El imán Hukfhas Al Hirahz y las tonterías que quieres creer

Tendremos en Europa un problema con la población musulmana y no es el terrorismo. Es un problema del que no veo mucho debate y cuando alguien lo presenta siempre hay alguien dispuesto a hacer piruetas mentales para decir que no pasa nada. Como aquella noticia sobre el acoso callejero a las mujeres en un barrio de París, fenómeno que alguien rápidamente atribuyó a la disposición arquitectónica de las avenidas y sus aceras estrechas. Supongo que, cómo siempre, tendremos un debate histérico cuando el problema nos estalle en la cara. Si alguien no sabe de lo que estoy hablando, le recomiendo la lectura de “El burkini es lo de menos” antes de opinar.

Mientras tanto, hemos dejado a la ultraderecha islamófoba a solas generando opinión y ganando votos en Europa. El mensaje cala porque como sociedad no queremos abordar el problema y por tanto resulta creíble cualquier mensaje que presentas supuestas verdades como puños que los medios ocultan. Si no tenemos estudios serios sobre la ausencia del Estado y el imperio de la ley en los barrios musulmanes de Reino Unido, Francia y Suecia, ¿cómo podemos decirle a alguien ese “meme es mentira”?

Mientras tanto, hay un público predispuesto a a creer aquello que encaja en sus prejuicios. Y este fin de semana me encontré con una pieza divertida. Hablo del “comunicado oficial” del imán Hukfhas Al Hirahz. Según contaba en 2010 “Luis Español” en “Mentiras por la red”, la referencia más antigua era un foro de 2008. A partir de ahí, efecto bola de nieve hasta aparecer en Alerta Digital en 2012 para seguir rodando por la red en 2017 hasta que yo me lo crucé este fin de semana en Twitter.

Dice el texto:

“España es el país más débil de la Unión Europea. Los españoles son muy dados a la holgazanería y se entregan a todo vicio con prontitud. La juventud española actual, ya sean hombres o mujeres, son débiles ante la droga y ante la fornicación. Sus mujeres se entregan con facilidad y ellos son adictos a toda clase de vicios. Ya ni siquiera sienten ánimos patriotas porque hasta sus militares han de ser reclutados en otros países. Ante este panorama tan propicio para nuestros fines es aconsejable insistir en su debilitamiento, bien con la droga que consumen con facilidad, bien con otros vicios denigrantes. Un vicioso en nuestras manos es el mejor aliado. La droga ha de entrar en España todavía con mayor facilidad y ha de rebajarse de precio para que su consumo sea mayor. A mayor consumo, más debilitamiento, y a mayor debilitamiento, mayor entrega, al carecer de la fuerza necesaria para defender sus posesiones. Hemos de penetrar en esa sociedad caduca, estéril y viciosa pero sin contaminarnos. Nuestros jóvenes no han de caer en la tentación de la hembra española fornicadora. Hemos de controlarlos para que su moral no se vea resentida por esas viciosas mujeres tan entregadas al pecado. Nuestros jóvenes que llegan a España han de fortalecerse todavía más ante la flaqueza moral y corporal de los españoles y sentir su orgullo de ser superiores, y nuestro control ha de ser preciso e insistente para que no caduquen. La enfermedad moral de todo tipo que tiene sumida a esa sociedad débil española es campo propicio para nuestros intereses. Una vez España en nuestras manos la penetración a Europa será más fácil. España no es ni más ni menos para nosotros que la puerta que se nos abrirá con facilidad. Insistamos en despersonalizar a esa juventud viciosa y consumista dándole lo que quiere y al menor precio, cuando no regalándolo. Esa es nuestra labor y a ella nos entregaremos con todas las fuerzas de nuestro espíritu. ¡Adelante, hermanos!”.

Resumiendo: los españoles son vagos, las españolas fáciles y los islamistas deberían inundar España, el país “más débil” de la Unión Europea, de droga barata.

Lo primero que me llamó la atención fue el nombre del supuesto autor Hukfhas Al Hirahz. No parece un nombre árabe, sino un nombre inventado por alguien que no conoce la cultura árabe y junta letras para inventar un nombre exótico. El siguiente detalle es el término “comunicado oficial”. Podríamos dudar de la veracidad del texto pero ¡es oficial! Y por supuesto, para que no alberguemos dudas, fijémonos en la foto que circula con el texto. Ojo a la flecha y ese color rojo degradado de quien guarda un archivo JPEG con el Windows Paint sin tener en cuenta la comprensión.

Así que vayamos a Google un rato. Lo primero que encontramos es que si buscamos “Hukfhas Al Hirahz” sólo aparecen páginas en español: blogs, foros y muros de Facebook reproduciendo el texto. Y mucho comentario en medios donde, ante noticias sobre el mundo árabe o inmigración, alguien copia y pega el texto. Si buscamos páginas sólo en inglés “Al Hirahz” no aparecen referencias a nadie con diferente nombre pero igual apellido. Es como si comprobáramos la veracidad de un texto firmado por un tal capo Mafiosini y resulta que luego encontramos que en Italia nadie se apellida así.

Al menos hay unas cuantas páginas que señalan que se trata de un bulo. Pero parece mentira que algo así circuele años y años porque nadie se tome la molestia de buscar la fuente original. Manejar Google debería ser una habilidad básica de alguien que se mueva por Internet.

A las semanas de la toma de posesión del presidente Donald J. Trump vi a gente compartir en Facebook y Twitter fotos de la “marcha provida de la que los medios de comunicación no quieren que conozcas”. Mostraban Washington D.C. a reventar de gente y quien compartía las fotos se mostraba orgulloso que había acudido más gente que a la marcha convocada por organizaciones feministas. “Somos mayoría” querían decir. Por alguna razón, las imágenes me resultaban familiares. Y tanto. Busqué en Google y eran imágenes de la toma de posesión de Obama.

Seguimos instalados en la cultura de difundir cosas “que los medios no quieren que sepas” y que sólo existen en la mente del que las difunde. Como la alerta antiterrorista nivel 5 decretada secretamente por el gobierno pero los listos te avisan por Whatsapp. Tanto alertar del lobo en falso, que un día vendrá el lobo y nos comerá.

 

 

El troyano islamista

Estoy estos días avanzando lentamente por las páginas densas de Sufismo de Halil Bárcena. He sentido interés por las manifestaciones culturales del sufismo desde hace ya muchos años y ese viaje que tengo pendiente por el interior de Turquía hará una parada inexcusable en Konya. El sufismo es la rama mística del Islam y como todo fenómeno espiritual, tenemos en Occidente versiones light aptas para el consumo de masas como producto New Age. Halil Bárcena remarca por ello en su libro que no puede haber sufismo sin Islam. Y por ello me resulta relevante para un tema que he tratado aquí varias veces. La insistencia de los islamófobos occidentales en que en el Islam no hay lugar para corrientes, escuelas e interpretaciones. Que el Islam es único, monolítico e inamovible. Por tanto, afirman, no hay lugar para un Islam moderado, moderno y humanista, capaz de existir en paz dentro de las democracias occidentales porque el Islam es una religión de una naturaleza intrínseca totalitaria y violenta. El libro de Halil Bárcena demuestra que otro Islam es posible y que el islamismo es un fenómeno contingente.

Mi lectura de Sufismo viene al caso porque hace unas pocos semanas leí en su formato electrónico el libro La Quinta Invasión. Islamismo 711-2011 de José Donís Català, lo que me recuerda que no estoy dejando constancia de mis lecturas fuera del papel. La Quinta Invasión está escrito en un tono grandilocuente y panfletario. Arranca con una anécdota contada por un taxista y entra en el repaso de la historia de Al Andalus contando cómo en el año 475 de nuestra era nación la “nación más antigua de Occidente”. Así que imagínense el resto, incluída una diatriba contra la izquierda caviar, a la que el autor identifica como bohemios burgueses (“bobos”), demostrando de paso que no ha leído a David Brooks. Es de primero de carrera saber que una colección de anécdotas no demuestra nada y como sociólogo espero en un libro así datos, cifras, investigaciones o encuestas de opinión. Información y análisis que demuestren qué pasa en las comunidades de inmigrantes musulmanas. Algo como lo que hizo un equipo de reporteros del Channel 4 británico en su reportaje “Undercover Mosque”. Y es que el autor, aunque no lo diga, me parece claro que trata de reproducir el tono y discurso del libro Londonistan de Melanie Philips.

LondonistanEl término “Londonistan” hace referencia a cómo la ciudad se convirtió en un nodo global del yihadismo por la actitud del gobierno británico de no interferir en las actividades de grupos islamistas radicales mientras sus actividades violentas tuvieran lugar fuera de las fronteras del país. Pero este libro, ya bastante famoso, cuenta el resultado de las medidas adoptadas por el gobierno británico para contrarrestar el yihadismo. Asumiendo que el terrorismo islamista era una desviación del Islam combatible enseñando el “Islam verdadero”, el gobierno británico promovió y favoreció instituciones y grupos musulmanes sin molestarse en comprobar si lo que predicaban esos grupos era compatible con una sociedad moderna y democrática. En el fondo, lo que las autoridades británicas hicieron fue practicar el “indirect rule” de los tiempos coloniales bajo el nombre de multiculturalismo: Asumir a las comunidad musulmana como una masa compacta que manejar delegando la tarea en sus líderes. Lo que no queda claro es que los líderes religiosos fueran previamente mayoritarios y representativos, pero eso da igual porque el reconocimiento de las autoridades británicos los aupó a esa condición. El resultado fue la radicalización de comunidades inmigrantes donde islamistas radicales se conviertieron en hegemónicos mientras aquellas personas que aspiraban a una identidad secular se quedaron sin espacio social.

Otro flanco de la lucha contra el yihadismo en suelo británico fue asumir que el terrorismo islamista era el resultado de la opresión, discriminación y pobreza, no de una ideología, por lo que se decidió darle un tratamiento de víctimas a los miembros de una comunidad que estaba siendo un caldo de cultivo del odio y de valores antidemocráticos. Todo ello, sancionado en nombre del multiculturalismo (“son sus costumbres y hay que respetarlas”) y en nombre de la lucha contra la islamofobia. En la práctica consistió presionar a organizaciones cristianas porque su identidad iba en contra de la diversidad, proponer que se suspendieran actos en memoria del Holocausto “por ser un insulto a los musulmanes” o que abiertamente se pidiera que se aplicara un código civil diferente a la población musulmana. Todo ello ataques al sistema democrático, la libertad de expresión y otros fundamentos de las sociedades modernas y avanzadas. Las redes clientelares establecidas en las comunidades islámicas se convirtieron en un arma de doble filo, ya que el empoderamiento de los grupos islamistas los convirtió en una fuerza política notable.

El relato que hace Melanie Philips sobre el Reino Unido es bastante espeluznante. Aunque leyendo el libro no paré de dejar de pensar que muchas cosas que mencionaba eran imposibles de imaginar en España por la vigencia de la Ley de Partidos, la existencia del delito de “apología del terrorismo” y que el virus del posmodernismo no ha infectado tanto el mundo académico español. El problema está en el diagnóstico y las soluciones que presenta Melanie Philips. ¿Igualdad de la ley para todos? ¿Respeto de la liberta de expresión? ¿Defensa de la naturaleza secular de las sociedades occidentales? No, el problema para ella es la pérdida de los valores tradicionales y la disolución del orgullo nacional británico. La solución pasaría por volver a enseñar en las escuelas el orgullo por el Imperio Británico que llevó la Civilización a los pueblos primitivos, volver a ir a misa y educar a las chicas para que se comporten como señoritas, con lo que los islamistas no podrían aprovechar el vacío producido por la falta de valores. Y es que al final Melanie Philips no deja de ser conservadora cristiana bastante carca. Ahí la tienen escribiendo en el Daily Mail, que es ese periódico.

Riot CityEn el extremo opuesto tenemos Riot City de Clive Bloom que escribe sobre los disturbios de 2011 en Inglaterra, tanto de las prostestas de estudiantes universitarias en Londres como los saqueos en varias ciudades inglesas. En el libro pone los disturbios en el contexto histórico de otras revueltas y protestas juveniles en el Reino Unido en los últimos dos siglos, para señalar que no hay nada sorprendente o nuevo. En la parte en la que el libro narra los disturbios de 2001 es una mera recopilación de noticias bastante aburrida porque resulta una enumeración de incidentes. Pero es en la parte del análisis donde el libro llama la atención. Hay que recordar que los disturbios de 2011 arrancan por la muerte de un joven negro caribeño por disparos de la policía. En las siguientes noches, jóvenes de esa comunidad se dedicaron a prender fuego y saquear tiendas, con varios muertos por palizas, disparos o atropellos. Lo que empezó siendo unos de una comunidad étnica se extendió por varias ciudades de Inglaterra, sumándose también jóvenes de toda condición étnica y social. A pesar de los datos, hechos y cifras el autor procura por todos los medios descartar el papel de la etnia y cultura en los disturbios. A pesar de ello, muestra su perplejidad porque fuera un fenómeno meramente inglés, quedando Gales y Escocia al margen. ¿Será, por ejemplo en Escocia, que los inmigrantes se encontraron con una identidad nacional fuerte y por tanto pudieron asumir el relato de una identidad colectiva? Ahí están esas noticia de cómo la comunidad musulmana tiene su propio diseño de tartán oficial. Quizás sea cuestión de un perfil social diferente. Mirando en Internet sobre la comunidad musulmana de Escocia uno encuentra noticias sobre todo de emprendedores y profesionales. Pero lo relevante en esta reflexión son las soluciones que propone el autor. Sus referencias al aburrimiento y las faltas de tanto autoestima como una figura pàterna parecen un diagnóstico sacado de un capítulo de Hermano Mayor. Pero ese tabú de abordar cuestiones tales como por qué en determinados grupos étnicos del Reino Unido ha arraigado cierta cultura de la delincuencia hacen que el análisis cojee.

Y así, leyendo a unos y a otros, no puedo dejar de tener la sensación de que los análisis de conservadores y progres tienen tales sesgos que ni ayudan a esclarecer el problema ni aportan soluciones completas. Porque al fin y al cabo, no se trata de un problema que nos sea lejano.