El pasado día 20 de marzo el portal Militarnyi informó de que el alto mando ucraniano había decidido dejar de mandar reclutas fuera del país porque el entrenamiento que estaban proporcionando los países de la OTAN se había quedado obsoleto. Un asunto al que le dedicó un vídeo el canal Forces News de las fuerzas armadas británicas: «Can Western troops still train battle-hardened Ukrainian forces?«
Abundan los ejemplos de fuerzas occidentales dedicadas a formar contingentes de veteranos ucranianos en el manejo de nuevos sistemas de armas o nuevas disciplinas que terminaron tomando nota de la experiencia real de los ucranianos. Mientras que Euromaidan Press recogía a un instructor británico contando que los ucranianos mostraban mayor «imaginación táctica» que sus soldados.
Desde la segunda invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero de 2022 hemos tenido la sensación de que la guerra allí era un enorme laboratorio al aire libre del que aprender sobre el futuro de la guerra. Pero sobre el debate de la necesidad de transformar nuestras fuerzas armadas planeó siempre la duda de cuánto de lo que allí sucedía era demasiado específico de las circunstancias particulares de ambos combatientes. Un fenómeno que a mí siempre me recordó cómo en Europa se despreciaron las lecciones de la Guerra de los Bóer (1899-1902) y la Guerra Ruso-Japonesa (1905) porque la primera fue una guerra colonial y la segunda una guerra entre potencias no europeas occidentales.
Ignorar el impacto de los fusiles de retrocarga, ametralladoras y alambradas sobre el avance de la infantería en campo abierto llevó entonces a las carnicerías de la Primera Guerra Mundial. Y ahora tenemos muchos la sensación de que despreciar las lecciones como la proliferación de drones pilotados con cámaras de vista subjetiva (FPV) nos puede llevar a futuras debacles militares de ejércitos occidentales que no se hayan modernizado.
La primera señal de alarma llegó cuando el pasado mes de febrero el Wall Street Journal contó en «NATO Has Seen the Future and Is Unprepared» cómo en el ejercicio HEDGEHOG 2025 realizado en Estonia un puñado de ucranianos llevó a cabo el papel de fuerza opositora (OPFOR). Emplearon drones y tácticas habituales de la guerra de Ucrania, además del sistema de gestión del campo de batalla (BMS) de origen ucraniano «Delta«. La OPFOR en aquel ejercicio fue capaz de «destruir» 17 blindados y atacar otros 30 objetivos. Dos batallones quedaron fuera de combate aquel día. La publicación austriaca Militär Aktuell citó a una oficial de un país OTAN resumiendo las lecciones de aquel día: «Estamos jodidos».
La crónica del ejercicio contaba que las fuerzas de la OTAN sometidas a ataques de pequeños drones no parecía ser consciente de la potencial amenaza que podía venir por el aire. Nadie vigilaba el cielo y las fuerzas no estaban dispersas y ocultas. Cuando los drones se lanzaron sobre los objetivos la respuesta fue lenta. La experiencia del ejercicio HEDGEHOG 2025 fue rescatada por el diario británico The Daily Mail en un vídeo el pasado 1 de abril de 2026.
Un día después de la publicación del vídeo del diario británico fue el turno de la cadena de televisión pública alemana Deutsche Welle para contar en vídeo la importancia de las lecciones ucranianas para la OTAN.
Esta sucesión de vídeos no es casual. Tengo la sensación de que se ha producido una avalancha de artículos y vídeos en las últimas semanas sobre las lecciones ucranianas para los ejércitos occidentales. Es como si se hubiera despertado la conciencia colectiva ante los cambios en la realidad de la guerra y la necesidad de introducir reformas.
Ucrania, laboratorio de las guerras del futuro.
El programa «60 Minutes» de la cadena CBS dedicó un segmento al papel de los drones en la guerra actual en su emisión del 29 de marzo de 2026. El reportaje recoge la perspectiva ucraniana, con el testimonio de dos ciudadanos estadounidenses (antiguos marines ambos) que trabajan en la firma de capital riesgo UA1 que invierte en empresas tecnológicas ucranianas y el de un capitán del mando regional europeo (EUCOM) que cuenta cómo ha transmitido la necesidad de introducir más drones y hacer ejercicios más realistas ante los cambios en el campo de batalla.
El reportaje de «60 Minutes» presenta que detrás del cambio producido en el campo de batalla por los drones hay un fenómeno aún más importante: un ecosistema tecnológico ágil e innovador. El portal ucraniano Militarnyi ofrecía en esa misma línea el pasado mes de diciembre una entrevista al jefe de la compañía de drones terrestres de la 3ª Brigada ucraniana con el titular «“The Winner is Not the One Who Invented the Technology, But the One Who Scales and Applies It in the Long Run”.
La revista Modern War Journal, que edita la academia de West Point, dedicó este invierno un número monográfico a «Innovation and Autonomy in Future Warfare» donde encontramos un artículo sobre la experiencia ucraniana del 1er Centro de Fuerzas de Sistemas No Tripulados que firman su fundador, Boris Martynenko, y Curry Wright. El artículo cuenta la evolución de la unidad, que nació como el 14º Regimiento subordinado al Cuerpo de Artillería del ejército para convertirse en 2024 en una rama aparte de las fuerzas armadas. En el texto encontramos de nuevo conceptos como innovación, agilidad y la necesidad de permanecer conectados a las realidades del campo de batalla para adaptarse rápidamente.
El diario ucraniano Kyiv Independent le dedicó un vídeo a la industria de drones en su país, con una entrevista Oleksandr Yakovenko, dueño de la empresa TAF Industries publicada el día 25 de marzo de 2026. Se trata de una empresa que empezó en el momento de la invasión rusa de 2022 ofreciendo ayuda en la logística de la movilización de voluntarios para emerger como una empresa referente en el ecosistema de la industria de defensa ucraniana.
Viendo la proliferación de vídeos y artículos surgidos en las últimas semanas en torno al uso de drones en la guerra de Ucrania diría que hay un consenso generalizado sobre la urgencia de aplicar las lecciones de aquella guerra. Aunque recientemente el CEO de la empresa alemana Rheinmetall daba la nota despreciando el ecosistema de innovación ucraniano y regalándole a Ucrania un meme: amas de casa fabricando drones en su cocina. Simon Shuster usaba el caso de Rheinmetall como ejemplo de falta de adaptación a la guerra de Ucrania en «Building Tanks While the Ukrainians Master Drones«, publicado en The Atlantic el 27 de marzo de 2026.
Mientras tanto, la idea de que la guerra de Ucrania es el anticipo de las guerras del futuro era defendida por Iskander Rehman, que también escribía de la guerra de Ucrania como laboratorio y establecía un paralelismo con otra guerra que fue también un ensayo general de la siguiente guerra mundial: la Guerra Civil Española.
El general australiano Mike Ryan (ret.), autor del informe Adaptation War, se quejaba el 11 de marzo de 20026 en el artículo «The West’s military malaise» de la lentitud de Occidente en extraer lecciones de la guerra de Ucrania. Algo que, afirmaba, podía verse en las carencias estadounidenses en la presente guerra del Golfo, desde la falta de medios para interceptar drones Shahed a la guerra cognitiva.
El Golfo Pérsico es el último aviso.
Esa proliferación de artículos y vídeos aquí y allá sobre la urgencia de extraer lecciones de Ucrania para evitar una debacle en la próxima guerra tiene mucho que ver con la guerra en el Golfo Pérsico. Uno de los argumentos en contra de extrapolar lecciones de Ucrania era que allí ninguno de los bandos poseía la capacidad de Estados Unidos de imponer su superioridad aérea. Ahora hemos visto que la fuerza aérea iraní ha sido destruida en tierra y la armada iraní está en el fondo del mar, pero los drones Shahed y los misiles balísticos iraníes han seguido cayendo sobre las bases estadounidenses en la región. Estamos en la era de la «guerra de salvas». Véase al respecto: «Disuasión multiinestable. El poder igualador de la precisión y la guerra de salvas en la tercera era nuclear» de Guillermo Pulido en la Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (diciembre 2025).
La cadena pública de televisión PBS le dedicó también recientemente un reportaje al papel de los drones en la guerra de Ucrania pero centrándose en los drones «interceptores», una solución low-cost para derribar drones de ataque rusos y superar la paradoja de gastar misiles que cuestan millones para derribar drones que cuestan decenas de miles. Tras el estallido de la guerra del Golfo, Ucrania se ha visto en la situación de poder exportar conocimiento y tecnología a las petromonarquías sometidas a los ataques de Irán. Yo mismo escribí en El Confidencial sobre la «conexión ucraniana» en la guerra del Golfo.
Curiosamente el Daily Mail, famoso por ser un diario sensacionalista, se ha tomado muy en serio la cobertura de la guerra de Ucrania. El 13 de marzo publicaba un videorreportaje en el que seguía la actividad de un grupo de militares de la unidad Kraken en el frente de Sumy durante el verano de 2025. Estos militares pertenecían al Sky Squad, una subunidad especializada en vigilar el espacio aéreo de la línea de frente e interceptar drones de reconocimiento rusos.
El reportaje reflejaba cómo la guerra de drones en Ucrania se había convertido en una batalla aérea de dron contra dron, donde la producción masiva de drones interceptores requería el abaratamiento de costes usando drones con células de polipropileno expandido y mandos a distancia de aviones teledirigidos. Puede que sea una curiosidad, pero el 30 de marzo la televisión japonesa mostraba una startup que ofrecía un dron fabricado de cartón.
La radio pública canadiense CBC dedicó un videorreportaje a los drones interceptores ucranianos el 2 de abril de 2026, enfatizando que el país ofrece no es meramente la tecnología de los propios drones, sino el conocimiento de cómo enfrentarse a drones tipo Shahed creando una red defensiva que trabaja de forma coordinada. Un conocimiento que Ucrania ofreció a Estados Unidos y fue rechazado.
En esa línea, el medio francés Intelligence Online advertía que la tecnología ucraniana para derribar drones consistía en una «arquitectura operacional» formada por «fusión de datos, sensores acústicos y guerra electrónica» y que las petromonarquías del Golfo carecían del ecosistema necesario para desplegarla.
Los diferentes reportajes dejaban ver que los siguientes pasos en la guerra de Ucrania son la proliferación de drones terrestres, el uso de la Inteligencia Artificial y cómo los drones aéreos han ido quemando etapas. Hemos pasado de drones que dejaban caer proyectiles en caída libre, drones FPV, drones guiados por fibra óptica y ahora estamos en la fase de los drones guiados por satélite. Mientras que los drones interceptores van camino de hacerse más complejos, incorporando tecnología propia de misiles aire-aire.
El diario ucraniano Kyiv Independent le dedicó un reportaje el pasado 13 de marzo a una célula de la brigada Némesis operando drones guidos mediante señal de la constelación Starlink desde la comodidad de una oficina en la capital de ucrania durante el turno de noche, lo que permitía la continuidad de la operación de los drones 24/7.
He compartido mi sensación de alarma con otros y he descubierto que no soy el único que siente lo mismo. El mundo está cambiando y nosotros no nos estamos adaptando lo suficientemente rápido. Casualidades de la vida, este fin de semana Christian Villanueva, director de la revista Ejércitos, anunciaba el lanzamiento de su nuevo libro donde trata la aceleración tecnológica.
He escuchado ya a demasiados militares españoles contar que España necesita un «susto». Una crisis donde nuestras fuerzas armadas demuestren sus limitaciones para que los gobernantes sientan la urgencia de introducir mejoras con el respaldo de la población. El problema es que la esperanza de un «susto» como solución de la defensa nacional parte de la idea de una crisis puntual que sirva para rectificar a tiempo. A lo mejor no tenemos el margen que creemos.


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