Siguiendo con las guerras africanas

Hace tiempo vi que la editorial británica Helion Books iba a publicar un libro sobre el Sáhara Occidental en su colección Africa@War, de la que ya he hablado en este blog antes. Véase mi reseña de Biafra. The Nigerian Civil War, 1967-1970 de Peter Baxter, por ejemplo. En este caso me llamó la atención el título: Showdown in Western Sahara Volume 1. Air Warfare Over The Last African Colony, 1945-1975Contacté con uno de los coautores, Tom Cooper, para preguntarle por el Volumen 2. Si el primero trataba la guerra aérea, quería saber si el segundo trataría el componente terrestre de la Guerra de Ifni (1957-1958) y la salida española del Sáhara. Me contestó que no, que le segundo trataría nuevamente del componente aéreo pero de la Guerra del Sáhara Occidental (1975-1991). Intercambiamos varios mensajes. Me mostró su interés por encontrar autores que publicaran en inglés sobre historia militar española. Por ejemplo, la Guerra del Rif. Yo en cambio le conté que me parecía más interesante estudiar la acumulación de fuerzas, la modernización y el despliegue de las fuerzas armadas españolas en el Sáhara Occidental en el período 1970-1976, durante el cual apareció el Frente Polisario en 1973, tuvieron lugar fallidas infiltraciones militares marroquíes como la de Mahbes y finalmente los acontecimientos posteriores a la Marcha Verde marroquí llevaron a la definitiva salida española del Sáhara Occidental en 1976.  Su conclusión fue que dado mi nivel de inglés y mi interés por el tema, ¿por qué no escribía yo ese libro? Me dejé liar y terminé haciendo un organigrama del libro, que iba a tener unas 40.000 palabras. Pasó el tiempo y me vi abrumado por la tarea, porque suponía convertirme en experto de un tema en muy poco tiempo.

Dejé olvidado el proyecto y me volví a cruzar con el asunto leyendo y reflexionando sobre las “guerras africanas”, tema al que llevo dándole vuelta hace años. Véase “¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015) y “Guerras Africanas” (20/05/2016). No sé dónde ni en qué momento me encontré un artículo donde el autor planteaba el despliegue de los futuros vehículos 8×8 del Ejército de Tierra español en el Sahel. Y me imaginé que el siguiente paso a tal idea en España sería proponer, ante la novedad, una doctrina de empleo ex novo. Mucho me temía que alguien trataría de inventar algo que reflexionó, experimentó y puso en práctica hace mucho tiempo en otra parte.

Resulta que los ecosistemas se presentan en ambos hemisferios como un espejo. Así encontramos zonas gélidas en ambos polos y zonas áridas en torno a ambos trópicos. Y de la misma manera que en el Sahel es una sabana de transición entre la franja de selva tropical y el desierto del Sáhara, encontramos en el África meridional otra sabana entre la selva tropical y el desierto que se extiende por Namibia, Bostwana y el sur de Zimbabue.

Biomas terrestres clasificados según vegetación. Fuente: Wikipedia.

Namibia era una antigua colonia africana de Alemania que, en el momento de la disolución del Imperio Alemán, al término de la Primera Guerra Mundial, fue entregada a Sudáfrica en una figura jurídica peculiar de fideicomiso. Sudáfrica debía administrar la llamada entonces África del Sudoeste hasta que se dieran las condiciones para alcanzar la plena soberanía. A la Sudáfrica del apartheid le pareció que aquellas circunstancias no se iban a dar nunca y terminó por anexionarse el territorio de facto. En el contexto de la ola descolonizadora en África que dio lugar a un buen número de conflictos, apareció en la actual Namibia la South West Africa People’s Organization (SWAPO), formada principalmente por miembros del grupo étnico ovambo.

Sudáfrica y sus aliados locales, formados por miembros de otros grupos étnicos como los bosquimanos, se enfrentaron a la insurgencia del SWAPO en un terreno extenso, semiárido, cálido, de baja densidad de población y cubierto de matorral. Las fuerzas sudafricanas perseguían a los insurgentes en largas cabalgadas por el matorral namibio en “columnas volantes” de vehículos de ruedas. La respuesta de la insurgencia namibia fue emplear minas anticarro de origen soviético en incursiones lanzadas desde sus bases angoleñas, lo que llevó a Sudáfrica a implicarse más y más en la guerra civil de ese país. Véase, por ejemplo, mi reseña de The Battle of Cuito Cuanavale de Leopold Schultz.

Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás

Para las fuerzas sudafricanas la guerra móvil sobre vehículos de rueda no era más que una actualización de las tácticas boer de guerra de maniobra a caballo que habían empleado en el teatro del África meridional durante la Primera Guerra Mundial y luego con vehículos a motor en la Campaña de África Oriental (1939-1940) durante la Segunda Guerra Mundial. Para ello, desarrollaron un vehículo 6×6 duro y austero, adaptado a la sabana namibia: el Ratel. Además, la industria sudafricana desarrolló vehículos a pruebas de minas anticarro, con un centro de gravedad alto y un casco con forma de “V”. El directo antecesor de lo que hoy conocemos como MRAP.

A la doctrina autóctona de guerra móvil, actualizada con el uso del vehículo a motor, se suma el desarrollo de una doctrina de contrainsurgencia en el que confluyeron varias experiencias: la experiencia británica durante la Emergencia Malaya y la Revuelta Mau-Mau, la experiencia portuguesa en Angola y la experiencia rodesiana. Sobre esta última escribí: “El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana”.

Biblioteca mínima en la que falta el libro de Barlow sobre “Composite Warfare”, que lo tengo en Tenerife, y un libro sobre la Campaña de África Oriental (1940-1991), pendiente de comprar.

La cuestión es que ha habido una auténtica explosión bibliográfica de autores sudafricanos sobre todo estos temas. Un día calculé que los libros básicos que había identificado sumaban 2.500 páginas. Desde entonces la lista ha crecido. Sólo el libro sobre la unidad pionera en emplear el vehículo Ratel tiene 1.072 páginas aproximadamente. Así que se desmadró por completo mi propósito inicial de hacer un artículo para que nadie en España tuviera la ocurrencia de querer inventar una doctrina de guerra móvil motorizada en un terreno cálido y semiárido poco poblado para enfrentar a una fuerza de insurgencia que emplea minas anticarro (o en su defecto IED). Aprendamos de la experiencia sudafricana en Namibia antes de lanzarnos a Mali, era mi idea.

Llegó el día de darme cuenta que no tenía sentido leer tanto para un artículo de 3.000 palabras. Y más considerando el ritmo al que estoy leyendo con mi actual disponibilidad de tiempo libre. Así que pasé al otro extremo. Decidí hacer un artículo resumen hablando del concepto de “Guerras Africanas”: guerra móvil y guerra nómada. Iba a ser un tótum revolútum de sudafricanos en Namibia, polisarios cabalgando sus Land Rover Santana cientos de kilómetros hasta la capital mauritana, chadianos lanzando sus Toyota Wars contra Libia y Francia aplicando la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” en Mali en 2013. Calculé cuánto espacio iba a tener para explicar cada cosa y resultaba ridículo. Así que llegué a un compromiso conmigo mismo. Escribiría un artículo sobre la experiencia sudafricana, sí. Pero sin esperar a leerlo todo. Dividir las 3.000 palabras en explicar la historia, el entorno físico, los medios y la doctrina, a lo que se sumaría introducción y conclusiones, suponía un nivel de profundidad acorde con mis conocimientos generales actuales. Se trataría de dejar reflejado en papel todo esto, en vez de acumular ideas dispersas en el blog.

Ilustración en la revista Defensa (nº39 mayo 1981) para un artículo de Arturo Pérez-Reverte.

Para colmo, tras tantos años de trazar planes en el aire alguien se me adelantó en la revista Ejército con sendos artículos sobre el concepto “Toyota Wars”. En realidad, ninguno explicaba detalladamente el contexto y la fase final de la guerra del Chad a finales de los años 80. Así que quedaba margen para que yo abordara el tema. Pero había algo que me daba vueltas la cabeza. ¿Cómo es que hablamos de las “Toyota Wars”, la adaptación chadiana de las tácticas de guerra nómada sahariana a la guerra motorizada, como fenómeno novedoso cuando los saharauis del Frente Polisario habían sido los pioneros diez años antes? Quizás la respuesta es que tengamos una montaña de libros escritos sobre el Sáhara Occidental desde la más amplias de las perspectivas: histórica, periodística, activista, sentimental, literaria, etc. Pero no contamos con referencias que aborden con detalle la parte estrictamente militar del conflicto. Poco a poco la idea de un artículo sobre la guerra nómada y las “Toyota Wars” empezó a convertirse en mi cabeza en una aproximación al tema de la Guerra del Sáhara Occidental. La conexión me la había proporcionado Tom Cooper hace muchos años, poniéndome en la pistas del concepto “rezzou” (razzia). Quizás no encontrara obras de referencia sobre las formas saharauis tradicionales de hacer la guerra, pero sí referencias en el mundo francófono al respecto de Chad y otras colonias africanas. Así que la preparación de ese artículo sobre las “Toyota Wars” en el Chad de la segunda mitad de los año 80 se convirtió en una trabajo preliminar que me ayudaría a entender el conflicto del Sáhara. ¿Escribiré ese libro? No lo sé. Pero ahora mismo lo que me importa es ir haciendo el camino sin preocuparme del destino.

Anteriormente:

“De la guerra nómada en los océanos de arena del Sahel a la guerra en red” (23/09/2018)

“De las guerras nómadas a las Guerras Toyota” (13/02/2018)

¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015)

Guerras Africanas” (20/05/2016).

“Swarming en el desierto” (03/01/2011)

“Diario de la Guerra del Congo” de Vicente Talón

Vicente Talón fue reportero del diario El Correo Español-El Pueblo Vasco de Bilbao primero y luego del diario madrileño Pueblo. Mi generación le conoce como cofundador y director de la histórica revista Defensa. Diario de la Guerra del Congo es una reedición de 2013 de un libro publicado originalmente en 1976. El libro aborda la Crisis del Congo (1960-1965), que cubrió sobre el terreno, dedicando su segunda parte a la participación en el conflicto de mercenarios españoles.

1491594_557149781030323_1750228082_nDiario de la Guerra del Congo se nutre de las crónicas firmadas y los apuntes tomados por Vicente Talón en aquel entonces, la primera mitad de la década de los años 60.  El paso del tiempo es apreciable en el lenguaje y por observaciones sobre las poblaciones locales que escandalizarían a los actuales africanistas españoles, posmodernos la mayoría de ellos. En el prólogo a esta edición Vicente Talón hace referencia a las “matanzas en masa y asesinatos horripilantes” que ocurrieron en el Congo y que décadas después se repetirían en los Balcanes. Esa apreciación coincide precisamente con mi motivación para leer el libro.

Después de leer Biafra. The Nigerian Civil War, 1967-1970, obra de Peter Baxter,  empecé a preguntarme si no deberíamos replantearnos la novedad en África de las llamadas “Nuevas Guerras”, en los términos de Mary Kaldor, cuando contrastamos la Crisis del Congo y la Guerra de Biafra con la Segunda Guerra del Congo, que Tom Cooper abordó en un libro que reseñé aquí. Me refiero al patrón común de conflictos intraestatales altamente internacionalizados donde se cometen violaciones de los derechos humanos de forma sistemática, los bandos se alinean según afiliaciones étnicas y aparecen señores de la guerra y mercenarios.

Al igual que en ¡Sálvese quien pueda! de Javier Nart, nos encontramos las divisiones étnicas y tribales sobre el terreno de un conflicto africano que según la lógica de la Guerra Fría ordenaba los bandos por definiciones ideológicas. De hecho, por el Congo pasaron desde pilotos cubanos exiliados al servicio de la CIA al Che Guevara. Vicente Talón recoge el testimonio de un europeo que identifica a líderes y bandos por afiliaciones tribales, tal como encontraríamos luego en las luchas anticoloniales de Angola o Rhodesia.

Si el retrato de la población local quizás escandalizaría a los anclados en el concepto del buen salvaje, Vicente Talón hace un retrato demoledor del orden colonial belga y de la población blanca que lo sustentó. También desmitifica acciones militares como la Operación “Dragon Rouge”, que tuvo una ejecución torpe y pudo haber salvado más vidas. Evidentemente ambas cuestiones, la realidad social del antiguo Congo Belga y el carácter poco brillante de la Operación “Dragon Rouge” es algo que no encontrarán en la bibliografía al uso. Tampoco los mercenarios de Jean Schramme y Mad Mike Hoare salen bien parados. Esa es la gran novedad que aporta esta libro, una mirada neutra que levanta acta de lo que allí pasó sin adornar el fanatismo, la cobardía y la barbarie desplegadas por quienes en otros relatos de los hechos son heroicos luchadores anticoloniales o intrépidos aventureros occidentales.

La segunda parte del libro aborda la experiencia del 2º Choc del 6º Commando, encuadrado por españoles desplegados en el Alto Uele. A diferencia de otros mercenarios europeos y sudafricanos, los españoles del 2º Choc trataron de mantener una disciplina militar y procuraron tratar al personal nativo de una forma correcta. Las acciones de asistencia a la población civil llevadas a cabo las encuadraríamos hoy en día en la Cooperación Cívico Militar. El resultado fue, cómo no, muy diferente al alcanzado por otras unidades. Pero el personal fue siempre escaso para una área de operaciones tan grande y al final, el 2º Choc fue engullido por la dinámica de golpes y revueltas del país. Su líder y dos oficiales más terminaron fusilados por el nuevo régimen de Mobutu Sese Seko.

Un último apunte. Por el libro desfilan tangencialmente nombres que luego serían conocidos, como el de Laurent Kabila. Cerca del final del libro Vicente Talón cuenta su encuentro con un veterano del 2º Choc que participó en 1967 en un fallido intento de crear un segundo frente durante el motín de los mercenarios liderados por Jean Schramme. El interlocutor de Vicente Talón le echa la culpa al organizador de la expedición, el mismísimo Bob Denard, del que sospecha que en realidad actuaba en connivencia con el régimen de Mobutu Sese Seko. Treinta años más tarde, los hombres de Bob Denard trataron de organizar sin éxito la defensa del régimen de Mobutu frente al avance de las tropas de Kabila.