La otra cara del Mundial de fútbol

Hoy jueves 12 arranca la fase final de la Copa del Mundo de fútbol. Entraremos en unas semanas en que no se hablará de otra cosa. Pero la semana pasada decidí escribir en Sesión de Control sobre la otra cara, la de la gente que se manifiesta contra el despilfarro económico y los desalojados para dar paso a infraestructuras bajo la consigna popular “Não Vai Ter Copa”.. La otra cara de las incursiones de las fuerzas de seguridad en las favelas y los ataques contra las Unidades de Policía Pacificadora.

Del Atlántico al Pacífico y vuelta

La semana pasada estuve ocupado con el evento TEDxCanarias 2013. Empezamos el miércoles con un almuerzo con los ponentes y terminamos el domingo en la madrugada de la Noche en Blanco lagunera despidiendo a los últimos invitados que habían alargado su estancia en la isla. Además celebramos el cumpleaños de Víctor, uno de los impulsores del Arca de Babel. Hubo bastante tiempo para comentar la experiencia y una de las cosas que surgió un par de veces fue la paradoja de tener a un ponente sueco que había hecho el esfuerzo de aprender a presentarse en español y un ponente tinerfeño que hizo toda su presentación en inglés. La explicación que me pareció más razonable a esto último es que el ponente había decidido hablar en inglés porque su público no era el de la sala. Él habló para la cámara, ya que próximamente la grabación será subida a Youtube donde engrosará el acervo de charlas TED. Y puede parecernos correcto o no, pero la gracia es que en la era del streamming, podcasts y repositorios de vídeo es posible convertir en global cualquier acto global y desde casa convertirse en público de eventos sucedidos en la otra punta del planeta. Algo que sin duda tiene implicaciones para los que nos dedicamos a procesar y analizar información.

Vía el blog de Fernando A. Iglesias llegué a los vídeos del V Simposio Altiero Spinelli realizado en Buenos Aires y ofrecidos por Baires Uno TV. El lema de este año era “Treinta años de integración regional en democracia” y me resultó significativo el contraste entre la exposición de los ponentes que hablaban de Mercosur y los ponentes que hablaban de la Alianza del Pacífico. La pasada cumbre de la APEC en Bali sirvió para la puesta de largo de la Alianza del Pacífico, constituida por México, Colombia, Perú y Chile. Semanas después, la descafeinada cumbre iberoamericana sirvió para destacar esta organización frente al resto de iniciativas de integración regional. Los países de la Alianza del Pacífico crecen más que la media de países iberoamericanos y sus políticas macroeconómicas recibieron el respaldo de Christine Lagarde, directora del FMI. Síntoma del éxito es la larga lista de países observadores (China, Japón, Corea del Sur, Australia, Estados Unidos, Canadá y numerosos países de la Unión Europea) y que esté en marcha la integración en el grupo de Costa Rica y Panamá.

Alianza_del_Pacfico

Las diferencias políticas de los gobiernos de los países de la Alianza del Pacífico con el eje formado por Venezuela-Ecuador-Bolivia (+Argentina) es más que evidente. El presidente boliviano ya declaró que consideraba la Alianza del Pacífico una iniciativa estadounidense para dividir América del Sur. Más interesante es el desprecio manifestado por Marco Aurélio Garcia, asesor presidencial para asuntos internacionales en Brasil, que considera que no tiene relevancia económica. ¿Despecho? Me pareció interesante la explicación del fracaso de Mercosur dada en el simposio de Buenos Aires: Brasil se unió a Argentina como socio principal de un bloque económico y se encontró atado a un país que se ha escudado en el proteccionismo. Mientras, la Alianza del Pacífico ha optado por el librecomercio y se ha convertido en un actor económico relevante a cuya puerta tocan los grandes.

Evidentemente la Alianza del Pacífico tiene mucho de promesa. Sería largo de enumerar aquí los problemas internos de México, el atraso de muchas regiones de Perú y las perspectivas de Colombia en caso de llegar la paz con las FARC. Pero los miembros de la Alianza del Pacífico se han colocado en una senda de estabilidad que contrasta con otros países de la región. Pronto habrá que hablar aquí del ajuste estructural argentino que vendrá a paliar tarde ¿y mal? los problemas que anunciamos aquí hace un año y habrá que seguir la situación en Venezuela, donde se están acumulando las circunstancias para un brutal estallido social.

Los dolores de crecimiento de Turquía y Brasil

Leí, lástima no encontrar la fuente, el análisis de alguien que señalaba que el autoritarismo del AKP en Turquía respondía más a una tradición política turca, que a su carácter islamista. Contaba hace poco que una parte de la sociedad turco salió a la calle porque se sentía aplastada por el rodillo islamizador del gobierno de Erdoğan. Pero la cuestión no era el contenido de las políticas, sino las formas.

Recuerdo cuando se sucedían las noticias de “dimite otro ministro del gobierno de Dilma Roussef por un caso de corrupción”. Nada menos que siete ministros lo han hecho desde que asumió la presidencia en 2011. Es una cifra colosal. Pero, ¿significa esa cifra de dimisiones que es Brasil un país con un gobierno incorregiblemente corrupto hasta el tuétano? Es una reflexión interesante de hacer si lo comparamos con la situación en España, sea la del gobierno estatal o el de sus comunidades autonómonas.

La diferencia en el número de dimisiones no es un indicador de que Brasil sea mucho más corrupto que España. Simplemente significa que los políticos españoles tienen una cara de cemento, mientras que en Brasil se ha asumido que lo correcto en ciertas circunstancias es que un político debe dimitir. Esa es la diferencia. En Brasil está cambiando la cultura política, en los términos de Gabriel Almond y Sidney Verba. Los brasileños han salido a las calles porque han dejado de ser súbditos para ser ciudadanos. Comparen, si no, Brasil con la vecina Argentina donde la gente resignada ante el estropicio peronista K dice “roban, pero al menos reparten”.

Brasil había empezado a dejar de ser el eterno país del futuro para empezar la senda de una potencia regionial. Pero la desaceleración económica ha sacado a las clases medias a la calle. Los brasileños no quieren vivir en la India, un país con submarinos nucleares, programa espacial y multinacionales poderosas que conviven con una parte de la sociedad que se quedó atrás.

Turquía y Brasil están evolucionando. Son dos países a tener en cuenta. De Turquía ya conté aquí por qué era relevante, tanto como para merecer un libro. Y de Brasil espero publicar un artículo sobre un aspecto de su desarrollo geoestratégico a lo largo de este año. Y lo que estamos asistiendo es a la modernización y transformación de ambos países. Lo cual, tiene sus costos, conflictos y padecimientos.

Hablé recientemente con Jorge Rozenblum en RadioSefarad sobre “el galimatías de lealtades en Siria”. Y en la conversación comenté que pronto habría que hablar sobre Egipto. Fue cosa de semanas. El que oyó la entrevista por Internet puede decir que quedó advertido de la actual situación. Al que quiera saber cómo se llegó hasta aquí, le recomiendo que busque en Youtube el programa El Bernameg presentado por Bassem Youssef, el Jon Stewart egipcio. Alguien ha tenido la gentileza de ir subtitulando episodios. Está todo allí.

Brasil, potencia naval en el Atlántico Sur

El fin de semana pasado me tocó sesión presencial en el Instituto Universitario General “Gutiérrez Mellado”. Alguien que me da clase puso como ejemplo a Brasil de un país cuyos documentos estratégicos publicados no hacen referencia a decisiones tomadas. Mencionó el caso de los submarinos que Brasil ha comprado. Se trata de submarinos de la clase Scorpène comprados a Francia junto con tecnología para fabricar un submarino de propulsión nuclear. Brasil se convertiría así en el sexto país del mundo capaz de desarrollar ese tipo de submarino después de EE.UU., Rusia, Reino Unido, Francia y China. El pasado día 1 de marzo la presidente Dilma Rousseff inaguró el astillero del que saldrán los nuevos submarinos nucleares brasileños. En mi cabeza saltó enseguida una sola idea: ¡Cuenca pré-sal!. Un alumno intervino para decir que el objetivo de Brasil era proteger la Amazonía, el “pulmón del planeta” de las ambiciones estadounidenses y europeas. Se me escapó “¡cuenca pré-sal!“. Y no paré de comentárselo a cuanta persona se cruzó por mi camino el resto del día. “¡Cuenca pré-sal!“.

Días más tarde, en el aeropuerto de Barajas, me encontré que el número de febrero de 2013 de la revista Atenea traía en su portada a Brasil. 5 artículos y 16 páginas dedicados a Brasil. Y una sola mención a la cuenca pré-sal. Así que me llamó la atención lo inadvertido del asunto que ni siquiera tiene entrada en la Wikipedia en español, no así en portugués, inglés e hindi. También le dedican un espacio la versión en español de las páginas web del gobierno brasileño y de la empresa Petrobras.

Camada Pré-Sal

La cuenca pré-sal se trata de un área del Océano Atlántico frente a las costas del Brasil donde una importante yacimiento de petróleo quedó atrapado en rocas porosas más allá de una capa de sal petrificada a gran profundidad por debajo del fondo marino. Su extracción entraña grandes dificultades técnicas e inversiones multimillonarias.

Según The Economist, las reservas estimadas de Brasil antes de la exploración de la cuenca pré-sal era de 20 billones de barriles y ahora son de 50 billones. A modo de comparación, Reino Unido y Noruega suman en el Mar del Norte unas reservas de 62 billones de barriles. Pero apunta The Economist que la cifra de 50 billones es acorde a las estimaciones más conservadoras.

Brasil es un país que la esfera internacional ha promovido el diálogo y el multilateralismo. Es un miembro activo de Mercosur y UNASUR. Pero ha tomado una decisión contudente respecto a la defensa de sus riquezas naturales en el Océano Atlántico, la Amazônia Azul. La Marinha do Brasil es la única rama de las fuerzas armadas brasileñas que ha visto aprobadas sus programas de modernización y adquisición. El ejército brasileño tiene como punta de lanza carros de combate M60A3 y Leopard I de segunda mano que ya estaban superados tecnológicamente al final de la Guerra Fría. La fuerza aérea lanzó un programa de adquisición de un cazabombardero avanzado, el programa F-X, a principios de la pasada década pero lo vio suspendido para finalmente adquirir Mirage 2000 franceses de segunda mano. Una reedición del mismo programa, el FX2, se ha visto sucesivamente retrasado. La armada brasileña, en cambio, tiene un ambicioso programa de adquisición de fragatas, submarinos y patrulleros de altura.

La armada brasileña no sólo ha adquirido cuatro submarinos convencionales de ataque Scorpène nuevos a Francia y la tecnología para el desarrollo de su propio submarino nuclear, sino que pretende adquirir alrededor de media docena de fragatas y media docena de patrulleros de altura. Sobra decir que en todas partes, los brasileños no se privan de decir que el refuerzo de su poder naval es por petróleo de la cuenca pré-sal. Lo cual no está nada mal para un país pacífico, dialogante y multilateralista.

Guerra en las favelas

¿Cuándo el crimen organizado alcanza a ser otra cosa? Cuando las organizaciones criminales desarollan una agenda política y aspiran no ya a desafiar al estado sino a sustituirlo.

Hoy Francho Barón en El País hace la crónica de un asalto de una unidad de élite de la Policía Civil de Río de Janeiro en una favela. En palabras de Ignacio Cano, sociólogo español de la Universidad Estatal de Río de Janiero “se trata de una fuerza militarizada que responde a una estrategia militar”. Pero eso no es lo que me llamó la atención. Más bien esto:

Los narcotraficantes han establecido en las angostas callejuelas de la favela varias bocas de fumo (puntos de venta de droga) y han dictado leyes paralelas para legislar la vida de sus moradores: todo el mundo está obligado a colaborar con la firma y no se permiten robos dentro ni en las inmediaciones de la comunidad. El Comando Vermelho ofrece a cambio protección al vecindario y, con los réditos de la cocaína, de vez en cuando subvenciona pequeños gastos domésticos a quien lo pide, como la bombona del gas o algún medicamento de urgencia.

Las organizaciones criminales no sólo han impuestos sus leyes, imponen el orden público y establecen servicios asistenciales allí donde el Estado no llega.