“Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979” de Tom Cooper

La británica Helion & Company y la sudafricana 30º South Publishers tienen una colección de historia militar dedicada a conflictos en África después de la Segunda Guerra Mundial, Africa @War, que alcanza ya los veinte libros. Aquí reseñé títulos como Great Lakes Conflagration: The Second Congo War, 1998-2003 de Tom Cooper o Biafra: The Nigerian Civil War, 1967-1970 de Peter Baxter en busca de fuentes sobre las guerras posmodernas en África y sus precursoras.

Wings over OgadenMi última adquisición es Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979 de Tom Cooper, autor especializado en aviación militar y fuente importante para mí sobre conflictos contemporáneos. Se trata de una guerra prácticamente convencional y me interesé por él leyendo sobre historia de Yemen, ya que la República Democrática Popular de Yemen o Yemen del Sur tuvo su pequeño papel. El desencadenante de la guerra fueron las aspiraciones de Somalia sobre la región etíope de Ogadén, de población somalí. El régimen somalí aprovechó la inestabilidad producida en Etiopía tras un golpe de estado que degeneró en el Terror Rojo y llevó al poder a la junta militar conocida como el Derg (Comité). Etiopía había sido hasta ese entonces aliada de Occidente, mientras que Somalia era aliada de la Unión Soviética. De hecho, la columna vertebral de la fuerza aérea etíope eran los F-5E Tiger II y F-5A Freedom Fighter de origen estadounidense. Sus pilotos habían recibido también formación en Estados Unidos. Sin embargo, tras el cambio político, Etiopía se acercó a la Unión Soviética. Por su parte, previamente a la guerra, el régimen somalí vio frustrados sus planes de rearme por la negativa occidental de proporcionar armas en el contexto de una animosidad regional contra otro aliado. Así que el régimen somalí se volvió hacia Moscú para dotarse de las armas que Occidente le había negado. De esta manera, en el momento del estallido de la guerra, la Unión Soviética se encontró en la difícil posición de estar en medio de una guerra entre dos aliados.

Ogadén

Según Tom Cooper, la profesionalidad de la fuerza aérea etíope era elevada con estándares de profesionalidad alta. Esa profesionalidad y la superioridad en capacidades de los F-5 etíopes frente a los MiG-21 y MiG-17 somalíes les permitió alcanzar la superioridad aérea durante la guerra y poner en jaque las líneas logísticas somalíes, muy extensas en la gran extensión de territorio etíope conquistado. La guerra alcanzó una especie de impasse ante el agotamiento de ambas partes, momento en que ambos gobiernos negociaron con Moscú la reposición de suministros y la compra de más armamento. La Unión Soviética quiso una negociación entre ambas partes que le hubiera permitido consolidar un triángulo de aliados en torno al estrecho de Bab El-Mandeb (Etiopía, Somalia y R.D.P. del Yemen), pero el régimen somalí se negó a renunciar a sus ganancias territoriales dentro de Etiopía. Finalmente, Moscú se decantó por Etiopía, que recibió así materiales, instructores y asesores soviéticos y cubanos junto con cierta ayuda material de R.D.P. del Yemen. Toda ese apoyo permitió a Etiopía lanzar varias ofensivas que hicieron retroceder la invasión somalí hasta alcanzar las fronteras iniciales. La elección soviética de Etiopía como aliado preferente en la zona llevó al régimen somalí a cortar relaciones con Moscú y alinearse con Occidente.

El libro, dado su título, se centra en la dimensión aérea de la guerra y dedica una extensión importante al nacimiento, evolución y consolidación de la fuerza aérea etíope. El autor se nutre para ello del testimonio de varios pilotos etíopes que contrasta repetidamente con las fuentes escritas disponibles sobre el tema. Hay que destacar que en un relato previo de la guerra, Cooper achacaba la excelencia de la fuerza aérea etíope a la presencia de personal israelí que en este libro se desmiente. Otro aspecto interesante de la guerra al que el libro pretende aportar luz es al papel de los asesores cubanos y soviéticos, además de la toma de decisiones del estado mayor conjunto dirigido, en teoría, del general soviético Petrov. Según Cooper, los etiopíes  terminaron por tratar de mantener al margen a Petrov y trabajaron más estrechamente con los cubanos. Aunque se le menciona brevemente, destaca el papel del general Ochoa, que llegaría a ser el jefe de la misión militar cubana en Angola y víctima de una purga castrista en 1989 (Véase al respecto Dulces guerreros cubanos de Norberto Fuentes).

Crescent of Crisis

El contexto histórico de esta guerra son los momentos previos a la llamada Segunda Guerra Fría, la fase de creciente tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la primera mitad de los años 80. La invasión soviética de Afganistán, la Revolución Iraní, el asalto a la Gran Mezquita de la Meca y el cambio de alineamiento de Etiopía convirtieron al área que lo engloba en una única región en el imaginario geopolítico de Estados Unidos. Así, en marzo de 1980, el gobierno de Carter creó la Rapid Deployment Joint Task Force (RDJTF) para actuar en la zona. Sería el germen para el nacimiento en 1983 del mando regional central (CENTCOM), que abarcaba originalmente desde Kenia a Afganistán, aproximadamente la región definida por Zbigniew Brzezinski como el “arco de crisis” y que reaparecería en su libro El Gran Tablero Mundial de 1997 como la “zona mundial de filtración de la violencia”. La lección aquí para el presente contexto es que los avances de Moscú, que aparentemente le colocan en posiciones de ventaja geoestratégica, no llevan necesariamente a victorias en el largo plazo. Y como en el caso de Estados Unidos en 1980, habrá que estar muy atentos al cambio de gobierno que sin duda traerá cambios en la política exterior.

Finalmente, como otros libros de la colección, en este encontramos muchas fotografías pero de poca calidad,algo que se perdona dado los oscuro del tema. Algo que además he notado es que, como los últimos libros de la colección, el papel ya no es satinado. Ese descenso de la calidad del papel lo achaco a problemas de la editorial, que no ha parado de retrasar una y otra vez el lanzamiento de libros sobre tan interesantes como los dedicados a Executive Outcomes, las Toyota Wars en Chad y la perspectiva de Eeben Barlow sobre la guerra en África, que tenían que haber salido en el verano de 2015.

Cómo el fundador de Blackwater y un puñado de contratistas redujeron la piratería en Somalia

oil_resources_1085549ePuntland es una región autónoma de Somalia de la que partían la mayoría de los piratas somalíes. En el año 2010 las autoridades locales crearon la Puntland Maritime Police Force (PMPF) con la intención de combatir a la piratería en tierra, una de las medidas que gobiernos y expertos apuntaban como imprescindible para solucionar el problema. Pero las autoridades de Puntland no tenían recursos suficientes para convertir a la PMPF en una fuerza eficaz y con medios suficientes. En esto, en Emiratos Árabes Unidos llegaron a la conclusión de que era necesario combatir a la piratería en tierra y se recaudaron varios millones de dólares para llevarlo a cabo. El dinero fue destinado a la PMPF. El entrenamiento de sus miembros fue llevado a cabo primero por una empresa sudafricana que había formado parte del conglomerado empresarial en torno a la ya mítica Executive Outcomes y luego por una empresa con sede en E.A.U. a la que estaba vinculado el mismísmo Erik Prince, fundador de Blackwater.

PMPF-training

La PMPF demostró ser eficaz y realizó operaciones arriesgadas, como el rescate a cañonazos de los tripulantes de un carguero que llevaba tres años en manos de los piratas. Pero la presencia de contratistas privados en el país resultó ser inaceptable para Naciones Unidas y ejerció presiones. Como en otras ocasiones, Naciones Unidas prefirió la inacción ante un problema que la solución que proporcionan las empresas militares privadas.

Las historia de la Puntland Maritime Police Force y la reducción de la piratería en Somalia es mi historia de esta semana para Sesión deControl: “El ocaso de la piratería somalí”.

Cooperación Militar para el Desarrollo

Dale pescado a alguien y comerá un día. Enséñale a pescar y comerá toda su vida. Pero si le ayudas a acabar con la guerrilla islamista traerás estabilidad de una vez por toda al país.

A alguien se le tenía que ocurrir tarde o temprano. Bancroft Global Development, con sede en Sudáfrica y registrada en EE.UU. como organización sin ánimo de lucro, prestaba servicios de desminado en países en guerra. Un sector desconocido pero existente de O.N.G.s trabajando en los Balcanes o Angola dedicada a acabar con los campos de minas.

Cuando las fuerzas de la Unión Africana en Somalia, formada por tropas de Uganda y Burundi, empezó a sufrir ataques con terroristas suicidas, coches bombas y artefactos explosivos colocados al borde de la carretera, contrataron a Bancroft Global Development para formar a los soldados a luchar contra las nuevas amenazas. Un asunto en el que las guerras de Afganistán e Iraq han generado un extenso cuerpo de conocimiento.

Los miembros de Bancroft Global Development ha entrenado a los soldados de la Unión Africana en lidiar con los artefactos explosivos, combate en áreas urbanas y pronto lo harán en el empleo de francotiradores. Entre ellos se encuentran estadounidenses, un ex-Royal Marine británico, un politólogo danés y un antiguo lugartaniente de Bob Denard.

Las cosas están en Somalia y las milicias integristas se han retirado de la capital. Por primer vez en años Mogadiscio está en manos de las fuerzas del gobierno. Queda lugar para la esperanza.

Desmitificando la piratería en Somalia

Una semana después de que El Mundo publicara un artículo sobre la privatización de la seguridad de los pesqueros españoles, en el que aparezco citado, y de vuelta a la rutina veo que el secuestro del atunero Alakrana sigue pendiente de resolverse.

Me ha llamado la atención encontrar no uno, sino dos artículos sobre el asunto escritos desde la óptica de la izquierda perro-flauta en el diario Público. Qué esperar de esa izquierda que vive confortablemente en el mundo desarrollado y siempre encuentra alguna realidad que retorcer para así aplaudir a un tirano, un terrorista o un simple criminal.

El argumento de que los piratas somalíes son depauperados pescadores no cuadra con el dato de que los pesqueros no son más que una escasa minoría de los barcos que sufren ataques. Según el informe anual del ICC International Maritime Bureau del total de 293 barcos que sufrieron ataques en 2008 sólo 9 eran pesqueros. Habría que desglosar las estadísticas por cada región del mundo. Pero estoy seguro que en el área del Cuerno de África las proporciones resultantes serían las mismas.

Más aún, la idea de que los piratas somalíes actúan como reacción a la explotación de los recursos pesqueros de la ZEE somalí tendrá sentido si fuera dentro del radio de 200 millas náuticas en donde tuvieran lugar los ataques piratas. Pero un vistazo a la distribución geográfica de los ataques rápidamente desmiente el bulo. Ahí está el ejemplo del carguero chino secuestrado a 700 millas de la costa de Somalia. Algo así sólo es posible por el uso de barcos-nodriza desde los que lanzar el par de lanchas que emplean los piratas en la mayoría de los ataques.

El mapa de la localización de los ataques piratas refleja otra cosa importante: La mayor concentración de ataques se produce en el Golfo de Adén, en el corredor de entrada y salida del Mar Rojo. Por allí pasa el tráfico marítimo que conecta Europa y el Mediteráneo con el Golfo Pérsico y Asia Oriental. La respuesta internacional ha sido tratar de concentrar todo el tráfico en una ruta prefijada a la que proporcionar especial vigilancia a la vez que procurar reunir convoyes de barcos.

Por otro lado la dispersión de los ataques piratas en la cuenca somalí refleja lo tremendamente atomizado que es el tráfico de buques en la zona. Lo mismo podría decirse de la actividad de los atuneros en la zona. Esa es la principal razón de lo difícil que se le presenta a la misión europea dentro de la Operación Atalanta solventar el problema de la piratería que afecta a los pesqueros españoles. Sólo seguridad in situ en los barcos puede ser una solución viable, tal como apuntábamos en una columna de opinión en InfoDefensa.com

Hasta ahora el uso de seguridad privada suficiente y eficaz en los atuneros españoles pasaba por la superación de los límites legales de la Ley de Seguridad Privad española. En primero luegar fueron el secretario de Estado de Defensa, el secretario general del Mar y el de Política de Defensa los primeros en hablar de un cambio de la ley. Ahora hizo lo propio el Ministro de Interior. Se avecinan tiempos interesantes.

[Actualización 27/10/2009: Corregido el enlace al artículo de El Mundo. Gracias al Tirador Solitario por el aviso]

El principio de acción y reacción en los Balcanes

-En 1993 Somalia sufría en proprociones bíblicas las calamidades del hambre y la guerra. El impacto mediático de la tragedia somalí llevó a EE.UU. a intervenir militarmente en el país bajo cobertura legal de de Naciones Unidas.

Entre el 3 y el 4 de octubre se desencadenaron combates en Mogadiscio en los que murieron 19 soldados estadounidenses, 73 fueron heridos y uno fue hecho prisionero. Desde la guerra de Vietnam ninguna unidad militar estadounidense había sufrido tres cuartas partes de bajas entre muertos y heridos. El impacto mediático de la debacle llevó a la retirada de las fuerzas estadounidenses del país.

-En abril de 1994 se desencadenó lo que conocemos como el Genocidio de Ruanda. A pesar de las peticiones del comandante de la misión de Naciones Unidas en Ruanda (UNAMIR) la comunidad internacional fue incapaz de articular ninguna respuesta adecuada y a tiempo. Ningún país quiso volver a comprometer soldados para un oscuro conflicto en un pequeño y olvidado país africano.

-En julio de 1996 más de 8.000 bosnios musulmanes fueron masacrados en la ciudad de Srebrenica a pesar de la presencia de 400 cascos azules holandeses que supuestamente defendían lo que Naciones Unidas habían declarado “safe area”.

-Entre el 24 de marzo y el 10 de junio de 1999 diversos países miembros de la OTAN (incluída España) participaron en una campaña de bombardeo sobre la llamada entonces República Federal de Yugoslavia, en respuesta a la campaña de represión de las autoridades de Belgrado sobre la mayoría albanesa de la provincia de Kosovo.

Recomiendo la lectura de:

“A postmodern declaration” de John Laughland en The Guardian.

Y el blog de Francisco Veiga, un habitual de mis estanterías de libros.

De barcos y honra

Un apunte breve ante lo que informa el Diario Vasco sobre un viejo tema:

Los armadores de la flota atunero congeladora vasca quieren que una fragata de la Armada española se dirija al caladero de Somalia este verano y que se abra la pesca por dentro de las 200 millas, para reanudar las capturas en este rico caladero. […] Un total de 25 grandes barcos atuneros congeladores vascos y gallegos, de las asociaciones Anabac y Opagac, operan en aguas internacionales de la zona y necesitan del apoyo de la fragata porque no se fían de los piratas. Cerca de medio centenar de ataques –afortunadamente fallidos– certifican la peligrosidad de estas aguas. […] La gota que ha colmado el vaso ha sido el ataque a un palangrero que ha hecho solicitar al PNV en el Congreso protección ante estos desmanes. Con los votos de todos los grupos parlamentarios, salvo el voto en contra del PSOE, se aprobó el envío de la fragata.

Se constata que:

-Aunque a la mayoría le suene a chino los temas de este blog, la transformación de los conflictos armados y en este caso la aparición de grupos armados allí donde hay un estado colapsado afecta radicalmente los intereses y la vida de españoles por lejos que sea el lugar de los hechos.

-Con una derecha que entiende la defensa nacional de una forma ensimismada en Ceuta y Melilla y una izquierda en pos de ¿la paz mundial? la primera línea de defensa de España y los españoles empieza en lugares muy lejanos.

-Que siempre resulta irónico la apelación que hacen los partidos nacionalistas periféricos al gobierno central de España a que acuda en socorro de paisanos en apuros con medios y personal de instituciones armadas al servicio del estado que no podrían pasearse tranquilamente de uniforme por según qué sitios.

-Que EE.UU. y aliados en la Operación “Enduring Freedom” en el Cuerno de África tiene desplegada la Combined Task Force 150 en la zona.

-Que España estuvo vinculada a esa operación en ese lugar concreto y que el actual gobierno ordenó la retirada de fuerzas.

-Y que a veces uno se pregunta de qué sirve reflexionar sobre el mundo de las guerras posmodernas y la transformación de ideas, medios y organización necesaria en la defensa nacional si quien toma las decisiones en última instancia no está por la labor de defender nada.

Apuntes sobre la guerra en Somalia

1. Mi profesor de Ciencia de la Administración nos decía “quienes protesta diciendo que la sanidad pública en España les parece tercermundista no se paran a pensar que en el Tercer Mundo ¡no hay sanidad pública!”. Y es que vivimos en el mundo desarrollado dando por supuesto muchas cosas, como por ejemplo la figura del Estado. Lo que en Europa fue el resultado de un largo proceso que arrancó con el fin de la Edad Media, tomó carta de naturaleza con el Absolutismo y se consolidó con la Revolución Industrial (la Modernidad, al fin y al cabo) fue impuesto al resto del planeta con desigual fortuna. Tenemos banderas, himnos, monedas, sellos y selecciones nacionales de fútbol. Pero si en el mundo desarrollado tenemos tecnócratas, burócratas y servicios públicos, en muchos lugares del mundo sólo existe un cascarón vacío con el vitalicio presidente repartiendo cargos entre allegados tan ineptos como corruptos. Cuando las superpotencias cortaron el maná a los aliados del mundo periférico que habían servido de tablero de juego de la Guerra Fría muchas de esas entelequias se colapsaron. Una de ella es Somalia (*).

2. Sin un poder central fuerte los estados fallidos caen en un caos hobessiano del que emergen señores de la guerra, milicias locales y bandidos que controlan un fragmento del país con la legitimidad que proporciona un fusil de asalto Kalashnikov. Sin el imperio de la ley los estados fallidos se convierten en ruta de paso de tráficos ilícitos. Con el tiempo el pillaje, la piratería y el contrabando pasan de ser la fuente de financiación de la banda armada de turno a la mera razón de su existencia. La guerra se convierte en una extensión de la economía por otros medios.

3. Fuera del mundo desarrollado las aspiraciones vitales de las personas son las mismas: Poder desempeñar una actividad que les permita ganar la vida y poder vivir en su comunidad sin que un muyahidín, un sobel o malandro amenace su vida y sus propiedades. De ahí que surjan, a falta del Estado, quienes consigan aprobación y respaldo imponiendo orden y justicia, por muy totalitario que sea el primero o brutal que sea la segunda.

4. Somalia jugó su papel, cambio de alineamiento incluido, en la Guerra Fría por la importancia estratégica de su posición geográfica. Desaparecida la URSS, dejó de hacer falta contrarrestar a sus aliados en la zona. El país se convirtió en un juguete roto y abandonado. Las disputas políticas internas degeneraron en guerra civil que una parte del país aprovechó para independizarse. Ni la intervención de la ONU ni de EE.UU. sirvió para resolver la situación. Durante una década señores de la guerra, piratas y traficantes de qat fueron dueños de un país fragmentado según sus divisiones tribales. No es de extrañar que la Unión de Cortes Islámicas se conviertiera en la primera fuerza en dominar buena parte del país desde el comienzo de la guerra civil: No sólo se trataba de una coalición de tribunales de la sharia, sino de una fuerza política que supera las diferencias tribales.

5. En este río revuelto ha entrado a pescar Etiopía. No nos confundamos con el discurso elaborado para quienes sólo quieren saber sobre guerras contra el terrorismo. Etiopía tiene sus propios y antiguos intereses.

Como dijo aquel marine, agregado militar en Dushanbe, viviendo en directo la guerra civil de Tayikistán: “Si esto no es una guerra posmoderna, entonces no sé qué coño es una guerra posmoderna”

(*) Para los interesados recomiendo “África después de la guerra fría” de Mark Huband (aquí la edición original en inglés).