“Brexit: The Uncivil War” (2019)

“Brexit: The Uncivil War” es una película británica producida para televisión, ofrecida en España por HBO, que cuenta los entresijos de la campaña a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea en su fase final antes del referéndum del BREXIT. Los personajes principales son todos reales y el protagonista es Dominic Cummins, un asesor político interpretado por Benedict Cumberbatch. La construcción del personaje la hemos visto antes: un genio prepotente, arrogante y deslenguado que se sale con la suya. La motivación de Cummins no queda del todo clara. Da la impresión que al personaje le estimula más poder aplicar nuevas ideas en una campaña política, la que sea, que la convicción ideológica.

Cummins sueña con hackear el sistema y dar un gran puñetazo en la mesa del viejo orden político británico. Para ello opta no apelar a la razón, sino a las emociones. Su reto es convertir en algo rompedor el mensaje de abandonar la Unión Europea, que era defendido por los elementos más rancios de la derecha conservadora británica, para hacer frente al mensaje cosmopolita y abierto de la campaña proeuropea.

La película presenta a Cummins captando las preocupaciones de la gente en encuentros informales en bares, en oposición a los tradicionales grupos de discusión de la campaña a favor de la permanencia. Y concluye que hay un malestar de fondo en la sociedad británica por las transformaciones provocadas por la globalización. Así que se marca como objetivo no tratar de llegar a los votantes tradicionales, que están muy polarizados en posiciones inamovibles, sino a la masa desencantada de la política y que nunca vota. Para ello cuenta con el servicio de la startup canadiense AggregateIQ, que le ofrece una base de datos detallada de usuarios de Facebook en la que se han identificado a tres millones de ciudadanos británicos que no votan. Como novedad, Cummins decide gastar un porcentaje elevado del dinero de la campaña en publicidad en Internet muy segmentada con medias verdades y exageraciones, como la llegada de decenas de millones de inmigrantes en una próxima incorporación de Turquía a la Unión Europea.

Da la impresión en la película de que Cummins no estaba muy convencido de que la campaña a favor del BREXIT fuera a tener éxito y que para él el referéndum iba a servir de toque de atención a la clase política, así que era lícito usar toda clase de artimañas. Como si en el fondo el referéndum del BREXIT fuera una enorme prueba de concepto que añadir a su C.V. para aspirar a un trabajo importante. Se le presenta como alguien deseoso sobre todo de demostrar su valía intelectual ante un establishment político que le despreciaba. Al final aparece superado por el resultado de sus acciones. La combinación de Big Data y desinformación resulta una combinación letal para la democracia. De hecho, en la realidad Domimic Cummins se mantuvo alejado de la política después del referéndum. Pero no por mucho tiempo. Es el jefe de gabinete del primer ministro Boris Jonhson.

La película es entretenida. La interpretación de Benedict Cumberbatch nos recuerda a su papel del moderno Sherlock Holmes de la BBC. Y el tema es bastante interesante. De hecho, tengo por ahí un borrador de 2017 con una recopilación de enlaces para una entrada de blog que nunca escribí sobre la otra empresa de Big Data con la que Cummins trabajó: Cambridge Analytica. Pero con esta película me pasa últimamente como con cualquier ficción basada en la realidad. No puedo dejar de pensar cuántas simplificaciones y exageraciones han realizado los guionistas para adaptar la historia al formato en cuestión y presentar una moraleja adaptada al pensamiento mayoritario del momento. La construcción de narrativas donde la versión de ficción se impone sobre la realidad también es un fenómeno contemporáneo a añadir a los temas que trata esta película. En cualquier caso, siempre nos quedará cotejar libros de memorias e investigaciones periodísticas.

El burkini es lo de menos

El  debate político en las redes sociales la semana pasada estuvo ocupado por la prohibición en Francia del “burkini”, un traje de baño femenino holgado y creado en Australia para integrar mujeres musulmanas como socorristas en las playas. Fue un debate vehemente y típico de los actuales tiempos posmodernos en el que el significado de cualquier cosa puede ser bueno o malo o lo contrario si les las das las suficientes vueltas.

Les contaría mi opinión y la argumentaría pero iría en contra de la tesis que quiero defender. El debate sobre el burkini es irrelevante y un síntoma de la debilidad de Europa porque huye de enfrentar los verdaderos problemas que plantean las comunidades musulmanas que no quieren asumir los valores occidentales y además quieren obligar al resto a vivir de acuerdo con los suyos. La renuncia a abordar ese problema y otros tantos por parte de los partidos políticos tradicionales ha dejado el campo abierto en Europa al auge de los partidos xenófobos. Y constituye una bomba de relojería social que podría estallar con consecuencias imprevisibles. Pero de eso hablaré en su momento.

Hoy simplemente quiero ofrecer un adelanto. Llevo desde principios de año recopilando noticias, después del asunto de los abusos sexuales masivos cometidos en las celebraciones de Fin de Año. Y hace poco encontré una noticia que no tuvo mucho eco, más allá de publicaciones islamófobas y xenófobas, pero que en mi cabeza resonaba a algo que ya había visto con anterioridad. Por tercera vez me encontraba una noticia de que en el Reino Unido las autoridades no habían investigado un asunto en el que estaban implicados musulmanes por miedo a ser tildadas de racistas.

Contó Peter Dominiczak el pasado 22 de agosto en el diario The Telegraph que habían florecido focos de radicalización en las cárceles británicas mientras los funcionarios de prisiones evitaban hacer frente al “comportamiento y perspectivas extremistas” de los reclusos para evitar acusaciones de racismo. Por ejemplo, controlar la circulación de literatura radical en las cárceles. Así, los reclusos musulmanes presionan para no ser cacheados con el argumento de que su ropa es un símbolo religioso.

Poco antes había leído otra crónica de Peter Dominiczak con fecha del 12 de agosto, también en el diario The Telegraph, donde contaba cómo un informe del gobierno había detectado fraude electoral en circunscripciones con población musulmana pero que no se había investigado a fondo por la “excesiva sensibilidad sobre etnicidad y religión”. El informe apunta a la existencia de fraude electoral en municipios con población pakistaní y bangladeshí. El informe hace propuestas que en España resultan sorprendentes, como que se requiera a partir de ahora un documento para identificarse en el momento de votar o que haya presencia policial en los colegios electorales. Esto último se recomienda ahora en el Reino Unido para evitar intimidaciones. En el artículo se menciona el caso de Lutfur Rahman, antiguo alcalde de Tower Hamlets y desposeído de su cargo tras destaparse que su re-elección en 2014 había estado plagada de irregularidades. Durante años, distintos medios británicos investigaron la corrupción y despilfarro en su ayuntamiento, donde dinero público se destinó a financiar organizaciones islamistas y una televisión local a cambio de apoyo político. Se reprocha ahora a la Policía Metropolitana de Londres que no investigó a fondo.

En ambos casos los titulares hablan de la “corrección política” como el causante de la dejadez e inacción de los políticos británicos. Pero hace tiempo leí algo parecido en un caso que resulta sorprendente que no haya llamado más la atención. 1.400 menores (como mínimo) sufrieron abusos sexuales entre 1997 y 2013 en la ciudad de Rotherham a manos de bandas de hombres de origen pakistaní sin que las autoridades investigaran a fondo para no “fomentar el racismo”. La actual primera ministra, Theresa May, culpó en 2014 a la “corrección política institucionalizada”. Los menores fueron víctimas de secuestros, violaciones en grupo y tráfico sexual, con casos de violaciones en grupo. Muchas de los que se atrevieron a denunciar no fueron creídas o recibieron la recomendación de que no incluyeran el origen étnico de los perpetradores en su descripción de los hechos. Las víctimas fueron además intimidadas y sus familias acosadas para evitar que testificaran. 300 sospechos habían sido identificados en 2015 y en febrero de 2016 cinco hombres fueron condenados por la “explotación sexual sistemática de 15 niñas”.

El caso de Rotherham es el más importante. Pero vía Wikipedia descubro que no es el único. En la ciudad de Rochdale operó entre 2008 y 2010 una banda de ocho pakistaníes y un afgano que abusaron de 47 menores, todas blancas y de origen británico. La policía no investigó por miedo a las acusaciones de racismo ni prestó especial atención al patrón de las víctimas. Los nueve fueron condenados a la cárcel en 2012. Resultaron ser padres de familia y “miembros respetados” en sus comunidades. No fue el único caso en Rochdale, donde actuó otra banda entre 2005 y 2013. Diez hombres fueron condenados este año por violación y abusos de menores a víctimas entre 13 y 23 años. El patrón se repite por todo el país. Grupos de hombres musulmanes, de origen pakistaní fundamentalmente, dedicados a abusar y violar a menores británicas en casos que no fueron investigados a fondo por la policía ante el temor de que se les acusara de racismo. Véase los casos de Bristol, Telford, Oxford, Banbury, Peterborough y Aylesbury.

Creo que queda claro la magnitud del asunto del burkini al lado de todos estos problemas. Y parece, como decía John Oliver, que nuestro mensaje a los yihadistas es “no hay nada que nos podáis hacer, que no estemos ya haciéndolo a nosotros mismos”.

Observatorio de la Nueva Guerra Fría #3

El próximo lunes día 23 de marzo estaré en Madrid para participar en un debate organizado por Passim sobre el conflicto de Ucrania en el que estarán presentes Nicolás de Pedro (CIDOB), Álvaro Imbernón (ESADEgeo) y Francisco de Borja Lasheras (ECFR Madrid). Es todo un honor que cuenten conmigo aunque el cuerpo me pide liarla parda al estilo de mi paisano Ignatius. Y es que el formato del encuentro seguirá la estela del camino abierto por Beers & World en Barcelona. Siendo en un bar y con cervezas de por medio, digo yo que alguien tendrá que dar espectáculo. Tan pronto tenga los datos confirmados de lugar y hora lo anunciaré aquí.

Hace unas semanas mantuve un breve debate en Twitter con los profesores Rafael Grasa y Javier Morales que negaban que viviéramos una Nueva Guerra Fría. Así que desde entonces lanzo tuits cargados de ironía que empiezan “La Nueva Guerra Fría no existe pero…”  Daría para una sección dentro de este Observatorio las cosas curiosas que he ido encontrando. Por ejemplo, el dominio NewColdWar.org está ocupado y es una página de propaganda rusa. O que en Twitter existe un perfil Cold War 2.0 publicado desde Moscú. Recordemos que publiqué una foto tomada en una céntrica librería de Moscú por Marta Ter en la que aparecían títulos como “Unión Soviética versión 2” o “Guerra Fría 2.0”.

Rusia.

“La Nueva Guerra Fría no existe pero…” estuvimos unos cuantos días sin saber del paradero de Vladimir Putin, lo que generó toda clase de especulaciones y rumores rocambolescos. ¿Volverán a aparecer kremlinólogos para leer entre líneas lo que acontece dentro del círculo de poder en Moscú? Si al culebrón de la pista chechena tras el asesinato de Boris Nemtsov añadimos los rumores sobre la muerte de Viktor Zolotov podríamos encontrarnos con una lucha abierta dentro del sistema de poder ruso.

La semana pasada saltó la noticia de que Rusia se retiraba completamente del “Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa”. En realidad, el gobierno ruso anunció que dejaría de de cumplirlo en 2007.

Zbigniew Brzezinski insistía que Rusia carecería de un anclaje con Europa sin Ucrania. Josef Janning plantea la “salida rusa de Europa” (Ruxit) no en términos geopolíticos, sino de valores compartidos. Janning habla de los valores del actual sistema político ruso como la anti-Europa, un término que emplea de forma parecida Fedja Pavlovic para referirse al “putinismo”, la mezcla de autoritarismo con capitalismo de amiguetes y que según él se puede encontrar también en los Balcanes.

La revista ucraniana Novoye Vremya publicó recientemente un artículo sobre los partidos europeos de ultraderecha que han mostrado públicamente su apoyo a Putin traducido por Ukraine Today. En el artículo aparece citado Jean-Yves Camus, del Insitut de Relations Internationales et Stratégiques, que considera que estos partidos coinciden en simpatizar con el estilo de gobierno de Putin y sus “vertical de poder”, además de compartir la desconfianza del Kremlin hacia la influencia estadounidense en Europa. Según Camus, la ultraderecha europea y el Kremlin “están unidos en su antagonismo hacia la Unión Europea”.

10845774_362043280651190_5594790600786545719_oUn foco interesante de la expansión de la influencia rusa es el Mediterráneo Oriental. Hay que observar el futuro de las relaciones de Rusia con Grecia, Chipre, Turquía y Egipto. El año pasado Aleksey Nikolsky abordó la presencia de la armada rusa en la zona: “Russian Naval Presence in the Eastern Mediterranean and the Problem of Projected Naval Basing”.

Irán.

Sergio Fernández Riquelme, autor de El nuevo imperio ruso,  explicó para el canal iraní Hispán TV el reciente acuerdo militar ruso-iraní en “Rusia e Irán, alianza frente al neocolonialismo” en términos ideológicos. Se trataría de la alianza “entre dos naciones opuestas el agotado modelo neocolonial norteamericano”. El año pasado fue Russia Today la que presentaba la rivalidad ruso-estadounidense en términos ideológicos: Rusia no comparte “el neocolonialismo occidental”.

Personalmente creo que las alianzas de Rusia con el Eje de la Resistencia y la Alianza Bolivariana surgieron fundamentalmente del principio “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” y luego se le buscó un barniz ideológico centrado en la oposición a Occidente y la negación de la democracia liberal. El reciente acuerdo militar ruso-iraní ha generado voces contrarias dentro del régimen iraní.

Reino Unido

En la segunda entrega de noticias del Observatorio publiqué que el MI5 buscaba lingüistas especializados en el idioma ruso. Ahora sabemos que sólo el 27% de las plazas para hablantes de ruso están cubiertas en el Foreign Office, lo que llevó al titular “The British government was left in the dark during the Ukraine crisis because its diplomats can’t understand Russian”.

Mientras tanto, el MI6 informa de que Londres está llena de agentes rusos. La abundante presencia de oligarcas rusos en Londres ha generado el término Londongrado.

Latinoamérica.

Carlos E. Hernández, corresponsal en Venezuela del portal de noticias español InfoDefensa.com, habla en unos términos familiares a los desarrollados aquí: “La cuenca del Caribe, un escenario emergente de la Segunda Guerra Fría”.

El presidente venezolano Maduro ha agitado la amenaza externa y ordenado unas grandes maniobras militares a modo de exhibición de fuerza frente a Estados Unidos. No pienso que eso forme parte de la dinámica de la Nueva Guerra Fría, sino de una mera distracción.  Gisela Kozak Rovero trata el tema en:
Venezuela: ¿golpes y guerras? La simulación de la guerra fría o Maduro no es Allende”

Gustavo D. Perednik, amigo personal y biógrafo del asesinado fiscal argentino Alberto Nisman, ha escrito “Después de Nisman“. Las escuchas hechas por el fiscal han sido publicadas. Tenemos un Nismanleaks.

Y para terminar con una nota de humor, otra teoría conspirativa. Daniel Estulín habla del partido español Podemos como una creación de la masonería.