El regreso del swarming

En las últimas semanas he tratado de enderezar el rumbo del blog retomando su propósito original. En los dos últimos años me había dejado consumir por la geopolítica y la geoeconomía dejando de lado llamar la atención sobre todo aquello novedoso en la transformación de los conflictos.

Recapitulando, en “Volver a la guerra red” conté cómo mi propósito inicial de escribir un libro contando lo mucho que había cambiado el mundo de los conflictos en red se había estrellado contra la realidad al hacer un revisión de casos. Véase, por ejemplo, mi texto “Mustafá Setmarian y la yihad individual”. Amplié mis miras más allá del mundo anglosajón con una aproximación a las teorías israelíes de la “guerra difusa” en “La perspectiva israelí de la guerra en red“. Tampoco estaría de más rescatar “Breve historia de la teoría de la guerra red” y “Bibliografía urgente sobre activismo en red” para aquellos que no conozcan el contexto del debate. Las estructuras en redes distribuidas no sólo las abordé desde el punto de vista del conflicto, sino también de la colaboración. Como es el caso del análisis de información y el trabajo policial que traté en “Redes de conocimiento”.  Y  cuando parecía que el debate había quedado en las teorizaciones de John Arquilla, David Ronfeldt y John Robb, que andan ahora en otras cosas, me encontré dos textos que retoman el debate. Los dos tienen en su título la extensión. “The coming swarming”.

9781623568221 The Coming Swarming: DDOS actions, hacktivism and civil disobedience  de Molly Sauter aborda los ataques distribuidos de denegación de servicio (DDOS) como herramienta de activismo político. El libro nació a partir de una tesis de fin de máster y se nota, porque tiene ese típico discurso académico que mantiene una cierta distancia de las cosas y disecciona las partes con una extensión muy distinta a si fuera un texto divulgativo. No es que eso tenga de malo. Recuerdo escribir un trabajo durante la carrera sobre hackers para la asignatura de Antropología Social. Pero en eso tipo de trabajos se dedica mucho espacio a realizar paralelismos con fenómenos del mundo off-line para sustentar la relevancia del tema y la pertinencia del trabajo. En este caso, Sauter sostiene que las acciones organizadas para tumbar páginas mediante ataques DDOS deberían considerarse el equivalente actual a la sentadas frente a edificios del movimiento de derechos civiles y por tanto una acción política en Internet. El argumento es relevante porque la autora señala cómo en varios casos se ha tratado como actos criminales que han recibido castigos ejemplares, además de recibir la severa atención de las agencias gubernamentales de espionaje. En el final del libro se aborda cómo los ataques DDOS han pasado a estar más relacionados con la ciberguerra y el cibercrimen, confundiéndose en el todo las acciones con una intencionalidad política.  Y es el que concepto “distribuido” aquí resulta engañoso cuando, por ejemplo, ya existen herramientas que permiten que un actor en solitario lance este tipo de ataques. La ciberguerra ha avanzado a pasos agigantados y sin embargo sigue siendo un tema pendiente en este blog.

RobotCNAS ComingSwarm_WEB_PTics on the Battlefield Part II: The Coming Swarm de Paul Scharre es un documento del think-tank Center for a New American Security, que ha actuado como laboratorio del gobierno Obama en la sombra por lo que por él han pasado figuras relevantes y del que han salido ideas bastante  interesantes. Scharre plantea el debate avanzando desde el punto en que había quedado en los tiempos en que Arquilla y Ronfeldt plantearon el swarming. Recordemos que para estos últimos el momento culminante que puso en marcha su trabajo fue la Operación “Tormenta del Desierto” y las fuerzas acorazadas estadounidense corriendo por las extensiones áridas del sur de Iraq. Scharre piensa en cambio en futuros enfrentamientos navales, China evidentemente, con las nuevas tecnologías de aviones sin piloto en mente. El concepto de enjambre cobra ahora sentido literal gracias a un futuro abaratamiento de aviones sin piloto de bajo coste que unan capacidades ISR y una cabeza de guerra que les convierta en proyectil guiado. Así, bastaría con un solo aparato detectara a una unidad enemiga para que la información corriera por la red y el resto del enjambre se lanzara a por él. Eso nos lleva al debate sobre la robotización, la autonomía de los aparatos y la necesidad o no de “man in the loop”

China ha construido 83 buques lanzamisiles Tipo 022 de 220 toneladas.
China ha construido 83 buques lanzamisiles Tipo 022 de 220 toneladas.

El otro campo donde desarrolla el concepto es el campo naval entrando en cálculos probabilísticos sobre la ventaja de una flotilla frente a un único buque pesado. Esto viene a colación de que la U.S. Navy cada vez tiene menos buques. Y tras la retirada de las fragatas clase “Oliver Hazard Perry” (modificadas en España para dar lugar a la clase “Santa María”), se encontrará con los destructores clase “Arleigh Burke” como caballo de batalla. Un buque que en su última variante, la Flight III, supera ya las 9.000 toneladas y lo coloca en el peso de un crucero de antes de la Segunda Guerra Mundial.

Simplificando las ideas de Scharre, él vería preferible desplegar 44 buques ligeros de 220 toneladas de desplazamiento Tipo 022 que un destructor “Arleigh Burke” Flight III de 9.800, siendo la suma de desplazamientos la misma. La cantidad supone una cierta calidad en sí misma.  Recurriendo al cálculo probabilístico demuestra que un pim-pam-pum de misiles antibuques hay más probabilidad de que la flotilla de unidades más ligeras alcance a la unidad pesada. Añade además como ventajas que con más unidades se cubre más superficie del mar y se añade más incertidumbre al enemigo. Mi objeción es que asume sin problemas que habrá bajas, algo que no me imagino que entre en los planes de la U.S. Navy. Y me parece que olvida que hay diferencias cualitativas notables entre un buque ligero y otro pesado. Hablamos de la autonomía, la cantidad de armas que puede portar y la naturaleza de los sensores que puede portar por tamaño y potencia eléctrica instalada.

Con sus limitaciones y mis objeciones, no me queda más que dar la bienvenida estos dos textos a un debate que había quedado algo parado.

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Volver a la guerra en red

La guerra en red (netwar) es uno de los asuntos junto con la ciberguerra más abandonados por este blog. Cuando terminé mi primer libro eché en falta poder encajar en la trama del libro la guerra en red y las redes distribuidas. Así que la decisión obvia allá por mayo de 2010 fue escribir un nuevo libro en que desarrollara el asunto. Los amigos y los más viejos lectores de este blog recordarán el proyecto. Tuvo como título provisional Guerras Distribuidas. Hablé de él muchas veces comentando los cambios a su estructrura y los temas de la actualidad que se relacionaban con él. Pero según avancé el proyecto se vino abajo.

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Según fui leyendo sobre guerrillas, terrorismo, ciberguerra… se me fueron cayendo los temas. ¿Guerrillas distribuidas? A pesar del impacto del teléfono móvil Thuraya en lugares como Sudán o Somalia no se puede decir que veamos ahora un mundo de fuerzas insurgentes de estructura más horizontal. Los señores de la guerra y los bigmen siguen sosteniendo, a pesar de los cambios en la superficie, el poder informal en los valles de Afganistán y en las guerras de África. ¿Terrorismo distribuido? Un trabajo académico me llevó a concluir que el paso de campos de entrenamiento en Afganistán a un terrorismo atomizado de aprendices de la yihad que se descargaban recetas de bombas en Internet había derivado a finales de la década pasada en un fracaso de la yihad global, simbolizada en la muerte de Osama Bin Laden. Por no hablar del funcionamiento centralizado y burocratizado de Al Qaeda o la proclamación del Califato. En la penúltima versión del proyecto pretendía centrarme en el swarming.

Encontré ejemplos interesantes en el activismo social. ¿Pero no era meter en el mismo saco las revueltas sociales y el terrorismo una forma de “criminalización de la protesta”? Hace poco leí De la Ley Sinde a la #spanishrevolution de Arnau Fuentes y me pareció interesante su visión de cómo el 15-M se desinfló por su indefinición. No es nada paradójico que un partido con un núcleo marxista-leninista sea el que haya nutrido de la gente que se estrenó en política con aquellas movilizaciones. Habrá que estar atento a la segunda parte de su ensayo. Y el primer capítulo me hizo recordar que está pendiente de escribirse sobre el trabajo de Gene Sharp o cómo OTPOR en Serbia dio lugar a CANVAS, la escuela de “revoluciones de colores”. Algo que ya tocaba Carlos González Villa en Las Revoluciones de Colores.

Se fueron cayendo temas hasta que, como dije entonces, “me quedó algo así como un árbol podado a fondo, esquelético y feo sin sus hojas“. Reorganicé todo y me quedé por último con un proyecto de libro de ciberguerra, tema que apenas he tocado en este blog a pesar de que allá por 2007 me dije que tendría que escribir sobre los ciberataques rusos contra Estonia antes de que el tema se pusiera de moda. El último coletazo de la guerra distribuida fue mi idea de dedicarle un capítulo en una futura segunda edición extendida y puesta al día de Guerras Posmodernas.

Ha pasado tanto tiempo que ahora veo la cosas con otra perspectiva. Ahora pienso que aquel artículo de John Arquilla, en la revista Foreign Policy era bastante simplificador y mezclaba conceptos para vender la idea de que lo pequeño y distribuido siempre vence a lo grande y descentralizado. Es lo que tiene el paso del tiempo y la acumulación de lecturas. Se te caen los referentes cuando vas más allá de los enunciados evocadores. Creo que el concepto de red ha sido abusado y desdibujado. Y el papel de las jerarquías informales ha sido subestimado a la hora de hablar de organizaciones que se presentan o son definidas como “redes”. Creo a estas alturas que la guerra en red tiene más validez como modelo ideal weberiano o metáfora que realidad social. Desde esa perspectiva habrá que volver a hablar de ella.

La perspectiva israelí de la guerra en red

Recientemente el Instituto Español de Estudios Estratégicos publicó el artículo “Una aproximación al diseño operacional sistémico (SOD” de Juan Pablo Somiedo. Se trata de una original escuela israelí de pensamiento operacional surgida en torno a la figura del general Shimon Naveh y el centro conocido en inglés como Operation Theory Research Institute (OTRI). Leí sobre ella por primera vez en el libro A través de los muros. Fue una de mis lecturas cuando decidí interesarme por la ciudad como campo de batalla futuro. Me llamó la atención entonces que el general Naveh daba a leer a sus subordinados obras de autores posmodernos franceses. De hecho la editorial que publicó A través de los muros (en realidad un capítulo de Hollow Land: Israel’s Architecture of Occupation) añadió el subtitulo “Cómo el ejército israelí se apropió de la teoría crítica postmoderna y reinventó la guerra urbana”.  El artículo de Juan Pablo Somiedo me despertó el interés por averiguar más sobre las ideas de Naveh y sus seguidores.

Resultó que la OTRI fue desmantelada en 2006 tras una auditoría de las fuerzas armadas que encontró que el instituto organizaba cursos y seminarios pero no producía obras en papel, además de que sus miembros se excedían en facturar horas extras y el propio Naveh compaginaba su trabajo con dar clase a pesar de que era incompatible. Suena todo problemas menores y la realidad es que la OTRI fue enormemente incomprendida por el establishment militar israelí que consideraba a Naveh y los suyos unos chiflados que hablaban en una jerga incomprensible después de leer a autores como Gilles Deleuze y Félix Guattari. La abrasiva personalidad de Naveh no creo que ayudara. En esta entrevista llama “ignorante y arrogante” al general Dan Halutz, que fue general en jefe de las fuerzas armadas israelíes durante la guerra del Líbano de 2006. En esta otra entrevista llama “idiota” a David Ben-Besht, el comandante en jefe de la armada israelí durante aquella guerra. Y esa otra entrevista dice que tanto Ben-Besht como su sucesor, Uri Marom, son personas sin la más mínima capacidad de pensamiento abstracto.

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Soldados israelíes en Nablús

Cuesta imaginar la cara de los generales isralíes mientras Naveh les hablaba usando términos como “deconstrucción” y “molecular”, palabras que uno asocia a la cocina de Ferran Adrià. Pero lo que proponía Naveh era precisamente “deconstruir” los problemas estratégicos para proponer soluciones originales y contraintuitivas. El ejemplo que destaca Eyal Weizman en A través de los muros es el asalto israelí a Nablús en abril de 2002. Los grupos armados palestinos habían levantado barricadas y colocado trampas la calles de Nablús esperando el ataque israelí. Las vías de aproximación israelíes eran previsibles y las tropas hubieran tenido que afrontar un avance lento y penoso. Weizman señala que el entonces coronel al mando de la brigada paracaidista, Aviv Kochavi, era un licenciado en Filosofía, carrera que estudió tras considerar estudiar arquitectura. Tras estudiar la situación se cuestionó por qué sus soldados tendrían que avanzar por calles y avenidas a tiro de los francotiradores palestinos para entrar en los edificios por puertas y ventanas detrás de las que habían trampas explosivas. La ciudad, con sus vías y muros no dejaban de ser un constructo mental que impone reglas: Se camina por las calles y se entra por las puertas. Kochavi ordenó que sus tropas entraran en Nablús desde varias direcciones simultáneamente y avanzaran como si las construcciones no exisitieran. Numerosos grupos pequeños de soldados israelíes abrieron huecos en las paredes y cruzaron de casa en casa. Los daños materiales fueron altos pero la proporción de víctimas entre la población civil palestina fue baja y el número de bajas israelíes fue mínimo.

Nablús en 2002.
Soldados israelíes atravesando muros en Nablús en 2002.

Tras la Guerra del Líbano de 2006 arreció un debate sobre lo que se consideró un fracaso militar. Con la perspectiva de 2015 podemos decir que los daños sufridos por Hezbolá resultaron disuasivos. La frontera entre Israel y Líbano ha estado bastante tranquila desde entonces y la partida entre Israel y Hezbolá se juega en Siria. Pero acabada la guerra en 2006 se buscaron culpables de las decisiones erróneas que costaron vidas. Y se culpó a la OTRI y sus ideas. Naveh se defiende diciendo que sus ideas nunca fueron comprendidas. Por eso vemos que en las entrevistas se despacha gusto contra los generales que mandaron en aquella guerra.

Las tropas de Israel entraron en Líbano sin una estrategia clara de la que salieran objetivos concretos. Simplemente tras días de bombardeos, que no frenaron el lanzamiento de cohetes, se ordenó al ejército entrar en el Líbano. Precisamente la clase de maniobra para la que Hezbolá se había estado preparando años, construyendo refugios subterráneos y plantando trampas. Las fuerzas mecanizadas israelíes recibieron órdenes de avanzar hacia el interior del Líbano con el único propósito de tomar hitos geográficos que permitieran vender la idea de un avance incontestado en territorio de Hezbolá. Un ejemplo fue el avance de la 401ª brigada de carros de combate y la brigada de infantería Nahal por el wadi Saluki tras recibir órdenes contradictorias que enviaron los vehículos israelíes por un camino expuesto a los misiles avanzados rusos “Kornet” proporcionados por Siria a Hezbolá. Murieron 11 soldados israelíes y 50 resultaron heridos menos de 24 horas antes de que entrara en vigor el alto el fuego.

Según el general Naveh el error fue enviar fuerzas mecanizadas, que han de avanzar por vías de aproximación de número limitado y por tanto previsibiles, para luchar la clase de guerra para la que Hezbolá se había preparado. Su alternativa hubiera sido enviar fuerzas ligeras en grupo de 90 soldados para actuar en el interior del Líbano buscando las lanzaderas de cohetes de Hezbolá y marcar objetivos para la aviación y la artillería. La alternativa de Naveh era que las fuerzas israelíes actuaran como una fuerza guerrillera en territorio de Hezbolá (“out-G-ing the G”, que decía el coronel Hackworth). Hezbolá hubiera perdido la ventaja de las emboscadas preparadas en las vías que avanzan desde la frontera de Israel hacia el Líbano y hubiera tenido que exponer sus fuerzas para buscar a las unidades israelíes moviéndose por su retaguardia. Al parecer, la idea se puso en marcha de forma limitada y allí donde se aplicó tuvo éxito.

Las ideas de Naveh sobre cómo se hubiera podido combatir a Hezbolá en 2006 recuerda sin duda a la guerra en red. De hecho, Haim Assa, un antiguo miembro del OTRI es coautor junto al vicealmirante Yedidia Groll-Yaari de Diffused Warfare: The Concept of Virtual Mass. Ambos autores abogan por la organización en redes distribuidas, que llaman “redes moleculares”, con unidades modulares capaces de reagruparse en unidades mayores ad hoc. Frente al volumen de fuerzas y la potencia de fuego, proponen fuerzas ligeras altamente conectadas que mediante un uso masivo de medios ISTAR obtengan una imagen total del campo de batalla para cada elemento de la red poder disparar munición inteligente a los blancos. El concepto de “masa virtual” se deriva entonces de la idea de que una fuerza así, ligera y dispersa, es capaz de hace a un enemigo mayor porque es el conjunto de la red el que ataca frente a las unidades convencionales donde sólo un porción de sus elementos entra en contacto con el enemigo. Es una forma diferente de plantear el concepto de ataque en enjambre, swarming, que John Arquilla y David Ronfeldt plantearon en el año 2000 pero que no aparece en la bibliografía que Yedidia Groll-Yaari y Haim Assa manejan en su libro. Al igual que para Naveh y Kochavi, un referente importante es Mil Mesetas de Deleuze y Guattari. Quizo la casualidad que me animara a comprar el primero el mismo día que me llegó el segundo por correo. Queda inagurada así, una semana en que hablaré de guerra en red.

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Swarming naval

Ayer me llegó la confirmación que la Revista General de Marina, la veterana revista académica de la Armada Española, publicará en su número de julio mi artículo “Irán y la guerra naval asimétrica”. En él relato las experiencias iraníes durante los 80 que han llevado al desarrollo de una doctrina militar propia que establece la descentralización de las fuerzas en tierra y el empleo del swarming como táctica fundamental en el mar.

La Revista General de Marina publica en Internet con cierto retraso sus contenidos de forma gratuita, así que en el futuro será posible que todos puedan leer el artículo.

Tras la publicación de “La muerte de Bin Laden y el declive de la yihad global” el artículo sobre “Irán y la guerra naval asimétrica” es el segundo aporte a lo que será mi segundo libro. Mis próximos artículos versarán sobre la ciberguerra distribuida y la guerra en el desierto.

Buscando el swarming desesperadamente

En la primavera de 2009 aún no había terminado de escribir “Guerras Posmodernas” cuando me llegó la “visión” de lo que sería mi segundo libro. Había dicho poco tiempo atrás que no quería volver a saber nada de proyectos de libro en mi vida pero pronto sentí la necesidad de completar los huecos que dejaba “Guerras Posmodernas”. Puse tanto énfasis en criticar la lógica tecnológica de “las guerras del futuro será cosa de hackers y robots” que la ciberguerra está tratada de forma bastante chapucera. Sentí que dejaba sin tratar la aparición de organizaciones de estructura mucho más horizontal que las tradicionales pirámides jerárquicas de ejércitos y grupos terroristas marxistas-leninistas. Era cuestión de comprender las redes distribuidas que parecían surgir en el mundo del activismo social, las algaradas callejeras, la ciberguerra, el terrorismo y el crimen organizado. Encontré un nombre: Guerras Distribuidas: Guerra, conflicto y activismo en la sociedad red”.

Pronto empezaron las dudas. ¿Era conveniente agrupar en un mismo libro las protestas del 13-M en España con el ataque en red del Primeiro Comando da Capital que colpasó São Paulo en mayo de 2006? Alguien podría decir que trataba de “criminalizar las protestas”, aunque no estuviera yo muy pendiente de lo que pudieran comentar Kaosenlared.net, aporrea.org o rebelion.org El principal problema era que encontraba ejemplos de swarming (enjambres que operaban puntualmente de forma coordinada) pero no redes distribuidas.

El crimen organizado fue el primer campo donde parecía difícil discernir verdaderas redes distribuidas. El caso brasileño era sintomático: Una red fuertemente jerarquizada lanzó puntualmente un ataque en enjambre. Quizás era más interesante estudiar Iberoamérica por separado y hacer énfasis en la aparición allí de actores no estatales en la posguerra fría. Ya había tratado el tema de las maras centroamericanas. Me había interesado por el auge del crimen organizado como amenaza al Estado, lo que podía definirse como un ejemplo de guerra posmoderna (véase I y II). México es un caso interesante a estudiar. Y hay mucho más que contar. Como por ejemplo, hablar de los grupos armados y teorías de guerra asimétrica en Venezuela. Tantas cosas. ¿Material para un futuro libro sobre actores no estatales en Iberoamérica? El resultado es que el crimen organizado se cayó del esquema de mi libro.

El siguiente problema lo presentaron los movimientos sociales y el activismo en red. Más de una década de las protestas antiglobalización en Seattle el 30-N de 1999 y la popularización de Internet pero no habían aparecido las grandes corrientes transformadoras que esperábamos.

[E]l activismo de redes distribuidas apenas ha servido para poner las calles de París y Atenas patas arriba. Sólo han tumbado gobiernos cuando se han cruzado poderes fácticos o gobiernos extranjeros. Ni siquiera la presión de gobiernos no democráticos ha estimulado la popularización de herramientas abiertas y seguras que supongan una alternativa a Facebook y Twitter.

Había un problema de fondo con las herramientas (las mal llamadas “redes sociales” de Facebook y Twitter). Y el triste balance era que el único movimiento que podía considerar una verdadera red distribuida, al menos en una de sus partes, era el reaccionario Tea Party estadounidense. Tras mucho darle vueltas tratando de encajar las piezas sólo pude llegar a la conclusión de que el activismo social debía también caerse del esquema general de mi segundo libro. Me quedó algo así como un árbol podado a fondo, esquelético y feo sin sus hojas.

Pasó el tiempo, hablamos ya de finales de 2010 y principios de 2011, cuando me fui encontrando casos curiosos de swarming. Leí a Lawrence de Arabia. Me entusiasmé con las Toyota Wars en Chad y Sudán. Seguí trabajando sobre los ataques DDOS contra Estonia en mayo de 2007. Y surgió la idea. ¿Y si aparco el ladrillo sobre “Guerra Distribuida” y elaboro algo más ágil sobre swarming? Eso es. El segundo libro va a ir sobre swarming.

Swarming en el desierto

Chad fue el escenario en los años 80 de una guerra civil en entregas según las distintas facciones, definidas por su adscripción étnica y apoyo externo, tomaron el poder en un juego de sillas. Fue testigo de aquello el, en aquel entonces, reportero de guerra Javier Nart y de lo que quedó constancia en su libro “¡Sálvese quien pueda!” (Ediciones B, 2003).

Chad es en país extenso y en su mayor parte desértico. La guerra en ese entorno requería vehículos todoterreno simples y fiables. Fue entonces cuando tomó protoganismo el Totoya Land Cruiser serie 40 que terminó dando nombre a la guerra: Toyota War. Los Toyota Land Cruiser y Hilux se convertirían a la larga en los vehículos más comunes en las guerras de medio mundo.

Cuando Libia decidió prescindir de intermediarios para sus ambiciones sobre el país invadió Chad con sus medios pesados de origen soviético. Los chadianos en cambio siguieron usando sus Toyotas adaptando las tradicionales tácticas de guerra en el desierto.

Según Tom Cooper, uno de los moderadores de acig.org, cuenta en la revista Truppendiest International:

[Idris Déby, entonces asesor del presidente chadiano] developed a tactic based on classic desert nomad raids, characterised by attacks at high speeds, penetration into the hearth of enemy bases and their destruction – often from virtual point-blank range

La organización de los ataques tenían toda la forma del swarming:

Emphasising speed, manoeuvrability and firepower, they proved capable of deployments out to 500 km deep within enemy territory. Through movement in scattered formations, dispersed over immense expanses of Sahara Desert, they were to avoid contact with forward enemy positions or any attacks on main fortifications, attempting instead to infiltrate these, then concentrate in the vicinity of the target area and attack exploiting the moment of surprise.

Idris Déby, héroe de las Toyota Wars, terminó siendo presidente de un país terriblemente pobre y corrupto donde en los 90 se reprodujo la ensalada de facciones armadas dispuestas a derrocar a un presidente que había repartido el poder y los recursos entre los suyos. Tras un falido ataque a la capita del país en 2006, los tres principales grupos armados se unieron en una alianza. Saliendo de sus bases en Sudán, una de sus ofensivas en 2008 les permitió alcanzar la capital. Pasaron de largo de la concentración de tropas gubernamentales al este del país.

Según la BBC:

Using the element of surprise, the rebels were able to cross more than 1,000km (620 miles) of terrain virtually unchallenged, and eventually enter the capital with surprising ease

Soldados chadianos
Soldados chadianos sobre un Land Cruiser serie 70 con fusiles israelíes Galil y Tavor.

¿Cómo conseguir la coordinación necesaria de una fuerza grande que se mantiene dispersa en el desierto? El swarming requiere de sistemas de comunicaciones sin que necesariamente tenga que ser tecnología punta. En 20 años los combates en el Chad han visto cómo se doblaba la distancia de los raids en el desierto. En ese tiempo apareció la telefonía por satélite. Las guerras del Chad y Sudán han pasado de ser Toyota Wars a ser Thuraya Wars.

Thuraya es una empresa de Emiratos Árabes Unidos. Sus satélites cubrían en 2008 la totalidad de Europa y Oriente Medio además de la práctica totalidad de Asia y casi toda África.

Según Alex de Waal:

The advent of the Thuraya phone has radically changed warfare in across the Sahara desert. […] Before the Thuraya phone, guerrilla operations needed tight discipline and extremely careful planning. More often, the commanders gambled on surprise and the momentum of battle, relying on their prowess in combat to carry the day. Today, with the Thuraya phone, commanders in distant theatres can coordinate their actions. Or they can assemble forces from different places at very short order.

Es interesante que alguien proponga que las fuerzas armadas occidentales deberían experimentar con una Horda Toyota.

[Actualizado 21/05/2013: He arreglado los enlaces rotos a los artículos de Tom Cooper y Alex de Waal]

Bangladesh y el islamismo radical

Siempre buscamos pistas sobre el futuro del Islam en el mundo árabe. Pero de los diez países con las mayores comunidades musulmanas sólo tres son árabes. Asia meridional y sudoriental concentra los tres países musulmanes más poblados: Indonesia, Pakistán y Bangladesh. En este último las cosas se están moviendo.

Bangladesh es un país pobre cuyos habitantes emigraron a los emiratos del Golfo Pérsico en los años ochenta en busca de trabajo o a Pakistán en busca de educación, y cuya diáspora regresó convertida en musulmanes renacidos. Si le añadimos un nivel de corrupción espeluznante (Transparency International ha nombrado Bangladesh cinco años seguidos el país más corrupto del mundo) no es difícil imaginar el auge del Islam radical como fuerza política alternativa. Si además, tenemos en cuenta la tradición de violencia política en el país, comprenderemos que el islamismo allí sea igualmente violento.

En agosto pasado 480 bombas explotaron en una sola jornada sin causar víctimas en lo que pareció un ensayo masivo de ataque en red, swarming. Desde entonces se han sucedido los atentados terroristas. Ahora el gobierno de Bangladesh ha pedido ayuda a los EE.UU. para combatir el terrrosimo. Una pieza más en la cadena de alianzas contra el terrorismo islámico que abarca desde el Sahel al Sudeste Asiático. Europa ¿qué papel quiere jugar?