Blackwater, mito periodístico de la Nueva Guerra Fría

Blackwater ya no existe. La empresa original primero cambió de nombre a Xe en 2009, ante los problemas de imagen que acumulaba. Finalmente, su dueño y fundador, Erik Prince, vendió la empresa, que fue desmembrada. Presidential Airways fue absorbida por AAR Corp. El centro de formación en Carolina del Norte, que había dado origen a la empresa, fue comprado por un grupo de inversores para crear en 2010 la empresa Academi. Más tarde, Academi se fusionó en 2014 con Triple Canopy para formar el Constellis Group, que luego fue absorbiendo más empresas en un signo de los tiempos. El sector se reorganizaba, lejos de los tiempos de crecimiento explosivo durante la ocupación de Iraq.

Mientra tanto, Eric Prince emprendió otros proyectos empresariales. Primero creó Reflex Response (R2) en Emiratos Árabes Unidos, al servicio de las autoridades de ese país. Al parecer se desvinculó cuando el asunto salió a la luz o ya estaba fuera por aquel entonces. Luego creó Frontier Services Group, al servicio de intereses chinos en África. Prince alcanzó notoriedad recientemente por su propuesta de privatizar la guerra de Afganistán y por su papel en la conexión entre la campaña de Donald Trump y los círculos del poder ruso.

Blackwater es historia. La empresa no existe. Fue desmembrada. Su fundador creó otras empresas al servicio de gobiernos distintos al de Estados Unidos.  Hablar en 2019 de Blackwater es como hacerlo de Galerías Preciados, la aerolínea TWA o el califato Omeya. Entonces, ¿por qué me sigo encontrando titulares que mencionan que Blackwater se prepara para intervenir en tal país o Blackwater ha desplegado fuerzas en tal otro? La respuesta es evidente. Pero primero veamos cómo surgió el mito de Blackwater.

Miembros de la empresa sudafricana “Executive Outcomes” en Angola.

Blackwater no fue la primera empresa militar privada compleja y con recursos avanzados, tal como las conocemos actualmente. Podemos decir que ese hito corresponde a la sudafricana Executive Outcomes. Blackwater tampoco fue la empresa con el mayor volumen de contratos en los años de auge del sector durante la ocupación de Iraq. Ese hito correspondió a la británica AEGIS. Blackwater se hizo célebre porque ganó el contrato más sensible y difícil de todos: proteger a Paul Bremer y al personal de la Autoridad Provisional de la Coalición en Iraq. Esto es, proteger al cabeza de la administración de ocupación estadounidense en el país y a sus funcionarios.

Blackwater en Bagdad.

Las tácticas de Blackwater seguían el principio de poner la seguridad del VIP a proteger por encima de todo. Sus vehículos blindados circulaban a gran velocidad por Bagdad, saltándose semáforos y abollando los vehículos que no se apartaban. Si un conductor iraquí no atendía los gestos de frenar que un contratista de Blackwater le hacía con la palma de la palmo, su coche se llevaba varios tiros en la parrilla. Estoy seguro que más de un conductor inocente se llevó un tiro.

El coronel T. X. Hammes, uno de los desarrolladores del concepto de Guerra de Cuarta Generación, visitó Bagdad y se movió por la ciudad de incógnito, manteniendo un perfil bajo. Cuenta que se cruzó con convoys de Blackwater y que su actitud amenazadora le pareció totalmente contraproducente para el esfuerzo de ganar “corazones y mentes” de la población local. Blackwater se convirtió así en el símbolo de todo lo que estaba mal en la ocupación estadounidense. La prensa occidental se llenó de artículos sobre los “pistoleros a sueldo” y los “perros de la guerra”, explicando que el fenómeno era la aplicación de la lógica neoliberal de privatización de servicios públicos hasta sus últimas consecuencias a la guerra, en el contexto de la hegemonía neocón en Washington.

El senador Obama y personal de Blackwater en Iraq.

En realidad el boom de los contratistas durante la ocupación en Iraq fue el resultado de una mala planificación de la reconstrucción postbélica. Donald Rumsfeld había insistido en que la fuerza invasora fuera lo más pequeña posible, aprovechando las ventajas de unas fuerzas armadas estadounidenses altamente tecnificadas como resultado de la Revolución de los Asuntos Militares de la sociedad de la información. El problema es que esa fuerza reducida resultó insuficiente para mantener la paz y el orden tras la caída del régimen de Saddam Hussein. Pronto, la protección de lugares, convoyes y personas fue puesta en manos de empresas privadas. La necesidad urgente disparó el precio de los contratos y los sueldos.

Durante unos pocos años, Iraq fue El Dorado de las empresas militares privadas occidentales. Fue una brutal competición empresarial darwiniana que fue dejando por el camino vidas y empresas. Luego vino la concentración y la reducción de costes con la contratación de contratistas de lugares como Fiyi, Uganda y Nepal. Y el asunto pasó a un segundo plano en los medios, mientras los países de la Unión Europea encargaban la seguridad de sus embajadas a empresas privadas mientras que China y Rusia desplegaban empresas militares privadas para proteger sus explotaciones de petróleo y minerales en lugares como Iraq, Sudán y República Centroafricana. Por aquel entonces, los periodistas occidentales ya no tenían interés en escribir sesudos artículos sobre el neoliberalismo y la guerra. En República Centroafricana, tres periodistas críticos con el Kremlin murieron en una emboscada mientras investigaban la conexión entre los negocios mineros rusos en la explotación de diamantes locales y la empresa militar privada Wagner.

Personal de Slavonic Corps en Siria.

Los sesgos de los periodistas occidentales biempensantes explican el interés por unos temas que son tratados hasta que se instalan en el imaginario colectivo, mientras otros pasan inadvertidos. Pero queda por explicar por qué Blackwater se sigue colando en los titulares en 2019.  Se trata de una razón muy sencilla. Blackwater es el monstruo terrible que agitan los enemigos geopolíticos de Estados Unidos allí donde hay un conflicto de intereses.

Blackwater aparece siempre oportunamente que hay un conflicto de intereses entre EE.UU. y sus rivales de la Nueva Guerra Fría. ¿Conflicto de intereses en Ucrania?

Aparece video que confirma la llegada de mercenarios de Blackwater a Ucrania” (RT, 9 de marzo de 2014)

Si Russia Today en español lanzaba una afirmación taxativa, meses más tarde dudaba.

¿Hay mercenarios de Blackwater en Ucrania?” (RT, 11 de mayo de 2014)

Y entonces, 24 horas después entró en tromba la prensa crítica, rebelde, alternativa y libreprensadora a repetir como loros.

¿Hay mercenarios de Blackwater en Ucrania?“(Geopolítico.es, 12 de mayo 2014).

Mercenarios yanquis de Blackwater ya combaten en Ucrania” (Canarias Semanal, 12 de mayo de 2014)

También encontramos, cómo no, a Voltairenet:

Despliegue de mercenarios estadounidenses en el sur de Ucrania” (4 de marzo de 2014).

Y por supuesto, a HispanTV:

Informe: Mercenarios de Blackwater operan en Ucrania” (19 de mayo de 2014).

Paradójicamente, mientras las filas ucranianas se llenaron de voluntarios, fueron las prorrusas de Ucrania oriental las que se llenaron de contratistas rusos y personal militar ruso. Eso no impidió a la prensa rusa hablar de la funesta presencia de mercenarios en el país o de injerencia externa en los asuntos ucranianos.

Seguimos. ¿Conflicto geopolítico entre EE.UU. y Rusia+Irán en Siria? ¿Adivinan quién se desplegó allí?

Diario turco: Blackwater entrena a terroristas en Siria” (Voltairenet, 6 de agosto de 2012).

Y a la fiesta no podía faltar Nazanin Amanian, recogiendo la misma noticia en su blog personal por aquellas fechas con el título “Los mercenarios de Blackwater en Siria“.

El vicepresidente del Partido del Trabajo de Turquía, Bulent Aslanoglu, confirmó que cerca de seis mil personas de diferentes nacionalidades árabes, afganos y turcos, han sido reclutados por los EE.UU. Agencia Central de Inteligencia (CIA) para cometer actos terroristas en Siria.

El blog “Cuestiónatelo todo”, parte de la “Red de Blogs Comunistas” se hacía eco de una noticia de Al Manar, medio de comunicación de Hezbolá, el 31 de mayo de 2012.

La empresa Blackwater tiene a 6000 mercenarios en Siria“.

Podemos seguir buscando. Por ejemplo, con Yemen.

Ejército yemení acaba con tres agentes de ‘Blackwater’ en Taiz” (HispanTV 9 de enero de 2016).

Mercenarios de Blackwater se van derrotados de Yemen” (TeleSur, 11 de febrero de 2016).

Si leemos las noticias vemos que Russia Today, HispanTV, TeleSur, Al Manar, etc. van triangulando enlaces y citas de tal forma que ninguno se pueda hacer verdaderamente responsable de la veracidad de lo publicado con la excusa de “nos limitamos a recoger lo que otros medios publican”.

Y si miramos noticias más antiguas, encontrarnos este refrito de la iraní PressTV.

Potencias occidentales abren las puertas a Blackwater en Libia” (Agencia Matriz del Sur, 13 de abril de 2011)

Sé que muchos se acogen a la excusa de que donde se lee “Blackwater” hay que leer “Academi” o “empresa que alguna vez tuvo algún tipo de vinculación con Eric Prince”. Es la respuesta más habitual que me encuentro en Twitter cuando señalo a alguien que está dando una noticia sobre las acciones de una empresa que no existe desde hace años. Pero incluso cuando en el cuerpo de una noticia se habla de que ya no existe una empresa con ese nombre, se insiste en mencionar a Blackwater en el titular. Por ejemplo, Leandro Albani publicaba en enero de 2018:

Blackwater: el ejército del terror del Pentágono” (Revista Sudestada, diciembre 2017).

Dice Albani:

Una multinacional militar se abre paso en el mundo desde hace dos décadas. Blackwater, la empresa de seguridad más poderosa del planeta, acumula denuncias por crímenes cometidos en Medio Oriente y por casos de corrupción en Estados Unidos.

En pleno enero de 2018 decía de Blackwater que es la “empresa de seguridad más poderosa del planeta” y que “goza de muy buena salud”. Varios párrafos más abajo cuenta que ahora se llama Academi, que se preparó para invadir Qatar y que participó en la guerra de Yemen.  Es decir, aquí se está mezclando el nombre de la difunta Blackwater con Academi y la trayectoria personal de Eric Prince tras desvincularse de la empresa. Lo de resucitar a Blackwater para convertirla en líder del sector también es cosa de RT, que en enero de este año también resucitaba a Blackwater para llamarla “la empresa militar privada más grande del mundo”.

El asunto ha vuelto a saltar porque Eric Prince ha afirmado que él arregla lo de Venezuela en dos patadas con una fuerza de 5.000 contratistas. Desde su empresa, Frontier Services Group (FSG), han dicho que “tiene una solución para Venezuela igual que la tiene para otros muchos sitios”. Pero como recoge el diario madrileño El Mundo, resulta que  “[l]a Casa Blanca ha declarado que no apoyaría el plan”. Las declaraciones de Prince, como también apunta el diario,  proporcionan munición dialéctica al régimen chavista, que ahora dará la turra con la amenaza de los mercenarios yankis mientras se multiplicarán los análisis sobre el regreso de Blackwater.

Blackwater busca crear un ejército de 5000 mercenarios para Guaidó” (HispanTV, 30 abril de 2018).

Si HispanTV dice que se trata de un plan de cara al futuro, Galicia Press dice el 2 de mayo de 2019 que ya están preparándose.

Blackwater (EE.UU) entrena mercenarios para desalojar a Maduro de Venezuela“.

¿Dónde entrenan? ¿Alguien lo sabe? ¿Hay pruebas? ¿Quién paga el sueldo de 5.000 contratistas esperando la aprobación de un plan que no tiene la aprobación de la Casa Blanca? En realidad, alguien ha tomado una noticia con un titular erróneo para deformarla más y crear algo grotesco.

En definitiva, resulta evidente que Blackwater es un monstruo que la propaganda rusa, iraní y procedente de otros aliados geopolíticos del bando contrario a Occidente en la Nueva Guerra Fría agitan en cualquier conflicto como una forma de deslegitimar cualquier acción de Estados Unidos porque estaría protagonizada por sanguinarios mercenarios a sueldo del imperialismo.

Geopolítica del Procés (II)

El otro día vimos un par de ejemplos de “sesudos” análisis geopolíticos y geoestratégicos en torno al proceso soberanista catalán. Se trataba de los disparates escritos en Twitter por un par de independentistas que había guardado como representativos de las tonterías dichas en las redes sociales por simpatizantes de aquel bando aquellos días. Pero las fantasías geopolíticas no fueron exclusivas del bando independentista. Aquellos días aparecieron análisis contrarios al independentismo que alertaban que los acontecimientos que estaban sucediendo en Cataluña eran el resultado de una operación encubierta contra España lanzada por la Unión Europea, la OTAN y George Soros. Sobra decir que este tipo de análisis provenían del bando prorruso de la Nueva Guerra Fría.

“Andréi Kononov” escribió en el blog “La Verdad Oculta” con fecha 23/09/2017 un artículo titulado “MAIDAN.CAT: Tras las huellas de la OTAN en el Procés” que es representativo de esa línea de pensamiento. El artículo fue reproducido poco después por Geopolitica.ru El poco esfuerzo empleado en tratar de sostener la teoría y los enormes agujeros argumentales hacen pensar que más que una teoría conspirativa nos encontramos ante una campaña de agitación en la que a río revuelto alguien trató de generar antipatía en España hacia las bestias negras del Kremlin.

Mucho ruido, pocas nueces.

El primer punto de los argumentos del artículo es que se trataron de unas “protestas muy bien planificadas”. La verdad es que todos sabemos cómo la maquinaria independentista estaba bien engrasada. Pero como veremos en mi reseña del libro Guerras Híbridas: La aproximación adaptativa indirecta al cambio de régimen de Andréi Krybko, los autores afines al Kremlin parece que tienen un problema para entender la voluntad de la gente a participar en protestas del signo que sean. Y en el caso catalán, nadie que haya estudiado el Procés se ha encontrado que fuera un fenómeno incomprensible que requiera para ser entendido introducir en el análisis una mano negra ajena a Cataluña y España. Las causas y actores son evidentemente endógenos.

Sin embargo, las “pruebas” de una acción externa para el autor del artículo es la proliferación de menciones a la Plaza de Tahrir de El Cairo y la Plaza de Maidán de Kiev, epicentro de las protestas en ambos países, en artículos y noticias relativas a Cataluña. Se mencionaba que, de impedirse la celebración del referéndum del 1-O, los líderes independentistas llamarían a una campaña de movilización y activismo. Tanto la prensa de Madrid como la de Barcelona establecieron comparaciones con las Primaveras Árabes y el Euromaidán ucraniano. Otra vez, desde la perspectiva del Kremlin todo lo que sea activismo callejero es el resultado de una operación de agitación llevada a cabo por poderes ocultos desde el extranjero. Y en este caso, las meras comparaciones hechas por periodistas de uno y otro lado significaba que estaban anunciando entre líneas la intervención de una poderosa conspiración ajena a España.

Decía el profesor Fernando Reinares que podíamos identificar una teoría de la conspiración porque sus autores siempre tienden a culpar, casualmente, a aquellos contra los que tienen prejuicios ideológicos. Yo la verdad es que nunca he encontrado a alguien que defienda una teoría conspirativa y afirme que, cotejando informaciones, llegó a la conclusión de que la mano negra culpable de todo era un personaje o grupo al que tenía en estima. Andréi Kononov” señala a George Soros, la bestia negra del Kremlin sobre el que habrá que hablar tarde o temprano. Pero de momento tenemos que fijarnos en la prueba de cargo contra él. Resulta que la Fundación Open Society Initiative for Europe de George Soros aportó 27.049 dólares para la celebración de un evento sobre xenofobia y euroescepticismo organizado por el Consell per la Diplomàcia Pública de Catalunya (Diplocat) y destinado a periodistas y medios de comunicación en 2014.

Noticia en 2016 de la subvención a Diplocat en La Vanguardia (véase noticia original).

Aquí tengo que hacer un inciso. Yo he sido invitado a varios eventos en los últimos años. La organización de cada evento se gastó una buena cantidad de dinero en pagarme billetes, alojamiento, comidas y desplazamientos. En algunos casos incluso cobré por mi participación. A esa cantidad que la organización se gasta por invitado, hay que sumar los gastos asociados al alquiler del auditorio, la traducción simultánea, los roll ups, etc., el material de papelería y un sinfín de gastos más. Así que volviendo a los 27.049 dólares que aportó la fundación de George Soros a Diplocat, ese dinero se gastó en organizar un taller sobre xenofobia y euroescepticismo. Sin embargo, de alguna forma mágica y misteriosa el asunto se transformó en un apoyo directo de George Soros al Procés, idea que ha circulado profusamente en titulares sensacionalistas de medios panfletarios de la ultraderecha española (valga la redundancia).

A continuación el artículo salta a Arthur Brooks, presidente del American Entreprise Institute (AEI). Por lo visto, Brooks tiene familia política catalana (trabajó y vivió en Barcelona), fue invitado a Cataluña por el gobierno catalán y en una gira por Estados Unidos, el entonces presidente Carles Puigdemont se entrevistó con Brooks. El AEI es tan importante para “Andréi Kononov” porque cuenta que “el investigador Thierry Meissan acusó a este think tank de haber preparado junto a Israel un “golpe suave” contra el gobierno de Irán en 2002”.  Sobre el siniestro Meyssan, por cierto, escribí hace ya tiempo.

Para “Andréi Kononov” es muy importante la agenda de encuentros y reuniones del entonces presidente Carles Puigdemont en Estados Unidos porque eso lo interpreta como indicios del interés estadounidense en fomentar la independencia de Cataluña. La verdad es que no parece que haya comprendido cómo funcionan estas giras. Tener más o menos encuentros de alto nivel en Estados Unidos es el resultado de la habilidad de tu gabinete y del dinero que hayas gastado en agencias de relaciones públicas. Recordemos, por ejemplo, que el gobierno español firmó en su momento un contrato de 2,3 millones de euros con un bufete de abogados para ejercer labores de lobby en Washington D.C. Entre sus tareas estuvo, por lo visto, lograr que al presidente José María Aznar le fuera concedida la Medalla de Oro del Congreso.

Lo interesante es que “Andréi Kononov” publicó su artículo en septiembre de 2017, así que tenemos la perspectiva del tiempo para valorar el resultado de la gira estadounidense del entonces presidente Carles Puigdemont. Pero además, en el caso del AEI, basta acudir al buscador de su página web para ver cuántos documentos y artículos ha publicado el think-tank sobre la cuestión catalana. Yo no encuentro más referencia a la cuestión catalana en la página web de AEI que dos artículos de opinión publicados en 2014 (‘Catalonia is not Scotland’) y 2012 (‘A divided Catalonia may yet attempt to divide Spain‘). El resto de referencias a España tienen que ver con asuntos fiscales y con la Unión Europa.

Hay otro encuentro del entonces presidente Puigdemont que plantea conexiones interesantes. Cuenta “Andréi Kononov” que Puigdemont se reunió con el ex-presidente Jimmy Carter.

Puigdemont y compañía redondearon su gira por Estados Unidos reuniéndose con el ex-presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, uno de los impulsores (junto a su inseparable consejero Zbigniew Brzezinski) de la Operación Ciclón contra la URSS en Afganistán. El encuentro fue auspiciado y anunciado a bombo y platillo por el Diplocat.

Otra vez, “Andréi Kononov” muestra no enterarse mucho de lo que escribe. La reunión con Jimmy Carter tuvo lugar en el Carter Center, una ONG célebre por sus actividades de monitorización de procesos electorales e intermediación en conflictos. Podemos imaginar que Puigdemont buscaba que la organización se implicara en el referéndum y realizara tareas de mediación. La gracia aquí es que “Andréi Kononov” no se molestó ni en hacer una mínima búsqueda de información sobre el resultado de la reunión. Porque después de la reunión el Carter Center emitió un comunicado oficial anunciando que ni el ex-presidente ni su ONG se involucrarían en el referéndum impulsado por el presidente Puigdemont.

Comunicado del Carter Center (vía La Vanguardia).

La sucesión de encuentros y reuniones son para “Andréi Kononov” prueba de que distintas instituciones, poderes y personajes de Estados Unidos estaban trabajando para impulsar el Procés. La realidad es que a la vuelta de Puigdemont a España el viaje fue considerado un fracaso por el perfil bajo de los interlocutores. El único encuentro relevante fue el celebrado con Jimmy Carter. De ahí, que fuera “anunciado a bombo y platillo por el Diplocat”. Se especuló, por cierto, sobre la existencia de un pago, cabe suponer que en forma de donación al Carter Center. La foto oficial de la reunión muestra a los participantes sosteniendo unas pancartas de una campaña para luchar contra la ceguera de río. La Embajada de Estados Unidos, por cierto, intervino en el asunto con un comunicado oficial donde afirmaba que el gobierno de ese país ” está profundamente comprometido en mantener la relación con una España fuerte y unida”.

Refutar teorías conspiranoicas es agotador.

El artículo sigue y sigue. Pero creo que se hacen una idea de cómo se construye una teoría conspirativa. A lo mejor otro día me animo a seguir repasando otros epígrafes del artículo. Y si tienen conocimiento de otros por el estilo les animo a compartir el enlace conmigo en redes sociales o en los comentarios.

 

Volviendo a una teoría conspiranoica sobre el Estado Islámico

Mucho antes del debate sobre la post-verdad (post-truth) y las noticias falsas (fake news) dije repetidamente que el rebatir las metiras, falacias y bulos que se generan sobre conflictos como el de Siria e Iraq daría para llenar un blog aparte. Véase si no, todo el trabajo que generan otros conflictos para StopFake.org y Revista de Medio Oriente.

captura de 20 Minutos.
20 Minutos copió y pegó una noticia de un medio italiano que citaba otro ruso sobre que decía que Bin Laden vivía en las Bahamas. Luego pidió disculpas.

Pero por muy nuevo que parezca el asunto, de lo que hablamos no es más que de las mentiras políticas de toda la vida. Es decir, no se trata meramente de un problema de los medios por la forma en que trabajan hoy en día, con plantillas precarias y con prisas por buscar visitas a toda costa (clickbait), sino que muchas de esas tonterías tienen un objetivo político. No es casual, por ejemplo, que medios estatales rusos e iraníes o con afinidades ideológicas con los gobiernos de esos países se inventaran y reprodujeran la noticia de que helicópteros Apache estadounidenses habían sido filmados escoltando un convoy de vehículos del Estado Islámico. El objetivo es cuestionar el papel de Estados Unidos y los países de occidentales en Oriente Medio para dejar la cancha libre a Rusia, Irán y sus aliados.

Luego, capítulo aparte, tenemos la legión de tontos útiles que reproducen la propaganda rusa e iraní por motivos variados. Desde el el cuñado de turno que, en la sobremesa o de cañas, te explica con condescendencia una teoría conspiranoica hasta el desesperado por epatar con un discurso radical en una era de utopías agotadas. Como si soltar argumentos leídos en Russia Today, HispanTV, TeleSur, Voltairenet, Global Research, etc. lo convirtieran a uno en un libre pensador con criterio crítico e independiente.

El caso más paradójico es el del Estado Islámico, que nació como una coalición de fuerzas insurgentes iraquíes, bajo el liderazgo de la franquicia local de Al Qaeda, para luchar contra la ocupación estadounidense de Iraq. Pero que años después, mágicamente, en la propaganda anti-occidental resulta ser un instrumento de Estados Unidos e Israel. Estos días, con la caída de Palmira en manos del Estados Islámico, me he acordado de un argumento que dio Julián Jiménez, profesor de secundaria en Valencia y conocido en Twitter como “Profe Rojo”. Se trata de la clase de persona que un día te cuenta que la Stasi tiene mala fama injustamente y se burla de sus víctimas para otro día contarte la historia de la invasión de Afganistán “a su manera”.

Dijo el “Profe Rojo” un día en Twitter que la debacle del ejército iraquí en Mosul ante la ofensiva del Estado Islámico fue una maniobra orquestada por Estados Unidos para entregarles arsenales de armas. Que EE.UU. provee de armas al Estado Islámico lo podemos leer en medios de propaganda como VeteransToday e InfoWars. Y en estas, resulta que el Estado Islámico entra en Palmira y se encuentra con bastante material militar.

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Foto vía Christo Grozev.

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Foto vía Christo Grozev.

En Palmira no sólo cayeron en manos del Estado Islámico las habituales montañas de armas y municiones, sino también vehículos blindados y artillería.

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Carro de combate T-72. Foto vía Jacm.
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Cañón D30 de 12mm. Foto vía Jacm.
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Lanzacohetes BM-21 Grad. Foto vía Jacm.

Entre los vehículos capturados hay una curiosidad, un KAMAZ-43269 “Dozor”. Se trata de un vehículo ruso de diseño relativamente reciente y por tanto no es un legado de los arsenales sirios de la Guerra Fría.

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KAMAZ-43269 Dozor capturado en Palmira. Foto vía Ilya A.

Pero no el único material ruso aparecido en Palmira. Tenemo cajas de munición identificadas con marcajes de JSC Rosoboronexport, la agencia estatal rusa de exportación de armamento.

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Foto vía CIT.

Y sabemos que en Palmira no sólo había material militar de origen ruso, sino también soldados rusos, que dejaron atrás pertenencias personales.

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Un soldado ruso, por ejemplo, se marchó con tanta prisa que dejó atrás sus  tarjetas bancarias. Gracias a este tuit de un analista de CIT el Tinkoff Bank anuló la tarjeta.

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Estas cosas pasan en la guerra (shit happens). Pero podemos interpretar lo que pasó en Palmira de dos formas. Podemos pensar que una ofensiva inesperada del Estado Islámico pilló por sorpresa a los defensores sirios y rusos. O podemos aplicar el criterio del “Profe Rojo” y pensar que estamos ante un hecho inaudito y que por tanto forma parte de una operación secreta sirio-rusa para transferir armamento al Estado Islámico. La ironía es que supuestamente la intervención rusa en Siria se vendió como un esfuerzo para frenar al Estado Islámico a pesar de que sus intenciones eran otras y justo en el único frente en el que Rusia combatió al Estado Islámico ha tenido lugar esta debacle.

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Imagino que el “Profe Rojo” dirá que hay una tercera probabilidad. Que la caída de Mosul sí fue una operación estadounidense perfectamente calculada en la que de alguna manera se logró que el ejército iraquí se desplomara mientra que la caída de Palmira fue una desafortunada derrota sirio-rusa producto de la mala suerte o la incompentencia siria. Para mí, esa clase de teorías conspiranaoicas son pura charlatanería. Y si logran eco es porque todos sabemos que el esfuerzo para refutar un tuit idiota es infinitamente superior al necesario para escribirlo.

Mientras tanto, se revela el programa industrial de armamento del Estado Islámico. Pero supongo que siempre habrá profesores de universidad en España que hablen de los intereses de las multinacionales del armamento en venderle al Estado Islámico para alimtentar la guerra.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com

“La nueva post-verdad y las viejas mentiras” (6 diciembre 2016)

“Cuñados, comunistas y conspiranoicos” (3 mayo 2016)

“La factoría de bulos” (21 noviembre 2015)

“Las teorías conspirativas como fenómeno cultural de la Nueva Guerra Fría”. (13 febrero 2015)

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Narrativas interesadas

Soy procrastinador nato pero mis horas delante del ordenador saltando de página web en página web tienen su lado positivo, como ser bueno jugando al Trivial Pursuit o terminar encontrando conexiones en información dispersa. Así, terminé escribiendo cosas como “El futuro eléctrico”. Mi interés por la Nueva Guerra Fría, que está en las antípodas del concepto Guerras Posmodernas, nació así. Navegando por Internet me fue surgiendo una sensación extraña con la acumulación de comentarios de Menéame.net o publicaciones en  muros de Facebook que reproducían noticias de medios y entradas de blogs con la perspectiva rusa e iraní de conflictos como el de Siria y Ucrania.  Es interesante preguntarse en qué momento y por qué la clase de medios en español que se definen “libres”, “independientes”, “alternativos”, “de contra información”, etc. consideraron a los medios de comunicación públicos de Rusia e Irán como fuentes de información fiables. Podemos además especular sobre quién financia a medios como Voltairenet y LibreRed que no tiene ni un solo banner de publicidad en su portada.

En vez de plantear teorías conspirativas, lo pertinente es tirar del hilo y llegar al origen de los bulos interesados. Recordemos por ejemplo, el caso del bulo sobre los ataques con armas químicas en Siria en agosto de 2013 que decía que habían sido el resultado de un accidente sufrido por los rebeldes al manipular ese tipo de armas entregadas por Arabia Saudita. El bulo lo puso en marcha un medio concreto, Mint Press, dirigido por una joven periodista salida de la nada, hija de un converso al chiísmo que estudió en Irán, sin apenas experiencia y que había montado una publicación on-line con un montón de dinero salido no se sabe de dónde. Tres años después el bulo sigue circulando y hace poco alguien me reprochó, aquí en un comentario, que yo no me hubiera enterado de que aquellos ataques químicos fueron obra de los rebeldes sirios. Expliqué el asunto en: “El ataque con armas químicas de Goutha: Un caso de desinformación”.

La otra parte relevante del fenómeno es cómo se difunden y se popularizan los bulos. Cómo se viralizan y se convierten en memes políticos, diríamos en pleno 2016. Tampoco defiendo tratar el fenómeno desde la perspectiva de las teorías conspirativas, sino que creo que hay que entender que mucha gente difunde los bulos creados en Moscú y Teherán de buena fe por un sesgo de confirmación. Están dispuestos a creer cualquier noticia que les permite seguir criticando a EE.UU., la OTAN e Israel. Así, el respetable profesor Vinceç Navarro, coautor del primer programa económico de Podemos, terminó diciendo bastantes tonterías al reproducir varios bulos sobre el vuelo MH17 de Malaysia Airlines derribado sobre Ucrania en un artículo en el que salía en defensa de Rusia. Otro caso es el de Óscar López Corral, autor del blog Marat, asaltar los cielos, y militante del Espacio de Encuentro Comunista que reproducía un artículo de Alfredo Jalife-Rahme con el bulo sobre que el avión malayo había sido derribado en un intento de asesinar a Putin. Una idea, por cierto, que había circulado pocos días después del derribo del avión al señalar alguien que la librea del Il-96 presidencial ruso y la del Boeing 777 malayo eran parecidas. Pero que no tiene sentido porque cuando un avión viaja a más de 30.000 pies de altura no hay forma de identificar desde tierra las rayas de colores que lleva en el lateral y porque el avión presidencial ruso hacía tiempo que había dejado de sobrevolar Ucrania en sus rutas.

Y con estos precedentes, me ha llamado la atención tras cada atentado terrorista de carácter salafista-yihadista en Europa la proliferación de análisis y comentarios que apuntan al wahabismo, la corriente islámica oficial en Arabia Saudita. No vamos a negar a estas alturas que las autoridades saudíes han difundido su versión conservadora y rigorista del Islam por el mundo. Es relevante que el llamamiento a la yihad lanzado por Osama Bin Laden en 1996 tenía como motivo central la expulsión de las tropas estadounidenses de Arabia Saudita, un asunto muy delicado para la sensibilidad wahabí. Pero si tenemos que hacer un estudio histórico de los grupos, corrientes y autores que influyeron y conformaron el nacimiento de la yihad global en el contexto de la Guerra de Afganistán tenemos que hacer mención del movimiento deobandi, de origen indo pakistaní, o remitirnos a las ideas del egipcio Sayyid Qutb que miembros de la Yihad Islámica Egipcia, como Ayman Al Zawahiri, llevaron consigo. La genealogía intelectual del yihadismo global es compleja y no deriva precisamemente de la corriente principal y oficial del wahabismo, que se ha mantenido desde el siglo XVIII como una doctrina defensora del status quo y la legitimidad de la familia Al Saud. Por tanto, no hay que confundir ultaconservadurismo con las ideas yihadistas. Por más que ambas compartan una naturaleza extremista. Y por supuesto, entender la peculiar naturaleza aparte de las ideas apocalípticas del Estado Islámico, tal como Manel Gozalbo explicaba en “El califato del fin del mundo”.

La pregunta es, entonces, cómo es que de pronto proliferan análisis sobre la culpabilidad del wahabismo, y por tanto de Arabia Saudita, en la actual ola terrorista. Basta acudir a Google. Empecé por Voltairenet, origen de numerosos bulos y teorías conspirativas sobre EE.UU., la OTAN, Israel, etc. Encontré una entrevista dada por su director, Thierry Meyssan, a una revista serbia donde menciona repetidas veces el término wahabismo: “El plan imperialista de trece años para Siria” (16 febrero 2014). También encontré artículos como “¿Es musulmán el wahabismo?” (19 de enero de 2015). Podría seguir, pero busqué entonces en páginas web españolas y encontré en Rebelión.org el artículo “El wahabismo: la ideología de los terroristas degolladores del Daesh-ISIL y cáncer inoculado en la comunidad musulmana” (30 mayo 2015), en cuyas referencias bibliográficas aparece, cómo no, un artículo de Thierry Meyssan en Voltairenet. En Rebelión.org encontré dos cosas interesantes. El artículo “Breve descripción de la ideología del Estado Islámico” (17 diciembre 2014) es obra del argentino Kamel Gomez El Cheij, cuyo blog Islam en Mar del Plata tiene por subtítulo “Hacia la conformación de un Islam Nacional y Popular”. ¿Qué significa “nacional y popular” (nac & pop) en el contexto argentino? Kirchnerista. Podemos encontrar al menos un artículo de Kamel Gómez en el sitio web euroasianista Katehon. El otro artículo es “¿Quién es el culpable del terrorismo musulmán?” (23 enero 2015) de Andre Vltchek. El artículo fue originalmente publicado en Counterpounch, donde Vltchek aparece como “filósofo, novelista, cineasta y periodista de investigación” que realiza documentales para TeleSur y Press TV, canales de televisión internacionales. El primero lo financia un consorcio de los países “bolivarianos” y el segundo forma parte de la corporación pública iraní. En esos tres artículos de Rebelión.org se habla de wahabismo y se le atribuye la responsabilidad de las corrientes yihadistas contemporáneas. Por ejemplo, Vltchek afirma: “Casi todos los movimientos radicales en el Islam de hoy, en cualquier parte del mundo, están vinculados con el wahabismo”.

Lo que he hecho no es más que una búsqueda rápida impulsada por el instinto. Pero creo que queda clara la idea que intuía. Arabia Saudita no es la clase de país donde me gustaría vivir. Pero estando últimamente inmerso en lecturas sobre el origen de la yihad global, me saltaron varias alarmas ante la sensación de que alguien llevaba tiempo poniendo en circulación un argumentario sobre Arabia Saudita como origen de los males del Islam contemporáneo y cuna del yihadismo global. Esas críticas no son el resultado de un posicionamiento moral sobre el país, sino pura ideología en el contexto de la Nueva Guerra Fría. Así no es casual que las ideas lanzadas por medios posicionados del lado iraní terminando en un efecto de bola de nieve apareciendo en medios y blog españoles de izquierda. Otras veces es pura coherencia militante. Los nacional-populistas están con los gobernantes de Rusia, Irán, Siria y Venezuela en contra de Occidente y sus aliados.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com:

“El antisemitismo y la dimensión ideológica de la Nueva Guerra Fría” (10 julio 2016)

“La factoría de bulos” (21 noviembre 2015)

“Voltairenet, la gran impostura” (13 noviembre 2013)