Guerras de la Información: Narrativas

La supuesta injerencia rusa en Cataluña ha desatado una tormenta de artículos en España como sólo sucede cuando se abraza una nueva ortodoxia con el furor del converso. Hablamos de un país donde los expertos llevaban tres años negando que hubiéramos entrado en una Nueva Guerra Fría. Al parecer, Putin no tenía ningún interés en enredar en Occidente y era más los que nos unía que lo que nos separaba del Kremlin. Pero ahora que “Rusia es culpable”, lo mismo el diario madrileño publica una editorial que lleva el término “Guerras Híbridas” en el título, que el Real Instituto Elcano publica un análisis sobre la “deziformatsiya” y otros términos que en ruso parece que suenan mejor. En estos días que no doy abasto ordenando todo lo que se escribe sobre bots, trolls y operaciones de influencia, voy a tratar de poner orden en el asunto e ir poco a poco aclarando conceptos y explorando temas de las Guerras de la Información.

Decíamos en el epígrafe “Campos de batalla inmateriales” de Qué son las Guerras Posmodernas:

Las Guerras Posmodernas son la forma de conflicto propia de la sociedad de la información en un mundo globalizado, donde los medios de comunicación e Internet ocupan un lugar importante. Así que la construcción narrativa del conflicto puede llegar a ser el elemento fundamental del conflicto. Esto es, para uno o varios bandos enfrentados la clave de su victoria puede estar no en el uso de la fuerza en el campo de batalla sino cómo su causa es presentada ante la opinión pública internacional para provocar una respuesta que lleve a actuar a gobiernos, organizaciones e individuos. En tal caso no es relevante lo que pasa sobre el terreno o lo sólida de la causa, sino cómo se construye la narrativa en los medios.

El concepto “narrativa” hace referencia aquí a cómo es entendido en Ciencias Sociales, esto es el relato coherente que construyen las personas para explicar las causas de los acontecimientos. El célebre manual de contrainsurgencia FM 3-24, que impulsaron los generales Mattis y Petreaus, define “narrativa” en su epígrafe 1-76 como el “esquema organizacional expresado en forma de historia”. Y es que al final, se trata de la historia que cuenta cada bando para explicar el origen del conflicto, sus motivaciones y lo que está pasando. Así, el gobierno español encaró el desafío del referéndum de independencia catalán como un simple problema legal, insistiendo en su carácter de “referéndum ilegal”. La prensa de fuera de Cataluña hablaba de golpe de estado, una referencia que apelaba a la memoria histórica del 23-F. Fuera de España, los medios y los ciudadanos corrientes mostraron su indignación por las escenas de violencia del 1 de octubre, sin entrar en el contexto político y legal. Se trataba de un pueblo pacífico que luchaba por su libertad y que había sido atacado por el Estado español al acudir a las urnas para decidir su futuro Por ello hablé aquí del “desastre del 1 de octubre” y acudí a las ideas de William S. Lind, padre del concepto de Guerras de Cuarta Generación, para señalar en el artículo “El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación” que lo que puede considerarse una victoria táctica, por ejemplo incautar la urna y cerrar un colegio electoral, puede ser un completo fracaso estratégico.

Portadas de la prensa extranjera tras el 1 de octubre. Montaje de El Periódico.

La colección de tópicos desplegados fuera de España llevó al escritor Antonio Muñoz Molina a escribir “En Francoland”, donde se quejaba de la visión simplista y anticuada que muchos extranjeros, incluso cultos e intelectuales, tienen de España. José I. Torreblanca, también en el diario madrileño El País, hablaba de “[o]rientalismo barato aplicado al sur de Europa”. Se referían los dos a esos autores extranjeros que acudieron al cajón de tópicos para representar a una España primitiva, pasional y fanática. Recuerdo que aquellos días muchos tuiteros extranjeros que comentaban lo sucedido hacían referencia a Homenaje a Cataluña de George Orwell, una obra con casi 80 años. Más de un analista, que había estado siguiendo mediante fuentes abiertas los conflictos de Ucrania y Siria, parecía entusiasmado por la idea de una nueva guerra civil en Europa. Más de un corresponsal extranjero transmitió su decepción al no llegar la sangre al río. Se perdieron la oportunidad de emular a Hemingway en España.

Masha Gabriel, directora de Revista de Medio Oriente, señala en un artículo en El Medio, que la prensa extranjera fue presa del extendido vicio de presentar las noticias con un enfoque que conmueva, más allá de datos y hechos. La ironía, apunta, es que las mismas prácticas en la cobertura informativa extranjera sobre Cataluña, de las que se quejaban los periodistas españoles, son las que uno puede encontrar en la prensa española al tratar el conflicto palestino israelí: “la fuente fácil pero no necesariamente la más fiable, la tendencia a convertirse en juez y parte, la voluntad de imponerse la misión de emocionar por sobre la de indagar y comunicar, dar a conocer, etc”. He leído ya a varias personas hablar de que el conflicto catalán ha ayudado a muchos en España a perder los complejos y entender que la crónica periodística de un periodista que aterriza como paracaidista en un lugar no tiene que ser necesariamente buena por mucho prestigio que tenga el periodista o por mucha solera que tenga el medio internacional.

El lunes 6 de noviembre la empresa de estudios de opinión Sigma Dos reunió a ocho corresponsales extranjeros en España para tratar la primera encuesta sobre intención de voto en Cataluña de cara al 21-D que se había publicado en España. Cuenta Roberto Benito en El Mundo que la reunión derivó en una conversación sobre la cobertura informativa en el resto de Europa sobre la crisis catalana. Por ejemplo, Sarah Morris habló de que se percibía el asunto con “cierto romanticismo” y mencionó la creencia de que Cataluña fue la única región de España que luchó contra el franquismo. Es decir, la narrativa independentista había calado. De hecho, el periodista británico Guy Hedgecoe y la alemana Helene Zuber contaban que el trabajo de las “embajadas” catalana y la propaganda independentista había sido eficaz en sus países. En la reunión los corresponsales contaron que fue la gran manifestación del 8 de octubre contra la independencia y la huida de varios consejeros tras la Declaración Unilateral de Independencia lo que había contribuido a un cambio de la percepción pública. Hasta las manifestación contra el independentismo desde fuera parecía que era una fuerza mayoritaria y dominante en Cataluña

La postura del gobierno español fue que no había sido necesario contrarrestar la narrativa independentista porque los editoriales de la prensa extranjera en los días siguientes a los acontecimientos del 1 de octubre eran favorables a la unidad de España. Despreciaron así la opinión expresada por los ciudadanos corrientes en las redes sociales. La labor de pelear en el terreno de la narrativa la terminó asumiendo un grupo de voluntarios que crearon Voices from Spain. Cuentan la arquitecta Elena Alfaro y la traductora Verónica Puertollano cómo se dedicaron a traducir, del español a varios idiomas europeos, noticias y artículos de opinión relevantes. En 50 días de trabajo fueron más de 240 artículos los publicados en cinco idiomas (inglés, francés, italiano, alemán y español) gracias al esfuerzo de más de 20 voluntarios en cinco países diferentes. Al final, la batalla en el campo de los significados la dieron ciudadanos anónimos. Quizás la próxima vez no nos podamos dar el lujo de no estar preparados.

El ataque con armas químicas de Goutha: Un caso de desinformación

El 21 de agosto de 2013 se combatía en Goutha, un distrito al este de Damasco que forma parte del cinturón agrícola de la capital de Siria, cuando saltó la noticia de que había aparecido civiles con síntomas de un ataque con armas químicas producido cerca de las tres de la mañana. Médicos Sin Fronteras informó de que colaboraba con tres hospitales en la zona que habían recibido un total de 3.600 pacientes con “síntomas neurotóxicos”, de los cuales 355 habían fallecido. Los ataques se habían producido sobre territorio controlado por los rebeldes sirios.

Naciones Unidas fue capaz de enviar al país una misión que recogió muestras in situ, entrevistó a personal médico y realizó pruebas médicas a los pacientes. La conclusión de la comisión de investigación de Naciones Unidas fue que en el ataque se había empleado gas sarín, un tipo de arma química empleada como agente nervioso y que provoca la  muerte por asfixia al paralizar los músculos que ayudan a respirar. Los miembros de la comisión de investigación pudieron, con ciertas restricciones por los combates en curso, moverse por la zona e inspeccionar dos lugares afectados por los ataques en las localidades de Moadamiya y Zamalka. Encontraron en cada lugar un tipo diferente de cohetes con cabeza química. Uno de ellos era del tipo M-14 de 140mm. y diseño soviético que había sido adquirido en su momento por las fuerzas armadas en Siria. Hasta ese momento no se había visto nunca en manos de los rebeldes sirios, que emplean otros modelos de la misma categoría como el Tipo 63 chino de 107mm. y el croata RAK 12 de 128mm. El otro cohete era de un tipo, desconocido entonces, formado por una cabeza de guerra cilíndrica impulsada por un motor cohete de 122mm. Este segundo tipo de cohete fue identificado más tarde como un cohete tipo “Vulcano”, desarrollado por el régimen sirio después del inicio de la guerra e inspirado en los desarrollos de la insurgencia iraquí con apoyo iraní del tipo Improvised Rocket-Assisted Munitions.

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Foto vía Syria Direct

La identificación del desconocido cohete “Vulcano” se convirtió en una tarea para Eliot Higgins, un desempleado británico que dedicaba su tiempo a rastrear vídeos de la guerra de Siria y contar los hallazgos en su blog “Brown Moses”. Higgins fue el primero que señaló la aparición de armas croatas en manos de los rebeldes sirios apoyados por Arabia Saudita. Pronto empezó a ser consultado por medios de comunicación y organizaciones convertido en un referente internacional hasta convertir sus habilidades en una profesión al frente de Bellingcat. Según Eliot Higgins, el responsable del ataque con gas sarín fue el régimen de Assad. Enumera varias razones: No hay evidencia del uso de cohetes BM-14 por parte de ningún grupo rebelde y los cohetes tipo “Vulcano” han sido empleados exclusivamente por las fuerzas del régimen de Assad. Hay además pruebas del uso de cohetes “Vulcano” en otros ataques químicos que pasaron desapercibidos para la prensa internacional  y su complejidad es tal que sólo pueden haber salido producidos de forma industrial y no artesanal.

El 29 de agosto de 2013 una publicación estadounidense llamada MintPress puso en circulación una noticia firmada por Dale Gavlak y Yahya Ababneh en la que se afirmaba que las víctimas del gas sarín en Goutha habían sufrido los efectos de un accidente en un almacén de armas químicas de las fuerzas rebeldes que luchan contra el régimen de Assad. Las armas habían sido proporcionadas por Arabia Saudita. Dale Gavlak es una periodista freelance que había vendido reportajes a Associated Press con anterioridad por lo que muchos medios elaboraron noticias sobre el texto de MintPress contando que la agencia Associated Press había corroborado sobre el terreno que eran armas químicas de los rebeldes sirios los que habían provocado la matanza. Por ejemplo, en España el diario español ABC informaba el día 2 de septiembre de 2013.

Según Dale Gavlak, corresponsal “freelance” de la agencia norteamericana Associated Press, de sus múltiples entrevistas de estos días pasados con residentes y rebeldes en el barrio de Ghouta y en otras zonas de Damasco, se desprende una conclusión sorprendente y escandalosa: las armas químicas que explosionaron hace diez días, matando a centenares de personas -entre ellos muchos niños- estaban en manos de los rebeldes y procedían de Arabia Saudí. Las fuentes utilizadas por Gavlak afirman que se produjo “un accidente” cuando fueron erróneamente manipuladas.

Dave Gavlak volvió a aparecer en una noticia del diario ABC del día 10 de septiembre de 2013 sobre Siria:

Recientemente la periodista Dale Gavlak, corresponsal freelance de la agencia norteamericana Associated Press, señaló que las armas químicas que explosionaron hace diez días, matando a centenares de personas -entre ellos muchos niños- estaban en manos de los rebeldes y procedían de Arabia Saudí.

La noticia tuvo en su momento una amplia repercusión. La Voz de Rusia reprodujeo la noticia, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov apuntó a la culpabilidad de los rebeldes en el ataque de armas químicas. Los medios oficiales iraníes hablaron de la pista saudí e hicieron referencia a Dale Gavlak. La noticia de Mintpress tuvo bastante eco en Twitter, donde el buscador Topsy muestra cómo la noticia fue tuiteada muchas veces asociando el nombre de Gavlak al perfil de la agencia Associated Press (@ap).

Al poco de circular la noticia el responsable de la relación con los medios de la agencia informó [*] que Gavlek era sólo una freelance con el que la agencia había mantenido tratos con anterioridad pero que la agencia no tenía nada que ver con la elaboración y difusión de la noticia. La agencia decidió desvincularse de su antigua colaboradora y a día de hoy el perfil de Gavlek como autora en la página web de Associated Press está vacío. Pero si es comprensible que Associated Press quisiera distanciarse de una colaboradora que aparecía como coautora de una noticia donde se dejaba entrever una relación estable con la agencia, el asunto dio un giro sorprendente cuando la propia Dale Gavlak se puso en contacto con Eliott Higgins primero y con el New York Times después para aclarar que ella se había limitado a ayudar a redactar en inglés a Yahya Ababneh y que en absoluto era coautora de la noticia ni había elaborado ninguna de las entrevistas sobre el terreno que se le atribuían. Es más, había solicitado a Mintpress que borrara su nombre de la noticia sin que su petición hubiera sido atendida hasta entonces. La noticia era por tanto obra exclusiva de Yahya Baraskat Ababneh, ciudadano jordano que simultaneaba trabajos como profesor de árabe, guía turístico y actor, como desveló el blog Al Bab y confirmó Ammannet. Tirando del hilo, la periodista Laura Rozen encontró un perfil de Yahya Baraskat en la red social rusa V Kontakte donde figuraba San Petersburgo como su lugar de residencia y que, a pesar de ser privado, permite ver una foto hecha en Rusia y subida en febrero de 2013. Jessica Testa y Rosie Gray de Buzzfeed lograron contactar con él mientras preparaban un artículo sobre Mintpress, publicado en octubre de 2013, y les contó que se encontraba entonces en Irán.

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Yahya Baraskat en Rusia en febrero de 2013.

La noticia de Mintpress sobre un accidente de armas químicas entregadas por Arabia Saudita a los rebeldes sirios apareció en pleno debate sobre la masacre de Goutha. El presidente Barack Obama había afirmado que en 2012 que el uso de armas químicas en la guerra de Siria constituía una “línea roja” que una vez traspasada obligaría a su gobierno a intervenir. Pero la opinión pública estadounidense estaba en contra de una nueva intervención para derrocar un régimen hostil, como había sido el caso de Afganistán, Iraq y Libia. Esta vez la oposición a una operación militar contra el régimen sirio vino de izquierda y derecha. Peor aún, el uso de armas químicas como razón para intervenir en Siria resultaba un argumento parecido al de la armas químicas usadas como excusa para la invasión de Iraq. Y que la autoría del ataque resultara confusa sólo añadía leña al fuego del debate.

La información de que rebeldes sirios habían confesado a un reportera de AP ser los responsables del ataque con armas químicas en Goutha fue recogido desde páginas páginas webs conspiranoicas como InfoWars o “alternativos” como el canadiense Global Research. Sobra decir que aquellos días, la noticia de segunda mano y vía terceros fue retuiteada, blogueada, meneada y comentada por todas partes porque encajaba en los prejuicios de cierta izquierda y cierta derecha: “Todo lo que nos cuentan los medios de masas sobre Siria es mentira”. Muy pocos medios dieron cuenta de que Dale Gavlak se había desentendido públicamente del texto. Hay excepciones como AntiWar.com, que pidió disculpas a sus lectores. Pero el mal estaba hecho. La noticia circuló y a día de hoy es posible encontrar referencia a ella en medios como el ABC, como mostré más arriba y personas crédulas que sostienen el bulo que puso en circulación Mintpress. Y es que la idea de que se trató de un accidente de armas químicas en manos rebeldes no se sostiene porque no hubo un foco de dispersión del sarín, sino varios donde se encontraron restos de cohetes. Los dos lugares inspeccionados por la comisión de la ONU distaban 16 kilómetros. Según Human Rights Watch, los datos apuntaban a que el ataque había sido lanzado desde zonas controladas por el régimen sirio.

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La cuestión que queda por resolver es, ¿qué es y quién está detrás de Mintpress? El medio nació en enero de 2012 en Plymouth, una pequeña ciudad de Minnesota, de la mano de Mnar A. Muhawesh, que tenía entonces 24 años. Su experiencia previa, tras licenciarse en periodismo, fue unas prácticas en la emisora local de televisión KARE. En sus comienzos Mintpress lanzó en la zona una campaña de publicidad muy activa para contratar personal, lo que llamó la atención a la prensa local. Mintpress arrancó con seis trabajadores a jornada completa y planes para alcanzar pronto la quincena. Preguntada por la financiación de una empresa tan joven y ambiciosa, Mnar A. Muhawesh contestó que provenía de “hombres de negocio retirados” que no podía desvelar. La agenda de Mintpress era progresista con especial atención a cuestiones sociales en Estados Unidos. Mintpress se nutría fundamentalmente de noticias de agencia que eran editadas y ampliadas. Con la salvedad de que las noticias relacionadas con la comunidad LGTB eran desechadas y las relacionadas con Israel y Arabia Saudita eran editadas con acotaciones negativas. Por ejemplo, se añadía la coletilla “el mayor financiador del terrorismo mundial” a Arabia Saudita.

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La puesta en circulación de la noticia del ataque de Goutha se convirtió en la gota que colmó el vaso para algunos periodistas que percibían que habían cuestiones turbias en Mintpress. Algunos abandonaron la empresa y se mostraron dispuestos a hablar sobre su funcionamiento con los periodistas que investigaron cómo un pequeño medio de provincias se había convertido en el epicentro informativo de una crisis de escala internacional. Resulta que Mintpress funcionaba sin apenas generar recursos. Tras desaparecer las referencias a “hombres de negocios retirados” la explicación fue que la financiación provenía de “préstamos”. A día de hoy, la portada de Mintpress muestra un banner solicitando donaciones que invita a apoyar el “periodismo independiente” junto con muy pocos banner de publicidad. La impresión de los ex-trabajadores es que alguien financiaba el medio para impulsar cierta agenda política. Y les llamaba la atención las visitas a la redacción de Odeh Muhawesh, suegro de Mnar A. Muhawesh, un jordano converso al Islam shií que estudió teología en Qoms (Irán) y que oficialmente no tenía ningún cargo en Mintpress pero dejaba la duda de quién era realmente la persona que estaba al mando.

A día de hoy Dale Gavlak aparece como coautora de la noticia de Mintpress, a pesar de sus peticiones de que su nombre fuera borrado. Y las afirmaciones sobre que el ataque con gas sarín del 21 de agosto de 2013 en Goutha fue ejecutado por las fuerzas rebeldes sirias con municiones proporcionadas por Arabia Saudita siguen circulando. Es el caso de otras afirmaciones del estilo “Estados Unidos creó/armó/financió el Estado Islámico”. Son casos de propaganda en el contexto de la Nueva Guerra Fría que se pueden trazar hasta el origen. Su aparición, obviamente, no es casual.