La amenaza yihadista en una África globalizada

Casa África
Interviniendo en Casa África en las jornadas “Yihad en África”

Mi interés por África surgió de forma accidental. Mi primera región de interés fue el Magreb, por su importancia estratégica para España. Durante la Guerra Fría, el arco Mediterráneo fue considerado el Flanco Sur de la OTAN, así que en 2002 creé Flanco Sur como página web. Pero tras unos pocos años, eran los comienzos de la década pasada, caí en la cuenta que en el horizonte no había ninguna probabilidad de conflicto. Es más, el nuevo escenario posterior al 11-S colocaban a España y Marruecos enfrentados a amenazas comunes que llevaban a una mayor cooperación policial y de inteligencia. Todos los acontecimientos interesantes estaban sucediendo más al sur del Magreb.

En paralelo, mi interés como sociólogo por la transformación de la guerra me llevó a leer sobre los conflictos armados de África Occidental durante los años 90. Por aquel entonces, además, empezaron a llegar las primeras pateras a Canarias, fenómeno que siguió de cerca Pepe Naranjo [1]. Para mí era relevante comprender lo qué había pasado en Sierra Leona o Liberia para entender de qué hubía la gente que llegaba a Canarias. Así que quizás influyó también mi condición de canario, porque mirar al sur suponía mirar a África Occidental y no al Magreb.  En 2005 hablé por primera vez del “Flanco Sur Profundo” como región estratégica para España. En 2015, el Ejército de Tierra organizó en Madrid unas jornadas para hablar del Sahel como “Frontera Avanzada”, así que podemos decir que el concepto ha sido totalmente asumido.

 Mi interés por la transformación de la guerra me llevó a analizar un nuevo tipo de conflicto que denominé “Guerras Posmodernas”. Hablo de posmoderno no en el sentido filosófico y cultural, sino histórico. En la historiografía anglosajona se entiende por Era Moderna el período que abarca de la transición de la Edad Media al Renacimiento hasta la aparición de la Sociedad Industrial. Ese período se caracteriza por la aparición y consolidación de la institución del Estado-Nación. Así que las Guerras Posmodernas son el tipo de guerras que aparecen tras la Segunda Guerra Mundial en una nueva era en el que el Estado-Nación deja de ser el actor fundamental del panorama internacional por la aparición de actores supra-estatales y subestatales. Por un lado, como actores supra-estatales tenemos organizaciones como la Unión Europea que organiza sus propuias misiones militares. Por otro lado, como actores sub-estatales tenemos una enorme diversidad de actores que van desde grandes corporaciones que manejan una riqueza superior a la de países, movimientos sociales, ONGs y por supuesto grupos armados. Asistimos a la aparición de fenómenos transnacionales a los que un sólo país ya no es capaz de hacer frente, desde el cambio climático al terrorismo. Además, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se ha producido una disminución de las guerras convencionales en las que se enfrentan los ejércitos regulares de Estados-Nación, para dar lugar a conflictos intra-estatales. Esos sí, esos conflictos internos están altamente internacionalizados, con la presencia de una multiplicidad de actores externos (desde medios de comunicación, a ONGs y contratistas privados, etc.). Otro fenómeno relevante es que se ha producido una converencia entre los conflictos armados y el crimen organizado, donde se desdibujan los conceptos clásicos de defensa y seguridad. Es un espectro amplio en el que en un extremo tenemos la militarización de la policía o la violencia del Narco en México y Centroamérica que llegan a cotas de guerra civil, mientras que en  el otro lado del expectro tenemos a grupos armados dedicados al crimen organizado y la explotación de recursos. Este último fenómeno tiene que ver con la ausencia de la financión, con ciertas excepciones como Siria, de grupos insurgentes por parte de los gobiernos de Washington, Moscú, Pekín. La Hábana o Trípoli, como en los tiempos de la Guerra Fría. Una última característica de las Guerras Posmodernas, una característica que es emergente, es la importancia de la dimensión inmaterial, dada la importancia de la información. Bien, considerando la propia información como arma, o bien considerando la ciberguerra.

En el caso del yihadismo en África, el marco conceptual de las  “Guerras Posmodernas” es perfectamente aplicable a los casos de Mali, Nigeria y Somalia, por ejemplo. En los tres países tenemos conflictos internos que enfrenta al gobierno con fuerzas yihadistas pero se trata de conflicto con una alto grado de internacionalización, en el que están presentes tanto actores supra-estatales como sub-estatales. En los tres casos tenemos organizaciones internacionales y regionales, como la ONU, la Unión Europea, la Unión Africana o la organización de países de la cuenca del Lago Chad. Tenemos como actores presentes en los conflictos a fuerzas de organizaciones supra-estatales, como los cascos azules y a las fuerzas europeas en Mali. También tenemos fuerzas de paz de la Unión Africana en Somalia. Pero también tenemos actores sub-estatales, como son las empresas militares privadas. Por ejemplo, STTEP International estuvo en Nigeria asesorando al ejército en su lucha contra Boko Haram y Bancroft Global Development asesoró a las fuerzas ugandesas que nutrían la fuerza de paz de la Unión Africa en Somalia. Pero la privatización de la guerra tiene otros ejemplos, como es la participación de la aerolínea canaria NAYSA en el esfuerzo logístico francés en el Sahel. Aunque los casos de Mali, Nigeria y Somalia se traten de conflictos internos, la violencia en los tres casos es transnacional y ha desbordado las fronteras nacionales. Sea desde Mali al Sahel, Nigeria a la cuenca del lago Chad o de Somalia a Kenia y Uganda.

ATR-72 de NAYSA
ATR-72 de NAYSA con los colores de Binter Canarias transportando soldados franceses en el Sahel.

La transformación de la guerra tras el fin de la Guerra Fría generó un amplio debate académico tras la publicación de Nuevas Guerras de Mary Kaldor en 1999. Se discute cuánto hay de nuevo en las Nuevas Guerras pero precisamente por eso yo no señalo el fin de la Guerra Fría como el comienzo de una nueva era, sino que retrocedo a la Guerra Fría como un período de ransición. Así, podríamos aplicar perfectamente el marco anterior de las Guerras Posmodernas a la crisis del Congo y a la  Guerra de Biafra en los años setenta. Así que África fue un escenario temprano de la transformación de la guerra que vimos luego en el resto del mundo. Todo el debate sobre la crisis de los Estados post-coloniales africanos antecedió en años al actual debate sobre la crisis de los estados árabes (Libia, Siria, Iraq, Yemen, etc) y el legado del acuerdo Sykes-Picot, del que se celebra este año su primer centeario. Así que puestos a abordar el fenómeno del yihadismo en África tenemos que señalar que África no se trata de un escenario secundario de la yihad, si revisamos las cifras de víctimas mortales y desplazados.

Víctimas mortales del terrorismo

Grupos yihadistas más letales

Resulta que la violencia yihadista en Nigeria alcanza cifras de víctimas mortales que lo pone a la par de países en conflicto como Iraq y Siria. Es más, en 2014 el grupo Boko Haram alcanzó el triste hito de ser el grupo yihadista más letal del mundo en sus ataques terroristas. Así que podemos afirmar la centralidad de la yihad africana en el panorama de la yihad global. Y eso es así porque el Islam africano no se ha visto ajeno a las dinámicas del mundo musulmán, donde encontramos violencia inspirada por el salafismo-yihadista desde la cuenca del Lago Chad al sur de Filipinas. Siempre se ha señalado la tradición de tolerancia del Islam africano. Sin ir más lejos, tras el 11-S el periodista Yaroslav Trofimov del Washington Post se embarcó en un viaje por el mundo musulmán [2] y se desplazó a Mali para conocer mejor su Islam pacífico y tolerante. Trofimov viajó a Mali porque había encontrado que según Freedom House de los 47 países de mayoría musulmana Senegal y Mali eran los único que recibían la clasificación de “totalmente libre”. Aproximadamente una década después, Mali era el corazón de la yihad en el Sahel.

El salafismo-yihadista llegó a África tras el fin de la yihad afgana, el crisol donde nació el yihadismo global. Los veteranos de la guerra de Afganistán lanzaron campañas de violencia en países como Egipto y Argelia. La conmoción provocada por el ataque a turistas en Luxor en 1997, un atentado con 62 muertos, colocó a la sociedad egipcia en contra de la violencia yihadista. En Argelia, en cambio, la violencia se dio en el contexto de una guerra civil. Los yihadistas más recalcitrantes del Grupo Islámico Armado pasaron al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, mientras el país vivía un proceso de reconciliación nacional. Los yihadistas, derrotados, marcharon al sur y en 2006 el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate se alió con Al Qaeda para transformarse al año siguiente en Al Qaeda en el Magreb Islámico. A partir de ahí, la violencia yihadista se expandió a Mauritania, Mali, Níger, etc.

En Nigeria encontramos un proceso parecido, donde el Islam local se vio influenciado por los acontecimientos globales. Tras la Revolución Iraní, se producen conversiones al chiísmo, una corriente musulmana ajena a la tradición nigeriana. El islamismo arraiga en Nigeria, pero no debemos pensar en ellas como corrientes conservadoras que pretenden mantener una tradición. Sino que se trata de un proceso de re-islamización. La sharía es introducida por primera por un estado nigeriano en fecha tan tardía como enero de 2000. Recordemos el caso de Amina Lawal, condenada a la lapidación por tener un hijo fuera del matrimonio.

Boko Haram
Boko Haram asumió desde 2010 un discurso y una estética parecida a la de Al Qaeda y en 2015 se vinculó al Estado Islámico.

El salafismo-yihadista encontró eco en África porque sirvió para articular agravios en países con toda una serie de problemas particulares. Pensemos en un país africano, antigua colonia francesa. El país tiene un norte desértico, donde vive población pastoril y nómada, y un sur fértil cruzado por ríos que fue llamado el “país útil” por los franceses. La administración colonial se nutrió de habitantes del sur. Y cuando el país alcanzó la independencia, el Estado post-colonial heredó la misma estructura, con habitantes del sur copando el gobierno, la administración pública y las fuerzas armadas. Tras unos años de sequía y una crisis en Libia, comenzó un conflicto armado en el país. ¿De qué país hablo? ¿Mali en 2012? Chad entre 1965 y 1990. Pero el guión del conflicto chadiano efectivamente coincide con el de Mali. ¿Qué pasó entonces 30 años en Mali después? Que en Chad la insurgencia del Frente de Liberación Nacional del Chad (FROLINAT) era de inspiración marxista y apoyada por la Libia de Gadafi como una lucha anti-colonial para acabar la influencia francesa. En Mali en 2012 no quedaba rastro de los los movimientos políticos de la Guerra Fría y las luchas locales eran ahora de inspiración salafista-yihadista.

Hemos visto que África es una región donde asistimos de forma temprana a la transformación de la guerra, que es un escenario importante de la yihad global y que el Islam africano ha sufrido una transformación paralela al mundo musulmán. África es una región conectada al mundo. Y esa hipótesis se comprueba al constatar también efectivos positivos del África globalizada. Véanse los reportajes “África Conectada” en Planeta Futuro y “Los 15-M africanos” en Áfricaye, donde descubrimos los movimientos sociales africanos que usan las redes sociales.

[1] Véase su libro Cayucos (Debate, 2006).
[2] Viaje que quedó plasmado en el libro Faith at war (2005).

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Guerras Africanas

Esta semana dediqué tiempo a revisar el archivo PDF en el que la revista Ejército, que publica el Ejército de Tierra español, recopiló los artículos finalistas al premio a los mejores artículos de 2015. Me llamó la atención en su momento el primer artículo que aparece seleccionado, “España y la seguridad del Sahel” del general de división Jesús Argumosa. Pero descargué l PDF hacía tiempo y no le había hecho caso de nuevo. Y cuando esta semana me puse a leer hice un repaso rápido del documento para encontrarme por sorpresa que allí aparecía mi artículo “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra.

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En mi artículo quise contar con detalle el desarrollo de la Operación Serval, algo trabajoso que ni siquiera encontré en fuentes francesas, para hacer un breve repaso a lo que la intervención francesa nos enseñó sobre las fuerzas armadas francesas y las particularidades de una campaña caracterizada por la fluidez de los movimientos, las largas distancias y el exigente entorno natural donde tuvo lugar. La brillantez de la ejecución francesa de la campaña fue recogida por un informe de la RAND Corporation. La gran ironía es que la Operación Serval sucedió en un momento en que un almirante ocupaba el puesto de jefe del estado mayor de las fuerzas armadas francesas. Y cuando alguien le señaló la paradoja contestó con una idea que ya había apuntado Lawrence de Arabia: El desierto es un gran océano donde se mueven formaciones de combate buscándose las unas a las otras como una campaña naval.

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Paracaidistas franceses antes de un salto sobre Mali.

Mediante el empleo de operaciones paracaidistas y aerotransportadas los franceses fueron dando saltos por la superficie de Mali como los estadounidenses de isla en isla durante la campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. Los franceses hablan de “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” para definir la doctrina empleada en Mali. Algo que nos recuerda a cómo las enormes distancias de Rusia propiciaron el empleo de grandes unidades de caballería durante la Guerra Civil Rusa y el nacimiento en el ejército soviético del concepto de Batalla Profunda.

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Miembros de la Infantería Ligera Rodesiana antes de un salto desde un ParaDak.

El pasado mes de marzo salió publicado “El legado africano de la insurgencia rodesiana”, mi segundo artículo para la revista Ejército. Trato en él las peculiares tácticas contra insurgencia que desarrolló el ejército del gobierno blanco de Rhodesia. Es un tema del que existe un boom editorial en el mundo angloparlante. Y del que me animé a escribir cuando leí la entrevista de Jack Murphy a Eeben Barlow, fundador de la ya mítica Executive Outcomes, sobre su papel en la lucha contra Boko Haram en Nigeria. Hablaba del empleo de tácticas contra insurgencia que fueron la evolución sudafricana de tácticas desarrolladas en Rodesia, que fue a su vez un crisol de las enseñanzas portuguesas en Angola y las experiencias británicas en la Emergencia Malaya y la Rebelión Mau Mau en Kenia. Es decir, hay un hilo histórico que recorre la guerra portuguesa en Angola, la Guerra de Rodesia y las campañas sudafricanas en Namibia y Angola. La cuestión es, por tanto, que podemos hablar de una “escuela africana de contra insurgencia” que tiene su origen en las guerras del África austral. Una idea que el propio Barlow sostiene y que volcó en un libro gafado porque iba a salir en 2015, su lanzamiento se retrasó varias veces, fue anunciado por otra editorial,  volvió a retrasarse y todavía no ha aparecido.

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Toyota Land Cruiser de la serie 40 en Chad en 1984.

Ahora me encuentro trabajando en un artículo sobre las “Toyota Wars” en Chad en los años 80 para la revista Ejército, del que publicaré una versión preliminar más breve en passim.eu donde haré énfasis en la popularidad de los todoterrenos tipo pick up en las guerras recientes, de Libia a Afganistán pasando por el Estado Islámico. Las “Toyota Wars” evolucionaron este siglo en Chad y Sudán con la introducción de tecnologías como el GPS y los teléfonos satélite. Ya hablé de esto último en “Swarming en el desierto”. Las largas cabalgadas con todoterrenos dispersos por el desierto que convergen para golpear por soprpresa el corazón del enemigo fue una adaptación a la era industrial de las tácticas tradicionales de guerra tribal y nómada que en español conocemos como razzia. Y eso me lleva de nuevo a encontrar un hilo conductor entre las “Toyota Wars” en Chad y  la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” francesa en Mali, pasando por las “Columnas Volantes” sudafricanas en Namibia. Las enorme extensión de los campos de batalla africanos dieron lugar a un modo particular de hacer la guerra que esté pendiente de ser contado en español.

Guerras Posmodernas en África

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Mercenario serbio al servicio del régimen de Mobutu en el Zaire Foto: GROSSMAN ROBERT/CORBIS SYGMA

Llevo una temporada intensa de lecturas de los más variopintas y temo convertir el blog en un monográfico de reseñas. Ahora toca África. Estoy con Boko Haram y hace poco leí dos libros de Tom Cooper sobre la Primera y Segunda Guerra del Congo, ambos de la colección Africa@War que coeditan Helion & Company30º South Publishers. Antes había leído de esa misma colección Congo Unravelled: Military Operations from Independence to the Mercenary Revolt 1960–68. Y por el camino se fue abriendo paso una idea. Es siempre tentador caer en el adanismo de pensar que África vive una nueva era de conflictos armados desde el fin de la Guerra Fría, altamente internacionalizados y caracterizados por el papel de entidades supraestatales y actores no estatales. Pero si uno se para a pensar encontrará que, por ejemplo, ya en los años 60 intervinieron en el Congo Belga los cascos azules de la ONU y los mercenarios europeos de “Mad Mike” Hoare. Durante la secesión de Biafra apareció el aristócrata sueco Carl Gustaf von Rosen, que organizó una “guerrilla aérea” con sus avionetas MiniCOIN. Y no hubo guerra más internacionalizada que la de Angola, con tropas cubanas y asesores soviéticos apoyando al bando gubernamental y tropas sudafricanas y dinero de la CIA apoyando a los rebeldes de UNITA.

Asesor soviético en Angola
Asesor soviético en Angola

Así que todo me llevó a preguntarme, ¿qué hay de nuevo en las “nuevas guerras” de África? Las respuestas que surgieron serán material para un texto en cuya fase de recopilación de bibliografía estoy trabajando y que se centrará en África Occidental, donde son batante significativos tres fenómenos que para mí marcan la diferencia: El yihadismo, las amenazas transnacionales y la cooperación regional. De paso caí en la cuenta que se cumplieron llevo diez años de que este blog tiene el dominio GuerrasPosmodernas y que después de que publicara el libro homónimo en 2010 he dedicado poco o ningún espacio a explicar qué entiendo yo por el concepto “Guerras Posmodernas.” Considerando que la Nueva Guerra Fría me obliga a reconsiderar el papel del Estado en los nuevos conflictos armados, espero que en los próximos meses este blog vuelva a su esencia inicial de mayor reflexión y menor espacio a tratar de contar la actualidad.

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Personal de Executive Outcomes en Sierra Leona. Foto Jim Hooper

Tanta lectura ha tenido sus frutos. He escrito en tres noches delante del ordenador un artículo sobre la contra insurgencia durante la guerra de Rodesia (1966-1980). Resulta que hace poco leí una entrevista a Eeben Barlow, fundador de la mítica Executive Outcomes. Dirige ahora una empresa que fue contratada por el gobierno de Nigeria para instruir una fuerza encargada de combatir a Boko Haram en el noreste del país. Barlow detallaba las tácticas empleadas y enseguida las conecté con las tácticas contra insurgencia de las fuerzas rodesianas y sudafricanas en las sabanas del África meridional. Al fin y al cabo existe un hilo histórico que arrancó en Rodesia, donde se sintetizaron lecciones de Malasia, Kenia y Angola, para luego pasar a Sudáfrica. El artículo lo mandaré a la revista Ejército tan pronto pula las erratas y corrija algunas cosas. Y creo que ya puedo anunciar que el número del próximo mes de junio de esa revista saldrá mi artículo: “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra”. Es mi primera colaboración con esa publicación y espero que sea la primera de muchas.

“Great Lakes Conflagration: The Second Congo War, 1998-2003” de Tom Cooper

Tom Cooper está detrás del Air Combat Information Group, uno de los secretos mejor guardados de Internet, además de ser autor de varios libros sobre aviación militar. Hace años cité aquí un artículo suyo para escribir sobre el impacto de las comunicaciones por satélite en las nuevas “Toyota Wars” africanas. Esa faceta suya como experto en conflictos africanos está saliendo a la luz gracias a la colección Africa@War que coeditan la británica Helion & Company y la sudafrican 30º South Publishers.

CBJ8466-2Great Lakes Conflagration trata sobre la Segunda Guerra del Congo (1998-2003), uno de los conflictos más mortíferos, complejos y desconocidos de los últimos 25 años. Un conflicto conocido como la Primera Guerra Mundial Africana o la Primera Gran Guerra Africana. Para que se hagan una idea, hablamos de una cifra de varios millones de muertos. El punto de partida es la caída del régimen de Mobutu Sese Seko en el entonces llamado Zaire en 1997 y la llegada al poder del “revolucionario” Laurent-Désiré Kabila. El control que ejercía el nuevo gobierno sobre el país era débil. Hay que tener en cuenta la enorme extensión del país (2,4 millones de kilómetros cuadrados) y la multiplicidad de grupos políticos contrarios dispuestos a enfrentarse al nuevo poder. Así, se creó una coalición de países dispuestos a lanzar una guerra por el poder enmascarándose detrás de los grupos insurgentes. Hablamos de una guerra por delegación (“proxy war”) en la que Uganda, Ruanda y Burundi apoyaron a grupos insurgentes congoleños tratando además de incentivar la revuelta de simpatizantes del antiguo régimen.  En el bando contrario, el gobierno de Kabila recibió el apoyo de Zimbabwe, Angola. Namibia y Chad, quienes a su vez apoyaron a grupos insurgentes ugandeses y ruandeses contra sus respectivos gobiernos a la vez que apoyaron a grupos congoleños contra el poder de facto ruandés en las provincias orientales del país. Me ahorro hacerles la lista de los grupos implicados. La lectura del libro requiere repetidas consultas de los capítulos introductorios donde se detallan los componentes de cada bando.

La Segunda Guerra del Congo tuvo todos los elementos que uno asocia al concepto de “nuevas guerras” acuñado por Mary Kaldor: grupos armados con poca cohesión y disciplina, matanzas de civiles, violaciones y saqueos, encuadramiento de niños soldados, etc. Pero lo que diferencia a esta guerra de cualquier guerra premoderna, evidentemente, es el contexto de la globalización. El objetivo inmediato de la intervención de Ruanda, Burundi y Uganda en el Congo fue la explotación de sus recursos naturales (oro, diamantes, coltán, etc.), creándose por vía aérea un flujo de ida de armas procedentes principalmente de Europa del Este y un flujo de vuelta de recursos naturales valiosos. Hay que destacar el papel del traficante de armas ruso Victor Bout, mercenarios occidentales y varias empresas israelíes en el suministro del bando anti-Kabila. Con las enormes distancias del país, la logística tuvo un papel crucial en la guerra, siendo importantísimo el papel de los puentes aéreos establecidos por cada bando mediante una pintoresca colección de viejos glorias de la aviación. Así, el frente se movió como un péndulo en función de lo lejos que cada bando estaba de sus bases de partida y lo rápido que se agotaba su esfuerzo.

An-12 de Air Cess, empresa de Victor Bout registrada en Emiratos Árabes Unidos e implicada en el esfuerzo bélico ruandés.
An-12 de Air Cess, una de las empresas de aviación de Victor Bout registrada en Emiratos Árabes Unidos e implicada en el esfuerzo bélico ruandés.
DC-8 de Trans Air Cargo, otra empresa implicada en el esfuerzo logístico de la Segunda Guerra del Congo
DC-8 de Trans Air Cargo, empresa congoleña implicada en el esfuerzo logístico de las fuerzas del presidente Kabila.

En la alianza pro-gobierno de Kabila hay que destacar el papel jugado por las fuerzas armadas de Zimbabwe. La idea que transmite Tom Cooper es que las fuerzas armadas del país heredaron bastante de la profesionalidad y doctrina de las antiguas fuerzas armadas rhodesianas, un referente histórico en las guerras africanas durante la Guerra Fría. De hecho, la colección Africa@War ha dedicado unos cuantos títulos al tema (desde el más general Bush War Rhodesia 1966-1980 a los más específicos sobre los Selous Scout y las tácticas de Fire Force), por no mencionar los diversos libros de historia militar y memorias personales que Helion & Company ha dedicado a la Guerra de Rhodesia. La acción de la aviación y las fuerzas especiales de Zimbabwe resultaron una y otra vez fundamentales para salvar la situación in extremis. A pesar de su escaso número en el total de fuerzas implicadas en la guerra, su impacto fue alto por el decisivo efecto que sus unidades bien entrenadas y bien cohesionadas tenían ante fuerzas numerosas pero compuestas por niños-soldados y rebeldes con escaso entrenamiento. Así destaca el papel en la guerra de los entrenadores Bae Hawk Mk.60 realizando misiones de ataque ligero o  el empleo de los CASA C212 Aviocar de origen español como bombarderos de fortuna, guiados hasta el objetivo mediante un GPS de mano y lanzando bombas por la rampa.

Bae Hawk Mk.60
Bae Hawk Mk.60 de la fuerza aérea de Zimbabwe, antes de su entrega en 1982. Foto de Kev Slade
C212 Aviocar del 3º Escuadrón de la fuerza aérea de Zimbabwe en 2012
C212 Aviocar del 3º Escuadrón de la fuerza aérea de Zimbabwe en 2012

El libro tiene 64 páginas en formato DIN A4. Pero no debería llevar a engaño. Como ya comprobé en Libyan Air Wars Part 1973-1985, Tom Cooper dota de una enorme densidad a sus libros gracias a su conocimiento de los entresijos profundos del tema que maneja, destacando especialmente el manejo de fuentes directas. Queda al criterio del lector darle validez a las informaciones tan detalladas que Cooper maneja sobre temas tan desconocidos. A mí me parece una obra altamente recomendable sobre un conflicto que pasará ahora a mi canon de las Guerras Posmodernas.

Una última reflexión. Es habitual escuchar cierta narrativa sobre la pobre África saqueada por culpa de la rapacidad de las malvadas empresas occidentales y sus conflictos armados alimentados por la insaciables empresas de los complejos militares industriales occidentales. Aquí tienen un trágico ejemplo de un país africano atormentado por la avaricia de dos políticos africanos. Hablamos de Paul Kagame de Ruanda y  Yoweri Museveni de Uganda, este último presentado como ejemplo del Renacimiento Africano durante los tiempos del presidente Bill Clinton. En cuanto a las armas, la realidad es que el grueso de los grandes contratos multimillonarios son entre países democráticos sin que alimenten ningún conflicto, por ejemplo aviones F-18E y P-8A estadounidenses para Australia. El grueso de las muertos en las “guerras olvidadas” en las dos últimas décadas fueron víctimas de armas y municiones procedentes de países como Bielorrusia, Ucrania, Serbia, Irán y Corea del Norte. Así que no oirán a nadie en España escarbar sobre la Odessa Network porque, ya saben, hablar mal de Putin o Yanukovich es estos tiempos hacerle el juego a la OTAN.

África y periodismo en la ULL

Ayer estuve todo el día desaparecido en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna, la “pirámide de Periodismo”, como la llamamos todos en Tenerife. Se celebró la jornada de “Comunicación en Conflictos y Armados y Crisis Humanitarias” dedicada a “Relaciones entre militares, periodistas y cooperantes: el caso de África” que anuncié el otro en día en FlancoSur.com. El evento lo organizó la Universidad de La Laguna y el Instituto Español de Estudios Estratégicos, que últimamente está “jugando al ataque”. No hay semana que no haya un evento en cuya organización participa el IEEE. Fue un día largo, que arrancó a las diez de la mañana y terminó, como siempre terminan estas cosas, de cañas por La Laguna.

BYZj8ssCAAAM4M0.jpg largeEl plantel de ponentes fue un lujo: Txema Santana, Pepe Naranjo, Nicolás Castellano, Ángel Gonzalo, Javier Bernabé, Joan Tusell, Gemma Parellada, Makaila Nguebla y Rosa María Calaf, además de contar con las intervenciones del general José Alberto Ruiz de Oña, el coronel Juan Sevilla y el teniente coronel Jesús Díez Alcalde, que no se salieron de los  estrechos márgeness de su guión. La mezcla de periodistas, activistas y militares fue bastante curiosa, generando la presencia de estos últimos algún zarpullido bien disimulado. El salón de actos, por cierto, estuvo a reventar, con estudiantes sentados en el suelo y los organizadores se mostraron muy orgullosos que el hashtag #ullafrica llegó a ser trending topic nacional en Twitter (cosas del periodismo moderno).

El hilo principal del debate a lo largo de la mañana arrancó siendo el tratamiento de África en la prensa, pero, como sucede cada vez que juntas a tres periodistas, la cuestión fue derivando a la desastrosa situación actual del periodismo. Y así, se habló del afropesimismo, del periodismo espectáculo, de las peleas de los reporteros por convencer a sus editores que incluyan noticias de África, de los cada vez menores presupuestos para información internacional y de la precariedad hasta ir quedando cada vez más claro que el tema de fondo era el fin de un modelo de medios de comunicación y mercado de trabajo (“sales de la carrera esperando que alguien te contrate”) para pasar un nuevo mundo de carreras construidas individualmente y de medios digitales. En definitivo, el Tema. Lo que me llamó la atención fue esa visión estatocéntrica de llorar sobre lo mal que están las cosas en España, cuando el mercado de la información en español es ya un mercado global y los futuros periodistas deberían tener en mente que si un día terminan en algún lugar del mundo de reporteros freelance su pelea no será vender crónicas a El País y La Vanguardia, sino a El Observador de Uruguay o El Mercurio de Chile.

Para mí fue la oportunidad de conocer en persona a Pepe Naranjo, cuyo libro Cayucos leí con bastante interés y cuya cobertura de la intervención francesa en Mali seguí. Tuve la oportunidad además de conocer a Joan Tusell e Ico Sánchez-Pinto de Casa África. A Joan le expresé mi alegría de que por fin Casa África, a la que una vez critiqué aquí por esto mismo, trate por fin asuntos relacionados con la seguridad y defensa. De hecho, me contó que están preparando una jornada sobre piratería en el Golfo de Guinea a celebrar el próximo mes de diciembre en Las Palmas en la que estarán oficiales de la Armada.