El camino intelectual para anticipar el 11-S

La anécdota la he contado aquí unas cuantas veces. Pero estos días que ando poniendo orden en mis papeles he encontrado los recortes de periódico que me permiten reconstruirla. Así que la voy a contar una vez más.

Todo arranca en mayo de 1996. Por aquel entonces yo estudiaba el último curso de Formación Profesional II. Así que imaginen qué poco me imaginaba yo las vueltas que daría la vida. En aquel entonces yo estaba suscrito a la revista Time, gracias a una de esas suscripciones tiradas de precio que se ofrecían a estudiantes. Hoy una revista semanal en papel para seguir la actualidad del mundo nos parece una cosa ridícula. Pero pensemos que en aquel entonces lo normal era leer libros, revistas, periódicos y documentales de La 2 para entender el mundo. La popularización de Internet en España vendría un poco después. Así que cada vez que encontraba un artículo interesante sobre conflictos, geopolítica o economía en una revista o periódico yo lo recortaba y lo guardaba en una carpeta. Llegué a tener unas cuantas de diversos temas, algunas de las cuales todavía conservo.

Recorte de El País de mi archivo. 5 mayo 1996.

En mayo de 1996 me llamó la atención un artículo de la revista Time sobre un multimillonario saudí exiliado en Sudán. Como sucedía con cierta frecuencia con artículos de la revista, apareció a la semana traducido al español en el diario El País. Se me traspapeló la revista con el artículo pero el recorte de El País lo conservé. Algo me dijo que ese tipo ere relevante y había que seguirle la pista. Dos meses después, El País volvió a publicar un artículo sobre él, contando que estaba en Afganistán y que consideraba que estaba en guerra con Occidente.

Recorte de El País de mi archivo. 10 julio 1996.

Terminé F.P. II, terminé un Ciclo Formativo de Grado Superior trabajé de técnico informático sin contrato y por horas… Y me vi con 23 años estancado. Un día me levanté tarde, como era habitual. Y mi padre me dijo que por qué no madrugaba y aprovechaba el día. Le dije que estaba desanimado y así no daban ganas de salir la cama. Me dijo que no me veía futuro laboral con los estudios que tenía y me preguntó si me había planteado ir al a universidad a estudiar algo como Ingenería de Telecomunicaciones. Le contesté que no me veía viviendo cuatro años a su costa y que a esas alturas de la vida si me planteara lo de la universidad optaría por Ciencias Sociales. Yo era un informático rarito. Uno de mis autores favoritos era Marvin Harris y recuerdo leer La Tercera Ola del matrimonio Toffler en la edición de tapa dura roja de Muy Interesante sentado durante un descanso en las escaleras del centro donde estudié el Ciclo Formativo de Grado Superior.

Casualmente había leído la noticia de que la Universidad de La Laguna iba a crear la Licenciatura en Sociología. Entonces mi padre me propuso que si yo quería a él no le importaba mantenerme mantenerme mientras estudiaba. El 6 de octubre de 1999 fui al primer día de clase. Poco después mi padre me dio 30.000 pesetas para libros. Uno de los primeros que me compré fue una edición argentina de The Lexus vs The Olive de Thomas L. Friedman, que allí bautizaron Innovación vs Tradición. Sé que Friedman es un autor que se ha convertido en un chiste, pero aquel libro me abrió los ojos sobre la globalización, el tema de moda, para distanciarme enormemente de los paleomarxistas de la facultad y su discurso anclado en la sociedad industrial.

Veía mi vocación en dedicarme a estudiar la globalización y la sociedad de la información. Dado el sesgo neo/post/marxista de mis profesores, teníamos Sociología del Trabajo como asignatura obligatoria en el segundo cuatrimestres de la carrera. Aparte del examen teníamos que hacer un trabajo sobre un libro. Mientras mis compañeros solían optar por el libro más flaco, yo con mi vocación kamikaze, aprovechaba la ocasión para leer los libros que me interesaban. Le propuse al profesor comentar los cinco primero capítulos del primer volumen de La Era de la Información de Manuel Castells, porque me parecieron los más relevantes para la asignatura. No sé si al profesor le gustó mi análisis o quiso premiar que no aplicara la ley del mínimo esfuerzo. Fue mi primera Matrícula de Honor en la carrera. Al menos, algunas cosas que me cuestioné al leer el libro me siguen siendo relevantes hoy.

El segundo año conocí al profesor José Abú Tarbush Cabrera, que me dio Sociología Política y Sociología del Desarrollo. Él había sido presidente de las juventudes de la Organización de Liberación de Palestina en España y en ambas asginaturas tocó el tema del terrorismo y los conflictos armados. Recuerdo que un día en clase me acerqué a comentarle que los argumentos que había empleado me recordaban a las ideas de Robert D. Kaplan en “La anarquía que viene”, el artículo que dio título a un libro recopilatorios de artículos del autor. Le sorprendió que había leído el libro, que él había encargado para la biblioteca del centro. Era rarísimo ver a un estudiante sacar libros que no fueran los necesarios para aprobar la asignatura. Aquel artículo me marcó mucho y fue una de las referencias que marcaría años más tarde mi dedicación a las Guerras Posmodernas.

Recorte de El País de mi archivo. 6 mayo 2001.

En algún momento de finales de mayo o principio de junio 2001, posiblemente cuando las clases ya habían terminado y empezaba el período de exámenes fui al despacho de Abú Tarbush, como lo llamábamos. Y comentamos la reciente iniciativa de defensa de misiles estratégica estadounidense. Le dije que era un error. Que la amenaza de un puñado de misiles balísticos intercontinentales de Irán o Corea del Norte era irrisoria considerando la capacidad de respuesta estadounidense. Y que la verdadera amenaza para los Estados Unidos era que los grupos terroristas montaran una gorda en Nueva York. No recuerdo qué palabras exactamente. Puede que yo mencionara “maletines nucleares”, con la novela El Quinto Jinete de Dominique Lapierre y Larry Collins en mente. Pero estoy seguro que cuando hablaba de grupos terroristas tenía en mente a los grupos yihadistas. Sé que tenía presente a Bin Laden porque, la primera semana de clase después de Semana Santa, Gema Martín Muñoz dio una conferencia sobre islamismo en nuestra facultad a la que acudimos los alumnos de Abú-Tarbush y un puñado de profesores. Ella hizo un comentario jocoso de que Bin Laden era “un invento de la CNN” y él le río la gracia. La cuestión es cómo el recorrido intelectual que arranca con Alvin Toffler y pasa por Manuel Castells y Robert D. Kaplan me llevó a entender la emergencia de los actores no estatales. Siempre he pensado si por aquel entonces hubiera tenido algo parecido a un blog o hubiera colaborado en medios como ahora.

El 11 de septiembre tenía examen de Teoría Sociológica, una asignatura anual de 12 créditos. Aparte del examen había que entregar unos comentarios de texto. Y a eso de las dos de la mañana cuando me vi todavía escribiendo uno de los comentarios me dije a mí mismo que era imposible terminarlos antes del amanecer, descansar y levantarme para estudiar la parte teórica, que apenas había repasado. Decidí que era mejor dar por perdida la asignatura y presentarse en la convocatoria extraordinaria de diciembre. Me fui a dormir y no puse despertador. Me despertó pasada las dos de la tarde (hora canaria) la televisión del vecino. Mi familia estaba de vacaciones y no había nadie en casa. No sé qué había pasado pero me dio la sensación de que algo grande e histórico había sucedido. “¿Ha empezado la Tercera Guerra Mundial?”, me dije extrañado. Fui al cuarto de la tele y puse Antena 3. Matías Prats hablaba con cierta alteración de que había impactado un segundo avión. Cuando entendí lo que estaba suceciendo y pensé “¡Ya pasó!”. No lo esperaba tan pronto. Pero lo creía posible.

Prospectiva

En enero de 2005 advertí que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra en Iraq mientras la muchachada aznarista de RedLiberal denunciaba los análisis pesimistas sobre el país como un síntoma de simpatía hacia Al Qaeda. “Ayatolá del retroprogresismo” me llamó alguien en los comentarios. Lean Fiasco de Thomas E. Ricks y me cuentan.

Luego, en marzo de 2005 acuñé el término “Flanco Sur Profundo” para referirme a que la mirada estratégica de España tenía que ir más allá del Magreb y adentrarse en África Occidental. Aquel año llamé la atención en noviembre sobre la piratería en frente de las costas de Somalia, de donde España había retirado su presencia naval. Hoy España participa allí en la misión Atalanta con un patrullero de altura. Tirando de la teoría de juegos deduje que ETA quería negociar con el gobierno de Rodríguez Zapatero, a pesar de las advertencias de los simpatizantes del Partido Popular que señalaban cada acto de fuerza de la banda terrorista como un signo inequívoco de lo contrario.

En noviembre de 2008 acudí a la Universidad de Granada a presentar una comunicación en un congreso académico coorganizado con el Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) del Ejército de Tierra. “Un Flanco Sur Profundo: El arco de inestabilidad de África Occidental” se tituló mi comunicación. Estados fallidos, espacios sin gobernar, narcotráfico procedente de Sudamérica rumbo a Europa y  Al Qaeda en el Magreb Islámico. Fue una introducción que hoy resulta somera. Pero un año después sucedió el primer secuestro de españoles que terminaron en manos de AQMI y sobra hablar de la crisis en Mali.

Bastante tiempo después, en noviembre de 2011, dije que veríamos al Partido Popular cambiar de discurso frente al terrorismo etarra tan pronto llegar al poder. Y dije que en un País Vasco sin terrorismo desaparecerían los reparos morales de muchos a la hora de votar a la izquierda abertzale, lo que produciría su despegue electoral y llevaría a algún nacionalista español a echar de menos el pasado. Decir esto último generó la indignación de cierto lector que me pidió bajo pseudónimo una rectificación. No sólo no lo hice, sino que fui señalando el cumplimiento paso a paso de mi vaticinio hasta llegar al momento en que un miembro del PP dijo que prefería para sus hijos un País Vasco con terrorismo de ETA que un País Vasco independiente y en paz. Pero me alejo de los temas centrales de esto blog, dirá alguno. En medio de un extraño ambiente prebélico con sesudos análisis sobre el inminente ataque a Irán, yo dije que no iba a tener lugar. Lo que me lleva a preguntar, ¿alguien ha reclamado a Lluís Bassets en El País qué fue de su ataque veraniego con aviones no tripulados? ¿Una licencia poética?

Será en verano, época guerrera por excelencia. En mitad de la campaña presidencial, con Obama y Romney enzarzados en la pelea decisiva. Un tiempo de transición, por tanto, en el que se abren las ventanas a iniciativas inusuales. Todo será muy rápido, con bombardeos de precisión realizados por aviones no tripulados.

Tampoco creí que se fuera a producir una guerra con Corea del Norte, a pesar de lo mucho que se dijo en aquel entonces de una guerra como advertencia a China o como estímulo económico para el complejo militar-industrial estadounidense.

Ahora miro atrás y tengo la sensación de que llevo demasiado tiempo prestando atención al Gran Oriente Medio, India, China y Asia-Pacífico. No soy un experto en esas regiones pero no paro de dejar de tener el sentimiento que faltan voces en España que cuenten las tendencias que encuentro en mis lecturas. Por supuesto, me encantaría ceder el testigo y ver cómo surge un blog en español que nos cuente sobre el ascenso militar de China e India y su pugna en el Océano Índico. Me gustaría leer un blog en español que nos cuente el rearme de los países vecinos de China (Corea del Sur, Japón, Vietnam, Filipinas, Taiwán) y sus alianzas con Estados Unidos. Me gustaría leer un blog en español sobre el crecimiento militar de los países alrededor del Estrecho de Malaca  y sus alianzas. Asia se mueve en una lógica distinta a las Guerras Posmodernas y merece un blog diferente a este. Me gustaría leer un blog en español que hablara sobre al ascenso de Qatar y Emiratos Árabes Unidos como actores relevantes en el Gran Oriente Medio, la disputa por la hegemonía de Arabia Saudita e Irán en el Golfo Pérsico y en definitiva, del gran conflicto chiita-sunní que tiene ahora mismo en Siria uno de sus episodios más sangrientos.

El principal problema que veo en escribir sobre el Gran Oriente Medio es que estoy yendo a remolque de los acontecimientos, algo que procuré no hacer durante mucho tiempo mientras construía el concepto de Guerras Posmodernas. Creo que si repasáramos lo que he escrito en el último año apenas he hablado de casi ninguna tendencia. Los textos que escribí y las lecturas que acumulé sobre el futuro de las ciudades como campo de batalla o ciberguerra quedaron interrumpidos, al igual que el arranque de lo que tiene que ser una versión muy ampliada y revisada de mi libro que absorba los contenidos del que iba a hacer su continuación. Creo que va siendo hora que este blog vuelva a sus orígenes.