Cambio de guardia en Israel

Alejo Schapire llamó la atención sobre una noticia procedente de Israel el 28 de noviembre.

En aquel entonces se anunció que el siguiente general en jefe (RAMATKAL) de las Fuerzas de Defensa de Israel iba a ser el general Aviv Kochavi. Lo nombré allá en enero de 2015 en mi repaso a La perspectiva israelí de la guerra en red. Kochavi comandó la brigada paracaidista israelí durante la Segunda Intifada, siendo encargado de asaltar el núcleo urbano de Nablus en 2002. Allí planteó un enfoque poco ortodoxo en lo que se supone fue una aplicación de lo aprendido en el Instituto de Investigación sobre Teoría Operacional (conocido por OTRI por sus siglas en inglés). La particularidad es que Kochavi es graduado en Filosofía y el OTRI se dedicó al estudio de autores franceses posmodernos, de ahí que la noticia de que Kochavi había llegado a la cumbre de las Fuerzas de Defensa de Israel fuera noticia en Francia.

El papel de Kochavi en el asalto a Nablus fue destacado por el arquitecto Eyal Weizman en su libro Hollow Land (2007). El texto del capítulo “Caminar atravesando muros” apareció independientemente en varias publicaciones y en España fue publicado en 2012 como un librito titulado A través de los muros. Cómo el ejército israelí se apropió de la teoría crítica postmoderna y reinventó la guerra urbana. 

Cuenta Weyzman a propósito de Kochavi:

“La maniobra llevada a cabo por unidades del ejército israelí durante el ataque a la ciudad de Nablus en abril de 2002 fue descrita por su comandante, el brigadier general Aviv Kochavi, como una “geometría inversa” que, explicó, consistía en una reorganización de la sintaxis urbana por medio de una serie de acciones microtácticas. Los soldados se desplazaban por la ciudad durante el ataque atravesando “túneles sobre la superficie” de un centenar de metros escarbados a través del contiguo y denso tejido urbano”.

La realidad es que la producción intelectual del OTRI resultó incomprensible para el establishment militar israelí. El estudio de filósofos franceses posmodernos desde luego no ayudó a ser accesibles sus ideas, sobre las que pesa una seria acusación de impostura intelectual, algo que tendremos ocasión de ver en mi próxima reseña de una obra de Paul Virilio. El centro fue cerrado después de la Guerra del Líbano d de 2006 por razones que parecen excusas tras las que se escondieron una acumulación de enemigos.

El ahora teniente general Kochavi asumió su nuevo destino el 15 de enero de 2019. La ocasión fue aprovechada por la prensa israelí para repasar los desafíos estratégicos del país: como la reorientación de Hezbolá hacia la frontera sur del Líbano y el despliegue iraní en Siria. Será interesante ver en qué forma Kochavi deja su impronta en las Fuerza de Defensa de Israel. De alguna manera, su llegada a la cúspide militar israelí es una reivindicación del OTRI.

Véase además:

“Naplouse (2002) et Sud Liban (2006), le combat en zone urbaine. Succès et échecs israéliens” de M. Quentin Lenormand (Lettre de RETEX-Recherche nº29).

La perspectiva israelí de la guerra en red

Recientemente el Instituto Español de Estudios Estratégicos publicó el artículo “Una aproximación al diseño operacional sistémico (SOD” de Juan Pablo Somiedo. Se trata de una original escuela israelí de pensamiento operacional surgida en torno a la figura del general Shimon Naveh y el centro conocido en inglés como Operation Theory Research Institute (OTRI). Leí sobre ella por primera vez en el libro A través de los muros. Fue una de mis lecturas cuando decidí interesarme por la ciudad como campo de batalla futuro. Me llamó la atención entonces que el general Naveh daba a leer a sus subordinados obras de autores posmodernos franceses. De hecho la editorial que publicó A través de los muros (en realidad un capítulo de Hollow Land: Israel’s Architecture of Occupation) añadió el subtitulo “Cómo el ejército israelí se apropió de la teoría crítica postmoderna y reinventó la guerra urbana”.  El artículo de Juan Pablo Somiedo me despertó el interés por averiguar más sobre las ideas de Naveh y sus seguidores.

Resultó que la OTRI fue desmantelada en 2006 tras una auditoría de las fuerzas armadas que encontró que el instituto organizaba cursos y seminarios pero no producía obras en papel, además de que sus miembros se excedían en facturar horas extras y el propio Naveh compaginaba su trabajo con dar clase a pesar de que era incompatible. Suena todo problemas menores y la realidad es que la OTRI fue enormemente incomprendida por el establishment militar israelí que consideraba a Naveh y los suyos unos chiflados que hablaban en una jerga incomprensible después de leer a autores como Gilles Deleuze y Félix Guattari. La abrasiva personalidad de Naveh no creo que ayudara. En esta entrevista llama “ignorante y arrogante” al general Dan Halutz, que fue general en jefe de las fuerzas armadas israelíes durante la guerra del Líbano de 2006. En esta otra entrevista llama “idiota” a David Ben-Besht, el comandante en jefe de la armada israelí durante aquella guerra. Y esa otra entrevista dice que tanto Ben-Besht como su sucesor, Uri Marom, son personas sin la más mínima capacidad de pensamiento abstracto.

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Soldados israelíes en Nablús

Cuesta imaginar la cara de los generales isralíes mientras Naveh les hablaba usando términos como “deconstrucción” y “molecular”, palabras que uno asocia a la cocina de Ferran Adrià. Pero lo que proponía Naveh era precisamente “deconstruir” los problemas estratégicos para proponer soluciones originales y contraintuitivas. El ejemplo que destaca Eyal Weizman en A través de los muros es el asalto israelí a Nablús en abril de 2002. Los grupos armados palestinos habían levantado barricadas y colocado trampas la calles de Nablús esperando el ataque israelí. Las vías de aproximación israelíes eran previsibles y las tropas hubieran tenido que afrontar un avance lento y penoso. Weizman señala que el entonces coronel al mando de la brigada paracaidista, Aviv Kochavi, era un licenciado en Filosofía, carrera que estudió tras considerar estudiar arquitectura. Tras estudiar la situación se cuestionó por qué sus soldados tendrían que avanzar por calles y avenidas a tiro de los francotiradores palestinos para entrar en los edificios por puertas y ventanas detrás de las que habían trampas explosivas. La ciudad, con sus vías y muros no dejaban de ser un constructo mental que impone reglas: Se camina por las calles y se entra por las puertas. Kochavi ordenó que sus tropas entraran en Nablús desde varias direcciones simultáneamente y avanzaran como si las construcciones no exisitieran. Numerosos grupos pequeños de soldados israelíes abrieron huecos en las paredes y cruzaron de casa en casa. Los daños materiales fueron altos pero la proporción de víctimas entre la población civil palestina fue baja y el número de bajas israelíes fue mínimo.

Nablús en 2002.
Soldados israelíes atravesando muros en Nablús en 2002.

Tras la Guerra del Líbano de 2006 arreció un debate sobre lo que se consideró un fracaso militar. Con la perspectiva de 2015 podemos decir que los daños sufridos por Hezbolá resultaron disuasivos. La frontera entre Israel y Líbano ha estado bastante tranquila desde entonces y la partida entre Israel y Hezbolá se juega en Siria. Pero acabada la guerra en 2006 se buscaron culpables de las decisiones erróneas que costaron vidas. Y se culpó a la OTRI y sus ideas. Naveh se defiende diciendo que sus ideas nunca fueron comprendidas. Por eso vemos que en las entrevistas se despacha gusto contra los generales que mandaron en aquella guerra.

Las tropas de Israel entraron en Líbano sin una estrategia clara de la que salieran objetivos concretos. Simplemente tras días de bombardeos, que no frenaron el lanzamiento de cohetes, se ordenó al ejército entrar en el Líbano. Precisamente la clase de maniobra para la que Hezbolá se había estado preparando años, construyendo refugios subterráneos y plantando trampas. Las fuerzas mecanizadas israelíes recibieron órdenes de avanzar hacia el interior del Líbano con el único propósito de tomar hitos geográficos que permitieran vender la idea de un avance incontestado en territorio de Hezbolá. Un ejemplo fue el avance de la 401ª brigada de carros de combate y la brigada de infantería Nahal por el wadi Saluki tras recibir órdenes contradictorias que enviaron los vehículos israelíes por un camino expuesto a los misiles avanzados rusos “Kornet” proporcionados por Siria a Hezbolá. Murieron 11 soldados israelíes y 50 resultaron heridos menos de 24 horas antes de que entrara en vigor el alto el fuego.

Según el general Naveh el error fue enviar fuerzas mecanizadas, que han de avanzar por vías de aproximación de número limitado y por tanto previsibiles, para luchar la clase de guerra para la que Hezbolá se había preparado. Su alternativa hubiera sido enviar fuerzas ligeras en grupo de 90 soldados para actuar en el interior del Líbano buscando las lanzaderas de cohetes de Hezbolá y marcar objetivos para la aviación y la artillería. La alternativa de Naveh era que las fuerzas israelíes actuaran como una fuerza guerrillera en territorio de Hezbolá (“out-G-ing the G”, que decía el coronel Hackworth). Hezbolá hubiera perdido la ventaja de las emboscadas preparadas en las vías que avanzan desde la frontera de Israel hacia el Líbano y hubiera tenido que exponer sus fuerzas para buscar a las unidades israelíes moviéndose por su retaguardia. Al parecer, la idea se puso en marcha de forma limitada y allí donde se aplicó tuvo éxito.

Las ideas de Naveh sobre cómo se hubiera podido combatir a Hezbolá en 2006 recuerda sin duda a la guerra en red. De hecho, Haim Assa, un antiguo miembro del OTRI es coautor junto al vicealmirante Yedidia Groll-Yaari de Diffused Warfare: The Concept of Virtual Mass. Ambos autores abogan por la organización en redes distribuidas, que llaman “redes moleculares”, con unidades modulares capaces de reagruparse en unidades mayores ad hoc. Frente al volumen de fuerzas y la potencia de fuego, proponen fuerzas ligeras altamente conectadas que mediante un uso masivo de medios ISTAR obtengan una imagen total del campo de batalla para cada elemento de la red poder disparar munición inteligente a los blancos. El concepto de “masa virtual” se deriva entonces de la idea de que una fuerza así, ligera y dispersa, es capaz de hace a un enemigo mayor porque es el conjunto de la red el que ataca frente a las unidades convencionales donde sólo un porción de sus elementos entra en contacto con el enemigo. Es una forma diferente de plantear el concepto de ataque en enjambre, swarming, que John Arquilla y David Ronfeldt plantearon en el año 2000 pero que no aparece en la bibliografía que Yedidia Groll-Yaari y Haim Assa manejan en su libro. Al igual que para Naveh y Kochavi, un referente importante es Mil Mesetas de Deleuze y Guattari. Quizo la casualidad que me animara a comprar el primero el mismo día que me llegó el segundo por correo. Queda inagurada así, una semana en que hablaré de guerra en red.

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