Guerras Posmodernas en Europa: la versión de la IA a partir de mi recopilación de fuentes

El 8 de junio de 2023 publiqué en este blog «¿Llegarán las Guerras Posmodernas a Europa?«. Ese mes ardió París y el día 23 de ese mes lo compartí de nuevo en X.com con el comentario «Sería triste que los hechos empezaran ya mismo a validar aquellas intuiciones».

Aquel tuit se convirtió en el comienzo de un hilo al que he ido agregando análisis, noticias, comentarios, fotos y vídeos con el objetivo de demostrar la validez del concepto, seguir la actualidad y acumular materiales para futuros artículos o ensayos. Sin embargo, el momento para llevar a cabo estos últimos nunca aparece por la acumulación de proyectos y porque últimamente he estado trabajando en otros temas.

Viendo las capacidades alcanzadas por la IA generativa he pensado que podría pedirle a la IA que tomara mi artículo de 2023 y todas las noticias para hacer una puesta al día. Esto no quita que yo ofrezca mi propia visión del tema. A continuación ofrezco el texto generado por Grok, la IA que ofrece X.com

Ilustración de ChatGPT a partir de mi artículo original de 2023.

Guerras Posmodernas en Europa según la IA.

Las guerras posmodernas no eran, en la formulación que Jesús M. Pérez Triana desarrolló desde 2005 y sistematizó en el libro Guerras Posmodernas (Ediciones El Cobre, 2010), un fenómeno europeo. El término lo tomó de Chris Hables Gray (Postmodern War, 1997) y de un artículo de Michael Ignatieff en Time (abril de 1999). Con él describía la transformación de la violencia organizada: actores no estatales que disputan el monopolio de la fuerza, insurgencias criminales que no buscan tomar el Estado sino construir un poder paralelo, convergencia entre crimen organizado y conflicto armado, y acceso de esas redes a tecnología comercial. En un mapa de 2011 situó esas dinámicas sobre todo en Iberoamérica y el África subsahariana; el Indo-Pacífico quedaba como tablero de la geopolítica clásica. Europa, más allá del terrorismo, aparecía como territorio de paz relativa.

La aplicación del concepto al continente la formuló en junio de 2023 en «¿Llegarán las Guerras Posmodernas a Europa?». El punto de inflexión que señala es la Nochevieja de Colonia de 2015: agresiones sexuales masivas cuya magnitud fue minimizada o retrasada por medios y autoridades. No lo trata como un simple episodio de orden público, sino como el momento en que parte de la intelligentsia europea decidió que ciertos hechos eran peligrosos de narrar con precisión. A partir de ahí abrió un hilo en X, anclado en el tuit del 29 de junio de 2023 , que acumula entradas numeradas de noticias, imágenes y datos bajo la etiqueta «#GuerrasPosmodernas en Europa». El registro llega, en octubre de 2026, más allá de la entrada 109. Funciona como archivo empírico de una hipótesis: formas de violencia ya descritas fuera de Europa se reproducen dentro mediante redes criminales transnacionales, fallos de control migratorio y una capa informativa que retrasa o suaviza la descripción de los hechos.

Suecia es el caso más documentado. Las autoridades registraron 317 explosiones en 2024, más del doble que el año anterior, en una serie que la policía vincula a disputas por el narcotráfico y al uso de adolescentes como ejecutores (La Razón, 12 de septiembre de 2026; síntesis en Wikipedia, «Bombings in Sweden»). En 2022 hubo 391 tiroteos y 62 muertos por arma de fuego; la cifra de homicidios por disparo bajó después, pero las detonaciones no. El primer ministro Ulf Kristersson llegó a catalogar parte de estas explosiones como «terrorismo interno». Los grupos no pretenden sustituir al gobierno central: controlan mercados ilícitos y barrios mediante terror selectivo, mientras el Estado responde con operativos que no restauran el monopolio efectivo de la violencia. El hilo recoge la crítica a reportajes que describen el fenómeno y eluden durante largo rato las redes y el origen de buena parte de los implicados, un patrón que el autor ya había señalado en Colonia.

Francia y el Benelux muestran la misma lógica a otra escala. En la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 2026, en Overasselt (Gelderland), un grupo armado asaltó la vivienda de Jan G., condenado por delitos de drogas. Mataron al vigilante Berry Leenders, de 51 años, e hirieron a dos policías. Las detenciones superaron las treinta personas: neerlandeses, franceses, argelinos, un belga y otros; varios menores franceses. La investigación vincula el ataque a un ajuste por más de 1.200 kilos de cocaína y al entorno de Jos Leijdekkers («Bolle Jos») (NL Times, 2 y 26 de septiembre de 2026; De Telegraaf). Los sospechosos se habían concentrado antes en un almacén de Bruselas. No es delincuencia común: armamento automático, coordinación transfronteriza y disposición a enfrentarse a la policía. El hilo lo registró en las entradas 106 y siguientes a partir de material de Visegrád 24. En paralelo, Pérez Triana ha recogido advertencias francesas sobre narcotraficantes que intentan suplantar funciones del Estado en zonas de Marsella y preguntas abiertas sobre si Bélgica se aproxima a un narcoestado parcial en torno al puerto de Amberes.

En el Reino Unido el archivo incluye una pelea con machetes entre migrantes en Truro (Cornualles), difundida en agosto de 2026, que el autor usó para recuperar la «guerra civil molecular» de Hans Magnus Enzensberger: violencia difusa, no declarada, que no enfrenta ejércitos sino que fragmenta la convivencia. También anota advertencias de oficiales británicos sobre riesgo de conflicto interno de baja intensidad.

Alemania aporta sabotajes a infraestructuras —el corte eléctrico de Berlín y ataques posteriores— y casos en los que la policía omite la foto del sospechoso invocando protección de datos. El patrón que el hilo subraya no es la conspiración, sino la negativa reiterada a nombrar variables de red y origen, que no elimina el hecho y alimenta la desconfianza.

Ceuta cierra, por ahora, la secuencia europea. En septiembre de 2026, residentes de la barriada próxima a la playa del Trampolín, donde acampaban unos 1.500 indocumentados, instalaron alambre de espino y cámaras tras varios asaltos a viviendas (ABC, citado en la entrada 109; tuit de Pérez Triana, 1 de octubre de 2026). El autor lo lee, junto con episodios franceses, como anticipo de una «sudafricanización»: el Estado conserva los medios formales, pero los vecinos asumen por su cuenta la protección del perímetro.

Estos episodios no constituyen una guerra convencional. Carecen de frentes, de declaración de beligerancia y de objetivos territoriales clásicos. Encajan, sin embargo, en los rasgos que Pérez Triana asoció al concepto: actores no estatales transnacionales, violencia armada para proteger economías ilícitas, erosión del monopolio estatal en espacios concretos y una capa informativa que minimiza o retrasa la descripción. La ocultación, sostiene el hilo, no pacifica; amplifica el «pendulazo» cuando la realidad se impone.

El archivo no predice un colapso ni equipara Europa a las favelas o al Sahel. Documenta una tendencia: la importación, a través de redes criminales y de flujos no gestionados, de formas de violencia que el análisis de conflictos ya había descrito fuera del continente. Las instituciones siguen funcionando y los ejércitos no han sido derrotados en campaña. Pero la seguridad cotidiana en porciones del territorio depende cada vez más de la capacidad policial para contener actores que operan con lógica de insurgencia criminal. Nombrar el patrón con sus variables —como hace la secuencia abierta en 2023— no lo crea; solo evita que la política llegue tarde a un fenómeno que las cifras de explosiones, los asaltos armados y las alambradas vecinales ya han hecho visible.

Mi comentario.

Creo que no está nada mal para que una persona que no conoce mi blog y mis ideas entienda de qué hablo cuando digo «Guerras Posmodernas en Europa«. Como contraste, le pedí recientemente como prueba un ensayo a ChatGPT sobre el concepto y se fue por las ramas hablándome de desinformación y el papel de los medios de comunicación en la guerra actual.

Echo en falta referencias a la militarización de los medios de la policía en Europa. Una militarización que las autoridades rara vez explican o justifican. Sino que los ciudadanos debemos leer entre líneas por qué se realiza: las fuerzas policiales se preparan para mayores niveles de violencia.

Creo además que Grok ha puesto demasiado énfasis en la idea de «insurgencias criminales» ante mayores niveles de violencia de grupos criminales que pretenden anular la presencia del Estado en los barrios periféricos cuando en el fenómeno encontramos también la violencia yihadista atomizada de lobos solitarios y la violencia gratuita producto de la anomia como la que vemos estos días en Francia.

Creo que este tipo de uso de la IA está bien para hacer sin esfuerzo pequeños ensayos que recopilen mis ideas. En la red social X.com alimento gran cantidad de hilos de los temas más diversos con noticias y artículos. Y tengo la sensación de que hay un caudal de conocimiento que estoy desperdiciando.

Pedirle a la IA que elabore un ensayo es una forma de tener un texto que compartir ya sobre qué quiero decir sobre un tema en concreto que no me resulta prioritario antes de que alguien lo malinterprete o tergiverse.

Lo que sí tengo claro es que nunca usaría la IA para elaborar artículos que lleven mi firma. No es sólo una cuestión ética. No me gusta su estilo de redacción. Creo que la IA genera textos sin alma. En cualquier caso prometo dejar bien claro qué piezas han sido generadas artificialmente. Aquí incluso he marcado el texto con otro color. Y en un futuro espero hacer un nuevo artículo sobre «Guerras Posmodernas en Europa» para que el lector pueda comparar qué ideas y conceptos me resultan merecedoras de mayor énfasis.

Comments

Una respuesta a «Guerras Posmodernas en Europa: la versión de la IA a partir de mi recopilación de fuentes»

  1. Avatar de MDII
    MDII

    Un buen uso práctico de la IA, me gusta.

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