Israel y la enferma obsesión de la prensa española

Dije hace poco que iba a dejar de tratar el conflicto palestino-israelí por una temporada. Pero no hay manera por culpa de las cosas que leo en la prensa española. Y es que da igual el tema. Por muy alejado el asunto de Oriente Medio te encuentras un comentario idiota sobre Israel. Así, Agusto Zamora, autor de “Ocho razones para amar a Trump”, publicó en abril de este año en el diario madrileño El Mundo un artículo sobre la crisis de Corea. Título del artículo: “Un Israel en el Pacífico“. Sí señor, con dos cojones. Dirán ustedes “seguro se refería al papel del Corea del Sur, aliado militar de Washington”. No, no. Corea del Norte. Lean:

Corea del Norte es un símil –mutatis mutandis– del papel que desempeña Israel en Oriente Próximo. Como Israel, es un Estado militar-religioso (uno de la Torá, otro de la idea suche); es un pueblo armado (1,2 millones de soldados, con posibilidad de movilizar a 7 millones de habitantes); como en Israel, el poder militar lo es todo para su existencia. La diferencia la marca el nivel tecnológico.

Pero la capacidad de relacionar cualquier asunto con Israel llega a niveles tan absurdos como los de Carmen Rigalt hoy, nuevamente en el diario El Mundo. Rigalt escribió sobre el caso de Ignacio Echeverría, el ciudadano español que se enfrentó en Londres a un terrorista para defender a una mujer y fue apuñalado por otro por la espalda.

En Londres los yihadistas emplearon dos tácticas que protagonizaron sendas olas de ataques terroristas en Israel: Los atropellos y los apuñalamientos. De hecho, se habló en la prensa internacional de la “Intifada de los Atropellos” y la “Intifada de los Cuchillos”. Cómo no, los asesinatos de viandantes israelíes fue celebrada en las redes sociales por los palestinos con viñetas, fotomontajes y memes de todo tipo. Véanse algunos ejemplos para los ataques con cuchillos.

Viñeta palestina a propósito del apuñalamiento de los pasajeros de un autobús en Tel Aviv. Vía Jerusalem Post.

La relación entre el modus operandi de los terroristas europeos que emplean el atropello y los apuñalamientos con las tácticas palestinas es evidente. Así que prepárense para el salto que dio Carmen Rigalt al tratar la muerte de Ignacio Echevarría, cuyo cuerpo fue recibida en España por los familiares y el presidente del gobierno. En la televisión se pudo ver la entereza de la madre mientras el presidente del gobierno hablaba con ella. Dice Carmen Rigalt:

Perder un hijo siempre es una tragedia, pero perder un hijo y ganar un mártir, un héroe o un santo, debe de ser una tragedia con consuelo incorporado. Los periodistas que hemos tenido ocasión de ver a las madres de los mártires palestinos sabemos de las lágrimas orgullosas que derramaban en silencio, sin dejar de mirar esa foto enmarcada con la que vivían abrazadas.

Sí, señor. Tenemos que pensar en Ignacio Echeverría como un terrorista palestino que se voló con un chaleco bomba en un centro comercial o murió abatido cuchillo en mano por las fuerzas de seguridad israelíes. No se puede ser más miserable que Carmen Rigalt haciendo ese tipo de comparaciones que insultan la memoria de Ignacio Echeverría. Resulta inquietante cómo funciona la mente de una periodista española que para mostrar simpatía con la madre de una víctima española del terrorismo yihadista la compare con la madre de los verdugos de israelíes.

Mariam Farhat, “madre de los mártires palestinos”.  Unos de sus hijos trabajó en el desarrollo de cohetes Qassam. Murió en el laboratorio probando un dron con cabeza de guerra explosiva. Otro hijo murió participando en un ataque contra una escuela donde murieron cinco estudiantes israelíes. Se hizo famosa tras decir en el funeral de un tercer hijo que le quedaban cuatro hijos y esperaba que todos fueran mártires.

Mientras tanto, esta semana un campamento de refugiados palestino en Daraa era machacado por las fuerzas gubernamentales sirias, nada nuevo en ese país, mientras que la organizaión de Naciones Unidas para los refuigados palestinos (UNRWA) “condenaba en los términos más fuertes” el hallazgo de un túnel como los empleado por HAMAS dentro del recinto que ocupan dos colegios de primaria en Gaza. Pero ya saben, Israel.

 

 

La ley de Murphy del periodismo español

El pasado miércoles 28 de enero el grupo libanés Hezbolá lanzó un ataque contra fuerzas militares israelíes. Lanzó varios misiles anticarro Kornet de diseño ruso y presumiblemente suministradas por Irán contra dos vehículos militares israelíes, un Isuzu D-Max y un Citroën Berlingo que se desplazaban por una carretera a 2 kilómetros de la frontera. En el ataque, murieron dos militares israelíes. El ataque de Hezbolá fue acompañado por el disparo de proyectiles contra posiciones militares israelíes en una repetición de la táctica empleada en el ataque que dio lugar a la guerra del verano de 2006. Mientras atacaban a los vehículos los disparos contra posiciones militares distraía y fijaba a las tropas israelíes. El ejército israelí respondió al ataque desde territorio libanés. Un disparo impactó en un puesto de observación elevado en la posición 4-28 de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL). Murió un casco azul español, el cabo Francisco Javier Soria Toledo. Era su segunda misión en el Líbano y esperaba el nacimiento de su primer hijo. Estaba destinado en la Brigada de Infantería Mecanizada “Guzmán el Bueno” X.


Con toda probabilidad el disparo que mató al cabo Soria fue lanzado desde territorio israelí. Según el ministro de Defensa español, “las autoridades israelíes han trasladado al Gobierno sus condolencias y disculpas por lo sucedido”. Si me preguntan mi opinión les diré que el asunto pinta nada bien. Si suponemos que el impacto fue de un arma de tiro indirecto (artillería o mortero) habría que creer que un soldado israelí apuntó erróneamente contra una posición permanente de Naciones Unidas. Si el impacto fue de un arma de tiro directo o un arma guiada, como los misiles Tammuz que Israel ha usado en los Altos de Golán contra disparos desde Siria, tenemos que hablar de un disparo deliberado.

Hasta aquí los hechos. Ahora hablemos de algo completamente diferente, como es el periodismo español. En seguida circuló un vídeo grabado por unos soldados españoles desde el interior de un vehículo, probablemente un IVECO Lince como el que se ve en la primera foto. Aquí podemos verlo en el canal de Youtube de El Confidencial TV.

Creo que podrán estar de acuerdo conmigo que en el vídeo, quitando algunas palabras ininteligibles, se oye claramente:

-¿Están cayendo EN Israel, tío?
-Parece que están cayendo DENTRO de Israel ahora.-
-Esto…
-Espera, calla, calla…-
-Están cayendo DENTRO. ¿Cómo puede ser? No, no puede ser eso. ¿Eh?
-Yo creo, mi sargento, que vienen de la vaguada de El Meri?
-¿De El Meri?
-Sí. De ahí es normal que Hezbolá tire.
-Hezbolá está tirando.
-Porque no se les ve, ¿no?
-Pues por eso digo. Porque es una vaguada grande y no se les ve.
-¡Otro!
-¿Dónde, dónde, dónde…?
Hostiá

Creo que en la conversación queda claro que los soldados españoles aprecian que están cayendo proyectiles de Hezbolá DENTRO de Israel y especulan que Hezbolá podría estar lanzándolos desde una vaguada en El Meri. La converación queda interrumpida por el impacto contra la posición y los soldados abandonan el vehículo rumbo a un búnker.

¿Qué encontramos en el diario El Mundo? El siguiente titular:

Compañeros del cabo español muerto en el Líbano: ‘Están cayendo de Israel, tío. No puede ser eso’

Vaya con el error. Un error de transcripción que se convierte en un titular que cambia la secuencia de hechos y transforma otra frase en un reproche. Los proyectiles caen desde Israel y eso no puede ser. No señor.

Está claro que el periodismo español sobre Israel sufre siempre la ley de Murphy. Cuando la tostada cae al suelo, siempre cae del lado de la mantequilla. Nunca verán un error que quite responsabilidades a Israel, atribuya un muerto erróneamente al otro bando, añada méritos a un personaje israelí, infle los logros del país, etc. Siempre verán a los periodistas españoles cometer “pequeños” errores que cambian el sentido de la noticia. Un día un fallido cohete palestino que mata palestinos se transforma en un misil israelí. Otro un ataque de Hezbolá contra Israel que inicia una secuencia de hechos desaparece para quedar sólo la respuesta israelí. Y así, siempre. Cualquiera diría que los periodistas españoles le tienen manían a Israel. Pero eso sería ser muy mal pensados, ¿no?