Demos gracias por el secretario de defensa Mattis

El general Mattis alcanzó el status de figura legendaria dentro del cuerpo de infantería de marina de los Estados Unidos. Soltero y erudito, encarnó la figura del monje guerrero con su inmensa biblioteca y su espíritu agresivo. Internet está llena de frases legendarias y anécdotas de personas que sirvieron bajo su mando que rozan la leyenda urbana. Como esa que dice que una noche de Navidad alguien se encontró que el general Mattis cumplía la labor de oficial de guardia en un cuartel porque, siendo él soltero, se había ofrecido voluntario para que un oficial de mucha menor graduación pasara el día de fiesta con su familia.

General Mattis

Cuando en el Partido Republicano se pensaban que el candidato Trump iba a provocar una catástrofe electoral su nombre sonó como candidato de emergencia. Posibilidad que él desestimó. La tira cómica Terminal Lance trató el asunto dibujándolo como un ser celestial que bajaba de los cielos. Donald J. Trump lo eligió para el cargo de secretario de Defensa. Y una semana ha servido para calibrar su figura.

En su primer día en el cargo mandó al personal, militar y civil a su cargo, el siguiente mensaje:

It’s good to be back and I’m grateful to serve alongside you as Secretary of Defense.

Together with the Intelligence Community we are the sentinels and guardians of our nation. We need only look to you, the uniformed and civilian members of the Department and your families, to see the fundamental unity of our country. You represent an America committed to the common good; an America that is never complacent about defending its freedoms; and an America that remains a steady beacon of hope for all mankind.

Every action we take will be designed to ensure our military is ready to fight today and in the future. Recognizing that no nation is secure without friends, we will work with the State Department to strengthen our alliances. Further, we are devoted to gaining full value from every taxpayer dollar spent on defense, thereby earning the trust of Congress and the American people.

I am confident you will do your part. I pledge to you I’ll do my best as your Secretary.

Las referencias a la comunidad de inteligencia y los aliados internacionales no han pasado desapercibidos, considerando que el presidente Trump ha tenido sus roces con la primera y ha despreciado a los segundos. Que el secretario de Defensa haga alusión a la buena gestión del presupuesto, siendo famoso el Pentágono por el despilfarro y los proyectos que se salen del presupuesto en varias magnitudes, es otra señal a tener en cuenta.

El primer día en su nueva oficina, el secretario Mattis llamó al secretario general de la OTAN, organización a la que Trump llamó “obsoleta”. Desde su nombramiento, Mattis ha recalcado la necesidad que tiene Estados Unidos de aliados y llegó a decir que si la OTAN no existiera habría que inventarla y alertó de los intentos de Rusia de romper la alianza. Además, ya está fijado su primer viaje al exterior. Mattis visitará Corea del Sur y Japón en febrero. Se trata de dos países con acuerdos de defensa con Estados Unidos que durante la campaña presidencial Trump criticó, aunque luego se filtrara que era palabrería electoral.

La primera intervención pública de el nuevo secretario Mattis tuvo lugar en el acto celebrado en el Pentágono con motivo del día de Martin Luther King. Mattis hizo referencia a que las fuerzas armadas estadounidenses han sido siempre pioneras y ejemplo de la integración, siendo una comunidad donde gente diversa trabaja como iguales por una misma misión. E hizo referencia al viaje de los célebres exploradores Lewis y Clark, oficiales del ejército, que atravesaron Estados Unidos desde St. Louis a la costa del Pacífico acompañados de un esclavo negro y una mujer nativa. Mattis contó que cuando los exploradores tuvieron que tomar una decisión sobre dónde pasar el invierno, hicieron una votación en la que tomaron parte los cuatro “como iguales”. Se trata de una simple anécdota histórica, pero refuerza el mensaje de unidad en la diversidad que hubiera encajado perfectamente en un gobierno demócrata. La cuestión es cuánto tardarán Trump y Mattis en chocar si es que el presidente Trump decide no dejarse llevar por la voz de la sensatez que encarna Mattis.

Guardar

Guardar

Guardar

“Duty” de Robert Gates

Duty-Memoirs-of-a-Secretary-at-War Robert Gates se convirtió en el primer Secretario de Defensa estadounidense al que un presidente entrante del partido contrario le pidió que permaneciera en el puesto. Así fue Secretario de Defensa primero con George Bush (hijo) y con Barack Obama después. Comenzó su carrera siendo reclutado por la CIA en la universidad hasta alcanzar el puesto de subdirector (1986-1989) con Ronald Reagan y director (1991-1993) con George Bush (padre). Por el camino ocupó puestos en diferentes gobiernos y cuando se retiró de la CIA trabajó en el mundo académico. Era rector de la Texas A&M cuando fue llamado para el puesto de Secretario de Defensa. Rápidamente se convirtió en un personaje que nos llamó la atención a Jorge Aspizua y a mí por su franqueza al hablar y su preocupación por resolver la situación en Iraq y Afganistán enfrentándose a las inercias y a los poderes fácticos que se empeñaban en gastar pensando en hipotéticas guerras convencionales del futuro, un mal que Gates bautizó como la “nextwaritis”. Y es que uno aprende en su libro que si los militares se ocupan de las misiones y operaciones del presente, la burocracia del Pentágono existe para planificar con antelación el descomunal gasto de defensa estadounidense pensando en las guerras del futuro. Un objetivo que se terminó convirtiendo en un obstáculo mientras EE.UU. esparcía sus fuerzas por medio mundo en la Global War On Terror.

080118-D-7203T-021.JPG

Robert Gates cuenta en el libro sus esfuerzos para hacer llegar al frente de batalla los vehículos a pruebas de minas (MRAP) y sus peleas con la fuerza aérea para que se diera prioridad a medios ISR (UAVs y aviones C-12 modificados) con los que luchar contra los insurgentes que plantaban artefactos explosivos (IED) en las carreteras. En este último caso se trataba de que los pilotos de combate consideraban poco glamuroso verse manejando aviones sin piloto tras una pantalla. Todo el tiempo, Gates manifiesta su preocupación por las tropas con una insistencia que el lector español podría pensar que es fingida por extraña entre nuestros políticos. Pero hay que entender que forma parte de la idiosincrasia de la política estadounidense, con lo bueno y lo malo.

gates_tx700

El libro se lee como una guía del funcionamiento de Washington D.C., donde el gobierno choca constantemente con ambas cámaras del congreso, donde el Departamento de Defensa choca con el Departamento de Estado, donde el Secretario de Defensa choca con los asesores del presidente y así hasta el infinito. Resulta curioso pensar en quienes hablan de “Washington decide” o “el gobierno de Estados Unidos decide” como una caja negra de la que salen órdenes. En cambio, de la mano de Robert Gates descubrimos lo complicado del proceso de toma de decisiones en Washington, donde el resultado final es el producto del choque de un montón de fuerzas donde más que la “elección racional” intervienen el “comportamiento organizacional” y las “políticas gubernamentales” (véase Essence of Decision de Allison y Zelikow al respecto).

Hillary Clinton, Joe Biden, Barack Obama, Robert Gates

Habiendo servido en los gobiernos de los presidentes Bush (hijo) y Obama es interesante su perspectiva sobre las diferencias entre ambos. Robert Gates presenta a George W. Bush como un personaje muy diferente a la imagen de paleto intelectualmente limitado que se construyó sobre él, pero que gobernó con la losa del 11-S sobre su cabeza. Según Gates, la idea de que el gobierno había fallado al pueblo estadounidense llevó a Bush a tomar medidas extremas, como enviar prisioneros a Guantánamo o invadir Iraq, para evitar que se repitiera el 11-S pero que con la perspectiva del tiempo podemos percibir como una sobrecompensación ante el fallo inicial. Por su parte, el gobierno Obama es descrito como lleno de jóvenes ambiciosos y voluntaristas que se comportaban como si todavía estuvieran en campaña electoral. Obama marcó a los militares un objetivo político: Retirarse de Afganistán e Iraq. Pero los militares contestaron que primero habría de estabilizarse la situación en ambos países y pidieron más tropas para rematar el trabajo. Obama sintió que le pretendían montar una encerrona y en el tira y afloja se establecieron dos fechas: 2011 para retirarse de Iraq y 2014 para retirarse de Afganistán. Ese voluntarismo por encima de las consideraciones militares puede que sea el origen de problemas para Estados Unidos en el Gran Oriente Medio en el presente y en el futuro.

Cuatro grandes errores del gobierno Bush

Llevo una racha inusual de lecturas sobre terrorismo yihadista, Al Qaeda y la Global War On Terror del gobierno Bush: The Black Banners de Ali H. Soufan, The Longest War de Peter Bergen y Al Qaeda: From global network to local franchise de Christina Hellmich. A eso se añade la lectura de The Insurgents de Fred Kaplan. De todas esas lecturas emerge un relato terrible de lo que fue la “Guerra Global Contra el Terror” del gobierno Bush. En 2007 escribí “2002: El mundo que no pudo ser”. Dije entonces:

Conviene pensar en el camino que pudo haber tomado los acontecimientos en el año 2002. La comunidad internacional pudo haberse volcado en la pacificación y reconstrucción de Afganistán contribuyendo a que los talibán quedaran convertidos en un grupo marginal exiliado en Paquistán. El terrorismo yihadista pudo haberse convertido en una cuestión policial combatida con las armas de la justicia en democracia.

Lo que hace seis años era una mera especulación mío resulta ser una reflexión atinada a la luz de los recuentos de cómo funcionó la maquinaria interna del gobierno Bush y la ceguera con la que actuó en tantos temas. El mundo pudo haber seguido otro camino. Los grupos terroristas pudieron haber sido combatidos con más eficacia. Vidas humanas pudieron ser salvadas. Puede que en un futuro distante los historidadores miren atrás y vean en las decisiones del gobierno Bush los errores que llevaron al comienzo del declive del “imperio americano”. A mi entender esos errores son:

1º. Convertir la lucha contraterrorista tras el 11-S en una guerra sin reglas.
Hasta el 11-S la lucha contraterrorista la protagonizaban el FBI y grupos interagencia. Tras el 11-S el gobierno Bush decidió jugar duro y sucio como un adolescente impulsivo con el orgullo herido. Se creó el campo de internamiento de Guantánamo, se autorizó la tortura bajo un eufemismo y se le dio el protagonismo de la lucha contraterrorista a la CIA y a contratistas sin experiencia que emplearon en su delirio métodos más cercanos al entrenamiento BDSM que al interrogatorio táctico. Aquel desmadre produciría años después el escándalo de Abu Ghraib.

Abu GhraibEl resultado es que la información obtenida a los numerosos detenidos tras el 11-S fue de escasa utilidad y contraproducente, al terminar confesando los prisioneros torturados aquello que sus captores querían oir, como la existencia de armas químicas en manos de Al Qaeda o un vínculo del régimen iraquí con el 11-S. Unos interrogatorios chapuceros de los detenidos llevó a decisiones equivocadas en base a información errónea (como la invasión de Iraq), retrasó en un década la localización del paradero de Osama Bin Laden e impidió detener atentados de otra forma evitables, como el atentado contra el petrolero Limburg.

No es casualidad que la muerte de Bin Laden se produjo después de que se prohibiera la tortura para utilizar técnicas de interrogatorio profesionales y un nuevo gobierno se propuso darle un impulso a la olvidada caza del líder Al Qaeda.

2º. Invadir Iraq.
Son varios los testimonios que hablan de que en las 24 horas posteriores al 11-S por los pasillos de Washington altos miembros del gobierno Bush andaban pidiendo planes de invasión de Iraq. Entra dentro del terreno del psicoanálisis entender cómo toda un grupo de veteranos políticos que habían trabajado con George H. W. Bush durante la Guerra del Golfo de 1991 mantuvieron una década la “espinita clavada” de no haber derrocado a Saddam Hussein. La lista de razones para invadir Iraq es compleja. Se mezclan las mentiras de los disidentes y desertores iraquíes a sueldo de Washington que contaron (¿por órdenes de Irán?) a sus interlocutores las mentiras que quisieron oir, con la soberbia de querer redibujar el panorama político de Oriente Medio a hostias de una vez por todas. Habría que añadir el anticlímax que resultó la caída de los talibán con las ganas del gobierno Bush de vender a la opinión pública estadounidense una victoria militar con una entrada triunfal en la capital del enemigo.

Añadamos también la visión estato-céntrica del panorama global que existía todavía una década después de la caída de la URSS. La cuestión es que Estados Unidos se embarcó en una guerra absurda que privó de recursos a la pacificación de Afganistán, mermó la credibilidad de Estados Unidos en el mundo árabe y se convirtió en una fuente de radicalización en el mundo musulmán. Los resultados nefastos los hemos visto hace poco: La opinión pública estadounidense se puso muy en contra de intervenir militarmente en un país musulmán cuyo régimen había usado armas químicas contra su población civil. Conceptos como “armas de destrucción masiva” e “intervención militar en un país musulmán” se han vuelto tóxicos en Washington.

3º. El olvido de Afganistán.
La obsesión por Iraq tras el 11-S llevó a que Afganistán se convirtiera en un asunto secundario para el gobierno Bush. La invasión de Afganistán había sido un escaparate de la Revolución en los Asuntos Militares, con los soldados de fuerzas especiales empleando desginadores láser y comunicaciones satélite para que la fuerza aérea machacara las líneas talibán. Pero cuando cayó Kabul y se desplomó el régimen talibán el escaso número de tropas impidió sellar la frontera con Pakistán, permitiendo tras la batalla de Tora Bora que los líderes de Al Qaeda huyeran a Pakistán. A partir de entonces, la concentración y energía del mando regional de Oriente Medio se centró en la próxima guerra con Iraq.

Las tropas desplegadas por Estados Unidos resultaron ser insuficientes para estabilizar Afganistán, mientras que las desplegadas por los países aliados veían sus acciones limitadas por cuestiones políticas (“caveats“). En el caso de España, el gobierno de Rodríguez Zapatero desplegó tropas en Afganistán en un paripé para compensar a Washington por la retirada de Iraq. Para colmo, la ayuda para la cooperación y desarrollado prometida en cumbres internacionales no se materializó y la que llegó lo hizo a un país donde la corrupción era rampante. Con las tropas rotando, cada contingente empezaba de cero sin perspectivas a largo plazo mientras la agencia contra la droga (DEA) montaba una campaña de erradicación de cultivo del opio que afectó principalmente a los campesinos pobres que no pudieron pagar los sobornos para que las autoridades afganas hicieran la vista gorda. Las consecuencias del desastre lo veremos cuando se retiren las tropas occidentales en 2014.

DEA4º. La negativa a entender la insurgencia iraquí tras la caída de Saddam Hussein.
Visto con perspectiva, el gobierno de ocupación estadounidense cometió dos errores garrafales. Disolvió el ejército iraquí y prohibió a los miembros del partido Baaz asumir cargos públicos o trabajos en la administración. Eso significó condenar al paro a decenas de miles de hombres con entrenamiento militar y prescindir de miles de funcionarios, técnicos y profesionales en un país donde la gente se afiliaba al partido único como requisito para ser funcionario. Es más, generó un enorme agravio en la minoría árabe sunní, beneficiada durante el régimen de Saddam Hussein, que se veía ahora ante una mayoría demográfica chiita que copaba el gobierno y los aparatos de seguridad.

Cuando la situación en Iraq se volvió totalmente descontrolada el gobierno Bush entró en fase de negación. La palabra “insurgencia” fue prohibida en informes y discursos. A los generales sobre el terreno se les negó ayuda y recursos. La mentalidad imperante fue de que Iraq se pacificaría con más potencia de fuego. Requirió toda una campaña de “guerrilla intelectual” dentro del establishment militar para que nuevas estrategias de conducción de la guerra permitieran a EE.UU. reducir la violencia en Iraq y retirar sus tropas. Iraq consumió cantidades astronómicas de dinero, vidas humanas y energía mental de Estados Unidos, incapacitando al país para asumir una posición de liderazgo en el mundo. Está por ver las consecuencias a medio y largo plazo del nuevo “síndrome de Iraq”.

Reorganizando el mapa del mundo

Vía el blog del coronel Von Rohaut me entero que en Estados Unidos barajan reorganizar los mandos regionales en los que el Pentágono divide el mundo. Actualmente la cosa está así:

La historia de la creación y reorganización de mandos regionales es una historia del entorno estratégico estadounidense. Al poco tiempo de la Segunda Guerra Mundial (1947) se crearon los mandos para Europa y el Pacífico. El siguiente en ser creado fue el U.S. Southern Command con responsabilidad sobre Iberoamérica y el Caribe. Se creó en 1963, cuatro años después de la Revolución Cubana. Actualmente está volcada en ayuda humanitaria, formación de las fuerzas de países aliados y lucha contra la droga.

La siguiente creación de un mando regional no tuvo lugar hasta los años 80. Tras la sucesión de acontecimientos durante el año 1979 en el Gran Oriente Medio (La Revolución iraní, el ataque terrorista en la Meca e invasión soviética de Afganistán) se decidió crear una fuerza de acción rápida orientada específicamente a la zona, que finalmente se convirtió en 1983 en el U.S. Central Command. Es el mando regional que dirigió las fuerzas en la liberación de Kuwait en 1991, la invasión y ocupación de Afganistán a partir de 2001 y la invasión y ocupación de Iraq a partir de 2003.

C-130E en una librea experimental para la fuerza de despliegue rápido pensada para Oriente Medio (1980).

Que el mando regional con responsabilidad sobre el Gran Oriente Medio se llame Mando Central tiene unas connotaciones geopolíticas casi poéticas. Si hoy en día fuéramos a redefinir la teoría del Heartland de Mackinder, yo propondría ubicarlo en Oriente Medio. Es más, el área de responsabilidad del Mando Central se parece mucho a la región que Zbigniew Brzezinski denominaba “Balcanes Euroasiáticos” o “zona de infiltración global de la violencia” en su libro El Gran Tablero Mundial.

Zona de desestabilización mundial según Brzezinski.

El quinto mando regional se creó en 2002. Cómo no, tras el 11-S el panorama estratégico cambió y se creó un mando militar con responsabilidad en Norteamérica. Hay que destacar que en inglés los mandos regionales tienen la consideración de Unified Combatant Command (los hay que no tienen responsabilidad geográfica, como el de fuerza especiales). Esto es, por primera vez el Pentágono creó un cuartel general para dirigir fuerzas combatientes específicamente en Norteamérica. En el mundo de las Guerras Posmodernas, la amenaza tocaba la puerta en casa.

El último mando en crearse fue el U.S. AFRICOM. Mientras EE.UU. se empantanaba en Iraq la “guerra contra el terrorismo” seguía su curso de forma discreta en lugares como el Sahel o el sur de Filipinas. Se decidió que África fuera campo de pruebas para una nueva política de defensa “preventiva”. En el cuartel general de AFRICOM se integró personal del Departamento de Estado y se priorizó los programas humanitarios y la formación de las fuerzas locales. La idea es que las poblaciones locales tuvieran una impresión positiva de los Estados Unidos y los militares locales estuvieran acostumbrados a trabajar con las estadounidenses. Que se descubriera que el primer general que estuvo a su mando se dedicó a gastar alegramente con la tarjeta bancaria a su disposición llevando a su familia de viaje y que los militares malienses entrenados por Estados Unidos se desinflaron ante la ofensiva tuareg para luego sólo ser eficaces en dar un golpe de estado no parece haber contribuido a considerar un éxito la experiencia.

bilde

En los cambios que se barajan aparece:
-La disolución del mando dedicado a Norteamérica para crear un mando del Hemisferio Occidental.
-La disolución de AFRICOM para volver a trocear África entre varios mandos. El grueso volverá a ser responsabilidad del mando europeo.
-El traslado de responsabilidades de AfPak del Mando Central al Pacífico.

Los cambios se explican por el afán de recortar gastos en medio del lío presupuestario en EE.UU. La desaparición de U.S. NORTHCOM se entiende por la disipación de la histeria post-11S. La desaparición de U.S. AFRICOM y la división de África entre varios mandos de nuevo quizás sea justificable con que U.S. EUCOM a día de hoy no tenga mucho trabajo tras el fin de la Guerra Fría y el fin de las guerras balcánicas. En cuanto a la recolocación de AfPak significa que se espera que Afganistán no sea un país que requiera la atención de EE.UU. y que Pakistán se coloca bajo la responsabilidad del mando regional que lidia con la India.

Hace tiempo confeccioné mi propio mapa de regiones y sus dinámicas a tener en cuenta, suponiendo que alguien quisiera asumir la tarea de elaborar un blog al estilo de FlancoSur.com. En aquel mapa emergieron dos bloques diferenciados. Por un lado, a ambos orillas del Atlántico tenemos rivalidades interestatuales bastante atenuadas por las organizaciones de integración regional y la emergencia de actores no estales violentos como principal amenaza a la seguridad. Hablamos del eje Colombia-México y el Sahel. En el extremo opuesto tenemos Asia-Pacífico, donde vivimos una carrera armamentística entre los países que rodean China por un lado y los países en torno al Estrecho de Malaca por otro. Tenemos además la pugna geoestratégica entre China e India en el Océano Índico, fenómeno que pasé por alto en mi mapa. Añadiríamos también los dilemas geopolíticos en torno a la explotación y transporte de hidrocarburos que implican a Rusia, Turquía y las repúblicas ex-soviéticas del Cáucaso y Asia Central. Podríamos decir que tenemos por un lado a ambas orillas del Atlántico viviendo en un tiempo posmoderno y a Asia en una lógica moderna de países orgullosamente nacionalistas compitiendo entre sí por cuestiones que no hubieran desentonado a finales del siglo XIX: La soberanía de un islote y rutas comerciales. Curiosamente “Gran Atlántico” y “El Gran Juego de Asia” eran las dos categorías en las que se dividían las noticias internacionales en el agregador de blogs ciberpunk.net allá por 2004-2005. Qué tiempos aquellos. En medio de esas dos grandes regiones queda el Gran Oriente Medio, que lleva acaparando mi atención mucho tiempo a pesar de proclame una y otra vez que quiero dedicar mi atención a Iberoamérica. Pero cada vez que estoy fuera me arrastran dentro.