El día de la marmota en Afganistán

Helicóptero Apache británico en acción en Afganistán en 2008. Foto: Wikimedia.

Después de dedicar dos libros a las fuerzas especiales británicas, Damien Lewis fue contactado por pilotos británicos de helicópteros Apache porque querían una exposición mediática semejante. El libro resultante se titula Apache Dawn, un juego de palabras con el título de la película “Amanecer Zulú”. Trata del despliegue de helicópteros de ataque Westland WAH-64 Apache del ejército británico en Afganistán. Leyendo el libro me llamó la atención una cosa. Los pilotos contaban ufanos su perseverancia localizando y persiguiendo a los talibán desde el aire, como el episodio en que siguieron a una pareja de talibán en moto hasta asegurar que iban armados para a continuación disparar un misil Hellfire. A mí me asaltaba la pregunta de cómo una guerra así podía ser sostenible en el tiempo. ¿Alguien en aquella unidad llevaba cuenta del coste de combustible y munición gastadas frente al valor de los objetivos destruidos? El despliegue militar español en Afganistán costó 3.700 millones de euros y la vida de 99 de militares y dos traductores. Mejor no hagamos balance.

Afganistán vuelve a estar otra vez encima de la mesa, con escándalo incluido. El gobierno de Donald J. Trump ha tenido la ocurrencia de consultar a dos empresarios, uno de ellos el fundador de Blackwater, así que he leído ya varios artículos de opinión alertando del peligro de la privatización de la guerra de Afganistán además de repasar el historial de los dos personajes escogidos por el gobierno Trump. Véase, por ejemplo, a “Private military contractors aren’t going to do a better job in Afghanistan. Here’s why” de Debora Avant en el Washington Post. Y también tenemos la  crítica de David Isenberg en su blog. Conté todo el asunto esta semana en la revista El MedioBuscando soluciones al viejo problema de Afganistán. Resulta que los talibán ya no son los “desgarramantas” de los años 90. Ahora lucen uniformados en ceremonias y ejercicios que difunden en sus vídeos de propaganda mientras se nutren de montañas de armamento que capturan a las fuerzas de seguridad afganas.

La polémica ha surgido además porque Prince ha expuesto sus ideas sobre la necesidad de centrar la cadena de mando en un “virrey” estadounidense en Afganistán e implicar a empresas privadas al estilo de la Compañía Británica de las Indias Orientales. El que quiera, puede escuchar al propio Prince en una conferencia que me dio a conocer un lector. Entre otras muchas cosas, es curioso que menciona la teoría de las cuatro generaciones de guerras, aunque no desde la ortodoxia de William S. Lind. Las ideas de Erik Prince sobre Afganistán sin duda producen escándalo. Pero desde que saltó la polémica no he parado de pensar qué alternativas hay. Porque no he visto todavía a nadie proponer una solución que suene viable.

Cómo el fundador de Blackwater y un puñado de contratistas redujeron la piratería en Somalia

oil_resources_1085549ePuntland es una región autónoma de Somalia de la que partían la mayoría de los piratas somalíes. En el año 2010 las autoridades locales crearon la Puntland Maritime Police Force (PMPF) con la intención de combatir a la piratería en tierra, una de las medidas que gobiernos y expertos apuntaban como imprescindible para solucionar el problema. Pero las autoridades de Puntland no tenían recursos suficientes para convertir a la PMPF en una fuerza eficaz y con medios suficientes. En esto, en Emiratos Árabes Unidos llegaron a la conclusión de que era necesario combatir a la piratería en tierra y se recaudaron varios millones de dólares para llevarlo a cabo. El dinero fue destinado a la PMPF. El entrenamiento de sus miembros fue llevado a cabo primero por una empresa sudafricana que había formado parte del conglomerado empresarial en torno a la ya mítica Executive Outcomes y luego por una empresa con sede en E.A.U. a la que estaba vinculado el mismísmo Erik Prince, fundador de Blackwater.

PMPF-training

La PMPF demostró ser eficaz y realizó operaciones arriesgadas, como el rescate a cañonazos de los tripulantes de un carguero que llevaba tres años en manos de los piratas. Pero la presencia de contratistas privados en el país resultó ser inaceptable para Naciones Unidas y ejerció presiones. Como en otras ocasiones, Naciones Unidas prefirió la inacción ante un problema que la solución que proporcionan las empresas militares privadas.

Las historia de la Puntland Maritime Police Force y la reducción de la piratería en Somalia es mi historia de esta semana para Sesión deControl: “El ocaso de la piratería somalí”.