Episodios de la lucha contra el Narco en Argentina

En diciembre de 2013 escribí aquí “El narco se instala en Argentina”. Regresé al tema una año más tarda en Sesión de Control repitiendo inadvertidamente el título: “El Narco se instala en Argentina”. Supongo que esa mayúscula fue resultado de la lectura del libro El Narco de Ioan Grillo. Volví a interesarme por Argentina hace poco.

Foto: Gendarmería Nacional Argentina.

Mientras me documentaba para el artículo “El futuro urbano de la guerra irregular” vi una entrevista de Carlos Pagni a María Eugenia Vidal, gobernadora de la Provincia de Buenos Aires. En mi artículo mencioné el Gran Buenos Aires como ejemplo de megaciudad que suma más de diez millones de habitantes entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el conurbano con áreas marginales donde el Estado consigue imponer a duras penas la ley y el orden. Véase por ejemplo el reportaje de Hermán Zinn en “Una temporada en el bonaerense Fuerte Apache: los gendarmes”.

En la Provincia de Buenos Aires gobernaron los peronistas durante décadas y la victoria de María Eugenia Vidal fue una sorpresa pero también un síntoma del agotamiento del modelo kirchnerista de ultracorrupción y demagogia. María Eugenia Vidal se ha caracterizado por la lucha contra el crimen organizado y la corrupción dentro del seno de la policía de la Provincia, la “bonaerense”. En la entrevista con Carlos Pagni me llamó la atención sus afirmaciones contundentes que encajan en las ideas que transmití en mi artículo: “No había Estado”, dice para referirse a la situación que se encontró al principio de su mandato. “El Estado se retiró”.

Tiempo después de terminar el artículo me encontré con otra entrevista a María Eugenia Vidal, esta vez a cargo de Jorge Lanata. En la entrevista me enteré que Vidal se había tenido que ir a vivir a la Base Aérea Militar de Morón después de innumerables amenazas de muerte y un incidente con la escolta policial que custodiaba su casa. En la entrevista también apunta cómo con el cambio de gobierno en el país la lucha contra el narcotráfico ha empezado a cosechar éxitos que se miden por toneladas incautadas por primera vez en mucho tiempo. Por ejemplo, en dos operaciones del pasado mes de diciembre se incautaron 10.360 kilos de marihuana. Mientras que sin ir tan lejos, en el pasado mes de junio se incautaron dos toneladas de cocaína que se iba a enviar a Europa vía el puerto de Buenos Aires mientras que en dos operaciones en la Provincia de Buenos Aires se incautó seis toneladas de marihuana.

Hace pocos días encontré “Argentina: A New Narco Hub”, un artículo que recoge las conexiones con Europa de las organizaciones narcotraficantes argentinas y los recientes éxitos de las autoridades argentinas. La conexión atlántica se expande ahora más al sur.

El opio, Afganistán y los talibán

 ha entrevistado al historiador Alfred McCoy con motivo de la próxima publicación del libro In the Shadows of the American Century: The Rise and Decline of U.S. Global Power. McCoy es un crítico de la política exterior de Estados Unidos pero no se hace ilusiones sobre un mundo multipolar.

“So the US empire has been, and we’ve had our excesses, Vietnam, we could go on. Afghanistan. There are many problems with the US exercise of its power but we have stood for human rights, the world has had 70 years of relative peace and lots of medium size wars but nothing like World War I and World War II. There has been an increase in global development, the growth of a global economy, with many inequities, but nonetheless, transnationally, a new middle class is appearing around the globe. We’ve stood for labor rights and environmental protection. Our successor powers, China and Russia, are authoritarian regimes. Russia’s autocratic, China’s a former communist regime. They stand for none of these liberal principles.

So you’ll have the realpolitik exercise of power, all the downsides with none of the upsides, with none of the positive development. I mean we’ve stood for women’s rights, for gay rights, for human progress, for democracy. You know we’ve been flawed in efficacy, but we’ve stood for those principles and we have advanced them. So we have been, on the scale of empires, comparatively benign and beneficent. And I don’t think the succeeding powers are going to be that way”.

Me pareció interesante encontrar un autor crítico de la política estadounidense con una visión sobre Occidente y lo que puede llegar a ser el futuro mundo mutipolar parecida a la mía. Véase “¿El comienzo del fin del Imperio estadounidense?”“Occidente y el imperialismo del que puede”. Pero me dio bastante que pensar otra cosa.

Resulta que McCoy es célebre por haber estudiado el papel del narcotráfico en la guerra de Vietnam y luego cómo la insurgencia afgana se financió durante los años 80 con la producción de opio. En ambos casos, plantea McCoy, el narcotráfico se convirtió en un mal menor en el gran esquema de la Guerra Fría, por que se toleró porque era una fuente de financiación de aliados estadounidenses. En la entrevista, McCoy apunta que la rápida caída de los talibán en 2001-2002 se debió a que se habían ganado muchos enemigos con su política de erradicación de opio. Acudí a la Wikipedia y encontré esto:

In July 2000, Taliban leader Mullah Mohammed Omar, collaborating with the United Nations to eradicate heroin production in Afghanistan, declared that growing poppies was un-Islamic, resulting in one of the world’s most successful anti-drug campaigns. The Taliban enforced a ban on poppy farming via threats, forced eradication, and public punishment of transgressors. The result was a 99% reduction in the area of opium poppy farming in Taliban-controlled areas, roughly three quarters of the world’s supply of heroin at the time. The ban was effective only briefly due to the deposition of the Taliban in 2002.

La fuente que emplea la Wikipedia es una artículo académico titulado “Where have all the flowers gone?: evaluation of the Taliban crackdown against opium poppy cultivation in Afghanistan” y publicado en 2004. Cuenta McCoy que ahora la situación ha cambiado. Son los talibán los que se nutren del tráfico.

Well today, of course, that drug traffic has been taken over by the Taliban and it funds the bulk of the Taliban’s guerrilla operations, pays for a new crop of teenage boys to become fighters every spring, and we’ve lost control of that.

No me costó encontrar artículos al respecto. Por ejemplo: “How Opium Fuels the Taliban’s War Machine in Afghanistan” de Hashim Wahdatyar, publicado en The Diplomat en octubre de 2016. Entonces acudí a la lista de libros sobre Afganistán que tenía guardada en Amazon.co.uk y encontré que en algún momento del pasado me había interesado por el tema y lo había olvidado por completo. Por ejemplo, encontré que había guardado en mi lista el libro Seeds of Terror: How Drugs, Thugs and Crime are Reshaping the Afghan War de Gretchen Peters y que salió publicado en 2009 y tuvo una segunda edición actualizada en 2011. Y entonces me acordé que en su momento me llamó la atención los informes y propuestas sobre el cultivo de opio en Afganistán de un think-tank llamado Senlis Council, que resultó que cambió el nombre y ahora se llama International Council on Security and Development (ICOSD). Pero allí estaban informes y comunicados como este “The Taliban are winning the hearts and minds in Southern Afghanistan” de diciembre de 2006. En él se decía:

Destruction of Afghan opium crops has created a chain reaction of violence and poverty.

Así que ahí tienen un tema que parece relevante para entender el fracaso de Occidente en Afganistán y el auge de la insurgencia talibán, pero del que no había encontrado referencias en español.

La conexión atlántica

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La droga incautada al pesquero “Pacífico” es desembarcada en el Arsenal de Las Palmas tras una operación en la que participó el patrullero P44 “Tornado” de la Armada Española.

Leí hace poco Mares de cocaína de la periodista mexicana Ana Lilia Pérez. El libro trata de la rutas marinas del narcotráfico que llevan cocaína desde Sudamérica hacia Estados Unidos, Europa y Austalia. Llegué al libro interesado por las rutas atlánticas que conectan Sudamérica y África Occidental. La nueva ruta africana de la cocaína hacia Europa es un asunto del que hablé en “Un Flanco Sur Profundo: El arco de inestabilidad de África Occidental”, comunicación que presenté en un congreso académico en Granada en noviembre de 2008. En aquel entonces hablé del yihadismo y el narcotráfico como fenómenos diferentes. Años después de que llamara la atención sobre ellos, han convergido.

SahelMap-2La periodista Beatriz Mesa le dedicó un libro, La falsa yihad, al narcotráfico en el Sahel y explicó cómo los intereses económicos creados han convertido en aliados a políticos, militares y yihadistas. Según su análisis, el islamismo ha quedado como cuestión ideológica en segundo plano en el Sahel y se ha convertido en una excusa dentro de la guerra por las rutas de la droga. El Instituto Español de Estudios Estratégicos, con el que Beatriz Mesa colabora, ha dedicado varios documentos al narcotráfico en África Occidental, como “Terrorismo y Tráfico de drogas en África Subsahariana” (2013) y “La amenaza híbrida: Yihadismo y crimen organizado en el Sahel” (2014),

En el libro de Ana Lilia Pérez encontré que el origen de la coca que llega a las aguas de África Occidental es Perú, convertido ahora en el principal productor del mundo.

La coca se traslada por las rutas fluviales del Amazonas desde Perú a Brasil hasta alcanzar el Atlántico, que cruza hacia África Occidental por la famosa “Autopista 10”, la ruta que sigue el paralelo 10º. El narcotráfico se ha convertido en un problema de primer orden en África Occidental. El asunto llamó la atención a la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Crimen Organizado (UNDOC), que elaboró bastantes informes que empleé hace siete años en mi trabajo. La atención internacional se centró en Guinea Bissau, una de las principales puertas de entrada en África Occidental de la droga y que llegó a ser considerado potencialmente el primer narcoestado de África. Sin embargo, tengo la sensación de que el tema dejó de recibir tanta atención del a UNDOC, que no ha vuelto a publicar tantos informes monográficos. Alex Perry, periodista de Newsweek, cuenta en Cocaine Highway: The lines that link our drug habit to terror que tras el golpe de estado de 2012, la colaboración internacional se redujo y se suspendieron programas de lucha contra el narcotráfico. Hoy dos tercios de la cocaína que entra en Europa desde Sudamérica lo hacía vía África Occidental. Perry expone también la importancia de los grupos dedicados al narcotráfico en Mali y cómo la operación francesa contra el yihadismo ha pasado por alto el problema.

En Afganistán la lucha contra los talibán atravesó fases diferentes en cuanto a su relación con la producción de adormidera. Las campañas estadounidenses de erradicación de cultivos generó rechazo entre los campesinos más humildes que contaban con esos cultivos como importante fuente de ingresos en un país árido donde es difícil conseguir beneficios con otras cosechas. Tras reconsiderar el asunto, la vista gorda selectiva produjo un mecanismo de corrupción donde las autoridades locales recaudaban dinero para excluir tierras de las campañas de destrucción de cultivos. De cualquier manera, la “narco-yihad” se convirtió en un asunto fundamental dentro de la estrategia de contrainsurgencia. La lección para el Sahel es que la lucha contra el narcotráfico tiene que tener en cuenta los resultados a corto y medio plazo en el que se producen efectos inesperados que socavan la legitimidad de las autoridades.

Mi sensación es que el asunto del narcotráfico atlántico, tras un período de intensa actividad de informes oficiales, ha quedado relativamente olvidado en una nueva era de preocupación por la yihad en el Sahel. Echo en falta más literatura en español sobre el tema. Y en especial, sobre el eslabón que conecta dos temas que sí parecen ser conocidos ampliamente: La producción de coca en los países andinos y la yihad en el Sahel. En fin, otro tema que añadir a la lista de temas por abordar.

Por cierto, el próximo mes de marzo se estrena en el canal DiscoveryMax un reporte en forma de serie elaborado por David Beriain en Perú, Bolivia y Brasil titulado “Amazonas, el camino de la cocaína”.

El narco se instala en Argentina

Hace cosa de un año hablé aquí de los problemas económicos de Argentina, producto de la gestión de los gobiernos kirchneristas, que llevaban al país otra vez hacia el abismo. Tras las pasadas elecciones legislativas, que ganó la corriente “renovadora” del peronismo, Cristina Fernández de Kirchner cambió al ministro de Economía y ya se especula si el gobierno argentino llevará a cabo un plan de choque o tratará de aguantar como pueda los dos años hasta las próximas elecciones para que sea el próximo gobierno el que lo haga. De momento, Argentina está negociando las exigencias del FMI para poder recurrir una vez más en su historia a la deuda externa.

Estos días se han producido saqueos en ciudades de varias provincias argentinas coincidiendo con huelgas de la policía. Parece ser un fenómeno que se repite cada fin de año cuando algunos deciden hacer su particular versión de las compras navideñas. Otra año más también, vuelven las teorías conspirativas sobre una posible mano oculta detrás de los disturbios. Pero este año me ha llamado la atención las referencias hechas hablando de las causas de los saqueos a un problema que empieza a convertirse en estructural en Argentina: El narco.

gendarmeArgentina se ha convertido en el destino de narcos mexicanos y colombianos que huyen de la presión policial en ambos países. Ya en 2008 hubo noticias de cómo el país se estaba convirtiendo en un nodo del tráfico de metanfetamina. Ahora se trata de una nueva ruta de salida de la coca peruana y boliviana que aprovecha la falta de medios en el control de fronteras para este “desembarco narco”. Sin ir más lejos, los radares para el control del espacio aéreo no funcionan permanentemente y a falta de aviones de combate operativos que puedan cumplir misiones de policía aérea la Fuerza Aérea Argentina recientemente se decidió desplegar aviones de entrenamiento turbohélice T-34 Mentor de la Armada como parte del operativo Escudo Norte.

No se trata sólo de un problema de control del espacio aéreo. Las fronteras argentinas con Bolivia y Paraguay son muy porosas. A la Ruta Nacional 34, que va de la frontera con Bolivia hasta Rosario ya se la conoce como la Ruta Blanca. De hecho la violencia y el narcotráfico son notorios en las calles de Rosario. Así, en ese orden de cosas, la Conferencia Episcopal Argentina presentó recientemente el documento El drama de la droga y el narcotráfico donde se advierte que “la Argentina está corriendo el riesgo de pasar a una situación de difícil retorno”.

Mientras tanto, en Uruguay (el país menos corrupto de Iberoamérica según Transparency International) se aprobó el proyecto que legaliza la venta y habilita al autocultivo de marihuana. Hay que hacerle caso al dúo Igudesman & Joo.

Veinticinco días en Bogotá (II)

[Segunda entrega de nuestro enviado especial en Colombia, Gonzalo Martín]

La cocaína, esa sombra permanente

Salgo de Colombia por el aeropuerto de Cali. Una policía con uniforme de campaña propio del ejército toma mi pasaporte. Tiene muchos más en la mano. Me pregunta firme y mirando a los ojos que cuántos días llevo, qué he hecho en Colombia y cuál es mi profesión. Se queda mi pasaporte, me dice que continúe la inspección del equipaje de mano y me indica que, tras ello, me dirija a un espacio a la izquierda donde debo esperar que me devuelvan el pasaporte.

Paso mi equipaje de mano por el escáner, atravieso el arco de seguridad y otro grupo de policías y personal de seguridad privada me pasa un detector de metales por el cuerpo. Recojo mis bolsas y debo pasar una inspección manual: otro policía uniformado con más aspecto de militar que de guardia me abre y extrae todo (todo) el contenido de las bolsas. A diferencia de lo corriente en Europa, ni lleva guantes de látex ni pide al viajero que abra él personalmente las bolsas.

Me dirijo a ese rincón de la izquierda donde debo esperar el pasaporte. Tras un rato de espera, otras personas y yo pasamos a una habitación cerrada. Allí se nos explica que se trata de un procedimiento aleatorio de la unidad antiestupefacientes. En la sala hay una máquina inmensa. La funcionaria nos explica lo que tenemos que hacer: subir, ponernos de pie con cuidado de no caernos (francamente, el riesgo me pareció inexistente), abrir un poco los brazos y aguantar en esa posición mientras el suelo se movía y tu cuerpo pasa por las grandes torres metálicas del dispositivo. Desciendo y me piden, sólo a mi, que pase una segunda vez: repaso mentalmente mi discurso a la funcionaria y mi aspecto (desaliñado, cansado y con ropa muy gastada pero confortable para diez horas de avión) y caigo en la cuenta de ser un tópico sospechoso: un hombre solo saliendo de Colombia y pareciendo no ser lo que dice. Salimos todos los presentes indemnes de lo que debía ser una búsqueda de droga oculta en los intestinos.

La sala de espera es antigua y no excesivamente grande. El proceso de embarque se inicia con llamadas directas a personas que, en un primer momento, parece que se trata de solucionar asignación de asientos. Pero lo que sucede es sus maletas han sido retiradas y han de pasar una inspección manual, intensa y completa. Se abren al completo, se hacen tests químicos de los líquidos que portan. El proceso es larguísimo. Sentado en el avión el retraso se acumula y el comandante pide disculpas ante lo que califica como un procedimiento de seguridad ajeno a la compañía. Es posible que lo de hoy haya sido una excepción, pero algunas personas explican que Avianca se está quedando con casi todos los vuelos que conectan con Europa ante la retirada de compañías europeas a las que el abuso del tráfico de cocaína les crea problemas en los países de destino. Alguna persona me llega a decir que algún avión de la compañía colombiana ha tenido que regresar porque el país receptor se negaba a que aterrizara ante la segura presencia de un tráfico despiadado. No he podido comprobar nada de esto. Pero lo cierto es que cuando he salido por la nueva y confortable terminal internacional del aeropuerto de Bogotá no me he enfrentado a este control exhaustivo.

Un español que lleva residiendo casi dos años en el país y que me asegura que se ha dedicado a leer y ver todo lo que ha podido sobre Colombia, me dice que en la droga todo el mundo se ha ensuciado las manos en algún momento. Con ello quiere decir que no hay grupo social, que por supuesto están en conflicto, que no haya utilizado el dinero de la droga para sus propios fines.

[Continuará]

México y el Narco

Siguiendo una pista dada por Luis Arean, mi mexicano de cabecera, busqué la edición de noviembre de la revista Letras Libre para leer un artículo sobre la situación actual de México del historiador y ensayista Enrique Krauze, que es su director. Tras pasar por caja, impetuoso de mí, descubrí que el texto estaba comleto y gratis en Internet.

¿Y qué cuenta Enrique Krauze para hacer el artículo tan relevante? Pues resume lo contado por el periodista británico Ioan Grillo en su libro El Narco: Inside Mexico’s criminal insurgency. Grillo no es ningún paracaidista. Ha trabajado para medios y vivido a ambos lados de la frontera EE.UU.-México. El Narco es un repaso extenso al asunto desde todos los ángulos a la guerra civil posmoderna que vive México. Krauze completa el artículo con un libro descatalogado pero que mantenía en el radar: Los señores del narco de Anabel Hernández. Este segundo libro busca las raíces de la guerra entre organizaciones criminales en la ruptura del orden establecido tras el fin de la hegemonía política del PRI.

La edición española de Foreign Policy ya eligió El Narco como uno de los libros de 2012. Me entero así que ya hay edición española. Sólo me queda recomendarlo.