¿Qué harías tú en un ataque preventivo de Moscú?

2096625388Entre 2003 y 2005 discutía en Internet sobre la posible invasión de Iraq primero y luego sobre la ocupación estadounidense. Yo había leído Guerra contra Irak del que era coautor Scott Ritter, un ex-inspector de la United Nations Special Commission (UNSCOM). En el libro se exponían argumentos razonados de por qué el régimen de Saddam Hussein carecía de Armas de Destrucción Masiva, la tríada NBQ. También se hablaba de que en el paíse estallaría una lucha por el poder definida en términos étnico-religiosos. A esto último le presté menos atención y resultó ser la clave de lo que vendría después de la caída del régimen. Yo pensaba que el problema sería la reacción de los gobiernos árabes. Tras recopilar y cotejar documentos encontrados junto con entrevistas a personajes claves, una comisión de investigación determinó que las Armas de Destrucción Masiva no existían. Pero eso ya no le importó a nadie ante el transcurso de los acotencimientos durante la ocupación de Iraq.

9780143038917BEn 2004 comencé a escribir un blog y precisamente los acontecimientos en el Iraq ocupado fueron los que me llevaron de contar batallitas personales a dedicarme a la realidad del mundo. A comienzos de 2005 escribí sobre qué estaba pasando en Iraq en sesiones maratonianas delante del portátil (63 horas despierto estuve una vez). Era la primera vez en mi vida que tenía banda ancha y era toda una novedad tener aquel caudal ilimitado de información a mi disposición. Mi conclusión es que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra en Iraq frente a la insurgencia. El mando militar llegó a esas conclusiones al año siguiente, como contó Tom Ricks en Fiasco, pero los neocón sostenían que los medios de comunicación mostraban una imagen negativa de Iraq por un sesgo idelógico. Fue en aquel entonces cuando desde la derecha estadounidense se empezó a hablar despectivamente de los MSM (MainStream Media) y nació Pajamas Media. En España eran los tiempos de las “redes de pensamiento agitiativo” y a los que señalábamos el fracaso estadounidense en Iraq nos llamaban “ayatolás del retroprogresismo”. Da un poco de risa recordar el entusiasmo de los neocón españoles por aquel entonces. Estoy seguro que muchos de ellos recordarán las tonterías que dijeron como pecadillos de juventud.

Contratistas de Blackwater en los combates de Najaf del 4 abril de 2004.
Contratistas de Blackwater en los combates de Najaf del 4 abril de 2004. Todavía hay preguntas sin respuesta sobre qué pasó aquel día y el papel de las tropas españolas.

Hoy mis libros de la guerra de Iraq están en una caja guardados en un altillo y el país rara vez sale en las noticias. Pero si uno mira atrás, aquellas discusiones giraban en torno a dicotomícas: “Invasión de Iraq es buena idea”, “armas de destrucción masiva existen”, “la guerra va bien”... Eran debates enconados y con posiciones muy encontradas, pero creo que al menos compartíamos una cierta visión de la realidad internacional. Discutíamos sobre un tablero de juego compartido. Hoy ante la crisis de Ucrania me siento perplejo porque lo que leo ahí fuera en español ni siquiera comparte la identificación de la naturaleza de la crisis. Es decir, ni siquiera parece que estamos hablando de la misma cosa.

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Soldados rusos sin identificación en Crimea. El de la izquierda lleva un AKMS (en otras fotos lleva silenciador) y el de la derecha lleva un VSS Vintorez, ambas armas propias de las fuerzas especiales rusas.

La primera tentación sería atribuirlo a una cuestión ideológica. Es algo que ya esbocé aquí hace no mucho y que quiero tratar con profundizar próximamente. Pero no es difícil encontrar personas de derechas que dicen comprender la postura del Kremlin en esta crisis y que sienten envidia de Rusia por tener un líder como Vladimir Putin. Quedarnos en el plano ideológico es darle demasiado importancia al descerebrado medio que opina en Menéame.net que se siente “emocionado” al ver gente armada en las calles de la Ucrania oriental para “defender a su país del FMI” o a la tuitera que se muestra preocupada porque los “mercenarios de Blackwater” puedan desplegarse en Ucrania. La infantilización del discurso viene dada por la propia “democratización” del acceso a la red. Recuerdo los comentarios en foros de Internet hace diez años sobre cómo abaratamiento de las conexiones había propiciado un desembarco de adolescentes que los veteranos encontraban irritantes (un “septiembre eterno”). Pero en aquel entonces también había voces delirantes como la del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe que exaltaba a la insurgencia iraquí cuando la formaban principalmente yihadistas extranjeros y ex-cuadros del régimen caído. Y estos días respetabilísimos profesores de universidad se encuentran entre quienes han cruzado al otro lado de la realidad paralela, donde mostrarse sarcástico con Occidente confiere ese je ne sais quoi que te da el ser un “intelectual crítico” ante lo que dicen las cancillerías y los titulares de los periódicos.

En Rusia hay dos tipos de fascistas: Los fascistas ultranacionalistas y los antifascistas ultranacionalistas.
En Rusia hay dos tipos de fascistas: Los fascistas ultranacionalistas y los antifascistas ultranacionalistas.

Ya conté aquí como tras a Unión Soviética personalidades rusas manifestaron que la independencia de Ucrania les parecía un error histórico y auguraban que tarde o temprano la parte oriental del país y en especial Crimea volverían al seno de Rusia. En aquel entonces resurgió el euroasianismo para ocupar el vacío ideológico post-soviético con un discurso nacionalista y revanchista, compartido en parte por el nacional-bolchevismo. Personajes como Aleksandr Dugin y Eduard Limonov han tenido siempre públicos minoritarios en Rusia pero se pueden decir que ayudaron a moldear una renacida conciencia imperial rusa asumida por el gobierno ruso tras la llegada a la presidencia de Vladimir Putin. La invasión rusa de Crimea puede considerarse la aceptación de unos hechos consumados. Por segunda vez en diez  años una parte del pueblo ucraniano había desalojado del poder en Kiev a un gobierno prorruso, así que Putin concedía la derrota y aprovechaba la debilidad del nuevo gobierno para anexionarse Crimea sin disparar un tiro y tras años de gastar en asociaciones culturales prorrusas. La debilidad militar estadounidense y la debilidad económica europea dieron margen para la acción a Moscú. Al fin y al cabo, ¿quién estaba dispuesto a un enfrentamiento directo con tropas rusas sin saber hasta dónde podía llegar la escalada bélica? ¿Iba a aplicar en caso de conflicto la OTAN su doctrina de ataques en profundidad a la retaguardia enemiga aunque eso implicara bombardear suelo ruso? Y sobre todo, ¿iba buena parte de Europa, con Alemania y Francia, a la cabeza a renunciar al suministro de gas ruso o a sus contratos comerciales con Moscú?

Uniformes de camuflaje pixelado, chalecos tácticos y fusiles de asalto. Lo que cualquier asamblea vecinal reúne cuando monta una "patrulla de barrio".
Uniformes de camuflaje pixelado, chalecos tácticos y fusiles de asalto. Lo que cualquier asamblea vecinal reúne cuando monta una “patrulla de barrio”.

Ante la inacción occidental, el Kremlin repitió la estrategia con Ucrania oriental. Pero si la presencia de militares rusos en la base naval de Sebastopol y la cercanía geográfica al Distrito Militar del Cáucaso Norte había permitido movilizar rápidamente tropas, aquí el papel de aquellos soldados sin identificación y que se negaban a hablar con los periodistas lo han cumplido unas “milicias populares” surgidas “espontáneamente”. El valor de Crimea y el puerto de Sebastopol son bien conocidos, sin tener que entrar en la proyección de fuerzas navales rusas al Mediterráneo Oriental. Menos conocidos son los intereses del Kremlin en el sureste de Ucrania, una región para la que ha recuperado la misma denominación que acuñó el imperialismo ruso en el siglo XVIII, “Nueva Rusia”. Hace un par de semanas hablé en Sesión de Control sobre la red empresarial que une al Kremlin con oligarcas ucranianos en el negocio de la exportación de armamento usando los puertos de Oktyabrsk y Odesa, en la costa ucraniana del Mar Negro. Y en su momento hablé de la ubicación de la industria aerospacial ucraniana, localizada en el este del país: El fabricante de motores Motor Sich está en Zaporizhia, el fabricante aerospacial Yuzhmash está en Dnipropetrovsk y el fabricante aeronáutico KSAMC está en Járkov. El complejo militar industrial ucraniano no sólo participaba en aquella red de exportación con ramificaciones hasta el Kremlin, sino que como legado de los planificadores soviéticos, está profundamente ligada con el complejo militar industrial ruso. Basta repasar la lista de productos del fabricante de motores de aviación MotorSich. Por ejemplo, sus turboejes mueven helicópteros rusos como los Mi-8, Mi-17, Mi-24, Mi-26, Mi-28, Ka-27, Ka-32, Ka-50 y ANSAT que Moscú exporta a países como Venezuela, Brasil, Argelia, Iraq, India o China. Pero no sólo es una cuestión de los motores de los ubicuos Mi-8 y Mi-17 que operan más de 70 fuerzas armadas de todo el mundo, incluidas las decenas que Estados Unidos emplea de forma discreta en operaciones especiales y clandestinas. La lista de componentes y sistemas ucranianos que integra la industria de defensa rusa es larga e importante, incluyendo elementos claves de misiles balísticos intercontinentales. No es difícil imaginar que las interdependencias industriales vienen aparejadas con conexiones empresariales en un negocio multimillonario que colocan a Ucrania entre los diez mayores exportadores de armas del mundo.

La bandera del Movimiento Eurasianista ondeando en Ucrania oriental junto a la de la República Popular del Donetsk.
La bandera del Movimiento Eurasianista ondeando en Ucrania oriental junto a la de la República Popular del Donetsk.

Nada de lo anterior aparece en la composición de lugar de los que analizan y debaten en España sobre la crisis ucraniana. Al fin y al cabo, Rusia es ese país profundamente desconocido. Pero es inaudito que el Kremlin, sus intereses, su chantaje económico y sus peones en esta crisis (espías, agitadores, contrastistas privados, cosacos, etc.) sean el “elefante en la sala” mientras se habla de los manifestantes ucranianos que salieron a la calle como marionetas de Washington, se dediquen sesudos análisis a los espúreos intereses económicos de Occidente en Ucrania y se publiquen en Twitter comentarios sarcásticos sobre la torpeza de Bruselas. Ya no es una diferencia de criterio o de valores. Es estar en otra partida sirviendo de tonto útil al Kremlin.

Ucrania y el transfondo geopolítico (3ª Parte): La cuestión energética

El gobierno provisional de Ucrania ordenó hoy lunes 24 la retirada de sus tropas de Crimea. Al comienzo de la crisis en Ucrania afirmé en Twitter que a pesar de lo que dijeran algunos no íbamos hacia una guerra convencional. Creo que ya es la tercera vez que le llevo la contraria a los alarmistas: La primera vez fue sobre Irán y la segunda sobre Corea del Norte.

La experiencia histórica nos enseña que las potencias nucleares no se enfrentan directamente porque nadie asegura que un conflicto convencional pueda degenerar en una escalada nuclear. Eso le da a cada potencia bastante margen de actuación en su área de influencia. Sea Checoslovaquia en 1968 o Georgia en 2008. Mañana Rusia podría invadir Kazajistán y por mucho que algunos políticos republicanos en Washington llamaran a usar la fuerza para defender al régimen de Astaná no pasaría nada. Nadie quiere empezar la III Guerra Mundial.

El frágil gobierno provisional ucraniano bastante desafíos tiene con estabilizar la economía y las fuerzas armadas del país no están en condiciones de enfrentarse a las rusas. El embajador ucraniano en la República Checa definió la idea de usar la fuerza militar para recuperar Crimea como “no realista”. La respuesta ucraniana sobre la pérdida de Crimea podría ser bastante pragmática.

Lo que hemos visto es que sobre el “gran tablero mundial” Occidente ha plantado su bandera en Kiev por segunda vez en una década y Moscú ha reaccionado asegurándose Crimea. Rafael Poch en La Vanguardia lo describe como “Putin se ha comido una torre en Crimea”. Allí está el cuartel general de la Flota del Mar Negro, el vector con el que Rusia proyecta su poder naval al Mediterráneo. El viernes 14 de marzo aviones Sujoi Su-33 y helicópteros Kamov Ka-27 con base en el portaviones Almirante Kuznetsov ubicado en el Mediterráneo Oriental comenzaron a realizar ejercicios. No es una novedad. Desde el 2013, Rusia mantiene una presencial naval permanente que refleja su interés creciente por el Mediterráneo.

Los analistas han corrido a señalar el papel de los recursos naturales ucranianos y el transporte del gas ruso a la Unión Europea, en imitación de la crisis ruso-ucraniana por el gas de 2005 y la posterior crisis  de 2009. Pero la situación ha cambiado desde aquel entonces. El temor europeo de que Ucrania actuara de cuello de botella para sus importaciones de gas ruso llevó a proyectar gasoductos que pasaran de largo del territorio ruso. El gasoducto “Nord Stream” conecta Rusia con Alemania por el Mar Báltico, evitando Polonia, Bielorrusia y Ucrania. El gasoducto “Blue Stream” conecta Rusia con Turquía por el Mar Negro, evitando el Cáucaso. Y el gasoducto “South Stream” conectará en un futuro Rusia con los Balcanes evitando Ucrania. Según cuenta Xavier Cugat en (r)Evolución Energética, “en 2007 el 80% del gas ruso destinado a la UE pasaba por Ucrania. Hoy ya solo pasa el 35% y cuando se ponga en marcha South Stream en 2015 pasará menos del 10% por Ucrania”.

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Los gasoductos son enormes proyectos de ingeniería que requieren una financiación compleja. Los contratos de suministro son a largo plazo en un mercado poco volátil, como descubrieron los países que quisieron crear una OPEP del gas en 2008. Ni Europa puede improvisar fuentes de suministro alternativas ni Rusia encontrar clientes de la noche a la mañana. Cuesta imaginar que la Unión Europea y Rusia rompan sus acuerdos en materia energética. Lo que sí puede que veamos es que se dé mayor importancia a proyectos que reduzcan la dependencia energética europea de Rusia, como es el caso del gasoducto “Nabucco” que conectaría Europa vía Turquía con Azerbaiyán y Asia Central. Gonzalo Escribano del Real Instituto Elcano apunta que España podría ofrecer al resto de Europa una alternativa con sus instalaciones de Gas Natural Licuado, que se importa en forma líquida por mar, si el país estuviera convenientemente conectado a la red europea.

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Quizás haya que prestarle menos atención a la cuestión energética y más al sector agrícola ucraniano. Esta crisis ha generado un importante impacto en los mercados internacionales. Hay que recordar que las protestas en Kiev comenzaron tras el rechazo del gobierno ucraniano de un acuerdo con la Unión Europea. Andrés Rodríguez Seijo ha hecho un interesantísimo análisis sobre la importancia del sector agrícola ucraniano en el que menciona las presiones económicas previas de Rusia que no he visto a nadie más mencionar. Merece la pena rescatar la noticia al respecto de El País con fecha 24 de noviembre de 2013: “Ucrania cede a las presiones de Rusia” y “Kiev aparca las negociaciones con la Unión Europea para un Tratado de Asociación”. Luego vino la entrada de Ucrania en el “Comité de Grano de Mar Negro” creado por Rusia para establecer un cartel con Ucrania y Kazajistán. Visto desde este perspectiva, las presiones rusas terminaron por estallar en la cara a Moscú. Crimea es entonces un premio de consolación.

Ahora que ha sido anexionada por la fuerza por Rusia, cabe preguntarse sobre qué será de las fábricas de armamento y centros de I+D ucranianos localizados en Crimea. El consorcio estatal UkrobOronProm lista trece de ellos, como la Planta de Aeronaves de Sebastopol, la Planta Mecánica y de Buques de Feodosiya, la Planta Óptica de Feodosiya o los astilleros “Morye”. La pérdida de muchas de estos centros ubicados en Crimea podría afectar gravemente al sector. El director general de UkrobOronProm ha definido la hipotética apropiación de estas empresas como una amenaza a la seguridad nacional. La industria de defensa ucraniana no es despreciable. Ucrania está entre los diez mayores exportadores de armamento del mundo. Y su industria aerospacial produce sistemas como los cohetes espaciales Zenit-3SL.

Curiosamente, en muchos análisis que se leen en España se profundiza en los mezquinos intereses egoístas de Estados Unidos y la Unión Europea frente a la figura de  Putin, que ha actuado desinteresadamente para proteger a los rusos de Crimea obligado por las circunstancias. Los despropósitos que escriben de esos analistas nos enseña más del éxito de la propaganda rusa que de la crisis ucraniana.

[¿Continuará?]

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La invasión rusa de Crimea

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Anoché sucedió algo inaudito. Por primera vez en mi vida El País rectificó un error del que les advertí. Quizás no fue por mi aviso vía Twitter, pero el pie de foto que decía “Vehículo militar ruso en la localidad fronteriza de Balaclava” fue corregido. Es simple. Balaclava fue  lugar de una batalla durante la Guerra de Crimea en la que tuvo lugar la famosa (y catastrófica) carga de la caballería ligera. El topónimo además dio nombre en inglés a lo que en español llamamos pasamontañas. Así que era fácil saber que no era ni de lejos una localidad fronteriza entre Ucrania y Rusia.

Tampoco es que el nuevo pie de foto, “Un uniformado a bordo de un blindado ruso en Balaclava (Crimea)” se parezca a la realidad. Las tropas rusas se pasean por Crimea y sólo porque en su uniforme no lleven insignia alguna se les denomina de forma eufemística “uniformados”. Quizás la bandera detrás del soldado que asoma por la escotilla del blindado Tigr debería darles una pista.

La República Autónoma de Crimea es un territorio actualmente ucraniano que perteneció a Rusia hasta 1954. Su población se divide en tres grupos étnicos: Ucranianos, rusos y tártaros. La leyenda dice que la transferencia a Ucrania fue una decisión arbitraria tomada por Jrushchev en una noche de borrachera. El puerto de Sebastopol albergaba el cuartel general de la Flota del Mar Negro soviética y tras el fin de la Guerra Fría, se firmó en 1997 un acuerdo de arrendamiento que permite a la armada rusa usar el puerto de Sebastopol hasta 2017. Por esas circunstancias, Sebastopol tiene un estatus especial dentro de Ucrania y queda administrativamente fuera de la República Autónoma de Crimea. La existencia de una base rusa en suelo ucraniano no ha estado exenta de incidentes.

El primer movimiento de tropas dentro de Crimea se informó el miércoles 26 de febrero. La CNN informó que sus reporteros habían encontrado “milicias prorrusas” en la carretera que une Sebastopol con Simferopol, la capital de la república. El diario canadiense The Globe & Mail en cambio los identificaba claramente como soldados rusos a partir del armamento y vehículos blindados que empleaban aunque se habían identificado así mismos como “voluntarios”. Además, señalaba que los había encontrado cerca del límite administrativo que separa Sebastopol del resto de Crimea. En este vídeo se ve que se trata de BTR-80 con dos snorkel, así que posiblemente se traten de infantes de marina rusos.

En la madrugada del jueves 27 de febrero un grupo armado asaltó el edificio del parlamento de Crimea en Simferopol. Iban sin identificar pero izaron la bandera rusa. En el vídeo grabado por las cámaras de seguridad se les ve cargados con petates y mochilas, lo que sería indicativo de su intención de ocupar el edificio.

En las primeras horas del viernes 28 de febrero un grupo armado asaltó el aeropuerto de Simferopol y por la tarde otro grupo hizo lo mismo con el aeropuerto de Sebastopol. El personal armado no llevaba ninguna identificación. Según la versión rusa se trataba de grupos de “autodefensa”. Según la versión ucraniana se tratarían de tropas rusas pertenecientes al GRU, la inteligencia militar rusa, que habrían llegado en aviones de transporte Il-76 a una base aérea en la localidad de Hvardiiske.

Ese día, el jueves 28, sobrevoló el cielo de Crimea una formación de tres helicópteros de transporte Mil-17 y nueve helicópteros de ataque Mi-24 con rumbo a alguna de las bases militares alrededor de Sebastopol.

Según el gobierno ruso los movimientos de tropas hacia el interior de Crimea tendrían como objetivo proteger la Flota del Mar Negro, en una admisión de la presencia de tropas rusas en suelo de la República Autónoma de Crimea. La autorización parlamentaria para mandar tropas llegó el sábado 1 de marzo. Mientras, el gobierno ucraniano decretó la movilización militar para las 08:00am del domingo 2 de marzo.

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Dos soldados rusos en Semforopol. El de la derecha lleva una mira holográfica EOTECH de origen estadounidense y un pistolete delantero, accesorio poco habitual en Rusia en tropas que no sean de fuerzas especiales.
Soldado ruso en Simferopol. El guardamano de la ametralladora PKM incorpora un sistema de raíles, un accesorio poco habitual en Rusia en tropas que no sean de fuerzas especiales.
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Soldados rusos en Simferopol. El de la izquierda lleva un uniforme “Gorka Bars” de las tropas de montaña rusas.
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Civiles armados en Simferopol. Dos de ellos en primer plano llevan lanzagranadas GM-94 de 43mm. de fabricación rusa y que sólo emplean unidades especiales. Una de los dos lleva una mira holográfica EOTECH. Se les puede ver en este vídeo.
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Blindado rusos Tigr en Balaklava. La matrícula indica “RUS”.
Torreta de un BTR-80 ruso con la insignia de la Infantería de Marina cerca de Bajchisaraí el día 28 de febrero.
Torreta de un BTR-80 ruso con la insignia de la Infantería de Marina cerca de Bajchisarai el día 28 de febrero.
Convoy ruso
Convoy militar ruso aproximándose a Simferopol en la mdrugada del día 28. En la puerta del blindado Tigr se aprecia la insignia de las unidades de la Guardia (selectas) del ejército ruso
Insignia de las unidades selectas del ejército ruso, "Gbardiya" (Guardia).
Insignia de las unidades selectas del ejército ruso, “Gvardiya” (Guardia).
Panorámica de las tropas rusas a las afueras de una base de la guardia costera ucraniana en Balaklava.
Panorámica de las tropas rusas a las afueras de una base de la guardia costera ucraniana en Balaklava, cerca de Sebastopol, que El País ubicaba en la frontera entre Rusia y Ucrania.