Una bomba de relojería en el Mediterráneo (actualizado)

Hace tiempo escribí aquí sobre SeaSheperds, la organización animalista que, con una flotilla de barcos y embarcaciones rápidas, trata de interrumpir la caza de ballenas. Tiempo después me encontré con el caso de las ONGs que han fletado barcos para rescatar a migrantes en el Mediterráneo. Hablamos de organizaciones como la española Proactiva Open Arms o la organización internacional Migrant Offshore Aid Station (MOAS). Pensé que de ahí podría salir un artículo sobre “Nuevos actores no estatales en el ámbito marítimo”, una de tantas ideas que duermen en mi disco duro.

Tiempo después me encontré a alguien, posiblemente de la alt-right en un blog o un foro, denunciando que la operación de rescate de migrantes en embarcaciones precarias y náufragos en el Mediterráneo era una farsa y que en realidad estas organizaciones trabajan de forma coordinada con las mafias del tráfico de personas. Según la teoría conspirativa, las ONGs no rescatan a nadie, sino que hacen un transbordo de pasajeros para facilitar el tramo final del viaje a Europa. No es más que una de muchas teorías conspirativas surgidas después de la crisis de los refugiados de 2015 en torno a un plan secreto de las élites europeas para sustituir la población blanca europea y que retoman viejos temas de la ultraderecha. Véase el plan Kalergi,, que precisamente toma su nombre del conde de Coudenhove-Kalergi, un visionario y pionero del paneuropeísmo.

Había un elemento interesante en la teoría conspirativa de las ONGs yendo y viniendo para introducir migrantes en Europa. Y era la geolocalización de los barcos vía el sistema AIS, que se puede ver en webs como marinetraffic.com.

En el vídeo que muestra la información de marinetraffic.com se ve el ir y venir desde Italia y Malta de buques como el MS Golfo Azzurro, Iuventa, Sea Eye, Vos Hestia, etc. Todos pertenecen o han sido fletados por organizaciones humanitarias y se dedican a rescatar personas en el Mar Mediterráneo. Pero el detalle importante es en qué parte del Mar Mediterráneo: lo hacen cerca de la la costa de Libia. El asunto no es ningún secreto. La propia Guardia Civil anunciaba el pasado día 29 de junio el rescate de  “1065 personas en embarcaciones a la deriva junto a las costas de Libia”.

La propia Guardia Civil contaba además a dónde iban a ser llevadas esas personas.

Es fácil entender los esfuerzos para rescatar personas en el Mediterráneo. En 2016 murieron 5.000 personas cruzando el Mediterráneo, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones. Y mas de 2.000 habrían muerto hasta finales de junio de este año. La duda es por qué se recoge a migrantes cerca de la costa de Libia y se les desembarca en Italia, dentro del Área Schengen. Sólo el fin de semana pasado 12.600 personas fueron desembarcadas en puertos italianos. Casi todas las 200.000 plazas en sitios de acogida en Italia están ya ocupadas. Evidentemente, el gobierno italiano ha pedido ayuda a la Unión Europea y amenazó con cerrar sus puertos a buques de bandera no italiana cargados de migrantes.

Según dato que recoge The Guardian, 60.228 personas llegaron a Italia por mar entre enero y mayo de 2017. Los primeros países de procedencia declarados son Nigeria (cerca del 15%), Bangladesh (12%), Guinea-Conakry (10%) y Costa de Marfil (9%). Así que no se trata de una avalancha de refugiados libios huyendo de la guerra civil que vive el país. El número de menores no acompañados se dobló entre 2015 y 2016, para sumar 25.846 a finales de 2016.

Al Yazira por su parte, ofrecía ayer la cifra de un total de 83.650 personas llegadas a Italia, según datos de la ONU, desde principios de 2017. Lo relevante es que suponía un 20% más que la cifra equivalente de 2016.

La agencia italiana ANSA ofrecía más datos en febrero de este año: entre enero de 2014 y noviembre de 2016 fueron medio millón los migrantes que llegaron a los puertos de Italia tras ser recogidos en el Mediterráneo. La décima parte eran menores no acompañados. Los solicitantes de asilo sólo fueron una minoría. 2.557 en el año 2015 y 3.181 hasta agosto de 2016.

Los datos de víctimas en el Mar Mediterráneo sólo pueden ser estimaciones. Pero si tomamos las publicadas, vemos que hay un riesgo cierto de muerte pero la proporción de migrantes rescatados en el Mar Mediterráneo es muchísimo mayor. Es más, las distintas operaciones de rescate, privadas y estatales, se están concentrando no muy lejos de costa de Libia. Con lo cual, es fácil imaginar que quien alista un barco cargado de migrantes no lo hace pensando en llegar por sus propios medios a Malta o Sicilia, sino tan sólo en llegar a alta mar y allí lanzar un SOS para que otro buque rescate a los pasajeros y los lleve a Italia. Es decir, todo ese esfuerzo internacional para rescatar migrantes cerca de la costa de Libia está creando un incentivo perverso que aumenta el problema, tal como demuestra el desembarco en Italia de ciudadanos de lugares tan lejanos de la cuenca mediterránea como Bangladesh.

La paradoja del asunto es que es un problema que le han creado otros a Italia. Supongo que las ONGs piensan estrictamente en términos de vidas salvadas. Pero yo me pregunto ¿qué pasa después del rescate y del desembarco en Italia? ¿Realizan algún seguimiento esas mismas ONGs sobre qué pasa con los migrantes que desembarcan en Italia o se olvidan del  asunto, delegando los problemas en las autoridades italianas? ¿Quién se ha hecho cargo de más de 50.000 menores sin acompañar? ¿Tiene Italia recursos para acoger, formar e integrar en el mercado laboral a todos esos migrantes o estamos creando una bomba de relojería? Recordemos el caso de Amis Anri, el pequeño delincuente tunecino que llegó a Italia en uno de esos barcos, cumplió condena por pegarle fuego al centro de acogida donde fue alojado y terminó radicalizado en Alemania. El 19 de diciembre de 2016 arrolló un mercadillo navideño en Berlín con un camión robado, asesinando en total a trece personas.

Significativamente no he leído en ninguna parte a nadie abordando esto asunto, más allá de la ultraderecha xenófoba y sus teorías de la conspiración. Así, claro está, llegan luego las sorpresas electorales que nos llevan a sesudos análisis sobre cómo la clase obrera se ha vuelto idiota votando a populistas de ultraderecha. Tenemos en Europa problemas de fondo que parece nadie en la política mainstream quiere abordar. Me pregunto qué van a decir los buenistas cuando nos estallen en la cara.

Actualización:

  • El gobierno de Italia ha recibido el respaldo de la Unión Europea para que los inmigrantes llegados al país se reenvíen a otros países. Alemania y Francia han tratado de escurrir el bulto y no se decidirá nada hasta una próxima cumbre europea en Estonia.
  • Francia y Alemania mostraron a Italia su acuerdo con un mayor control a las ONGs que recogen personas en el Mar Mediterráneo.
  • El ministro de Defensa austriaco ha amenazado con desplegar 750 militares en la frontera con Italia si el flujo de migrantes no cesa.
  • Una organización “identitaria” europea recauda fondos para fletar un barco e interferir en la labor de las ONGs humanitarias en la costa de Libia. Aquí el vídeo:
  • “Esclavos a las puertas de Europa”, un reportaje de Nacho Carretero en El País sobre cómo “cada vez más inmigrantes están siendo vendidos como esclavos en mercados de Libia”.
  • Un portavoz de la armada libia se queja de que la labor de las ONGs que recogen migrantes afecta a las relaciones del país con la Unión Europea. La misma noticia recoge la acusación de Carmelo Zuccaro, fiscal jefe de Catania (Sicilia), sobre que algunas organizaciones humanitarias mantienen vínculos con las redes de tráfico de personas.
  • Sigmar Gabriel, vicecanciller alemán, afirmó en mayo que establecer campamentos de refugiados en Libia no es la solución al problema y abogó por estabilizar los países de origen.
  • El New York Times ofrece un mapa con la ubicación de los rescates. De 2014 a 2016 la actividad se fue trasladando más al sur hasta llegar a la costa libia. Los autores del artículo afirman, como he hecho yo también, que la actividad de los buques de las ONGs crea un incentivo para zarpar desde Libia.
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Imagen: The New York Times

Poner muros al mundo

Dice el presidente Mariano Rajoy sobre las alambradas puestas sobre las vallas en el perímetro de Ceuta y Melilla “no sé si pueden afectar a las personas, pero está en estudio” y que ha solicitado un informe al Ministerio de Interior. Yo les resuelvo la duda. Lo que se colocó en lo alto de las vallas de la frontera Ceuta y Melilla es concertina militar. Mientras las alambradas típicas tienen púas, las concertinas tienen cuchillas.

Hacer más inaccesible las vallas de las fronteras de Ceuta y Melilla es un propósito que también tuvo el anterior gobierno, que antes las heridas sufridas por las personas que tratagan de superarla desde el lado marroquí ordenó instalar una “sirga tridimensional” que al final no ha cumplido su misión.

Vivimos en un país donde la mayor movilización social en mucho tiempo tuvo su arranque en las protestas minoritarias de jóvenes que descubrieron que la vivienda en propiedad les resultaba prohibitiva o alcanzó gran notoriedad que se retirara la reducida beca que reciben los estudiantes univeristarios de familias con recursos que se pueden permitir estudiar durante un curso en otro país europeo. Está claro que la agenda pública de los grandes problemas la marca quienes tienen recursos para hacer oir y habilidades comunicativas. Así la mayor vergüenza de la democracia española reciente, el tratamiento de los inmigrante irregulares, ha permanecido como un problema desconocido. Hablamos de lo que sucede en la frontera de Ceuta y Melilla desde hace ya bastantes años y lo que sucede en los infames Centros de Internamiento de Extranjeros.

La cuestión aquí de fondo es que la Península Ibérica es uno de los puntos de contacto de Europa con África. Y en un mundo globalizado, se produce un efecto de vaso comunicantes. No podemos creer que los habitantes de África Occidental, una de las regiones más pobres del planeta, van a permanecer pasivos y conformistas sabiendo que hay una región cercana donde se vive mejor. Pero más poderoso que ese “efecto llamada” que alguno atribuía a las políticas del anterior gobierno, existe un “efecto expulsión” muchísimo más fuerte y brutal. Primero fue la cadena de conflictos que prendió en el África Atlántica y la hizo arder desde Costa de Marfil a Guiena-Bissau. Luego vino la creciente desertización de áreas del Sahel y el reciente conflicto en Mali. En el futuro sólo podemos preveer un flujo de sur a norte de la población frente al que no podemos ignorar o levantar muros. Irónicamente, tras el último asalto a las vallas fronterizas el Instituto Nacional de Estadísticas anunció sus cálculos de que en el año 2017 habrá en España más muertes que nacimientos. Alguien debería conectar los puntos.

Voz de alarma

Creo que en España sufrimos un desinterés nocivo por todo lo que ocurre en el arco que va de Mauritania al Golfo de Guinea. Luego nos estallan en la cara situaciones como la de la crisis de los cayucos. En vez de pregutamos de dónde han salido todos esas personas sólo tenemos demagogos presos del pánico gritando “¡Nos invaden los negros!”.

Cominganarchy.com, un blog que aparecerá a menudo por aquí, ha enlazado a un mapa del mundo reflejando el porcentaje de jóvenes entre 15 y 24 años por país. No entraré a discutir las tesis neomalthusianas de la web que aloja el mapa. Pero considerando el agotamiento de recursos naturales, la pobreza, las guerras civiles y la falta de expectativas, considerar el gran número de jóvenes sin futuro que habitan esos países nos ayudará a entender el “efecto llamada”. Aunque me temo que las advertencias desde este blog llegan tarde. En Tenerife se ha celebrado hace poco una manifestación xenófoba apoyada por un diario local.

Puertas al mar

El pasado viernes 29 a última hora de la noche el senado estadounidense aprobó la construcción de una doble valla fronteriza de 700 millas (1 milla = 1,609 km.) entre EE.UU. y México. La medida ha sido impulsada por miembros del Partido Republicano que han hecho bandera de la “mano dura” contra la inmigración irregular.

Leyendo sobre las “amenazas del futuro” me encuentro a menudo con referencias a la inmigración irregular convertida en un tema de seguridad y defensa. No tengo soluciones para combinar la necesidad de millones de personas de un futuro mejor y la armonía social en los países desarrollados. España no es la Alemania del “milagro económico” necesitada de legiones de obreros para ocupar puestos intensivos en mano de obra. Y no es que los inmigrantes ocupen puestos de trabajo que nadie quiere. Si un país tiene inmigración cero la simple ley de la oferta-demanda haría subir los sueldos de los “trabajos basura”, como pasó en Boston a principios de los 70 cuando el paro se acercó a cero. La nuestra es una economía postindustrial donde tiene difícil encaje laboral una persona sin estudios que no hable el español. Lo que no quita la desazón que me producen los reaccionarios de turno cuando hacen el agosto vendiendo demagogia. Como si nadie comprendiera que no hay “efecto llamada” sino debido a la apabullante miseria un efecto explusión.

Hay quienes quieren vender la cuestión de la inmigración irregular como una “invasión” para pedir a continuación medidas drásticas y contundentes. Y como siempre sucede que la mierda golpea el ventilador en este país alguien reclama la intervención de las fuerzas armadas.

Fue un error enviar a soldados a la valla de Melilla. Para eso está la Guardia Civil que tiene competencias en la vigilancia de las fronteras. Y ante los “asaltos” a las vallas bien podría haber intervenido uno de los Grupos Rurales de Seguridad que tienen competencias, entrenamiento y material en el mantenimiento del orden público.

El reflejo maltés

maltaLa semana pasada HispaLibertas informaba de la llegada de embarcaciones con inmigrantes irregulares a Malta. Para el pequeño archipiélago de 3 islas y 600.000 habitantes que en dos días llegaran más de 300 inmigrantes irregulares fue todo un acontecimiento que ha generado alarma en el país. La misma clase de alarma que hemos visto en Canarias, con apelaciones a la Unión Europea. Los inmigrantes llegan a Malta porque está a medio camino entra la costa africana y la italiana, y porque es un pedazo de la Unión Europea en medio del Mediterráneo. Exactamente igual que la situación que vive Canarias, convertida en avanzadilla atlántica de la Unión Europea para la bueno y para lo malo. Lástima por todos los defensores de la teoría del “efecto llamada“. La situación es tan desesperanzada en el África Occidental que seguiremos viendo llegar inmigrantes en pateras y cayucos, o como polizones en toda clase de chatarras flotante.

Resulta que Daniel Bellón ya detectó los síntomas el pasado mes de marzo.

Cuidado con las mentiras canarias

Cuando por razones académicas tuve que buscar bibliografía sobre la África actual me encontré que en España se ha publicado sólo un puñado de libros. Los libros más interesantes, “Diamantes Sangrientos” de Greg Campbell o “África después de la Guerra Fría” de Mark Huband, son traducciones de libros publicados originalmente en inglés. África interesa tan poco que la mayoría de libros son obras colectivas que recogen una miscelánea de artículos de autores diferentes. Como si ningún aspecto o país concreto mereciera la atención de un libro entero. En algunos casos los libros son una recopilación de las ponencias de jornadas o ciclo de conferencias donde ni siquisera se alcanza un nivel académico mínimo. La conclusión que saqué es que en este país África no interesa una mierda. La semana pasada en Londres encontré en la librería Foyles de Charing Cross que la sección dedicada a África estaba ordenada de la A a la Z: De la A de Angola a la Z de Zimbawe. Por haber libros los había de la situación actual de Somalilandia. Comparando aquello con la Casa del Libro uno entiende muchas cosas. Demasiadas.

En marzo escribí algo titulado “Efecto llamada” donde me limité a hacer una lista del PIB per cápita de los países del África Noroccidental de mayor a menor, encabezando la lista con España. Lo escribí a propósito de la llegada de pateras a la isla de Fuerteventura con inmigrantes africanos y la explicación que algunos dieron aludiendo a la supuesta atracción que ejercía sobre la población africana la legislación española sobre materia de inmigración. Un explicación tan tonta obvia la posición fronteriza de España y lo que ha estado pasando en todos esos países en los últimos cinco años (una pista: guerras civiles y hambrunas). Ni una cita. Ni un comentario.

Pero a la confusión hay que añadir un elemento más que por la dedicación al trabajo no había tenido tiempo de tocar: La alarma social en Canarias ante la invasión de los negros en cayucos. Canarias siendo un archipiélago macaronésico, y por tanto atlántico, vivió siempre de espaldas a África. El horizonte marcó siempre hacia América. Colonos canarios fundaron Montevideo en el Cono Sur y San Antonio de Texas en Norteamérica. Frente a Canarias en la costa africana sólo estaba el Sáhara, y por tanto el vacío. Sólamente en la segunda mitad del siglo XX hubo un cierto flujo migratorio al Sáhara Español tras comenzarse a explotar los yacimientos de fosfatos de Bucraa.

Y he aquí que a finales de mayo J. J. Armas Marcelo publicó esta joyita en el ABC. El artículo es impecable: Comienza con una larga proclamación de lo muy españoles que son los canarios, para que ningún lector despistado del ABC se crea que va a encontrarse con un panfleto nacionalista o regionalista. Acto seguido esgrime los supuestos agravios que Canarias podría esgrimir frente a Madrid para de paso señalar de forma poco sutil que un mérito para ser atendidas sus reclamaciones es el haber dado pocos quebraderos de cabeza al gobierno comparada con otras regiones españoles. En otras palabras: “Se le podría ver a Madrid un detalle por su parte, que bien nos puede agradecer que no seamos tan quejicas como vascos o catalanes”.

Cuando por fin entra en el tema de la inmigración no olvida la circunstancias de los países africanos y la diferencia abismal de renta, aunque también habla de las políticas inmigratorias españolas. Entonces es cuando encontramos su llamada de atención:

[L]a gravedad del problema está empezando y no terminando; como las autoridades de la Comunidad Económica no se den debida cuenta del drama cotidiano de la inmigración ilegal en las costas canarias y atajen con soluciones tan urgentes como pertinentes la invasión que no ha hecho más que comenzar y que, de otro modo, será imparable, cuidado con Canarias.

Invasión. Canarias ha recibido durante décadas oleadas de turistas europeos en un modelo de turismo depredador que impulsó la economía pero destrozó los paisajes: Cemento y asfalto de la costa a la cumbre. Cuando el modelo empezó a dar problemas se decidió optar por el “turismo de calidad”. La consigna fue entonces construir campos de golf como si el agua sobrara. Y ahora cuando centenares de personas huyendo de países desvastados han llegado a las costas de Canarias de forma perfectamente controlada se pone el grito en el cielo. Digo perfectamente controlada porque al contrario que en las costas de Tarifa o Fuerteventura los ocupantes de los cayucos no han sido encontrados deambulando por las plazas y parques de Tenerife o La Palma. Los cayucos fueron detectados a tiempo, remolcados a puerto y sus ocupantes internados. El problema que provocó la llegada masiva de inmigrantes fue la escasez de instalaciones para albergalos. Enviados a la Península o a sus países de vuelta, ninguno de esos inmigrantes formará parte ya de la población canaria. Pero Armas Marcelo nos advierte:

Ya es un gravísimo problema la superpoblación del Archipiélago, que no da abasto a cuanta gente -por ser rico: por ser percibido como rico aeropuerto europeo de entrada y salida de «viajeros» – llega a las islas. ¡Cómo no va a ser un grave problema la avalancha de los cayucos de la inmigración ilegal! Literalmente y sin exageraciones: no hay sitio, no hay lugar para más gente.

Ahora resulta que esos immigrantes que pasarán por Canarias de forma temporal (de dónde terminan daría para largo y tendido) contribuyen a la superpoblación canaria. No hay que darle muchas vueltas, conociendo aquella tierra, que lo que esconde la advertencia de Armas Marcelo es la combinación letal de racismo y xenofobia de una tierra que siempre vivió de espaldas a África. Y que un día cayó en la cuenta lo cerca que estaba de una zona tan llena de problemas y que hasta ahora había preferido ignorar.

Londres y las Guerras de 4º Generación

Llevamos varios días de análisis sobre la marcha sobre los atentados en Londres. Como decíamos ayer ya sólo queda esperar los avances en la investigación, y ver qué línea de investigación es la buena.

La forma en que los medios de comunicación abordan el terrorismo en red recuerda en cierta forma a cómo tratan la propia Internet. Se entretienen hablando de pornografía infantil, virus informáticos y “piratería”, sin entender que estamos en un medio abierto al que quiera usarlo. El mundo de las redes es una nueva forma de entender el mundo, organizarse y actuar. Para bien y para mal.

Entender el atentado ha sido estos días un reflejo de una inquietud personal por entender las nuevas guerras y las nuevas formas de conflicto armado. Pero lo que más ha de preocuparnos ahora es, más allá de las medidas para evitar la ejecución material de otro atentado, cómo enfrentamos el reto de quienes a un lado y a otro nos quieren llevar a un “choque de civilizaciones”. Llegará el momento de abordar la obra de Huntington que es más un programa político que un análisis de la realidad. Pero ya mismo, basta moverse por la blogsfera española para leer verdaderos horrores. Sin ir más lejos, el comentario dejado aquí por alguien desde LibeloDigital que afirma literalmente: “La única solución es la expulsión absoluta de los musulmanes de Occidente” (sic).

Que bajo la máscara de pseudointelectualidad los libelelos españoles son la vieja ultraderecha nacional-católica es de sobra conocido, pero vemos que el tal “lelo_pensador” está en la línea de los viejos conservadores que llevan anunciando el catastrófico final de Occidente. Aunque las ideas occidentales de democracia avancen en Kuwait y Kîrguîzstán. Aunque falláramos a esos ideales en Bosnia. Es el viejo conservadurismo rancio, asociado al racismo y la exaltación del ombligo propio de siempre.

En el Foro de Armas y las Letras debatían qué nombre ponerle a las nuevas guerras. El moderador se decantaba por Guerras de 4ª Generación (yo prefiero “posmodernas”), y citaba a William S. Lind. Esta semana Lind publicaba el primer borrador de un manual para combatir en las Guerras de 4ª Generación”. No se trata de un manual al uso, porque utiliza una pequeña narración para ilustrar los principios de lo que quiere explicar. En un país ficiticio en una guerra ficiticia que evidentemente es Iraq, un oficial se niega a que se desarrolle la “Operación Goliath” en su área de operaciones. La “Operación Goliath” implica entrar a sangre y fuego en una zona donde operan las guerrillas enemigas. Mientras este oficial opera con principios distintos: I wanted to operate so that the locals would not hate us enough to fight us. Lind recoge la enseñanza de unidades de la Reserva y la Guardia Nacional desplegadas en Iraq y entre cuyos soldados hay policías y sheriffs acostumbrados a patrullar las calles de barrios peligrosos. Allí donde el ejército se comporta como la policía de un suburbio de EE.UU. hay mucha menos violencia.

Gente como “Lelo_pensador” quieren lanzar la “Operación Goliath” en los barrios habitados por musulmanes de nuestras ciudades. Quieren arrasarlo todo a sangre y fuego. Viven en los tiempos de la Reconquista. Siguen sin entender que lo de Londres es otra cosa. El 11-M fue otra cosa. Un nuevo mundo. No tenemos que conseguir que los musulmanes nos amen. No tenemos que conseguir que sean exactamente como nosotros. Que piensen como nosotros. Y no podemos encarcelarlos por tener ideas que no nos gustan. Nos basta que entre ellos no haya quienes quieran hacernos saltar por los aires.