Observatorio de la Nueva Guerra Fría #5

En Semana Santa me tomé unas vacaciones blogueras y luego con tanto lío me dio pereza retomar el blog. Así que la última entrega del Observatorio de la Nueva Guerra Fría la publiqué el 30 de marzo. En este tiempo han pasado un montón de cosas y sería imposible ponerme al día en una sola entrega. Es más, esta entrega tenía que haber salido en el fin de semana del 30 y 31 de mayo. Durante este tiempo han pasado bastantes cosas interesantes Algunas las trataré en entradas del blog por separado

Me quedó pendiente reseña el primer libro que apareció sobre la Nueva Guerra Fría: The New Cold War. Revolutions, Rigged Elections, and Pipeline Politics in the Former Soviet Union de Mark MacKinnon, reportero canadiense que cubrió in situ la Revolución Naranja ucraniana. Fue publicado en 2007. El libro me parece la crónica definitiva de las Revoluciones de Colores que de pronto eché en falta cuando leí De la Ley Sinde a la #spanishrevolution de Arnau Fuentes.

Haré una reseña pronto, pero cabe destacar que el libro fecha el comienzo de la Nueva Guerra Fría en 2006. En mayo de ese año Dick Cheney participó en un encuentro en Vilna, la capital de Lituania. Su discurso crítico de Rusia fue tildado por la prensa rusa como equivalente al que dio Wiston Churchill en Fulton (Missouri) empleando por primera vez el término Telón de Acero. En el relato de los acontecimientos hecho por el libro tiene un papel relevante George Soros, que advirtió recientemente que el mundo está en “el umbral de una III Guerra Mundial”. Curiosamente al buscar la noticia no la encuentro más que en medios como InfoWars.com, ZeroHedge.com, la edición inglesa de Pravda y la edición inglesa de Sputnik. Por su parte, el pasado mes de abril se publicaba una entrevista a Noam Chosmky con el titular: “Noam Chomsky: We’re facing a new Cold War”. Lo interesante es que mientras en Occidente pocos hablan de la Nueva Guerra Fría y unos cuantos critican la “demonización de Putin” o “las tensiones con Rusia creadas artificialmente”, medios y autores rusos o críticos con Occidente asumen plenamente la naturaleza de las cosas.

Guerra en Ucrania.

En la mesa redonda sobre Ucrania organizada por Passim.eu anticipé que o bien Rusia aplicaría una política de hechos consumado para no devolver el territorio conquistado o bien Minsk II sólo era una “pausa estratégica”. La semana pasado volvieron los combates a Ucrania oriental. Durante los últimos meses se sucedieron las noticias de la llegada a la zona de convoyes rusos y material militar. La vuelta a la actualidad del conflicto ucraniano ha servido para conocer que desde el alto el fuego las fuerzas rusas han ocupado poco a poco nuevas localidades ucranianas en lo que podríamos llamar “estrategia del salami”.

Bellingcat, el grupo de analistas de Inteligencia de Fuentes Abiertas (OSINT) coordinado por Eliot Higgins, ha publicado un montón de artículos identificando material de guerra y soldados ruso en Ucrania oriental. Bellingcat se ha convertido en un referente sobre el tema, congregando alrededor suyo a expertos y voluntarios que se suman a sus esfuerzos. Véase como ejemplo, entre otros muchos, una investigación hecha en Rusia usando redes sociales sobre la historia de un soldado ruso “muerto por la Patria” y que desvela finalmente la historia de tres soldados rusos de una unidad Spetnaz, identificados con nombres y apellidos, que murieron en mayo de 2015 en Ucrania.

El Atlantic Council ha publicado un informe sobre la participación rusa en la guerra de Ucrania titulado “Hiding in Plain Sight: Putin’s War in Ukraine”.

Mar Báltico

El próximo 13 de junio dos bombarderos B-52 participarán en un ejercicio militar en las costas suecas donde se simularán un intento de desembarco por parte de una fuerza hostil.

Las tres repúblicas bálticas pedirán a la OTAN el despliegue permanente de tropas en su suelo como disuasión ante Rusia. Un deseo que ya expresó Polonia anteriormente.

El martes 28 de abril la armada finlandesa disparó cargas de profundidad contra un contacto submarino no identificado cerca de Helsinki.

Afinidades ideológicas en la Nueva Guerra Fría

Conté aquí cómo el viernes 29 de mayo el PCE dio difusión y estuvo representado por su ex-secretario general en un acto de apoyo a Bashar Al Assad. Mientras que el sábado 30 de mayo Izquierda Unida organizaba unas jornadas sobre la defensa nacional española con una perspectiva crítica del eje euro-atlántico. Ambos asuntos tienen evidente relación. El rechazo a la OTAN no es el resultado de una postura ética, por mucho que se aluda a la defensa de la soberanía nacional española. Es por un posicionamiento ideológico en el contexto de la Nueva Guerra Fría. Piensen en la hipocresía de quienes justifican la invasión rusa de Ucrania y protestan por la existencia de una fuerza de contingencia de los marines en Morón.

Si visitamos la página web de los organizadores del acto de apoyo a Assad, la Plataforma Global Contra las Guerras, encontramos (¡vaya sorpresa!) un artículo de opinión de Rostislav Ishchenko. Sostiene que lo que está en juego en Ucrania oriental no es la ambición imperialista de Putin sino “el futuro del planeta”.

El asunto anterior trajo en Twitter de cabeza a más de uno al que no le cabía en la cabeza que personas de izquierda apoyaran a un dictador como Bashar Al Assad. Pero como ya he explicado aquí varias veces en el terreno de la Nueva Guerra Fría hay que dejar de trazar perfiles ideológicos en función del eje izquierda-derecha para hacerlo en función del posicionamiento de amigo o enemigo de Occidente y la democracia liberal.

Aquí una manifestación de la ultraderecha en Francia hace pocos años. De izquierda a derecha: Draža Mihajlović, Aleksandr Lukashenko, Vladimir Putin, Bashar Al Assad y Hugo Chávez. Lo mejor de cada casa.

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Varias personas me llamaron la atención sobre la entrevista hecha al profesor Francisco Veiga en Jotdown. Veiga es conocido por sus libros de historia de los Balcanes y Turquía, además de ser el impulsor del grupo Eurasian Hub. Más de una vez le he visto decir bastantes tonterías al meterse en terrenos que no son los suyos. Véase las tonterías dichas sobre las fuerzas especiales francesas en Libia o el disparate de su relato sobre la Guerra del Líbano de 2006. Mantiene una visión del panorama internacional que raya lo conspiranoico junto con un línea opuesta siempre a Estados Unidos, la Unión Europea e Israel. En la entrevista niega que estemos en una Nueva Guerra Fría y sostienen que la crisis ucraniana está provocada por Estados Unidos para abrir una brecha entre la Unión Europea y Rusia. Un acercamiento que él considera ideal: “E imagínate si el acercamiento incluye a China. La UE se convertiría en un cohete, impulsado por materias primas baratas, un gigantesco mercado…” Como vemos una vez más, alguien que critica a Estados Unidos resulta ser otro simpatizante de una alianza con Rusia para crear la Europa de Lisboa a Vladivostok. Una propuesta ideológicamente nada neutra.

Propaganda rusa.

La agencia de noticias Sputnik publicó el 27 de mayo un artículo titulado “Estado Islámico: la criatura diabólica de turno de los globalizadores” que firma la periodista peruana Vicky Peláez. Es interesante el lenguaje. Los malos en esta Nueva Guerra Fría para el otro bando son los “globalizadores”. Pero más interesante es averiguar quién es Vicky Peláez. Detenida en Estados Unidos junto con su marido ruso por espiar para Rusia. Fue canjeada en un intercambio de espías.

The Telegraph entrevistó recientemente a una ciudadana rusa que trabajó en una “factoría de trolls”. No es la primera entrevista o artículo sobre el tema.

Sólo faltó Richard Cladyerman y la maratón

Pues yo estoy en casita. Llegué esta mañana a las 7:30 en autobús desde Barcelona, donde aterrizó ayer a primera hora mi vuelo desde Cracovia. Hoy me dio tiempo simplemente de llegar a casa, ducharme y salir a cumplir con mis deberes.

Regreso con la espalda destrozada, mucho cansancio y la sensación de haber vivido dos semanas intensas. Ha sido un viaje diferente. He cargado la mochila más ligera que haya llevado jamás, he llevado portátil y en todos los sitios que he dormido he contado con wifi. Si por un lado me he ahorrado las penalidades de aquellos viajes en que llegué a cargar más de 25 kilos a la espalda, sudando la gota gorda desde la estación de tren al albergue juvenil de turno, la permanente conexión vía SMS, email y webcam aminora la sensación de aventura. Hay unas cuantas cosas que aprender para futuros viajes.

Espero no les haya aburrido con las batallitas del viaje. Se acabaron las entradas pretendidamente divertidas y facilonas. Toca volver a tocar los temas de siempre. Pero los que hayan seguido mis crónicas de mi periplo por Tallin, Riga, Vilna, Varsovia y Cracovia sabrán de mis encuentros con españoles palizas haciendo el tonto lejos de casa. Así que no puedo terminar sin contar que de camino a la estación de tren el sábado por la noche en la plaza central de Cracovia me encontró con un puñado de tunos dándole la paliza a los turistas que intentaban cenar en una terraza. Salí de allí por piernas para coger el tren hasta el aeropuerto de Cracovia-Balice. Mi vuelo a Barcelona salía a las seis de la mañana. Así que decidí pasar la noche en el aeropuerto. Intenté dormir pero en un primer momento me lo impidieron las risas y gritos de unos cretinos. Uno de ellos se puso a imitar sonidos de animales. Y ni me molesto en decirlo. ¿Lo adivinan? ¿Adivinan la nacionalidad de los tipos en cuestión? Menudo viaje. Sólo faltó Richard Clayderman en su piano sin control… y una maratón.

Los insoportables niños cantores de Cracovia

Ayer por la tarde encontré a un grupo de españoles gritando (supuestamente cantaban) y agitando una bandera. Descubrí la razón de su entusiasmo. En Cracovia tiene estos días un encuentro internacional de coros de iglesia infantiles. Había una recinto acotado en la plaza mayor que empezó a llenarse de grupos de niños pastoreados por la respectiva Sor Presa y Sor Teo. Si tenemos en cuenta que mi opinión más destacada sobre el asunto de la infancia y el cristianismo es que Herodes debería ser beatificado, como mínimo, entenderán que huyera de allí.

Me puse los auriculares del reproductor MP3 y me puse a caminar y a caminar lejos del centro escuchando cantos de monjes ortodoxo ucranianos. Cosas de llevar la contraria. Cuando me di cuenta me había salido del mapa. Estaba en una zona de Cracovia que seguro los turistas no visitan y el sentido común recomendaba abandonar.

Los folletos para turistas mochileros dicen que Cracovia es la nueva Praga. Leí lo mismo de Liubliana y Tallin en su momento. Se trata de ciudades asequibles para el bolsillo del mochilero anglosajón, con su pintoresco castillo sobre la colina y un casco histórico coqueto por el que pasear. La cuestión es que Cracovia fue la antigua capital de Polonia y sus edificios históricos sobrevivieron más o menos intactos a la Segunda Guerra Mundial. Cosa que por ejemplo, no puede decirse de Varsovia. Si a eso le añadimos que fue un emporio comercial en el Medievo y lo arraigada de la religión en Polonia tenemos una ciudad llena de iglesias, conventos y edificios varios en cada esquina.

Esta mañana y esta tarde he continuado con los paseos por Cracovia. En un par de iglesias me he encontrado misas con la inevitable presencia de coros infantiles que a mis oídos sonaba como una cacofonía de voces agudas. Por la noche volví a encontrarme con grupos de críos. Unos bailando y otros cantando en la calle esperando sacar dinero en dura competencia con los mil chiringuitos de souvenirs, parafernalia diversa, tours turísticos y malabaristas perroflautas. Desde luego que no se trataba de un encuentro de escolanías.

Y me muestro tan cruel con las habilidades cantoras de los niños de los cojones porque puedo comparar. Confieso que durante este viaje he ido a misa. Sí señor. Un servidor, pecador y descreído, se encontró de casualidad en la catedral ortodoxa de Tallin un servicio religioso. Una feligresa recitaba letanías y pensé que era algo habitual. Al rato empezó un pope a cantar misa. Me quedé a verlo y escucharlo. Y entonces empezó un pequeño coro a darle la réplica al pope. ¡Qué conjunción de voces! ¡Qué bien sonaban! Fue una maravilla imprevista. La clase de experiencias que uno atesora en esta clase de viajes. Al final essperé al final de la ceremonia, recibiendo durante el transcurso bendiciones a golpe de pequeño botafumeiro. Así que comprenderán que por aquí huya de los espectáculos estos para pedarastas.

P.S.: Alguno habrá notado el tono pretendidamente desenfado que han tenido mis últimas entradas. No he dedicado todavía una línea a Varsovia, ni tampoco he hecho ni un sólo apunte sociólogico de urgencia sobre las república bálticas y Polonia. Todo tendrá su momento. Mañana iré a visitar Auschwitz, así que comprenderán que tenía ganas de reírme antes de uno de los momentos cumbres de este viaje.

Mis fotos de Cracovia en Flickr.

Diagnóstico diferencial

He acumulado como veinte horas de viaje en autobuses. He dormido en el avión, en autobuses y en camas donde he tenido que retorcerme para caber. Tengo los muslos endurecidos como granito, los gemelos con unas punzadas extrañas y los pies doloridos con un buen número de zonas enrojecidas donde seguro brotarán llagas. No recuerdo la última vez que dormí ocho horas seguidas. He pasado sueño, mucho frío, cansancio y hambre. He caminado con la mochila a cuestas bajo la lluvia y el viento, o por avenidas interminables.

En la colada de Varsovia perdí al menos una camiseta. El paraguas que traje terminó en la basura tras las rachas de viento bajo la lluvia en Vilna. Y estuve a punto de quedarme sin 400 euros, teniendo todavía la duda de si el “incidente” fue obra de un huésped del albergue en Vilna con dedos ligeros. Por suerte recuperé el dinero. Los 30 litai que le presté, no.

Pero todo eso no son más que anécdotas. Perdonen no les cuente nada de Varsovia, de mis conversaciones con Kasia sobre la vida política y cultural de España y Polonia, o de lo que he visto atravesando el casco viejo de Cracovia desde la estación hasta mi albergue juvenil. Porque me ha gustado tanto esta ciudad que me voy a recorrerla.

P.S.: Aprovecho para mandar un saludo a los que leen este blog periódicamente desde California, Irlanda, Reino Unido y Alemania. Siento curiosidad por saber quiénes son.

La lluvia en Vilna es una maravilla

El trayecto en autobús desde Riga a Vilna dura, en teoría, algo más de cuatro horas. Con un Fernando Alonso del Báltico tardamos poco menos de cuatro horas en la mañana del sábado.

Entramos en la estación de autobuses a eso de las doce del mediodía y la primera tarea bajo un fuerte chaparrón fue encontrar el camino hacia el albergue. Algo difícil teniendo en cuenta que la niebla cubría el horizonte y no había manera de tomar ninguna torre de iglesia o castillo como referencia, cosa que sí se podía hacer en Tallin y Riga con cielos despejados.

Entre la ropa empapada, el frío pasado y la lluvia que no paraba lo único que me apeteció fue ducharme con agua bien caliente y echar una buena siesta que compensara el madrugón del viaje. Cuando me desperté era casi hora de buscar donde cenar. Fue andar dos calles y encontrarme la plaza del ayuntamiento y una banda de música en concierto. Parecía la noche de las bandas de música. Porque en un parque me encontré con una banda de música militar. Valses y tangos animaron al público. Pero no tanto como las polkas que animaron a casi todo el mundo a moverse y bailar, incluido un matrimonio adulto que dejó el paraguas en el suelo y bailó bajo la lluvia.

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Que la polka fuera el no va más de la animación musical un sábado por la noche da una pista de la intensidad de la vida nocturna de la capital de Lituania, que más me pareció una pequeña ciudad de provincias. Quizás tras pasar por Riga la tranquilidad de Vilna y la normalidad de los lituanos resultara acogedora. El problema fue que el domingo tocó recoger los bártulos y salir a la calle, tras pasar la noche en el albergue juvenil, y hacer tiempo hasta la salida a las nueve y media de la noche del autobús rumbo a Varsovia.

Un día deambulando por Vilna bajo la lluvia, el viento y el frío con un paraguas roto e insuficiente abrigo no deja buen recuerdo. Aunque los seguidores del Legia Warsawa caminaran cerveza en mano y en camiseta por las calles de Vilna. Pero lo aventura es la aventura. Y por la noche puse fin a la etapa báltica de mi viaje. Varsovia esperaba.

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Cerca de las doce de la noche, cuando llevábamos dos horas y media de viaje, nos acercamos a la frontera polaca. Cientos de camiones formaban una cola kilométrica que ocupaba todo el carril de la derecha, esperando cruzar la frontera. En la oscuridad era un espectáculo sorprendente para mí. ¿Cuántas horas tardarían en cruzar la frontera? Nuestro conductor no iba a tener esos problemas. Adelantó a todos aquellos camiones ocupando el carril de la izquierda. Las luces largas del par de camiones que nos encontramos por el camino hasta la frontera sirvieron para prevenir el que hubiéramos terminado convertidos en kebap de pasajero de autobús.

Y así llegamos a la frontera. Un control rutinario de pasaporte en mi caso. La palabra Unión Europea en la portada genera un desinterés general en los guardias de fronteras por revisarlos. Y para los polacos un paso de su D.N.I. electrónico por un lector de tarjetas acoplado a una PDA. Moderno ellos. Seguimos viaje, entonces, hasta Varsovia.

Mis fotos de Vilna en Flickr.

Buscando a Mijail Eisenstein

Lo mejor de los viajes suele ser lo que no se espera. Guardar la guía o el mapa, y te dejas llevar callejeando por esos lugares en los que de pronto te das cuenta que no hay turistas.

Hoy mis pasos me han llevado lejos de la Riga antigua, al distrito por donde la ciudad se expandió a extramuros a principios del siglo XX y se llenó de elegantes edificios modernistas. Buscaba los edificios que en su momento diseñó Mijail Eisenstein, el padre de Sergei.

Amenazaba lluvia, empezó a hacer frío y cayeron las primeras gotas. Caminé apresurado y entonces se abrió el cielo, salió el sol y la tarde se iluminó descubriendo tesoros ocultos.

CaraY mañana Lietuva.

Mis fotos de Riga en Flickr.

Cerrando el círculo

Llegué a Tallin a principios de agosto de 1999. Hacía pocos días que me había enterado que había sido admitido en la universidad. Iba a empezar a estudiar una carrera con 24 años, que había cumplido pocos días antes de irme de viaje. En casa había dejado para siempre un trabajo por horas sin contrato, un intento de relación que no iba a ninguna parte y una vida que no volvería a ser la misma.

Había estado en Finlandia el verano anterior y cruzar el Báltico había quedado como asignatura pendiente. Las repúblicas ex-soviéticas tenían el halo de misterio que daban décadas de comunismo y ser un destino poco explorado. Tras días de lluvia en Finlandia y un desengaño en la Laponia llegué a Tallin que se veía desde la entrada de la bahía como una colina coronada de torres de iglesias. El miedo inicial desapareció al pisar las calles del casco histórico con sus calles empedradas y sus casas antiguas. Aliviaba huir del fashion-victimismo de los finlandeses. Pero la sensación de aventura la daba pisar terra incognita para las hordas de turistas. Y todavía el nivel de precios de Estonia hacía que con poco dinero te sintieras un rey.

Encontré un mirador en las murallas, detrás del parlamento, donde me hice una foto apoyando la cámara en el muro y mirando el horizonte. Sentí que las cosas habían cambiado para siempre en mi vida. Dos meses después pise la universidad como alumno por primera vez.

Hoy he hecho turismo. Lo admito. No voy a entrenerme en pretender que soy un viajero o algo parecido. No me he internado por los parques naturales del país. No he aprendido ni a decir “gracias” en estonio. Anoche cené en un italiano y no sé si el bocadillo de pan marrón con tomate y queso que almorcé hoy es una especialidad estonia. He callejeado sin seguir el mapa ni lista alguna de edificios “emblemáticos”. Alguno importante seguro me he perdido. Algún otro jamás habría encontrado de no haber sido por azar. Y aún así lo he pasado en grande callejeando. Descubriendo cosas delirantemente graciosas. O enormemente bellas, como un oficio siguiendo el rito ortodoxo ruso en la catedral de Alexander Nevsky. Hay muchas cosas que son difíciles de explicar porque implican mi entusiasmo por aquello que me ilusionaba de pequeño y despertaba mi imaginación, como castillos y murallas medievales.

He pisado territorio conocido. Mañana empieza la aventura: Letonia. Prometo no robar ninguna bandera.

Mis fotos de Tallin en Flickr.