liberal (en el sentido europeo del término) o de naturaleza modernizadora.

Un elemento peculiar, quizá influencia de la hostilidad a Israel del Eje de la Resistencia, es el nada soterrado antisemitismo que presenta en el siglo XXI elementos renovados. Del antiguo conspiracionismo de los Protocolos de los Sabios de Sión se ha pasado al discurso sobre el papel del capital judío internacional en la crisis financiera o el apoyo de George Soros a las Revoluciones de Colores en Europa del Este. Mientras el antisemitismo ha pasado en Rusia al discurso oficial, hay que recordar los insultos que lanzó Nicolás Maduro contra su rival, Henrique Capriles, durante las últimos elecciones venezolanas: “judío” y “maricón”. Más allá de la anécdota, los ataques y agresiones contra la comunidad judía venezolana han aumentado durante el chavismo.

Chávez y Ahmadinejad en 2007

Chávez y Ahmadinejad en 2007

Una de las características fundamentales de la Nueva Guerra Fría es que transciende el tradicional eje político izquierda-derecha. Algo que resulta evidente en el Parlamento Europeo. Allí, existe un bloque de partidos, no necesariamente aliados en otras materias, que en las votaciones respecto a Rusia y la crisis de Ucrania votan a favor de los intereses de Rusia. Lo forman partidos situados en ambos extremos del eje izquierda-derecha: Eurófobos, euroescépticos, neofascistas, ultraderecha xenófoba, postcomunistas, comunistas, independentistas de izquierdas que abandonaron el terrorismo, etc. Esa diversidad se ha visto en los voluntarios extranjeros que se han incorporado a las filas del bando prorruso en Ucrania Oriental, donde lucharon codo con codo neofascistas franceses y comunistas españoles, generando en Internet un debate sobre la necesidad de superar viejas diferencias para luchar contra el imperialismo capitalista financiero globalizador.

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Ilustración del canal Russia Today

En el caso español, he señalado varias veces cómo el partido Podemos encaja perfectamente en el orden político de la Nueva Guerra Fría. Su núcleo duro cobró por trabajos de asesoramiento de los gobiernos de Venezuela y Bolivia, además de mantener vínculos con la organización kirchnerista “La Cámpora” y señalar a Ernesto Laclau como un referente intelectual. Su líder, Pablo Iglesias, presenta un programa en el canal en español de la corporación audiovisual pública iraní. Precisamente Pablo Iglesias ha defendido la salida de España de la OTAN y una acercamiento geopolítico de la Unión Europea a Rusia, un tema del que uno de sus mentores y frustrada figura de Podemos, Jorge Verstrynge, recogió en su libro El sueño eurosiberiano en 1992. En el Parlamento Europeo, Podemos forma parte del bloque de partidos que vota a favor de los intereses rusos en cuestiones relacionadas con Rusia y la crisis de Ucrania.

Otro partido que encajaba en ese esquema de cosas, era la coalición griega SYRIZA. Defendía la retirada de Grecia de la Alianza Atlántica, la ruptura de los acuerdos militares con Israel y su líder había hecho gestos de cara a Rusia durante la crisis de Ucrania. A la hora de formar gobierno en enero de 2015, se alió con ANEL, el “partido ruso” de Grecia. Pero transcurrido menos de un año y ante la necesidad de un nuevo rescate económico, el gobierno de SYRIZA renunció al programa original de gobierno esbozado en 2012.  Grecia fue temporalmente, como lo fue antes Chipre, tablero de juego geopolítico de la Nueva Guerra Fría, pero en ambos casos quedó de relieve la debilidad económica rusa que impidió rescatar a esos dos países y atraerlos a su órbita.

Referentes intelectuales para el blog "Tribulaciones Metapolíticas": El Che Guevara, Mishima,

Referentes intelectuales para el blog “Tribulaciones Metapolíticas”. Véanse los nombres aquí.

Curiosamente, lo que hasta ahora hemos descrito como alianzas geopolíticas coyunturales y afinidades ideológicas circunstanciales está teniendo su síntesis ideológica en la periferia de la vida política. Un panorama amplio y diverso que incluye desde kirchneristas a neofascistas, pasando por euroasianistas y miembros de la Nouvelle Droite, están construyendo un pensamiento político donde convergen Putin, Chávez y Hezbolá como vanguardia de la lucha contra el imperialismo yanki, el sionismo y el capital financiero multinacional. Véase a modo de ejemplo los blogs Pueblo Indómito, Página Transversal y Tribulaciones Metapolíticas. Son, evidentemente, minoritarios y marginales en el actual panorama político occidental. En el lenguaje de la Tercera Posición, aspiran a hacer “metapolítica”. Incluso en Rusia, como es el caso de Alexander Dugin, mantienen una relación ambivalente con el poder establecido. Sin embargo, a pesar de su papel político marginal, el ideario antioccidental resuena en Europa más allá de estos grupos periféricos porque su visión del orden internacional encajan con los de cierta izquierda europea. La confusión llega al punto que un autor de la Nouvelle Droite francesa aparece en el portal de izquierdas Tercera Información y la propaganda rusa sobre la guerra de Ucrania es publicada en el diario “obrero” La República.

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Manifestación en Francia.

Y es que, como conclusión, el mejor escaparate de la dimensión ideológica en la Nueva Guerra Fría es la proliferación de medios con los que los que Rusia, Irán y los “países bolivarianos” pretenden dar batalla en el campo de las ideas más allá de su ámbito regional. Hablamos de Russia, Today, Sputnik, Russian Behind The Lines, Press TV, HispanTV, TeleSur, etc. Todo ellos no son únicamente canales de noticias donde se representa la visión oficial de los gobiernos que los financian, sino que promueven una determinada visión política de la realidad mundial en la que se critica a Estados Unidos, la Unión Europea Israel y sus aliados.

Un proyecto de novela que aparqué

Hubo una época en que gracias al impulso de la editorial De Librum Tremens hubo un mini-boom en España de techno-thrillers, con libros como Frontera de Agua y La Tierra del Sur. La premisa de estos dos últimos era que España entraba en guerra con Marruecos y al final los buenos ganaban. Después de que los militares españoles desarrollaron misiones en Afganistán, Iraq, Líbano y Cuerno de África, la variedad de escenarios y temáticas de las novelas se amplió.

Yo en su momento me quedé dándole vueltas al esquema “el moro taimado ataca a traición pero luego España reacciona y gana”. Y pensé que sería interesante plantear un situación confusa llena de matices y grises. Imaginemos por ejemplo que una serie de disturbios en Marruecos, provocados por una escalada en el coste de la vida, desembocara en un golpe palaciego o un pronunciamiento militar después del cual no se supiera quién gobierna realmente. Llegarían noticias de que Mohammed VI habría sido asesinado o bajo arresto en su palacio. Un grupo de militares con un nombre bienintencionado como Conseil militaire pour la justice et la démocratie anunciaría haber tomado el poder mientras voces desde el Majzen lanzarían mensajes contradictorios sobre la situación. Habría movimientos de tropas por las calles, detenciones, tiroteos aislados y confusión. Llegarían noticias y testimonios de que “se están llevando a gente de sus casas”, “roban a los europeos a punta de fusil”, “por la noche suenan explosiones y tiros”, etc. En esa situación los confidentes, agentes dobles e interlocutores del CNI y gobierno español allí desaparecen.Dejan de contestar al teléfono y al correo electrónico. Imaginemos a ese diplomático español, que todas las semanas departe con un alto cargo del gobierno del que tras escucharle por teléfono un escueto “no puedo hablar ahora, te llamo luego” no vuelve a saber más.

Con muchos ciudadanos españoles residiendo en Marruecos, donde hay importantes intereses económicos españoles que van desde fábricas al turismo, el gobierno español trataría de organizar la evacuación de aquellos que lo solicitasen. Se pondría, como siempre, en alerta un vetusto Boeing 707 del Grupo 47 o quizás un Airbus A310 del Grupo 45. Pero los aeropuertos marroquíes estén cerrados. Y hay que preparar una operación de evacuación de civiles, una  “Non-combatant evacuation operation” (NEO) de toda la vida. De las que todos los ejércitos de la OTAN practican todos los años.

Pero pensemos que la crisis que azota el Magreb es mundial y en España ha llevado a una crisis del bipartidismo del que surge un gobierno débil sin mayoría absoluta en las últimas elecciones. A ese gobierno le toca ordenar una operación militar que se coordina con Francia, otro país con intereses y una comunidad de expatriados en Marruecos. Lo lógico es que en el caso español le toque a la Armada Española y a la Infantería de Marina. Imaginemos que haya que desembarcar en Tánger y tomar su aeropuerto, al lado del mar, para asegurar la evacuación de los ciudadanos de la Unión Europea. Pero en esto pasan dos cosas. Los soldados españoles se encuentran que civiles marroquíes se agolpan en la puerta del aeropuerto suplicando que les lleven a ellos también o que al menos los españoles no se vayan y mantengan la seguridad del perímetro para poder refugiarse. Porque según pasan los días hay combates en todo el país, ha estallado una represión brutal contra partidarios reales o imaginarios del otro bando con los islamistas sacando tajada de la situación. Ahí surge el primer dilema, que al menos es moral. ¿Evacuar a unos porque tienen pasaporte comunitario y condenar a la muerte a otros? La segunda cuestión es que la intervención de Francia no es neutral. Las tropas francesas no están allí sólo para rescatar a ciudadanos franceses sino para asegurarse que el poder quede en menos de un gobierno alineado con los intereses de París, lo que no necesariamente es lo mejor para el futuro del país y por ende para España, que es el país vecino.

Y ahora viene lo gracioso. Todo esto lo pensé en aquel entonces. Hace muchos años. Frontera de Agua y La Tierra del Sur fueron publicadas en 2005. Así que calculen. En aquel entonces me pareció que meter en una novela algo parecido a la Primavera Árabe era demasiado forzado. Imaginen lo rocambolesco que me pareció entonces la idea de imaginar el fin del bipartidismo en España. En aquel entonces no pensé en nuevos partidos, UPyD apareció en 2007, sino en el habitual apoyo en los partidos nacionalistas periféricos.

Nunca escribí la novela porque me pareció que sería un esfuerzo inútil considerando que lo habitual es que esta novelas sean de cientos de páginas y la iban a leer cuatro frikis. Por ejemplo, La Tierra del Sur, tiene más de 600. Considerando que la iban a leer aficionados a los temas militares, tenía que ser precisa y realista. Llegué a pensar en viajar a Tánger (miré en su momento vuelos low-cost) para conocer el lugar. Todo me hubiera llevado mucho tiempo documentarme para algo que me habría dado pocas satisfacciones. A pesar de ello tomé una cuantas notas en su momento, definí el dramatis personae, esbocé unas cuantas parte de la trama  y tenía claro que iba a ser muy diferente de las novelas publicadas hasta entonces.

Ahora pienso que no tiene mucho sentido escribirla. ¿Una novela en la que estalla una guerra civil en Marruecos tras la Primavera Árabe y a un gobierno español débil por el fin del bipartadismo le toca tomar la decisión de intervenir? ¡Vamos, hombre! Qué falta de originalidad…

El regreso de la yihad atomizada

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A finales de 2004 empezó a circular por las páginas webs yihadistas Llamada a la Resistencia Islámica Global, el opus magnum del  español de origen sirio Mustafá Setmarian, alias Abu Musab Al Suri. El centro de su reflexión había sido los sucesivos fracasos de los grupos combatientes yihadistas, desde la derrota frente a los regímenes árabes en los años 80 y 90 a la caída del bastión afgano de Al Qaeda después del 11-S. Según resumió Lawrence Wright, autor de The Looming Tower,  en su artículo “The Master Plan”, las ideas de Al Suri plantean:

que la próxima fase de la yihad se caracterizará por terrorismo creado por individuos o grupos autónomos pequeños (lo que él denomina “resistencia sin líderes”) que desgastarán al enemigo y prepararán el terreno para el más ambicioso objetivo de hacer la guerra en “frentes abiertos

Hice mi propio análisis de las ideas de Al Suri en un trabajo académico “Mustafá Setmarian y la yihad individual”. En ese trabajo hice un repaso a los atentados terroristas llevados a cabo en Europa por yihadistas aislados y el balance es afortunadamente malo para los terroristas. El paso de grupos terroristas numerosos a yihadistas descargando fórmulas para fabricar explosivos en casa se saldó con muchos fallidos terroristas quemados y heridos por su propio artefacto y un número reducido de víctimas. Después de los atentados terroristas del 11-M en Madrid y 7-J en Londres, la mayor vigilancia policial desbarató un montón de iniciativas terroristas organizadas por grupos numerosos. Mi conclusión es que la yihad global abanderada por Al Qaeda había entrado en crisis incluso antes de la muerte de Bin Laden en 2011. Escribí al respecto precisamente a propósito de la muerte de Bin Laden para la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad en “La muerte de Bin Laden y el declive de la yihad global”.

Occidente vive una nueva oleada de terrorismo individual que comenzó en diciembre de 2014 en Francia con tres casos de atropello, una técnica empleada por palestinos en Israel.

El sábado 20 de diciembre de 2014 un ciudadano francés convertido al Islam fue abatido en una comisaría de Joue-les-Tours, cerca de Torus, tras herir a tres policías con un cuchillo mientras gritaba Allāhu akbar. Al día siguiente, el domingo 21 de diciembre de 2014, un hombre atropelló con su coche a trece personas en Dijon mientras gritaba Allāhu akbar. El atacante fue identificado como un “conocido paciente psiquiátrico” y también como converso al Islam. Al día siguiente, un hombre lanzó una furgoneta contra el público asistente a un mercadillo navideño en Nantes, con el resultado de cinco personas heridas graves. El atacante también gritó Allāhu akbar. Según la BBC, las autoridades franceses se mostraron cautas en trazar un patrón en los tres ataques. Otro caso de atropellos tuvo lugar el 20 de enero de 2015 en la ciudad austríaca de Graz, con el resultado de tres muertos y 36 heridos. El atacante había sido denunciado días antes por su mujer por agresión, tras negarse ella a llevar el hiyab.

En la noche del 14 al 15 de febrero se produjeron dos ataques con arma de fuego en Copenague. El primero contra un café donde se celebraba un evento titulado “Arte, blasfemia y libertad de expresión”. El segundo, pasado la medianoche, fue contra la Gran Sinagoga de Copenague. El balance fue de dos muertos y cinco heridos. El terrorista, que fue abatido por la policía, empleó un fusil de asalto del tipo empleado por las fuerzas armadas danesas. Al parecer, días antes del ataque había jurado fidelidad al Estado Islámico y su líder en su página de Facebook.

El ataque en Copenague hay, además, que clasificarlo en una subcategoría aparte: los ataques contra la comunidad judía europea. Recordemos que el 19 de marzo 2012 fue atacada una escuela judía en Toulousse. Fue asesinado un rabino, dos de sus hijos (de 6 y 3 años) junto con la hija (de 8 años) del director de la escuela. Y también habría que recordar que el 24 de mayo de 2014 fue atacado el Museo Judío de Bruselas, donde fueron asesinadas cuatro personas. No me olvido tampoco de las jornadas sangrientas en Francia el pasado mes de enero. Siendo menos del 1% de la población francesa, los judíos supusieron un tercio de las víctimas. Aparte de varios dibujantes judíos, la única mujer asesinada en la redacción del Charlie Hebdo fue la judía Elsa Cayat. Y mientras la atención mundial se centró en el ataque a la revista y la libertad de expresión, se dejó en segundo plano las cuatro víctimas judías del supermercado kosher “Hyper Cacher”.

El 3 de mayo de 2015 se produjo en Garland (Texas) un tiroteo a las afueras de un centro de convenciones donde se celebraba un certamen de caricaturas del profeta Mahoma. Los dos atacantes, murieron y un policía resultó herido. Previamente, uno de ellos, había publicado un Twitter su juramento de fidelidad al líder del Estado Islámico.

Dos oficinas militares, un centro de reclutamiento y un centro de la reserva naval, en Chattanooga (Tennessee) fueron tiroteadas el 16 de julio con el resultado de cinco muertos. Según la familia del atacante, que resultó muerto en el tiroteo, tenía problemas mentales y abusaba de las drogas. Se produjo así una controversia sobre sus motivaciones, algo que como vemos se repite en muchos casos.

El pasado 10 de agosto un ciudadano eritreo a punto de ser deportado del país atacó atacó con un cuchillo a varios clientes en la sección de utensilios de cocina de una tienda de Ikea en la localidad de Vasteras (Suecia). El ataque se saldó con dos muertos, madre e hijo, un herido grave y el atacante herido tras apuñalarse a sí mismo. La reacción de Ikea después del ataque fue retirar los cuchillos de sus tiendas. Mientras que existe cierta polémica sobre si una de las víctimas fue decapitada, lo que le daría un significado diferente al ataque.

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Por último, tres ciudadanos estadounidenses (dos militares fuera de servicio) y un profesor de rugby británico redujeron ayer a un terrorista armado con un AK en un tren francés que hacía la ruta Amsterdam-París. Uno de los militares resultó herido. El atacante vivió en España, estaba fichadísimo por los servicios de inteligencia y posiblemente pasó por el territorio sirio controlado por el Estado Islámico. Sin embargo, él argumenta que encontró el AK abandonado en unos matorrales.

Una constante se repite en todos estos casos. A las autoridades pertinentes les cuesta hablar de ataques terroristas y se habla repetidamente de los atacantes como desequilibrados mentales. Se hace todo lo posible por no hablar del origen étnico y afiliación religiosa de los terrorista.  Me queda por tanto la duda si se trata del miedo a reconocer la existencia de una nueva ola terrorista o una estrategia deliberada de negarle a los yihadistas el impacto mediático que buscaban. Es decir, no sé si estoy ante una cadena de irresponsabilidades o una jugada brillante perfectamente coordinada por las autoridades de los países occidentales.

Si el objetivo del terrorismo es generar un impacto emocional masivo que lleve a la opinión pública a pedir un cambio de política a los gobiernos, no parece que estos atentados vayan a tener un impacto en la implicación de los países de la OTAN en la lucha contra el Estado Islámico, por ejemplo. Y es que, pensemos, que declarar una alerta terrorista prolongada no tendría sentido. Se puede extremar la precaución en lugares públicos y medios de transporte (¿veremos medidas de seguridad más estrictas en trenes?), pero la experiencia revela que no se pueden proteger todos los lugares todo el tiempo. Además, los terroristas han ido cambiando su modus operandi y siempre irán un paso por delante. Desde el punto de vista frío e implacable del Estado, el goteo de muertos es asumible en la lucha global contra el terrorismo islamista.

¿Tendrá Estados Unidos expertos internacionales en un futuro?

Después del 11-S recuerdo leer cómo en las universidades estadounidenses las facultades de estudios islámicos y lengua árabe habían estado en franca decadencia durante años. No eran estudios que atrajeran a muchos estudiantes y proporcionaran grandes ingresos a las universidades. Sin embargo, después de los atentados se dispararon las ventas de libros sobre Islam y yihadismo. Se disparó la demanda de expertos.

En 2009 David C. Engerman planteó en Foreign Affairs la falta que existía de un estudio institucionalizado del yihadismo, de la misma forma que durante la Guerra Fría se había financiado públicamente la existencia de cátedras y centros de estudios soviéticos. Hablé aquí sobre la proliferación en España de expertos de andar por casa cuando el terrorismo yihadista se convirtió en un asunto de gran interés público y la falta de una verdadera yihadología.

Este verano Charles King contó en Foreign Affairs como en 2013 el Departamento de Estado había cortado la financiación de su programa avanzado de lengua y formación cultural sobre Rusia y otros países ex-soviéticos. Después de reclamaciones y protestas fue recuperado este año pero con la mitad de presupuesto. Y ello en plena confrontación con Rusia en Europa Oriental. Significativamente el artículo se subtitula “por qué volando a ciegas es peligroso”. King presenta un panorama para los programas de humanidades y ciencias sociales en las universidades estadounidenses, lo que no cuesta imaginar tiene un impacto en la visión y comprensión del mundo en un país con una proyección imperial.

Más allá de ese problema de fondos, me dio por pensar el relevo generacional. Zbigniew Brzezinski nació en Polonia. Nunca hizo concesiones a pesar de lo impronunciable del nombre. Se casó con Emilie Beneš, sobrina-nieta de un presidente de Checoslovaquia pero nacida en Suiza. En cambio, Marie Jana Korbelová, nacida en la República Checa, se cambió el nombre a Madeleine y cuando se casó adoptó el apellido de su marido para ser conocida como Madeleine Albright. Tanto Zbigniew Brzezinski como Madeleine Albright eran hijos de diplomáticos que se vieron afectados por el ascenso del nazismo y la Segunda Guerra Mundial. George Friedman, por su parte, nació en Hungría. Su familia sobrevivió al Holocausto y logró llegar a Estados Unidos.

La de Brzezinski y Albright fue una peripecia personal donde la historia familia de sufrimiento a manos de potencias totalitarias, en una era en que Europa era un tablero geopolítico donde se jugaba abiertamente al poder duro, marcaron profundamente su visión de la politica exterior. Pero en los tiempos de la Nueva Guerra Fría será interesante ver si Estados Unidos sigue siendo ese país cuyos académicos e intelectuales son la referencia mundial y sus políticas unos implacabables estadistas.

 

Emiratos Árabes Unidos: De emirato emergente a actor relevante

En 2012 escribí “El Gran Oriente Medio después de la Primavera Árabe” para la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad. Uno de los epígrafes se titulaba “Los emiratos emergentes” y me refería en él a Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Ahora mismo las fuerzas armadas de Emiratos Árabes Unidos están desplegadas en Yemen como parte de la operación conjunta “Flecha Dorada” en la que también participa Arabia Saudita.

Los Emiratos Árabes Unidos han hecho un importante esfuerzo para desarrollar unas fuerzas armadas capaces y autónomas, que han estado desplegadas en Afganistán e intervinieron en la campaña de la OTAN en Libia en 2011. En mi última colaboración para la revista ElMed.io, escribo sobre el camino recorrido por Emiratos Árabes Unidos para en tanto poco tiempo convertirse en un actor relevante en Oriente Medio: “La emergencia de Emiratos.

El caso Matisyahu: En España con los judíos siempre es diferente.

Si debemos o podemos separar el disfrute de una obra de arte de las consideraciones que tengamos sobre su autor es un debate viejo. Ahí está el caso de Wagner y su rechazo en Israel. Este fin de semana pasado hubo follón a cuenta del festival de reggae Rototom Sunsplash, que celebra su 22ª edición y está teniendo lugar en Castellón. La organización decidió sacar del cartel a un artista tras una campaña de presión en contra. No creo que sea la primera vez que pasa en España. Pero resulta que el artista es judío. Y el asunto ha tenido todos los ingredientes de estupidez e ignorancia que cobran protagonismo en España cuando se trata de atacar a Israel y los judíos.

Matisyahu (nacido Matthew Paul Miller) es un cantante de reggae nacido en Estados Unidos que incursiona además en otros estilos afines. Ha alcanzado notoriedad con su música pero en los comienzos de su carrera llamaba la atención por pertencer a la comunidad jasídica Chabad-Lubavitch. Su apariencia era la que asociamos a los judíos ortodoxos mientras en sus canciones aparecían bastantes referencias religiosas. Por ejemplo, en su clásico “King without a crown” menciona la vuelta del Mesías. Podríamos hablar de que estábamos ante un fenómeno parecido al de la monja que se presentó a la edición italiana de La Voz o al rock cristiano estadounidense, pero hay dos cuestiones a considerar. Una es que en el judaísmo jasídico, la música y el baile tienen un papel importante, por lo que no hay contradicción alguna en su anterior observancia ultraortodoxa y su dedicación a la música. La otra consideración es que la idea de un judío cantante de reggae es una enorme ironía si entendemos la relación del reggae con el rastafarismo (Arnau Fuentes lo explica magistralmente aquí).

León de Judá en la imagen de perfil de Twitter del festival Rototom Sunsplash

León de Judá como logo del festival Rototom Sunsplash

El rastafarismo, religión nacida en Jamaica y practicada por figuras del reggae como Bob Marley, toma la historia de la esclavitud en Babilonia del pueblo judío como metáfora de la experiencia de los negros en América. Sin ir más lejos, encontramos que la imagen del perfil de Twitter del festival Rototom Sunsplash muestra al León de Judá, símbolo judío y rastafari, sobre los colores de la bandera de Etiopía, la Tierra Prometida de los rastafaris. El León de Judá aparece también en una canción de Bob Marley,  publicada postumamente en 1992: “Iron Lion Zion”. La referencia a Sión aquí es metafórica, pero en la práctica, artistas como Ziggy Marley (hijo de Bob Marley) o Alpha Blondy (autor de canciones como “Jerusalem” y “Massada”) han expresado su conexión con Israel. Ziggy Marley, casado con una israelí, ha actuado en Israel y rechazado el boicot de algunos artistas al país. Mientras que Alpha Blondy en un visita a Israel comentó su “profunda conexión espiritual con Israel“. Ambos cuentan que con su música tratan de expresar ideas de paz y hermandad, algo que por ejemplo encontramos en la canción de “One day” de Matisyahu (y que el festival Rototom Sunsplash trata de difundir con su lema Peace Revolution). Creo que con esto ha quedado claro el “espíritu” de la música reggae y la postura de sus figuras hacia Israel.

Así que llegamos a que Matishyahu debía aparecer en el festival Rototom Sunsplash en Castellón. Pero el grupo local del movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) contra Israel, BDS País Valencià, montó una campaña para presionar a la organización del festival para que no actuara. Aquí tienen el cartel de la campaña.

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Se trata de un cartel donde evidentemente no se puede desgranar el contenido y sustancia de la acusación contra Matisyahu de ser “cómplice de las políticas genocidas del estado de Israel” pero la elección de una cita suya es significativa. La frase más terrible y vergonzante que encontraron de Matisyahu para poner en un cartel es “Nunca ha existido un país llamado Palestina”. Que resulta que es cierta.

Nunca ha existido un estado-nación llamado Palestina, como nunca hubo uno llamado Iraq o Mauritania hasta el siglo XX. Son todo productos contingentes de la Historia. Pudo haberse proclamado el estado de Palestina en 1948 si se hubiera aceptado pacíficamente la partición de la ONU o pudo nunca haber existido un nacionalismo palestino de haberse diluido Gaza y Cisjordania en Egipto y Transjordania respectivamente tras la guerra. Nunca ha existido un país llamado Palestina es tan cierto como que nunca ha existido un país llamado Sáhara Occidental o Euskadi, más allá de lo que uno piense sobre la posibilidad o derecho a su existencia futura como países independientes.

Curiosamente, el “nunca ha existido” se convirtió para la prensa española en un “no existe” y en la confusión Matisyahu pasó de ser un cantante estadounidense judío a ser ciudadano israelí.

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Captura de pantalla vía Masha Gabriel.

Encontramos el mismo fallo en una noticia en LaSexta.com con origen en la agencia EFE, que también reproduce El Heraldo de Aragón. Supongo que es perdonable que las agencias, cuyas noticias reproducen muchos medios, se equivoquen en un titular sobre la nacionalidad de un artista. Al fin y al cabo cierto periodista español envió una vez una crónica desde Israel, cambiándole el género a un artista local, prueba de que copió y pegó de otros medios sin saber de quién hablaba. Pero cambiarle la nacionalidad a Matisyahu tenía en este caso una connotación importante. La campaña contra Matisyahu giraba en torno a sus opiniones sobre un país que no es el suyo. Así que o bien se estaba transmitiendo la idea de que el boicot era justificable por tratarse de un cantante israelí o se trataba de ocultar que se le reprochaban sus opiniones sobre un país al otro lado del planeta.

La bola de nieve creció. Y la acusación contra Matisyahu pasó del “Nunca ha existido un país llamado Palestina” a “Palestina no existe”. Váse por ejemplo este titular de Jenesaispop.com

Matisyahu se cae del Rototom Sunsplash tras supuestamente afirmar que “Palestina no existe”

La frase aparece también en una noticia de El País, otra de El Mundo, otra de ABC, otra de El Huffington Post, otra de 20 Minutos, etc. Tantos medios repitiendo la misma frase no es casualidad.  ¿Quién puso en circulación esa información? Pues el grupo BDS País Valencià. Véase este artículo “Sólo hay paz con justicia” en Diagonal.

Matisyahu es un cantante reggae estadounidense judío que dijo que “Palestina no existe”, que era “amante de Israel” o que el asalto a la Flotilla de la Libertad en 2010 estaba justificado.

Se trata de algo curioso. O bien el grupo BDS País Valencià se equivocó al diseñar el cartel de la campaña y atribuyó equivocadamente a Matisyahu la frase “Nunca ha existido un país llamado Palestina” (en las versiones en castellano y valenciano), o bien una vez obtenida la atención mediática con su campaña decidió tergiversar las palabras del artista para hacerlas tremebundas. “Nunca ha existido un país llamado Palestina” es un hecho histórico. “Palestina no existe” es un eslogan. ¿Qué fue lo que Matisyahu dijo? Lo explica Zack Beauchamp en Vox.com. Me llevó 5 segundos encontrarlo en Google. Todo viene de una entrevista de 2012, en la que Matisyahu dijo “as far as I understand, there was never a country called Palestine“. Por lo tanto, resulta evidente que el grupo BDS País Valencià tergiversó las palabras de Matisyahu en su artículo “Sólo hay paz con justicia”. El caso es que los periodistas españoles se limitaron a hacer un copia & pega sin molestarse en averiguar qué dijo en realidad Matisyahu o ni siquiera comprobar datos básicos sobre él.

Las otras dos acusaciones contra Matisyahu que hace el grupo BDS País Valencià tampoco tienen desperdicio: amar a Israel y considerar justificado el asalto a la Flotilla que pretendía llegar a Gaza. Considerar lo primero como una razón para excluir a alguien del festival Rototom Sunsplash hubiera dejado fuera a Ziggy Marley, que resulta que actuó en 2011 en el escenario principal. Sería interesante saber si en aquel año hubo un llamamiento a un boicot contra él. Sobre lo segundo, es una aburida cuestión de Derecho Internacional Público y leyes marítimas que no necesariamente los miembros del grupo BDS País Valencià tienen que conocer, aunque sería recomendable que conocieran antes de juzgar las palabras de Matisyahu.

Zack Beauchamp en su artículo de Vox.com recoge distintas declaraciones de entrevistas a Matisyahu donde se comprueba que mantiene un perfil apolítico. “My whole purpose is to bring people together”, dijo, distanciándose incluso del sionismo militante. Sin dejar de lado su opinión sobre asuntos concretos, a las que añade declaraciones como “I’m not going to claim that I have the answer or the truth or the right knowledge”.

Llegados a este punto queda defender la libertad de un promotor de espectáculos de contratar a quién quiera en función de sus simpatías músicales, personales o políticas. Pero tratándose de un macrofestival que recibe ayudas, apoyos y colaboraciones de instituciones públicas creo que los organizadores deberían haber obrado de otra forma. Y es que hay que constatar el papelón  hecho. El director del festival denunció públicamente las presiones sufridas para sacar del cartel a Matisyahu, luego la organización sucumbió a ellas para finalmente rectificar e invitar de nuevo al cantante.

Todo este asunto ha derivado en acusaciones de antisemitismo de nuevo cuño contra los partidarios del boicot a Matisyhau. Tuve algunos intercambios de opinión al respecto, en los que defensores del boicot a Matisyahu o bien negaban que el asunto tuviera que ver con que Matisyahu sea judío o directamente lo convertían en moralmente responsable de las cosas que pasan en Israel. La clave aquí es el doble rasero. ¿Se aplica el mismo celo moral y político a todos los artistas en un festival donde actúa un cantante condenado por violación que tenía prohibida la entrada en el Reino Unido y otro, autor de letras homofóbicas donde se habla de matar a homosexuales? No es un asunto trivial. La homofobia es un elemento muy extendido en géneros jamaicanos como el dancehall que tienen un espacio propio en el festival. Al menos en Canadá los activistas LGBT son tan civilizados que reconocen que los cantantes tienen derecho a ganarse la vida pero el público “debe ser consciente a qué clase de artistas están apoyando”.

La organización del festival Rototom Sunsplash trató de curarse en salud pidiéndole una declaración política a Matisyahu para mantenerlo en el cartel. ¿Se le exigió al resto de cantantes algún tipo de declaración a favor de los derechos LGTB o como en el caso del festival de reggae de Edmonton el pasado mes de julio se les pidió que no interpretaran canciones homofóbicas? Sería curioso saber si los miembros de la organización entendieron la letra de las canciones que los artistas jamaicanos interpretaron en el festival  y pueden asegurar que no ha habido mensajes homofóbicos.

El caso Matisyahu supone una escalada del movimiento BDS, que merece un análisis detallado sobre objetivos declarados y reales. De atacar a instituciones y personajes israelíes se ha pasado a atacar a un judío estadounidense, tibio en lo político, que profesa ideas que les resulta antipáticas, lanzando una campaña del que la prensa española se ha convertido en herramienta acrítica. Habrá que seguir atentos la evolución de sus ataques. La cuestión, es que en España con los judíos siempre es diferente.

“Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara” de Carlos Canales y Miguel del Rey

Hace poco me encontré con un libro sobre la muchas veces llamada “guerra olvidada”. Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara 1957, la última guerra española de Carlos Canales y Miguel del Rey ocupa un vacío bibliográfico, como atestigua que tuviera una segunda edición, sobre un tema que ha sido tratado principalmente a través de obras que recogen testimonios personales, memorias y estudios del papel de unidades militares concretas.

El libro, publicado por Nowtilus a través de su colección Breve Historia, tiene las pegas típicas de los libros españoles de historia militar con carácter divulgativo, que dan una impresión de edición algo descuidada. Hablamos, por ejemplo, de las erratas. Desde “algibe” por “aljibe” a ese misterioso avión MD-115 que busqué y busqué hasta caer en la cuenta que se refería al  MD-315. Dicho lo cual, podemos decir que estamos ante un libro exhaustivo dentro de lo “breve” y bastante ameno. Además, los autores se detienen a comentar las perspectivas opuestas sobre algunos hechos que ofrecen algunos autores, lo cual enriquece el relato.

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Los autores nos ofrecen la historia de la colonización de la África Occidental Española (el enclave de Sidi Ifni, la franja de Tarfaya y el Sáhara Occidental) y el contexto del conflicto. Ya a esas alturas empieza el lector tener la impresión que la guerra de Ifni fue uno de esos casos en los que la política exterior española “brilló” como acostumbra. Cuentan los autores que ante los vientos nacionalistas que barrieron el Magreb, la postura española fue mirar para otro lado porque afectaba negativamente a los intereses franceses. Es decir, se actuó bajo el principio “todo lo que sea malo para Francia, es bueno”.  Recuerdo que algo parecido se hizo con la OAS, lo que llevó a Francia, según algunos, a pagar con la misma moneda con ETA. Pero esa es otra historia. La cuestión es que para el caso del incipiente nacionalismo marroquí fue un error, porque una vez Marruecos alcanzó la independencia en 1956 las miras del rey Mohammed V se pusieron en el enclave de Sidi Ifni.

Si España era entonces un país pobre, el recién independizado Marruecos era un país paupérrimo. Así que Mohammed V rehuyó una confrontación directa. Usó lo que hoy llamaríamos un “proxy”, en este caso una fuerza insurgente. La guerra comenzó el 23 de noviembre de 1957 con ataques a los numerosos puestos que guardaban la frontera con Marruecos. Y aquí entra en juego la “memoria histórica” de los militares españoles y el recuerdo de la Guerra del Rif, en la que puestos aislados fueron cayendo una tras otro hasta terminar en el Desastre de Annual. Así que la orden fue evacuar las pequeñas guarniciones para atrincherarse en Sidi Ifni, dejando el interior del territorio en manos de los insurgentes marroquíes mientras se producían deserciones de los miembros nativos de la policía.

A pesar de que se habla de la “Guerra de Ifni”, el conflicto tuvo un segundo escenario: el Sáhara Occidental, donde se repitieron los acontecimientos de abandono de guarniciones y deserciones. Las fuerzas armadas españoles se vieron incapaces de recuperar el territorio perdido ahora en manos de los insurgentes, así que hubo de negociarse la colaboración francesa. La derrota de las fuerzas insurgentes marroquíes vino en una campaña franco-española en el territorio del Sáhara mediante el empleo de aviación y fuerzas mecanizadas en febrero de 1958, la conocida como Operación “Teide”/”Écouvillon”. Simultáneamente fuerzas llegadas de la Península y Canarias limpiaron de insurgentes el enclave de Sidi Ifni. El avance de columnas móviles precedidas por el lanzamiento de paracaidistas me recordó a la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” aplicada por los franceses durante la Operación “Serval” en Mali.

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A pesar de la derrota de los insurgentes marroquíes, al término del conflicto se entregó a Marruecos la franja de Tarfaya. El enclave de Sidi Ifni se entregó en 1969 bajo el eufemismo  de “retrocesión”. En la práctica España sólo volvió a controlar poco más que un perímetro alrededor de la ciudad.

El interés de Francia en ayudar a España no queda muy claro en el libro, pero es de suponer que tuvo que ver con que Marruecos incitó a la rebelión contra España una serie de tribus que se extienden desde Mauritania al sur de Marruecos, lo que podría afectar a los territorios en manos francesas (véase el primer mapa). El asunto tribal recorre todo el libro y deja en el final del relato de los acontecimientos la puerta abierta al conflicto del Sáhara.  La cuestión es que en 1957 no existía el nacionalismo saharaui y los habitantes del Sáhara Occidental mataron y murieron para unirse a Marruecos. La absoluta contingencia de la causa saharaui y su irrupción de última hora ya la explicó José María Lizundia en El Sáhara como metarrelato.

Uno de los asuntos que llama la atención todo el tiempo y en el que insisten los autores del libro es la enorme precariedad de medios de las fuerzas españolas. En 1953 se habían firmado los acuerdos con Estados Unidos, que permitieron la llegada de material de guerra moderno al país. Pero Washington se reservó derecho a veto sobre su uso y la Guerra de Ifni era vista como una guerra colonial. El Ejército del Aire español, que contaba ya entonces con reactores F-86 y T-33, se vio obligado a emplear los desfasados Casa 2111 e Hispano Aviación HA-1112, versiones españolas de los Heinkel He-111 y Messerschmitt Bf-109 respectivamente. Se contó con el apoyo de fuego de buques supervivientes de la Guerra Civil. Hay en el libro varios ejemplos de ataques aéreos y navales que no dieron “ni a tres montados en un burro”.

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Un CASA 2111 “Pedro” tras un aterrizaje forzoso en Sidi Ifni. (Foto: Ejército del Aire).

Si los medios aéreos parecían sacados de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, el aspecto de las fuerzas terrestres no era mejor, con soldados en alpargatas y fusil Máuser. Escaseaban los vehículos todetereno y camiones. Las radios fallaban o no tenían alcance. Por no hablar, de la logística, con problemas para entregar agua y comida variada a la tropa que vivía en condiciones de vida miserable. El estado de las fuerzas armadas no sólo era un reflejo de la situación de España en la posguerra, sino el producto de la desidia del régimen.

Ante el panorama relatado, la intervención francesa fue decisiva. Además, Francia fue el origen de materiales estadounidenses ya de tercera mano, como los blindados M-8 Greyhound y los aviones T-6 Texan, que se pudieron usar sin restricciones. Los autores plantean que hubiera sido de aquellos territorios de no haber intervenido Francia. Un idea que también planteó José María Lizundia en su libro. Pudo haber sucedido que el Sáhara Occidental hubiera sido absorbido por Marruecos entonces y nunca hubiera nacido el Frente Polisario.

El libro relata unos hechos de armas olvidados y que las operaciones en lugares como Afganistán o Mali ponen de nuevo de actualidad. Me pareció interesante conocer el contexto completo de los hechos que convirtieron en héores a nombres como el teniente Ortiz de Zártate (que da nombre a la III Bandera Paracadista) o Maderal Oleaga (que da nombre al XIX Grupo de Opeaciones Especiales). Y tal como los autores dicen, son unos acontecimientos necesarios de conocer para entender las relaciones con Marruecos.

Sobre el apoyo ruso a Siria

Tal como planteé en la séptima entrega del Observatorio de la Nueva Guerra Fría, llegó la hora de escribir para profundizar en distintos aspectos del tema. Desarrollé las líneas de trabajo en  “Reconsiderando la Nueva Guerra Fría”. Desde esa perspectiva escribí sobre los intereses geopolíticos de Rusia en el Mediterráneo Oriental, sus vínculos con el régimen sirio de Bashar al-Assad y los tanteos rusos con Grecia y Chipre. El artículo lo envié a la Revista General de Marina de la Armada Española y estoy a la espera de respuesta.

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Lanzadera de misiles “Kornet” capturada por fuerzas israelíes en la Guerra del Líbano de 2006.

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Caja de misiles “Kornet” rusos destinados a Siria capturada por fuerzas israelíes en la Guerra del Líbano de 2006.

Uno de los aspectos de las relaciones de Rusia con Siria son los intereses comerciales en la venta de armas. He profundizado en el tema en mi artículo “Armas rusas para al-Assad” que me ha publicado la revista ElMedio.

Algo pasa con la Revista General de Marina

rgm_marzo_2014Le tengo especial cariño a la Revista General de Marina, que publica la Armada Española, porque fue la  primera revista de las fuerzas armadas en la que me estrené como colaborador, allá por 2011 (“Irán y la guerra naval asimétrica”). Desde hace tiempo me llama la atención cómo artículos históricos y batallitas del abuelo se han convertido en los contenidos habituales de la revista. No es que considere la historia como un asunto irrelevante, pero es que la Armada cuenta además con la Revista de Historia Naval, donde creo que deberían ir esos artículos sobre heroicos combates navales del siglo XVIII, marinos ilustrados y cañoneros coloniales que sirivieron en Filipinas o Guinea Ecuatorial a finales del siglo XIX. El asunto lo he comentado con varias personas, dentro y fuera de las fuerzas armadas, que me dieron explicaciones de todo tipo, muchas relacionadas con la idiosincrasia militar y española. Pero resulta que esta noche me puesto a ordenar en el disco duro la carpeta donde guardo la Revista de Aeronáutica y Astronáutica que edita el Ejército del Aire. Me dediqué a repasar los índices para elaborar listas con los artículos que encontré relevantes o interesantes, de cara a emplearlos como bibliografía en un futuro.  El contraste no ha podido ser más grande.

En los cuatro últimos años, la Revista de Aeronáutica y Astronáutica ha publicado numerosos artículos sobre los tres vectores que más relevancia han adquirido en estos tiempos: Fuerzas especiales, ciberguerra y aviones sin piloto. Encontramos además artículos sobre el auge como potencia y los planes de modernización de las fuerzas armadas de China, India, Japón y Rusia. No faltan artículos de geopolítica sobre el nuevo orden multipolar, análisis sobre la modernización de las fuerzas armadas estadounidenses y hasta he encontrado un artículo sobre la fuerza aérea marroquí.  Todo ello combinado con artículos sobre la carrera espacial y tecnologías de geoposicionamiento que transcienden el ámbito de lo militar. Y sin dejar de lado artículos sobre las misiones del Ejército del Aire en el exterior  que incluyen desde lecciones aprendidas a anécdotas personales con un toque humano. Y por último, no faltan los ejemplares con varios artículos dedicados a asuntos menos llamativos como la enseñanza miliar, las comunicaciones o la sanidad militar. No se puede decir que la Revista de Aeronáutica y Astronáutica haya dejado de informar sobre las actividades del Ejército del Aire y las cuestiones que le competen con tal de publicar una revista más ligera en aras de ser atractiva para el público general, sino que es una revista que cumple a la vez las funciones de informar sobre el Ejército del Aire y ser un escaparate de tendencias, tecnologías y conceptos relevantes para la guerra aérea.

La Revista General de Marina nació en 1877, el año en que se introdujo la electricidad en la Armada Española cuando se instaló en las fragatas blindadas Numancia y Vitoria. La revista nació con la intención de mantener al día a los miembros de la Armada en un momento histórico de profundo cambio tecnológico. Pensemos que el combate entre los buques blindados USS Monitor y CSS Virginia había tenido lugar en 1862 (un año más de lo que nos separa hoy del 11-S). Se vivía la transición de los buques de casco de madera y propulsión a velas, por buques de casco de acero y propulsión a vapor. Hoy en día no faltan los artículos sobre nuevas tecnologías, misiones en el exterior y geopolítica, pero creo que no está cumpliendo sus objetivos de la misma manera que la revista del Ejército del Aire cumple los suyos.