Japón rompe un tabú


La venta de entre 15 y 18 hidroaviones US-2 japoneses a India debió servir de pista. Era la primera exportación de la industria de defensa japonesa tras la prohibición impuesta por  decisión del gobierno en 1967. India y Japón comparten ciertos intereses, como la preocupación por la expansión naval china. Las intenciones declaradas por India es dedicar los aviones a tareas de búsqueda y rescate con base en los archipiélagos de Andamán y Nicobar. Aunque New Delhi TV  destaque la capacidad de poder desplegar patrullas militares en islas e islotes sin pistas de aterrizaje.

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El siguiente paso vino dado por necesidades comunes. Australia buscaba un nuevo submarino de ataque convencional con una autonomía que excedía la de los productos de la industria europea. Japón era el único país que desarrolla submarinos convencionales pensados para largas patrullas oceánicas. Así que finalmente la necesidad llevó al acercamiento. Y el gobierno japonés ha ofrecido a Australia la construcción conjunta del submarino clase Sōryū. Como nota curiosa, la armada japonesa cambió la costumbre de postguera de bautizar a sus submarinos con nombres de corrientes marinas para darle nombres de dragones a los submarinos de la clase Sōryū, cuya cabeza de serie lleva además el nombre de un portaaviones de la Segunda Guerra Mundial.

La ofensiva exportadora del gobierno japonés no ha quedado ahí.  El gobierno japonés ha ofrecido al Reino Unido su avión de patrulla marítima y de lucha antisubmarina Kawasaki P-1. La fuerza aérea británica dio de baja de improviso a sus aviones Nimrod MR4 en unos recortes brutales que le dejó sin aviones de patrulla marítima e incapaz de intervenir en caso de naufragio lejos de la costa o de la aparición de submarinos en sus aguas, dos situaciones que se han producido no hace mucho.

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Boeing P-8 Poseidón (izq.) y Kawasaki P-1 (dcha.)

El mercado occidental de aviones de patrulla marítima de largo alcance está bastante limitado. El avión cuasi estándar es el viejo Lockheed P-3 Orión, desarrollado a partir de un avión cuatrimotor turbohélice de pasajeros desarrollado en los años 50 que evidentemente ya no se fabrica. El sustituto que ha desarrollado Estados Unidos es el Boeing P-8 Poseidon, una versión ultrasofisticada del avión de pasajeros Boeing 737 con un precio bastante alto. De momento sólo se ha exportado a Australia e India. Japón, que tiene una flota enorme de más de cien P-3, optó por desarrollar un avión propio. El mayor escollo para la exportación es la integración de toda la electrónica. El desarrollo de una versión de exportación con estándares OTAN tendría un costo de desarrollo. Pero sin duda la llegada del P-1 supone competencia para el P-8, rompiendo el monopolio de Boeing.

Decidí hace tiempo dejar de ocuparme de Asia-Pacífico por falta de tiempo, pero ante dos noticias el mismo día sobre Japón convertido en exportador de tecnología militar no podía dejar pasar la oportunidad de contarlo aquí.

La inteligencia de las pequeñas cosas

En algún momento caí en la cuenta que no era casual que ser friki (entendido como sinónimo de nerd y geek) implicaba siempre sentir interés por Japón. Parecía que venía en un pack. Posiblemente se debía a que la ciencia ficción y la fantasía eran géneros ampliamente tratados por el manga y el anime (Aquí hubo de esperar a la película de “El Señor de los Anillos” para dejar de considerar la fantasía cosa de adolescentes). También es verdad que hubo un tiempo en que Japón “era el país del futuro”. Desde la robótica al desarrollo urbano. En aquella época Michael Crichton publicó una novela bastante xenófoba sobre cómo los japoneses estaban comprando California (la primera película de “Die Hard” transcurre en la “Torre Nakatomi”) y George Friedman, fundador de Stratfor y tan acertado como siempre, escribió el libro The Coming War With Japan.

Un día, Japón se desinfló. Estalló su burbuja financiera e inmobiliaria. En 1999 me hice con una edición chilena de ¿Qué es Japón? de Taichi Sakaiya. Entre las cosas que explicaba el autor sobre el país, me llamó la atención su idea de que la cultura del país encajaba más en la sociedad industrial con un modo de producción taylorfordista que en la sociedad de la información. Es decir, la cultura, los valores y el sistema educativo era la óptima para generar una masa de trabajadores disciplinada que producían bienes de consumo en serie pero no fomentaba el pensamiento crítico y la innovación creativa. De Japón salía el hardware pero no el software.

Me he acordado de estos estos días. Primero leí en Jotdown una crónica de Donald Worst (¿un pseudónimo?) de su visita al restaurante con una estrella Michelín más barato del mundo que está en Hong Kong.

Un expatriado occidental residente en Hong Kong desde hace dieciséis años me explicaba recientemente lo que para él es el principal lastre de la creatividad en el arte chino, lastre que paradójicamente es un subproducto de su propia excelencia. Decía que una civilización que desde hace siglos está convencida de haber logrado la perfección en sus realizaciones materiales está condenada a seguir repitiendo las mismas pautas una y otra vez; llevan cientos de años haciendo las mismas cerámicas, las mismas pinturas, las mismas esculturas, y los artistas contemporáneos raramente se alejan de los patrones clásicos. Si lo hacen es muy excepcionalmente y a costa de autoexcluirse de la corriente principal y, por lo tanto, del consumo masivo. […]
[L]o que me estaba comiendo no era sino una versión exquisita, perfecta, excelentemente realizada, de los más clásicos dim sums. […] [C]omo si el mero pensamiento de apartarse del camino marcado por la sabiduría de los antepasados pudiera poner en peligro el equilibrio de las cosas.

Luego descubrí el original de una canción que había visto parodiada en algún vídeo sin entender la broma.

“Gangnam Style” del rapero coreano PSY hace referencia a un barrio pijo de Séul y parodia el estilo de los vídeos del K-Pop, cuya difusión por toda Asia conocí vía la revista Monocle. El vídeo original va ya por más de 359 millones de visualizaciones en Youtube (aquí está la versión con subtítulos en español). El autor decidió entregar al dominio público el vídeo para permitir que se hicieran parodias y versiones. PSY ha aparecido en programas de televisión de EE.UU., como “Saturday Night Live” y se ha convertido en el el primer artista coreano en llegar al número uno de ventas en iTunes.

Lo interesante es el análisis que hace Evan Osnos en The New Yorker. Compara el gran gigante asiático, China, con la pequeña Corea del Sur. Un producto cultural así transcendió las fronteras porque es una pieza de sátira y parodia que a pesar de reirse de la industria musical del propio país es disfrutable en todo el mundo. La sátira y la parodia son comunes en el humor surcoreano, algo que en China es inimaginable. Y plantea lo mismo que aparecía en el artículo de Jotdown. En China cuesta salirse de los márgenes. Y le da un nombre. El síndrome “Kung Fu Panda”. Una película que combinara con humor sobre dos joyas culturales de China sólo pudo hacerla un grupo de extranjeros. También hace referencia a esta tira cómica del dibujante chino Shimao. Se ven diferentes versiones de gente bailando: Nueva York Style, París Style, Tokio Style… La versión de Shanghái Style muestra a alguien encerrado en un manicomio por “bailar como loco”.

Por último encontré de casualidad un blog abandonado de alguien que se fue a estudiar a Japón sin quedar deslumbrado por el país. Más bien, todo lo contrario. Aquí y aquí explica el problema del sistema universitario japonés.

Y todo esto viene para recordar que para entender lo que pasa ahí fuera implica leer mucho y leer de todo. Los libros son los que te dan profundidad y contexto. Y luego hay que leer de todo. Porque son siempre los pequeños detalles inesperados que encuentras de casualidad en las secciones de sociedad, cultura y ocio los que te muestran los procesos de fondo.

Japón es el país del futuro

En tiempos de crisis parece que no interesa hablar de miseria. “Ya tenemos otro tema de Japón, robots” y “Estamos apostando por el life style, por el mundo amable” le dijeron. Bernardo Gutiérrez cuenta lo que le costó vender un reportaje con fotos de Carlos Cazalis y textos suyos sobre “una favela secreta dominada por la mafia yakuza donde residen alcohólicos, ancianos y promotores inmobiliarios arruinados tras la burbuja, con teología de la liberación de por medio”.

Japón vuelve a ser “el país del futuro”. Como una novela de William Gibson.

Red Sun Raising Red Dragon Raising

A principios de noviembre un submarino fue detectado en aguas japonesas, cerca de un archipiélago cuya soberanía se disputan Japón y China. De tal manera que según la fuente las islas encontraremos que las islas son denominadas Senkaku (japonés) o Diaoy (chino). Tras elucubraciones que apuntaban a un submarino nuclear chino, finalmente el propio gobierno chino pidiendo disculpas confirmó las sospechas apuntando a “problemas técnicos” que habían llevado al submarino hasta aguas japonesas.

Si en las islas en cuestión, un grupo nacionalista japonés había erigido un faro reclamando así la territorialidad nipona de las islas, recientemente la Guardia Costera Japonesa se ha hecho cargo del faro.

Algún día recordaremos que lo que esté por llegar empezó hoy. Como ya señalaba la Bitácora de las Indias el pasado septiembre los hidrocarburos, en este caso la mera sospecha de su existencia en el lecho marino, son el eje en el que giran los ignorados intereses geoestratégicos de actores emergentes.

Por otro lado tenemos un Japón que poco a poco va perdiendo complejos. La memoria de la 2ª Guerra Mundial, y en especial Hiroshima y Nagasaki, marcó a las generaciones de la posguerra. La Constitución japonesa prohibía que Japón tuviera unas fuerzas armadas de caracter ofensivo, llamándose en cambio “Fuerzas de Autodefensa“. Y bajo el paraguas militar de EE.UU., Japón mantuvo un perfil internacional bajo. La madurez de Japón como poder diplomático, cultural y económico ha venido acompañada de voces dentro del propio Japón pidiendo un poder militar a la altura. Se habla ya de modificar la constitución. El desafío del Gran Juego de Asia está servido.