Las amplias miras de la Alianza del Pacífico

Ahora que tenemos a un presidente del gobierno en Estados Unidos que llegó a la Casa Blanca con una agenda comercial proteccionista y el PSOE de Pedro Sánchez parece que se une a Podemos e Izquierda Unida en su rechazo al tratado CETA de libre comercio con Canadá es interesante mirar a las últimas novedades de la Alianza del Pacífico, grupo de países del que hablé aquí por primera vez en 2013 y volví a mencionar en 2014.

La Alianza del Pacífico es una organización creada en 2011 que la forman México, Colombia, Perú y Chile. Entre sus  objetivos encontramos crear “un área de integración profunda para avanzar progresivamente hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales, personas y economíay “[c]onvertirse en una plataforma de articulación política, integración económica y comercial, y proyección al mundo, con énfasis en la región Asia-Pacífico”.

Recientemente tuvo lugar entre los días 29 y 30 de junio en Cali (Colombia) la XIIª cumbre de la Alianza del Pacífico. Una de las noticias que me parece más importantes es el anuncio de que Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Singapur se convertirán en estados asociados, una nueva categoría dentro de la Alianza. Esto significa que los cuatro países de la Alianza del Pacífico firmarán en bloque acuerdos de libre comercio con cada uno de los estados asociados.

Como ya dije en su momento, México, Colombia, Perú y Chile tiene cada uno sus particulares problemas. Pero será interesante ver el resultado de una estrategia que va contracorriente a las prácticas habituales en el continente. Viendo el estancamiento de Mercosur, habrá que estar atentos al acercamiento argentino a la Alianza del Pacífico.

La conexión atlántica

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La droga incautada al pesquero “Pacífico” es desembarcada en el Arsenal de Las Palmas tras una operación en la que participó el patrullero P44 “Tornado” de la Armada Española.

Leí hace poco Mares de cocaína de la periodista mexicana Ana Lilia Pérez. El libro trata de la rutas marinas del narcotráfico que llevan cocaína desde Sudamérica hacia Estados Unidos, Europa y Austalia. Llegué al libro interesado por las rutas atlánticas que conectan Sudamérica y África Occidental. La nueva ruta africana de la cocaína hacia Europa es un asunto del que hablé en “Un Flanco Sur Profundo: El arco de inestabilidad de África Occidental”, comunicación que presenté en un congreso académico en Granada en noviembre de 2008. En aquel entonces hablé del yihadismo y el narcotráfico como fenómenos diferentes. Años después de que llamara la atención sobre ellos, han convergido.

SahelMap-2La periodista Beatriz Mesa le dedicó un libro, La falsa yihad, al narcotráfico en el Sahel y explicó cómo los intereses económicos creados han convertido en aliados a políticos, militares y yihadistas. Según su análisis, el islamismo ha quedado como cuestión ideológica en segundo plano en el Sahel y se ha convertido en una excusa dentro de la guerra por las rutas de la droga. El Instituto Español de Estudios Estratégicos, con el que Beatriz Mesa colabora, ha dedicado varios documentos al narcotráfico en África Occidental, como “Terrorismo y Tráfico de drogas en África Subsahariana” (2013) y “La amenaza híbrida: Yihadismo y crimen organizado en el Sahel” (2014),

En el libro de Ana Lilia Pérez encontré que el origen de la coca que llega a las aguas de África Occidental es Perú, convertido ahora en el principal productor del mundo.

La coca se traslada por las rutas fluviales del Amazonas desde Perú a Brasil hasta alcanzar el Atlántico, que cruza hacia África Occidental por la famosa “Autopista 10”, la ruta que sigue el paralelo 10º. El narcotráfico se ha convertido en un problema de primer orden en África Occidental. El asunto llamó la atención a la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Crimen Organizado (UNDOC), que elaboró bastantes informes que empleé hace siete años en mi trabajo. La atención internacional se centró en Guinea Bissau, una de las principales puertas de entrada en África Occidental de la droga y que llegó a ser considerado potencialmente el primer narcoestado de África. Sin embargo, tengo la sensación de que el tema dejó de recibir tanta atención del a UNDOC, que no ha vuelto a publicar tantos informes monográficos. Alex Perry, periodista de Newsweek, cuenta en Cocaine Highway: The lines that link our drug habit to terror que tras el golpe de estado de 2012, la colaboración internacional se redujo y se suspendieron programas de lucha contra el narcotráfico. Hoy dos tercios de la cocaína que entra en Europa desde Sudamérica lo hacía vía África Occidental. Perry expone también la importancia de los grupos dedicados al narcotráfico en Mali y cómo la operación francesa contra el yihadismo ha pasado por alto el problema.

En Afganistán la lucha contra los talibán atravesó fases diferentes en cuanto a su relación con la producción de adormidera. Las campañas estadounidenses de erradicación de cultivos generó rechazo entre los campesinos más humildes que contaban con esos cultivos como importante fuente de ingresos en un país árido donde es difícil conseguir beneficios con otras cosechas. Tras reconsiderar el asunto, la vista gorda selectiva produjo un mecanismo de corrupción donde las autoridades locales recaudaban dinero para excluir tierras de las campañas de destrucción de cultivos. De cualquier manera, la “narco-yihad” se convirtió en un asunto fundamental dentro de la estrategia de contrainsurgencia. La lección para el Sahel es que la lucha contra el narcotráfico tiene que tener en cuenta los resultados a corto y medio plazo en el que se producen efectos inesperados que socavan la legitimidad de las autoridades.

Mi sensación es que el asunto del narcotráfico atlántico, tras un período de intensa actividad de informes oficiales, ha quedado relativamente olvidado en una nueva era de preocupación por la yihad en el Sahel. Echo en falta más literatura en español sobre el tema. Y en especial, sobre el eslabón que conecta dos temas que sí parecen ser conocidos ampliamente: La producción de coca en los países andinos y la yihad en el Sahel. En fin, otro tema que añadir a la lista de temas por abordar.

Por cierto, el próximo mes de marzo se estrena en el canal DiscoveryMax un reporte en forma de serie elaborado por David Beriain en Perú, Bolivia y Brasil titulado “Amazonas, el camino de la cocaína”.

EE.UU. y la Unión Europea se abren a los ciudadanos de la Alianza del Pacífico

Recientemente decía Fernando Iglesias que Sudamérica corre el riesgo de quedar dividida en dos, con los Andes haciendo de alguna manera la función de Telón de Acero. Por un lado los países de la Alianza del Pacífico y por otro un bloque representando por Venezuela y Argentina, dos países con problemas económicos. En ambos casos tenemos caída de reservas, financiación vía emisión desmesurada de moneda, inflación, mercado paralelo de divisas, empresas públicas mal gestionadas, clientelismo y corrupción. En Argentina el gobierno asumió ya la situación y ha tomado medidas que no están tan lejos de la ortodoxia de los noventa. En Venezuela está por ver qué pasará en medio de crecientes protestas.

Ya debatimos aquí que los países de la Alianza del Pacífico tiene cada uno problemas serios que nos debe llevar lejos de tener una imagen idílica de ellos. Pero encontramos no sólo datos sobre crecimiento y reducción de pobreza, como otro tipo de indicadores que nos pueden servir de pista. Fernando Iglesias señalaba las garantías democráticas que se disfrutan en esos países. Quizás haya algo también de profecía autocumplida en la confianza que depositan los inversores internacionales. La cuestión es que recientemente coincidían dos noticias. Estados Unidos exime a los ciudadanos chilenos de la necesidad de visado para entrar en su territorio La medida entrará en vigor posiblemente antes del 1 de mayo de este año y coloca a Chile como único país iberoamericano al que Estados Unidos ha aplicado la medida y el 38º en todo el mundo. Por su parte la Unión Europea tomó una medida parecida con los ciudadanos de Perú y Colombia. Falta que la Comisión Europea lo apruebe y se firmen los convenios bilaterales, lo que demorará su puesta en práctica de uno a dos años, con el auge de la economía colombiana de fondo. Se acabó el mirar a Sudamérica por encima del hombro.

Iberoamérica se reinventa mientras mirábamos a otra parte

Las FARC están en la mesa de negociación con el gobierno colombiano. Es el resultado de varios años de victorias de las fuerzas armadas y golpes magistrales de la inteligencia militar. La violencia en el país ha disminuido y Medellín se presenta hoy como modelo de reducción de la violencia social. En el país se empieza a pensar en el futuro. En el número de junio de 2012 de la revista Monocle contaban el papel ascendente de Colombia en la región tras años de ensimismamiento. Colombia va camino de convertirse en la segunda economía de Sudamérica. El artículo de Monocle hablaba de las reformas y crecimiento en el servicio diplomático colombiano, que se está expandiendo por la región Asia-Pacífico y pretende hacerlo en Asia Central. Tradicionalmente ser diplomático en Colombia era cuestión de contactos en la alta sociedad de Bogotá. Ahora se pretende atraer jóvenes de talento de todo el país a las pruebas de acceso a la Escuela Diplomática.

El detalle de que Colombia pretendía instaurar una cultura de la meritocracia me vino a la mente al leer recientamente sobre el programa de becas de la Agencia Boliviana Espacial para formar ingenieros aerospaciales en China que gestionen el satélite de comunicaciones “Tupak Katari” que será lanzado en 2013. Que se vayan a crear 64 puestos de trabajo no es en sí mismo relevante. Lo importante es el mensaje que se lanza dentro del país cuando se hace un concurso público basado en los méritos. Podían aspirar a las becas jóvenes bolivianos con titulaciones científicas y técnicas sin que no necesariamente debían residir el país. Más allá de los 64 elegidos, lo importante es la capacidad de arrastre entre el conjunto de estudiantes del país que tienen los valores que se transmite. Ya lo dice Neil deGrasse Tyson. La NASA no fue importante durante la Guerra Fría por la carrera espacial, sino por la capacidad que tuvo de prestigiar las carreras científicas y tecnológicas haciendo soñar a un país con el mundo del mañana. La Agencia Boliviana Espacial puede parecer un chiste desde la perspectiva española. Pero el chiste desaparece cuando se miran los recortes en ciencia e investigación. No se trata de cuál es la situación ahora, sino de las tendencias. Uno suben y otros caen en picado.

Y es que algo pasa con Bolivia. La misma semana que Cristina Fernández de Kirchner nacionalizaba YPF, el presidente boliviano y el de Repsol inaguraron una planta de procesamiento de gas que precisamente exporta a Argentina. Evo Morales le dijo a Antonio Brufau, que lucía una camisa con la bandera boliviana: “Su inversión será respetada como socio, señor presidente de Repsol”. El fiasco de la nacionalización de los hidrocarburos enseñó algo al gobierno de Morales. La explotación de los recursos naturales del país necesitan socios con la tecnología y el conocimiento.

El pasado mes de agosto el gobierno de Evo Morales fue noticia porque el presidente pidió la dimisión a un ministro que había dicho que el problema del suministro de agua en un aeropuerto regional había sido resuelto y no era verdad. Pedir la dimisión de un ministro “por mentir” sonaba algo propio de la exhuberancia verbal que desde España se percibe al otro lado del charco. Pero nuevamente el chiste se desvanece tan pronto se lanza la pregunta, ¿se imaginan que en España el presidentes de gobierno, presidentes autonómicos y alcaldes aplicaran ese criterio?

La confianza que proporciona el gobierno boliviano generó un hito en octubre de 2012. Bolivia colocó bonos soberanos a diez años en el mercado por primera vez en casi un siglo. Según Carlos Quiroga para Reuters, “son una señal de apoyo de Wall Street a lo que considera una política macroeconómica ‘prudente’ en Bolivia”.

Y un último síntoma. Claus Meyer, chef del restaurante Noma, se ha plantado en Bolivia para montar un restaurante de alta cocina en La Paz en el que tratará de sacarle partido a la enorme variedad de productos de la tierra en Bolivia. Los beneficios los destinará a una fundación que proporciona formación profesional a jóvenes sin recursos. El modelo confesado por Claus Meyer es Perú, un país con una tradición gastronómica con proyección ahora internacional.

Una vez más, los relatos de fondo de la globalización los encontramos en los lugares menos sospechados.

“La Cuarta Espada” de Santiago Roncagliolo

En mis indigaciones preliminares sobre “Iberoamérica y las Guerras Posmodernas” surgió la pregunta. ¿Por qué sobrevivieron las FARC en Colombia y Sendero Luminoso en Perú al fin de la Guerra Fría? La respuesta se hacía evidente. Ambas guerrillas se involucraron en el narcotráfico y no se vieron afectadas por la desaparición de los apoyos externos. Sobre las FARC y la economía política del conflicto armado en Colombia contaba con bibliografía. Sobre Perú no. Así llegué a “La Cuarta Espada”.

El autor, Santiago Roncagliolo, es un periodista y escritor peruano residente en España que volvió a Perú para escribir una biografía sobre el líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán. El libro resultante es como “El Palestino” de Antonio Salas, la crónica del fracaso del autor por alcanzar lo que se propone aunque esa crónica en sí misma resulta interesante.

Quizás unos conocimientos sociólogicos y de pensamiento marxista le habrían servido para ser más incisivo. Queda poco serio citar en un libro a la Wikipedia para explicar lo que fue la Revolución Cultural china. Señala las diferencias étnicas y sociales que encuentra entre las élites de la capital, los cuadros senderistas y los campesinos pero no tira del hilo. En su visita al museo privado de la Dirección Nacional contra el Terrorismo del Perú habla con un oficial y tiene “la impresión de que hay algo que me quiere decir y no me dice, como si yo no estuviera haciendo las preguntas correctas” (pág. 121). Una sensación que vuelve a repetirse en libro.

Cuenta además las trabas burocráticas para visitar a los miembros presos de Sendero Luminoso, la cerrazón de los guerrilleros que cumplen condena aferrados todos al discurso oficial y a la autojustificación, la negativa de parientes y conocidos a hablar de Abimael Guzmán, la dificultad de diferenciar verdad y propaganda en el relato de policías y militares, etc. Y ello aderezado con sus recuerdos de niño bien (“¿Cómo podías ser un escritor en los noventa si no eras joven, guapo y drogadicto?” pág. 61) que redescubre su propio país y su historia en lo que es un “viaje interior”. Quizás eso le aporta una cierta perspectiva fresca que compensa la falta de profundidad. Aunque el libro se completa con 35 páginas de una cronología que parece haberse elaborado sólo para rellenar páginas.

¿Cómo llega Sendero Luminoso al narcotráfico? Pensaba que por el corte de los apoyos externos tras el fin de la Guerra Fría. Pero en su recalcitrante ortodoxia maoísta Sendero Luminoso rompió con China en 1977. Aislada del exterior es una guerrilla pobre que recurre a los machetes y a las piedras. Masacra a los campesinos que pretende emancipar para provocar una espiral de acción-represión y porque cualquier campesino que no es misérrimo es un burgués. Así termina perdiendo su base social.

Decidida a provocar una confrontación que polarice el país la cúpula de Sender Luminoso da el paso en involucrarse en el narcotráfico para provocar una invasión estadounidense. ¿O fue una mera justificación? Guzmán y su círculo más cercano caen en 1992. A partir de ahí comienza el declive del grupo guerrillero convertido en un actor marginal de la vida política de Perú.