Análisis de Redes Sociales y la captura de Saddam Hussein

Poco después de escribir sobre un artículo académico que encontré donde se exponía un antecedente del Análisis de Redes Sociales en la Guerra del Rif, dio la casualidad que encontré otro artículo en el Small Wars Journal donde se hablaba de la captura de Saddam Hussein en 2003 y cómo se había empleado tanto el Análisis de Redes Sociales como conocimientos del contexto cultural para llegar hasta el escondrijo del antiguo jefe de estado iraquí.

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Baraja repartida a los soldados estadounidenses con la identidad de altos cargos del régimen iraquí pasados a la clandestinidad.

Sobre el asunto ya había leído el libro Mission: Black List #1 de Eric Maddox, escrito por el interrogador militar que llevó a la captura de Saddam Hussein. Reseñé el libro junto con How to brake a terrorist de “Matthew Alexander” (un pseudónimo), obra del interrogador que llevó a la captura de Abu Musab Al Zarqawi, porque me llamó la atención el énfasis que ambos ponen en el empleo de trucos psicológicos para obtener información de los interrogados frente al empleo de la tortura, la violencia, la coacción y la agresividad.

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Ubicación del escondrijo de Saddam Hussein al sur de Tikrit cuando fue capturado en la Operación “Red Dawn”.

Joel Lawton pone enfásis en su artículo Intelligence Planning and Methods Employed: Operation Red Dawn – The Capture of Saddam Hussein” en que Eric Maddox y un compañero abandonaron la perspectiva establecida en aquel de momento de buscar a los altos cargos del régimen de Saddam Hussein, recogidos en la famosa baraja repartida a los soldados, para llegar hasta las personalidades de la cúpula. Una vez desplomado el régimen, su estructura pasó a ser irrelevante. Saddam Hussein (cuyo nombre completo era Saddam Hussein Abd al-Mayid al-Tikriti) se refugió cerca de su ciudad natal de Tikrit. Allí contó con un red de apoyo formado por parientes y miembros de ciertas familias vinculadas a la suya por vínculos tribales. Maddox reconoce en su libro que desentrañó la red que
rodeaba a Saddam Hussein a partir de las ideas de un traductor iraquí. En cambio Lawton pone el énfasis entonces el Análisis de Redes Sociales y los conocimientos sobre la cultura local que mostraron Maddox y su compañero. Ese enfoque tan académico está ausente en el libro de Maddox pero aquí viene respaldado con una bibliografía más que interesante. Y como en el caso del artículo “La intuición del análisis de redes de los militares españoles durante la guerra del Rif como método de lucha contra el contrabando de armas”, sobre el que escribí aquí, tengo la sensación de que el autor toma unos pocos elementos y construye sobre ellos un relato desmesurado. Me queda la duda de si Maddox tenía todas esas cosas en mente cuando interrogaba a miembros de la insurgencia sunní en los alrededores de Tikrit en busca de Saddam Hussein. Pero sí tengo claro que las ciencias sociales, desde la Antropología al Análisis de Redes Sociales, tiene un papel enorme que jugar como herramientas de la inteligencia militar y las tácticas de contra insurgencia.

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Saddam Hussein fuera de su escondrijo tras la Operación “Red Dawn” en diciembre de 2003.

Una última nota. La policía belga detuvo a Salah Abdeslam, considerado el “cerebro” del grupo terrorista que atentó el 13 de noviembre de 2015 en París, en la casa de la madre de un amigo en la comuna belga de Molenbeek, su lugar de origen. No sabemos el trabajo previo de la policía belga, pero está claro que un buen mapa de la red social del sospechoso debió ser imprescindible en su captura. Y como en el caso de Saddam Hussein, cuando la estructura de una organización se desploma, los fugitivos terminan recurriendo a los contactos de su círculo de confianza para buscar refugio.

Del régimen de Saddam Hussein al Estado Islámico

Kyle Orton ha dedicado especial atención en su blog Syrian Intifada a cómo el régimen de Saddam Hussein lanzó un programa de reislamización del país para apuntalar su legitimidad ante el agotamiento ideológico del socialismo árabe y los nuevos vientos en el mundo árabe. Aquel proceso sentó las bases para que figuras del régimen, militares y miembros del aparato de seguridad, terminaran en la insurgencia yihadista y hoy formen parte de la cúpula del Estado Islámico. Cuento el proceso en mi último artículo para la revista El Medio.

Quien controla el presente controla el pasado

El guión de la 3ª Guerra del Golfo fue ciertamente interesante. Los Estados Unidos estaban dispuestos a invadir Iraq para derrocar al malvado tirano Saddam Hussein que poseía armas de destrucción masiva y tenía inquietantes vínculos con la organización terrorista Al Qaeda. Saddam en su largo historial de violaciones de los derechos humanos había empleado ya armas químicas contra su propia población y había invadido dos países vecinos en sendas guerras. Tras el 11-S la combinación terrorismo islamista y armas de destrucción masiva era una combinación a evitar a toda costa. Era preciso actuar antes de que fuera demasiado tarde. Derrocar a Saddam e instaurar una democracia serviría, además, como ejemplo del afán libertador de EE.UU. y de modelo positivo para el resto de Oriente Medio. Sin embargo los Estados Unidos se encontraron principalmente con la oposición de Alemania, Francia y Rusia, tres países que se habían beneficiado económicamente exportando armamento y tecnología para la fabricación de armas químicas y biológicas a Iraq… ¿O no?

Iraq había lanzado su ataque contra Irán tras el triunfo en este último país de la revolución islámica que había derrocado al monarca aliado de EE.UU. y convertido a Irán en una especie de teocracia con el antiestadounidense “ayatolá” Jomeini al frente. Saddam Hussein contó primero con la complacencia de EE.UU. y las monarquías petroleras de la zona que veían a Irán como una amenaza. Más tarde esa ayuda se materializó en préstamos y transferencias de tecnología desde EE.UU. y otros países para los programas de destrucción masiva de Iraq. El uso de armas químicas contra la población kurda no llevó a que Washington replanteara su ayuda a Iraq. Tras el fin de la guerra Iraq quedó arruinado y en 1990 entró en conflicto con Kuwait, acusando a este emirato de sobreexplotar una bolsa de petróleo que se extendía a ambos lados de la frontera. No está claro el papel de EE.UU. en todo ello, pero hay quien dice que a Iraq comunicó su intención de mantenerse neutral en el conflicto y animó a Kuwait a adoptar una postura más agresiva en sus negociaciones con Iraq. El 2 de agosto de 1990 Iraq invadió Kuwait, y meses más tarde, el 17 de enero de 1991 comenzaba la operación “Tormenta del Desierto”. A su fin los EE.UU. implantaron bases permanentes en la península Arábiga y sus fuerzas armadas encontraron una razón de ser tras el fin de la Guerra Fría. Durante la guerra el programa de armas de destrucción masiva iraquí fueron destruidas por los bombardeos y durante los siguientes doce años el país estuvo sometido a un embargo internacional. Tras la 3ª Guerra del Golfo en 2003, las supuestas armas de destrucción masiva nunca aparecieron. Ni se mostró vínculo alguno entre el gobierno del partido laico Baaz y el grupo islámico Al Qaeda.

Puede que tarde o temprano todo vuelva a empezar, esta vez con Irán. Los “expertos” alertan de lo avanzado del programa nuclear iraní y se barajan las posibilidades de un posible bombardeo preventivo que bien podría ser estadounidense… o israelí. El 7 de junio de 1981 un ataque aéreo israelí destruyó el emplazamiento del futuro reactor nuclear iraquí , no muy lejos de Bagdad. En la “Operación Ópera”, según la denominación israelí, participó el que sería futuro astronauta israelí, Ilan Ramon (ver más aquí o aquí), y de la condena internacional en 1981 se pasó en 1991 al reconocimiento explícito que liberar Kuwait hubiera sido imposible con un Saddam Hussein con armas nucleares.

En algún momento se volverá a activar la maquinaria de propaganda y la historia se rescribirá para responder a los argumentos políticos de turno.. Por eso, antes de que lo hagan desaparecer, es interesante leer un informe de Halliburton, la empresa que dirigió el actual vicepresidente de los EE.UU., sobre sus negocios en Irán.

[Esta entrada fue publicada originalmente en el blog Zoon Politikon de pitas.com]