En la noche del jueves 25 al viernes 26 de julio de 2024 estallaron tres artefactos incendiarios en tres ubicaciones diferentes de la red ferroviaria francesa de alta velocidad (TGV = Train à Grande Vitesse).
Según la empresa pública de transporte ferroviario SNCF, tal como recogió la Agence France-Presse, se trató de un «ataque masivo a gran escala para paralizar» la red de alta velocidad, que vio afectados tres de sus cuatro ramales principales: la línea Atlantique (que se bifurca para conectar París con Le Mans y Tours), la línea Norte (que conecta París con Lille, Bélgica y Gran Bretaña a través del túnel del Canal de la Mancha) y la línea Este (que conecta París con Estrasburgo, Alemania, Suiza y Luxemburgo).

Sólo se libró del ataque la línea Sudeste, que parte también de París y forma el ramal que conecta con Lyon y Marsella. Según el diario francés Le Monde, los supuestos saboteadores encargados de colocar un artefacto en esa línea en la localidad de Vergigny se asustaron ante la llegada de trabajadores de la empresa SCNF y huyeron en una furgoneta.
Simplificando, desde el punto de vista de la topología de redes, la red ferroviaria de alta velocidad francesa es una red descentralizada. Esto es, tiene un nodo central del que surgen los ramales principales en el que una bifurcación actúa como nodo regional. Si se bloquea el nodo central, los nodos regionales quedan aislados unos de otros porque el nodo central es un punto de paso obligatorio para ir de uno a otro. Si se bloquea un nodo regional quedan aislados los nodos locales.

En el siguiente mapa vemos que la red ferroviaria francesa de alta velocidad es más compleja que la que aparece en los mapas simplficados mostrados por la prensa. Así que podemos imaginar el enorme impacto que tuvo los ataques. No se trató de que hubo viajeros que estaban en París y no pudieron ir a pasar el fin de semana en otras regiones del país o viceversa, sino que afectó a los que partiendo de una región periférica de Francia no pudieron pasar por la capital para continuar su viaje a otra región o país.

La conclusión evidente es que este no fue una ataque puntual realizado por los habitantes de una banlieu, que, sintiéndose abandonados por el Estado, decidieron saltar una valla y sabotear infraestructura de los trenes de alta velocidad como símbolo de la opulencia en el mismo día anticipándose en horas la inauguración de los Juegos Olímpicos para llamar la atención sobre la Francia olvidada por los medios. Este se trata de un ataque planeado y estudiado para tener el máximo impacto en el que se tuvo que coordinar la acción de varios grupos en diferentes lugares del país.
Se hace necesario recordar las ideas de John Robb volcadas primero en su blog Global Guerillas y luego en su libro Brave New War (2007). Robb estudió como en un mundo globalizado, donde Internet permitía el flujo de comunicaciones y conocimiento, los actores no estatales iban a poder adquirir más capacidades gracias a la difusión de tácticas, técnicas y procedimientos, además de poder operar como redes difusas trasnacionales. Pero además, más allá de estudiar la transformación de los actores no estatales, que es un tema central en mi definición del concepto Guerras Posmodernas que le debe bastante a John Robb, él señalaba cómo las sociedades contemporáneas era muy vulnerables a la disrupción de los flujos de redes de transporte, telecomunicaciones, energía e hidrocarburos. Y esto abría la posibilidad para terroristas, guerrilleros e insurgentes. En vez de arriesgar sus recursos en un asalto a objetivos de alto valor pero fuertemente custudiados podían realizar ataques disruptivos contra los puntos débiles de esas redes, generando efectos en cascada.
John Robb aporta otra idea interesante. Los insurgentes podrían limitar el alcance de los ataques para no generar una respuesta contundente del Estado o que este renuncie a tratar de controlar un territorio para redirigir los recursos a otros. Así podría ser del interés del insurgente realizar una sucesión continua de ataques disruptivos pero limitados que causen suficientes pérdidas que se conviertan en una sangría para el Estado en el largo plazo. Una idea que conecta de cierta forma con otra que es fundamental en el concepto «zona gris»: los ataques se ubican siempre por debajo del umbral del conflicto convencional abierto y directo. Así que en el caso de los sabotajes al tren de alta velocidad en Francia estamos ante la clase de acción que causa molestias a un buen número de personas (se habla de 800.000 pasajeros afectados) que mostrarán sin duda su descontento o su incertidumbre en redes sociales, debilitando la imagen del gobierno. Pero no habiendo víctimas personales, es la clase de acción que no genera la suficiente indignación que justifique al gobierno francés tomar medidas drásticas si se identificara el responsable último.
Y es que llevamos meses viendo indicios que desde Rusia se preparaba una ola de sabotajes en países de la Unión Europea. Intelligence Online adelantaba en febrero que la inteligencia militar rusa estaba tratando de captar potenciales saboteadores a través de Telegram. Meses después, el periodista Daniel Iriarte hacía una repaso de los casos acumulados en «Criminales reclutados por Telegram: así se organiza la ola de sabotajes que estamos viendo en Europa«. Los ejemplos aparecían en Ucrania, Moldavia, Letonia, Estonia… Y el ataque contra la infraestructura del tren francés de alta velocidad sucedía al día siguiente de saltar la noticia de que un chef ruso había sido detenido en Francia tras prometer «una ceremonia de apertura [de los Juegos Olímpicos] como nunca la hubo».
Mujtaba Rahman apuntaba en la red social X que el tipo de ataque y el conocimiento profundo de las instalaciones apuntaba a antiguos trabajadores militantes de ultraizquierda. Habrá que esperar más noticias sobre la investigación de los hechos.


Comments
2 respuestas a “Los sabotajes a los trenes en Francia y la guerra en red.”
Me ha encantado este artículo.
Nadie está hablando de los trenes porque todo el foco está puesto en la dantesca ceremonia de inauguración de los Juegos.
En cuanto a la posibilidad de que sean los rusos quienes estén detrás de este atentado yo, sin ningún dato que respalde lo que digo, tengo la sensación de que efectivamente son ellos quienes lo han organizado porque sigo la máxima de no atribuir a la maldad lo que se pueda explicar por la estupidez y, desde luego, hay que ser mu tontos para meterse con un país de los grandes cuando todo el planeta les está mirando. Eso sólo lo pueden hacer los rusos.
Si querían cabrear a los franceses, lo han conseguido.
Estoy seguro de que Rusia no tendrá problemas para encontrar tontos útiles en casi cualquier país de Europa. Y yo no descartaría que entre esos tontos útiles haya ya algún político de alto nivel.