Siria, tablero geopolítico regional

10341552_10152073862296689_2762793447197036193_nMi colaboración de esta semana para Sesión de Control se titula “Lo que está en juego en Siria”. En ella explico como la guerra civil que sufre el país se ha convertido en el terreno de juego de los poderes regionales. Mientras la atención occidental se ha centrado en los grupos yihadistas y sus voluntarios extranjeros, Irán ha intervenido decisivamente junto con Hezbolá y milicias chiitas iraquíes. Es la internacionalización extrema de un conflicto que ahora parece quedar olvidado.

“The Way Of the Knife” de Mark Mazetti

TheWayOfTheKnife-cvrQuienes creen en las teorías conspirativas en torno a la política externa de Estados Unidos y sus operaciones secretas ignoran la abundante literatura de reportajes periodísticos y libros de testimonios personales que se publican continuamente. The Way Of the Knife de Mark Mazetti es uno de esos libros donde se cuentan los entresijos de operaciones clandestinas, negociaciones a puerta cerradas y se explica eventos que pasaron desapercibidos en su momento con una proliferación de detalles que jamás veremos en la obra de ningún periodista español. De ahí que el apartado de agradecimientos y el índice onomástico en estos libros sea siempre tan largo.

El libro cuenta cómo, tras el 11-S, el gobierno Bush dio rienda suelta al Pentágono y la CIA en su guerra global contra el terrorismo yihadista. Los problemas de coordinación entre ambas organizaciones, las fuerzas armadas y el servicio de inteligencia, llegó a que cada una asumiera funciones que entraban en el terreno de las responsabilidades de la otra. Así, las fuerzas especiales tras quejarse de la falta de información actualizada y puntual para sus acciones terminaron por montar sus propias operaciones de inteligencia en suelo extranjero. Por su parte, la CIA al recibir el mandato de localizar y eliminar terroristas, terminó creando equipos armados. En ambos casos, se recurrió a la iniciativa privada en un contexto de gasto descontrolado y falta de supervisión parlamentaria.

Del relato hecho en el libro me llamó la atención la continuidad de fondo entre los gobiernos de Bush y Obama, algo que debería disipar aún más la falsa imagen de presidente “blandito” que a muchos les gusta atribuir. Pero sobre todo me llamó la atención el papel de Pakistán y su servicio secreto, el Inter Service Intelligence, que podría calificarse de contradictorio y en el caso de algunos de sus ramas de directamente beligerante contra Estados Unidos y sus aliados en Afganistán. Algo que habrá que tener en cuenta algún día en la evaluación del fracaso occidental en Afganistán.

Lo que está en juego en Siria (2)

Resulta siempre sorprendente y descorazonador cómo un conflicto armado cuando se prolonga “demasiado” puede caerse de los temas de actualidad. Recuerdo que en el verano de 2011 la guerra civil libia pasó a un segundo plano y más de uno se preguntó si había merecido la pena intervenir allí. Luego, la caída de Trípoli pilló a todos por sorpresa.

Creo que quién mejor ha sabido recoger la situación en Siria es el blog de noticias satíricas The Duffel Bag. En abril de 2012 titulaba “El general Amos le pide a los rebeldes sirios que se trasladen al Pacífico”. Tras la salida de Iraq, la muerte de Bin Laden y los planes de repliegue de Afganistán el Pentágono tenía prisa por cerrar la década de “guerra global contra el terrorismo” para volver a los buenos viejos tiempos de la guerra convencional, centrando su atención en el área Asia-Pacífico. El auge chino se ha convertido en la perfecta excusa para desarrollar costosísimos sistemas de armas orientados a la guerra convencional. La broma de The Duffel Bag era que si los rebeldes sirios querían estar en el radar del Pentágono, mejor montaban su guerra en Asia.

Lo que no se puede negar es que la experiencia libia pesó a la hora de afrontar la crisis siria en sus inicios. La caótica y violenta postguerra en Libia se convirtió en un mal presagio de lo que podría suponer hacer caer el régimen de Assad, que como en el caso de Saddam en Iraq, había mantenido unido con puño de hierro un estado multiétnico y multiconfesional que los europeos trazaron sobre un mapa al término de la Primera Guerra Mundial. Pero la indecisión occidental de intervenir en Siria es secundaria frente a las circunstancias que los pacifistas y humanistas de última hora, que se han escandalizado porque el “imperialismo yanki” quiere “iniciar una guerra” en Siria para proteger sus “intereses económicos”, han pasado por alto. Al contrario que en el caso de Libia, la idea de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que autorizase una intervención en Siria es imposible por el inevitable bloqueo de Moscú. Siria fue un aliado de la Unión Soviética y el vínculo especial fue heredado por Rusia, que tiene en el régimen de Assad un buen cliente para su industria de armamento y cuenta en el puerto de Tartus con la única base logística en el Mediterráneo para la armada rusa. (Siempre me quedará la duda de si la carta blanca que parte de la izquierda occidental le ha dado al neoimperialismo ruso se debe a la ignorancia, la hipocresía o la simple estupidez). Supongo que si finalmente el ataque contra el régimen de Assad se produce, no faltarán en Internet largos y sesudos analisis que achacarán la intervención estadounidense al paso de oleoductos por el país o a que el socialismo árabe del partido Baaz es una intolerable alternativa al modelo de la globalización neoliberal.

Siguiendo con la parodia, Duffel Bag anunciaba que Obama enviaría dos batallones de jugadores de airsoft a Siria como parte de una forma de pretender que su administración tiene una política para el conflicto. Podemos tener claro que un ataque punitivo puntual no tendrá un efecto decisivo en el conflicto y puedo que sirva para calmar alguna conciencia. El problema es que el momento de intervenir ya pasó. La acción de la OTAN en Libia llevó a la población de Bengazi a ondear banderas de Francia (y España). Cuando un grupo yihadista atacó instalaciones diplomáticas estadounidenses, muriendo el embajador estadounidense en Libia y un técnico informático, la población de Bengazi reaccionó de nuevo con una manifestación de repulsa. A pesar de la inestabilidad política y la violencia, la guerra civil en Libia no contagió a Europa como lo hizo la guerra civil argelina con lo que fueron los antecedentes a los atentados del 11-M. En Siria, en cambio, ha ocurrido como en Bosnia. A falta de apoyos externos, han llegado voluntarios yihadistas con la experiencia militar, recursos económicos y apoyos externos que les faltan a otros gurpos rebeldes seculares. Las atrocidades cometidas por los yihadistas contra las minorías alawitas, kurdas y cristianas no sólo harán más difícil la reconciliación postbélica, con cada grupo acumulando agravios contra otros, sino que constituyen una guerra dentro de la guerra. Si mañana cayera el régimen de Assad sólo veríamos el comienzo de la segunda fase de la guerra civil siria.

[Ver Parte 1 y Parte 3]

Lo que está en juego en Siria

La guerra civil siria estalló, como la guerra civil libia, con revueltas populares cuya dura represión por parte del régimen de Assad generó un ciclo de acción y reacción que llevó a una parte del ejército declararse en rebeldía y denominarse el Ejército Sirio Libre. Pero al contrario que en Libia, no acudió la comunidad internacional al rescate de la población civil y de los rebeldes. El Ejército Sirio Libre terminó por convertirse en un mero nombre bajo el que se aglutinaba una miríada de organizaciones (seculares, islamistas sunníes, kurdas, cristianas…) que hacían la guerra cada uno por su cuenta y que han terminado peleando entre ellas.

El año pasado, el gobierno de los Estados Unidos advirtió que el empleo de armas químicas sería considerado una “línea roja” a no cruzar por el régimen de Assad y que en tal caso tomaría represalias. No deja de ser paradójico que en una guerra que ha producido ya más de 100.000 muertos y dos millones de refugiados, donde el régimen de Assad ha atacado poblaciones civiles indiscriminadamente con todo tipo de armamento, el empleo de un determinado tipo de armamento se considere una “línea roja”. Los civiles muertos por cohetes “Grad” de 122mm. o bombas de caída libre FAB-500 no están menos muertos que las víctimas de ataques con agentes neurotóxicos que fuentes de Médicos Sin Frontera en Siria dicen haber tratado.

Como ha dicho el general ruso Evgueni Buzhinski, “Obama se arrinconó a sí mismo”. “Él mismo se impuso esta ‘línea roja’ y ahora no puede ceder o quedará claro que sus palabras no valían nada, que sus amenazas no cuestan ni un centavo”. La posible intervención en Estados Unidos en Siria pone en juego la credibilidad de Obama.

Está por ver el alcance de las operaciones militares estadounidense contra el régimen sirio. En estos casos el guión habitual marca la destrucción de centros de mando y control, defensas aéreas y bases aéreas. La destrucción de almacenes de armas químicas sería contraproducente por las posibles emanaciones. En el corto plazo no veremos ningún resultado. Pero la destrucción de la aviación siria daría algún respiro a los rebeldes. Pero sobre todo, la destrucción de helicópteros, aviones de transporte e infraestructuras aéreas en Damasco cortaría el hilo vital que permite al régimen mantener abastecidas las guarniciones aisladas, además de recibir suministros de Irán.

Lo que sin duda podemos tener claro es que una operación militar de represalia contra el régimen de Siria no es sustituto para una falta de política occidental para Siria.

[Ver Parte 2 y Parte 3]

Carter, Reagan, Obama y los mitos de la política exterior

Una amiga me contó que, en un seminario al que había asistido, explicaron cómo el blando de Jimmy Carter cedió en todo frente al régimen de los ayatolás y tuvo que venir el duro de Ronald Reagan para poner firmes a los iraníes, que entonces entregaron a los rehenes de la embajada. Después de haber leído Guests of the Ayatollah de Mark Bowden, con sus 634 detalladas páginas, me sorprendió el descaro con el que se puede tergiversar la historia con fines partidistas. La cuestión es que Jimmy Carter intentó una solución militar a la crisis de los rehenes de la embajada en Teherán. Salió mal por un accidente resultado de una mala planificación y a las limitaciones tecnológicas de aquel entonces en una operación tan compleja. De hecho, las fuerzas armadas estadounidenses realizaron cambios y reformas después de aquel fiasco. Si la Operación “Eagle Claw” hubiera salido bien, hoy se recordaría la presidencia de Jimmy Carter en otros términos.

Operación Eagle ClawDespués del fracaso de la operación militar, las negociaciones con Irán se endurecieron. Carter tuvo que ceder en descongelar los fondos iraníes depositados en bancos estadounidenses mientras el régimen de Teherán alargaba la crisis para que su resolución tuviera lugar después del fin del mandato de Carter. Ciertamente Carter fue percibido por el electorado como un presidente débil y titubeante. Pero eso no corresponde con el perfil personal de alguien que fue oficial de la U.S. Navy y corrió riesgos personales en los trabajos de limpieza de un reactor nuclear experimental accidentado. Pero sobre todo, Jimmy Carter fue el presidente que tomó acciones agresivas como el envío de ayuda a los insurgentes afganos meses antes de la invasión soviética.

Cuando el presidente Ronald Reagan asumió la presidencia se encontró con la crisis de los rehenes resuelta. Pero lo tocó vivir su propia crisis de rehenes en el Líbano. ¿Cómo trató de resolverla el duro Reagan? Pagando. Aprobó un primer pago de 200.000 dólares para tratar de lograr la liberación de David Jacobsen (director del Hospital Universitario Americano) y William Francis Buckley (jefe de la CIA en Beirut). El dinero se entregó y no sucedió nada. La liberación de seis rehenes en el Líbano llevó al plan de vender clandestinamente misiles anticarro TOW y misiles antiaéreos HAWK a Irán, con la colaboración de Israel, para lograr que las autoridades de Teherán intercedieran ante los grupos libaneses. Cuando la operación se puso en marcha los beneficios comerciales se destinaron a financiar la “Contra” nicaragüense. La ruta aérea de suministros a la “Contra” se convirtió en vía de entrada de la cocaína colombiana, algo que la CIA consintió como un mal menor. Todo ello, hay que recordar, mientras Estados Unidos apoyaba a Iraq en su guerra contra Irán (lo que incluyó la venta de tecnología para armas bacteriológicas). El gobierno de los Estados Unidos terminó por ofrecer información sobre las fuerzas iraquíes a Irán como gesto de “buena voluntad” mientras ofrecía información sobre las fuerzas iraníes al régimen de Saddam Hussein.

Rumsfedl recibido por Saddam Hussein en Bagdad
Rumsfedl recibido por Saddam Hussein en Bagdad

El conocimiento del presidente Reagan en todo esta enorme trama es materia de debate. Y atraviesa el relato de Bob Woodward en un libro muy interesante sobre aquel período: Veil: The Secret Wars of the CIA, 1981-1987. Sea como fuera, o Reagan la autorizó o permitió que la CIA jugara por libre. Su lista de hazañas es corta. Ordenó invadir una isla, Granada, que tiene la mitad de tamaño que la isla de La Palma. Reagan se implicó en la guerra civil libanesa y salió escaldado: Atentados terroristas, secuestros y el fiasco de los bombardeos aéreos de castigo en torno a Beirut. Por eso es tan divertido ver a Chuck Norris en Delta Force. Es un psicodrama dirigido al público estadounidense.

Reagan ordenó atacar Libia (un país de 3 millones de habitantes) tras un atentado en Berlín y ordenó apoyar a los muyahidines afganos para frentar el expansionismo soviético cuando la realidad es que Moscú sólo pretendía estabilizar Asia Central pero la crisis afgana se le escapó de las manos. Su gran logro en política exterior, el fin de la Guerra Fría, se debió a la debilidad interna de la Unión Soviética que terminó provocando su colapso. Fue proteccionista en lo económico y la expansión del gasto militar fue en la práctica un paquete de estímulo keynesiano (Chrysler Corporation se salvó de la bancarrota gracias al desarrollo del carro de combate M-1 Abrams).

Reagan cabalgando un VelociraptorCómo un presidente así se convirtió en el gran mito de la derecha, un icono para ciertos liberales españoles, es uno de esos grandes misterios de la propaganda política que se me escapan. Pero si estos fenómenos pueden parecer cosas del pasado, sólo basta repasar los comentarios sobre la política exterior del presidente Obama antes de las elecciones presidenciales de 2012. Obama era el nuevo Jimmy Carter. El causante del ocaso del imperio estadounidense. Hasta que llegó el tercer debate con Romney. Brillante el montaje en el programa de Jon Stewart:

 

Sospecho que algún día miraremos atrás y veremos la presidencia de Obama considerando la continuidad de la prisión de Guantánamo y los ataques de drones en Pakistán, Yemen y Somalia. Lo curioso es que ya hay libros que explican el presente desde esa perspectiva: Confront and Conceal: Obama’s Secret Wars and Surprising Use of American Power y The Way of the Knife: The CIA, a Secret Army, and a War at the Ends of the Earth. Pero supongo que la creación de mitos es más potente.

Lo que Obama pedirá a Zapatero

Anoche me dio por ver las noticias para ver qué decían de la elección de Barack Obama. No parecía que acababa de ser elegido, sino que tras años de mandato Obama había encontrado la cura para el cáncer, cerrado el agujero de la capa de ozono y capturado él solito a Bin Laden con un palillo de dientes. Sospecho que en España se tienen expectativas infundadas sobre qué significará la presidencia de Barack Obama.

Leo en Kings of War:

Obama has already indicated that he will shift American resources to Afghanistan. What he must do now is pressure those European allies who are not pulling their weight now to get with the programme. The argument of some countries that the public distaste with the Bush administration has precluded their deeper involvent is no longer valid. The mission is inadequately resourced and it is nearing crunch time.

¿Qué cara pondrá Zapatero cuando Obama le pida más compromiso en Afganistán?

El Tirador Solitario se me ha adelantado antes de terminar de escribir esta entrada. Veo que estamos en la misma longitud de onda.