Soldados en las calles

En alguna parte dejé escrito que los Juegos Olímpicos son un buene ejemplo de lo que significan las Guerras Posmodernas en los países desarrollados. El concepto de seguridad transciende ya el orden público, proteger al público de carteristas y terroristas, para implicar campos como las telecomunicaciones donde se superponen las responsabilidades públicas y privadas. Vemos cómo se desbordan los roles tradicionales de las fuerzas armadas y las empresas privadas ocupan parcelas antes reservadas al Estado.

En el vídeo alguien reconoce que el anuncio público del despliegue de los misiles tierra-aire Rapier 2000 y Starstreak cumple una función “disuasiva”, algo que bordea el terreno del “teatro de la seguridad“. Le acojonamos por su seguridad. Al final, tanta publicidad a las medidas tomadas para la seguridad de Londres se han cobrado su precio. El negocio turístico de estos Juegos Olímpicos como destino turístico han sido un fracaso.

La seguridad en Londres ha tenido además un episodio curioso. La empresa G4S, ganadora de un concurso para proveer servicios, se encontró con la imposibilidad de desplegar el número de vigilantes de seguridad contratado, obligando a cubrir los puestos vacantes con soldados que se suman al ya importante despliegue militar para los Juegos Olímpicos. La empresa se ha hundido en la bolsa, sufrirá penalizaciones económicas por parte del gobierno británico y se le obligará a sufragar el coste del despliegue de los soldados adicionales. Para colmo, se descubrió que dos de los guardias contratados por G4S resultaron ser inmigrantes en situación irregular.

Al final, se han destinado 17.000 soldados británicos a la seguridad de los Juegos Olímpicos de Londres. Una cantidad que supera con creces los 9.500 desplegados en Afganistán. Los soldados con el camuflaje MPT diseñado para Afganistán, las barreras de hormigón y las alambradas le dan un aspecto, recoge Conor Friedersdor, entre ciudad ocupada, base estadounidense en Afganistán y Guantánamo.

Mientras tanto, en Estados Unidos ha comenzado el despliegue de soldados y aviones sin piloto para dar seguridad en eventos públicos.

A la vuelta de Albión

Nunca he sentido mucho entusiasmo por visitar las tres capítales europeas en las que todo el mundo parece haber estado: Londres, París y Roma. Preferí siempre ir a lugares de Europa poco transitados por el español medio. A pesar de todo, sentía que ya iba siendo hora. Londres era una destino obvio pero siempre fue para mí la meca de los niños y niñas de papá que iban allí supuestamente a aprender inglés pero que no hacían otra cosa que ir de discotecas y compras. Me imaginaba Londres como la ciudad cosmopolita por excelencia: Inhumanamente gigante, poblada de gente maleducada. Por las conversaciones con gente que ha vivido allí me la imaginaba llena de jóvenes españoles estudiando inglés y trabajando en cualquier cosa que a las primeras de cambio te preguntarían “¿has estado en la discoteca tal? ¿has estado en el mercadillo de ropa de segunda mano cual?”. Así que fui allí sin más intención que ser un turista perdido en la masa. Ver los lugares típicos y obligados, sin más pretensiones. Quizás porque no esperaba nada, tan solo hacer una muesca en la lista de países visitados, resultó que Londres me gustó.

Londres está tan lleno de gentes de lugares tan diferentes y de tantos turistas que es difícil llamar la atención. Puede que mi inglés hablado sea más pasable de lo que yo mismo pensaba y no tuve los problemas que otras personas me habían contado para comunicarte con los “nativos”. Fui sin ninguna intención de salir por la noche, así que me ahorré los problemas que se cuentan de caminar por calles vacías a ciertas horas. Aún así no me privé de visitar pubs y profundizar en mi reciente pasión por degustar cervezas tipo ale. Al principio me extrañó cómo las lager continentales que en España se venden en los hipermercados y en botella de 33cl. allí resultaban ser un producto especial. Resulta que el mercado está copado por las ales británicas. Y con razón, probando Abott y John Smith’s Extra Smooth.

Compensando el elevado nivel de vida (un billete sencillo de metro de la Zona 1 cuesta 3,50 euros) para mi sorpresa el British Museum, la National Gallery el Imperial War Museum resultaron ser gratuitos. Me sorprendió también lo relativamente cercano que estaba todo comparado a la idea que me había hecho en mi cabeza mirando el mapa antes de ir: Empezando por la estación de King Cross, el British Museum, Oxford Street, Picadilly Circus, Trafalgar Square y el Parlamento hasta llegar al Támesis se puede ir andando tranquilamente.

Me quedan ideas sueltas que comentar. Algunas merecerán que me detenga otro día a hablar de ellas. Pero hoy les dejo con las inevitables fotos del viaje.

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Aquí unas vista de la torre del Big Ben en dos días diferentes pero en ambos casos en el atardecer. Con el sol bajo en el horizonte conseguí que se realzara el color dorado del reloj.

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Todo turista que se precie en Londres ha de pasar por Picadilly Circus, Trafalgar Square y la Torre de Londres. Que aquí les presento de izquierda a derecha. Nótese cómo la paloma posó para mí encaramada a lo alto de la señal de metro. En la segunda foto como la estatua del almirante Nelson estaba en obras me centré en recoger una de las fuentes con la National Gallery al fondo. Y en la tercera foto una de las cosas que tiene la arquitectura espectáculo: Una hermana gemela de la Torre AGBAR de Barcelona llamada 30 St Mary Axe, en plena City de Londres. En la foto, al fondo tras la Torre de Londres.

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Tras un día largo de museos llegué al atardecer a la zona de Tower Hill. Estaba atardeciendo y las fotos reflejan la puesta de sol. En la primera foto de la izquierda se puede apreciar una de las cosas que sorprenden del Tower Bridge de cerca: El colorido. En la foto del centro se ve el crucero HMS Belfast, que data de la Segunda Guerra Mundial y es un museo flotante amarrado permanentemente en el Támesis. En tercer lugar otro atardecer en el Támesis.

Creo que va siendo hora que me pase a Flickr.

Londres, primera línea del frente

En la puerta del Congreso de los Diputados, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid, se ve a un solitario y aburrido miembro del Cuerpo Nacional de Policía con un viejo subfusil Star Z-70 colgando del hombro. En la puerta del Parlamento británico en cambio se ven a varios policías con subfusiles MP5 con mira de punto rojo EOtech y linterna Surefire, con un chaleco táctico lleno de bolsillos donde se adivina cargadores de repuesto para el MP5 y lo que parecen granadas aturdidoras o sprays de pimienta. El dedo índice lo llevan sobre el guardamonte del arma, listos para apretar el gatillo. Hasta en los barrios más perdidos, cerca de la estacion de King Cross por ejemplo, ve uno cámaras de seguridad en todas las esquinas. Y buscar una papelera donde tirar una botella de plástico vacía se vuelve a veces imposible. No hay papeleras. Es una impresión extraña pasear por Londres la primera vez. ¿Servirán de algo tanta medida de seguridad para prevenir un segundo 7-J?

Tanto viaje y nunca había pisado el Reino Unido. Es mi segundo día en un viaje brevísimo a Londres. Hoy toca British Museum (gratis, para mi sorpresa). Ver las excursiones escolares ha sido todo una experiencia sociológica. Niños blancos, casi transparentes, de pelo rubíssimo o pelirrojo, con un uniforme de colegio que incluye corbata. Por otro lado escolares de uniforme más modesto, un polo, en una macedonia de hindúes, africanos y orientales. E interesante el curioso contraste entre la realidad multiétnica de la calle con tanta bandera con la cruz de San Jorge en las calles y coches con motivo del Mundial de fútbol. No quisiera estar en el pellejo del encargado de estudiar la identidad nacional inglesa o británica.

Por la tarde he luchado contra la tentacion de saquear las librerías de Charing Cross con un carrito de supermercado. En Foyles me he consolado con tomar nota de los titulos y autores, para probar suerte en el Amazon estadounidense. De cualquier manera me llevo a casa tres libros sobre la guerra. Ya tengo en mente ponerme a escribir en serio Guerras Posmodernas, el libro, durante el verano. Y la acumulación de libros sobre la guerra en la Edad Media y la Edad Moderna, para el primer capítulo, ha empezado. Qué tristeza comparar la oferta editorial en inglés con la española…

Londres y las Guerras de 4º Generación

Llevamos varios días de análisis sobre la marcha sobre los atentados en Londres. Como decíamos ayer ya sólo queda esperar los avances en la investigación, y ver qué línea de investigación es la buena.

La forma en que los medios de comunicación abordan el terrorismo en red recuerda en cierta forma a cómo tratan la propia Internet. Se entretienen hablando de pornografía infantil, virus informáticos y “piratería”, sin entender que estamos en un medio abierto al que quiera usarlo. El mundo de las redes es una nueva forma de entender el mundo, organizarse y actuar. Para bien y para mal.

Entender el atentado ha sido estos días un reflejo de una inquietud personal por entender las nuevas guerras y las nuevas formas de conflicto armado. Pero lo que más ha de preocuparnos ahora es, más allá de las medidas para evitar la ejecución material de otro atentado, cómo enfrentamos el reto de quienes a un lado y a otro nos quieren llevar a un “choque de civilizaciones”. Llegará el momento de abordar la obra de Huntington que es más un programa político que un análisis de la realidad. Pero ya mismo, basta moverse por la blogsfera española para leer verdaderos horrores. Sin ir más lejos, el comentario dejado aquí por alguien desde LibeloDigital que afirma literalmente: “La única solución es la expulsión absoluta de los musulmanes de Occidente” (sic).

Que bajo la máscara de pseudointelectualidad los libelelos españoles son la vieja ultraderecha nacional-católica es de sobra conocido, pero vemos que el tal “lelo_pensador” está en la línea de los viejos conservadores que llevan anunciando el catastrófico final de Occidente. Aunque las ideas occidentales de democracia avancen en Kuwait y Kîrguîzstán. Aunque falláramos a esos ideales en Bosnia. Es el viejo conservadurismo rancio, asociado al racismo y la exaltación del ombligo propio de siempre.

En el Foro de Armas y las Letras debatían qué nombre ponerle a las nuevas guerras. El moderador se decantaba por Guerras de 4ª Generación (yo prefiero “posmodernas”), y citaba a William S. Lind. Esta semana Lind publicaba el primer borrador de un manual para combatir en las Guerras de 4ª Generación”. No se trata de un manual al uso, porque utiliza una pequeña narración para ilustrar los principios de lo que quiere explicar. En un país ficiticio en una guerra ficiticia que evidentemente es Iraq, un oficial se niega a que se desarrolle la “Operación Goliath” en su área de operaciones. La “Operación Goliath” implica entrar a sangre y fuego en una zona donde operan las guerrillas enemigas. Mientras este oficial opera con principios distintos: I wanted to operate so that the locals would not hate us enough to fight us. Lind recoge la enseñanza de unidades de la Reserva y la Guardia Nacional desplegadas en Iraq y entre cuyos soldados hay policías y sheriffs acostumbrados a patrullar las calles de barrios peligrosos. Allí donde el ejército se comporta como la policía de un suburbio de EE.UU. hay mucha menos violencia.

Gente como “Lelo_pensador” quieren lanzar la “Operación Goliath” en los barrios habitados por musulmanes de nuestras ciudades. Quieren arrasarlo todo a sangre y fuego. Viven en los tiempos de la Reconquista. Siguen sin entender que lo de Londres es otra cosa. El 11-M fue otra cosa. Un nuevo mundo. No tenemos que conseguir que los musulmanes nos amen. No tenemos que conseguir que sean exactamente como nosotros. Que piensen como nosotros. Y no podemos encarcelarlos por tener ideas que no nos gustan. Nos basta que entre ellos no haya quienes quieran hacernos saltar por los aires.