“El rearme y el nuevo puzle del poder” de Olga Rodríguez

El diario barcelónes El Periódico publicó esta semana una columna de opinión de la periodista Olga Rodríguez titulado “El rearme y el nuevo puzle del poder” que disparó mi sentido arácnido al leer los dos primeros párrafos.

Hace unos días, el ministro de Exteriores ruso afirmaba que las relaciones entre la OTAN y Rusia atraviesan su crisis más profunda desde el final de la guerra fría y reprochaba a la Alianza Atlántica sus «preparaciones militares cerca de las fronteras rusas».

Se refería al despliegue de tropas en cuatro países de Europa del Este, decidido en la cumbre de la OTAN de Varsovia del 2016. Con ella se activó la operación Presencia Activa Reforzada, que se desarrolla en Lituania, Estonia, Letonia y Polonia y con la que se escenifica un cerco militar a Rusia en su flanco occidental.

Un artículo que arranca así y ¿se pueden creer que en él no aparece ni una vez las palabra “Ucrania” o la palabra “Crimea”? Hay que haber permanecido escondido en un búnker subterráneo desconectado del mundo para no entender que el actual estado de las relaciones de Occidente y Rusia es producto de la crisis de Ucrania de 2014, en la que Rusia invadió la península de Crimea e intervino militarmente en Ucrania Oriental.

También hay que haber estado escondido en un búnker subterráneo desconectado del mundo para no entender el despliegue de la OTAN en Polonia y las Repúblicas Bálticas. Eso o alimentarse informativamente de Russia Today, Sputnik y otros medios como Voltairenet, dicho sea de paso.

En el siguiente mapa he trazado una línea roja, con la maestría que me caracteriza manipulando fotos y gráficos en el ordenador, que marca la frontera occidental de Rusia en contacto con países en los que estará presente el nuevo despliegue multinacional de la OTAN, descontando Kaliningrado. Como diría Pedro Piqueras, un gráfico estremecedor. Queda claro el “cerco militar” a Rusia.

Si Moscú y sus aliados enviasen tropas a cuatro países fronterizos con Estados Unidos, las lecturas serían claras. Pero no lo son tanto cuando se trata de interpretar las maniobras de nuestros socios, a los que sí se les concede el derecho a extender su órbita de influencia en las naciones vecinas. Se informa poco de las cuestiones defensivas, los Gobiernos evitan dar explicaciones y de ese modo la atmósfera bélica se extiende de forma sigilosa y casi desapercibida por las poblaciones que se verían afectadas si a alguien se le escapara un disparo en una de esas fronteras.

Creo que no tengo que extenderme mucho sobre la validez de una comparación tomada directamente del argumentario ruso. Hablamos de tres países democráticos y soberanos donde está muy presente la memoria histórica de la invasión soviética de 1940 y la posterior campaña de terror rojo. Fueron esos países los que hicieron cola para entrar en la OTAN. Y fueron esos países los que insistieron en el despliegue de la OTAN para defender su soberanía. Como le dijo John Rambo al coronel Trautman “yo no los llamé a ustedes, ustedes me llamaron a mí”. En cambio, si hay un país que ha jugado a la vieja geopolítica es Rusia, que ya en 2008 vía su presidente reclamó una “órbita de influencia”. Y por supuesto, resulta irónica la mención de “atmósfera bélica”, si pensamos en lo que Olga Rodríguez pasa por alto de la reciente historia europea.

Según el dilema clásico de seguridad, cada acción defensiva de un actor es interpretada como una amenaza por el actor rival, generando una espiral de desconfianza y rearme. Pero en este caso, no hubo gestos equívocos. Rusia invadió Ucrania, la primera anexion de territorio por la fuerza en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, traicionando las garantías dadas a Ucrania en el Memorándum de Budapest de 1994. Así que, entendamos, en las tres República Bálticas andan algo inquietos con la idea de que en Moscú piensen que la disolución de la Unión Soviética fue “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” y se comporten ahora como si la soberanía de los país surgidos tras la disolución de su imperio fuera un concepto “discutido y discutible”.

A pesar de que el Ejecutivo español no ha pedido autorización al Parlamento, tropas españolas forman parte de esta estrategia atlántica en la frontera rusa. En los próximos días se completará el despliegue de 300 soldados españoles en Letonia, con 80 vehículos, entre ellos 6 carros de combate Leopard y 14 vehículos blindados de combate Pizarro. Es la primera vez que España opera en esta región desde la segunda guerra mundial, cuando participó con la División Azul al servicio de la Alemania nazi.

¡Bingo! No podía faltar el meme de la comparación con la División Azul. Ya le dediqué espacio a explicar el despliegue de la OTAN en Polonia y las Repúblicas Bálticas a la luz de la historia. No podemos comparar el envío por parte de la democracia española de fuerzas a un país democrático y aliado con la intervención de la España de Franco en el esfuerzo de guerra de la Alemania nazi.

Eurofighter español y Su-34 ruso sobre el Mar Báltico. Foto: EMAD vía ABC.es

Encontramos un frase importante para calibrar el conocimiento del tema: “Es la primera vez que España opera en esta región desde la segunda guerra mundial”. Pues no. Tenemos, por ejemplo, que el Ejército del Aire realizó allí su primer despliegue dentro de la misión Baltic Air Policing en 2006. Volvió después de la Crisis de Ucrania con despliegues en 2015, 2016 y este año. La Armada Española desplegó la fragata F-103 “Méndez Núñez” en 2016 como buque de mando de la Agrupación Naval Permanente de la OTAN número 1 (SNMG-1), que navegó por el Mar Báltico. Si alguno considera excesivamente agresiva la presencia de la OTAN en el Mar Báltico, le sugiero que repase los escenarios planteados por los ejercicios militares rusos Zapad 99 y Zapad 2013.

A la Administración de Washington esta misión le queda lejos geográficamente, pero a Europa le afecta de lleno, en un momento en el que el proyecto europeo vive sus horas más bajas, con el brexit, las consecuencias de la austeridad, el aumento de la xenofobia y las políticas represivas contra personas migrantes y refugiadas.

Esta párrafo es muy curioso. Es el típico párrafo de periodista español que quiere sonar profundo y comprometido hasta que caemos en la cuenta que está metiendo con calzador en el discurso temas que no tienen nada que ver. Pero si lo pensamos bien la ironía es brutal. ¿Quién simpatiza, promueve y financia partidos y movimientos xenófobos anti-inmigración en Europa? ¿Qué país tuvo a sus medios públicos lanzando el discurso del miedo durante la crisis de los refugiados en 2015? El mismo país al que Olga Rodríguez ha querido presentar como víctima del acoso de la OTAN.

Pero esa idea de que bastantes problemas tenemos ya para que la OTAN se despliegue en el Mar Báltico y busquemos líos confunde el orden de los acontecimientos. Estados Unidos no presionó a la OTAN para meterse en el Mar Báltico por capricho o casualidad. Resulta que fueron los países europeos los que solicitaron a Estados Unidos un mayor compromiso en su defensa tras la Crisis de Ucrania, mientras se reducía la presencia militar de Estados Unidos en Europa en aplicación del “Pivot to Asia” de Obama.

Me saltaré los siguientes párrafos sobre gasto militar y el papel de Alemania para llegar al apoteósico final:

La época de la multipolaridad que hace frente a los excesos e imposiciones estadounidenses ya está aquí. Pero lejos de buscar nuevas vías alejadas del belicismo y de las políticas de la desigualdad, las grandes potencias corren a tomar posiciones para mostrar que están dispuestas a disputarse entre ellas hegemonía económica, militar y geopolítica.

Maravilloso. Olga Rodríguez era de esas personas que se creía que la era de hegemonía estadounidense tras el fin de la vieja Guerra Fría iba a ser sustituida por otra de un orden internacional más pacífico, armonioso y democrático. Advertí de lo que venía en 2015 tras haberlo anticipado en 2013. Ironizaba entonces “si no es gusta el imperialismo yanki, no os preocupéis que tendréis tiempo de disfrutar otros imperialismos”. Algún día alguien dirá que contra Estados Unidos se vivía mejor.

Otra vez Occidente es culpable

La guerra civil siria comenzó cuando una parte del ejército se negó a acatar las órdenes de reprimir violentamente las manifestaciones contra el régimen. Occidente decidió no inmiscuirse en el conflicto, ante la perspectiva de los gobiernos de que se repetiría la experiencia libia, el bloqueo ruso en Naciones Unidas y el rechazo de las opiniones públicas a otra invasión de un país del Gran Oriente Medio. El régimen sirio ha sido sostenido durante este tiempo por el apoyo económico iraní y las armas suministradas por Rusia, además de los combatientes de las milicias chiíes libanesas e iraquíes. Los militares sirios agrupados en el Ejército Sirio Libre fueron perdiendo relevancia en la lucha contra el régimen ante la falta de apoyo externo. Países como Estados Unidos y Reino Unido se mostraron dispuesto sólo a entregar “ayuda no letal”, mientras las petromonarquías del Golfo Pérsico decidieron convertir a Siria en un nuevo tablero de su partida geopolítica contra Irán. Mientras el dinero de Qatar alimentó al Estado Islámico, grupo al que el propio régimen había permitido operar en Siria como retaguardia de su lucha contra Estados Unidos en Iraq, Arabia Saudita apostó por la coalición de grupos yihadistas del Frente Islámico. Aparte, las aportaciones particulares llovieron sobre los grupos yihadistas de simpatizantes islamistas de todo Oriente Medio. Así que iraníes, libaneses, rusos, saudíes, iraquíes y qataríes  han mantenido la llama del conflicto durante cuatro años.

El propio régimen sirio procuró apoyar con ataques de su aviación a las ofensivas del Estado Islámico contra los grupos rebeldes sirios. Además, el régimen sirio ha practicado una política de tierra quemada atacando a la población civil en las zonas rebeldes con bombas de racimo primero RBK-250 de origen ruso, cohetes “Vulcano” de tipo I-RAM de diseño iraní  y bombas de barril artesanales.  Por su parte, los kurdos y drusos sirios procuraron mantenerse al margen del conflicto. Pero cuando el Estado Islámico se expandió y chocó contra los kurdos sirios encuadrados en las milicias del YPG, Turquía hizo la vista gorda y permitió al Estado Islámico operar cerca de su frontera para que le hiciera el trabajo sucio de luchar contra las milicias kurdas, aliadas del PKK. Incluso cuando el gobierno turco anunció que su aviación atacaría al Estado Islámico dentro del territorio sirio, las bombas cayeron sobre el YPG. Estados Unidos y Alemania reaccionaron retirando como protesta las baterías del sistema de misil antiaéreo Patriot desplegadas en Turquía para defender su territorio de posibles ataques con misiles balísticos que pudieran haber caído en manos del Estado Islámico. “Casualmente”, tiempo después de esa crisis diplomática, una oleada de refugiados sirios instalados en Turquía se puso en marcha al unísono hacia la península balcánica para llegar al corazón de Europa. ¿Y de quién es la culpa del drama sirio y sus refugiados? De Occidente, cómo no, nos cuenta Olga Rodríguez en El Diario.

El artículo de “Los refugiados vienen y las armas de la UE y EEUU van” insiste en un cliché que llevo media vida escuchando y que compruebas que es un bulo cuando profundizas en el estudio de los conflictos. Se trata de la idea de que la venta de armas de Occidente alimentan los conflictos en las cuatro esquinas del  mundo. Por mucho dinero que mueva la venta de sistemas de armas occidentales, la mayoría de las víctimas en los conflictos armados de medio mundo caen bajo proyectiles diseñados por el bloque comunista en la vieja Guerra Fría. Las balas  y proyectiles de AK, SKS, PK, SVD, DShK, KPV, ZU-23, RPG, SPG-9, Tipo 63, D-30, BM-21, etc. en todas sus variantes y copias han matado cientos de miles de personas desde los Balcanes a la República Democrática del Congo y desde Sierra Leona al Cáucaso.

Durante los años 90 se trató de armamento y municiones de arsenales de los tiempos de la Guerra Fría en liquidación por los antiguos países comunistas que comerciaron personajes como el ruso Viktor Bout (que inspiró el personaje protagonista de “Lord of the War” interpretado por Nicolas Cage) y el sirio Monzer al-Kassar, el “Príncipe de Marbella”. Al-Kassar fue detenido por la policía española a principios de junio de 2007. Semanas después una bomba en el Líbano mató a seis cascos azules españoles en un atentado terrorista que se atribuyó a la yihad internacional. Tras la caída de Gadafi recuerdo leer sobre el papel que había jugado un intermediario armenio que había comprado en Albania munición de calibre 12,7x108mm para los rebeldes libios con dinero de Emiratos Árabes Unidos.

“Technical” de los rebeldes con ametralladora soviética DShk calibre 12,7x108mm.

Cuando los arsenales de la vieja Guerra Fría fueron liquidados llegó el turno de las municiones de Rusia, Ucrania, Irán, China, etc. que pusieron en circulación entramados como la “Odessa Network”. Una investigación de Conflict Armament Research encontró balas iraníes en catorce lugares de nueve países africanos. Pero es difícil escuchar en España una denuncia sobre cómo Irán vende las balas que alimentan las guerras de República Centroafricana o la República Democrática del Congo cuando el líder del partido emergente de izquierdas cobra de un canal de la televisión pública iraní.

La percepción del comercio de armas es engañosa porque es un negocio multimillonario, como las ventas españolas de fragatas a Noruega y Australia o aviones de transporte militar a Polonia y Brasil. Así, la ventas de sistemas de armas avanzados entre sí de los países de la OTAN o a países desarrollados de Asia-Pacífico como Japón, Corea del Sur, Singapur y Australia suponen un volumen enorme del comercio mundial de armamento. Pero lo que mata a la mayoría de las personas son balas disparadas por una versión china o rumana del Kalashnikov.

Sólo hay una excepción en este panorama. Durante décadas, las petromonarquías de la península arábiga habían acumulado enormes arsenales sin hacer uso de ellos. La intervención en Yemen ha sido una novedad. Por primera vez los vehículos blindados vendidos por Estados Unidos, Rusia y Francia a Emiratos Unidos han entrado en combate. Occidente ya no tiene la excusa de que los sistemas de armas vendidos a países con un triste historial de abusos de los derechos humanos como Arabia Saudita no eran usados contra nadie. Pero habiendo señalado Olga Rodríguez en este caso una cuestión veraz, Yemen es cuestión aparte a la crisis de los refugiados. Todas las fuentes señalan que el mayor causante de muertes entre civiles sirios es el régimen de Bashar al-Assad. Y que los principales autores de atrocidades en Siria son el régimen y el Estado Islámico. Pero Olga Rodríguez señala “Estados Unidos, a través de la CIA, ha estado en Siria organizando milicias ‘moderadas'” como si eso tuviera algo que ver con el éxodo de refugiados. Estados Unidos ha sido responsable de organizar un grupo de rebeldes, sí: 53 personas para ser exactos. Un proyecto que ha sido un despropósito de cabo a rabo, pero de eso hablaremos otro día.

Hubo una época en la que pensaba ingenuamente que había personas que profesaban ciertas ideas porque estaban mal informadas y que sólo era cuestión de proporcionarles una bibliografía adecuada para que entendieran todos los recovecos de un asunto y sus múltiples matices. Pero descubrí que a esas personas les importaba un pito profundizar en la realidad. Estaban muy a gusto manteniendo ciertas creencias. Habían optado por mantenerse en el error porque estaban instalados cómodamente en sus prejuicios ideológicos. Así que no hay que interpretar que ciertos periodistas siempre encuentran en toda ocasión que Occidente e Israel son culpables por desidia intelectual o despiste, sino por empecinamiento ideológico. Ya lo dijo Winston Churchill: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”. 

“Israel, Palestina: Cómo empezó todo” de Olga Rodríguez

La periodista Olga Rodríguez ha publicado un artículo “Israel, Palestina: Cómo empezó todo”. Al contrario de “La importancia de llamarse Israel”, que comenté aquí, he visto que este artículo sí ha tenido cierta repercusión. Opiniones las hay para todos los gustos. Pero si lo pensamos, es este incesante goteo de artículos que pretenden explicarnos “todo lo que necesitas saber” sobre el conflicto palestino-israelí los que construyen la opinión pública. Recordemos aquella reseña que hice del libro Breve introducción al conflicto palestino-israelí, en la que lo contrastaban con Historia de Palestina. Desde la conquista otomana hasta la fundación del Estado de Israel. El primero es un librito ligero introductorio de un profesor español que plantea el conflicto como una historieta de buenos y malos mientras que el segundo es una obra académica de una profesora alemana que muestra a la Historia con su complejidad y sus muchos matices.  ¿Cuál tiene más probabilidades de ser leído? Como pretendía comentar a amigos y conocidos en las redes sociales mis objeciones al relato presentado por Olga Rodríguez, las presentaré aquí y así me limitaré a poner un enlace.

Cómo empezó todo, preguntan algunos estos días. Esto, lo que está ocurriendo en Gaza, se inició hace mucho tiempo. Comenzó con los pogromos, las persecuciones racistas de judíos primero en Rusia, después en Europa. Comenzó con el antisemitismo europeo, con el nazismo, con el genocidio contra los judíos y con la posterior decisión de Europa, motivada por la culpa de lo ocurrido, de apoyar y fomentar el sionismo -surgido en el siglo XIX- y la masiva emigración judía a Palestina.

La idea de que Europa fomentó el sionismo (la idea de que los judíos formaran un estado-nación propio) me parece discutible. El sionismo surgió como un movimiento que aunaba dos corrientes europeas: El nacionalismo y el socialismo utópico. A los gobiernos europeos les importó un pito que unos cuantos judíos chalados se fueran a un territorio del Imperio Otomano, que un día fue su tierra ancestral, a montar cooperativas agrícolas y luchar contra la malaria en las tierras yermas que los terratenientes rentistas en El Cairo y Damasco les vendieron.

Quienes sí apoyaron la idea fueron los judíos europeos a título individual que aportaron dinero para el establecimiento de aquellas comunidades en lo que hoy llamaríamos “crowdfunding”. Cuando los judíos prosperaron, llegaron de Europa con un “capital humano” que los árabes carecían, empezaron a expandirse y comprar más tierras. La revitalización económica de la zona, en decadencia demográfica y económica desde el siglo XVI, incluso atrajo un cierto flujo de trabajadores árabes de otras regiones de Oriente Medio. A pesar de muchos ejemplos de convivencia pacífica, los judíos socialistas entendían los conflictos en términos de clase social y no de etnia o religión, la relación entre los judíos y buen parte de la población autóctona empeoró. El primer enfrentamiento violento significativo sucedió en Tel Hai en 1920. A finales de aquella década, unos disturbios se saldaron con más de cien judíos y más de cien árabes muertos.

La idea inicial del Reino Unido, Francia y Rusia  era convertir Palestina en una “zona internacional”, ya que era Tierra Santa para las tres religiones monoteístas. La transformación de la Rusia ortodoxa de los zares en la atea Unión Soviética la dejó fuera de la ecuación. En el plano geopolítico, la situación cambió con la Primera Guerra Mundial. El gobierno de Londres se dedicó a hacer promesas a todo el mundo en Oriente Medio para sumar apoyos en su guerra contra el Imperio Otomano. Prometió un país propio a los judíos y la corona de un gran estado árabe al jerife de la Meca. La derrota del Imperio Otomano, recordemos a Lawrence de Arabia, permitió a Reino Unido y Francia repartirse la región. Su nueva posición de poder permitió al gobierno británico traicionar sus promesas a los árabes y, junto con el gobierno francés, trocearon la zona en estados-nación artificiales. Hasta el siglo XX, nunca existió un país soberano llamado Iraq o Jordania. Palestina, como Libia, Siria y Mauritania, es el nombre de una división administrativa romana que recibió ese nombre en vez de Judea para borrar su identidad tras la segunda gran revuelta judía de 135 d.C. El Reino Unido fue el único que encontró que la creación de un estado judío servía a sus intereses, ya que actuaría como un estado tapón que protegería los accesos al Canal de Suez. Pero mantuvo una actitud ambigua siempre, dados sus intereses en sus otros dominios árabes. Ya en 1939, decidió establecer restricciones a la inmigración judía a Palestina, que siguió aplicando incluso cuando tras la Segunda Guerra Mundial los supervivientes del Holocausto quedaron hacinados en campamentos de refugiados en Europa abandonados por todos.

Comenzó cuando el protectorado británico de Palestina miraba hacia otro lado mientras los judíos se organizaban en bandas armadas que cometieron atentados terroristas, matando a gente, contra objetivos británicos y árabes.

 En 1947 la ONU, motivada por la responsabilidad y culpa europea del horror contra los judíos, aprobó un plan de partición que asignó el 54% de la Palestina del mandato británico a la comunidad judía (llegada la mayoría tras el Holocausto) y el resto, a los palestinos. Jerusalén quedaba como enclave internacional.

La violencia entre judíos y palestinos llevó a ambos bandos a formar grupos armados que cometían atentados terroristas contra el otro bando y contra británicos. Cuesta creer que los judíos atentaran con los británicos mirando hacia otro lado, cuando esos ataques tuvieron como objetivo la fuerzas de seguridad británicas. Quizás convenga recordar el carácter clandestino de los esfuerzos de los judíos para armarse.Hubo casos como el del excéntrico oficial británico Orde Wingate, que reclutó judíos para combatir a los árabes que saboteaban oleoductos y conducciones de electricidad.

Lo que diferenció la relación de árabes y judíos en este aspecto con los británicos fue su posicionamiento en la Segunda Guerra Mundial. Los árabes acogieron con esperanza los avances de las fuerzas germanos-italianas del general Rommel por el Norte de África y el Mufti de Jerusalén a su vez se entrevistó con Hitler. Compartiendo intereses comunes, los británicos reclutaron, entrenaron y armaron unidades militares de judíos para luchar contra las fuerzas del Eje. Algunas actuaron en la actual Siria y Libano, entonces bajo administración de la Francia de Vichy. En una de aquella acciones, Moshe Dayan perdió su ojo izquierdo.

Árabes y judíos organizaron grupos armados y cometieron atentados sangrientos contra ciudadanos del otro grupo. Los terroristas judíos llegaron a matar a un representante de la ONU. La diferencia fundamental es que los judíos se prepararon para convertirse en un país. Crearon su propia administración y lo que es lo más importante, unas fuerzas armadas que respondían al poder político. Según Max Weber, uno de los padres de la Sociología, un Estado es “aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio reclama para sí con éxito el monopolio de la violencia física legítima”. A esta característica añadía además la capacidad de generar leyes. Así que cuando Ben Gurion proclamó el Estado de Israel era el presidente de un país con unas fuerzas armadas.

Los palestinos rechazaron la partición, no crearon una administración pública y nunca tuvieron una fuerza armada centralizada. En este último error persisten hasta la fecha en un empeño digno de “La Vida de Brian”: Fatah, Frente Democrático por la Liberación de Palestina, Frente Popular para la Liberación de Palestina, Frente por la Liberación de Palestina, Frente por la Liberación Árabe, Frente por la Lucha Popular en Palestina, Frente de Lucha Popular Palestina, Frente Revolucionario Popular por la Liberación de Palestina, As Saiqa, Frente Árabe Palestino, Movimiento de la Resistencia Islámica (Hamás), Yihad Islámica Palestina, Ejército del Islam, etcétera, etcétera, etcétera…

En el caso judío, la organización que luego se convirtió en las Fuerzas de Defensa de Israel se enfrentó a otras organizaciones judías. Un mes después de la proclamación del país y ya convertido en un ejército, hundió un barco cargado de armas destinadas para la organización Irgún. Imaginen por un momento que las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina trataran de desmantelar un grupo yihadista palestina. En la Franja de Gaza pasó al revés en 2007. Hamás se enfrentó a las fuerzas de seguridad palestina, las derrotó, asesinó a miembros de la Autoridad Palestina y se hizo con el poder, que conserva hasta hoy.

Cuando en la ONU se votó la partición de palestina en dos estados no sólo votaron “sí” Estados Unidos, Reino Unido y Francia junto a otros países europeos a los que podemos atribuir una visión colonial de Oriente Medio o un sentimiento de culpa por el Holocausto. Votaron sí la Unión Soviética, Checoslovaquia y Polonia por sus simpatías hacia el movimiento socialista judío. Una vez proclamado el Estado de Israel como país soberano, los judíos de todo el mundo fueron libres de emigrar al país. Un flujo más imporante que el de los supervivientes del Holocausto fue el de judíos de Oriente Medio que tuvieron que huir de sus países por culpa de los progromos que constituyeron una auténtica “Nakba judía”.

En los primeros meses de 1948 las fuerzas armadas judías clandestinas -escribo judías porque así se autodenominaban, y aún no se había declarado la independencia de Israel- elaboraron el Plan Dalet, cuyo fin era, entre otras cosas, hacerse con el control de la vía que unía Jerusalén con Tel Aviv, una zona que no figuraba como futuro territorio israelí en el plan de partición de la ONU. De ese modo expulsaron a miles de personas y asesinaron a cientos. Es decir, ya hubo entonces un plan de limpieza étnica.

Después, cuando los países árabes vecinos declararon la guerra a Israel tras su nacimiento en mayo de 1948, las fuerzas armadas israelíes aprovecharon para ocupar más tierras y expulsar a cientos de miles de palestinos. De ese modo Israel pasó a tener un 78% del territorio (posteriormente, en 1967 Israel ocuparía el 22% restante: Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este).

El camino hacia la independencia enfrentó a las autoridades del futuro Estado de Israel a un desafío existencial por el rechazo árabe a la partición. Los países árabes de la zona se mostraron dispuestos a atacar y destruir al estado judío. Hasta Iraq participó. En caso de guerra, el mapa de la partición creaba cuellos de botella que podían ser cortados por el otro. Además, algunas localidades judías quedarían aisladas en territorio árabe y localidades árabes quedarían en medio de Israel. Pueblos que dominaban puentes, cruces de caminos y carreteras se convirtieron en objetivos estratégicos para cada bando. En Jerusalén hubo una escalada de violencia con atentados para espantar la población de algunas manzanas que se presumían serían vitales en los futuros combates. La explicación que hace del Plan Dalet, un plan de contingencia, es una interpretación personal. Véase si no la diferencia entre la versión de la Wikipedia en español a la que enlaza (6 notas a pie de página) con la versión en inglés (46 notas a pie de página). La ruta por carretera entre Tel Aviv y Jerusalén quedó cortada por los árabes. Los judíos en Jerusalén se vieron aislados hasta la construcción de una alternativa, la Ruta Birmana. Al final de la guerra, población de ambos bandos lo perdió todo. Pero con una diferencia. Los judíos de lugares como Kfar Etzion, que quedó en manos jordanas, al llegar al recién nacido Israel se convirtieron en ciudadanos. Los únicos territorios de Palestina que quedaron en manos árabes no se convirtieron en un país, quedaron en manos de Egipto y la actual Jordania. Los árabes que terminaron en lugares como el Líbano o Siria fueron recluidos en campamentos de refugiados sin derecho a la ciudadanía. A estos, últimos por cierto, los están machacando estos días pero ya sabemos que su vida no vale nada porque los matan otros árabes. La Guerra de Independencia no convirtió a Israel en un país étnicamente homogéneo. Los judíos sabían que tendrían que convivir con otros grupos. En la declaración de independencia, leída por Ben Gurion, exhortaba “aun en medio de la agresión sangrienta que es lanzada en contra nuestra desde hace meses – a los habitantes árabes del Estado de Israel a mantener la paz y participar en la construcción del Estado sobre la base de plenos derechos civiles y de una representación adecuada en todas sus instituciones provisionales y permanentes“. Los árabes dentro de su territorio  constituyen hoy la quinta parte de la población  También pasaron a ser ciudadanos de Israel los miembros de comunidades étnicas y religiosas minoritarias como los drusos y los circasianos, que no vieron con hostilidad el nacimiento del nuevo país.

 Tras la guerra del 48, muchos palestinos intentaron regresar a sus casas, pero las tropas israelíes se lo impidieron, a pesar de que en diciembre de 1948 Naciones Unidas aprobó la resolución 194, incumplida hasta hoy, confirmada en repetidas ocasiones y ratificada en la resolución 3236 de 1974, que establecía el derecho de los refugiados a regresar a sus hogares o a recibir indemnizaciones.   Solo pudieron permanecer dentro de Israel, en muchos casos como desplazados, unos 150.000 palestinos, el 15% de la población, que en 1952 accedieron a la ciudadanía. Son los llamados árabes israelíes.

Ciertamente la cuestión de los refugiados, retorno o indemnización, es un tema central del conflicto junto con las fronteras sobre las que tratar un Estado palestino. Pero indignarse por el incumplimientos de resoluciones de la ONU ha de abarcar las que nunca se mencionan, como la 1559. Llama a la disolución de las milicias libanesas. Obviamente Hezbolá la incumple y fue la causante de la guerra de 2006. Lo singular del caso palestino es que podría parecer que los países árabes consideraron que las consecuencias de la victoria de Israel en su Guerra de Independencia fueron temporales. Que tarde o temprano destruirían a Israel y los refugiados palestinos volverían a su tierra. A nadie se le pasó por la cabeza craer un estado palestino con los territorios en manos árabes: Cisjordania y Gaza. Lo que hoy se considera la gran solución al conflicto, dos estados con la línea de armisticio en 1949 como frontera, es algo que al ser rechazado en aquel momento desencadenó todos los problemas posteriores. La solución llegará un día y entonces miraremos atrás para pensar que todos estos muertos sólo habrán servido para volver a lo que pudo ser posible en 1949.

Fronteras arbitrarias producto de la guerra y poblaciones que lo perdieron todo. Son dos elementos que en aquel entonces eran muy familiares en Europa. Entre 1914 y 1945 el baile de fronteras en Europa Oriental fue espectacular, con tragedias humanas brutales. Hoy en día casi todo esos países forman parte de la Unión Europea, lo que demuestra que superar las heridas de la Historia es posible. Podría seguir pero creo que es el momento de parar. Porque todo el argumento histórico es una falacia. Hamás no está lanzando cohetes por algo que pasó hace 70 años. Al contrario que Fatah, Hamás no reconoce el derecho del Estado de Israel a existir. Está lanzando cohetes por razones que tienen que ver con cuestiones internas derivadas de la pugna por la hegemonía política con Fatah y la pérdida del apoyo iraní, tras posicionarse Hamás en contra del régimen de Damasco tras el inicio de la guerra civil siria. Podemos extraer de la ecuación a Israel para encontrar que el pueblo palestino no sufre unas condiciones particulares, sino que comparte con el resto de países árabes los mismos problemas estructurales.

En 2006 su triunfo en las elecciones legislativas llevó al presidente Mahmud Abás a poner en suspenso la democracia palestina, como los generales argelinos o Fujimori hicieron en los 90, derivando en un conflicto armado en 2007 en Gaza entre Fatah y Hamás. El ascenso del islamismo ante la rampante corrupción de las élites en el poder, el autoritarismo, insurgenicia armada… Hablar de la historia es la típica construcción narrativa de cualquier nacionalismo. Justificar el lanzamiento de cohetes contra núcleos de población civil israelíes por la Nakba no tiene nada de diferente que los argumentos de los nacionalistas serbios en los noventa invocando las matanzas de serbios a manos de los ustachas croatas o el fantasma del rey Lazar en la Batalla de Kosovo Polje. Si los agravios históricos en sí mismos generan conflictos, Polonia y Paraguay serían zona de conflicto. Si las diferencias étnica y lingüísticas en sí mismas generan conflictos, los germano-suizos protestantes y los italo-suizos católicos serían acérrimos enemigos. Hamás tiene vértigo ante la idea de una Palestina en paz. Tras suspender la democracia palestina, Mahmud Abás nombró primer ministro a Salam Fayyad, un economista formado en EE.UU. y con experiencia internacional. Su partido “Tercera Vía” no alcanzó el 3%. Fayyad intentó seguir el camino que siguieron los judíos en Palestina. Primero construir un país para luego tener un Estado. El banco central palestino empezó a trabajar estrechamente con el banco central israelí e hizo planes para lanzar la libra palestina. Cuando Dominique Strauss-Kahn dimitió como presidente del Fondo Monetario Internacional y se planteó por primera vez que el cargo lo ocupara un no europeo, sonó el nombre del presidente del banco central israelí. Fayyad declaró públicamente su apoyo a la candidatura. Simon Peres dijo de él que el Ben Gurion palestino. A finales de 2011 la economía palestina en Cisjordania prosperaba. El único problema era el conflicto Fatah-Hamás. La condición que puso Hamás a Mahmud Abás fue la cabeza de Fayyad, que dimitió en 2013. Tristemente, como dice el dicho, los palestinos nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad.

Actualización:
He corregido varias erratas, he añadido enlaces y he areglado alguna frase confusa.