Religiones de amor y religiones de odio

Un día le señalaba a alguien, mientras hojeaba las novedades de la sección de actualidad y política en una librería, que parecería que sólo se publicaban libros sobre Oriente Medio, Islam, terrorismo y Al Qaeda. Me imaginé a un dependiente de la tienda descargando con una carretilla las novedades semanales. Papel y más papel sobre lo mismo. Se hacía dfícil seguir el ritmo en tiempo y dinero para tener al día la biblioteca. Era un efecto del 11-S, la invasión de Iraq y el 11-M.

En EE.UU., dicen, subió la venta de coranes y libros sobre el Islam en general tras el 11-S. La gente buscaba respuestas yendo directamente al libro sagrado de la religiosa musulmana. Desde aquel entonces, varias veces he visto varias veces como alguien leía pasajes del Corán para demostrar que el Islam es una religión que incita al odio hacia los no musulmanes. “El problema no son los islamistas, es el Islam en sí” afirman tales personas. Y a continuación argumentan que el Corán es considerado la palabra de Dios, por lo que no hay cabida para una interpretación, y que en el Islam no hay posible separación de la religión y el estado. La realidad es que toda mínima aproximación al Islam revela la existencia de diferentes corrientes y tradiciones muy alejadas del salafismo o el wahabismo. Por encontrar en la red uno encuentra, por ejemplo, un ensayo que establece analogías del sufismo con el psicoanálisis. O voces críticas en los lugares menos sospechados.

Cuando uno rasca un poco en el discurso islamofóbico, a veces no hace falta ni hacerlo, uno se encuentra con un teocón, un conservador cristiano y nacionalista español. Un heredero político del franquismo vestido de demócrata y de liberal en lo económico. Convencidos de la superioridad moral de Occidente, parecen olvidar que hará no más de sesenta años la Iglesia Católica en España declaró una Cruzada. Tan preocupados por el Islam y lo que dice el Corán, no quiero ni pensar qué podría suceder si alguien se molestara en leer la Biblia, en especial el Antiguo Testamento.

En Internet circula una anécdota al respecto. La conocí en la página web de Javier Ortiz, pero el enlace ya no funciona. Resulta que en en EE.UU. una tal “Dr. Laura” que hace de consejera sentimental en la radio manifestó su rechazo a la homosexualidad por estar condenada por Dios en el Levítico como una abominación. Un oyente del programa, se tomó la molestia de leer ese libro del Antiguo Testamento y al surgirle varias dudas escribió una carta a la tal Dr. Laura para que le ayudar a salir de dudas, que son las siguientes.

a) Cuando quemo un toro en el altar como sacrificio sé que emite un olor que es agradable para el Señor (Lev 1:9). El problema está en mis vecinos. Argumentan que el olor no es agradable para ellos. ¿Debería castigarlos? ¿Cómo?

b) Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como sanciona el Éxodo, 21:7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?

c) Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su periodo de impureza menstrual (Lev 15:19-24).El problema que se me plantea es el siguiente: ¿cómo puedo saber si lo están o no? He intentado preguntarlo, pero bastantes mujeres se sienten ofendidas.

d) El Levítico, 25:44, establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mejicanos, pero no a los canadienses. ¿Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?

e) Tengo un vecino que insiste en trabajar en el Sabat. El Éxodo, 35:2, claramente establece que ha de recibir la pena de muerte. ¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?

f) Un amigo mío mantiene que aunque comer marisco es una abominación (Lev 11:10), es una abominación menor que la homosexualidad. Yo no lo entiendo. ¿Podría usted aclararme este punto?

g) En el Levítico, 21:20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100%? ¿Se puede relajar un poco esta condición?

h) La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que esto está expresamente prohibido por el Levítico, 19:27. ¿Cómo han de morir?

i) Sé gracias al Levítico, 11:6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Así y todo, ¿puedo continuar jugando al fútbol si me pongo guantes?

j) Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico, 19:19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24:10-16). ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20:14).

A pesar de lo visto, no creo yo que los cristianos sean peligrosos. Yo, sin ir más lejos, me adhiero al “Manifiesto en favor del matrimonio entre católicos” (otro clásico en Internet). Eso sí, a la existencia de las clases de religión en la escuela pública creo que debería acompañarles espacios de divulgación científica en las ceremonias religiosas. Una medida moderna y con talante…

Dulce castigo

La alarma saltó con el asesinato del director de cine Theo Van Gogh el pasado día 2. Había dirigido un corto titulado “Submission”, donde se criticaba la permisividad del Corán con la violencia doméstica. (Y donde de paso se mostraba a una mujer desnuda con versículos del Corán escritos en la piel. ¿Una imagen tomada de Orión de Masamune Shirow?). El descendiente del pintor había recibido amenazas de muerte. Igual que la guionista del corto, una parlamentaria de origen somalí.

A la muerte de Theo Van Gohh se sucedió una inquietante espiral de violencia, en un ciclo de acción y reacción con la quema de locales de relevancia cristiana o musulmana. Aislado de todo ello pero como colofón, el miércoles día 10 fuerzas especiales de la policía holandesa pusieron fin al asedio de un piso donde dos terroristas islamistas se habían atrincherado.

Hoy he releído “11-M Redes para ganar una guerra” de David de Ugarte. En mi primera lectura no había terminado de convencerme. Ahora entiendo que dio en el clavo:

Buena parte de la ciudadanía, por no decir de los articulistas, ha pensado o incluso explicitado que si España no hubiera apoyado la invasión de Iraq, nunca habría habido un atentado integrista en nuestro suelo. Es de nuevo la teoría del justo castigo, ahora aplicada no ya a EEUU sino a nosotros mismos. Una doctrina sumamente peligrosa porque sigue dejándonos indefensos frente a la amenaza del terrorismo de red mientras implícitamente señala la responsabilidad del asesinato en aquellos conciudadanos que apoyaron al Gobierno en nuestra intervención en Iraq. Intervención discutible y en cualquier caso decidida con el rechazo de la mayor parte de la ciudadanía sí, pero en cualquier caso independiente de una amenaza que ya era explícita mucho antes y frente a la que hemos estado indefensos complacidos en la teoría de que “el grande”, “el imperio”, era el verdadero peligro”.

Creímos que el 11-M fue una respuesta a la presencia española de tropas en Iraq. Las tropas se retiraron. Y los yihadistas siguieron conspirando. ¿Ahora qué?

[Esta entrada fue publicada originalmente en el blog Lobo Estepario de Zona Libre]