La amenaza yihadista en una África globalizada

Casa África
Interviniendo en Casa África en las jornadas “Yihad en África”

Mi interés por África surgió de forma accidental. Mi primera región de interés fue el Magreb, por su importancia estratégica para España. Durante la Guerra Fría, el arco Mediterráneo fue considerado el Flanco Sur de la OTAN, así que en 2002 creé Flanco Sur como página web. Pero tras unos pocos años, eran los comienzos de la década pasada, caí en la cuenta que en el horizonte no había ninguna probabilidad de conflicto. Es más, el nuevo escenario posterior al 11-S colocaban a España y Marruecos enfrentados a amenazas comunes que llevaban a una mayor cooperación policial y de inteligencia. Todos los acontecimientos interesantes estaban sucediendo más al sur del Magreb.

En paralelo, mi interés como sociólogo por la transformación de la guerra me llevó a leer sobre los conflictos armados de África Occidental durante los años 90. Por aquel entonces, además, empezaron a llegar las primeras pateras a Canarias, fenómeno que siguió de cerca Pepe Naranjo [1]. Para mí era relevante comprender lo qué había pasado en Sierra Leona o Liberia para entender de qué hubía la gente que llegaba a Canarias. Así que quizás influyó también mi condición de canario, porque mirar al sur suponía mirar a África Occidental y no al Magreb.  En 2005 hablé por primera vez del “Flanco Sur Profundo” como región estratégica para España. En 2015, el Ejército de Tierra organizó en Madrid unas jornadas para hablar del Sahel como “Frontera Avanzada”, así que podemos decir que el concepto ha sido totalmente asumido.

 Mi interés por la transformación de la guerra me llevó a analizar un nuevo tipo de conflicto que denominé “Guerras Posmodernas”. Hablo de posmoderno no en el sentido filosófico y cultural, sino histórico. En la historiografía anglosajona se entiende por Era Moderna el período que abarca de la transición de la Edad Media al Renacimiento hasta la aparición de la Sociedad Industrial. Ese período se caracteriza por la aparición y consolidación de la institución del Estado-Nación. Así que las Guerras Posmodernas son el tipo de guerras que aparecen tras la Segunda Guerra Mundial en una nueva era en el que el Estado-Nación deja de ser el actor fundamental del panorama internacional por la aparición de actores supra-estatales y subestatales. Por un lado, como actores supra-estatales tenemos organizaciones como la Unión Europea que organiza sus propuias misiones militares. Por otro lado, como actores sub-estatales tenemos una enorme diversidad de actores que van desde grandes corporaciones que manejan una riqueza superior a la de países, movimientos sociales, ONGs y por supuesto grupos armados. Asistimos a la aparición de fenómenos transnacionales a los que un sólo país ya no es capaz de hacer frente, desde el cambio climático al terrorismo. Además, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se ha producido una disminución de las guerras convencionales en las que se enfrentan los ejércitos regulares de Estados-Nación, para dar lugar a conflictos intra-estatales. Esos sí, esos conflictos internos están altamente internacionalizados, con la presencia de una multiplicidad de actores externos (desde medios de comunicación, a ONGs y contratistas privados, etc.). Otro fenómeno relevante es que se ha producido una converencia entre los conflictos armados y el crimen organizado, donde se desdibujan los conceptos clásicos de defensa y seguridad. Es un espectro amplio en el que en un extremo tenemos la militarización de la policía o la violencia del Narco en México y Centroamérica que llegan a cotas de guerra civil, mientras que en  el otro lado del expectro tenemos a grupos armados dedicados al crimen organizado y la explotación de recursos. Este último fenómeno tiene que ver con la ausencia de la financión, con ciertas excepciones como Siria, de grupos insurgentes por parte de los gobiernos de Washington, Moscú, Pekín. La Hábana o Trípoli, como en los tiempos de la Guerra Fría. Una última característica de las Guerras Posmodernas, una característica que es emergente, es la importancia de la dimensión inmaterial, dada la importancia de la información. Bien, considerando la propia información como arma, o bien considerando la ciberguerra.

En el caso del yihadismo en África, el marco conceptual de las  “Guerras Posmodernas” es perfectamente aplicable a los casos de Mali, Nigeria y Somalia, por ejemplo. En los tres países tenemos conflictos internos que enfrenta al gobierno con fuerzas yihadistas pero se trata de conflicto con una alto grado de internacionalización, en el que están presentes tanto actores supra-estatales como sub-estatales. En los tres casos tenemos organizaciones internacionales y regionales, como la ONU, la Unión Europea, la Unión Africana o la organización de países de la cuenca del Lago Chad. Tenemos como actores presentes en los conflictos a fuerzas de organizaciones supra-estatales, como los cascos azules y a las fuerzas europeas en Mali. También tenemos fuerzas de paz de la Unión Africana en Somalia. Pero también tenemos actores sub-estatales, como son las empresas militares privadas. Por ejemplo, STTEP International estuvo en Nigeria asesorando al ejército en su lucha contra Boko Haram y Bancroft Global Development asesoró a las fuerzas ugandesas que nutrían la fuerza de paz de la Unión Africa en Somalia. Pero la privatización de la guerra tiene otros ejemplos, como es la participación de la aerolínea canaria NAYSA en el esfuerzo logístico francés en el Sahel. Aunque los casos de Mali, Nigeria y Somalia se traten de conflictos internos, la violencia en los tres casos es transnacional y ha desbordado las fronteras nacionales. Sea desde Mali al Sahel, Nigeria a la cuenca del lago Chad o de Somalia a Kenia y Uganda.

ATR-72 de NAYSA
ATR-72 de NAYSA con los colores de Binter Canarias transportando soldados franceses en el Sahel.

La transformación de la guerra tras el fin de la Guerra Fría generó un amplio debate académico tras la publicación de Nuevas Guerras de Mary Kaldor en 1999. Se discute cuánto hay de nuevo en las Nuevas Guerras pero precisamente por eso yo no señalo el fin de la Guerra Fría como el comienzo de una nueva era, sino que retrocedo a la Guerra Fría como un período de ransición. Así, podríamos aplicar perfectamente el marco anterior de las Guerras Posmodernas a la crisis del Congo y a la  Guerra de Biafra en los años setenta. Así que África fue un escenario temprano de la transformación de la guerra que vimos luego en el resto del mundo. Todo el debate sobre la crisis de los Estados post-coloniales africanos antecedió en años al actual debate sobre la crisis de los estados árabes (Libia, Siria, Iraq, Yemen, etc) y el legado del acuerdo Sykes-Picot, del que se celebra este año su primer centeario. Así que puestos a abordar el fenómeno del yihadismo en África tenemos que señalar que África no se trata de un escenario secundario de la yihad, si revisamos las cifras de víctimas mortales y desplazados.

Víctimas mortales del terrorismo

Grupos yihadistas más letales

Resulta que la violencia yihadista en Nigeria alcanza cifras de víctimas mortales que lo pone a la par de países en conflicto como Iraq y Siria. Es más, en 2014 el grupo Boko Haram alcanzó el triste hito de ser el grupo yihadista más letal del mundo en sus ataques terroristas. Así que podemos afirmar la centralidad de la yihad africana en el panorama de la yihad global. Y eso es así porque el Islam africano no se ha visto ajeno a las dinámicas del mundo musulmán, donde encontramos violencia inspirada por el salafismo-yihadista desde la cuenca del Lago Chad al sur de Filipinas. Siempre se ha señalado la tradición de tolerancia del Islam africano. Sin ir más lejos, tras el 11-S el periodista Yaroslav Trofimov del Washington Post se embarcó en un viaje por el mundo musulmán [2] y se desplazó a Mali para conocer mejor su Islam pacífico y tolerante. Trofimov viajó a Mali porque había encontrado que según Freedom House de los 47 países de mayoría musulmana Senegal y Mali eran los único que recibían la clasificación de “totalmente libre”. Aproximadamente una década después, Mali era el corazón de la yihad en el Sahel.

El salafismo-yihadista llegó a África tras el fin de la yihad afgana, el crisol donde nació el yihadismo global. Los veteranos de la guerra de Afganistán lanzaron campañas de violencia en países como Egipto y Argelia. La conmoción provocada por el ataque a turistas en Luxor en 1997, un atentado con 62 muertos, colocó a la sociedad egipcia en contra de la violencia yihadista. En Argelia, en cambio, la violencia se dio en el contexto de una guerra civil. Los yihadistas más recalcitrantes del Grupo Islámico Armado pasaron al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, mientras el país vivía un proceso de reconciliación nacional. Los yihadistas, derrotados, marcharon al sur y en 2006 el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate se alió con Al Qaeda para transformarse al año siguiente en Al Qaeda en el Magreb Islámico. A partir de ahí, la violencia yihadista se expandió a Mauritania, Mali, Níger, etc.

En Nigeria encontramos un proceso parecido, donde el Islam local se vio influenciado por los acontecimientos globales. Tras la Revolución Iraní, se producen conversiones al chiísmo, una corriente musulmana ajena a la tradición nigeriana. El islamismo arraiga en Nigeria, pero no debemos pensar en ellas como corrientes conservadoras que pretenden mantener una tradición. Sino que se trata de un proceso de re-islamización. La sharía es introducida por primera por un estado nigeriano en fecha tan tardía como enero de 2000. Recordemos el caso de Amina Lawal, condenada a la lapidación por tener un hijo fuera del matrimonio.

Boko Haram
Boko Haram asumió desde 2010 un discurso y una estética parecida a la de Al Qaeda y en 2015 se vinculó al Estado Islámico.

El salafismo-yihadista encontró eco en África porque sirvió para articular agravios en países con toda una serie de problemas particulares. Pensemos en un país africano, antigua colonia francesa. El país tiene un norte desértico, donde vive población pastoril y nómada, y un sur fértil cruzado por ríos que fue llamado el “país útil” por los franceses. La administración colonial se nutrió de habitantes del sur. Y cuando el país alcanzó la independencia, el Estado post-colonial heredó la misma estructura, con habitantes del sur copando el gobierno, la administración pública y las fuerzas armadas. Tras unos años de sequía y una crisis en Libia, comenzó un conflicto armado en el país. ¿De qué país hablo? ¿Mali en 2012? Chad entre 1965 y 1990. Pero el guión del conflicto chadiano efectivamente coincide con el de Mali. ¿Qué pasó entonces 30 años en Mali después? Que en Chad la insurgencia del Frente de Liberación Nacional del Chad (FROLINAT) era de inspiración marxista y apoyada por la Libia de Gadafi como una lucha anti-colonial para acabar la influencia francesa. En Mali en 2012 no quedaba rastro de los los movimientos políticos de la Guerra Fría y las luchas locales eran ahora de inspiración salafista-yihadista.

Hemos visto que África es una región donde asistimos de forma temprana a la transformación de la guerra, que es un escenario importante de la yihad global y que el Islam africano ha sufrido una transformación paralela al mundo musulmán. África es una región conectada al mundo. Y esa hipótesis se comprueba al constatar también efectivos positivos del África globalizada. Véanse los reportajes “África Conectada” en Planeta Futuro y “Los 15-M africanos” en Áfricaye, donde descubrimos los movimientos sociales africanos que usan las redes sociales.

[1] Véase su libro Cayucos (Debate, 2006).
[2] Viaje que quedó plasmado en el libro Faith at war (2005).

Guardar

Operación Serval y la audacia

El año pasado destaqué aquí el desarrollo de las operaciones militares francesas en Mali, la Operación Serval. El ejército francés desplegó a toda prisa unidades ligeras que formaron sobre el terreno agrupaciones modulares ad hoc de entidad batallón (Groupement Tactique Inter Armes) y se lanzaron por las llanuras africanas a toda velocidad mientras fuerzas paracaidistas y de operaciones especiales rompían la linealidad del frente con saltos paracaidistas y asaltos aerotransportados. Los franceses lo llamaron “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad”.

servalCon el paso del tiempo, dije que la Operación Serval iba a quedar como ejemplo de brillante campaña militar. Y así ha sido. La RAND Corporation acaba de publicar un informe 67 páginas sobre la Operación Serval: France’s War in Mali. Lessons for an Expeditionary Army.El informe recoge fuentes francesas, en especial el testimonio de varios oficiales franceses que realizaron presentaciones sobre la Operación Serval en Estados Unidos. Es interesante el punto de escepticismo que aporta el informe, planteando qué hubiera pasado si los grupos yihadistas hubieran presentado una verdadera resistencia al avance francés. Ciertamente no sabemos si el colaspo de los yihadistas se debió a la sorpresa y el desbordamiento provocado por el avance francés o la falta de voluntad de combatir. De cualquier manera, me resultó interesante los puntos destacados por el autor estadounidense desde su mirada externa. En primer lugar cómo en la cultura militar francesa se tolera asumir riesgos y se prima la audacia. “De l’audace, encore de l’audace, toujours de l’audace” que decía Danton. En segundo lugar, el autor destaca el empleo de fuerzas ligeras y la “rusticidad” de los medios franceses. Algo atribuible a los recursos limitados del ejército francés, que empleó vehículos como los ERC-90, VBL y los Panhard P4, que no hubieran desentonado en un despliegue de los años 80. Asunción de riegos y austeridad de medios, sobra decirlo, son conceptos que el autor considera ajenos a la mentalidad estadounidense y que en el caso francés atribuye a hacer de la necesidad virtud.

Los franceses entrevistados en el informe apuntan que son conscientes de que el modo estaounidense hubiera sido acumular fuerzas más pesadas y aplastar al enemigo con potencia de fuego. Creo que William Lind habría reconocido aquí inmediatamente el contraste entre lo que él denomina Guerras de 2ª Generación (acumulación de potencia de fuego) y Guerras de 3ª Generación (guerra de maniobra). Por último, el autor destaca la modularidad de las fuerzas francesas, capaces de organizar rápidamente compañías de distintos regimientos en una unidad provisional y volverlos a reorganizar sobre la marcha. Esa facilidad se debe a la costumbre francesa de desgajar compañías de sus unidades de origen para desplegarlas en misiones internacionales en unidades interarmas, recogiendo además una larga tradición de despliegues en ultramar de las unidades coloniales (las “tropas de marina”) y legionarias.

Tigre-helicopter

Un almirante detrás de la fulgurante ofensiva francesa en Mali

La fulminante intervención francesa mediante tropas desplegadas en Chad, Burkina Faso y Costa de Marfil detuvo la ofensiva yihadista el pasado mes de enero en Mali. A continuación vimos una contraofensiva francesa en la que dos columnas formada cada una por un Grupo Táctico Inter Armas (GTIA) avanzaron por carretera desde Niono hasta Timboctú y desde Sévaré hasta Gao (en azul en el mapa). Fuerzas paracaidistas tomaron el aeropuerto de Timboctú y fuerzas especiales tomaron el aeropuerto de Gao mediante un asalto helitransportado, anticipando la llegada de las columnas móviles.

ofensiva

En aquella segunda fase de la Operación Serval no hubo verdaderos combates. Las fuerzas francesas se limitaron a localizar los edificios ocupados por los yihadistas y sus vehículos, perfectos blancos estáticos, para atacarlos desde el aire con armamento inteligente. En esas condiciones, fijados al terreno y por tanto perfectamente localizables, las fuerzas irregulares yihadistas perdieron toda ventaja respecto a las fuerzas convencionales francesas. La respuesta des las fuerzas yihadistas fue no plantar batalla y realizar una “retirada estratégica” hasta la zona montañosa del Adrar de los Iforas, en pleno territorio tuareg. Oportunamente el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad se desentendió de su alianza con los yihadistas y tomó los núcleos urbanos a la espera de la ofensiva francesa.

La batalla por las montañas del noreste de Mali parecía que iba a tomar tiempo hasta que las fuerzas francesas aseguraran las ciudades del “bucle del Níger”, la curva que traza el río hacia el norte. No en vano, Gao ha sufrido dos asaltos de fuerzas yihadistas tras ser liberada. Pero el siguiente movimiento francés rompió la lógica de avances lineales para plantarse en Tessalit mediante una infiltración de fuerzas especiales que permitió la toma del aeropuerto y el desembarco allí de refuerzos, mientras una columna franco-chadiana llegaba por su parte a Kidal. La ruta de escape hacia la frontera argelina y el refugio en el macizo de Ahaggar quedó cortado.

Las fuerzas yihadistas esperaban una campaña larga que permitiera consolidar su bastión en el valle de Ametettaï, a 50 kilómetros de Tessalit. Pero aquí nuevamente las fuerzas francesas demostraron su conocimiento de la guerra en el desierto. Los inmensos espacios de las zonas desérticas están recorridos por rutas invisibles que conectan los oasis y pozos de agua que actúan de nodos. La vigilancia continua de esos puntos permitió machacar con aviación y artillería las concentraciones de yihadistas. La imprevista ofensiva francesa obligó a los yihadistas a romper el silencio radio y salir a las ondas para pedir instrucciones y coordinarse, permitiendo su ubicación mediante medios SIGINT.

El bastión en el valle de Ametettaï fue atacado desde dos ejes de avance con medios motorizados. Uno por el sur, empleado por un GTIA francés creado entorno al 1er Regimiento de Infantería de Marina, y otro por el oeste, empleado por fuerzas chadianas. Inesperadamente los yihadistas se encontraron una tercera fuerza desde el norte que había atravesado las montañas de forma sigilosa caminando día y noche. Se trataba del GTIA compuesto por fuerzas del 2º Regimiento Extranjero Paracaidista y el 1er Regimiento de Cazadores Paracaidistas.

El considerable esfuerzo físico bajo mucho calor realizado por las tropas paracaidistas provocó una treintena de bajas por golpes de calor. Pero la Operación Pantera resultó un éxito y el bastión yihadista cayó. Las fuerzas francesas y chadianas se encontraron con huertos y enormes arsenales, lo que probaba la intención de los yihadistas de resistir por largo tiempo. Bajo los árboles y ocultas en grandes trincheras aparecieron gran cantidad de vehículos, varias piezas de artillería D-30 de 122mm., varios cañones anticarro D-44 de 85mm. y hasta un bulldozer. Además, entre el material capturado a los yihadistas aparecieron las primeras pruebas del trasiego de armas de los arsenales de Gadafi hacia Mali.

Según Jean-Dominique Merchet, el éxito francés hemos de atribuírselo al almirante Edouard Guillaud, comandante del Estado Mayor de las armas francesas desde el 25 de febrero de 2010. Merchet señala que como marino se ha encontrado con la difícil tarea de dirigir el repliegue francés de Afganistán o una guerra tan lejos del mar como la de Mali. Pero precisamente apunta a los símiles entre la guerra naval y la guerra en el desierto, que ya señalara T. E. Lawrence, que habrían servido al almirante Guillaud para plantear un plan de guerra no lineal, moviendo sus fuerzas por el Sahel como barcos en un océano en busca de la flota enemiga: “En el mar, es muy difícil de obtener el contacto con el enemigo, pero cuando tienes el contacto no lo sueltas”

Queda todavía mucho hasta ver el fin de la presente crisis en Mali. Queda encontrar una solución política a la cuestión tuareg además de reconstruir el ejército y la democracia malienses. Pero los franceses ya han escrito unas cuantas páginas notables de historia militar.

Lo más difícil de la crisis de Malí todavía no ha empezado

Después de la liberación de las ciudades del “bucle del Níger” (Gao y Timboctú) y la triunfal visita de Hollande puede haber quedado la sensación de que la crisis en Malí se ha solucionado. En realidad, la coalición de grupos islamistas que tomaron el poder en Azawad se ha retirado al norte del país sin combatir. No por casualidad, las fuerzas francesas que combaten sobre el terreno en Malí no han tenido ninguna baja a pesar del pobre desempeño del ejército maliense. Las noticias sobre “combates cuerpo a cuerpo” en Diabaly resultaron ser una fantasía.

Hasta ahora lo que hemos asistido es a la liberación de territorios habitados por los grupos fulani, dogón y songhai, donde el poder de los islamistas radicales y tuaregs se percibía opresivo y ajeno. Al establecerse en las ciudades perdieron todas las ventajas de los grupos nómadas en el desierto, que tal como rememoraba T. E. Lawrence eran “una influencia, una idea, algo intangible, invulnerable, sin vanguardia o retaguardia, flotando como un gas”. Concentrados en las ciudades, los aviones y helicópteros franceses pudieron destruir sin problemas con armas inteligentes los edificios ocupados y los vehículos empleados por las fuerzas islamistas.

Las operaciones militares siguen más allá de la curva que el río Níger traza hacia el norte. Este fin de semana la aviación francesa bombardeó posiciones de los islamistas en Kidal y Tessalit. Queda por ver qué clase de operaciones terrestres se lanzarán hacia el interior de las zonas montañosas y desérticas de Malí. Francia ha realizado un amplio despliegue de tropas en Malí pero ya ha expresado su deseo de retirarlas. Hasta el momento la factura de la Operación Serval se eleva a 50 millones de euros y es difícil que Francia pueda mantener el actual esfuerzo indefinidamente. Sin embargo, es evidente que el contingente africano de países de la CEDEAO no cuentan con las capacidades necesarias para realizar el relevo a los franceses. Y esperar que el esfuerzo lo asuma las fuerzas malienses a formar por la futura misión europea EUTM Mali significa regalar un tiempo precioso a los rebeldes islamistas para reorganizarse y reforzarse.

La Operación Serval ha sido la solución provisional a un crisis puntual: La toma del poder por parte de una coalición islamista del norte de Malí aprovechando la última revuelta tuareg (la 5ª en un siglo y la 3ª en 25 años). Una solución duradera para lo que es un problema dentro de otro, la cuestión de tuareg de fondo de la insurgencia islamista, sólo puede pasar por tratar el problema de fondo, la articulación del estado maliense como entidad política plurinacional. Ya el presidente Hollande ha llamado al “diálogo político” entre el gobierno de Malí y los tuaregs. ¿Veremos una solución de la crisis parecida al despertar de Al Anbar en Iraq?

¿Dónde ubicar geopolíticamente el Sahel?

Llevo días intensos siguiendo la crisis en Malí. El otro día llamaron desde un medio de comunicación a Marcelo Wio, que trabaja en Revista de Medio Oriente, para hablar de lo que estaba pasando en Malí. ¿Es el Sahel parte de Oriente Medio? No. Pero es una pregunta muy interesante. En el mundo anglosajón es habitual oir hablar de MENA: Middle East and North Africa. Es una forma de inlcuir en un sólo espacio el mundo árabe, añadiendo además Turquía e Irán. Lo hemos visto durante la Primavera Árabe. Hubo disturbios y manifestaciones desde Marruecos a Bahrein. Y en la crisis de Malí estuvo envuelto Al Qaeda en el Magreb Islámico. Pero Malí pertenece geograficamente a África Occidental. Precisamente el conflicto arrancó con un nuevo ciclo de revueltas de la población tuareg, nómada y vinculada al desierto del Sáhara, contra el gobierno central de Bamako, en manos de la mayoría negra sedentaria establecida en torno el río Níger.

Pero ya decíamos en “El Gran Oriente Medio tras la Primavera Árabe” que la categoría geopolítica “Oriente Medio” hemos de entenderla con flexibilidad. Tengo pendiente escribir más sobre ello.

El fiasco francés en Somalia y los límites del poder militar europeo.

En la madrugada del sábado 12 de enero pasado miembros del Service Action de la Direction générale de la sécurité extérieure (la unidad paramiltar del servicio secreto exterior) y del Commandement des opérations spéciales lanzaron una operación para rescatar a un agente francés que llevaba secuestrado desde 2009 en manos de las milicias islamistas somalíes. La operación fue un fracaso y se saldó con dos miembros del comando francés fallecidos. El cadáver de uno de ellos, un teniente especialista en desactivación de explosivos, fue recuperado. El segundo fue dado por desaparecido hasta que en la cuenta de Twitter de un grupo islamista somalí aparecieron varias fotos del cádaver junto material capturado a la fuerza francesas: Dos subfusiles Heckler und Koch MP7, una pistola Glock 19, varios cargadores PMAG para fusil de asalto AR15, un cargador para fusil de asalto Sig Sauer, dos cascos Opscore con gafas de visión nocturna PVS-14, una emisora Motorola, barra Halligan, cizallas, etc.

material

En este tipo de sucesos los detalles que se filtran y las declaraciones oficiales hay que cogerlas con pinza. Supongo que según vayan rodando cabezas y pisen suelo francés los implicados en la operación empezarán a correr los rumores. De momento se sabe que la operación fue lanzada desde el buque de asalto anfibio L9013 Mistral que navegaba frente a las costa somalí, más allá del horizonte con la escolta del destructor D621 Chevalier Paul. El grupo de cincuenta comandos se trasladó a tierra con la escolta de dos helicópteros de ataque Tigre en varios helicópteros EC 725 Caracal del Groupe aérien mixte 56, la unidad de la fuerza aérea francesa que da apoyo a la DGSE. Aterrizaron a tres kilómetros del objetivo en una noche de luna llena. Al parecer habitantes de la zona oyeron la llegada de los helicópteros y alertaron a la milicia islamista. El resultado es que se entabló un largo tiroteo en el que las fuerzas francesas se vieron sorprendidas por la potencia de fuego de las milicias somalíes. Algo extraño si tenemos en cuenta que Somalia fue el país que dio nombre a los technicals.

Camión Pegaso con montaje antiaéreo ZPU-4 de 14,5mm. en Somalia

El caos y confusión entre los comandos franceses llevó a que sólo cuando se retiraron y llegaron al punto de exfiltración notaron la ausencia de uno de sus miembros, que se dio luego por desaparecido hasta que se publicó la foto del cuerpo. Según la versión oficial francesa murieron “17 terroristas” y con toda probabilidad el rehén, ya que oyeron disparos dentro de la habitación donde estaba retenido. Dos datos poco creíbles teniendo en cuenta el desarrollo de la operación, donde ni siquiera está claro que el comando asaltante lograra llegar a la edificación donde presuntamente estaba el rehén. Las fuentes locales hablan de cuatro u ocho civiles somalíes muertos en el tiroteo. Según Al Shabab el rehén sigue vivo pero no han proporcionado prueba de ello.

material comando francés
Una de las fotos del material del comando francés publicadas por Al Shabab muestra una foto satélite que alguien se molestó en ampliar y localizar. Se trata de un área urbana que se parece poco a la remota aldea rural al lado de una ciénaga de la que hablaron las primeras crónicas. Se trata de una zona con una cierta densidad de población donde no es difícil imaginar la repetición de las escenas de la batalla de Mogadiscio en 1993, con cada somalí sacando su AK colgado detrás de la puerta.

Lo primero que llama la atención es el colosal fallo de inteligencia en una operación así. Las primeras razones (excusas) que se dieron fue que la operación militar francesa contra fuerzas islamistas Malí podía traer consecuencias para la seguridad del rehén francés. Pero ahora se sabe que la planificación de la operación llevaba como mínimo un mes, lo que implicó el traslado de los dos buques de la armada francesa de los que se llevaba semanas sin saber nada para preocupación de los familiares de la tripulación. Ser sorprendidos de camino al objetivo y perder a un hombre delata la ausencia de aviones sin piloto con sistemas de visión nocturna que permitiera hacer un seguimiento a la operación. El aterrizaje a tres kilómetros del objetivo fue una decisión de enorme torpeza para quien quiera haya visto y oído en acción a un helicóptero en plena naturaleza. Y más razones da pensar que fueron alrededor de medio docena de helicópteros los que participaron. Una auténtica sinfonía en la noche. El comando francés cuyo cuerpo mostraron los islamistas iba vestido de civil, algo absurdo para una operación militar de esta naturaleza a no ser que pensemos que la “estética contratista de PMC” ha permeado a las unidades de operaciones especiales en su permanente búsqueda de la distinción. Y significativo el detalle de la radio comercial Motorola para una operación tan importante de unidades de élite.

Leyendo y oyendo a los que entienden de estas cosas surgen en la conversación las experiencias estadounidenses en más de diez años de guerras por medio mundo. Nada de esa experiencia es comparable a la de los países europeos, dedicados afanosamente a operaciones de mantenimiento de paz y humanitarias. Basta recordar aquella emboscada en Afganistán en la que murieron diez soldados franceses y que llevó a sus familiares a acciones judiciales por la sospecha de negligencia en el liderazgo, formación y equipamiento de los soldados.

Se sabe ahora que en la operación en Somalia las fuerzas francesas necesitaron la ayuda estadounidense. La Casa Blanca ha emitido un comunicado en el que admite que un avión estadounidense entró en el espacio aéreo somalí. Al parecer sirvió como enlace de comunicaciones. La impotencia francesa la hemos visto recientemente en Malí, con la necesidad de recurrir a los medios de transporte estratégico del Reino Unido y de empresas rusas. Los únicos medios de reconocimiento son un solitario Atlantique 2 con base en Dakar y los soldados del Commandement des opérations spéciales sobre el terreno. Ha habido quejas también por la vetustez de los cisternas C-135FR. Da la impresión de que las fuerzas armadas francesas, como las españolas, son un artefacto hueco. Programas estrellas de alta tecnología (carros de combate, cazabombarderos y fragatas de última generación) mientras falla todo lo demás. Así, la crisis económica terminará por enterrar las aspiraciones de la Unión Europea de ser potencia global. Un poder militar que se desvanece por falta de presupuesto y porque la guerra le es cada vez más ajena.