Uruguay y el déficit en defensa (I)

Recientemente Gerardo Bleier contó en su perfil de Facebook detalles inéditos de la crisis entre Uruguay y Argentina a cuenta de la instalación de una planta de procesado de celulosa de la empresa finlandesa Botnia (hoy propiedad de UPM) en Uruguay, a orillas del río que da nombre al país. En el momento álgido de la crisis, el año 2006, él desempeñaba tareas de asesor en comunicación estratégica para el presidente Tabaré Vázquez. En mi viaje a Uruguay de 2011 tuve la oportunidad de oírle contar de primera mano entresijos de aquella crisis que puedo contar aquí por estar disponible en fuentes abiertas.

El presidente argentino Néstor Kirchner en un acto contra la instalación de la planta de celulosa en Uruguay.
El presidente argentino Néstor Kirchner en un acto contra la instalación de la planta de celulosa en Uruguay.

“Uruguay activó la alarma prebélica con Argentina por el conflicto de las papeleras” contó El País de Madrid en octubre de 2011. Las revelaciones surgieron en una conferencia impartida por el ex-presidente Vázquez, en la que reveló que se plantearon “todos los escenarios: desde que no pasara nada, (…) hasta que hubiera un conflicto bélico” en medio de una escalada de declaraciones argentinas y los movimientos de tropas al otro lado del río Uruguay. El ex-presidente Vázquez dio detalles de su reunión con los comandantes en jefe de las tres ramas de las fuerzas armadas uruguayas:

El comandante de la Fuerza Aérea me dijo: “Tenemos cinco aviones y combustible para 24 horas; si salen nuestros cinco aviones no vuelve ninguno. Estábamos en un estado de indefensión.

El gobierno uruguayo recurrió en aquella crisis a solicitar la intervención de la diplomacia estadounidense. El entonces presidente Vázquez habló con George Bush, que mostró su disposición a ayudar a Uruguay. Ya hablé en una ocasión anterior de la importancia de entender la defensa de la soberanía nacional como un continuo que va más allá de las fuerza armadas y el uso de la fuerza hasta entrar en el terreno de la diplomacia. La idea de una intervención diplomática estadounidense a favor de Uruguay, que por lo visto evitó males mayores, genera bastantes controversias ideológicas (se pidió ayudar ¡¡al imperio!!). Pero es un debate lateral. La cuestión es que Uruguay tenía “cinco aviones” de combate disponibles. No sé si es una licencia poética del general comandante en jefe de la Fuerza Aérea Uruguaya, o si se refería al número de aviones en condiciones de vuelo en aquel momento. La realidad es que Uruguay dispone muy pocos aviones de combate.

La Brigada Aérea II engloba los aviones de combate uruguayos:
-4 reactores Cessna AT-37B Dragonfly más seis almacenados que se usan como fuente de repuestos de un total de doce recibidos. Es un avión que entró en servicio en la Guerra de Vietnam y en las guerra civiles de Centroamérica en los años 80. A pesar de ser un reactor de ataque a tierra los aviones uruguayos se encuandran en un escuadrón de caza. Posiblemente porque la Fuerza Aérea Uruguaya quiera mantener de forma ilusoria la idea de que mantiene la capacidad de combate aire-aire.
-5 FMA IA-58 Pucará bimotores de hélice. Se trata de un diseño argentino pensado para la lucha contraguerrilla. Uruguay compró tres ejemplares de segunda mano adicionales a Colombia para usarlos como fuentes de repuesto.
-5 Pilatus PC-7U monomotores de hélice para  entrenamiento avanzado. Se usan para formar a los pilotos de combate pero pueden dotarse de armas.

3 AT-37 y 3 IA-58 de la FAU camino de CRUZEX 2013
Tres AT-37 y tres IA-58 de la FAU camino de CRUZEX 2013

Todos ellos son aviones de ataque ligero que pueden emplear ametralladoras, cohetes no guiados y bombas de caída libre. Carecen de radar y armamento guiado. Sólo recientemente la Fuerza Aérea Uruguaya incorporó gafas de visión nocturna AN/AVS-9 que emplean los pilotos de los AT-37. En estos momentos tres AT-37 y  tres IA-58 se encuentran en Brasil tomando parte en los ejercicios CRUZEX 13. Lo que quiere decir que Uruguay dispone en estos momentos de sólo tres aviones en su territorio para defender el espacio aéreo. Eventualmente los cinco entrenadores PC-7 podrían sumarse a las misiones de interceptación de aeronaves clandestinas pero sus capacidades son bastante limitadas.

¿Sirven para algo los aviones de combate de la Fuerza Aérea Uruguaya? La respuesta varía según definamos las circunstancias. Los AT-37 son insuficientes para realizar interceptaciones de reactores. Hace falta un avión con radar y con mucha más aceleración para llegar a tiempo al punto deseado del espacio aéreo uruguayo. La Fuerza Aérea Uruguaya aspiraba a obtener alrededor de media docena de reactores de combate para al menos mantener un servicio de alerta permanente (Quick Reaction Alert). Los candidatos son F-5E estadounidenses de segunda mano (como los que cuentan Brasil y Chile) o entrenadores rusos Yak-130 en versión de combate (por terminar de desarrollarse), pero el presupuesto no alcanza.

La mayoría del tráfico aéreo clandestino que transportan droga se trata aeronaves ligeras,y los IA-58 podrían ser suficientes, pero requerirían un proceso de modernización que está pendiente que la renacida industria aeronáutica argentina termine de desarrollar el programa. Como tantas otras cosas en la argentina de los Kirchner, la nueva empresa aeronáutica y sus programas son entelequias. El paso lógico sería cambiar un aparato argentino por otro de la pujante industria brasileña, el Embraer Super Tucano, que emplean Brasil, Chile, Ecuador, Indonesia, etc. Pero tampoco existen fondos suficientes.

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Radar LANZA en su ubicación de Santa Clara de Olimar

A las flotas de aviones habría que añadir la capacidad de controlar el espacio aéreo. Hasta ahora Uruguay contaba con dos radares militares de fabricación española, los INDRA Lanza. Uno se encuentra fijo en Santa Clara de Olimar (departamento de Treinta y Tres) y el otro es móvil. Con ambos en funcionamiento no es posible cubrir el 100% del espacio aéreo uruguayo, así que se cuenta con la colaboración argentina.

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Cobertura de los radares LANZA uruguayos ubicando el móvil en Salto. Los dos círculos pequeños al sur representan radares civiles.

La realidad a día de hoy es que Uruguay no tiene capacidad de vigilar su espacio aéreo y no tiene aviones capaces de interceptar una aeronave sospechosa que entre ilegalmente en el país. El asunto no es trivial en estos momentos en que Argentina se ha convertido en la nueva ruta de salida de la cocaína peruana y boliviana mientras se consolida el crimen organizado entre acusaciones de complicidad del estado. Por tanto el debate no es en este momento si Uruguay tiene unas fuerzas armadas capaces para un enfrentamiento bélico o si tiene sentido dotarse de ellas. El debate debería estar en  el problema de que Uruguay no es capaz de ejercer a día de hoy funciones básicas en su condición de Estado.

[Continuará]

Repensando el lugar de Uruguay en el mundo

P1010811-001Uruguay es un país con el que quedé enganchado cuando lo pisé por primera vez en 2009. Luego volví en 2011 y al segundo día de estar en Montevideo conocí los que supe que serían amigos para toda la vida. A rachas he ido siguiendo la actualidad del país vía Internet. Pero sobre todo he tratado de empaparme sobre las cuestiones de seguridad y defensa del país porque el asunto me parece un desafío intelectual interesante. Uruguay tiene un presupuesto de defensa muy magro y sus fuerzas armadas viven estancadas en una inercia producto de que nadie ha podido o querido plantearse las reformas necesarias. He debatido el asunto por Internet con urugayos interesados en estos temas y me encontré que para algunos el debate se limitaba a una “lista de la compra” de barcos, vehículos blindados y aviones. En cambio, la cuestión para mí era debatir primero el entorno estratégico para entonces decidir qué materiales para qué doctrina operativa. Ahí estaba el desafío intelectual: Analizar la defensa nacional de Uruguay desde la perspectiva de las Guerras Posmodernas.

Uruguay representa uno de los casos más interesantes para mí, el de los países pequeños. En su momento traté aquí el caso de Cataluña, a raíz de la aparición de un documento apócrifo sobre un hipotético ejército catalán. Traté también el caso de Mongolia, un país con una población más pequeña que la de Uruguay, que tiene por vecinos al país más extenso de la tierra y al país más poblado. Uruguay comparte fronteras con el 5º y 8º países más extensos de la tierra, con los que además forma parte de una organización de integración regional. La voz de Uruguay corre el riesgo de quedar ahogada y no es un país que pueda usar actualemente la fuerza en caso de crisis extrema. En estos casos la estrategia más común de los países pequeños ha sido ser muy activos en el ámbito internacional y buscando alianzas con potencias externas a la región. Precisamente, estos días el presidente de Uruguay hablaba ante la Asamblea General de Naciones Unidas y mencionaba el papel del país:

Pongo un pequeño ejemplo, pequeñito: nuestro pequeño país tiene en términos absolutos la mayor cantidad de soldados en misiones de paz de los países de América Latina desparramados en el mundo y allí estamos donde nos piden que estemos. Pero somos pequeños, débiles. Donde se reparten los recursos y se toman las decisiones no entramos ni para servir el café.

A continuación expresaba el propósito de esa acción exterior de Uruguay como un esfuerzo desinteresado.

En lo más profundo de nuestro corazón existe un enorme anhelo de ayudar a que el hombre salga de la prehistoria. Yo defino que el hombre, mientras viva con clima de guerra, está en la prehistoria, a pesar de los muchos artefactos que pueda construir. Hasta que el hombre no salga de esa prehistoria y archive la guerra como recurso cuando la política fracasa… esa es la larga marcha y el desafío que tenemos por delante. Y lo decimos con conocimiento de causa, conocemos las soledades de la guerra.

La cuestión evidente es si participar en misiones de paz de Naciones Unidas es una acción desinteresada de los países o es lógico esperar un beneficio. El presidente Mujica expresa una intención altruista pero se queja de no obtener réditos de ello. Así que la respuesta es obvia. Los países se convierten en miembros activos de la comunidad internacional, por ejemplo participando en misiones de paz, con un propósito.

En el caso de Uruguay podemos señalar que su participación en MINUSTAH, la misión internacional de estabilización en Haití, se entendió desde Washington como una contribución a la estabilidad regional en el Caribe en una época en que el país estaba ocupado en guerras en el Gran Oriente Medio. Hatí es un país en el que Estados Unidos ha intervenido militarmente dos veces en los últimos 25 años, primero en 1994 (Operación Uphold Democracy) y luego en 2004 (Operación Secure Tomorrow). En agradecimiento Estados Unidos donó un lote de todoterrenos Jeep J8 al ejército uruguayo, que vio así de paso complicada aún más la pesadilla logística que es su parque rodante (tres tipos de todoterreno, tres tipo de carros de combate, cinco tipos diferentes de transportes blindados de tropas etc.)

Obtener más réditos del esfuerzo de Uruguay en misiones de paz de Naciones Unidas supondría pensar cuál es el objetvo del país al participar en ellas, entendiendo que las misiones militares en el extranjero son una herramienta más de la política exterior del país. Eso es, entender que la política de defensa requiere coordinación con la política exterior, porque ambas forman parte de un todo. Y ello supone, nada más y nada menos que Uruguay tengo claro qué lugar quiere ocupar en el mundo.