El opio, Afganistán y los talibán

 ha entrevistado al historiador Alfred McCoy con motivo de la próxima publicación del libro In the Shadows of the American Century: The Rise and Decline of U.S. Global Power. McCoy es un crítico de la política exterior de Estados Unidos pero no se hace ilusiones sobre un mundo multipolar.

“So the US empire has been, and we’ve had our excesses, Vietnam, we could go on. Afghanistan. There are many problems with the US exercise of its power but we have stood for human rights, the world has had 70 years of relative peace and lots of medium size wars but nothing like World War I and World War II. There has been an increase in global development, the growth of a global economy, with many inequities, but nonetheless, transnationally, a new middle class is appearing around the globe. We’ve stood for labor rights and environmental protection. Our successor powers, China and Russia, are authoritarian regimes. Russia’s autocratic, China’s a former communist regime. They stand for none of these liberal principles.

So you’ll have the realpolitik exercise of power, all the downsides with none of the upsides, with none of the positive development. I mean we’ve stood for women’s rights, for gay rights, for human progress, for democracy. You know we’ve been flawed in efficacy, but we’ve stood for those principles and we have advanced them. So we have been, on the scale of empires, comparatively benign and beneficent. And I don’t think the succeeding powers are going to be that way”.

Me pareció interesante encontrar un autor crítico de la política estadounidense con una visión sobre Occidente y lo que puede llegar a ser el futuro mundo mutipolar parecida a la mía. Véase “¿El comienzo del fin del Imperio estadounidense?”“Occidente y el imperialismo del que puede”. Pero me dio bastante que pensar otra cosa.

Resulta que McCoy es célebre por haber estudiado el papel del narcotráfico en la guerra de Vietnam y luego cómo la insurgencia afgana se financió durante los años 80 con la producción de opio. En ambos casos, plantea McCoy, el narcotráfico se convirtió en un mal menor en el gran esquema de la Guerra Fría, por que se toleró porque era una fuente de financiación de aliados estadounidenses. En la entrevista, McCoy apunta que la rápida caída de los talibán en 2001-2002 se debió a que se habían ganado muchos enemigos con su política de erradicación de opio. Acudí a la Wikipedia y encontré esto:

In July 2000, Taliban leader Mullah Mohammed Omar, collaborating with the United Nations to eradicate heroin production in Afghanistan, declared that growing poppies was un-Islamic, resulting in one of the world’s most successful anti-drug campaigns. The Taliban enforced a ban on poppy farming via threats, forced eradication, and public punishment of transgressors. The result was a 99% reduction in the area of opium poppy farming in Taliban-controlled areas, roughly three quarters of the world’s supply of heroin at the time. The ban was effective only briefly due to the deposition of the Taliban in 2002.

La fuente que emplea la Wikipedia es una artículo académico titulado “Where have all the flowers gone?: evaluation of the Taliban crackdown against opium poppy cultivation in Afghanistan” y publicado en 2004. Cuenta McCoy que ahora la situación ha cambiado. Son los talibán los que se nutren del tráfico.

Well today, of course, that drug traffic has been taken over by the Taliban and it funds the bulk of the Taliban’s guerrilla operations, pays for a new crop of teenage boys to become fighters every spring, and we’ve lost control of that.

No me costó encontrar artículos al respecto. Por ejemplo: “How Opium Fuels the Taliban’s War Machine in Afghanistan” de Hashim Wahdatyar, publicado en The Diplomat en octubre de 2016. Entonces acudí a la lista de libros sobre Afganistán que tenía guardada en Amazon.co.uk y encontré que en algún momento del pasado me había interesado por el tema y lo había olvidado por completo. Por ejemplo, encontré que había guardado en mi lista el libro Seeds of Terror: How Drugs, Thugs and Crime are Reshaping the Afghan War de Gretchen Peters y que salió publicado en 2009 y tuvo una segunda edición actualizada en 2011. Y entonces me acordé que en su momento me llamó la atención los informes y propuestas sobre el cultivo de opio en Afganistán de un think-tank llamado Senlis Council, que resultó que cambió el nombre y ahora se llama International Council on Security and Development (ICOSD). Pero allí estaban informes y comunicados como este “The Taliban are winning the hearts and minds in Southern Afghanistan” de diciembre de 2006. En él se decía:

Destruction of Afghan opium crops has created a chain reaction of violence and poverty.

Así que ahí tienen un tema que parece relevante para entender el fracaso de Occidente en Afganistán y el auge de la insurgencia talibán, pero del que no había encontrado referencias en español.

4 thoughts on “El opio, Afganistán y los talibán

  1. Los intelectuales “liberales” yankees siempre han denunciado el contubernio entre la CIA y los traficantes de drogas. Algunos acusando directamente a la CIA de dedicarse al tráfico de drogas con oscuros objetivos de debilitar a la juventud revolucionaria.

  2. ¿Usted se acuerda qué sucedió en 1839 cuando el Emperador Manchú de China ordenó destruir el opio, para parar la endémica adicción del pueblo Chino? Pues que el Ejército Británico se movilizó a combatir a los Chinos para proteger sus intereses en la explotación de drogas. ¿No será que algo similar ocurrió en Afganistán? Afganistán es la fuente del 75% de la heroína del mundo, y debido a la destrucción y prohibición de la producción de opio en Julio del 2000 por el Mulá Omar, la cosecha de ese año se destruye. Y así la invasión ocurre en Octubre del 2001, y pronto después, los medios de comunicación ya están informando de una cosecha récord y abundante de opio en Marzo del 2002…

    1. Estás confundiendo las cosas. Para empezar las guerras del opio no fueron como las describes. Reino Unido había importado té chino y exportado opio a cambio. El opio, legal en Reino Unido como el tabaco, fue consumido sin medida por los campesinos chinos que, en vez de hacer un uso responsable como los europeos, se volvieron adictos rápidamente debido a las duras condiciones laborales que tenían que soportar, explotados por la nobleza en dolorosas jornadas de 15 horas.

      El emperador se dio cuenta de que la adicción al opio volvía a los campesinos menos productivos, si bien les liberaba del dolor, así que prohibió el consumo de opio bajo pena de muerte. Muchos campesinos fueron asesinados, incluso por hacer un uso terapéutico del opio. En ese orden de cosas, los soldados imperiales atacaron barcos británicos que habían desembarcado en un puerto chino, prendiendo fuego a la carga y al barco entero con tripulantes dentro. Ante esa declaración de guerra el imperio británico respondió y tras ganar la guerra el emperador tuvo que capitular, indemnizar a los británicos y permitir de nuevo el libre comercio.

      Con respecto a Afganistan. Los talibanes llegaron al poder y prohibieron el consumo de droga (incluyendo alcohol) con la pena de muerte, por considerar que iba contra su religión. Pusieron a la población en su contra al quitar a los agricultores su única fuente de ingresos. Después, financian a Ben Laden y EEUU decide privar a Al-Qaeda de ese agente estatal aliado, tras comprender que el 11-S es una línea roja que nadie puede cruzar.

      Una vez entran los estadounidenses en Afganistan, los rigoristas islamistas recuerdan lo útil que era financiarse a través del narcotráfico. Así que reactivan el negocio, mientras EEUU y su cruzada contra la droga hace que ahora sean ellos los malvados prohibicionistas y la población se vuelve hacia los talibanes.

      Creo que estos episodios históricos deberían llevarnos a entender de una vez que la legalización de las drogas es mucho más humana que la prohibición. EEUU ya habría ganado la guerra en Afganistan si permitiese a los agricultores seguir cultivando, es más, habrían sido los héroes libertadores frente a los prohibicionistas islamistas que campaban por el país con el libro y la espada impartiendo “justicia divina”.

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