“Quieren la guerra” de Ilya U. Topper

En el infierno hay un lugar reservado para los compositores de temas de reggaetón, los guionistas de las teletiendas nocturnas y los análisis con ínfulas literarias del conflicto palestino-israelí. Ilya U. Topper ha perpetrado en MSur un artículo titulado “Quieren la guerra” que considero bastante cuestionable.

Quieren la guerra. El bombardeo de Gaza por parte de Israel no es un intento de acabar con Hamás. Tampoco es un error estratégico. Tampoco una reacción emocional desmedida. Ni siquiera una búsqueda de votos de la ultraderecha. Es un intento desesperado de supervivencia de Israel. Es un esfuerzo supremo de sembrar odio y garantizarse un ambiente lo suficientemente hostil como para que mañana sigan saltando chispas, muertos, cohetes, bombas. Para que nunca haya paz.

Israel no tiene otra opción: la paz se ha convertido en un peligro mortal para este Estado. No tendría que haber sido así. Pero durante décadas, sus dirigentes han llevado el país hacia un callejón sin salida, un estado de excepción al que sólo la guerra continua puede dar apariencia de normalidad.

Tiene gracia pensar que el autor está olvidando que Israel y Egipto firmaron los acuerdos de Camp David. El presidente egipcio Anwar Al-Sadat tras reconocer al Estado de Isael, lo visitó y dio un discurso en su parlamento. La paz de los valientes le costó la vida. Hoy un centro de estudios estratégicos en Israel lleva su nombre junto con el del primer ministro Begin. Israel evacuó sus ciudadanos de la península del Sinaí, que mantenía en su poder desde la Guerra del Yom Kippur en 1973. Al igual que en la desconexión de Gaza en 2005 hubo de emplear la fuerza para obligar a quienes se habían instalado allí abandonar sus casas y negocios. (Véase este reportaje de “Informe Semanal” de TVE de aquella época). Israel entregó a Egipto infraestructuras como la base aérea de Etztion, que se convirtió en el aeropuerto internacional de Taba. Ambos países mantienen hoy lazos económicos. Egypt Air inventó una línea aérea virtual, Air Sinai, para sus muy discretos vuelos a Israel. Egipto le vende a Israel el petróleo del Sinaí vía un oleoducto e Israel manda turistas. Ambos asuntos fueron noticia por los repetidos atentados yihadistas contra el primero tras la caída de Mubarak y por un atentado contra turistas en el Sinaí en 2004.

Por su parte, Israel y Jordania firmaron un acuerdo de paz en 1994 que formalizaba una relación de varias décadas. Aunque tras los acontecimientos del Septiembre Negro de 1970, cuando el rey Hussein de Jordania vio amenazado por una invasión siria solicitó ayuda militar a Israel. Desde entonces la familia real jordana visita Israel. Como dato curioso, la princesa Aisha, hermana del actual rey, visitó Israel de forma oficial en 1997 y 2000 en su condición de oficial del ejército jordano para interesarse por la incorporación de la mujer a las fuerza armadas israelíes. Por su parte, turistas israelíes visitan Jordania. Y cómo no, el asunto fue noticia cuando el grupo Monoteísmo y Yihad de Abu Musab Al Zarqawi (una de las primeras encarnaciones del actual Emirato Islámico) atentó contre el hotel SAS Radisson de Ammán en 2005, sin conseguir matar a un solo turista israelí. Murieron numerosos invitados a una boda, varios palestinos y varios árabes israelíes. Aquello, junto con las carnicerías provocadas por atentados contra lugares públicos en Iraq, contribuyó al desprestigio del yihadismo en las sociedades árabes.

En resumen Israel ha hecho las paces con acérrimos enemigos (con Egipto combatió en 1949, 1956, 1967 y 1973), ha evacuado la población de territorios y sin llegar a la vecindad que disfrutan países que trabajan por la integración regional, ha llegado a normalizar sus relaciones con algunos de sus vecinos. La diferencia fundamental es que Israel pudo hacer la paz con Egipto y Jordania porque son estados-nación cuyos gobiernos mantenían el “monopolio de la violencia legítima”, que decía Max Weber es la característica fundamental de un Estado. Cuando Sadat y Hussein firmaron la paz tenían la capacidad de hacer cumplir sus compromisos. Las autoridades palestinas nunca han podido sentarse a negociar con Israel representando a la voluntad colectiva. Nunca han tenido el monopolio de la violencia y temen correr la suerte de Sadat. Siempre habrá un grupo más radical aún que Hamás dispuesto a llamar traidor a quien negocie con Israel. Los isralíes se preguntan ¿dónde está el Sadat palestino?


De niño encontré en un libro escolar alemán sobre Geografía de los años setenta un esbozo de las dos posibles soluciones del conflicto: Convertir el territorio de la histórica Palestina en un Estado “binacional” en el que todos los ciudadanos gozaran de los mismos derechos, o bien establecer dos Estados, uno para los judíos y otro para los palestinos, tal y como planteó la ONU en 1948, aunque llevándose el bando judio un territorio sustancialmente mayor que el originalmente adjudicado.

Curiosamente, el autor citado, israelí a juzgar por su apellido, se permitía el lujo de añadir que no creía en ninguna de las dos soluciones.  Desde entonces he cavilado cuál era el futuro que sugería el ensayista. Obviamente era el de mantener el conflicto sin resolver.

La primera solución, por la abogan numerosos palestinos, pero también grandes intelectuales israelíes como Ilan Pappé, significaría el fin de Israel tal y como fue planteado por el sionismo hace un siglo: un hogar exclusivo (o casi) para judíos, o para lo que las autoridades de ese Estado entiendan como “judíos”. Sería simplemente un país más. Un país normal.

Un estado binacional a día de hoy es inviable no por cuestiones étnicas o religiosas, sino porque sería imposible unir a dos sociedades con un desarrollo político, económico y social tan desigual. Hamás creó en Gaza el Comité para la Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio, como en Arabia Saudita o el Afganistán de los talibán. Tel Aviv en cambio es un destacado destino gay en el Mediterráneo. Las mujeres palestinas son asesinadas en “crímenes de honor”. En los territorios palestinos a día de hoy no hay democracia. Las elecciones legislativas palestinas de 2006 fueron ganadas por Hamás con el voto incluso de palestinos cristianos que castigaban así la rampante corrupción en la Autoridad Palestina. Entonces el presidente Mahmud Abás suspendió la democracia palestina, tal como hicieron los generales argelinos en 1992 ante el avance del islamismo. El plan de paz israelí incluía que Cisjordania creciera al norte absorbiendo las localidades árabes israelíes en lo que se conoce como  “el Triángulo”. Surgió un problema. Más del 80% de lo habitantes de una localidad de la zona no quieren ser ciudadanos de un estado palestino. Cuando se les preguntó la razón, más de la mitad contestaron que preferían vivir bajo “un sistema democrático con un estándar de vida alto”.


El sionismo fue un afán comprensible a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando estaban en boga las ideologías nacionalistas, decididas a construir Estados con una única “etnia”, alemana, húngara, turca, armenia, kurda… Que el mito bíblico de una descendencia genética común del “pueblo” judío, míto comparable a la virginidad de María o la existencia eterna del Corán, se encuadrara en este nacionalismo como si fuera una realidad histórica, es una de las mayores paradojas de la Historia; sería el mayor ridículo que haya hecho la humanidad, si sus resultados no fueran tan sangrientos, si no se lo hubiesen tomado en serio Hitler y sus secuaces.

Pero tras un siglo de doctrina sionista, esta convicción de necesitar un “Estado judío” es tan arraigada que es imposible dar marcha atrás, argumenta Uri Avnery, gran camarada de Pappé en el Qué y gran adversario suyo en el Cómo. Queda la otra solución, la biestatal, fácil, rápida, al alcance de mano, aprobada por la comunidad internacional, por Estados Unidos, por la UE, por la Liga Árabe, por la Autoridad Palestina y, con ciertas reservas perfectamente superables, hasta por Hamas. De boquilla, incluso por Israel.

¿Por qué no se lleva a cabo, pues? ¿Por qué, en lugar de irse evacuando a los 250.000 colonos extremistas de los Territorios Ocupados de Cisjordania, primer paso para devolver una coherencia territorial a una futura palestina, el Gobierno de Israel financia y protege, con enormes fondos y mayores despliegues militares, estos asentamientos cuya existencia es un crimen de guerra según la Convención de Ginebra? ¿Por qué Israel se niega en las negociaciones a definir cuáles serán sus fronteras?

Las negociaciones entre palestinos e israelíes en los últimos años han partido de la base que la solución al conflicto pasa por la creación de un estado palestino. El entonces presidente Peres lo dejó claro: La opción para la paz es crear un Estado palestino. El debate son las condiciones. La oferta israelí es que Cisjordania y Gaza quedaría unidas por una carretera tal como Berlín Occidental estuvo conectada con la República Federal Alemana en tiempos de la Guerra Fría. Israel se anexionaría ciertos barrios de Jerusalén junto con ciertas comunidades judías que están más allá de las líneas de armisticio de 1949 (lo que la gente llama “las fronteras de 1967”) y compensaría a los palestinos ampliando el territorio de Gaza y Cisjordania a costa de territorio israelí de igual superficie. Lo sabemos por los papeles filtrados de la parte israelí y de la parte palestina.

Una reportera de El País visitó a la población israelí de lo que se conocen como los “asentamientos de Cisjordania” (perdonen que no encuentre el enlace). Se encontró que un tercio vivía allí porque era mucho más barato que dentro de las fronteras de 1967. De hecho el encarecimiento de la vivienda fue uno de las quejas de los “indignados en Israel”. Otro  tercio se había ido a vivir allí porque formaba parte de una comunidad religiosa y sus líderes se habían establecido allí. De trasladar la comunidad a otro lugar, declaraban que no tendrían problema en irse. Sólo el tercer tercio estaba allí con el propósito expreso de vivir en lo que había sido tierras ancestrales de los judíos y mencionaban motivos religiosos para su decisión. Para los dos primeros grupos la idea de trasladarse a vivir a otro lugar no suponía ningún problema.

Está claro que la expansión de las poblaciones israelíes en Cirjordania han sido un giro de tuerca a los palestinos tras el fracaso de cada ronda de negociaciones de paz. Alguien decía que nunca te levantes de una mesa de negociación si no puedes volver a ella desde una posición más fuerte. Los palestinos se han levantado varias veces y su posición es cada vez más débil. Primero el perímetro de seguridad entre Israel y Cisjordania redujo la capacidad palestina de cometer los brutales atentados de la Segunda Intifada. El sistema “Cúpula de Hierro” junto con mejoras de los protocolos de la defensa civil israelí ha recudido las víctimas mortales de los cohetes lanzados desde Gaza. Cuando visité Israel a finales de 2010, el país celebraba el récord de visitas de turistas mientras la economía de Cisjordania prosperaba. En algunas zonas empezó a desmantelarse el muro de protección o cambiarse su trazado, reduciendo el impacto en las vidas de los palestinos. Pero tras el conflicto armado entre la Autoridad Palestina y Hamás en 2007, Hamás puso como condición para la reconciliación el cese del pragmático ministro Salam Fayad, empeñado en construir un país antes de proclamar un estado. Tuvimos la ofensiva de cohetes palestinos previos a la Operación “Pilar Defensivo” y esta que arrancó en junio.

Una reflexión final en forma de pregunta, ¿por qué esta clase de artículos nunca incluyen un análisis de la dinámica interna de Hamás? Las retiradas unilaterales israelíes del Líbano en 2000 y de Gaza en 2005, no trajeron la paz. Sería caer en la obviedad de descubrir que Hamas considera su fin último destruir Israel. “Israel existirá hasta el día que lo destruya el Islam” aparece en los preámbulos de su Carta Fundacional.


Porque el establecimiento del Estado palestino acabaría con la guerra. Y es lo único que Israel no se puede permitir: renunciar a la guerra.

Porque Israel no es un país normal. Ha elegido no serlo. Ha elegido ser un país exclusivo para un colectivo que por imperativo religioso se cree una “etnia” en lugar de saberse un colectivo religioso. Y que de tanto confundir etnia con religión, biología con biblia, cromosoma con dios, ha acabado bifurcado en una teocracia agnóstica.

 Para ser un Estado judío, Israel tiene la extraña peculiaridad de ser un país multiétnico y multiconfesional. Viven allí judíos, musulmanes, druzos, circasianos, cristianos maronitas, cristianos armenios y practicantes de la fe bahá’i, entre otros. Los árabes-israelíes constituyen la quinta parte del país y (que me corrija alguien si me equivoco) deben ser los árabes que han disfrutado por más tiempo derecho a voto en elecciones libres en todo Oriente Medio. Su número ha crecido del 12% en el momento de la creación del Estado de Israel al 21% actual. Druzos y circasianos cumplen el servicio militar obligatorio. Los primeros tenían restricciones dentro de las fuerzas armadas para lograr acceso a puestos que requieren una habilitación de seguridad. Tras una campaña para su eliminación, hoy hay druzos que son pilotos de combate y comandante de buques.

Hago énfasis en la integración en las fuerzas armadas porque jurar bandera y estar dispuesto a morir por el país me parece un grado superlativo de identificación con un Estado. Majalli Wahabi, un druzo, ocupó el cargo de Presidente de Israel de forma interina en 2007. Como conté aquí una vez, en la campaña de ataques con cohetes de Hezbolá contra núcleos de población civil israelíes en 2006 un tercio de las víctimas fueron árabes israelíes. Árabes matando árabes de forma indiscriminada. Desde aquel momento comenzó un aumento del número de árabes israelíes (cristianos y musulmanes), principalmente de las zonas afectadas por los cohetes de Hezbolá, que se han presentado voluntarios para servir en las fuerzas armadas israelíes. Son pocos de momento pero en las entrevistas todos repiten los mismos argumentos. Hablaban de querer defender “su país” que había sido atacado desde fuera, sentían la necesidad de sentirse un ciudadano más, de devolver lo que habían recibido del Estado…

“¿Ves a éstos? Los de negro. No, a éstos nunca los monto en autostop. Los odio.Muchísimo más que a… más que a los árabes no puedo decir, porque a los árabes no los odio”. El viejo kibbutznik Uri hizo un movimiento de mano hacia unos jóvenes en el arcén de la carretera, vestidos de negro, con sombreros negros sobre los rizos de las sienes. Ultraortodoxos. Haredim, se llaman en Israel. Una secta nacida en la Europa oriental del siglo XIX, los haredíes eran los mayores adversarios del sionismo agnóstico, pero una vez establecido Israel fueron aprovechándose del atractivo económico de un Estado dedicado a subvencionar a todo judío que quisiera asentarse en su territorio. Tienen tanto en común con un israelí de Tel Aviv como un talibán afgano con un alemán, salvo que no abogan por la lucha armada. Por la lucha, sí: en sus barrios, nadie debe romper las normas que consideran judías. Con una media de seis o siete hijos por familia, sus barrios se extienden cada día, sobre una alfombra roja extendida por los políticos que cortejan su fuerza de votos.

No habrá que esperar hasta dentro de medio siglo, cuando según la curva demográfica serán mayoría. Mucho antes, numeroso israelíes laicos, hartos de que se les escupa a sus hijas si no van con manga larga en verano, se irán, primero de Jerusalén, luego del país. Tel Aviv quedará como un gueto de laicos, un reducto de quienes se consideran los herederos del sionismo verdadero, la ideología agnóstica, marxista, que quiso crear un “nuevo judío” sin rezos ni sombreros. “En el kibbutz nos duchábamos juntos chicos y chicas. Estos están poniendo playas separadas para hombres y mujeres”, decía Uri. El que los haredíes se hagan con el país fundado por quienes quería querían acabar de una vez por todas con los rabinos y las sinagogas, es otro de los tristes chistes de la Historia.

Uri sacó una conclusión: “Si los árabes fueran listos, se quedarían quietecitos unos años. Sin atentados suicidas. Entonces, sin esa continua presión de un enemigo común, empezaríamos a ocuparnos de nosotros mismos. Y nos daríamos cuenta de que nuestras sociedades son irreconciliables. Estallaría la guerra civil”.

Ultraortodoxos. Los hombres de negro. Pregunte a un español sobre Israel, el país que ganó 16 años antes que Austria el festival de Eurovisión con una artista transexual, que imagine al israelí medio y aparecerá con la imagen de los ultraortodoxos. Como aquel vídeo del programa de Buenafuente en que el actor Edu Soto interpretaba a “Rabin Bisbal”, el ganador de la versión israelí de “Operación Triunfo”. O aquella otra viñeta de Manel Fontdevila.

Ahora vayamos a los datos. Los judíos ultraortodoxos son el 11,7%. Es decir, la mitad de la población árabe-israelí. Dada la alta tasa de natalidad de los judíos ultraortodoxos, en las cohortes demográficas más jóvenes hasta los 20 años representan el 29%. Es decir, están lejos de ser una mayoría del país. Los judíos ultraortodoxos son tan relevantes porque el sistema electoral de circunscripción única con el que se elige el parlamento israelí atomiza el voto y convierte a los partidos pequeños en bisagra. Su crecimiento les impedirá por más tiempo sostener su condición minoría a ser protegida mediante subsidios del Estado. Tras la destrucción de la cultura judía europea en el Holocausto, el primer gobierno del recién nacido Estado de Israel decidió subvencionar a los ultraortodoxos como guardianes de las esencias del judaísmo. En su mayoría no trabajan, reciben subsidios del Estado y no hacen el servicio militar. Esto último va camino de acabar. Israel no podrá permitirse sostener a un sector improductivo de su población cada vez más grande. Tarde o temprano a los ultaortodoxos tendrán que trabajar y se verán obligados a una transición demográfica hacia familias nucleares de pocos hijos.

Además, Israel no es sólo Tel Aviv y Jerusalén, ni siquiera los asentamientos más allá de la línea del armisticio de 1949. Israel es también el aérea metropolitana de Haifa. En Haifa, ejemplo de convivencia entre judíos y árabes, dos tercios de la población se consideran judíos seculares. Un último apunte sobre fanatismo religioso. En las elecciones legislativas palestinas de 2006, las últimas antes de la suspensión de la democracia palestina, ganó Hamás. A lo mejor también habría que estudiar lo que pasa en el lado palestino para entender la perpetuación del conflicto.

Este diálogo tuvo lugar en 2001. Desde entonces han cesado los ataques suicidas. Cisjordania está quieta, aguantando en silencio los crímenes diarios de los colonos – criminales de guerra según la ley internacional – y sólo Hamas le daba un poco de esperanza a Israel, un poco de la violencia cotidiana que necesita para sobrevivir. Hasta que, a primeros de junio, se acabó lo que se daba: Hamas dio su acuerdo a un gobierno de unidad palestina, sin exigir siquiera una participación efectiva. La paz parecía a la vuelta de la esquina. ¡Alerta roja!

A todo eso, encima Irán, que tantas veces ha servido de espantapájaros para la esquiva paloma de la paz, con media Europa prediciendo por cuarta, quinta y sexta vez el ataque inmediato e inevitable, está ahora tomándose cafés en Viena, con Bruselas certificando una “buena atmósfera” en las negociaciones nucleares. La situación parecía desesperada.

Nunca sabremos quién dio días después la orden de secuestrar y asesinar a tres adolescentes israelíes en una carretera de Cisjordania, rodeada por unidades militares israelíes. Sí sabemos que el Gobierno israelí utilizó ese secuestro, ocultando que ya se había verificado la muerte de los jóvenes, para construir una campaña de odio contra “los árabes” que habría hecho sonrojarse a un fascista veterano y para lanzar una campaña de detenciones, robos, saqueos y asesinatos por toda Cisjordania. Sin éxito. Sólo tras un bombardeo aéreo que mató a siete miembros de Hamas, por fin la milicia de Gaza empezó a lanzar cohetes. ¡Eureka!

Por fin, Israel pudo volver a afianzarse. Mesarse los cabellos por estar obligada a “vivir bajo la amenaza yihadista”, invocar el “derecho a autodefensa”, ponerle sirenas de alarma como música de fondo al adoctrinamiento de los niños en los colegios y a las colectas de dinero en Estados Unidos – done un búnker – , en fin, volver a respirar con alivio.

 Toda esta larga parrafada se sustenta en la más elemental ignorancia de los acontecimientos de los últimos dos meses. La ofensiva de Hamás con cohetes lanzados contra Israel no arrancó tras los acontecimientos de la muerte de tres chicos judíos y un chico palestino a manos de radicales de la otra comunidad. Comenzó antes, en el mes de junio y tuvo otra fase previa en abril. Si repasamos fechas, el acuerdo de reconciliación entre Fatah y Hamás se firmó el 23 de abril. Así que, suponiendo que las negociaciones previas se desarrollaron a lo largo de abril, Hamás estuvo lanzando cohetes contra Israel mientras sus representantes negociaban con el partido del presidente Abás. En el mes de mayo apenas hubo lanzamientos. Luego, tras la toma de posesión de un nuevo gobierno palestino el 2 de junio empezó otra campaña de lanzamiento de cohetes de Gaza contra Israel.

La conclusión evidente es que los ataques de Hamás contra Israel estás relacionadas con cuestiones internas palestinas. ¿Una facción de Hamás quería descarrilar las negociaciones? ¿Hamás buscaba una respuesta israelí para consolidar su prestigio frente al acomodaticio gobierno de Fatah? Lo interesante es que para Ilya U. Topper aquí el país agredido es el agresor. Aunque no sabemos si ha omitido acontecimientos para sacar sus conclusiones preestablecidas o porque desconoce lo que ha estado pasando en la zona en los últimos meses. No Jews, no news!.


Porque así funciona el círculo vicioso que mantiene con vida al Estado, a sus elites políticas, a sus industrias armamentísticas, a sus lobbies internacionales, a sus ciudadanos con tanta afición a la ceguera: Israel mata a unos cientos de palestinos, suscita algunas condenas internacionales, unas cuantas manifestaciones y con suerte, editoriales en la prensa, y puede afirmar con orgullo que “todo el mundo está en contra de Israel”. Y si todo el mundo está en contra de Israel, evidentemente la culpa es del mundo que no soporta la existencia de Israel y estará en contra de Israel para los siglos de los siglos, amén. De manera que toda cosa llamada Naciones Unidas y toda convención de Ginebra no son más que ardides para acabar con Israel, así que no cumplir con nada de lo que digan es la única vía recta para el pueblo elegido.

El problema aquí es que los estallidos emocionales que la gente ha tenido en público a causa de los últimos acontecimientos en Gaza no son contra Israel, son contra los judíos. Las manifestaciones en París en contra de Israel se saldaron con dos sinagogas y un supermercado kosher atacados. En España, bastó que el Maccabi de Tel Aviv ganara la final de un trofeo al Real Madrid para leer referencias a las cámaras de gas. Los exabruptos en medios de comunicación, ahí está esa infame columna de opinión de Antonio Gala, o en las redes sociales reflejan que cuando rascas en los españoles encuentras los mismo prejuicios atávicos que hacen mención a la usura o el niño mártir San Dominguito de Val. No hemos llegado a Der Stürmer. Seguimos en la Edad Media. Pero como antes, Ilya U. Topper, invierte el orden de los elementos. No se trata de que Israel necesita ser odiado para justificar su existencia. Israel ha hecho las paces con quien ha querido hacerlo pero sigue en conflicto con Hezbolá y Hamás, cuya ideología se nutre del odio a Israel. Hezbolá se inventó un conflicto territorial con Israel para justificar seguir siendo una organización armada, contraviniendo la Resolución 1559 de Naciones Unidas que llamaba al desarme de las milicias libanesas. Sin Israel, Hezbolá tendría que ser un partido político normal. Sin Israel, la verdadera naturaleza de Hamás como un grupo islámico radical, que oprime su población como los talibán en Afganistán o el Emirato Islámico en Siria, sería evidente.

Lo del pueblo elegido sólo lo dicen los rabinos, desde luego. Los ministros se contentan con invocar la divinidad del “antisemitismo”, en cuyo altar se sacrificarán cientos de niños palestinos. Porque sólo el Antisemitismo, con mayúscula, es lo que justifica la existencia de un país declarado “hogar judío”.

Si este círculo vicioso se rompiera, se podría descubrir que en el último medio siglo, el mundo ha aprendido a prescindir de mitos bíblicos y que el concepto de un Estado “étnico” no es acorde a la Carta de Derechos Humanos. Que los fundamentos del sionismo – la ficción bíblica de que un tal Dios prometió a “los judíos” una tierra situada entre Jordán y Mediterráneo, y su derivado seudocientífico de un “pueblo judío” dispersado desde esta tierra por el resto de países – no son más que una estafa. Que Israel es un anacronismo.

Claro que la existencia de Israel se justifica, desde el punto de vista del derecho internacional, simplemente con su existencia: sería contrario a los derechos humanos de sus ciudadanos si alguien quisiera forzarles a disolver su Estado. Pero Israel no puede permitirse el lujo de reconocer el concepto de derechos humanos mientras insista en otorgar más derechos a un neoyorquino con abuela judía que a un nativo que no tenga abuela judía.

Tal y como está planteada ahora, Israel es un Estado imposible, porque sus ciudadanos no son quienes lo habitan sino quienes son afiliados de una religión determinada, aunque no se la crean siquiera. Es decir, sus ciudadanos son personas de todo el planeta siempre que así lo definan los rabinos de Israel: una especia de teocracia cósmica.

Esta paradoja quedará en evidencia y quedará en ridículo al firmarse la paz. Israel tendría que reinventarse como país democrático, es decir, renunciando al sionismo como ideología oficial. Algo que es más difícil con cada día que pasa, cada día en el que se adoctrina a los niños en el colegio, se les enseña a adorar las armas y saberse el pueblo elegido. De manera que el círculo vicioso ha de seguir.

Pero nadie se puede bañar dos veces en el mismo río de sangre y nada en el cosmos descríbe círculos: todo avanza en espiral. Una espiral de violencia que con cada nueva vuelta tendrá que ir a más para producir el mismo efecto de rabia, furia y odio en el resto del mundo y el mismo nivel de nacionalismo fanático entre sus ciudadanos, rodeados – eso creen – de hordas antisemitas. Entre ese nacionalismo fanático armado, dispuesto a quemar vivos a “los árabes”, y el fanatismo religioso de los haredíes, dispuesto a borrar a las mujeres hasta de las fotografías, se halla el futuro de Israel.

Donde acabará la espiral no es fácil de predecir. Pero no será un espectáculo bonito. En todo caso, su fin no será la desaparición del pueblo palestino. Será el suicidio de Israel.

Israel permite inmigrar libremente a judíos de todo el mundo y no permite el derecho del retorno de quienes abandonaron sus casas en la Guerra de Independencia (1948-1949). Puede ser injusto, puede ser terrible. Pero no es muy diferente a la práctica mayoría de los países que favorecen la inmigración con un cierto perfil y se limita otra. Por ejemplo, se favorece la inmigración de personas con un cierto nivel académico (licenciados, doctores…) o determinadas cualificaciones profesionales (ingenieros, médicos…) Sucede en Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos o Australia.

El asunto de los palestinos que abandonaron sus hogares en la Guerra de Indepenencia de Israel (1948-1949) es uno de los asuntos centrales de las negociaciones de palestinos e israelíes. No lo obviemos ni desdramaticemos. Pero tiene una singularidad. Son los únicos refugiados que han transmitido su condición a sus hijos y nietos. Como vimos en mis comentarios al artículo de Olga Rodríguez “Israel, Palestina: Cómo empezó todo”, los refugiados palestinos son los únicos refugiados de aquel conflicto que no que recibieron la ciudadanía de los países que los acogieron. Quedaron en un limbo y su casusa fue empleada como bandera por los tiranos de Siria, Libia, Iraq e Irán. Durante décadas se dijo que el principal conflicto de Oriente Medio era el conflicto palestino-israelí. Que el mundo árabe mantenía un resentimiento a Occidente por su apoyo a Israel. La resolución del conflicto limaría el “choque de civilizaciones”. Desde 2011 hemos visto arder el mundo árabe de punta a punta sin que tenga nada que ver las causas con Israel.

El argumento principal aquí es que Israel provoca odios para justificar la existencia de un país que haga de refugio para los judíos del mundo. Cuando llegue la paz, todo el mundo dejará de odiar a los judíos y entonces habrá cesado la razón de existir de Israel. El país colapsará, los israelíes se revolcarán en el suelo presos de una paradoja ontológica. Menuda huera traca final. Un despliegue de pirotecnia verbal pretendidamente literaria y profunda que comete la perversión de proyectar en los israelíes todos las acusaciones que podríamos hacer al bando opuesto: Fanatismo religioso, falta de democracia, fanatización y adocrinamiento…

El día que cese el conflicto, los palestinos tendrán que construir un país. Entonces se mirarán en el espejo y se tendrán que hacer preguntas difíciles. Alguien tendrá algún día que preguntar por el destino de las ayudas occidentales, por el enriquecimiento de los líderes palestinos y por la falta de libertades políticas. Ser pesimistas sobre el futuro de los palestinos cuando no se pueda culpar a Israel no es mal augurio. Ya ocurrió. Israel se retiró de Gaza en 2005. Evacuó su población de allí y se retiró hasta las “frontera de 1967”. ¿Qué ocurrió? Los palestinos se terminaron matando entre ellos dos años más tarde. Los fanáticos islámicos de Hamás contra los corruptos gobernantes de Fatah. Al final, Palestina no es tan diferente de Libia, Siria o Iraq. La “ocupación israelí” ha sido la gran excusa para mantener a los palestinos oprimidos por organizaciones beligerantes o para mantenerlos en campamentos inmundos en lugares como Líbano o Siria. Cuando son machacados allí, nadie protesta. No Jews, no news.

Y aquí señores, termino con otro artículo de una publicación española sobre el conflicto palestino-israelí. Ha resultado aburrido y agotador. Además, sé que es inútil. Hablar del conflicto es entrar en un diálogo de sordos. Cada cual lee lo que refuerzas sus prejuicios. Creo que escribiré un texto didáctico sobre crímenes de guerra a propósito de Gaza y puede que una reflexión general sobre el conflicto. Después de eso espero no tratar más el conflicto palestino-israelí aquí. Me limitaré a tratar los aspectos vinculados con el origen de este blog. Es hora de volver a las Guerras Posmodernas.

22 thoughts on ““Quieren la guerra” de Ilya U. Topper

  1. Hombre, no deja de ser una guerra posmoderna, un estado Israel vs una organización paraestatal como es Hamas. Y en medio la ONU con sus diferentes tentáculos y ONG’s de diferente pelaje.

    1. De eso espero hablar pronto. Los aspectos tácticos del conflicto. He visto armamento avanzado en manos de Hamás que juraría carecía en 2009, cuando la Operación “Plomo Fundido”.

  2. Cada vez que entro aquí estoy un poco más cerca de creer que realmente los niños palestinos tienen la culpa de ser asesinados por terroristas militares israelíes. No sé a qué esperan para “crear un país” (ahora creo que son una tribu urbana) de una vez para así poder tener su Estado (la única forma imaginable de organizarse, por lo visto) y vivir “en paz”, porque es evidente que los israelíes están dispuestos a desmantelar todos los asentamientos construidos a lo largo de estos años. Si acaso cuando ya sólo dos calles de Palestina no sean de facto controladas por Israel podrán tener derecho a vivir sin el acoso de sus siempre bienintencionados vecinos.

    1. Pues yo pienso que apenas he tratado el asunto de Gaza. Me limito a replicar a autores cuyas afirmaciones sobre el conflicto me parecen discutibles.

      El asunto tiene muchos matices y grises.

      1. Lo de rebatir artículos progres me parece perfecto pero, incluso sin entrar en estos últimos acontecimientos en Gaza, algo malo se podrá decir de Israel estos años y alguna mala intención se podrá achacar a sus cabecillas, no sólo se dedicarán a defenderse y tender la mano a sus enemigos. No cuela cuando se ven las imágenes que se ven.

        1. Todo el asunto de la construcción de viviendas más allá de la línea de armisticio de 1949, las “fronteras de 1967, es bastante criticable. Jordi Pérez Colomé describió el asunto en su libro “Un estado y medio”. Luego tienes la destrucción de viviendas de líderes de Hamás. En esto, sospecho, que los israelíes se acogen al limbo legal de ocupar un territorio que Transjordania ocupó militarmente tras dejarle vacante el Reino Unido.

    2. Lógicamente, los niños no tienen la culpa de lo que hacen sus padres. Israel responde de forma “radical” a los ataques que recibe. Los propios militares de Israel son conscientes de que su respuesta no es proporcionada, pero al menos si son lógicos: si de lanzan cohetes desde un lugar, una hora más tarde, arrasan ese sitio. Quizá habría que preguntarse quién usa un colegio o un hospital como base para el lanzamiento de cohetes sobre población civil, y quién, tras esto, y sabiendo cual va a ser la respuesta, no desaloja el colegio o el hospital.

      1. Ponte a desalojar un hospital o un colegio, incluso aquí en la Península Ibérica, en 15 minutos. No sirve de excusa. Y cuando no es un colegio o un hospital es una vivienda, que lógicamente está rodeada de más viviendas. Tampoco es que Gaza sea Rusia y tenga sitio para poner sus bases de lanzamiento a kilómetros de distancia de la población.
        De todos modos, aunque conscientemente lancen sus ataques desde esos lugares, si hay muertos la culpa sigue siendo de quien dispara. Luego se puede entrar a discutir cualquier otra cosa, pero la responsabilidad es del que aprieta el gatillo a sabiendas de que te vas a cargar a decenas de inocentes. De la presunción de inocencia del objetivo del ataque ya ni hablamos, claro.

  3. Para mí esa es una de las claves, la población palestina es usada, utilizada de manera interesada por diferentes actores. Casi siempre es la excusa propicia, el punto de apoyo sobre el que hacer política en Oriente Medio (y en otros lugares del mundo). ¿O alguien piensa realmente que a Gadafi, a Irán y a otros les interesa/ba de verdad el destino de la población palestina?

  4. Sigo sin comprender la moralidad de atacar/bombardear zonas que sabes que están llenas de “escudos humanos”. Luego esta el tema del balón de oxigeno que le regalas a tu rival (¿no sería bonito que existiera una conspiración mundial entre militares, terroristas y fabricantes de armas para seguir quemando cosillas?)
    Por otro lado, me gustaría creer que mas allá del gobierno de Israel y mas allá del grupo terrorista de turna que diga representar a los palestinos, existe una población civil capaz de convivir en paz, armonía y mierdas de unicornios variados (si se pudo rejuntar los dos Alemanias, esto se puede hacer. No es lo mismo, no tiene ninguna clase de comparación y intelectualmente el ejemplo es cáncer-sida, pero JODER la historia de la humanidad va de hacer cosas con la punta del cimbrel y rezar para que salgan bien (que algunas veces ocurre y otras no).

    1. Es un estrategia israelí corto-medioplacista. Darle duro a Hamás para disuadirla de lanzar cohetes una buena temporada. ¿Pero es una estrategia a largo plazo? Lo dudo.

  5. Me parecio bien el articulo pero creo que se queda corto. No toma en cuenta el hecho que Teodoro Herlz fundador del sionismo y base elemental de la cultura israeli siempre pero siempre opto por sacar a los palestinos de su tierra Otros cultivadores de la misma ideologia la adoptaron y los actuales judios israelies que son de la misma estofa lo practican igual. Se preguntan ustedes por que no hay paz? Sencillo, Israel ha sido y sera un estado terrorista que siempre se ha solazado por pisotear los derechos de la nacion palestina. Al escritor de este articulo se le olvida lo que la señora Golda Meir (que en el infierno este) manifestaba sobre los palestinos y lo que decian Rabin y Perez luego. David Ben Gurion (que tambien del diablo goce) fue un genocida. Asi las cosas, es facil ver lo que sucedio en Deir Yassin, Lidda, Rambla y otras poblaciones palestinas como tambien en Sabra y Chatila y hoy, Gaza. Los israelies no quieren la paz ni saben lo que es eso. Quieren el Eretz Israel que es el “levesbraum judio” y quieren gasear a los arabes dado su estulticia de creerse el pueblo elegido. Eso que hay israelitas neutros es una soberana mentira: Todos son bañados en el sionismo, en el Talmud (libro diabolico y contrario a la etica) y otros libros que les enseñan desde niños donde se les da a entender que son el pueblo elegido. Asi que lo mejor seria un arreglo pero ahora es imposible por la sencilla razon que Israel debería de pagar los daños morales al pueblo palestino.

    1. Sergio, que existe una parte de ciudadanos de Israel como los que usted dice, es cierto, pero son una minoría en un estado democrático. Es muy difícil defender que el fin de Israel es acabar con los árabes cuando un 20% de su población son árabes, con derechos reconocidos, y representantes en el gobierno. Usted hace una simplificación similar a decir que los españoles de hoy somos todos sin excepción, el inquisidor Torquemada.
      Yo, desde mi casa y lejos de el horror que se vive allí, no puedo afirmar cual es el fin que persigue Israel atacando objetivos que sabe están siendo ocupados con escudos humanos. Pero más que decantarme por la opción de “darle duro” a Hamas, creo que está el buscar el hartazgo entre los civiles palestinos con Hamas. Israel ya ha demostrado poder darle duro a quien quiera con asesinatos selectivos, pero eso no ha desactivado a la organización terrorista. Sabiendo que tiene la batalla publicitaria perdida (no hay más que ver lo rápido que se difunden imágenes trucadas, de otros conflictos, de otros años, e incluso de videojuegos), a Israel le queda saber que cuenta con un respaldo internacional bastante hipócrita. E Israel no puede dejar sin responder ataques como los de Hamas, ya que la menor muestra de debilidad por su parte, sería sin duda utilizada desde todas sus fronteras. Muchos de los actuales vecinos neutrales, como Jordania y Egipto, se cuidan muy mucho de evitar que los grupos radicales de sus territorios ataquen Israel ya que conocen la capacidad y modos de respuesta.
      En ese sentido es como yo, desde la comodidad de mi casa, veo la única razón que puede estar usando Israel para cometer tales ataques: No dar imagen de debilidad a sus vecinos, mantener una imagen cara a su propio pueblo (incluido el 20% de población árabe), e intentar que la población civil de Palestina se harte de Hamas.
      Esto último es bastante difícil, si tenemos en cuenta que les está dando nuevos mártires, pero los actos de Hamas (y la lamentable actuación de los representantes de la ONU en Gaza) están empezando a ser muy difíciles de justificar: Al uso de instalaciones civiles para lanzar cohetes (con 25 ataques durante la tregua), se suma los ahora conocidos sobre su propio pueblo, por error parece ser, pero que no dudaron en atribuir a Israel, y las represalias contra cualquier palestino que, por ejemplo, intente huir de su casa después de que Hamas la use como base de lanzamiento de proyectiles y por lo tanto, se convierta en objetivo a bombardear por Israel. Si el jefe de familia abandona la casa, y esta es bombardeada, se le acusa de saber lo que iba a suceder por ser informador de Israel, y la ejecución es inmediata y pública.

      1. ¿Escudos humanos? Vamos a dejar ya de usar la retórica del atacante o que? Lo digo porque eso no se lo cree ni el tato. Están atacando casas, calles, escuelas, que esperan que haya allí, ¡pues civiles! Si atacas una ciudad matas civiles, punto.

        El objetivo de matar civiles es premeditado, es imposible bombardear una ciudad y no matar civiles. Lo de decir que es que la gente son escudos humanos no es más que una perversión del vocabulario.

        Israel ha violado el alto el fuego en Gaza desde 2012 muchas más veces que Hamas y ha causado en repetidas ocasiones víctimas civiles cosa que Hamas nunca.

        Desde que empezó este nuevo conflicto Hamás ha matado 50 soldados y solo 3 civiles mientras que Israel ha matado 90 milicianos y más de 1100 civiles ya, ¿quien es el terrorista aquí?

        Respecto a los árabes israelies obvia usted que son discriminados de forma sistemática por el estado israelí. Debería informarse de la multitud de denuncias al respecto. Las dificultades que tienen las parejas mixtas, las diferencias de ingresos entre árabes y judíos, las diferencias a la hora de poder acceder a una vivienda… Mire usted en Jerusalén Este por ejemplo donde de facto mantienen a toda una parte de la población ocupada y a la que comprimen cada vez más, es una estrategia de desgaste psicológico a ver si se van.

        Me parece que este blog haría mejor en tratar de analizar como se puede detener a este gigante armado hasta los dientes y con armas de destrucción masiva, no lo olviden que es Israel. Estos si que son un peligro, pues podrían si quisieran borrar a Madrid del mapa enviándonos un misil termonuclear Jericho. Yo me siento inseguro con Israel haciendo el loco en esa zona, defendiendo su estado racista a toda costa.

      2. Antes el eufemismo era “daños colaterales, ahora son escudos humanos. Tal parece que nadie entiende la mentalidad de un militante ni cuales son sus aspiraciones ni las razones por las que ejerce violencia contra otros. Vale aclarar que, dentro de la lógica y códigos bélicos en los que están insertos este conflicto, la mayor base militar y, además, sede del Ministerio de Defensa israelí, la Kyria (lugar donde se decide la mayoría de los ataques contra suelo palestino) se encuentra en el centro de Tel Aviv, en una de sus calles más transitadas, al lado de un shopping, junto a decenas de paradas de ómnibus. De este modo, cuando los palestinos lanzan un misil hacia Tel Aviv, pueden alegar que lo hacen contra un objetivo militar que está rodeado de objetivos civiles. Asimismo, acusar a los palestinos por los ataques desde los centros urbanos para luego esconderse dentro de la población civil es el colmo de la ignorancia de la propia historia de Israel. Durante la campaña terrorista de las tropas de Irgún y Hagganah en 1940, en la lucha contra los ingleses, los judíos realizaron ataques a objetivos civiles junto a un posterior ocultamiento de sus militantes y armas en casas y sinagogas (por ejemplo, a modo de conmemoración, un pilote frente a la gran sinagoga de Tel Aviv ubicada en la calle Allenby 117 recuerda que allí se guardaron armas de la resistencia). Y esto no es una verdad oculta, pues por toda la ciudad pueden verse símbolos evocativos de estas características en muchas de sus calles. Por otro lado, el argumento de que los terroristas de Hamas se ocultan entre los civiles podría ser usado contra los propios israelíes, pues a muchos se les olvida que en Israel el servicio militar es obligatorio y, a excepción de los ultra-ortodoxos, todo hombre entre los 18 y los 21 años pertenece al ejercito y es un reservista hasta los cuarenta, por lo que si los palestinos bombardean sus casas podrían decir que son soldados. Todo el resto es propaganda, y estos hechos solo les parecen nuevos a los que no han leído nada o lo han olvidado todo. La propaganda, es después de todo el decir las cosas de cierta manera para no herir sensibilidades demasiado susceptibles. Como considero que el hombre es un lobo para el otro hombre y la guerra sin cuartel una realidad de todo conflicto, me sorprende que unos achaquen superioridad moral a otros por los mismos crímenes que cometen.

    2. Estoy totalmente de acuerdo.

      Y no te olvides de la participación directa del MOSSAD en el 11-S, y también en el 11-M, que me lo ha dicho un amigo.

      Quieren arrasarlo todo, y refundar el gran Israel, por eso han liberado el ébola en África, con una de sus maldiciones talmúdicas, libro diabólico como demuestra que se tiene que leer de derecha a izquierda.

      El sionismo es el cáncer del siglo XXI, el banco me quitó mi casa, porque los sionistas hicieron crecer el paro en España y trajo la crisis.

      He dicho.

  6. Hola Jesús

    Me gustó tu artículo, haces un excelente resumen de cosas que tenía nebulosas.

    Un par de comentarios.

    -Creo que hay un punto en que Ilya tiene razón y es la industria armamentista de Israel. Creo que se ha creado un complejo industrial-militar en el estado de israel y tanto en EU como en la antigua URSS alcanzó gran influencia en las decisiones de gobierno. ¿Tienes idea de cuanta influencia tiene estas industrias a nivel polìtico?

    – Un punto sobre el que tengo duda es el de los palestinos que abandonaron su casa, hace algunos años vi un documental en el que se afirmaba que los palestinos fueron desalojados de sus casas por el ejército israelí. ¿Podrìas aclarar este punto?

    -Finalmente, no se si es mucho pedir, pero si conoces un libro que trate de una manera clara este conflicto te agradecería que dieras la referencia. Realmente este conflicto me parece un galimatías.

    Saludos

    1. -Sería cuestión de revisar cifras. Pero el complejo militar industrial es un gran exportador. Vende aviones sin piloto (drones) a Brasil, Turquía y Rusia, aviones de guerra electrónica y alerta radar a Singapur e Italia, sistemas de guía láser para bombas a Perú, misiles anticarro a España y Chile, moderniza aviones de combate de Marruecos, Brasil, Rumanía y Chile, vehículos blindados a Portugal y México, fusiles de asalto a Vietnam, Colombia y Chad, etc. La mayoría de las grandes empresas aeroesapaciales, de seguridad y defensa israelíes eran públicas.

      Más que de influencia del complejo militar industrial podemos hablar de “militarización de la política”. Muchos políticios han construido su prestigio sobre su carera militar. Como Rabin o Sharon. Pero paradójicamente ese prestigio de halcón le dio legitimidad a Sharon para la desconexión de Gaza y la falta de experiencia llevó a una paloma como Olmert a meterse en un lío como la guerra del Líbano de 2006. Hice aquí una reseña de un libro israelí muy crítico: http://www.guerrasposmodernas.com/2011/34-days-israel-hezbollah-and-the-war-in-lebanon-de-amos-harel-y-avi-issacharoff/

      -El abandono de las casa de los palestinos es uno de los más controvertidos y a estas alturas yo no me fiaría de ninguna versión. Según los propalestinos, todos fueron obligados a abandonar sus casas a punta de pistola. Según los proisraelíes todos abandonaron sus casas siguiendo su libre albedrío. Creo que hubo de todo. Hubo palestinos que fueron obligados a abandonar sus casas porque vivían en una aldea o barrio que se consideró estratégico (es interesante el relato franco que se hace de ello en “¡Oh, Jerusalén!”, un libro proisraelí según un antiguo profesor palestino mío) y hubo palestinos que abandonaron sus casas por miedo o prudencia ante la guerra que se avecina (en esto último se mezcla la libre voluntad y el miedo generado por acciones violentas de los judíos). ¿Qué porcentaje corresponde a cada cual? No lo sé. Sólo sé que las fuentes de ambos lados están muy sesgadas.

      -Hay dos tochosde los orígenes.
      Uno es “Historia de Palestina” de Gudrun Krämer, que trata hasta la proclamación del Estado de Israel.
      Y otro es “Oh, Jerusalén” de Dominique Lapierre y Larry Collins, que trata sobre la Guerra de Independencia de Israel. Es un relato muy ameno de las intrigas diplomáticas y políticas que dieron lugar al nacimiento del país junto con un relato de la guerra a través de un montón de personajes históricos.

      Con eso llegas a 1949 y tienes los fundamentos… Un solo consejo. Evita los autores españoles.

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