ETA y estrategias de la vieja (y la Nueva) Guerra Fría

El otro día escuché la entrevista de Gaizka Fernández Soldevilla a Diogo Noivo a propósito del libro que el segundo, politólogo portugués, escribió sobre la historia de ETA. La obra, Uma História da ETA: Nação e Violência em Espanha e Portugal, me llamó la atención en su momento porque me pareció interesante la visión que podría aportar un extranjero sobre un problema español. Pero escuchando a Gaizka Fernández Soldevilla y Diogo Novio recordé que Portugal fue escenario de un intento fallido por parte de la banda terrorista de establecer una retaguardia alternativa al sur de Francia. Precisamente ese fracaso condenó a ETA a su derrota final. Pero hoy otra etapa en la que Portugal tuvo un papel destacado en la historia de ETA.

Cuenta Diogo Novio que, a través del testimonio de miembros históricos de la izquierda radical portuguesa, pudo saber que el primer lote importante de armas que obtuvo la banda terrorista ETA fue obtenido mediante la intermediación de activistas portugueses. ETA mantenía contacto con miembros de la Liga de Unidade e Acção Revolucionária (LUAR), un peculiar grupo antifascista que defendía la lucha armada pero que procuró siempre no causar víctimas mortales. Miembros de LUAR hicieron de puente con militantes comunistas portugueses que tenían contactos en Checoslovaquia. Cuando desde Portugal se hizo una compra clandestina de armas, un lote fue pagado por ETA.

En la conversación de Gaizka Fernández Soldevilla y Diogo Novio se menciona que hay que constancia de la presencia de esas armas checoslovacas en España porque las crónicas periodísticas hablan de la incautación de pistolas «modelo vzor» calibre 7,65mm. En realidad, «vzor» significa «modelo» en checo y aparece generalmente abreviado como «Vz». En el caso de ETA es muy probable de que se tratara de pistolas Vz. 70 calibre 7,65/.32ACP.

Pistola Vzor 70 Calibre 7,65 de fabricación checoslovaca.

La pista de las armas checoslovacas aparecen en noticias de la época. Por ejemplo, en la siguiente del Diario de Burgos con fecha 25 de noviembre de 1978: «Desarticulación de dos comandos de ‘ETA’ en Vizcaya y Guipúzcoa». Esa misma noticia hace referencia a una información del Diario 16 sobre supuestos contactos de ETA con el KGB en el sur de Francia. La noticia sería desmentida desde Francia, tal como recogió el diario El País.

Sean veraces o no los rumores de la época de contactos entre el servicio de inteligencia soviético KGB y la banda terrorista ETA, la venta de armas desde Checoslovaquia reflejaría una estrategia de apoyo limitado a grupos subversivos en Occidente. Al fin y al cabo las armas fueron vendidas y no regaladas.

Hay otra conexión con el bloque comunista de la Guerra Fría que se menciona de soslayo en la conversación de Gaizka Fernández Soldevilla y Diogo Novio. Mencionan las pistolas Firebird, que aparecen en varias noticias de detenciones de comandos de ETA e incautaciones de zulos. Una de esas pistolas fue mostrada en una exposición del Memorial Víctimas del Terrorismo y que recoge la página web del Cuerpo Nacional de Policía, donde se identifica como un arma de origen húngaro.

Pistola «Firebird» de origen húngaro.

Buscando en Internet encontramos que se trata de una pistola fabricada por FÉG en Hungría originalmente bajo la denominación TT-9P. Su diseño es una modificación en calibre 9mm. Parabellum de la pistola soviética TT-33 para un contrato egipcio, por lo que es popularmente conocida como «Tokagypt» (contracción de Tokarev y «Egypt»). Remanentes de aquel contrato fueron ofrecidos para exportación bajo el nombre «Firebird».

No he encontrado detalles si esas pistolas «Firebird» llegaron a manos de ETA con conocimiento de las autoridades de la Hungría comunista o revendidas por varios intermediarios sin su conocimiento. Así que podríamos estar ante otro caso de régimen comunista que apoyó la violencia de grupos terroristas en Occidente durante la Guerra Fría.

Markus Wolf en sus memorias, El hombre sin rostro, habla con desdén de grupos como la Fracción del Ejército Rojo. Hablaba de ellos como una banda de niñatos pijos de poco fiar y señalaba que fueron apoyados por una rama diferente de la Stasi a la suya. Puede que en realidad estuviera tratando de distanciarse de los desmanes provocados en la República Federal de Alemania por una banda terrorista apoyada por su servicio de inteligencia. Pero muestra un patrón de apoyo a grupos terroristas en Occidente por parte de los regímenes comunistas.

Curiosamente un investigador español consultó el archivo de la Stasi por encargo de la Fundación Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo (FCMVT) y elaboró un informe disponible en formato PDF. Vemos que la mayoría de la información que disponía de la STASI sobre ETA era una recopilación de noticias de prensa y hay un solo caso de contacto con miembros de ETA en Berlín Este. Se trata de unos terroristas que habían acudido a recoger unas armas de origen no determinado proporcionadas por un lugarteniente de Ílich Ramírez «Carlos», el terrorista venezolano. Se da a entender que el grupo de «Carlos» estaba protegido por el KGB soviético. Y es que en la Guerra Fría se dio un reparto de tareas entre los servicios de inteligencia del bloque comunista.

Hace años descubrí un libro escrito por Juan Bautista Yofre, quien fuera jefe de los servicios de inteligencia argentinos durante la presidencia de Carlos Ménem. En algún momento alguien de República Checa le mencionó la existencia de un gran número de referencias a Hispanoamérica en los archivos del servicio de inteligencia de la antigua Checoslovaquia. Años después de dejar el cargo, el «Tata» Yofre obtuvo acceso a esos materiales relativos a Hispanoamérica y pudo relatar el apoyo del bloque comunista a la Cuba de Fidel Castro y a la subversión en el continente americano. Resulta que en el reparto de responsabilidades, la Unión Soviética delegó en Checoslovaquia el apoyo y formación del servicio de inteligencia cubano una vez llegó Fidel Castro al poder.

Praga se convirtió en lugar de paso para los agentes cubanos rumbo a misiones en los lugares más insospechados. Todo viaje, todo avistamiento, todo contacto y toda actividad era documentada en informes de los que se mandaba copia a Moscú. La obra del «Tata» Yofre, subtitulada «La infiltración cubano-soviética que dio origen a la violencia subversiva en Latinoamérica» documenta cómo desde el bloque comunista se apoyó la desestabilización de la democracia argentina, empujando al país a una espiral de violencia que terminaría con el golpe de Estado de Argentina de 1976. De ahí, que el título sea Fue Cuba a modo de acusación.

Repasar todos estos casos de contactos y apoyo a grupos subversivos por parte del bloque comunista en la vieja Guerra Fría, aunque no se confiara mucho en ellos, nos remite a la sucesión de casos de sabotajes, ataques y acciones subversivas que están sucediendo en Europa actualmente. Y como en el caso de la desinformación y propaganda, véase Active Measures de Thomas Rid, cuando surge la pregunta de por qué Rusia actúa así sólo cabe responder «porque siguen los viejos manuales de la Unión Soviética».


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