La conexión atlántica

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La droga incautada al pesquero “Pacífico” es desembarcada en el Arsenal de Las Palmas tras una operación en la que participó el patrullero P44 “Tornado” de la Armada Española.

Leí hace poco Mares de cocaína de la periodista mexicana Ana Lilia Pérez. El libro trata de la rutas marinas del narcotráfico que llevan cocaína desde Sudamérica hacia Estados Unidos, Europa y Austalia. Llegué al libro interesado por las rutas atlánticas que conectan Sudamérica y África Occidental. La nueva ruta africana de la cocaína hacia Europa es un asunto del que hablé en “Un Flanco Sur Profundo: El arco de inestabilidad de África Occidental”, comunicación que presenté en un congreso académico en Granada en noviembre de 2008. En aquel entonces hablé del yihadismo y el narcotráfico como fenómenos diferentes. Años después de que llamara la atención sobre ellos, han convergido.

SahelMap-2La periodista Beatriz Mesa le dedicó un libro, La falsa yihad, al narcotráfico en el Sahel y explicó cómo los intereses económicos creados han convertido en aliados a políticos, militares y yihadistas. Según su análisis, el islamismo ha quedado como cuestión ideológica en segundo plano en el Sahel y se ha convertido en una excusa dentro de la guerra por las rutas de la droga. El Instituto Español de Estudios Estratégicos, con el que Beatriz Mesa colabora, ha dedicado varios documentos al narcotráfico en África Occidental, como “Terrorismo y Tráfico de drogas en África Subsahariana” (2013) y “La amenaza híbrida: Yihadismo y crimen organizado en el Sahel” (2014),

En el libro de Ana Lilia Pérez encontré que el origen de la coca que llega a las aguas de África Occidental es Perú, convertido ahora en el principal productor del mundo.

La coca se traslada por las rutas fluviales del Amazonas desde Perú a Brasil hasta alcanzar el Atlántico, que cruza hacia África Occidental por la famosa “Autopista 10”, la ruta que sigue el paralelo 10º. El narcotráfico se ha convertido en un problema de primer orden en África Occidental. El asunto llamó la atención a la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Crimen Organizado (UNDOC), que elaboró bastantes informes que empleé hace siete años en mi trabajo. La atención internacional se centró en Guinea Bissau, una de las principales puertas de entrada en África Occidental de la droga y que llegó a ser considerado potencialmente el primer narcoestado de África. Sin embargo, tengo la sensación de que el tema dejó de recibir tanta atención del a UNDOC, que no ha vuelto a publicar tantos informes monográficos. Alex Perry, periodista de Newsweek, cuenta en Cocaine Highway: The lines that link our drug habit to terror que tras el golpe de estado de 2012, la colaboración internacional se redujo y se suspendieron programas de lucha contra el narcotráfico. Hoy dos tercios de la cocaína que entra en Europa desde Sudamérica lo hacía vía África Occidental. Perry expone también la importancia de los grupos dedicados al narcotráfico en Mali y cómo la operación francesa contra el yihadismo ha pasado por alto el problema.

En Afganistán la lucha contra los talibán atravesó fases diferentes en cuanto a su relación con la producción de adormidera. Las campañas estadounidenses de erradicación de cultivos generó rechazo entre los campesinos más humildes que contaban con esos cultivos como importante fuente de ingresos en un país árido donde es difícil conseguir beneficios con otras cosechas. Tras reconsiderar el asunto, la vista gorda selectiva produjo un mecanismo de corrupción donde las autoridades locales recaudaban dinero para excluir tierras de las campañas de destrucción de cultivos. De cualquier manera, la “narco-yihad” se convirtió en un asunto fundamental dentro de la estrategia de contrainsurgencia. La lección para el Sahel es que la lucha contra el narcotráfico tiene que tener en cuenta los resultados a corto y medio plazo en el que se producen efectos inesperados que socavan la legitimidad de las autoridades.

Mi sensación es que el asunto del narcotráfico atlántico, tras un período de intensa actividad de informes oficiales, ha quedado relativamente olvidado en una nueva era de preocupación por la yihad en el Sahel. Echo en falta más literatura en español sobre el tema. Y en especial, sobre el eslabón que conecta dos temas que sí parecen ser conocidos ampliamente: La producción de coca en los países andinos y la yihad en el Sahel. En fin, otro tema que añadir a la lista de temas por abordar.

Por cierto, el próximo mes de marzo se estrena en el canal DiscoveryMax un reporte en forma de serie elaborado por David Beriain en Perú, Bolivia y Brasil titulado “Amazonas, el camino de la cocaína”.

Un Flanco Sur Profundo

Allá en el lejano 2005 acuñé el término “Flanco Sur Profundo” para referirme a todo aquello que pasaba más allá de la ribera sur del Mediterráneo occidental, que nos terminaría afectando y que por lo general pasaba desapercibido en España. En noviembre de aquel año descubrí que la Infantería de Marina española había entendido también la importancia del “Flanco Sur Profundo” y rescaté el concepto de aquel efímero blog titulado precisamente “Flanco Sur”.

En 2007 me resultó interesante cómo en Australia se manejaba el concepto de “Arco de Inestabilidad” y cómo tenía su equivalente en África Occidental. Ese arco ascendía por la costa atlántica y se adentraba en el Sahel, nuestro particular “desierto lejano”. Animado por el desinterés hacia la zona presenté una comunicación en el III Congreso Internacional de Seguridad organizado en noviembre de 2008 por la Universidad de Granada y el Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) del Ejército de Tierra. Mi presencia en el congreso fue posible gracias a la empresa UC Global. Con los recientes acontecimientos de Mauritania, y los que vendrán, es hora de compartir gracias a ellos también aquel trabajo: “Un Flanco Sur Profundo: El arco de inestabilidad de África Occidental”.

Un flanco sur profundo

En el verano de 2000 me enganché a un foro de temas militares en Internet. Allí coincidíamos un grupo reducido de frikis y algún militar de carrera bajo pseudónimo, en los tiempos previos al boom de la banda ancha. Por aquel entonces, y lo sigue siendo, uno de los temas recurrentes en cualquier discusión sobre las compras de armamento de España era la hipótesis de un conflicto con Marruecos. O el tema, salía simplemente por sí mismo. Siempre había alguien que llegaba por primera vez y preguntaba algo por el estilo de “¿y la armada marroquí cuántos barcos tiene?“. El panorama editorial de revistas especializas en España por aquel entonces era escaso, y rara vez se encargaban del norte de África. En cambio las personas que navegaban por el foro parecían disponer de forma aislada información bastante interesante. Sólo era cuestión de reunirla y cotejarla. Así nació la idea de lo que se convirtió en Flanco Sur, y que el conflicto por el islote de Perejil en el verano 2002 precipitó su nacimiento.

Con el tiempo fui conocido entre el resto de colegas foreros por mi página. En algún foro tenía puesto en mi perfil mi dirección del MSN Messenger y de vez en cuando me aparecían desconocidos que querían chatear conmigo o me mandaba un e-mail. Partían de que si tenía interés en las fuerzas armadas del Maghreb yo debía compartir con ellos el ancestral miedo al moro español y por ende su ideología. Yo me tomaba el asunto con guasa. A uno que me preguntó si cierto partido de ultraderecha tenía implantación en mi provincia le conté que me definía ideológicamente como “anarcoindividualista”. Huyó espantado.

En los foros se podía, y se puede leer, las mayores burradas escritas por aquellos que fueron educados en que los moros son “taimados y traicioneros” y nuestros enemigos naturales. Desde aprendices de Maquiavelo que creen que España debería provocar un colapso del estado marroquí (!!!) a tecnofetichistas de las armas que desean fervientemente que Marruecos emprenda una carrera armamentística para que España tenga una motivo para gastar más en armamento.

Flanco Sur lleva tiempo aparcado, pero de la información que he ido recopilando a la espera de próxima actualizaciones saqué pronto la conclusión de que el desiquilibrio militar a favor de España es tal que difícilmente Marruecos emprendería una guerra convencional en caso de conflicto con España. Y por ende, la paradoja de que las fuerzas armadas españoles cumplen un papel disuasivo por el que posiblemente nunca deberán llevar a cabo la misión que da razón a su existencia. Eso lleva a una segunda lección importante que deberíamos tener aprendida por el pasado.

En vísperas de la muerte de Franco las fuerzas militares españolas en el Sáhara sumaban unos 20.000 hombres. El temor a un conflicto con Marruecos por la soberanía de la colonia había llevado a la adopción de tácticas y materiales innovadores para la época por parte de la Legión (operaciones helitransportadas, creación de una compañía de carros de combate, creación de las Secciones de Operaciones Especiales, etc.) La moral entre las fuerzas españolas era alta, se sentían conocedoras del terreno y dos intentos marroquíes de infiltrar patrullas en territorio español concluyeron con la captura de sus integrantes. Tanteada la vía militar, Hassán II decide lanzar una marcha popular con el fin de ocupar pacíficamente en el Sáhara. El empeoramiento de la salud de Franco, la incertidumbre sobre el futuro político de España y las presiones de EE.UU. ante el temor de un Sáhara independiente en la órbita de Argelia llevó a solucionar la cuestión saharaui por la vía rápida y mala. Pero esa es ya otra historia.

La cuestión es que el tenso músculo militar español no sirvió de nada. Hassan II decidió no jugar una partida que sabía no iba a ganar. Sin embargo es algo que muchos puestos a eculubrar se empeñan en creer, que en caso de un conflicto que fuera a mayores Marruecos haría justo lo que nosotros esperamos. Para la ficción literaria está bien (así sabemos que al final ganan los buenos). En la realidad la debilidad de Marruecos en términos convencionales le podría llevar a enfrentarse a España, en caso de conflicto, por medios que transcienden lo convencional: Terrorismo, agitación social en Ceuta y Melilla, impulso de la emigración ilegal o el tráfico de drogas, etc. Es algo que discutíamos cuatro locos en petit comité y que con el paso del tiempo nos hemos ido encontrando indicios aquí y allá de lo que puede estar por venir.

El desbordamiento de los conceptos clásicos de seguridad internacional y la transformación de los conflictos hacen que sean los estados de la otra orilla del Mediterráneo nuestros interlocutores y potenciales aliados. El “enemigo” ahora no son Marruecos y Argelia, sino las redes terroristas yihadistas que han aparecido en el Sahel, las redes de tráfico ilegal de personas, los problemas medioambientales y demográficos, etc.

Cuando miramos ahora al Sur tenemos que fijarnos en mucho más allá de la orilla meridional del Mediterráneo. La plaga de langosta que asoló Níger y Mali, y las guerras de Sierra Leona, Liberia y Costa de Marfil, esa clase de noticias que no prestamos atención nos abofetean ahora haciéndonos despertar. El Sahel resurge como zona de importancia estratégica, a la vez que fuente de conflictos y problemas. Desde la aparición de redes yihadistas en el desierto, la explotación petrolífera “off-shore” en Mauritania y el consiguiente golpe de estado, a las hambrunas producidas de las que hablábamos.

Estos días los marines estadounidenses andaban de ejercicios por Senegal y la costa noroccidental africana, con la participación de la infantería de marina española, que parece que es siempre de las primeras en interpretar el signo de los tiempos. EE.UU. lo tiene claro, y lanzó hace no mucho su “Pan Sahel Initiative”, que en Europa parece haber pasado desapercibida y que tiene la evidente intención de sustituir a Francia como potencia en la zona. El Sur ya no es lo que era. ¿Reaccionaremos cuando sea demasiado tarde?