Testigos de fiar

Estoy leyendo Siria, el país de las almas rotas. Los primeros capítulos se leen con angustia, sabiendo que las personas que cuentan sus miedos y anhelos al comienzo de las revueltas contra el régimen de Bashar Al Assad se encaminan hacia una tragedia inevitable. Algunos cuentan que quieren que Occidente intervenga y establezca una zona de exclusión aérea. Otros dicen que no quieren que caiga el régimen, que sólo quieren reformas y un alivio ante la crisis económica. Casi ninguno parece anticipar el abismo que los engullirá.

Según pasan las páginas, los episodios de represión violenta aumentan. Y la autora de esos primeros capítulos, Mónica G. Prieto, recoge testimonios sobre personas que desaparecen tras ser detenidas en controles de carreteras, personas que aparecen muertas al amanecer con signos de tortura y disparos de las fuerzas del régimen contra manifestaciones o poblaciones.

Un testimonio me llamó la atención. Alguien contaba de un fallecido por un “clavo” disparado por un carro de combate. Supongo que se refería a submuniciones tipo “flechette”. Me puse inmediatamente a buscar por curiosidad. Sé que se ha fabricado ese tipo de munición para carros de combate occidentales. Por ejemplo, proyectiles de 105mm. ¿Pero existe ese tipo de munición para los cañones habituales de los carros de combate de diseño soviético? No encontré nada al respecto, sólo referencias a una poco habitual munición antipersonal de 125mm. También he he decir que no dediqué mucho tiempo a ello. A lo mejor el testigo contó el caso de alguien que murió por un simple trozo de metralla alargado.

Me quedó la duda. ¿Hasta qué punto confían demasiado los periodistas en los “testimonios desgarradores” de testigos que entran en detalle sobre el tipo de arma empleado en un ataque que presenciaron? No me refiero a que esos ataques no existieran, sino a que los periodistas adornan sus crónicas con información que no recibe la suficiente acotación de testimonio no verificado.

El otro día un grupo palestino lanzó cohetes contra la población israelí de Sderot. Las Fuerzas de Defensa de Israel respondieron, como es habitual, atacando objetivos dentro de la Franja de Gaza. Al día siguiente me encontré que Isabel Pérez, colaboradora del diario español El Mundo y corresponsal de la cadena pública iraní HispanTV, contaba en Twitter que en el ataque israelí habían participado cazas invisibles al radar F-35i Adir. Me extrañó. Se trata de un proyecto de caza de 5ª Generación muy polémico por lo lento y problemático de su desarrollo que ha disparado el coste por unidad. Sólo recientemente la fuerza aérea estadounidense declaró la Initial Operational Capability del primer escuadrón de F-35A Lighting II, quince años después de la firma de contrato de fabricación. Así que, ¿cómo era posible que hubieran intervenido los F-35i israelíes? Resulta que sólo uno ha sido entregado y no ha abandonado todavía los Estados Unidos. Los primeros ejemplares aterrizarán en Israel a finales de este año y entrarán en servicio a finales del próximo. Encontré a muchos activistas difundiendo la noticia del ataque los F-35 en Twitter. Así que alguien puso en circulación una noticia sin fundamento que terminó siendo recogida por una periodista. Otra vez encontramos el problema de periodistas que cubren conflictos y no entienden de temas militares.

Isabel Pérez escribió una crónica de los acontecimientos para el diario digital español La Marea. Contó que tras el lanzamiento de un cohete por parte de un grupo diferente a HAMAS, Israel respondió con “50 bombardeos que llevó a cabo el Ejército israelí”. La palabra “bombardeo” se refiere al lanzamiento de bombas por parte de un aeronave. Así que ¿hablamos de 50 bombas caídas o de 50 ataques de aeronaves? Pero si se trató del ejército, estaríamos hablando entonces de ataques de artillería, mortero o incluso misil anticarro. Una frase confusa, sin duda. Pero me llamó la atención algo.

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Foto Isabel Pérez vía LaMarea.com

Cuenta Isabel Pérez en su crónica que hubo “ataques con artillería” que “cayeron horas previas a la serie de bombardeos nocturnos”. Y que una torre de agua fue, según testigos, “bombardeada desde un dron israelí”. La torre de agua aparece en la crónica en una foto de la propia Isabel Pérez. Vemos varios impactos en la estructura troncocónica superior y un enorme boquete en la base. Que resulta que ya estaban ahí. Aquí una foto de Gettyimages con fecha 19 de septiembre de 2015:

No se aprecia ningún impacto nuevo entre las dos imágenes. Así que la pregunta nuevamente es, ¿son fiables los testimonios de los testigos que cuentan detalles de un combate o un ataque? Sé que los testigos son el recurso más valioso de los periodistas, con sus “testimonios desgarradores”. ¿Pero no deberían aplicar los periodistas ciertas precauciones con sus fuentes? Porque con el afán de dar voz a las víctimas se termina dando por bueno versiones de los hechos ricas en detalles erróneos, producto de la ignorancia sobre cuestiones millitares o el afán de embellecer la historia para ganar la atención del periodista. No es algo tan diferente a las versiones confusas y contradictorias que recogen los periodistas después de cualquier incidente, sea un atraco o un accidente de tráfico. Pero aquí no hay informe policial o judicial con el que que contrastar luego. Así que las precauciones deberían ser mayores.

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La fundación Soros y su lista de tuiteros: una tormenta en un vaso de agua

Va a resultar que la mejor forma de desconfiar de las teorías conspirativas es estar en el meollo de una conspiración y ver cómo se construye la teoría.

Resulta que hace poco apareció una “misteriosa” web llamada DC Leaks donde se han difundido archivos de ordenador filtrados de la Open Society Foundation, creada y financiada por el multimillonario George Soros. DC Leaks, como WikiLeaks, dice luchar por una mayor calidad democrática exponiendo los tejemanejes de los poderosos. Pero justo como hace WikiLeaks, ¡mira tú qué casualidad!, sólo ha sacado a la luz documentos de personajes que son enemigos de Donald Trump y Vladimir Putin.

George Soros es judío, nació en Hungría y sobrevivió al Holocausto. Se hizo mundialmente famoso en 1992 cuando su Quantum Fund ganó una barbaridad de dinero “apostando” contra la libra esterlina (véase “Cómo George Soros tumbó la libra esterlina y ganó mil millones de dólares”). Yo lo mencioné en mi libro Guerras Posmodernas como un ejemplo de cómo en el actual orden internacional conviven los Estados-nación con actores no estatales igual de poderosos.

Resulta que tras la Segunda Guerra Mundial, Soro estudió filosofía en la London School of Economics y fue alumno de Karl Popper, autor de La sociedad abierta y sus enemigos. De ahí tomó Soros el nombre para su fundación, dedicada a defender la democracia liberal. En los años 90 se volcó en apoyar partidos políticos, movimientos sociales y ONGs en los antiguos países comunistas para enfrentarse a líderes de la vieja nomenklatura reciclados en demócratas o líderes con resabios autoritarios. Primero cayeron discretamente líderes, como Mečiar en EslovaquiaTuđman en Croacia. Pero el trabajo de la fundación se hizo célebre tras la caída de Milošević en Serbia y la Revolución Naranja en Ucrania (véase The New Cold War del periodista canadiense Mark MacKinnon). El problema es que cayeron dos gobiernos aliados geopolíticos de Rusia. Soros y Putin se convirtieron en enémigos acérrimos. Y Soros se convirtió en la bestia negra de comunistas y neonazis como la quintaesencia del judío cosmopolita liberal multimillonario, dedicado a la especulación financiera y a impulsar una agenda progresista.

Fundación Soros

Llegamos entonces a la filtración de documentos de la fundación. Se trata de un volcado de documentos internos en el que encontramos cosas como la imagen anterior. Es una captura de pantalla de un balance de gastos en proyectos en África usada para formación en Moldavia. También encontramos cosas como un informe de 2014 sobre una reunión del Committee to Protect Journalists sobre el clima enrarecido en el que trabajan los periodistas actualmente en Hungría. En alguna parte se mencionan proyectos para ayudar a la integración de inmigrantes somalíes y en otra una campaña contra la xenofobia en Cataluña [ahora no encuentro la referencia]. Y documentos sobre proyectos para describir el panorama mediático a favor y en contra de la “Nueva Ucrania” surgida del Maidán. Por ejemplo, este documento versa sobre esa clase de proyecto en Grecia. Dice al final de la “información de contexto”:

To date, there is no publicly available study or report that would map the different voices in the Greek debate on Ukraine. OSIFE  [Open Society Initiative for Europe] would like to fill in the void by commissioning a short paper to inform its own programming.

También tenemos un documento igual para España que dice lo mismo, que falta un informe que haga “un mapeo de  las diferentes voces en el debate español”. Y aparece también un documento de MS Word con dos listas de perfiles de Twitter de españoles que opinan y comentan sobre Ucrania: Una lista de tuiteros pro Kremlin y otra de tuiteros pro Kiev [disclaimer: mi perfil en Twitter sale el primero de los pro Kiev]. Y ahí estalló el follón.

Hubo a quien no le hizo gracia que le señalaran como partidario de un bando. Por ejemplo, Pablo González expresó su “decepción y preocupación” en su blog en el diario vasco Naiz.

 

Muchos otros de la lista son tuiteros anónimos. Forman parte de esa fauna de comunistas totalmente posicionados en la Nueva Guerra Fría que un día te explican la naturaleza defensiva del Muro de Berlín y otro día aplauden a Bashar Al Assad. Yo ya he hecho referencia a ellos, explicando su comportamiento por una especie de hipsterismo político que les lleva a ser más radicales que nadie en la búsqueda de ser la ultraminoría selecta. También hice un repaso a la versión distorsionada que uno de ellos daba sobre la invasión soviética de Afganistán. Ese lado de la tuiteresfera entró en ebullición. Llamaron a la lista de perfiles pro Kremlin como “lista negra” para referirse a ellos mismos como víctimas una persecución. El asunto ha pasado bastante desapercibido fuera de Twitter y ciertos círculos. Así contamos con la opinión del secretario general del PCPV-PCE. Los medios rusos, cómo no, con titulares como:

“Occidente lanza una caza de brujas contra las voces disidentes”

Un político en la lista de Soros denuncia la gravedad de ser señalado por sus opiniones.

Twitter responde a la “lista negra” de periodistas españoles de la Fundación Soros.

Estoy seguro de que esa clase de listas, con perfiles a favor y en contra, se hacen en todas partes, especialmente por cualquiera encargado de medios y comunicación de cualquier organización con una agenda. Yo me he hecho las mías propias sobre algunos temas porque considero importante no sólo leer a los que opinan como yo, sino leer a quienes opinan diametralmente opuesto. Aunque a veces sólo sea por las risas.

Hay un detalle relevante. En el documento con el listado de tuiteros españoles se puede identificar a los autores [disclaimer: son colegas míos]. Uno de ellos, Nicolás de Pedro, explicó su trabajo en VICE News.

“El trabajo consistió en un mapeo de los debates en España sobre el tema de Ucrania basado, exclusivamente, en lo que la gente pone en abierto en su cuenta de Twitter. Es decir: no sólo algo legal sino perfectamente legítimo y muy frecuente”, matiza el autor de la clasificación. “Cuando un usuario organiza una lista [en la misma red social] está haciendo lo mismo. Así que no tiene nada que ver ni con listas negras, sino con identificar qué ideas y narrativas dominaban y cuáles eran las cuentas más influyentes”.

Todo este asunto sólo ha servido para que alguno refuerce sus creencias de que vivimos en una falsa democracia controlada por fuerzas en la sombra y que al otro lado del Muro de Berlín en la RDA con la Stasi se vivía mucho mejor. Más risa produce que atribuyan a Podemos vínculos con Soros porque el documento propone contactar con los nuevos partidos europeos. Si hubo esos contactos, no tuvieron mucho éxito. La realidad es que las votaciones de Podemos en todo lo relacionado con Rusia y Ucrania en el Parlamento Europeo lo colocan en el mismo bloque pro Kremlin que partidos como el Front National, los comunistas griegos y AfD. Y en su programa electoral en las últimas elecciones proponían en el punto 327 “neutralizar” la OTAN en Europa del Este para además formar una alianza estratégica con Rusia. “El sueño eurosiberiano” del que habló el profesor Vestrynge en 1992. Pero seguro que para ser nostálgico de la RDA y pro Al Assad en pleno 2016 hay que estar hecho de una pasta especial: impermeable a la realidad.

[Nota final: Por mucho que encabezara la lista de los pro Kiev, nadie contactó conmigo para ofrecerme trabajo o alguna  remuneración por lanzar determinados mensajes. Ni siquiera sucedió que medios españoles contactaran conmigo para preguntarme mi opinión sobre Rusia o Ucrania. Paradójicamente, sí contactó conmigo Russia Today para salir en directo comentando la última cumbre de la OTAN].

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La descomposición del kirchnerismo

Como alguno recordará, pasé una temporada en Buenos Aires, el soñado París del Cono Sur, que resultó bastante desmitificadora. Sirvió para descubrir que aquel país culto y refinado que nos dio a Mario Bunge y Les Luthiers sólo habitaba ya a 10.000 kilómetros en la nostalgia de los argentinos de clase media que se exiliarion o emigraron. A mi vuelta, quedé enganchado a la actualidad argentina gracias a que hoy es posible seguir radio, televisión y prensa por Internet, muchas veces mediante el esfuerzo de gente como Juan Manuel Ortiz y su canal de Youtube.

Pronto se me hizo evidente que había una brecha entra la Argentina de cuyas políticas hablaba favorablemente Paul Krugman y la corte de las maravillas de los Kirchner. Mientras los precios de los productos agrícolas y materias primas subieron, en Argentina se consolaban diciendo “roban pero reparten”. Incluso alguno consideraba, comprensivo, que la compañera Cristina debía acumular una fortuna ante la eventualidad de tener que huir al exilio.

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Foto de Presidencia de la Nación Argentina, CC BY 2.0

Al kirchnerismo hay que reconocerle la capacidad de ganar crédito político enmateria de Derechos Humanos con acciones cómo descolgar el retrato de los dictadores Videla y Bingnone en el Colegio Militar de la Nación, conservados allí por la condición de antiguos directores de los personajes, para luego obrar con toda impunidad en la represión de los pueblos indígenas en las “provincias feudales” del interior o para nombrar al controvertido general Milani al frente del ejército. Esa capacidad para ser una cosa y ser aplaudidos por lo contrario convirtió en la Argentina del “Relato K” en precursora del mundo post-fáctico del BREXIT y Trump.

No faltaron pruebas e indicios presentados por periodistas argentinos que desvelaron el alcance de la ineficacia de la gestión y la corrupción de la oligarquía creptocrática que manejaba el país, abriendo una grieta política entre los consumidores del “Relato K” y la oposición. Eran literalmente dos mundos. La justicia, obviamente, no actuaba gracias a la torpeza deliberada de jueces como “Tortuga” Casanello o a la acción servil con el poder ejecutivo de jueces como Oyarbide. Sobra decir, que el aplauso que recibía Cristina Fernández de Kirchner en España me resultaba estrambótico. Parafreseando a Enrique Pinti, ¿lo hacían de malos o de boludos?

No sabría decir cuándo empezó a cambiar Argentina. Podemos fijar la fecha de la Tragedia de Once, el 22 de febrero de 2012. Un tren de cercanías no frenó, inexplicamente, al entrar en una estación del barrio de Once en Buenos Aires, probablemente por un fallo en los frenos debido a las habituales averías. Un vagón se empotró en otro y la extracción de las víctimas atrapadas entre los hierros se demoró porque  el operativo de rescate fue un caos por falta de medios y preparación. Murieron 51 personas. Alguno enunció entonces “la corrupción mata”. El dinero robado era el dinero que faltaba en los servicios y administración del Estado.

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Foto vía LosAndes.com.ar

La corrupción en Argentina, como en España, tuvo mucho que ver con la construcción. La carrera política de los Kirchner es paralela a la del constructor Lázaro Báez, un cajero de banco con estudios secundarios que terminó acaparando la obra pública de la provincia de Santa Cruz, mientras Néstor Kirchner fue gobernador allí y luego presidente del país. Hoy Lázaro Báez está en la cárcel y amaga con tirar de la manta. El círculo judicial se estrecha en torno a Cristina y ningún abogado de presitigio ha querido hacerse cargo de su defensa. El que tiene ahora, Gregorio Dalbón, es un personaje digno de la película Carancho.

Los procesos judiciales salieron del congelador tras el cambio de gobierno, con la derrota electoral del peronismo kirchnerista y el peronismo renovador. Pero la exposición pública de las miserias del kirchnerismo alcanzó carácter de farsa cuando José López, antiguo secretario de Obras Públicas, fue detenido con un fusil Sig Sauer y casi 9 millones de dólares en efectivo una madrugada en un convento de clausura donde las monjas le guardaban el dinero negro. Un vecino sospechó de López tras verlo tocar el timbre del convento insistemente y luego saltar la tapia.

Pero si algo simboliza la capacidad del kirchnerismo para corromper muchos estamentos de la sociedad argentina, es el caso de Hebe de Bonafini, figura histórica de las Madres de Plaza de Mayo, cuya fundación se embarcó en la tarea de construir vivienda social con la “Misión Sueños Compartidos” con dinero público. La Auditoría General de la Nación presentó en 2013 un informe de 210 páginas detallando la mala gestión del dinero. La Fundación Madres de Mayo no construyó las casas planificadas porque el dinero fue desviado y ni siquiera pagó al Estado las aportaciones de los obreros de la construción a la Seguridad Social. La responsabilidad posiblemente sea de los hermanos Schoklender, que conocieron a Hebe de Bonafini cuando cumplían condena en la cárcel por parricidio y a los que ella les dio puestos de responsabilidad en la Fundación tras la excarcelación de ambos. Dado que Hebe de Bonafini firmó los documentos en su condición de presidenta de la Fundación, fue requerida recientemente a declarar por la justicia argentina. Elocuentemente se dirigió en los medios de comunicación al juez instructor diciendo “metete en el orto la declaración”. El día que debía ir a declarar no fue y apareció en un acto público arropado por personajes del kirchnerismo. La campaña del kirchernismo ahora es que se trata todo de una persecución política del gobierno de Mauricio Macri. La justicia se enfrenta al gran reto de hacer de Argentina un país normal.

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Extrañas convergencias ideológicas en la Nueva Guerra Fría

Ayer pasó algo curioso. “Barbijaputa”, la columnista de ElDiario.es, mencionó en su Twitter que Susan Sarandon había dicho que Hillary Clinton es peor que Donald Trump. Y que ella se fiaba mucho del criterio de Susan Sarandon. “Barbijaputa” tiene una larga trayectoria tratando de epatar con sus artículos y comentarios en Twitter pero me parece interesante ese giro de tuerca, en la línea del hipsterismo político del que ya he hablado aquí, en el que personas de izquierdas defienden ideas radicales en busca de la “distinción”, en los términos de Pierre Bourdieau.

La política ya no es un espacio de transformación social, sino un espacio de identidad personal. Uno es las causas a las que hace retuit o comparte en su muro de Facebook. Pero precisamente, como el umbral del compromiso social es tan bajo, quienes quieren sentirse parte de una élite ilustrada y concienciada frente a la masa borrega tienen que buscar causas exóticas o defender las causas más extravangates.

Pero la anécdota de “Barbijaputa” tiene un giro interesante. Buscando argumentos con los que sustentar su posicionamiento, o quizás buscando ejemplos de que Susan Sarandon no son las únicas en pensar así, enlazó a un artículo de Diana Johnstone titulado “Por qué Hillary Clinton es mucho peor que Trump” publicado por Katehon. ¿Quién es Diana Johnstone y qué es Katehon?

Diana Johnstone es una escritora estadounidense, autora de un libro bastante polémico sobre las guerras en la antigua Yugoslavia. Según ella, la OTAN intervino en Bosnia-Herzegovina en 1996 contra las fuerza serbo-bosnias como un nuevo episodio del enfrentamiento geopolítico de Estados Unidos contra el mundo cristiano-ortodoxo apoyando a las fuerzas islamistas, siendo el primero la Guerra de Afganistán. Podemos encontrar artículos suyos en Voltairenet, cómo no, entre los cuales hay uno donde defiende al humorista francés Dieudonné M’Bala M’Bala, célebre anti-semita que ha actuado en actos del Front National y fundó el Partido Antisionista con dinero de Irán. Escribí de él por cierto, en “Antisemitismo y odio a Israel en Europa”.

Katehon por su parte es un sitio web con versiones en varios idiomas, incluyendo el español, vinculado al movimiento político euroasianista, una corriente neofascista e imperialista rusa del que su máxima figura es Alexander Dugin, del que en su momento hablé brevemente aquí y sobre el que tendré que volver en el futuro porque los euroasianistas articulan una verdadera ideología antioccidental en el contexto de la Nueva Guerra Fría. Dugin visitó España en 2013, por cierto, invitado por el partido neofascista Movimiento Social Republicano.

Que “Barbijaputa” haya enlazado un artículo de Katehon es accidental. Podría haber enlzado a cualquier artículo de Counterpunch, donde Diana Johnstone colabora habitualmente. Por ejemplo, tenemos una entrevista a Johnstone que Counterpunch ha titulado con la frase “Clinton is truly dangerous”. [Actualización: Enlazó una entrevista a Johnstone en La Marea]. Pero lo significativo aquí es que los discursos en ambos extremos del espectro político sean indistinguibles. Ya sucedió durante los comienzos de la crisis de Ucrania, que medios de izquierda española reproducían artículos de autores de la ultraderecha francesa defendiendo el punto de vista ruso. Posiblemente los editores de esas publicaciones no tuvieran ni idea de quién era el autor. Simplemente les gustó el discurso “crítico” contra Estados Unidos y la Unión Europea.

Según contaba Russia Today el pasado mes de junio, se aprobó en Rusia una ley que “prohíbe cultivar y criar especies genéticamente modificados”. Mientras que F. William Engdahl contaba en New Eastern Outlook que el pasado día 25 de julio Vladimir Putin había decidido dar un giro a la economía rusa, abandonando la doctrina neoliberal occidental para lanzar una estrategia de “Desarrollo Nacional”. A Engdahl, cómo no, le podemos leer en Voltairenet y Rebelión.org. Seguro que muchos izquierdistas despistados aplaudirán a un político que renuncia al neoliberalismo y prohíbe los Organismos Modificados Genéticamente en su país, aunque se llame Vladimir Putin.

El pasado 1 de agosto el blog Agenda Roja Valenciana titulaba “No era un helicóptero militar” a propósito del helicóptero Mil Mi-8AMTSh de la fuerza aérea rusa derribado en Siria. Según informaron las autoridades rusas, realizaba una misión de reparto de ayuda humanitaria. Los restos del aparato mostraban que llevaba lanzaderas B-8V20A para cohete S-8 de 80mm. En cualquier caso, se trataba de un blanco militar legítimo porque un aparato para gozar de inmunidad por su misión humanitaria tendría que haber llevado un distintivo característico, como una cruz roja, y no llevar armas. El caso es que tenemos a un comunista español más putinista que Putin. Uno de tantos. Y todos revueltos. Pero remando para el mismo lado.

Vieja Paz Armada y Nueva Paz Armada (II)

Hoy traigo la segunda y última parte de la colaboración de Fernando Geryón. Arranca haciendo un paralelismo entre el Imperio Británico en el período 1873-1914 con Estados Unidos en la actualidad para establecer las similitudes entre aquel período y la situación actual, donde lo que yo llamo Nueva Guerra Fría sería uno de muchos escenarios.

Por todo lo anterior creo que en el caso de tener que denominar el presente paradigma geopolítico en paralelo a uno anterior, sería mucho más adecuado ponerlo en comparación con la Paz Armada de finales del XIX-principios del XX.

Hay toda una serie de paralelismos generales que refuerzan esta hipótesis:

La gran guerra conferidora de contexto es lejana. Pasaron 70 años entre las guerras napoleónicas y la conferencia de Berlín, pero grosso modo los grandes actores se mantuvieron constantes. El escenario de finales del siglo XIX se conforma lentamente, por la vía de procesos económicos y políticos, pero no bélicos.

La potencia hegemónica es democrática, anglosajona, de proyección marítima y promotora del comercio internacional. Del mismo modo que el Imperio Británico alcanzó su status dominante gracias a su posición de partida en la revolución industrial y su ventaja comparativa en los intercambios de manufacturas, los Estados Unidos han dominado el discurso global por ser el principal protagonista de los grandes avances tecnológicos de nuestra era, desde la aeronáutica a las ciencias de la información, pasando por la energía nuclear o la automoción. El rol de EE.UU. en la generación de empresas transnacionales es paralelo al que tuvo Gran Bretaña en su momento y ambas épocas se han caracterizado por una relativa paz en los conflictos interestatales y el aumento de interdependencia mutua.

Esa potencia hegemónica ha sufrido ya algunos reveses que discuten el alcance de su hegemonía. En el caso del Imperio Británico fue la Guerra de los Boers, que puso en discusión la fidelidad de muchos territorios a la corona y alentó a sus oponentes en la periferia. En el caso de Estados Unidos ha sido el paulatino debilitamiento de su posición en el que antaño era su patio trasero. El socialismo-indigenista iberoamericano ha encontrado aliados externos en países como Rusia, China o Irán.

La emergencia de nuevas potencias agrícolas (fundamentalmente EE.UU y Rusia) cuando el paradigma era ya dominado por la industria comprometió el desarrollo económico británico con importantes caídas de precios que ralentizaron la intensidad de su demanda interna y debilitó su área de influencia. En el caso presente, la emergencia de potencias industriales en plena era tecnológica (sobre todo China) ha quebrado el potencial de crecimiento económico de todo Occidente aunque paralelamente ha amortiguado las crisis sistémicas. En ambas épocas las contradicciones de la interdependencia se han ido manifestando alimentando la política de bloques.

La Paz Armada fue el corolario militar de la Revolución Industrial. La Guerra Civil Americana o la Guerra Franco Prusiana fueron en esencia guerras napoleónicas. En las décadas que pasaron hasta la Primera Guerra Mundial el desarrollo armamentístico creció exponencialmente (artillería pesada, super-acorazados tipo Dreadnought) y se consumó durante la contienda (nacimiento del carro de combate y la fuerza aérea) de modo que las guerras venideras cambiaron para siempre. En el presente se discute mucho sobre el verdadero valor de las armas “tradicionales” en escenarios asimétricos y se especula acerca de la posibilidad de una guerra estrictamente tecnológica. Ataques como el sufrido por Estonia en 2007 auguraron un escenario que podría ser tan imprevisible hoy como la Blitzkrieg en 1898…

Durante la Paz Armada el rol hegemónico del Imperio Británico fue discutido desde diferentes escenarios y puntos de vista. En Europa, el fortísimo desarrollo industrial de Alemania, en Asia el citado Gran Juego con Rusia, en África la penetración francesa, en Extremo Oriente el auge de Japón… Del mismo modo el poder omnímodo americano de posguerra ha ido siendo discutido. A nivel comercial por la integración europea, a nivel industrial por Japón primero y China después, a nivel político por la Rusia de Putin (la Nueva Guerra Fría es aquí un sub-escenario). La Conferencia de Berlín fue, en cierto modo, una concesión ante esa multipolaridad creciente, pero pocos años más tarde, Gran Bretaña estaba reconfigurando sus alianzas: Entente Cordial y Triple Entente. En el presente, la APEC ha ido cumpliendo una función similar, pero el TTIP apunta a una concentración de EE.UU. en torno a los aliados más fiables.

PARECIDOS RAZONABLES

Estos son, pues, algunos de los paralelismos globales que conectan la época de la Paz Armada con la presente. Pero no se acaban aquí. Cuando se habla de las causas y orígenes de la Primera Guerra Mundial se suele recurrir a una presentación de los contendientes de un modo ciertamente teatral, como corresponde a un escenario donde se mezclan imperios multiétnicos, monarquías absolutistas y democracias avanzadas.

En el presente se dan algunos parecidos y paralelismos inquietantes, a veces no plenamente correspondientes en su integridad, pero sí a nivel global entre todos los actores. Estos son algunos:

-La potencia hegemónica democrática y anglosajona promotora del comercio se correspondería en términos generales con Estados Unidos como ya hemos ido desarrollando previamente.

-El rol del Imperio Alemán, una creciente potencia continental, fuertemente industrializada pero de estructuras internas arcaizantes se corresponde bastante bien con China. Al igual que sucedía con la aristocracia y la monarquía prusiana, el Partido Comunista Chino se encuentra a caballo entre una época que ya no existe y otra en la que no puede existir en las circunstancias actuales. De manera más discreta que el kaiser Guillermo II, China también reclama su “lugar bajo el sol”, como demuestra su decidida y poco escrupulosa penetración en África o sus descaradas ambiciones en el Mar de China Meridional. El peso económico e industrial de Alemania respecto al Imperio Austro-Húngaro o el Otomano no difería mucho del que tiene China dentro del bloque de los BRICS. Hoy por hoy resulta poco verosímil una deriva militarista china como la que sufrió Alemania en la década de 1910, pero la discreción y la moderación con la que se mueve hoy día el gigante asiático no es mayor que la de los germanos en la época de la Conferencia de Berlín.

-Rusia podría considerarse una constante en ambos escenarios. Tanto entonces como ahora, su poder se basa en los recursos naturales, antaño mano de obra inagotable y grandes extensiones de cultivos de cereal, hoy hidrocarburos y minerales. Tanto entonces como ahora su estructura de poder tenía un fuerte componente étnico, segregacionista, con cierto aroma a naftalina. Y tanto entonces como ahora se veía afectada por la gran amenaza trasversal de cada época, Comunismo entonces, Islamismo hoy. La aparente robustez de su política exterior se cimenta en un territorio demasiado frágil. Hacia el oeste la OTAN, hacia el este la inexorable infiltración demográfica china, hacia el sur la banda islámica, hacia el norte un subsuelo oceánico que ambiciona pero que le enfrentará indefectiblemente con Estados Unidos.

-Al Imperio Otomano se le conocía por entonces como “el enfermo de Europa”. Era el reducto de una brillante y tolerante civilización multiétnica a la que la industrialización había dejado obsoleta. Las tensiones nacionalistas y religiosas minaban de tal manera su esencia que la refundación sobre el elemento turco acabó siendo la única solución posible una vez derrotados en la guerra. Sin duda alguna, la estructura de poder que más semejanzas plantea es la Unión Europea. Sin vigor demográfico, a décadas de su mayor esplendor cultural y político, estancada en lo económico, dependiente de Estados Unidos en política exterior, intimidada por Rusia, azotada por un islamismo creciente y asomándose a un futuro próximo en el que las tendencias centrífugas (como el Brexit) podrían llevar a su descomposición; el título de “enfermo de Occidente” no le desmerece. Como el antiguo Imperio Otomano, la grasa que ha mantenido unida la salsa de la Unión ha sido el eje franco-alemán, en peligro ante el ascenso de los populismos. Y del mismo modo su destino lejano quizás esté en la conformación de un nuevo “Zollverein” que incluya a Alemania y a las más pujantes economías del norte de Europa.

-Aunque por dimensiones y situación podría resultar una comparación algo arriesgada, hay ciertos elementos que son compartidos por el Japón Meiji y el Irán actual, así como la China imperial y el universo árabe. En el primer caso nos encontramos con dos culturas nacionales orgullosas de su legado, modernizadas sin abandonar la tradición, y con un indisimulado afán expansivo. En el segundo nos encontramos con una extensa región con cientos de millones de habitantes y cuyo núcleo ha estado supeditado a intereses extranjeros Hoy China nos parece compacta pero por aquel entonces la tensión con Manchuria estaba más presente, el Tibet y otras áreas de Asia central escapaban a su control efectivo y las injerencias occidentales mermaban su proyección exterior. Al igual que por entonces la Rebelión de los Boxers, la Primavera Árabe ha supuesto un antes y un después a esa injerencia. Resulta improbable en el corto plazo la secularmente ansiada reunificación árabe, pero la palabra Califato ya forma parte de las crónicas de política exterior actuales.

-El papel de la India en todo este escenario es un auténtico misterio. Comparte con el Imperio Austrohúngaro su gran extensión, su multiplicidad étnica, sus arcaísmos culturales. En el pasado ha estado basculando entre Occidente y Rusia y la única constante es su oposición a China con quien sin embargo comparte agenda en el fortalecimiento de un poder alternativo al euroatlántico. India es la mayor democracia de la tierra, en poco tiempo será el país más poblado y en algunos campos de enorme futuro está adquiriendo un know-how que la pueden llevar a ser la gran antagonista a China en la segunda mitad de siglo. Sí, India podría ser el Imperio Austrohúngaro que colapsa por su diversidad interna, o podría ser los Estados Unidos que interviene para decidir el destino mundial.

Y es que, en definitiva, el contexto netamente europeo de la Paz Armada y la Primera Guerra Mundial, se torna asiático-pacífico en el momento presente. En ese gran contexto, la Nueva Guerra Fría sería un episodio regional y pasajero como los roces que tuvieron británicos y rusos en Asia durante el Torneo de las Sombras. Pero del mismo modo que décadas más tarde ambos se unieron en oposición al poder emergente alemán, cabe la posibilidad de que el populismo acabe por hacer confluir las agendas de Rusia y Estados Unidos contra la amenaza regional de China en Asia, o de Rusia y Europa contra la amenaza trasversal del Islamismo. Los guiños que recibe Putin por parte de dirigentes tan dispares como Tsipras o Trump, dan qué pensar.

Vieja Paz Armada y Nueva Paz Armada (I)

Por tercera vez tengo el gusto de presentar en GuerrasPosmodernas.com una firma invitada que amplía las voces y perspectivas a la mía. Empieza a ser ya generalmente asumido que vamos hacia un orden internacional multipolar. Las características y el nombre de ese orden es lo que está en discusión. Así que la firma invitada de hoy, Fernando Geryón, plantea que el orden multipolar que se avecina guarda un paralelismo histórico con el período anterior a la Primera Guerra Mundial (la “primera globalización” de 1873-1914) y plantea las limitaciones del concepto Nueva Guerra Fría.

PARADIGMAS GEOPOLÍTICOS ANTERIORES

Si tuviésemos que comenzar a plantear la descripción del presente paradigma geopolítico habría que empezar por el principio: Los últimos dos siglos han sido los del predominio de la cultura anglo-sajona. En mayor o menor medida, y con todos los avances y retrocesos que se quiera, el liberalismo económico, la globalización, el parlamentarismo y las libertades individuales se han ido extendiendo por la mayor parte del planeta, bien en un pack conjunto (en el caso de los países más avanzados), bien en los aspectos económicos.

Durante el primero de esos siglos, el liderazgo mundial lo portó el Imperio Británico, que heredó la hegemonía oceánica española, y anuló la competencia continental francesa como premio conjunto por ser el gran vencedor de las guerras napoleónicas. A lomos del capitalismo industrial un país pequeño y poco poblado acabó por generar un crecimiento exponencial demográfico y económico con el que pudo alimentar la extensión de sus redes de dominio e intercambio como hasta entonces no se había visto. Esa irradiación del poder y la cultura británica generó un doble movimiento de atracción-repulsión a esa hegemonía creciente. El primero de ellos propició la primera globalización, a la que la Gran Guerra puso término. El segundo de ellos alimentó el antecedente decimonónico de la Guerra Fría.

El Gran Juego de Asia: El emir afgano Sher Ali Khan entre el oso ruso y el león británico.

Los británicos lo denominaron “el Gran Juego” y los rusos “el torneo de las sombras”. Un Imperio Ruso que se iba modernizando y entrando en la órbita de los poderes europeos dejaba sentir su enorme peso demográfico desde el Danubio a Canadá y desde las frías aguas árticas hasta el corazón de Asia. Justo en esta zona, la única en la que podían entrar directamente en fricción con los intereses británicos, se desarrolló durante las décadas centrales del XIX una sucesión de guerras interpuestas, invasiones y conquistas que terminó por delimitar de manera clara las áreas de influencia de ambos contrincantes. Los rusos acabarían por ser la potencia hegemónica en Asia Central pero fracasaron en su misión de bañarse en las cálidas aguas del Índico: Persia y la India se mantuvieron en la órbita británica y Afganistán acabó siendo el aislante entre ambas ambiciones.

El fin del Gran Juego vino determinado por la emergencia de Prusia en Europa, y de Japón en Asia, pero esto ya correspondería al siguiente paradigma geopolítico: La Paz Armada.

En dos décadas se produjeron varios hechos que propiciaron el cambio de paradigma:

1865: Victoria unionista en la Guerra Civil Americana. Los Estados Unidos terminan de dilapidar su herencia colonial y se plantan en la arena mundial como la economía más pujante del planeta con crecimientos sostenidos de dos dígitos. Los grandes avances del capitalismo se están gestando en sus principales centros urbanos.

1868: Fin del shogunato Tokugawa en Japón e inicio de la era Meiji. En pocas décadas Japón pasó de ser una nación aislada y anquilosada a ser una potencia industrial de primer orden. Su victoria naval sobre Rusia en 1905 pone fin a las ambiciones del Zar en Asia y le catapulta al puesto de aspirante a primera potencia regional.

1871: Restauración del Imperio Alemán tras la victoria en la guerra franco-prusiana. La aristocracia terrateniente y militarista de Prusia ejerce de argamasa en el mosaico germánico, que consuma en pocas décadas la reforma agraria y uno de los mayores despegues industriales de la historia.

1885: Fin de la conferencia de Berlín en la que se procede al reparto de África entre los poderes europeos. Invocada a instancias de Francia y Gran Bretaña, se pretende defender el status adquirido por estas potencias en la exploración del continente. Evitará un nuevo Gran Juego, pero dejará insatisfechas las ambiciones globales de la nueva Alemania.

En términos generales la mayoría de historiadores colocan al II Reich como el elemento definidor de la Paz Armada, bien ubicándola en fechas que le competen directamente (1871-1914), bien por considerarlo el principal poder en oposición al Imperio Británico. Desde esa perspectiva la Primera Guerra Mundial, supone el fin de ambos conceptos y da paso al siguiente paradigma.

Y es que ambas guerras mundiales, más el lapso de entreguerras, supone hasta el presente el período de mayor disturbio de la historia de la humanidad y la cuna de la mayoría de las constantes geopolíticas de nuestra era: Consagró el relevo americano dentro de la primacía anglosajona, aupó a Rusia a superpotencia mundial y al Comunismo como alternativa global al Capitalismo, consumó la decadencia de las potencias europeas occidentales, puso fin al mundo colonial y abrió la puerta para que Japón y extremo oriente concentraran la mayor parte del crecimiento económico planetario.

VIEJA GUERRA FRÍA Y NUEVA GUERRA FRÍA

Indudablemente hay elementos de confluencia entre la atmósfera que se respiraba en la segunda mitad del siglo XX y la presente como para querer denominar como Nueva Guerra Fría al paradigma actual:

Rivalidad política Occidente-Rusia: Desde la guerra de Georgia a la presencia rusa en Siria, pasando por todo el culebrón ucraniano, hemos visto como la tendencia “natural” a extenderse hacia el este de las instituciones occidentales han sido quebradas por la voluntad regeneracionista de un Vladimir Putin que pretende resucitar el Lebensraum soviético aprovechando sus recursos petroleros y gasísticos demandados por las principales economías euroasiáticas. Acaso el primer episodio fuese la ocupación del aeropuerto de Pristina tras la victoria de la OTAN en Kosovo…

Rivalidad armamentística Rusia-EE.UU.: Rusia tiene menos de la mitad de población que Estados Unidos (en el tramo juvenil poco más de un tercio), su economía es nominalmente 8 veces más pequeña, 5 veces si se calcula en paridad de poder adquisitivo, y su gasto militar apenas llega al 10% de su contrincante, pero pese a ello realiza un sobreesfuerzo presupuestario para mantener cierta paridad en determinados sistemas armamentísticos. Ello le permite no sólo poder salvaguardar su agenda regional de las injerencias occidentales, sino que se convierte en el primer proveedor de la “disidencia” antiamericana.

Respaldo ruso a los países que conforman el “Eje del Mal”: El fallido paradigma del Nuevo Orden Mundial contemplaba el aislamiento de aquellos países menos receptivos al dominio norteamericano. Una vez que la Rusia de Putin abandonó la convalecencia se ha convertido en socio deseado por cada uno de estos países que han encontrado en el pragmatismo ruso un aliado político en el Consejo de Seguridad de la ONU y un proveedor militar de primer nivel.

Protagonismo ruso en la articulación de un orden político alternativo al eje nordatlántico: Dentro del bloque de los BRICS, Rusia guarda una posición central entre China e India. Con la primera mantiene una fría cordialidad lubricada por la dependencia mutua en el suministro de hidrocarburos. Con la segunda se ha embarcado en importantes programas armamentísticos y comparte una agenda disjunta y complementaria. Ya no hay una rivalidad acusada entre Capitalismo y Comunismo, pero sí entre las tesis liberales del FMI y las premisas estatalistas de este segundo bloque.

Se podría decir que del mismo modo que la Segunda Guerra Mundial fue una reedicion recontextualizada de la Primera, esta Nueva Guerra Fría sería la continuación de la vieja. Sin embargo, en mi opinión, hay ciertas premisas mayores que me impiden aceptar el paralelismo entre ambas, o al menos, considerarlo menos intenso que el que supondría denominar a este período como Nueva Paz Armada.

Para empezar, la Guerra Fría emana de una guerra terriblemente costosa, algo que no ha sucedido en décadas. Durante sus primeros años fue más templada que fría; una U.R.S.S. que no se había desmovilizado mantenía unos recursos militares suficientes como para imponerse con comodidad a la agotada Europa de posguerra. Episodios como el bloqueo de Berlín o el inicio de la Guerra de Corea ejemplificaban el reto que suponía para Estados Unidos consolidar su hegemonía mundial pese a gozar del 50% del PIB mundial y el monopolio nuclear.

Precisamente la ruptura de este monopolio supuso el enfriamiento de ese enfrentamiento. Aún hasta mediados de los 50 EE.UU. podría haber afrontado una guerra abierta con la URSS dada su superioridad aérea que le permitía anular la capacidad nuclear soviética casi sin daños. Esa inferioridad irremontable en décadas motivó que los soviéticos concentraran sus esfuerzos en la tecnología de misiles. Fruto de ello fue el desarrollo del SS-6, primer misil intercontinental, que acabó con la invulnerabilidad americana, y del SA-2, primer misil antiaéreo soviético capaz de derribar aeronaves a gran altura, lo que en la práctica supuso su blindaje.

Pese a la asimetría económica y tecnológica, el resultado de una hipotética guerra abierta sería de empate (o mejor dicho, doble derrota) lo que motivó que se consumaran los principales ejes del nuevo paradigma. Se establecerían una serie de líneas de fallas que aislasen un bloque de otro y el desarrollo de la guerra sería de manera interpuesta en países no desarrollados.

Ahora bien, mientras que la U.R.S.S. ganó peso demográfico, económico y militar a lo largo de la mayor parte de la Guerra Fría, hasta convertirse en el tercer país más poblado, la segunda economía y las fuerzas armadas más numerosas, la Rusia actual apenas sobrepasa el estatus de potencia mediana y por más que tenga ciertas potencialidades que le permitan resurgir (recursos naturales, capacidad de absorber población colonizadora, calentamiento global…), no pasará de ese estatus en la medida en que otros países en vías de desarrollo la superen. En caso de establecer un paralelismo con la vieja U.R.S.S. este debería corresponderle más bien a China, y es en Asia donde está pista central del circo futuro.

Sí hay una cierta Guerra Fría entre EE.UU. (pero no Europa) y el régimen chino, pero las implicaciones salpican a tantos actores (India, Filipinas, Japón, la propia Rusia) que resulta difícil focalizar ese enfrentamiento y mucho menos prever su intensidad en 20 años. EE.UU ya no es esa joven y pujante economía de la posguerra, y caso de haber un adversario a China en el largo plazo sería la Unión India, que le superará en población en breve, se le acercará bastante económicamente, y se prepara para rivalizar con ella militarmente. Pero también este paralelismo resulta algo frágil dado la compleja geometría interna del gigante indostánico.

[Continuará en la segunda parte]

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El mundo se ha vuelto loco: Trump y la Nueva Guerra Fría

En la última entrevista que me hicieron en Radio Sefarad, a cuenta de la decadencia militar de Occidente, terminé dibujando a grandes trazos un panorama internacional bastante complicado e impredecible. No es que Jorge Rozemblum me pidiera que edulcorara la realidad, pero es que la realidad no sigue un arco narrativo hacia un previsible final feliz. Es Juego de Tronos.

Trump

El jueves terminó la Convención Nacional Republicana que proclamó como candidato a las elecciones presidenciales de Estados Unidos al multimillonario Donald J. Trump. En un ciclo electoral normal, las barbaridades dichas por Trump hubieran hundido la campaña de cualquiera. Pero esta no ha sido una campaña cualquiera. Cuando me fui a la cama de madrugada mi timeline de Twitter se llenó con los comentarios sarcásticos y tajantes de los analistas y expertos que sigo, comentando el discurso de Trump. Todos estaban horrorizados y asombrados, incluso los conservadores. Los principios de Trump van en contra de los defendidos por el Partido Republicano anteriormente. Pero como ya dije, esta no es una campaña cualquiera.

Donald Trump ha soltado disparates, medias verdades y mentiras que los periodistas se han encargado enseguida de señalar. Pero el periodismo de fact checking está en horas bajas. Con Trump y el referéndum del BREXIT se habla ya del mundo postfáctico. La gente está cansada de los expertos y sus pizarras en la tele. Trump apela a las emociones. Quiere convertir a Estados Unidos en un país ganador y en un gran país de nuevo para volver a los buenos viejos tiempos. No se sabe cómo lo va a hacer. Su campaña se ha basado en frases que encajan en un tuit. Y los expertos políticos se rascan la cabeza ante alguien que ha llegado tan lejos en una campaña presidencial sin presentar un programa político.

Sí hay cosas que Trump ha dicho claramente. Y cada vez que las dice, todos esos expertos que sigo en Twitter se escandalizan. Ha dicho que la OTAN “podría” estar obsoleta y que le cuesta mucho dinero a Estados Unidos. Y que en caso de invasión rusa de las Repúblicas Bálticas, a pesar de lo que dice el Artículo 5 de la OTAN, no acudiría inmediatamente en defensa de esos países sin revisar primero si esos países “han cumplido sus obligaciones” hacia Estados Unidos.

estonianworld.com
Soldados estonios en Afgansistán. Foto vía estonianworld.com

La respuesta de Trump, han dicho muchos, suena como música en los oídos de Vladimir Putin, líder con el que ha intercambiado piropos. Y es que la “conexión rusa” de Trump es densa. Paul Manafort, director de su campaña electoral, fue asesor político del despuesto presidente ucraniano Viktor Yanukovych, aliado de Moscú. Mientras que Carter Page, su principal asesor de política exterior trabajó para la empresa pública rusa Gazprom y es abiertamente prorruso, como demuestran sus artículos publicados sobre la crisis de Ucrania. Llama la atención el apoyo a Trump expresado desde Rusia por Alexander Dugin, figura relevante del euroasianismo. O los comentarios favorables hacia Trump de Tierry Meyssan en Voltairenet.

Hasta ahora el Partido Republicano había mantenido una línea dura con la Rusia de Putin. Pero la influencia de Trump ya se notó en la Convención Nacional Republicana, donde el personal de la campaña de Trump hizo labor de pasillo para que el programa republicano no incluyera el envío de armas a Ucrania, yendo en contra de las postura sostenida por el partido hasta la fecha. Y Newt Gingrich quitó importancia a las declaraciones de Trump sobre no defender de forma automática a las repúblicas bálticas mencionando a Estonia como “un lugar que está en los suburbios de San Peterburgo”.

Las conexiones personales de Trump con Rusia incluye la promoción de negocios inmobiliarios allí y el flujo de inversiones rusas a sus proyectos. Considerando que Trump se ha negado a hacer pública su declaración de impuestos, un gesto que todos los candidatos a presidente en Estados Unidos han hecho voluntariamente desde 1976 sin que haya una ley que les obligue, no hay forma de saber el valor de su fortuna real y en qué empresas tienen participaciones por qué valor. Pero sí se sabe que tras la bancarrota de Trump Hotels and Casinos Resorts en 2009, los negocios de Trump han sido muy dependientes de las inversiones procedentes de Rusia.

Justo al día siguiente del discurso de Trump, aceptando la candidatura republicana, Wikileaks publicó 19.252 correos, con fechas entre enero de 2015 a mayo de 2016, robados de un servidor del Partido Demócrata. Los correos muestran que el aparato del partido prefería la candidatura de Hillary Clinton sobre la de Bernie Sanders y poco más. Wikileaks ha sido tan descuidada como para volcar a Internet los correos en bruto, que incluyen datos personales como dirección postal, número de la seguridad social y datos de la tarjeta bancaria de las personas que hicieron contribuciones al partido vía Internet.

Anteriormente, Wikileaks publicó correos electrónicos con fechas entre junio de 2010 y agosto de 2014 robados del servidor de la Fundación Clinton, período que coincide aproximadamente con el tiempo en que Hillary Clinton fue secretaria de Estado (21 de enero de 2009-1 de febrero de 2013). Pareciera que Wikileaks, organización con notorios vínculos con Rusia, la ha emprendido con Hillary Clinton. De hecho, los datos apuntan a que los robos de correos fueron realizados desde Rusia y Wikileaks ha sido instrumentalizada en la operación como intermediario con el público.

Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa en Russia Today.
Julian Assange entrevistando al líder de Hezbolá en su primer programa de televisión en Russia Today.

Jonathan Chait se pregunta directamente “¿Está trabajando Donald Trump para Putin?”. Robert Zubrin llama a Trump “el candidato del Kremlin”. Michael Crowley hace lo mismo para centrarse en la cobertura informativa de RT sobre Trump. Anne Applebaum escribe sobre las consecuencias para Europa y recuerda la película “El candidato de Manchuria” (1962), cuya trama gira sobre un plan comunista para colocar a un agente como presidente de los Estados Unidos. La misma referencia ha empleado Paul Krugman para el artículo “El candidato de Siberia”. Franklin Foer llama a Trump “la marioneta de Putin”. William Kristol, un eminente neoconservador, se pregunta al respecto del partido republicano “¿El partido de Putin?”. Garry Kasparov dice que Trump le recuerda a Putin. A lo mejor es exagerado pensar en Trump como un instrumento del Kremlin. A lo mejor es simplemente un tonto útil.

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