Irán, ¿misión imposible?

Llevo más de diez años escribiendo en este blog de asuntos de seguridad y defensa. A veces sucede que busco en Internet información de un tema y me aparece en el buscador una entrada del blog que escribí hace años de la que no recordaba absolutamente nada. Yo mismo me suelo sorprender del hallazgo. Otras veces me sucede al contrario. Estoy absolutamente convencido de haber escrito un tema y cuando voy a buscar la entrada del blog no aparece. Me sucedió hace poco, tras leer en el ElMed.io  un artículo de Daniel Pipes donde repasa las opciones de Israel para destruir el programa nuclear iraní: “Cómo puede Israel destruir el programa nuclear iraní”.

La primera opción que menciona Daniel Pipes es:

Operaciones aéreas. Aviones que crucen varias fronteras internacionales y arrojen bombas, como en 1981 en Irak y en 2007 en Siria. Esta parece la opción por defecto. Hay estudios que muestran que sería difícil pero realizable.

Mi opinión es que no sería difícil, sería muy difícil. Y estaba totalmente seguro de haberlo explicado. Busqué y no apareció la entrada del blog donde analizaba el asunto.  Lo más parecido que encontré fue la séptima entrega de mi serie sobre el programa nuclear de Irán: “La opción militar”.

Tenemos dos precedentes. La Operación “Ópera” contra el programa nuclear iraquí en 1981 y la Operación “Huerto” contra el programa nuclear sirio en 2007. La primera es bastante conocida. Un puñado de F-16 voló desde Israel hasta Iraq siguiendo la frontera jordano-saudí, soltó un montón de bombas “tontas” sobre un reactor nuclear en construcción a las afueras de Bagdad y regresó sin novedad.  La segunda es menos conocida porque nadie ha reclamado la autoría y porque el régimen de Bashar Al Assad ha querido correr un tupido velo sobre que un puñado de aviones atravesara sus defensas aéreas y entrara “hasta la cocina”, un reactor nuclear de tecnología norcoreana en construcción en el desierto sirio oriental.

En ambos casos, el programa nuclear iraquí y sirio, pretendía dotarse de un arma nuclear elaborada a partir del plutonio-239 que se genera en una reacción nuclear a partir de la combustión de uranio en una única central nuclear. Destruida la cara y compleja central nuclear construida con tecnología extranjera, el programa nuclear quedó cortado en seco. El caso iraní es diferente. El programa nuclear iraní ha buscado la autonomía tecnológica y ha seguido varias rutas tecnológicas, aunque el esfuerzo principal (conocido) se puso en desarrollar la capacidad de enriquecer uranio mediante tecnología comprada a una red clandestina dirigida por el padre de la bomba atómica pakistaní. Hablé de todo ello aquí en 2006. Véase: “Uranio como combustible nuclear”, “Las instalaciones de tratamiento de uranio” y “El enriquecimiento de uranio”. El reciente acuerdo nuclear con Irán, del que todo el mundo habla y nadie ha leído, establece un máximo al que Irán puede enriquecer uranio, limita la infraestructura que Irán puede hacer funcionar y establece un régimen de inspecciones. El acuerdo, que ha sido tan celebrado en España, gira en torno a la buena voluntad de Irán, pero es un tema del que hablar otro día.

Obas en la planta de Natanz en septiembre de 2002
Obas en la planta de Natanz en septiembre de 2002
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Mismas instalaciones en febrero de 2004 camufladas bajo tierra

Irán cuenta con una planta de enriquecimiento de uranio en Natanz. Fotos de satélites civiles mostraron durante la pasada década obras de construcción que dejaron instalaciones bajo tierra. Esas instalaciones ya fueron el objetivo de Stuxnet, un ciberarma desarrollada por Israel y Estados Unidos. Así que podemos dar por hecho que sería un objetivo prioritario en un hipotético ataque aéreo contra el programa nuclear iraní.

Supongamos entonces que Israel quisiera lanzar un ataque aéreo resolutivo contra el programa nuclear iraní. Por simplificar, imaginemos que la información que dispone Israel sobre la planta es correcta y que un ataque contra la planta de Natanz sería fulminante para el programa nuclear iraní. aunque pensemos por un momento lo complicado que sería en el mundo real estar seguros de que Irán no alberga otras instalaciones secretas igual de estratégicas y obtener los datos técnicos de la construcción que permitan hacer los cálculos oportunos para su destrucción.

F-15I Ra'am
F-15I Ra’am

Así que lo primero que hay que tener en cuenta es que se requieren bombas antibúnker. Israel cuenta con la bomba GBU-28 de 5.000 libras (2.268 kilos). En teoría la fuerza aérea israelí sólo cuenta con un avión en su arsenal capaz de cargar con esa bomba: El F-15I Ra’am (Trueno), versión específica para Israel del F-15E Strike Eagle. Es el avión escogido para los ataques estratégicos a larga distancia. En caso de un ataque a las instalaciones subterráneas en Natanz los F-15I del 69º Escuadrón serían sin duda los escogidos para la misión.

La primera cuestión a considerar evidentemente es la distancia entre Israel e Irán. El 69º escuadrón tiene su base en Hatzerim, a las afueras de Be’er Sheva. Hay más de 1.600 kilómetros en línea recta hasta la planta de Natanz. Una ruta que cruza Jordania e Iraq. Podríamos imaginar que Jordania haría la vista gorda ante una operación israelí, pero no Iraq. Ahora mismo Iraq e Irán son aliados en la lucha contra el Estado Islámico. Además, desde la caída del régimen de Saddam Hussein, la administración y las fuerzas armadas iraquíes están penetradas por la inteligencia iraní. Podríamos imaginar que la fuerza aérea israelí decidiera sobrevolar territorio iraquí aprovechando la debilidad de las defensas antiaéreas iraquíes . Su fuerza aérea sólo contaba hasta hace poco con aviones ligeros y de transporte, cuando llegaron los primeros cazabombarderos en servicio desde 2003.

Ruta directa entra la base de Hatzerim y las instalaciones nucleares de Natanz
Ruta directa entra la base de Hatzerim y las instalaciones nucleares de Natanz

Considerando que los F-15I irían cargados con al menos una GBU-28 y volarían a baja cota sería necesario al menos un reabastecimiento en vuelo.  La fuerza aérea israelí cuenta con Boeing 707 modificados como aviones cisternas. La maniobra de repostaje en vuelo es lenta y delicada, exponiendo a los aviones durante su realización. Es difícil imaginar que tal maniobra se hiciera a bajo cota y en cielos hostiles. Una alternativa sería buscar una ruta diferente, por ejemplo atravesando el norte de Arabia Saudita. En los últimos años se han publicado noticias sobre un acuerdo secreto entre Israel y Arabia Saudita por el que el segundo país fingiría no ver en su radares a los aviones israelíes rumbo a Irán. Se ha hablado también de que los aviones israelíes podrían atacar Irán desde Azerbaiyán. En ambos casos es previsible represalias iraníes. Por no hablar del escándalo en el mundo árabe-musulmán de la ayuda saudí a los planes de Israel.

Cuando los aviones israelíes entraron en Siria en 2007 para destruir su programa nuclear algo curioso pasó. La red de defensa aérea siria resultó incapaz de detectar a los aviones israelíes. Se habla de avanzados sistemas de guerra electrónica, de un cíber-arma que apagó los radares, de sabotaje in situ e incluso de todo junto a la vez. El grupo de F-15I israelíes se encontrarían con la red de defensa antiáerea de Irán, país que lleva esperando un ataque así bastante tiempo.

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Sistemas SAM cerca de Natanz. Rojo = HQ-2 (copia china del S-75/SA-2). Naranja = HAWK. Verde brillante = 2K12 (SA-6). Verde apagado = TOR-M1E Fuente: Air Power Australia

Dependiendo del grado de sorpresa esperada y del nivel de hostilidad de los países cuyo espacio aéreo el grupo de F-15I tendría que atravesar, habría que añadir un grupo de escoltas (“sweepers”) encargados de barrer la ruta de aviones enemigos y aviones encargados de suprimir las defensas antiaéreas enemigas (SEAD). con misiles antiradar. Aquí llegamos a uno de los puntos peliagudos. Lo que tendría que ser una discreta misión de ataque estratégico a larga distancia con aviones volando bajo y a gran velocidad, podría convertirse en un circo aéreo de decenas y decenas de aviones realmente difícil de hacer pasar por un espacio aéreo hostil de forma discreta. Cada avión que se añada al paquete de ataque significa más combustible que deberán cargar los aviones cisternas hasta que quizás hagan falta más. Sería un caso típico de “mission creep”.

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Boeing 707 de la fuerza aérea israelí modificado como cistena y tres F-15

Las fuerzas armadas iraníes cuentan con tecnología occidental de los años setenta modernizada localmente combinada con sistemas rusos y chinos más modernos. Es esperable que los equipos israelíes de guerra electrónica fueran capaces de incapacitar los sistemas más antiguos y parte de los equipos rusos actuales. Se habla de acuerdos de intercambio de información entre Rusia e Israel, por los que Israel habría ofrecido información a Rusia sobre los sistemas de defensa antiaérea georgianos de factura israelí a cambio de información sobre los sistemas de defensa antiaéreos rusos en manos de Siria. Sin embargo, las relaciones entre ambos países posiblemente ya no sean las mismas. De hecho, Rusia ha anunciado estar dispuesta a vender los avanzados sistemas de defensa antiaérea S-300 a Irán. El levantamiento de las sanciones internacionales a Irán supondrá importantes ingresos para el país cuyas autoridades ya han anunciado que dedicarán recursos a la modernización de las fuerzas armadas del país.

Hasta ahora, los israelíes han resuelto sus desafíos estratégicos con audacia e ingenio. Desde el rescate de rehenes en Entebbe al ataque del programa nuclear sirio. Así que la solución a los problemas aquí planteados podrían venir de formas inesperadas, como la ayuda de aliados desconocidos hasta el momento o soluciones técnicas como F-15 con sisternas de repostaje “buddy pack”. Pero quizás Natanz sea un objetivo demasiado complejo. Siempre creí que la solución militar era inviable. Ahora hay que estudiar el acuerdo nuclear con Irán.

Michael Knights escribió en 2007 “Hard Target: Rolling-Back Iranian Nuclear Programmes”.

Irán y la guerra que no viene

En las últimas semanas Irán es el tema del que más explicaciones he dado en conversaciones informales. “¿Pero no va a haber guerra con Irán?” me preguntan extrañados ante las señales que llegan de Washington y Jerusalén.

Después de Afganistán (2001), Iraq (2003) y Libia (2011) podría parecer que invadir otro país musulmán es la cosa más sencilla del mundo. Pero hay que recordar que:

-Afganistán era un país atrasado que había sufrido más de 20 años de guerra. A los pocos días de la invasión en 2001 la aviación estadounidense se quedó sin objetivos que bombardear. No había bases aéreas o radares. Las fuerzas talibán eran principalmente infantería ligera montada en Toyota Hilux con puñados de vehículos acorazados aquí y allá. Existía una oposición armada, la Alianza del Norte, que sirvió de punta de lanza a la invasión del país.

Iraq era un país con una tecnología militar cerca de la obsolescencia a finales de la Guerra Fría y cuyas instalaciones, infraestructuras y fuerzas armadas fueron machadas en la Operación “Tormenta del Desierto” en 1991. Tras más de veinte años de embargo internacional la situación de sus fuerzas armadas era aún peor. La invasión de Iraq en 2003 se llevó a cabo con menos tropas y en menos tiempo que la liberación de Kuwait en 1991. La ruta de invasión de Iraq, desde Kuwait a Bagdad, es un terreno desértico y llano con grandes autopistas donde los Estados Unidos pudieron llevar a cabo una blitzkrieg sin apenas oposición.

-Libia es un país con menos de 6 millones de habitantes donde más de tres cuartas partas de la población viven en ciudades al borde del Mediterráneo. Al igual que Iraq, el régimen había sido sometido a un embargo internacional que afectaba a la importación de armamento. Tras su levantamiento el régimen realizó varias negociaciones con Francia y Rusia sin que se lanzara a la esperada modernización multillonaria de sus fuerzas armadas. En vísperas de la guerra civil sus fuerzas armadas contaban principalmente con tecnología soviética de los años 70 y 80 de segunda fila. Cuando la población de la región de Cirenaica asaltó los cuarteles se encontraron con que las unidades fuera de Trípoli contaban con material militar en muy mal estado. Sólo las unidades de la Guardia Revolucionaria contaban con lo mejor de un armamento que ya era de por sí viejo.

Irán es un país montañoso de unos 75 millones de habitantes cuya invasión tendría poco que ver con la cabalgada por el desierto que fue la invasión de Iraq en 2003 (véase la serie “Generation Kill”). La pregunta es ¿qué sentido tendría invadir Irán? ¿Destruir su programa nuclear? ¿Cambiar el régimen? Ya hemos visto cómo han evolucionado los experimentos de Afganistán e Iraq y ahora mismo hay en Estados Unidos una fuerte resistencia a repetir la experiencia.

Una invasión de Irán generaría tal inestabilidad en los mercados del petróleo y bursátiles que tendría consecuencia catastróficas en la presente crisis. Una escalada en los precios del petróleo podría ser la puntilla a la crisis europea porque tendría repercusiones en el transporte de pasajeros y mercancías, afectando al turismo y a los precios de los productos básicos (la carne y verdura no llegan mágicamente a los supermercados de Madrid, París y Berlín).

Cabría esperar una respuesta del régimen de Irán tan pronto comenzaran las operaciones militares. Irán tiene frontera con Afganistán, un país donde hay tropas occidentales. Precisamente las españolas están desplegadas en una región fronteriza con Irán. Sería relativamente fácil para Irán dotar de armamento, suministros y dinero a la insurgencia talibán para que intensificara sus ataques contra las fuerzas occidentales. Además, Irán podría tratar de cortar la navegación por el Estrecho de Ormuz y afectar el flujo marítimo de hidrocarburos procedentes de Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein y Qatar en el Golfo Pérsico. Basta recordar cómo Irán se ha preparado para esa contingencia desarrollando una estrategia naval de guerra asimétrica. Por último, contamos con los precedentes de los atentados terroristas en suelo argentino o los asesinatos de disidentes en suelo alemán detrás de los que estuvo el régimen iraní.

¿Es, por tanto Irán invulnerable? El régimen iraní y su programa nuclear se ha demostrado vulnerable a la ciberguerra, el sabotaje y las presiones económicas internacionales, entre otros terrenos. Ese es el campo de batalla donde se juega la actual Guerra Fría con Irán.

Irán (VI): El enriquecimiento de uranio

Retomo por fin mi serie sobre Irán. La he archivado en la categoría “Guerras Posmodernas” pero lo hecho creyendo que no es del todo correcto. El asunto del programa nuclear iraní tiene el añejo sabor de la Guerra Fría. Aunque las consocuencias de un conflicto con Irán tendrían consecuencias muy de nuestra era.

Volviendo al tema… Hasta ahora habíamos visto como en la prensa de EE.UU. y Reino Unido se ha especulado sobre la posibilidad de que los gobiernos de ambos países (y el de Israel) estén planteándose un ataque aéreo contra las instalaciones del programa nuclear iraní. Explicamos los distintos pasos del tratamiento del uranio (extracción, elaboración del “pastel amarillo” y tratamiento del UF6) antes de proceder a su enriquecimiento junto a las instalaciones iraníes asociadas. Vimos que usando fuentes abiertas es difícil determinar la lista exacta, adelantado con ello uno de los problemas de la opción militar para resolver la “crisis nuclear” con Irán. Llegamos hoy por fin al proceso clave en la carrera nuclear: El enriquecimiento de uranio. (A quien los términos empleados les suene a chino, les recomiendo repasar la serie).

Como explicamos en la tercera entrega del uranio podemos encontrar átomos con distinto número de neutrones en su núcleo. A cada configuración se le denomina isótopo, y el más común del uranio es el Uranio 238 (92 protones + 146 neutrones = 238). El que resulta fundamental para el tema que estamos tratando es el Uranio 235 (92 protones + 143 neutrones = 235), que es fisible: Bombardeando su núcleo con neutrones se rompe desprendiendo mucha energía. Tanta que sirve para iluminar ciudades o arrasarlas por completa. Pero resulta que el Uranio 235 que hay en los yacimientos de uranio es escaso (un 0,7%) y para preparar combustible para una central nuclear o fabricar una bomba nuclear necesitamos aumentar el porcentaje de Uranio 235. A ese proceso en concreto se le denomina enriquecimiento.

Existen varios procedimientos para enriquecer uranio y todos se basan en que los átomos de Uranio 238 al tener más neutrones son más pesados. Irán está usando el de centrifugación de gas, que consiste en introducir Hexafloruro de Uranio (UF6 o “hex”) en estado gaseoso en un tubo al vacío de un metro o dos de largo, y de 15 a 20 centímetros de ancho. El tubo tiene en su interor un rotor que gira a decena de miles de revoluciones por minuto. La diferencia de masa entre el Uranio 235 y Uranio 238 es lo que provoca que este último al ser más pesado sea empujado hacia el exterior. En cada tubo sólo se puede procesar a la vez unos pocos gramos de uranio, por lo que normalmente se usan grandes bancos de centrifugadoras llamados “cascadas”. Irán ha anunciado que pretende operar 54.000. De momento está usando tecnología pakistaní. Emplea actualmente las centrifugadoras P1 de aluminio y planean pasar al modelo P2 de aleación de acero. Recientemente ha anunciado que ha llegado al 4,8% (muy lejos todavía de los niveles que requiere una arma nuclear). El enriquecimiento de uranio por cierto un proceso que consume mucha energía. Sólo un puñado de países poseen plantas para ello. En Francia hay una justo al lado de una central nuclear de tanto que consume.

Se sabe que Irán tiene su centro de enriquecimiento en Natanz, en unas instalaciones que incluyen emplazamientos subterráneos protegidos con gruesos muros de hormigón. Ello supone un problema añadido en caso de un intento de destruir las instalaciones mediante un ataque aéreo. El propósito declarado de las instalaciones es enriquecer uranio que sirva de combustible a la central nuclear de Bushehr. El centro, desde que empezó a ser construido en 2000, ha sido profusamente fotografiado por satélite, en lo que parece la fuente de información fundamental en esta crisis como cuentan Sombra.

Natanz el 20 de septiembre de 2002 (foto de SpaceImaging.com).

-Fotos de 2002 y 2003 analizadas por el Institute for Science and International Security.

-Fotos de 2003, 2004 y 2006 comentadas en GlobalSecurity.org

Un artículo originalmente, publicado en la revista Air Forces Monthly en septiembre de 2003 y que me sirvió para empezar a tirar del hilo, nombra Muallum Kalayeh como lugar de una de las posibles instalaciones nucleares iraníes de enriquecimiento. Sin embargo IranWatch.org cuenta que a pesar de que en 1988 el gobierno británico relacionara el sitio con el programa iraní de armas de destrucción masiva una inspección de la OIEA en 1992 encontró solamente unas instalaciones recreativas para el personal de la Organización de la Energía Atómica de Irán. La zona está sometida a riesgo sísmico y parece improbable que sea seguro montar allí instalaciones nucleares. ¿Qué creer?

En teoría las centrifugadoras se pueden instalar en cualquier parte. Y la lista de posibles emplazamientos para las cascadas de centrifugadoras es más larga.

Como en el caso de Iraq encontramos un movimiento opositor al régimen de Irán, en este caso el MKO, es el que afirma que en Muallum Kalayeh se han instalado equipos con posterioridad a la inspección. El MKO tuvo en tiempos del régimen de Saddam Hussein campos de entrenamientomilitar en Iraq. Pero si en 2002 fue considerado un grupo terrorista por el Departamento de Estado de Estados Unidos, tras la invasión de Iraq algunos parecen intentar que forme parte de la estrategia estadounidense y británica para Irán. ¿Es fiable la información de MKO? Habría que recordar una de las lecciones de la invasión de Iraq: No te fíes de la información tremebunda de organizaciones disidentes que han convertido decir lo que algunos quieren oir en Washington en un modo de vida. Que Ahmed Chalabi hubiera sido juzgado y condenado en rebeldía por un tribunal jordano debió servirles a algunos en el Pentágono de pista.

La lista de instalaciones relacionadas o sospechosas de estar relacionadas con el programa nuclear iraní incluye muchos más nombres. Tratar cada uno de ellos haría esta serie interminable y pospondría eternamente llegar a analizar la opción militar en esta crisis. Y estaría pasando por alto los últimos movimientos diplomáticos. No se pierdan la agenda de viajes de la secretaria de estado Condolezza Rice, el próximo viaje como negociador en asuntos nucleares de Ali Larajani y el viaje del presidente de Irán a Azerbaiyán. Habrá que tener el mapa de la zona a mano.