Antecedes y unos rápidos apuntes sobre la ola global de ciberataques

Esta historia arranca cuando una organización llamada The Shadow Brokers se hace con un arsenal de herramientas informáticas de la National Security Agency (NSA), la agencia de inteligencia estadounidense dedicada a la interceptación de redes de comunicación. Se trata de la misma agencia a la que proveía servicios la empresa para que la trabajaba Edward Snowden. The Shadow Brokers comenzaron en 2016 ofreciendo las herramientas de la NSA que disponían en una subasta al mejor postor. Pero nadie acudió a la puja y terminaron por ofrecer gratis en Internet la información robada a la NSA.

El 14 de abril de 2017 fue publicado un conjunto de herramientas e información de la NSA por parte de The Shadow Brokers con diferentes nombre en clave. Días antes habían explicado en un comunicado público que se sentían decepcionados con el presidente Donald Trump y mencionaban el ataque a una base militar siria.

Una de los conjuntos de herramientas de la NSA publicada por The Shadow Brokers se llamaba ETERNALBLUE y contenía información sobre un agujero de seguridad de Windows existente en sucesivas versiones del sistema operativo Microsoft Windows. Podemos especular si ese agujero de seguridad existía en Windows a propósito, creado en ese caso por Microsoft siguiendo instrucciones de la NSA, o fue encontrando por la propia NSA o los informáticos de una empresa contratista.

Soy lo bastante viejo para recodar el caso del descubrimiento de una variable llamada NSAKEY en software de Microsoft allá por 1999. Y si uno busca en Internet, encuentra enseguida artículos de la época donde se habla de la introducción de agujeros de seguridad en el software de Microsoft. Decía Duncan Campbell en 1999:

Within the Microsoft organisation, access to Windows source code is said to be highly compartmentalized, making it easy for modifications to be inserted without the knowledge of even the respective product managers.

Uno de los agujeros de seguridad de Microsoft Windows incluido en el paquete ETERNALBLUE afecta a un protocolo de comunicación cliente-servidor presente desde la versión XP (lanzada el 15 de octubre de 2001) a la actual versión 10 llamado Server Message Block (SMB). Significativamente, Microsoft publicó el 14 de marzo de 2017 un parche de seguridad para las diferentes variantes del sistema operativo Windows que subsana el agujero de seguridad. Eso fue semanas antes de que The Shadow Brokers publicaran la información proveniente de la NSA que incluía el paquete ETERNALBLUE.

Llegamos entonces a los acontecimientos del viernes 12 de mayo de 2017. Alguien en las oficinas centrales en Madrid de la compañía Telefónica recibió un correo electrónico con aparencia inocente pero que en realidad era sólo la imitación de un correo habitual de una fuente fiable. En el partido político “En Marche!” del ahora presidente Emmanuel Macron recibieron correos así desde dominios parecido al oficial en-marche.fr y que imitaban “hasta el último píxel” el aspecto de un correo salido del servidor oficial.

Alguien que recibió uno de esos correo trampa en Telefónica hizo click en el falso adjunto y procedió a ejecutar un programa que procedió a encriptar los archivos del ordenador con una determinada extensión y a expandirse por la red local de la empresa aprovechando. El software que encriptó los archivos fue bautizado con varios nombres como WannaCry, WannaCrypt, WNCry, etc.. Pide un rescate a pagar en la moneda virtual Bitcoins por la liberación de los datos, de ahí que este tipo de software se conozca como ransomware.

Al tiempo, empresas clientes de los servicios de Telefónica y que usan su infraestructura  empezaron a verse afectadas. Este es el momento de la presente historia que saltó a los medios de comunicación. Como esto es España, empezaron los chistes autoflagelantes sobre la tradicional chapuza y cutrez española. Uno de los blancos fue el mediático Chema Alonso, el “hacker” del gorro, que ahora es jefe de datos (CDO) de Telefónica y al que equivocadamente le atribuían responsabilidad en materia de seguridad. A las pocas horas, saltó la noticia de que el Servicio Nacional de Salud (NHS) británico había sufrido el mismo ataque y decenas de miles de ordenadores habían sido afectados en decenas de países, incluyendo ordenadores de organismos oficiales rusos. Se trataba de un problema global.

Imagen vía EMSISOFTblog.

La tarde del viernes, un experto en seguridad informática anónimo había conseguido aislar el software y hacerlo ejecutar en un entorno controlado para estudiarlo. Reparó en un cosa. El programa trataba de contactar con un servidor de Internet que tenía un nombre formado por una enorme ristra de letras aleatorias. El dominio estaba sin registrar. Con toda probabilidad se tratara de un sistema de protección ante ejecuciones en entornos controlados, que responden a cualquier intento de comunicación externa con respuestas simuladas. Si el programa recibía respuesta del dominio de nombre absurdo se detenía. El analista de seguridad registró el dominio incluso antes de entender qué función tenía y mientras lo estudiaba recibió el aviso de que el ransomware se estaba desactivando en todo el mundo. El asunto fue tratado en las noticias como “informático frena el ciberataque global de pura chiripa”. En realidad, el resultado hubiera sido el mismo de haberse desconectado del mundo trasteando en su ordenador hasta terminar de entender cómo funcionaba.

Este ejemplo de ransomware llevaba circulando desde marzo de este año y esta nueva ola de ataques se volvió más potente por el uso de las vulnerabilidades procedentes de las herramientas de la NSA. Si no buscamos más allás de los meros hechos estamos ante un ataque masivo movido por el afán de lucro que posiblemente se expandiera mucho más y más rápido de lo que sus autores preveían. Su impacto hubiera sido menor de haber aplicado las grandes empresas y organismos el parche publicado por Microsoft en marzo de 2017. Pero como siempre, lo urgente es enemigo de lo importante y en muchas empresas se retrasó la instalación del dichoso parche por razones particulares que cada empresa sabrá.

Si especulamos que detrás de esta historia hay algo más, tenemos que tener en cuenta que una vez se descubre el uso de una brecha de seguridad desconocida (Zero Day) el efecto sorpresa se anula y todo el mundo adopta medidas contra ese agujero de seguridad concreto. Es un arma de usar y tirar. Podríamos pensar entonces que fue un ensayo de algo y que algunas víctimas fueron una simple cortina de humo. Es decir, para no llamar la atención sobre el ataque a un objetivo en concreto se ataquen varias más para que parezca una ola de ciberataques global. ¿Porque podemos creer que los autores de este ransomware realmente esperaban que Telefónica y NHS pagaran un rescate? ¿O lo realmente interesante no era obtener dinero sino datos e información?

El viernes leí comentarios sobre qué país era el responsable de esta ola de ciberataques. Y en pleno 2017 la pregunta estaba mal formulada. La experiencia nos enseña que ahí fuera operan redes transnacionales de ciberdelincuentes muy sofisticados cuya acciones apenas se conocen porque ninguna gran empresa suele reconocer en público que ha sido desvalijada vía Internet. Sólo la caída de alguna de esas redes nos permite conocer su existencia. Los gobiernos aparecen en esta historia cuando se trata de delincuentes de ciertos países cuyas acciones se toleran mientras los objetivos sean extranjeros. Véase “Inside the Hunt for Russia’s Most Notorious Hacker” (Wired, marzo 2017).

La primera lección de urgencia es asumir de una maldita vez que cualquier hardware, software y servicio de Internet de una empresa estadounidense, desde routers Cisco a Facebook, tienen agujeros de seguridad a disposición de las autoridades del país. Y que cualquier organismo español (o europeo) que considere que sus datos no deberían estar al alcance de Estados Unidos debería emplear software libre. Mientras, Europa está enganchada a Microsoft. Y en España mejor no comentar dónde se usa Microsoft Windows.

Para detalles técnicos sobre el ransomware véase:

“Global WannaCry ransomware outbreak uses known NSA exploits”.

“How to Accidentally Stop a Global Cyber Attacks”.

Guía urgente sobre las votaciones de Eurovisión

Todos los años lanzo un hilo en Twitter anticipando los cruces de votos de Eurovisión en función de afinidades culturales y lazos históricos. Este año, para dejarlo escrito de una vez por todas, lo recopilo aquí.

La cuestión es que en Eurovisión siempre hay un puñado de países favoritos que recogen los votos de más valor (12 y 10 puntos) de la mayoría de países pero siempre se cuelan otros que muestran generalmente los sesgos peculiares de cada país. Por ejemplo: Noruega, Suecia y Dinamarca, suelen repartirse puntos entre ellos por sus evidentes lazos culturales. Mientras que Suecia mantiene vínculos históricos con Finlandia, que alberga una minoría sueca. El finlandés, por cierto, no es una lengua germánica. El único país que comparte lazos lingüísticos con Finlandia es Estonia. Así Finlandia, intercambia votos con Suecia y Estonia.

Las tres repúblicas bálticas (Lituania, Letonia y Estonia), son otro caso de países con lazos históricos que se intercambian votos. Cada uno tiene peculiaridades. Como dije antes, el idioma de Estonia comparte raíces con el finés. Letonia mantiene lazos con Suecia. Y la católica Lituania, estuvo unida durante siglos a Polonia.

Otra región europea donde se intercambian votos la forman los países balcánicos, formando parejas según afinidades y cercanía. Así intercambian votos Eslovenia y Croacia. Luego Bosnia, que alberga población de etnia croata y serbia, intercambia votos con Croacia y Serbia. Este último los intercambia con Montenegro. Y luego Macedonia tiene una afinidad lingüística con Bulgaria, con quien intercambia votos.

Grecia y Chipre son dos países que da igual que el otro mande una cabra hasta arriba de anfetas a Eurovisión, que se suelen intercambiar muchos puntos. Y podríamos hacer algunas parejas lingüísticas más, como República Checa-Eslovaquia y Rumanía-Moldavia, que en algún momento de la historia llegaron a estar unidas. Por último, habría que recordar que hasta la crisis de Ucrania de 2014 ese país intercambiaba votos con Rusia y Bielorrusia. La invasión rusa de Ucrania marcó un antes y después, politizándose el concurso en el contexto de la Nueva Guerra Fría.

Una novedad en Eurovisión lo supuso el «voto popular». Ahora vota el público. Y la presencia de ciudadanos de un país en otro se nota en las votaciones. Por ejemplo, la comunidad turca en Alemania que envía votos desde allí o la comunidad rumana en España.

Evidentemente estos apuntes no son científicos sino una aproximación. Pero si uno acude a las estadísticas históricas de voto encuentra que hay un patrón en los países que dieron las puntuaciones más altas a España. Constituye un eje euromediterráneo que va de Portugal a Israel y pasa por Italia, Grecia y Turquía.

La guerra sucia contra Macron

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales enfrenta a dos candidatos que representan la divisoria ideológica de la Nueva Guerra Fría, como bien tienen claro en Rusia. Por un lado, Emmanuelle Macron es un social-liberal (“de centro”) que trabajó para el gobierno del socialista  Hollande y al banco de inversión Rothschild & Cie. Macron se presenta con una plataforma electoral personalista creada recientemente (En Marche!).  En frente tiene a la nacional-populista Marine Le Pen, autora del giro ideológico del partido de ultraderecha que heredó de su padre. Su programa en materias económica y de política exterior le acercan más al partido de Jean-Luc Mélenchon, cuyas bases han optado por el voto en blanco o nulo en la segunda vuelta. Y es que dejando a un lado el tema de la inmigración y la cuestión identitaria, el nacional-populismo de Marine Le Pen comparte postulados en materia de nacionalismo económico o política exterior con el programa de Syriza antes de llegar al poder y a los que defendía Pablo Iglesias antes de ser líder de Podemos.

Ilustración del canal ruso Russia Today.

El Front National de Le Pen ha formado parte del bloque pardo-rojo que en el Parlamento Europeo ha votado siempre junto en todo aquello que afecta a los intereses de la Rusia de Putin, como el tratado de asociación de Ucrania con la Unión Europea o la condena de las violaciones de los derechos de la minoría tártara en la Crimea ocupada. Las coincidencias programáticas entre la ultraderecha de Le Pen y la ultraizquierda europea darían sin duda para un análisis detallado. Y es algo que precede con mucho este ciclo electoral francés. Basta recordar que el diario madrileño ABC titulaba en noviembre de 2014: “Luna de miel entre el Frente Nacional y la extrema izquierda en Francia”. Y contaba entonces que “Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, líder del Frente de Izquierdas, multiplican los guiños desde los medios. Mientras, crece el desencanto del electorado con la política tradicional”.

Foto: Mijail Klimentyev / AFP vía El Mundo.

El Front National de Marine Le Pen no sólo ha formado parte del bloque rojo-pardo en el Parlamento Europeo que vota a favor de los intereses de Putin, sino que su partido ha tenido una relación cercana con el Kremlin. Cuando el partido de Le Pen no encontró un bancos francés dispuesto a concederle un préstamo, apareció un pequeño banco ruso dispuesto a ofrecerle 9 millones de euros. Le Pen fue recibida por Putin poco antes de las elecciones y el ministro Lavrov dio de ella una definición elocuente de ella: la llamó “antiglobalista”. Precisamente, Marine Le Pen prometió en un discurso durante la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 “devolver a Francia la soberanía perdida hace 30 años y protegerla de la globalización neoliberal”. Lo contaba el diario madrileño El País en una noticia titulada “Le Pen, más cerca de Putin que de la UE”. Ese acercamiento entre el Front National y el Kremlin no es gratuito. A Rusia le interesa promover los partidos antieuropeístas y en el caso del Front National ha contado con su labor de zapa para promover el levantamiento de las sanciones europeas a Rusia.

En marzo de este año, Richard Burr, presidente del Comité de Inteligencia del Senado, afirmó durante una sesión de la comisión que investiga la influencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses que “los rusos están activamente implicados en las elecciones francesas”. Lo que hemos visto hasta la fecha ha sido el posicionamiento claro de los medios rusos contra Macron respaldada por bots para dar mayor difusión a esas noticias y una operación de robo de datos que los expertos atribuyen a autores rusos.

Jermey Cliffe escribió para The Economist en abril sobre las campañas dirigidas por los medios rusos al público francés y alemán, contando con el apoyo de redes de bots en Twitter. Mencionaba entonces los rumores sobre Macron que la agencia rusa Sputnik había difundido. Se refería probablemente al artículo “Ex-French Economy Minister Macron Could Be ‘US Agent’ Lobbying Banks’ Interests”, publicado en febrero y en donde se recogen toda clase de rumores sobre Macron: desde que es secretamente homosexual a que empleó dinero público para lanzar En Marche!.

Significativamente a la campaña contra Macron se sumaron simpatizantes de Trump, miembros de la alt-right y trolls (lo que viene a ser lo mismo) organizados en el foro 4chan. Su principal dedicación ha sido lanzar memes y bulos en redes sociales además de proporcionar relevancia a los comentarios a favor de Le Pen en las páginas de Facebook de medios franceses. Para ello han contado con la colaboración de simpatizantes franceses de Le Pen que les han traducido frases y ayudado a elegir nombres de usuario creíbles. Fermín Grodira ha recogido una buena lista de bulos puestos en circulación para atacar a Macron.

Max de Haldevang ha recogido en Quartz algunos de los comentarios despectivos sobre Macron en la prensa rusa y dio cuenta en el mismo artículo de uno de los materiales que ha circulado en la campaña en las redes sociales contra Macron: documentación de una presunta cuenta secreta de Macron en paraísos fiscales.  La falsificación tiene algunos fallos. Como el nombre “Caribbean” mal escrito en un membrete o que aparezca el nombre de Macron, cuando las cuentas secretas se abren en paraísos fiscales con testaferros. En la página web búlgara Bivol analizaron los metadatos de los archivos y se encontraron que fueron generados con dos impresoras Canon de la gama profesional bastante caras. Evidentemente los metadatos se pueden falsificar, pero en caso de ser ciertos probaría que no son obra de un troll en su casa.

El bulo sobre la cuenta en el paraíso fiscal fue recogida en España por La Gaceta: “Filtran un documento que implicaría a Macron en un entramado societario en el Caribe”. Es una estrategia vieja y eficaz. Alguien lanza el bulo y luego los medios sólo tienen que comentar “por ahí se dice”, “se comenta”, “se rumorea”, etc. Nadie tiene que dar explicaciones si la noticia se demuestra falsa pero el meme se instala en la mente del votante. En La Gaceta, por cierto, leemos también defensas de Marine Le Pen, como el artículo “La lucha de civilizaciones o el ‘efecto Marine” de Fernando Paz. A Paz le conocemos de ser uno de los entrevistados para su libro por el presidente del ultraderechista Frente Europeo de Solidaridad con Sira. Libro del que hablé en “La conexión iraní”. Con lo que vemos, que en La Nueva Guerra Fría todo siempre queda en casa.

Pero sin duda el golpe de efecto más importante fue la difusión el viernes 5 de mayo en Internet de 9Gb. de correos robados de los servidores del partido En Marche!. El propio partido reconoció el viernes el robo de datos. Curiosamente, el día 25 de abril Trend Micro anunció haber detectado la actividad de hackers rusos contra los servidores del partido de Macron. Justo hasta ese día llegan los correos robados y difundidos en Internet. Las informaciones sobre actividades de hackers rusos en servidores franceses apareció en reportajes aquí y allá. Alguien decidió entonces poner en marcha la maquinaria de propaganda.

La primera persona que lanzó el hashtag #MacronLeaks ha sido identificado como Jack Posobiec, que encabeza la oficina de Washington de un medio de la alt-right. El Digital Forensic Research Lab del Atlantic Council analizó la difusión del hashtag. Nació en Estados Unidos, fue redifundido por bots y se expandió por Francia gracias a dos simpatizantes de Marine Le Pen que en anteriores ocasiones ayudaron a lanzar campañas en Twitter. El principal impulso lo ofreció su mención por parte de la cuenta de Wikileaks. Posobiec, por cierto, se identifica como un “orgulloso miembro de la #SlavRight”. Su novia rusa contó en redes sociales haber visto a Melania Trump en una fiesta del día de la jura presidencial.

Está por ver el impacto que tendrán todas estas campañas en la segunda vuelta presidencial. En The Intercept quitaban importancia a la información que se encontraba en los emails. Se trata de trivialidades. No ha estallado ningún escándalo, ciertamente. Pero vemos a estas alturas la existencia de un patrón que afecta a quienes se enfrentan al candidato político preferido por el Kremlin.

Índice de mis textos sobre la Nueva Guerra Fría

Escribí “La Nueva Guerra Fría” en septiembre de 2014. Desde entonces he escrito bastantes cosas aquí en el blog, desarrollando distintos aspectos del concepto. Así que he decidido ordenarlas para aquel que quiera entender mejor mis ideas al respecto. Por el camino, he ido matizando cosas que dije en aquel entonces. Y sobre todo he profundizado en varios aspectos: La dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría, las campañas de desinformación lanzadas desde el bando rival de Occidente y un análisis de cómo la Nueva Guerra Fría explica lo que ha pasado en diferentes países.

El primer bloque de entradas de blog que he recopilado tratan del concepto de la Nueva Guerra Fría en general.

Reconsiderando la Nueva Guerra Fría.

La Nueva Guerra Fría y la Guerra Mundial que no tendrá lugar.

Recapitulando sobre la Nueva Guerra Fría.

Un esquema provisional de la Nueva Guerra Fría.

Rusia juega a la Guerra Fría.

A este blog general añado dos entradas. La primera trata sobre los comentarios del primer ministro ruso Medvédev durante la Munich Security Conference de 2016. La segunda trata de la visión del ex-secretario de defensa estadounidense Robert Gates sobre cómo Occidente no supo tratar con Rusia que expuso en sus memorias.

La Nueva Guerra Fría ha venido y nadie sabe cómo ha sido.

Robert Gates sobre Rusia

Ideología.

La emergencia del nacional-populismo.

Extrañas convergencias ideológicas en la Nueva Guerra Fría.

El antisemitismo y la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría.

La dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría.

La gran paradoja ideológica de la Nueva Guerra Fría.

Confusión ideológica en la Nueva Guerra Fría.

La conexión euroasiática.

Propaganda y desinformación.

Guerra de memes.

Narrativas interesadas (II).

Narrativas interesadas.

La factoría de bulos.

El ataque con armas químicas de Goutha: Un caso de desinformación.

Tontos útiles al servicio de dictadores.

Las teorías conspirativas como fenómeno cultural de la Nueva Guerra Fría

Análisis por países.

La Nueva Guerra Fría se juega en Francia.

La destrumpización de Donal Trump.

La Nueva Guerra Fría después de Donald Trump.

El mundo se ha vuelto loco: Trump y la Nueva Guerra Fría.

Tiempo de cambio de alineación en Sudamérica.

Y Tsipras volvió a rectificar. ¿Otra vez? Otra vez.

¿Se posicionará Grecia en la Nueva Guerra Fría?

La muerte del fiscal argentino Nisman en el contexto de la geopolítica de la Nueva Guerra Fría

España.

Rumbo a Letonia. Y España entró en la Nueva Guerra Fría.

La conexión siria.

La conexión iraní.

Observatorio de la Nueva Guerra Fría.

Cuando me vi desbordado por la cantidad de noticias que encajaban en mi esquema general empecé a hacer resúmenes periódicos. Hoy sería una tarea titánica. No hay semana que no salga una catarata de noticias y análisis sobre ciberataques, campañas de desinformación, conexiones políticas, reuniones diplomáticas, etc.

Nº1, Nº2, Nº3, Nº4, Nº5, Nº6, Nº7 y Nº8.

 

Libros para la batalla de ideas en la Nueva Guerra Fría

Los lectores más veteranos habrán notado que hablo poco últimamente de las Guerras Posmodernas. Y en cambio parece que estoy casi volcado con la Nueva Guerra Fría. Resulta que llevamos varios meses en el que se acumulan las piezas que van encajando en el esquema general de las cosas. De hecho, tengo pendiente hacer un repaso a los distintos autores que desde el New Yorker a El Confidencial han hablado ya abiertamente de Nueva Guerra Fría.

La verdad es que por el camino tuve mis momentos de duda, cuando pareció que las relaciones entre Rusia y Occidente se iban a calmar y la crisis ucraniana iba a quedar atrás como una nota al pie de la Historia. Pero sin duda, uno de los elementos que más inquietud me generó fue la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría. Cuando en enero de 2015 hice un resumen de los elementos claves lo acompañé de un gráfico que generó bastante polémica. Planteé que la Nueva Guerra Fría giraba en torno a la alianza geopolítica de Rusia con los miembros del Eje de la Resistencia en Oriente Medio y con países de la Alianza Bolivariana más la Argentina kirchnerista en Hispanoamérica. Y esa alianza se entrecruzaba con partidos y personajes a izquierda y derecha en Occidente.

Las primeras pistas sobre la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría me llegaron al ver cómo los argumentos que empleaban neofascistas y comunistas para defender la postura rusa en Ucrania eran intercambiables. Según ellos, en Ucrania no estaban en juego los intereses geopolíticos de Rusia, sino valores universales como la soberanía de los pueblos frente al imperialismo otánico globalizador y neoliberal. Justo semanas después de escribir por primera vez sobre  la Nueva Guerra Fría, alguien me puso sobre aviso sobre la coalición rojo-parda que en el Parlamento Europeo ha votado en contra del tratado de asociación de Ucrania con la Unión Europea, condenar las violaciones de los Derechos Humanos en la Crimea ocupada, el tratado de libre comercio con Canadá, etc. Pero faltaba algo.

Para poder hablar de la Nueva Guerra Fría como un verdadero conflicto ideológico hacía falta, claro está, una ideología que rivalizara con el modelo occidental de democracia liberal y economía de mercado. Yo apunté al euroasianismo de Alexander Dugin en septiembre de 2014. Pero la relación de Dugin con el poder en la Rusia de Putin siempre ha sido complicada. Luego, leyendo a Michel Eltchaninoff encontré la primera aproximación al pensamiento “putinista”. Pero hacía falta algo más que europarlamentarios de izquierda y derecha votando a favor de los intereses de Putin. Hacía falta teóricos que defendieran el modelo ruso. Y ya los tenemos.

En las últimas semanas he terminado de leer dos libros que pronto reseñaré aquí. El primero, Rusia en la larga duración (2015) es el más singular. Se trata de una recopilación de textos del célebre economista neomarxista egipcio Samir Amin y publicado en España por la editorial marxista El Viejo Topo, cuyo posicionamiento en la Nueva Guerra Fría es claro. Su postura es que, para poder evolucionar más allá de la sociedad capitalista a la deseable sociedad comunista futura, el primer paso que ha de dar todo país es librarse del yugo del imperialismo capitalista de la triada EE.UU.-Europa-Japón. Así que hay que defender a la Rusia de Putin porque ha dado ese primer paso necesario. Además, Amin denuncia en el capítulo final que asistimos en la actual fase de crisis del capitalismo a la emergencia del fascismo. Evidentemente, dada su postura, no se refiere al ascenso en Europa de partidos de ultraderecha que simpatizan con la Rusia de Putin. Faltaría más. Habla del golpe de estado “euro-nazi” en Ucrania como cabeza de puente a la colonización alemana de Europa oriental. Cómo no, Amim nos cuenta además que los medios mienten y tergiversan sobre Rusia. El libro está lleno de perlas que trataré cuando haga la reseña. Basta decir, que el autor defiende la Revolución Cultural china.

El segundo libro que leí es El nuevo imperio ruso: Historia y Civilización (2014) del profesor Sergio Fernández Riquelme. El libro hace primero un repaso de la configuración histórica del imperio ruso, con su permanente conflicto entre quienes pretendían un país moderno y occidentalizado por un lado y quienes defendían la singularidad de Rusia como país a medio camino entre Europa y Asia. Luego explica la realidad política de la Rusia actual, por la que el autor siente evidentes simpatía. No en vano, dirige el Foro Rusia y encontramos artículos suyos en la edición en español de la publicación euroasianista Katehon. Además, su postura conservadora queda de manifiesto buceando por la revista La Razón Histórica, que también dirige. Allí encontramos el artículo “Rusia como Imperio. Análisis histórico y doctrinal”,. que comparte contenidos con el libro. Que un conservador occidental defienda a la Rusia de Putin no es ninguna sorpresa. Pero me parece relevante señalar la pinza a izquierda y derecha de apologistas de Putin.

Por último, no debemos olvidar que no sólo la Rusia de Putin tiene apologistas en España. También Irán tiene los suyos. Niko Roa es un personaje que apareció por aquí en “La conexión iraní”. Su libro El aliado persa ha sido reseñado por Christian D. Villanueva López en ejércitos.org.

Rumbo a Letonia. Y España entró en la Nueva Guerra Fría

Uno de mis propósitos para 2017 fue dejar de comprar libros compulsivamente y tratar de leer más, considerando la cantidad de libros acumulados en mis estanterías. Hice una excepción el pasado fin de semana por el descuento que ofrecían las librerías y me vine a casa con Tierras de Sangre, el monumental libro de Timothy D. Snyder que recoge las matanzas que la Alemania nazi y la Unión Soviética stalinista perpetraron en Polonia, Ucrania, Rusia, Bielorrusia y las Repúblicas Bálticas. Fueran hambrunas provocadas, gasesamientos de tipo industrial o tiros en la nuca al borde de una zanja, murieron 14 millones de personas entre 1933 y 1945 en el contexto de planes diseñados para destruir grupos sociales o nacionales. Según Snyder, se hacía necesario el estudio en paralelo porque los planes de un régimen y otro para esa región de Europa chocaron e interactuaron.

Desde el primer momento en que empecé a trabajar con el concepto de la Nueva Guerra Fría, resultó evidente cómo chocaban la memoria histórica de unos pueblos y otros respecto a aquella experiencia. Uno de los primeros incidentes que anticiparon esta nueva era fue la crisis entre Rusia y Estonia en abril-mayo de 2007. Las autoridades estonias retiraron el monumento al “soldado liberador”, colocado en Tallin sobre una fosa común de soldados soviéticos caídos en combate en 1944 luchando contra las tropas nazis en retirada. Desde el punto de vista ruso se trató de una afrenta de los estonios malagradecidos por haber sido liberados de los nazis. Para los estonios, se trataba de retirar un monumento a las tropas que colocó al país por segunda vez bajo el yugo stalinista. La embajada estonia en Moscú sufrió el acoso del movimiento Nashi, las juventudes putinistas, mientras los medios rusos informaban alarmados de la noticia falsa que los restos de los soldados soviéticos enterrados bajo el monumento habían sido arrojados a un vertedero. Las páginas web y servidores de correo electrónico de las principales instituciones del país sufrieron una campaña masiva de ataques por Internet que obligó a desconectar Estonia del resto del mundo. Propaganda y ciberguerra, un ensayo de lo que estaría por venir en la Nueva Guerra Fría. Hoy, Estonia alberga el Centro de Excelencia sobre Ciberguerra de la OTAN, tal como conté en SesióndeControl.com en 2011.

Una de las ideas con la que arranqué en mi participación en la mesa redonda sobre la guerra de Ucrania organizada por Passim en marzo de 2015 fue que había que recordar cómo, tras la pérdida del imperio ruso en 1917, las autoridades soviéticas lanzaron sucesivas campañas militares contra sus vecinos entre 1917 y 1940 para recuperar las fronteras de la Rusia zarista. La Alemania nazi y la Unión Soviética stalinista se repartieron áreas de influencia en el infame pacto Ribentropp-Molotov. Las tres Repúblicas Bálticas fueron anexionadas por la Unión Soviética en 1940. Primero se impuso a las tres repúblicas la presencia de bases militares y el despliegue de tropas soviéticas en su territorio. Luego la Unión Soviética impuso gobiernos afines y por último el ejército soviético tomó el poder, auxiliado en el caso de Estonia por una milicia de “autodefensa” comunista.

Placa en la sede del gobierno estonio recordando los miembros del gobierno del país muertos a manos del “terror comunista”. Foto de mi viaje en 2007.

Entre mayo y junio de 1940 se produjo una deportación masiva en las repúblicas bálticas de políticos, policías, empresarios, terratenientes, etc. que terminaron fusilados o en el GULAG. Las deportaciones masivas alcanzaron también a familias enteras, que en el mejor de los casos terminaron realojadas en algún lugar de la Unión Soviética. Por eso, uno año más tarde, cuando la Alemania nazi invadió la Unión Soviética, que ahora incluía las tres Repúblicas Bálticas, en los territorios bajo ocupación soviética se recibió a los soldados alemanes como liberadores. Así, se presentaron voluntarios de las tres repúblicas para luchar contra la Unión Soviética con el caso particular de Estonia donde tuvo lugar una recluta forzosa. Indagando sobre el tema, leí varios libros sobre el tema que reseñé aquí en el blog bajo el título “Con Hitler contra Stalin”. Planteé entonces el dilema de cómo valorar aquel esfuerzo de luchar en las filas de la Alemania nazi contra la Unión Soviética. En Estonia, a aquellos combatientes se les considera hoy unos patriotas. En Rusia, unos nazis execrables.

Tras la caída de la Unión Soviética, en las tres Repúblicas Bálticas se honró la memoria ocultada por décadas de las víctimas locales de la Unión Soviética. Y los tres países le dieron la espalda a Rusia para mirar a Occidente. Hoy, las tres Repúblicas Bálticas son miembro de la Unión Europea, la Eurozona y la OTAN. Los tres países albergan minorías rusas, población asentada allí en muchos casos durante el período 1944-1991. Según las directrices rusas, la defensa de las minorías rusas es una causa legítima de intervención militar en terceros países. Algo que no ha pasado desapercibido en lugares como Kazajistán y las Repúblicas Bálticas. Así que no es de extrañar la inquietud tras la crisis de Ucrania de 2014 en esos tres países, que junto con Polonia, solicitaron un despliegue de fuerzas de la OTAN con carácter disuasivo frente a Rusia.

Presentación del primer contingente destinado a Letonia.

Ayer se presentó en la base de la Brigada Mecanizada “Extremadura” XI el primer contingente español de 300 militares que, con decenas de vehículos, viajará a Letonia próximamente como parte del plan Enhanced Force Presence (eFP), que comprende  el despliegue de cuatro batallones multinacionales de la OTAN repartidos por Polonia, Lituania, Letonia y Estonia. El despliegue español se aprobó hace meses y evidentemente no sentó bien entre los fans de Putin españoles, que desde el sector comunista lo comparó con el envío de la División Azul para desligitimarlo. Hoy Ángel Collado en El Confidencial toma ese discurso con el titular “El Ejército vuelve a los frentes de la División Azul con la OTAN y frente a Putin”. Y añade “En vez de llegar a pie a Lituania, como en 1941 con la Werhrmacht, las tropas españolas operarán en Letonia con carros de combate de última generación, los Leopard 2E y Pizarros”. Sólo en la última frase del artículo encontramos “Hoy los españoles acuden a la llamada de la OTAN para disuadir a Putin de más tentaciones imperialistas como la de Ucrania”.

A mí, personalmente, me parece un insulto retorcer las comparaciones históricas para relacionar el despliegue de las fuerzas armadas de la España en democracia en un esfuerzo solidario con un aliado, país democrático que forma parte de la Unión Europea y la OTAN, con el envío de tropas por parte de la España de Franco para contribuir al esfuerzo de guerra de la Alemania nazi. Pero esto es la Nueva Guerra Fría y las campañas de propaganda son guerras de memes.

La Nueva Guerra Fría se juega en Francia

Resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, 23 abril 2017.

Ayer tuvo lugar en Francia la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Y yo, cómo no, estuve prestando las últimas semanas atención a todas aquellas claves en las que resultaba útil el marco de análisis de la Nueva Guerra Fría. La verdad es que cuando planteé aquí el concepto en septiembre de 2014 unos de sus aspectos más cuestionables fue la dimensión ideológica. Era una debilidad crucial del concepto. Sin ideología, la Nueva Guerra Fría se quedaba en mera rivalidad geopolítica entre Occidente y Rusia.

Después de la intervención militar rusa en Siria, no se volvió a escuchar mucho de los que defendían que la Rusia de Vladimir Putin era una potencia no intervencionista y que la crisis de Ucrania había sido un mal entendido. Luego vinieron los escándalos sobre ciberespionaje y se acumularon los análisis sobre las campañas de desinformación del Kremlin en Occidente, con lo que más de uno descubrió que las relaciones con Rusia habían entrado en una nueva etapa. Por último, después de la victoria de Donald J. Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos empecé a leer análisis que trataban de superar el tradicional eje izquierda-derecha y los campos ideológicos tradicionales para hablar de la emergencia del nacional-populismo. Parece que la gente lo iba pillando.

La debilidad de mi análisis en septiembre de 2014 sobre la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría era simplemente que estaba en construcción. A mí me había llamado la atención la convergencia del discurso de fascistas y comunistas españoles en defensa de la posición rusa en Ucrania. Unos y otros denunciaban un siniestro golpe de Estado apoyado por Occidente en Ucrania para entregar el país a la OTAN y a las garras del capital financiero internacional con la complicidad de élites locales que aplicarían políticas de ajuste económico. Así fascistas y comunistas de varios países de Europa habían acudido como voluntarios a combatir en las filas de las repúblicas populares del Donbás. Para mí, allí nacía una nueva era donde el eje izquierda y derecha resultaba menos explicativo que el posicionamiento respecto a Occidente. No en vano, neonazis ucranianos se fotografiaban con una bandera de la OTAN y voluntarios rusos lucían una insignia que combinaba la bandera de la Unión Soviética y la bandera imperial zarista.

Lo que empezó siendo poco más que una intuición, rápidamente evolucionó ante mis ojos. Poco tiempo después de aquel primera esbozo sobre la Nueva Guerra Fría, un lector del blog me llamó la atención sobre las votaciones en el Parlamento Europeo sobre el tratado de asociación de Ucrania a la Unión Europea. Votó en contra un bloque curioso que formaban ultraderechistas y ultraizquierdas a pares país por país. En Alemania, por ejemplo fueron Die Linke (ex-comunistas de las RDA) y AfD (populistas de derecha). En Grecia, por ejemplo fueron el KKE (comunistas) y Aurora Dorada (neonazis). Ese mismo bloque coincidiría en votar en contra de resoluciones del Parlamento Europeo sobre la Crimea ocupada por Rusia o recientemente contra el tratado de librecomercio de la Unión Europea con Canadá.

La principal crítica a la idea de que entrábamos en una nueva era de confrontación ideológica era que “Rusia es un país capitalista y por tanto no hay conflicto”. No fue hasta mayo de 2016 que salió publicado en España el más que recomendable libro En la cabeza de Vladímir Putin y leyendo a Michel Eltchaninoff pudimos comprender que el “putinismo” estaba en construcción y por tanto evolución. Eltchaninoff habla del “principio nacional-popular” (pág. 88), un concepto que fue bandera del kirchnerismo en Argentina. Allí se habló del “proyecto nacional y popular” (nac & pop). Yo uso el término nacional-populismo. Hablamos de fuerzas políticas que defienden un nacionalismo económico, con un papel fuerte del Estado en la economía y proteccionsmo frente al comercio global. Además, apelan a las masas desafectas con el establishment político. La diferencia de nacional-populistas de izquierda y derecha es el nacionalismo identitario: de la xenofobia al refugees welcome.

Llegamos por fin a Francia. Obviamente, hay que empezar hablando de la relación de Marine Le Pen con el Kremlin. En 2011 se declaró una admiradora de Vladimir Putin, al igual que se declaró el británico Nigel Farage. Precisamente, hace un mes, Marine Le Pen hizo un viaje a Moscú y fue recibida allí por Vladimir Putin. Las intenciones eran evidentes. Presentar a Marine Le Pen como estadista de talla internacional. Aunque Putin declaró que no era su intención interferir en las elecciones francesas. Según dijo Xavier Colás en El Mundo a propósito de la visita, Le Pen era “la candidata favorita del Kremlin”. Durante aquel viaje, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov negó el calificativo de “populista” para Le Pen y la definió como una “antiglobalista”.

Foto: Mijail Klimentyev / AFP vía El Mundo.

Los vínculos de Marine Le Pen con el Kremlin no son meramente de simpatía mutua. Cuando los bancos franceses se negaron a conceder un préstamo al Front National de Le Pen, dio el paso desde Moscú el First Czech-Russian Bank. Sucedió algo curioso. François Fillon, candidato del partido de centro-derecha francés Les Républicains, empezó a competir con Marine Le Pen en  cercanía con el Kremlin. De pronto, el First Czech-Russian Bank empezó a reclamarle el dinero al Front National. Pero cuenta  Xavier Colás, que tan pronto las encuestas empezaron a reflejar que Le Pen adelantaría en votos a Fillon, la reclamación fue aparcada.

El siguiente punto a destacar viene del otro extremo del arco ideológico. Jean-Luc Mélenchon arrancó su carrera política en el Partido Socialista francés. Tuvo incluso un cargo en un gobierno entre 2000 y 2002. Luego fundó el Parti de gauche. En estas elecciones se presentó como candidato de la plataforma La France insoumise. Llamó mi atención en el momento en que mencionó que querría que Francia se vinculara con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Según recoge TeleSur, Mélenchon dijo: “Sí, buscaremos ser miembros del ALBA, que es ser miembros de una coalición que reagrupa a países en un proyecto de cooperación en pos del desarrollo, y no militar o de libre comercio”.

La prensa francesa reaccionó conectando a Mélenchon con Venezuela. Aquí en España, Pablo Iglesias tuiteó con ironía que cuando la prensa no sabe cómo atacar a ciertos candidatos los vincula con Venezuela. Mélenchon salió al paso resaltando: “En primer lugar, ni Irán están en el ALBA, ni tampoco Rusia. ¿Cómo me ha llevado a este punto un imbécil que dice que saldría de la UE para entrar en el ALBA?”. Me parece bastante interesante que cuando se le vinculó a Venezuela marcara distancias con Rusia e Irán, los otros dos polos del bloque geopolítico rival de Occidente en la Nueva Guerra Fría. Es decir, Mélenchon entiende que hay un eje Rusia-Irán-Venezuela y él simplemente defendía un acercamiento al ALBA como parte de la política francesa para sus territorios en el Caribe.

Viñeta de Plantu de 2011: Le Pen y Mélenchon, populistas. Vía Gilles Klein.

Le Pen y Mélenchon comparten una visión rupturista del lugar de Francia en el orden geopolítico  Ambos son contrarios a la OTAN y en distinto grado a la Unión Europea. Pero además, comparten una visión parecida sobre el papel del Estado en la economía y el libre comercio. Además, son considerados políticos populistas. Yo los considería a ambos nacional-populistas. Rubén Amón escribió en El País, para escándalo de muchos, que Le Pen y Mélenchon eran “extremadamente iguales”. La cuestión entonces es, ¿es suficientemente explicativo el eje izquierda-derecha para entender la posición de los candidatos franceses?

Arco izquierda-derecha de los candidatos en Francia. Imagen vía Julian Röpcke.

Los cinco candidatos más votados el pasado domingo aparecen en el anterior arco, que sigue el eje izquierda-derecha. Vemos en el extremo izquierdo a Mélenchon, que por cierto negó serlo. Tenemos a Benoît Hamon, candidato del Partido Socialista. En el centro, a Emmanuel Macron, otro ex-miembro del gobierno socialista con experiencia en el gobierno. Se presentó con una plataforma electoral propia, En Marche!. A continuación, encontramos a François Fillon del partido fundado por Nicolas Sarkozy. Como conté antes, Fillon disputó a Le Pen ser el candidato de Putin en Francia. Fillon además ha defendido una alianza de defensa europea que permita ser menos dependiente de Estados Unidos y cercana a Rusia. Por último, encontramos a Le Pen.

Andrés P. Mohorte hizo un repaso a las propuestas de los cinco candidatos en el blog Magnet. Me parece interesante fijarse en los epígrafes “Unión Europea, defensa y política exterior” y “Política macroeconómica” del artículo, donde Le Pen y Mélenchon coinciden. En cambio, en temas como inmigración y justicia social mantienen posturas opuestas. La elección de unos u otros ejes nos permite decir que Le Pen y Mélenchon tienen mucho en común o nada en común. El artículo incluye una tabla que ayuda a visuarlizarlo.

Fuente: Magnet.

Ya sabíamos a estas alturas que el eje derecha-izquierda se muestra limitado para presentar la complejidad de las posturas ideológicas. Agrupando varios temas, podemos crear mapas ideológicos bidimensionales. Foreing Policy creó la siguiente matriz:

Vemos que Le Pen representa el nacionalismo económico e identitario. De ahí, que el ministro ruso Lavrov la definiera acertadamente como “antiglobalista”. El candidato con más votos, Emmanuel Macron, se encuentra en el extremo opuesto: Globalista en lo económico y en lo identitario. Un detalle curioso. Trabajó entre 2008 y 2012 en el banco Rothschild & Cie. Los Rothschild son una dinastía de banqueros judíos que aparece recurrentemente en los relatos conspiranoicos de la ultraderecha antisemita. Así que el globalista Macron, que trabajó para un banco de la familia Rothschild, tiene que ser la quintaesencia de lo que odian. Más si tenemos en cuenta que los mercados europeos reaccionaran tan positivamente a la victoria de Macron.

Mi conclusión es que es significativo que tres años después de haber planteado el concepto de Nueva Guerra Fría, asciendan en Europa fuerzas políticas con carácter nacional-populista, hostiles a la OTAN y la Unión Europa mientras coinciden todas en proponer alianzas de sus países con el bloque geopolítico de Rusia y/o sus aliados. En España tenemos un caso así. Véase el punto 327 del famoso programa político maquetado como un catálogo de Ikea.

Por último, de la misma manera que se pueden componer diferentes ejes ideológicos en los que las mismas fuerzas políticas aparecen cercanas o en extremos opuestos, según los temas elegidos, el dilema que se le plantea a los votantes franceses ha sido interpretado como una disyuntiva clara o irrelevante. Es decir, hay quien considera que el centrista Macron y la ultraderechista Le Pen representan cosas muy diferentes. Incluso más de uno aplica el criterio “cualquier cosa menos Le Pen”, como algún líder comunista en Francia o el periodista Antonio Maestre en España.

Otros consideran que el “neoliberal” Macron y la ultraderechista Le Pen son lo mismo. Y por tanto, no hay tal disyuntiva. Es más, desde la ultraizquierda alguno considera que la “antiglobalista” Le Pen, como Donald Trump, es preferible a un candidato del establishment. Hoy lunes ha sido un día de chistes en Twitter al respecto. Me llamó la atención un argumento. El fascismo es “hijo del liberalismo”. Años de austeridad económica en Francia habrían provocado tal malestar social que ha permitido el ascenso electoral del Front National de Marine Le Pen. A continuación una encuesta sobre las razones principales del voto a Le Pen: Inmigración, lucha contra el terrorismo y la seguridad de las personas y bienes. Ningún tema económico.

Imagen vía Politbot.

Ahora, es de esperar que la concentración del voto en Macron bajo la consigna “cualquiera menos Le Pen” dará la victoria al centrista Macron y la Unión Europa dará un suspiro de alivio. Una victoria de Le Pen y la posible salida de Francia de la Unión Europea dejaría malherido al proyecto europeo para regocijo de Vladimir Putin. Cuando planteé el concepto de Nueva Guerra Fría me contestaron que Rusia no podía permitirse entrar en una carrera armamentística con Occidente. Era una objeción equiparable a aquella pregunta de Stalin: “¿Dónde están las divisiones de carros de combate del Papa?” La lluvia de desinformación rusa y la financiación de partidos políticos han resultado ser armas más poderosas.