Lone Survivor (2013)

La primera película del año ha sido Lone Survivor (“El único superviviente”). Trata de una acción de guerra real, sucedida en las montañas de Afganistán en 2005. Una patrulla de reconocimiento de cuatro miembros de los SEAL se encontró en las montañas con unos pastores, a los que dejaron marchar y que alertaron de su presencia. Un grupo local de talibán fue en su búsqueda y les tendió una emboscada en la que murieron tres de los cuatro estadounidenses. El único superviviente, al que hace la referencia el título, consiguió poner distancia a pesar de sus heridas y fue encontrado por unos aldeanos afganos de un aldea hostil a los talibán.

La película es en sí un martirologio, recreándose en los golpes y heridas sufridas por los cuatro militares durante el combate que ocupa buena parte del metraje. Lone Survivor es una película menor, hecha con poco presupuesto. Las montañas de Nuevo México con sus cóniferas resultan poco creíbles como Afganistán, lo mismo que la instalación militar que representa la base de Bagram. Más allá de la repercusión alcanzada por el libro del superviviente y las medallas concedidas, queda la pregunta de por qué este acontecimiento en particular de la guerra de Afganistán mereció la atención de Hollywood y cuántas otras historias habrían merecido igualmente ser contadas en una película.

El armario del dolor

Vi estos días “The Hurt Locker, la película sobre un desactivador de bombas estadounidense en Iraq que se llevó un puñado de premios Oscar. No le encontré nada especial. A pesar de la aureola de aséptica verosimilitud (frente a otras películas sobre Iraq más “políticas”) con la que la llegué a ver promocionada los soldados que en ella aparecen se comportan de forma irreal. Alguien dijo por ahí que las grandes películas bélicas no necesariamente han de representar la guerra cual es. Lo importante es la historia pero yo sólo vi otra película más que cuenta que la guerra es absurda, caótica, aleatoria y cruel usando esos movimientos de cámara que prentende imitar la cámara al hombro de los reporteros de televisión. Puede que la película no estuviera dirigida a alguien como yo, sino al “ciudadano estadounidense medio” que perdió el interés por Iraq hace tiempo y necesita una explicación tipo Barrio Sésamo de cómo es la guerra.

Para al que le interese un relato de cómo es en realidad la labor de un desactivador de bombas militar en Iraq puede probar con “Eight Lives Down”.

Nota para los interesados: El lunes hubo buenas noticias sobre Jorge Aspizua, por lo que contar que mi hombro está mucho mejor suena casi irrelevante.

Tres películas a tener en cuenta

Últimamente incluso cuando desconecto veo películas sobre los temas que trato en este blog. Hace poco vi la superficial “Un corazón indomable” y pronto les tocará a “Paradise Now” y “Camino a Guantánamo”. Tanto monotematismo no sé si podría ser considerado síntoma de algún tipo de obsesión. Empiezo a notar los efectos secundarios, que me hacen sentir como el capitán Willard río arriba. Pero de eso hablamos otro día.

Sin conocer su calidad a priori mantengo en el radar a tres películas:

“La sombra del reino”.

Así es cómo han titulado “The Kingdom” en España. La película cuenta las peripecias de unos agentes del FBI que van a Arabia Saudita a investigar sobre el terreno un ataque terrorista en el que han muerto un buen número de occidentales. Cuando llegan allí se encuentran con que las autoridades saudíes no colaboran todo lo que se podía esperar de un país aliado… Tiene todo el aspecto de ser la versión hollywoodiense de Syriana pero con tiros, explosiones y un reparto de papeles de buenos y malos como Dios manda.

“Charlie Wilson’s War”.

La guerra de Afganistán y el papel de EE.UU. en ella han marcaron la posguerra fría de una forma que nadie que se vio envuelta en ella previó. Así que Hollywood ha abordado el tema pero dándole un toque de comedia al asunto, contando las peripecias realesde un peculiar congresista demócrata que buscó todos los atajos posibles para financiar a los muyahidines afganos.

“O, Jerusalén”

Tengo la impresión que el libro lleva en mi casa desde siempre. Lo leí en los últimos años de la EGB, y creo que la edición era del setenta y poco. Ahora han hecho una película con todo el aspecto de coproducción europea, eso es un elenco multinacional y carencias en ese tono épico que casi sólo Hollywood consigue.

Dos películas para el 2006.

Aunque en este blog habla más o menos casi siempre de lo mismo, no me he resistido a hacer de vez en cuando mis críticas cinematográficas, contar mis viajes o hablar de lo que me pase por la cabeza. Esta vez no hablaré de películas que están en cartelera, sino de películas que serán estrenadas en 2006.

La primera la descubrí por casualidad. Tuve en mi mano una versión de bolsillo de Soldado de la CIA de Robert Baer, cuya primera edición de 2002 devoré. En la portada esta vez salía un irreconocible George Clooney y debajo la frase “El libro en que se ha basado la película Syriana”. No recordaba que en el libro se hablara de algo llamado “Syriana” y al buscar la película en Internet resultó ser una historia de ficción, alejada de lo que contaba Baer, sus peripecias como agente de la CIA en Oriente Medio y distintos lugares de Asia.

Me dediqué a buscar en la red sobre la película, intrigado, y lo que he encontrado resulta prometedor. El proyecto de la película surgió de Stephen Gaghan, guionista de “Traffic”, aquella película coral de 2000 dirigida por Steven Soderbergh sobre el mundo del tráfico de drogas entre México y EE.UU. Documentándose sobre el tema Gaghan se interesó por los juegos de poder en Washington en torno al mundo del petróleo, y consiguió embarcar a Soderbergh y George Clooney como productores en un película que aborda la cuestión como lo hizo “Traffic” con las drogas. “Traffic” era adoptaba muchos puntos de vista y dejaba preguntas e incógnitas en el aire. El cuidado en la ambientación y los detalles que han puesto dice mucho. Aquí les dejo el trailer

La segunda película, “Munich”, ha sido dirigida por Steven Spielberg, así que la tendremos pronto hasta en la sopa. El punto de arranque de la película es la “Masacre de Munich” durante los Juegos Olímpicos de 1972. Para quien no recuerde, un grupo de terroristas palestinos irrumpió en la villa olímpica. Miembros de la delegación israelí fueron asesinados y un posterior intento de rescate por la policía alemana terminó en catástrofe. El gobierno israelí lanzó una campaña de asesinatos de todos los implicados en el ataque terrorista. Spielberg se centra en el punto de vista de uno de los agentes israelíes, alejado de su familia que ha dejado en Israel, y que como brazo ejecutor termina viéndose afectado por la violencia vengadora que desata.

La polémica de la película, tiene que haberla para generar interés, está servida porque no es nada difícil entenderla en clave post-11S. Aquí unas cuantas visiones.

Spiegel On Line: Neoconservatives launch a pre-emptive strike on Spielberg’s latest, which dares to break the rules of post-9/11 political correctness

El País: “Estoy muy orgulloso de no haber demonizado a nadie en esta película”

Slate: What Munich does say—and what I find irrefutable—is that this shortsighted tit-for-tat can produce a kind of insanity, both individual and collective.

El síndrome Moore

La derecha estadounidense, y los neoconoservadores españoles, se han lanzado a toque de degüello contra el último documental de Michael Moore, “Fahrenheit 9/11”. Hay páginas web dedicadas exclusivamente a señalar las inexactitudes de sus documentales y sus miserias personales.

En “Bowling for Truth” podemos enterarnos por ejemplo que según un think-tank pro saudí, que posiblemente haya hinchado el dato, las inversiones saudíes en Estados Unidos alcanzan los 420 mil millones. Sin embargo en “Fahrenheit 9/11” alguien afirma que alcanzan los 860 mil millones de dólares. Es decir, no son multimillonarias. Son multimillonarias.

La cuestión podría ser ¿a quién le importa?. Los documentales de Moore están llenos de pequeñas inexactitudes y afirmaciones quizás demasiado aventuradas. Pero lanzan ideas poderosas que transcienden la apariencia bufonesca de su director. Los últimos minutos de “Fahrenheit 9/11” son una larga cita de George Orwell que reflejan la verdadera carga de profundidad que es la película. (Aquí en España el profesor Tortosa de la Universidad de Alicante ha publicado un “enfoque orwelliano” de la guerra de Iraq).

Sin embargo, demasiadas veces encontramos en la izquierda que se hace valer el “espíritu crítico” como sustituto de la sustancia y el fondo. Como si un manifiesto, un artículo o una obra tuviera mérito y valor por el mero hecho de apuntar con el dedo un problema, aunque incurra en innumerables errores e incoherencias.

Y no es un problema de tintes académicos, aunque demasiadas veces por ejemplo se tachara a José María Anzar y su gobierno de “fascistas” cuando el fascismo es algo muy concreto (véase El fascismo de Stanley G. Payne). O a Ariel Sharon de “nazi”. El resultado es que conceptos como “fascista”, de usarse tan repetidamente, se ha devaluado enormemente.

El problema es llegar a creer que es sólo la intención lo que cuenta, cuando estamos en un mundo donde funcionan poderosos aparatos de propaganda y los supuestos “libres mercados” de las ideas no son tales. Así que es preciso ser muy precisos y rigurosos en lo que se dice una vez que se ha captado la atención del público. Los políticos de derecha (ahí está el ex-ministro Acebes) y las corporaciones multinacionales pueden sobrevivir a sus mentiras. La izquierda no.

[Esta entrada fue publicada originalmente en el blog Zoon Politikon de pitas.com]