De Guerras en Red a Guerras Conectadas

Entregué el manuscrito de mi primer y único libro hasta la fecha en agosto de 2009. El libro salió a luz allá por junio de 2010. Y en el tiempo que transcurrió en medio decidí escribir sobre las guerras en red, un tema que no había tenido encaje en el hilo conductor de Guerras Posmodernas. El problema, como expliqué en su momento, era que yo pretendía escribir sobre cómo las tecnologías de comunicación en red estaban abriendo paso a un mundo de redes distribuidas. El problema fue que, cada vez que profundizaba en alguno de los temas del libro, me encontraba con el empleo de redes de comunicación pero no con la desaparición de las jerarquías. Así que el proyecto terminó abandonado en una carpeta del disco duro.

El libro de Guerras Posmodernas, todo sea dicho, fue maltratado por la editorial, que desapareció poco después. Así que no transcurrió mucho tiempo desde su publicación que pensé que necesitaba ser corregido y ampliado. Y así, tuve en mi ordenador los guiones de los dos libros que iba modificando continuamente sin que nunca arrancara a trabajar en serio en ninguno de los dos. Para colmo, en estos diez años se me fueron ocurriendo una sucesión de proyectos de libro que ocuparon mi cabeza y nunca se materializaron, en lo que es una incapacidad de concentrarme en un solo tema que raya lo patológico.

Y así, hasta el pasado viernes en el que se me ocurrió la enésima reorganización de los guiones de ambos proyectos de libro. Y entonces se me ocurrió simplificar el que manejaba de Guerra en Red y robar un capítulo de lo que tendría que ser la segunda versión de Guerras Posmodernas para crear un nuevo proyecto más corto y en un tono divulgativo. El título provisional es Guerras Conectadas. Mi idea es leer mucho y escribir relajadamente durante 2020 para que salga en 2021.

El nuevo proyecto de libro arrancará con la euforia tecnológica de la Operación DESERT STORM y las dos corrientes de pensamiento surgidas en Estados Unidos. Una, optimista sobre la superioridad estadounidense (Revolución en los Asuntos Militares, Transformación, matrimonio Toffler y Guerras de la Tercera Ola, etc) y que da lugar al concepto Network Centric Warfare, pensando siempre en potencias militares que quieran disputar la hegemonía a Estados Unidos (peer competitor). La otra surge en el seno de la RAND Corporation, de mano de John Arquilla y David Ronfeldt que valoran también las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías pero ponen énfasis en el potencial impacto en las organizaciones y en uso por nuevos actores. El 11-S pilló a su obra cumbre, Networks and Netwars, camino de la imprenta. Se puede decir que este capítulo del libro desarrollaría el contenido del epígrafe “La revolución ignorada” de mi artículo “La tentación de la guerra tecnológica o el camio hacia el Air-Sea Battle Concept“, publicado por la Revista General de Marina de la Armada Española en marzo de 2014.

El segundo capítulo arranca con el intento de Frank Hoffman, un teniente coronel reservista del USMC, de zanjar el debate entre quienes abogaban por prepararse para la próxima gran guerra tecnológica frente a un enemigo convencional y los que insistían en que Estados Unidos debe mejorar sus capacidades para vencer a enemigos irregulares. Hoffman planteó que el futuro no encaja en ninguna perspectiva, porque  en el mundo real no se encuentran modelos puros: los ejércitos de estados fallidos se comportan como milicias y usan estrategias asimétricas, mientras que las fuerzas irregulares tienen acceso a medios cada vez más avanzados. El futuro que describe Hoffman es un mundo de Guerras Híbridas.

El término de Guerras Híbridas, sobra decir, se puso en moda tras la invasión rusa de Ucrania en 2014 para significar cosas diferentes por su uso y abuso. De ahí, que algunos prefieren hablar de la “zona gris”, para designar esas acciones que tienen lugar por debajo del umbral de guerra. Se trata del empleo de operaciones de influencia, despliegue de contratistas privados, empleo de drones, etc. en una nueva era de competencia entre potencias.

El tercer capítulo trata del mundo por venir y es el que menos desarrollado tengo: el desarrollo de una doctrina estadounidense para enfrentarse a China (Air-Sea Battle Concept, Letalidad Distribuida, Operaciones Multidominio, etc), tácticas de redes con drones (swarming) y el debate ético sobre sistemas automatizados e inteligencia artificial aplicados a la guerra.

Hasta aquí, serían tres capítulos con introducción y conclusiones. Calculo unas 40.000 palabras. Lo que me queda para cerrar el esquema del proyecto de libro es decidir si añado un capítulo más que hable, cómo no, de la perspectiva de los actores no estatales. La duda que tengo es si dejarlo  pendiente para la nueva versión de lo que sería la segunda edición de Guerras Posmodernas. Sería extraño que, habiendo escrito durante quince años un blog titulado Guerras Posmodernas, en el libro sólo abordara la perspectiva de la guerra tecnológica convencional. De momento, le  seguiré dando vueltas. Mientras tanto, lo que espero que encuentren en 2020 en este blog es entradas más cortas pero más frecuentes en la que expongo conceptos y muchas reseñas de libros y artículos.

Cómo un trabajo que me suspendieron en la carrera será la introducción a mi tercer libro

La última asignatura específica de Sociología que aprobé en la carrera fue Sociología de la Comunicación. Era el segundo cuatrimestre del curso 2002/2003 y había que hacer un trabajo para superar la asignatura. Yo elegí estudiar la relación entre Internet y el movimiento antiglobalización. Recordemos que el movimiento antiglobalización se había estrenado en Seattle el 30 de noviembre de 1999, justo a los tres meses de empezar yo la carrera y aquello me impactó. Yo había seguido los preparativos de las protestas a través de una lista de correo de la Z Magazine y el resultado me sorprendió. Me gustaba aquella transversalidad de gente unida sin sectarismos sobre unos principios mínimos, especialmente considerando el vacío ideológico tras la caída del Muro de Berlín. Y me gustó  lo que me contaron a la vuelta de las grandes protestas de Praga de 2000, donde habían establecido tres columnas donde se respetaba las tácticas y principios de cada cual: La rosa era festiva y pacífica, la blanca era de resistencia activa no violenta y la negra violenta y radical.

Yo había sido voluntario en una ONGD y había sido activo en movimientos como el 0,7% y la RCADE. Viviendo en Canarias pagábamos el coste de la insularidad. Era complicado coordinar las acciones en todo el archipiélago y el resto de España. Así que para mí Internet era un mundo de posibilidades. La pregunta por tanto, como sociólogo, era qué relación había entre los nuevos movimientos sociales y las nuevas tecnologías que permitían una comunicación horizontal que rompían jerarquías, lo que incluía los novedosos documentos editables a varias manos. Leí sobre los valores de la contracultura de los padres de Internet y la creación de los protocolos informáticos que hacían de Internet una red distribuida. No recuerdo qué conclusiones llegué en el trabajo. Sólo recuerdo que el profesor me suspendió. No había lugar para la tecnología en la Sociología de la Comunicación, me dijo.

Gráficos de Paul Baran, pionero de las redes distribuidas.

El sociólogo que más me había impactado durante la carrera había sido el español Manuel Castells, autor de la monumental trilogía La Era de la Información. Así que la decisión del profesor más que injusta, me pareció ridícula. Tomé el texto y le quité la introducción donde hablaba de la historia de Internet para sustituirla por otra donde mencionaba los conceptos que el profesor quería leer. Los puse en negrita, cómo no. Y por último, cambié el tipo de letra de Arial 10 a Arial 12. Pasé del suspenso al sobresaliente.

Desafortunademente, o no, perdí el texto original del trabajo. Sólo conservo borradores de varios epígrafes. Los estuve releyendo este fin de semana. Y encontré que eran perfectamente reciclables para un proyecto que tengo en la cabeza desde que terminé mi primer libro. Todo este tiempo he estado dándole vueltas cómo encajar el concepto de guerra en red en el esquema general de las Guerras Posmodernas. A veces he pensado que es un componente más. Y otras he pensado que es un tema que merece un libro propio. He optado por la segunda opción definitivamente y tengo ya perfectamente definidos cuatro de los cinco capítulos.  Sé que es un libro que interesará a cuatro gatos pero lo escribiré sólo por el placer de escribir del trayecto que va de las Mil Mesetas de Delleuze y Guatari hasta los conceptos de guerra en red que en Estados Unidos están desarrollando para enfrentarse a China, hablando por el camino de Virilio, Brossolet, Arquilla, Ronfeldt, Cebrowski, Gartska, etc. y conceptos como netwar y swarming.

Espejismo en el desierto

Ya conté cómo la búsqueda sin éxito de ejemplos puros redes distribuidas en diferentes modelos de conflictos (guerrilla, piratería, crimen organizado, ciberguerra, etc) hizo que fuera dejando caer temas del proyecto de mi segundo libro, Guerra Distribuida. La solución fue optar por una opción intermedia donde abordar las redes, la netwar y el swarming de una forma más general incorporando algunos ejemplos de redes descentralizadas que emplean las nuevas tecnologías.

Ya he publicado dos artículos en revistas, una comercial y otra académica, que anticipan capítulos del libro. Tengo en preparación otros dos artículos que espero terminar antes del fin del verano y que servirán también formararán el grueso de nuevos capítulos. Así que no van a transcurrir cinco años desde que se me ocurrió la idea a que lo entregue para su publicación como sucedió con el primero.

Mientras, sigo trabajando en el primer capítulo. He terminado el primer epígrafe que pueden leer aquí. El primer capítulo será una explicación de las ideas sobre la transformación de la guerra dentro del establishment militar occidental, cómo fallaron en anticipar el poder de las redes por su fijación en la tecnología en vez de los procesos sociales y haré un repaso a los “disidentes” más preclaros en el período 1989-2001.

Todo arranca en la Guerra del Golfo de 1991 el con un espejismo en el desierto.

Guerra Distribuida

En abril de 2004 tuve la idea de escribir “Guerras Posmodernas” cuyo último capítulo terminé en julio de 2009, seguido de un mes de correciones. Finalmente fue presentado en Madrid en mayo de 2010. Con sus 118 páginas el libro ofrecía una explicación de la transformación de los conflictos armados actuales.

Evidentemente un libro así trataba someramente muchos temas. Mi intención era construir un marco teórico que sirviera para analizar los acontecimientos que los medios de comunicación presentan como el resultado de un mundo caótico. La reaparición de la piratería, el auge de las Empresas Militares Privadas, la depredación de los recursos naturales por señores de la guerra o la impotencia de los estados frente al terrorismo transnacional resultan explicables como resultado de las mismas tendencias profundas de transformación del panorama internacional.

La transformación de los conflictos armados de la que hablaba en “Guerras Posmoderna” no es completa. Persisten guerrillas maoístas y nacionalistas, fenómenos de la Guerra Fría y la descolonización, en unos cuantos lugares del planeta. La geopolítica de los hidrocarburos sigue haciendo a la geografía políticamente relevante en lugares como el Cáucaso. Y las ambiciones chinas en el Mar de la China Meridional puede empujar a la unión de los aliados de EE.UU. en la zona, desde Singapur a Taiwán, en una reedición asiática de la Guerra Fría.

Por otro lado quise criticar la visión tecnofetichista de la naturaleza de las guerras del futuro como guerras puramente tecnológicas con ciberataques, aviones sin piloto y armamento inteligente. Así que no hice énfasis en esa visión parcial. Además determinados fenómenos sociales requerían una aproximación más profunda. ¿Por qué pasamos del modelo de las organizaciones marxistas-leninistas con sus células clandestinas a las redes informales y el terrorismo franquiciado? ¿No generan un conflicto las tecnologías de la información que horizontalizan organizaciones en el seno de las fuerzas armadas? La palabra “red” parecía merecer un capítulo para ella sola: Redes sociales, redes terroristas, redes de ordenadores… Organizada todas como redes distribuidas. Así que ese será el títtulo “Guerra Distribuida”.

Desde que publiqué hace bastante meses el esquema de ese futuro libro en aquel entonces con un título provisional encontré problemas para validar el modelo en varios ámbitos. Originalmente quería dedicar el libro a la guerra convencional, la ciberguerra, el terrorismo, el crimen organizado y el activismo social. Y enseguida encontré problemsa en el ámbito del activismo o la guerra convencional. Nunca dejé de sentir que la inclusión del activismo en un libro al lado del terrorismo, la ciberguerra y la guerra convencional podría interprestarse como una sutil criminalización de las protestas sociales. Así que finalmente he decidido dejar aparte el activismo social, sin dejar de seguir en un futuro fenómenos como el “Tea Party”. No encontré muchos ejemplos de redes distribuidas en el crimen organizado y sólo manejaba casos de Iberoamérica. Hasta que caí en la cuenta que los casos de México, Centroamérica o Brasil merecen un libro aparte.

Así que “Guerra Distribuida” abordará lo siguiente:

-Las teorías surgidas en el seno del establishment militar entre 1991 (Guerra del Golfo) y 2001 (11-S) como “netwar” y “Network Centric Warfare”.

-La transformación del terrorsimo en el mundo post 11-S.

-La aparición de la ciberguerra.

No descarto cambios en este esquema básico. Pero guerra convencional, terrorismo y ciberguerra me parecen una tríada más coherente. Y sobre todo, será un libro que tardaré mucho menos en escribir.