De la guerra nómada en los océanos de area del Sahel a la guerra en red

Edición española de septiembre de 1990.

En 1988 se publicó la novela ciberpunk Islas en la Red de Bruce Sterling. La protagonista trabaja en una corporación cooperativa llamada Rhizome y el transcurso de los acontecimientos termina llevándola a Mali. Allí cae en manos de un grupo insurgente de nómadas tuaregs que se mueven por el desierto con buggies eléctricos que recargan la baterías con paneles solares. El empleo de vehículos todoterreno por parte de tribus nómadas en el desierto del Chad era ya conocido por el gran público entonces. Encontramos referencias tan tempranas como el artículo “Chad. The Great Toyota War” en la revista Time del 23 de abril de 1984.

Dos Desert Patro Vehicle de los SEAL en Kuwait (2002). Foto: Photographer’s Mate 1st Class Arlo Abrahamson / U.S. Navy via Wikimedia.

La protagonista de Islas en la Red se encuentra con Jonathan Gresham, un periodista estadounidense que se ha unido a los tuaregs y es el autor de un manual militar llamado La Doctrina Lawrence y la insurgencia postindustrial. Se trata de una referencia evidente a las ideas de T. E. Lawrence, “Lawrence de Arabia”, enviado en plena Primera Guerra Mundial por el alto mando británico en Oriente Medio a contactar con el jerife de la Meca y evaluar la revuelta de las tribus del Hiyaz contra el Imperio Otomano en medio de la Primera Guerra Mundial.

Lawrence concluyó que la mejor opción no era apoyar al jerife de la Meca a formar un ejército convencional que presentara batalla por la ciudad de Medina, sino que emprendiera una campaña de insurgencia nómada sin centro de gravedad. En diciembre de 2012 escribí aquí una reseña de la monumental Los Siete Pilares de la Sabiduría (919 páginas de texto) y entonces destaqué:

“Los ejércitos son como las plantas, inmóviles, firmemente arraigadas, nutridas por largos troncos conectados con la cabeza” (pág. 268). Los irregulares árabes fracasarían tratando de enfrentarse directamente con las tropas turcas. Su mejor opción es vagar por el terreno lanzando ataques esporádicos convertidos en “una influencia, una idea, algo intangible, invulnerable, sin frente ni retaguardia, que se extiende por todas partes como un gas” (pág 268.); “como un vapor, que se difundiera allí donde deseáramos” (pág. 269) . Lawrence utiliza en su provecho lo temporal del compromiso de los árabes que van y vienen, ausentándose en tiempo de cosechas y apareciendo cuando una batalla promete obtener botín. Ataca aquí y allá, obligando a los turcos a fijar más y más tropas en el terreno.

Acabada la guerra, por cierto, la Enciclopedia Britannica le pidió a Lawrence que escribiera un artículo para la entrada “Guerrilla”. El texto está disponible gratuitamente en español gracias a la editorial Acuarela.

Pocos dúos tan icónicos en el mundo de la Filosofía como Deleuze y Guattari.

La guerra nómada como metáfora de la guerra en red en la era de la sociedad de la información fue sugerida por los filósofos Félix Guattari y Gilles Deleuze ya en 1980 en su obra Mil Mesetas. Su obra se caracteriza por la típica logorrea inane de los posmodernos franceses, pero les cabe el mérito plantear que lo que hoy llamamos sociedad de la información pero entonces sociedad postindustrial se caracterizaría por la aparición de organizaciones con forma de red distribuida. La conexión con Islas en la Red es evidente. Rhizome, la corporación cooperativa en la que trabaja la protagonista y cuyo nombre corresponde a un tipo de tallo subterráneo fue el término empleado por Guattari y Deleuze

Las ideas de Deleuze y Guattari inspiraron a posteriores generaciones de estudiosos de la guerra, aunque estuvieran un tanto al margen del establishment. En la RAND Corporation, John Arquilla y David Ronfeldt concluyeron tras la Operación DESERT STORM que habíamos asistido a un anticipo de las guerras tecnológicas del futuro. Una revisión crítica de los acontecimientos revela cómo las fuerzas terrestres aliadas avanzaron casi a ciegas contra las líneas iraquíes pero Arquilla y Ronfeldt imaginaron un futuro donde una fuerza móvil dotada de sensores, armamento inteligente y altamente conectada podría enfrentarse a otra menos tecnificada y menos numerosa. A ese tipo de guerra lo llamaron inicialmente “ciberguerra”, pero pronto concluyeron que serían los actores no estatales los que más ventaja obtendrían en la era de la información. Así, terminaron acuñando el término netwar y centrándose en las tácticas de enjambre (swarming), donde unidades dispersas e individualmente débiles intercambian información para localizar un objetivo y atacarle en masa simultáneamente.

Mientras, en la segunda mitad de la década de los 90, el establishment estadounidense se volcaba en el concepto de Revolución de los Asuntos Militares y la consiguiente Transformación para adaptar sus fuerzas militares a ella, siempre pensando en un rival estatal (“peer competitor“),  Arquilla y Ronfeldt se volcaron en estudiar el uso de Internet por parte de grupos insurgentes y organizaciones criminales. Su libro Networks and Netwars estaba listo para imprenta cuando al mundo le sorprendió el 11 de septiembre de 2001.

Tras la invasión de Afganistán, parte del núcleo duro de Al Qaeda fue aniquilado en su huida de Kandahar a Pakistán. Uno de los instructores de los campamentos de yihadista culpó a Bin Laden de haberse dejado cegar por las cámaras de televisión y que su ambición de lanzar un gran atentado en suelo estadounidense había terminado inevitablemente con la superpotencia arrasando el bastión yihadista de Afganistán. Además, el grueso de las fuerzas de Al Qaeda en Afganistán habían perecido en batallas contra los invasores en lo que llamó “el síndrome de Tora Bora”. Decidió entonces publicar un repaso de la evolución del yihadismo y plantear un nuevo tipo de estrategia basada no en organizaciones clandestinas, sino en células aisladas: “un sistema, no una organización”. El yihadista en cuestión era el ciudadano español Mustafá Setmarian, alias Abu Musab Al Suri. Su libro Llamada a la Resistencia Islámica Global apareció en Internet a finales de 2004. En 2015 hice un repaso a sus ideas, en el contexto de los ataques en Europa de yihadistas actuando en solitario: “El regreso de la yihad individual”.

Mustafá Setmarian (“Abu Musab Al Sur”) con Osama Bin Laden en Afganistán.

Por aquellas mismas fechas, Israel sufría los embates de la Segunda Intifada. Un grupo de oficiales israelíes, reunidos en torno a la figura del general Shimon Naveh en el Operation Theory Research Institute (OTRI), decidió poner patas arriba, “deconstruir” en jerga posmoderna, su perspectiva sobre la guerra contra las fuerzas irregulares palestinas en las poblaciones de Cisjordania. Leyeron obras de arquitectos, urbanistas, sociólogos y filósofos, especialmente a Félix Guattari y Gilles Deleuze. Cuando se enfrentaron a la tarea de asaltar la ciudad vieja de Nablús, con sus callejuelas llenas de trampas y lugares propicios para emboscadas, decidieron hacer lo inesperado: dividir a la fuerza asaltante en grupos pequeños para atacar desde todas las direcciones simultáneamente y avanzar atravesando paredes y techos, como si la ciudad y sus muros fuera un simple constructo mental. La arrogancia intelectual de Naveh y su carácter abrasivo no le ganó amigos entre las Fuerzas de Defensa de Israel. Su uso de jerga posmoderna convirtió a los miembros del OTRI en un grupo de frikis incomprensibles a ojos del establishment militar, cuando no eran percibidos como un grupo de embaucadores de ideas vacías y poco prácticas. En 2015 hice un repaso en “La perspectiva israelí de la guerra en red”.

Las Guerra Toyota volvieron al Sahel, escenario de la novela Islas en la Red. Grupos insurgentes de Chad y Sudán lanzaron raids de larga distancia hasta alcanzar la capital del país para lanzar un ataque al centro de gravedad del Estado. Se trataba de la aplicación de una táctica ancestral de la guerra nómada en el desierto, el rezzou o razzia, pero mediante el empleo de vehículos a motor. Los chadianos habían logrado a finales de los 80 éxitos espectaculares contra las fuerzas libias en Chad y especialmente con su ataque a la base aérea de Maaten Al Sarra dentro de territorio libio. Si en los 80, los chadianos cabalgaban 500 kilómetros con sus Toyota, a mediados de la década pasada los ataques tenían lugar a 1.000 kilómetros de distancia gracias a las capacidades de mando y control que permitían los teléfonos satélite  tipo Thuraya. En 2011 abordé el tema en “Swarming en el desierto”.

En 2013 la atención mundial se volcó en Mali, uno de los escenarios visitados por la protagonista de Islas en la Red. Una revuelta tuareg en el norte del país generó un vacío de poder aprovechado por los yihadistas. Tras meses de fallidos intentos de crear una fuerza de paz africana, los yihadistas pasaron a la ofensiva y obligaron a los franceses a intervenir. Dos años más tarde apareció en la revista Ejército del Ejército de Tierra española el artículo “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra”.  Una de las cosas que más me interesó es que los franceses aplicaron allí lo que llamaron “Batalla Aeroterrestre en Profundidad”. El jefe del Estado Mayor de los Ejércitos franceses durante la guerra resultó ser un almirante. Y cuando le preguntaron si no era chocante que un marino dirigiera una guerra terrestre lejos del mar respondió que la guerra en el desierto no se diferenciaba de la guerra naval: dos bandos moviéndose por océanos de arena tratando de localizarse para descargar toda su fuerza contra el otro. Traté el asunto en aquellos días en Un almirante detrás de la fulgurante ofensiva francesa en Mali”.

La experiencia francesa en Mali me hizo reflexionar cómo los grandes espacios en África imponía un tipo de guerra móvil con unidades pequeñas actuando con gran autonomía. Aquel artículo de la intervención francesa terminaría convirtiéndose en el primero de lo que espero sea una serie sobre guerras africanas a publicar en la revista Ejército del que han salido dos y tengo planeados otros dos. Así que en 2015 me preguntaba “¿Hay un estilo africano de hacer la guerra?”

Al final, los años de guerra contrainsurgencia en lugares como Afganistán e Iraq dejaron en segundo plano todos los desarrollos teóricos de la guerra en red. Internet se convirtió en el contexto adecuado para la aparición de acciones coordinadas de redes distribuidas. Mientras, empezaron las teorizaciones sobre el empleo de enjambres de drones baratos de usar y tirar. En 2015 reseñé conjuntamente dos trabajos sobre el swarming: uno sobre los Ataques Distribuidos de Denegación de Servicio (DDOS en sus siglas en inglés) y otro sobre el uso de drones en una hipotética la guerra en red contra China. El tema de los enjambres de drones empezó a recibir atención y presupuesto, tal como recogí el año pasado en mi repaso a uno de los proyectores pioneros en EE.UU. en “Drones en red”.

Desde que leí por primera vez Islas en la Red en 2011 y descubrí la imaginaria “Doctrina Lawrence y la insurgencia postindustrial” me quedó ganas de darle vueltas al concepto, porque aunaba dos temas que me interesan mucho: la guerra en red y el empleo de vehículos ligeros en operaciones móviles. Ya en febrero de 2018 le daba una vuelta a todo ello en “De la guerra nómada a las guerras Toyota” y “La larga historia de los todoterreno en operaciones móviles en el desierto”. De momento, tengo pendiente escribir para la revista Ejército un repaso a la fase final de la guerra del Chad en la segunda mitad de la década de los 80. Y seguiré recopilando materiales y bibliografía sobre guerra en red para lo que quiero que sea mi tercer libro.

 

De la guerra nómada a las guerras Toyota

Fuerzas chadianas en el noreste de Nigeria para combatir a Boko Haram.

Como conté el otro día, tengo debilidad por la experiencia histórica de las Guerras Toyota en el Chad de finales de los años 80. La idea de actualizar las razzia tuareg empleando todoterrenos en largas cabalgadas por el desierto fue a su vez puesta al día en Chad y Sudán hace una década, con el empleo de teléfonos móviles y dispositivos GPS en incursiones de mil kilómetros.

Trasvase de suministros de un camión nodriza Oskosh M1078 “WarPig” a los GMV de las fuerzas especiales estadounidenses en el norte de Iraq.

Las sucesivas campañas de Afganistán, Iraq y el Sahel reintrodujeron el concepto de todoterreno para fuerzas de operaciones especiales, del que los británicos fueron pioneros en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial y volvieron a emplear en Omán en los 70 y en Iraq en 1991. Su prueba de fuego vino en el frente norte de la invasión estadounidense de Iraq. Un grupo reducido de fuerzas especiales estadounidenses acompañaba en abril de 2003 en su avance a irregulares kurdos cuando se encontraron en el Paso de Debecka, entre Mosul y Kirkuk, con fuerzas mecanizadas del régimen iraquí. Los 26 boinas verdes estadounidenses iban a bordo de vehículos GMV, sólo con ametralladoras M2HB y lanzagranadas Mk.19 de 40mm. como armamento principal. Pero contaban con una buena reserva de misiles anticarro Javelin, que emplearon generosamente contra carros de combate T-55, blindados MT-LB, camiones y todoterrenos de las fuerzas iraquíes.

Disparo de misil Javelin en la Batalla del Paso de Debecka.

En 2010, William F. Owen, antiguo oficial del ejército británico, propuso en el Small Wars Journal el concepto de “Horda Toyota”, una fuerza numerosa dotada de vehículos todoterreno 4×4 armados con abundantes misiles anticarro y misiles antiaéreos portátiles (MANPADS), contando como único refuerzo lanzacohetes de artillería tipo BM-21 “Grad”. Owen sostenía que una fuerza así era capaz de enfrentarse con éxito a otra mayor de carácter convencional.

Todoterrenos iraníes Safir con misil Toosan-1 (versión local del 9M113 Konkurs de diseño soviético).

Curiosamente toda estas ideas sobre la evolución tecnológica de la guerra de los nómadas del desierto que lleva desarrollándose en el mundo anglosajón durante las dos últimas décadas fue anticipada en Francia en los años 70. Los filósofos Félix Guattari y Gilles Deleuze hablaron ya en 1980 en su libro Mil Mesetas de la guerra nómada y citaron como referencia a Guy Brossollet, que anticipó en Ensayo sobre la no batalla el concepto de campo de batalla vacía. Su objetivo fue estudiar el problema del empleo en Europa central de fuerzas convencionales en pleno uso de armas nucleares tácticas. Brossollet proponía como respuesta una forma de guerra distribuida y en profundidad. Según Alexander R. Galloway, Brossollet anticipó “The coming warfare will be network-centric”. En esos planteamientos de guerra distribuida, las fuerzas defensoras actuarían como guerrillas pero empleando armamento avanzado. En cierta forma anticipó así el concepto de Guerra Híbrida. De ahí que renaciera el interés por sus ideas tras la proliferación de análisis sobre la guerra de 2006 y el grupo libanés Hezbolá.

Tras el fallecimiento de Brossollet en 2015, Jean-Dominique Merchet contó en su obituario que el “iconoclasta ensayo” fue “muy mal recibido por la alta jerarquía durante sus estudios en la Escuela Superior de Guerra en 1972-74”. De hecho, la carrera militar de Brossollet se vio perjudicada y se le negó el mando de un regimiento. Fue enviado a la agregaduría militar francesa en Pekín, donde renunció a su carrera como militar. Merchet recogió en su obituario algunos comentarios de Alexis Brossollet sobre las ideas de su padre. Según Alexis Brossollet, lo que su padre había propuesto era el despliegue de “una malla de módulos ligeros”, formada por vehículos ligeros con misiles anticarro, desde el norte de Francia a los Alpes. Tal fuerza se desplegaría a lo largo de 500km. en una profundidad de 120km., combinada con numerosos helicópteros cazacarros y reforzada con carros de combate. Aporta también Alexis Brossollet, que entre la correspondencia de su padre encontró una carta de un ingeniero de Panhard que le contaba lo influyente que habían sido sus ideas en el desarrollo del Vehicule Blindé Legèr.

Panhard VBL con lanzador de misil anticarro MILAN.

Algún día escribiré una historia del concepto de guerra distribuida, arrancando con los filósofos posmodernos franceses y pasando por Arquilla, Ronfeldt, Cebrowski, Garstka, Setmarian y McChrystal, para finalmente llegar a los actuales desarrollos doctrinales de guerra en red estadounidenses para enfrentarse a China en el Océano Pacífico. Algún día.

La larga historia de los todoterreno en operaciones móviles en el desierto (un homenaje pendiente a Jorge Aspizua)

Maquetas de vehículos saharianos de Jorge Aspizua en escala 1:72. En primer término, un Land Rover Santana con ametralladora MG-3.

Hace años se me ocurrió que un buen homenaje a mi amigo y mentor Jorge Aspizua, el desaparecido autor del blog “La Harka de Aspizua”, sería escribir un libro de historia militar que recogiera el empleo de todoterrenos armados en campos de batalla desérticos. Se trata de un asunto aparentemente exótico pero lleno de episodios épicos que se proyectan en el presente.

Land Rover Santana de la Agrupación de Tropas Nómadas del Sáhara Occidental Español.

Con Jorge Aspizua aprendí a superar el adanismo al que nos empuja la obsesión con las soluciones tecnológicas y a buscar lecciones históricas en experiencias del pasado. Dejada atrás la pasión adolescente por carros de combate y cazas, a los dos nos gustaban todo lo relacionado con operaciones no convencionales e irregulares. Éramos la clase de tipos que en vez de portaaviones y fragatas, nos interesaban los LPD clase Endurance de la armada de Singapur y las lanchas rápidas suecas CB90H, que nos despertaban la imaginación pensando en la lucha contra la piratería. Nos interesaba desde los Chindits en la jungla de Birmania a la lucha contra el yihadismo el Sahel.

Ford T Utility de la 1st Ligh Car Light Patrol en Oriente Medio durante la Primera Guerra Mundial.

Así que imaginen, ante el renacido interés por las operaciones en los horizontes sin límite del Sahel nosotros recordábamos a Lawrence de Arabia durante la Primera Guerra Mundial y la campaña en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial.

SPA-Viberti AS.42 usado por la Compagnie Auto-Avio Sahariane y el Raggruppamento Sahariano italianos en el Norte de África durante la Segunda Guerra Mundial.

Así que un día me puse a trazar la línea histórica que arrancaba en la Primera Guerra Mundial con los Rolls Royce Tender de Lawrence y los Ford T Utility australianos. Luego pasaba por las aventuras del famoso Special Air Service en el norte de África durante la Segunada Guerra Mundial, pero también el menos conocido pero no menos importante Long Range Desert Group. Por el camino, descubrí las unidades italianas equivalentes a las dos anteriores y el frente sur de la Guerra de Independencia de Israel.

Columna del PALMACH durante la Operación “Horev”.

Buscando más aventuras de operaciones móviles con vehículos ligeros por las grandes llanuras africanas me encontré su uso por mercenarios europeos en el Congo, que los empleaban en raids donde compensaban su inferioridad numérica con velocidad, potencia de fuego y audacia ante un enemigo poco preparado y asustadizo. Creo que ahí tenemos los antecedentes de los technicals, vocablo que apareció en Somalia en los años 90.

Pero si hay una experiencia histórica que desde niño avivó mi imaginación fueron las Toyota Wars del Chad a finales de los años 80. Tras años apoyando a las fuerzas insurgentes del norte del Chad que luchaban contra el gobierno, el régimen libio decidió tomar el control de la situación invadiendo directamente el Chad con el objetivo de anexionarse el norte del país, porque entonces se creía que la  Franja de Aouzou era rica en uranio. La maniobra fue precedida por la ruptura de la alianza con los insurgentes chadianos, que terminaron superando sus diferencias con el gobierno en nombre de la defensa del país frente al invasor norteño.

La aviación libia bombardea la base aérea de Wadi Doum en abril de 1987 tras caer en manos de las fuerzas chadianas.

Aquella guerra enfrentó a las columnas mecanizadas del ejército libio, con carros de combate T-55 y vehículos de combate de infantería BMP-1, a columnas chadianas de Toyota Land Cruiser de la serie 40 armadas principalmente con ametralladoras pesadas pero también con misiles anticarro Milán y misiles antiaéreos Stinger. Tengo desde hace mucho un borrador de artículo sobre el tema al que le falta no mucha para ser terminado. Y cómo no, tanto tiempo ha pasado desde que empecé a escribirlo que alguien se me adelantó y publicó un artículo sobre el tema en la revista Ejército, que encima se llevó el premio al mejor artículo de 2017. Al menos, yo pretendía darle un enfoque diferente, como cuando escribí en 2011 “Swarming en el desierto”.

VAMTAC de la experimental Sección de Operaciones en el Desierto del Regimiento de Infantería “Soria” Nº9 con base en Fuerteventura.

Todo este interés histórico no era un ejercicio de nostalgia. Mi interés, una lección aprendida de Jorge Aspizua, provenía de preguntarme cuántas cosas que ya se habían aprendido antes alguien iban a ser útiles y sólo era cuestión de acudir a quienes habían recopilado la experiencia y el conocimiento para aprovecharlas. Quizás alguien en alguna parte debería molestarse en escribir un buen libro sobre la experiencia militar española en el Sáhara Occidental para evitar inventar la rueda.

Soldado francés subido a su VBL mirando el horizonte con sus prismáticos en Mali. Una escena igual a las vistas en la Segunda Guerra Mundial en el desierto de Libia y Egipto, donde se usaban escaleras.

Llegados a este punto queda claro que escribir un libro así requería acumular bibliografía y tener mucho tiempo libre para leerla, algo que en el momento en que concebí el proyecto estaba fuera de mi alcance. Paré enseguida, tras leer  y escribir un poco sobre los Rolls Royce usados en la Primera Guerra Mundial. Pero nunca perdí el interés por el tema, mientras iba acumulando libros y seguía la proliferación de fuerzas especiales que incorporaban este tipo de vehículos mientras no hay fabricante de vehículo militar que no lance al mercado una versión erizada de ametralladoras de sus vehículos ligeros.

Fuerzas especiales noruegas en Cabo Verde durante el ejercicio STEADFAST JAGUAR de 2006.
Toyota Hi-Lux del ejército checo.
UAZ Patriot desarollado en Rusia a partir de la experiencia acumulada en Siria y pensado para un nuevo tipo de brigada ligera.

A lo mejor, más que un libro, debería pensar en una serie de artículos sueltos para ir publicando despreocupadamente. Más si tenemos en cuenta la publicación en español de libros como Los hombres del SAS: Héroes y canallas en el cuerpo de operaciones especiales británico u Operaciones Especiales De La Segunda Guerra MundialMientras tanto, me he alegrado mucho con la reciente noticia de la próxima publicación por parte de Osprey de un nuevo libro de Leigh Neville, autor de libros como Special Operations Patrol VehiclesFuerzas Especiales En La Guerra Contra El Terror, titulado Technicals: Non-Standar Tactical Vehicles From The Great Toyota War To Modern Special Forces. Bienvenido sea.

 

 

 

Guerras Africanas

Esta semana dediqué tiempo a revisar el archivo PDF en el que la revista Ejército, que publica el Ejército de Tierra español, recopiló los artículos finalistas al premio a los mejores artículos de 2015. Me llamó la atención en su momento el primer artículo que aparece seleccionado, “España y la seguridad del Sahel” del general de división Jesús Argumosa. Pero descargué l PDF hacía tiempo y no le había hecho caso de nuevo. Y cuando esta semana me puse a leer hice un repaso rápido del documento para encontrarme por sorpresa que allí aparecía mi artículo “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra.

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En mi artículo quise contar con detalle el desarrollo de la Operación Serval, algo trabajoso que ni siquiera encontré en fuentes francesas, para hacer un breve repaso a lo que la intervención francesa nos enseñó sobre las fuerzas armadas francesas y las particularidades de una campaña caracterizada por la fluidez de los movimientos, las largas distancias y el exigente entorno natural donde tuvo lugar. La brillantez de la ejecución francesa de la campaña fue recogida por un informe de la RAND Corporation. La gran ironía es que la Operación Serval sucedió en un momento en que un almirante ocupaba el puesto de jefe del estado mayor de las fuerzas armadas francesas. Y cuando alguien le señaló la paradoja contestó con una idea que ya había apuntado Lawrence de Arabia: El desierto es un gran océano donde se mueven formaciones de combate buscándose las unas a las otras como una campaña naval.

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Paracaidistas franceses antes de un salto sobre Mali.

Mediante el empleo de operaciones paracaidistas y aerotransportadas los franceses fueron dando saltos por la superficie de Mali como los estadounidenses de isla en isla durante la campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. Los franceses hablan de “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” para definir la doctrina empleada en Mali. Algo que nos recuerda a cómo las enormes distancias de Rusia propiciaron el empleo de grandes unidades de caballería durante la Guerra Civil Rusa y el nacimiento en el ejército soviético del concepto de Batalla Profunda.

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Miembros de la Infantería Ligera Rodesiana antes de un salto desde un ParaDak.

El pasado mes de marzo salió publicado “El legado africano de la insurgencia rodesiana”, mi segundo artículo para la revista Ejército. Trato en él las peculiares tácticas contra insurgencia que desarrolló el ejército del gobierno blanco de Rhodesia. Es un tema del que existe un boom editorial en el mundo angloparlante. Y del que me animé a escribir cuando leí la entrevista de Jack Murphy a Eeben Barlow, fundador de la ya mítica Executive Outcomes, sobre su papel en la lucha contra Boko Haram en Nigeria. Hablaba del empleo de tácticas contra insurgencia que fueron la evolución sudafricana de tácticas desarrolladas en Rodesia, que fue a su vez un crisol de las enseñanzas portuguesas en Angola y las experiencias británicas en la Emergencia Malaya y la Rebelión Mau Mau en Kenia. Es decir, hay un hilo histórico que recorre la guerra portuguesa en Angola, la Guerra de Rodesia y las campañas sudafricanas en Namibia y Angola. La cuestión es, por tanto, que podemos hablar de una “escuela africana de contra insurgencia” que tiene su origen en las guerras del África austral. Una idea que el propio Barlow sostiene y que volcó en un libro gafado porque iba a salir en 2015, su lanzamiento se retrasó varias veces, fue anunciado por otra editorial,  volvió a retrasarse y todavía no ha aparecido.

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Toyota Land Cruiser de la serie 40 en Chad en 1984.

Ahora me encuentro trabajando en un artículo sobre las “Toyota Wars” en Chad en los años 80 para la revista Ejército, del que publicaré una versión preliminar más breve en passim.eu donde haré énfasis en la popularidad de los todoterrenos tipo pick up en las guerras recientes, de Libia a Afganistán pasando por el Estado Islámico. Las “Toyota Wars” evolucionaron este siglo en Chad y Sudán con la introducción de tecnologías como el GPS y los teléfonos satélite. Ya hablé de esto último en “Swarming en el desierto”. Las largas cabalgadas con todoterrenos dispersos por el desierto que convergen para golpear por soprpresa el corazón del enemigo fue una adaptación a la era industrial de las tácticas tradicionales de guerra tribal y nómada que en español conocemos como razzia. Y eso me lleva de nuevo a encontrar un hilo conductor entre las “Toyota Wars” en Chad y  la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” francesa en Mali, pasando por las “Columnas Volantes” sudafricanas en Namibia. Las enorme extensión de los campos de batalla africanos dieron lugar a un modo particular de hacer la guerra que esté pendiente de ser contado en español.

Swarming en el desierto

Chad fue el escenario en los años 80 de una guerra civil en entregas según las distintas facciones, definidas por su adscripción étnica y apoyo externo, tomaron el poder en un juego de sillas. Fue testigo de aquello el, en aquel entonces, reportero de guerra Javier Nart y de lo que quedó constancia en su libro “¡Sálvese quien pueda!” (Ediciones B, 2003).

Chad es en país extenso y en su mayor parte desértico. La guerra en ese entorno requería vehículos todoterreno simples y fiables. Fue entonces cuando tomó protoganismo el Totoya Land Cruiser serie 40 que terminó dando nombre a la guerra: Toyota War. Los Toyota Land Cruiser y Hilux se convertirían a la larga en los vehículos más comunes en las guerras de medio mundo.

Cuando Libia decidió prescindir de intermediarios para sus ambiciones sobre el país invadió Chad con sus medios pesados de origen soviético. Los chadianos en cambio siguieron usando sus Toyotas adaptando las tradicionales tácticas de guerra en el desierto.

Según Tom Cooper, uno de los moderadores de acig.org, cuenta en la revista Truppendiest International:

[Idris Déby, entonces asesor del presidente chadiano] developed a tactic based on classic desert nomad raids, characterised by attacks at high speeds, penetration into the hearth of enemy bases and their destruction – often from virtual point-blank range

La organización de los ataques tenían toda la forma del swarming:

Emphasising speed, manoeuvrability and firepower, they proved capable of deployments out to 500 km deep within enemy territory. Through movement in scattered formations, dispersed over immense expanses of Sahara Desert, they were to avoid contact with forward enemy positions or any attacks on main fortifications, attempting instead to infiltrate these, then concentrate in the vicinity of the target area and attack exploiting the moment of surprise.

Idris Déby, héroe de las Toyota Wars, terminó siendo presidente de un país terriblemente pobre y corrupto donde en los 90 se reprodujo la ensalada de facciones armadas dispuestas a derrocar a un presidente que había repartido el poder y los recursos entre los suyos. Tras un falido ataque a la capita del país en 2006, los tres principales grupos armados se unieron en una alianza. Saliendo de sus bases en Sudán, una de sus ofensivas en 2008 les permitió alcanzar la capital. Pasaron de largo de la concentración de tropas gubernamentales al este del país.

Según la BBC:

Using the element of surprise, the rebels were able to cross more than 1,000km (620 miles) of terrain virtually unchallenged, and eventually enter the capital with surprising ease

Soldados chadianos
Soldados chadianos sobre un Land Cruiser serie 70 con fusiles israelíes Galil y Tavor.

¿Cómo conseguir la coordinación necesaria de una fuerza grande que se mantiene dispersa en el desierto? El swarming requiere de sistemas de comunicaciones sin que necesariamente tenga que ser tecnología punta. En 20 años los combates en el Chad han visto cómo se doblaba la distancia de los raids en el desierto. En ese tiempo apareció la telefonía por satélite. Las guerras del Chad y Sudán han pasado de ser Toyota Wars a ser Thuraya Wars.

Thuraya es una empresa de Emiratos Árabes Unidos. Sus satélites cubrían en 2008 la totalidad de Europa y Oriente Medio además de la práctica totalidad de Asia y casi toda África.

Según Alex de Waal:

The advent of the Thuraya phone has radically changed warfare in across the Sahara desert. […] Before the Thuraya phone, guerrilla operations needed tight discipline and extremely careful planning. More often, the commanders gambled on surprise and the momentum of battle, relying on their prowess in combat to carry the day. Today, with the Thuraya phone, commanders in distant theatres can coordinate their actions. Or they can assemble forces from different places at very short order.

Es interesante que alguien proponga que las fuerzas armadas occidentales deberían experimentar con una Horda Toyota.

[Actualizado 21/05/2013: He arreglado los enlaces rotos a los artículos de Tom Cooper y Alex de Waal]