La nueva era de los cohetes reutilizables

ORBCOMM 2El pasado lunes 21 de diciembre la empresa privada SpaceX lanzó la misión espacial ORBCOMM-2 desde Cabo Cañaveral. Un cohete Falcon 9 colocó en una órbita baja terrestre 11 satélites de comunicación OG2. Space X es una empresa propiedad de Elon Musk, el fundador de Paypal y el fabricante de coches eléctricos Tesla Motors. La particularidad de esta misión es que la segunda etapa realizó varias pruebas de reencendido de los motores mientras la primera etapa regresó a la superficie de la Tierra y aterrizó verticalmente. Es la tercera vez que un cohete Falcon 9 lo intentaba. Queda por saber el estado real en el que queda el cohete para ver en qué grado es reutilizable, lo que dictaminará el ahorro. Ahora mismo un lanzamiento de cohete Falcon 9 oscila, en su modalidad más barata, entre los 60 y 70 millones de dólares, mientras que las modalidades más potentes y complejas colocan el precio de un lanzamiento mucho más allá de los 100 millones de dólares. El empleo de cohetes reutilizables podría poner el precio entre los 6 y 8 millones de dólares. Elon Musk ha ido más allá, diciendo que el coste podría llegar a ser 100 veces menos si consideramos que el oxígeno y el combustible cuestan 200.000 dólares. Pero en tal caso el cohete debería ser reutilizable al 100%. En cualquier caso, es sin duda un paso hacia el abaratamiento de las misiones espaciales en un futuro. Elon Musk dijo en una rueda de prensa posterior que todavía estamos a varios años del empleo de cohetes totalmente reutilizables.

El hito de Space X vino con cierta polémica. El pasado 23 de noviembre, Blue Origin, la empresa espacial de Jeff Bezos, fundador de Amazon, había lanzado un cohete monoetapa Shepard a poco más de 100km, el límite donde comienza el espacio. Una cápsula se separó y aterrizó mediante paracaídas, mientras el cohete regresaba a la tierra y aterrizaba verticalmente. Bezos trató de quitarle mérito al hito de SpaceX. En realidad la altura alcanzada por ambos cohetes son totalmente diferentes. El Falcon 9 se puede considerar un verdadero cohete espacial. De hecho, el Shepard de Blue Origin no es el primer artefacto humano en alcanzar los 100km. de altura  y regresar a la tierra. Antes lo hicieron el X-15 en 1963 y el SpaceShipOne en 2004. Mientras que el propósito de SpaceX es colocar satélites en órbita, el propósito de Blue Origin es comercializar vuelos suborbitales en lo que los pasajeros disfruten cuatro minutos de viaje por los límites del espacio.

Los distintos hitos de las empresas estadounidenses marcan una nueva carrera espacial privada que colocan a ese país en la vanguardia de la industria aeroespacial. Si se confirma el abaratamiento del coste de lanzamiento, SpaceX podría romper un mercado en el que ya ha obtenido clientes como la agencia aeroespacial de Turkmenistán o las fuerzas armadas de Alemania. Las implicaciones para el sector de las telecomunicaciones son tremendas. Habrá que estar atentos a este y otros sectores como el de las energías renovables para comprobar lo prematuro de las noticias sobre la decadencia estadounidense.

 

 

 

El futuro eléctrico

El otro día en las jornadas Tenerife Isla Colaborativa coincidí en la mesa redonda con alguien que cree en el pico del petróleo. Habló de que hace pocos años se cruzó ese punto en el que el petróleo que queda por extraer del subsuelo es inferior al que la Humanidad ya ha consumido. La solución pasaba por renunciar a seguir creciendo económico, lo que se conoce como Decrecionismo. Uno de sus comentarios me llamó la atención. Dijo que era ingenuo confiar en que la tecnología mágicamente nos salvaría del destino catastrófico que nos aguarda. Y me llamó la atención porque la tecnología ya nos ha abierto el camino hacia una menor dependencia del petróleo. Es una revolución incipiente cuyos primeros síntomas son ya evidentes.

La primera pista de la revolución energética la ofrece el coche eléctrico. Evidentemente hablamos de la irrupción en el mercado del Tesla S, un coche eléctrico que aúna prestaciones y diseño. Recordemos que ya en los años 90 se lanzó el General Electric EV-1. Hay un documental, Who Killed the Electric Car?, sobre su fracaso. El EV-1 tenía una autonomía de 120km. La versión de más autonomía del Tesla S alcanza 426km. Y su aceleración se ha hecho famosa.

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Tesla S en Noruega

Los coche eléctricos han dejado de ser juguetes caros o engendros, para ofrecer una experiencia de conducción superior que en un coche de motor de combustión. La tecnología seguirá evolucionando y llegará el momento en que el coche eléctrico ofrezca más prestaciones costando menos que un coche de motor de combustión, que será una reliquia del pasado como las locomotoras de vapor. El Tesla S es una berlina premium pero el siguiente coche de Tesla será más económico. El primer surtidor eléctrico de Tesla ya funciona en la provincia de Gerona. El camino está marcado.

La siguiente cuestión es la producción de energía. Pensar en el coche eléctrico como un vehículo ecológico es completamente erróneo si no tenemos en cuenta de dónde procede la energía eléctrica que lo alimenta. Pensemos en un coche eléctrico que recarga sus baterías enchufado a una red que se alimenta de una central nuclear o de ciclo combinado (donde se quema gas natural). La revolución vendrá cuando se generalice el uso de coches eléctricos que recarguen sus baterías con energías renovables.

Ahora mismo la energía fotovoltaica ha alcanzado tal desarrollo que es competitiva sin necesidad de primas o subvenciones. En noviembre de 2013, Sara Acosta escribía en el periódico Cinco Días: “Los avances de la tecnología solar fotovoltaica han reducido los costes hasta un 80% en los últimos cinco años”.  Pocas semanas después se conectaba a la red en la provincia de Sevilla la “la primera planta solar de España sin primas”.

En España los problemas de la energía fotovoltaica tienen que ver con la normativa y las primas. El resultado es que según Nuri Palmada, la responsable de proyectos de la cooperativa Som Energia, a pesar de que España disfruta de 65% más de irradiación solar que Alemania, en esta última se produce un 600% más de energía fotovoltaica que España. Lo afirmó durante la presentación del proyecto de una nueva planta fotoeléctrica en la provincia de Sevilla, que se llevará a cabo sin primas y afrontando el nuevo impuesto de 7% a la producción fotoeléctrica.

Así que es obvio imaginar que el desarrollo tecnológico de las energías fotoeléctrica, eólica, maremotriz, etc. seguirá su curso y en un futuro serán más competitivas que otras fuentes. Pero se enfrenta a un problema. La producción de energía fotoeléctrica o eólica no es continua. Es el gran obstáculo que siempre se cita entre los escépticos. Pero nos encontramos que el desarrollo del coche eléctrico ofrece la solución. Las baterías de Tesla Motors han alcanzado tal desarrollo que ha lanzado un modelo de bajo costo para ser instalados en los hogares, la Tesla PowerWall. El propósito es almacenar la energía eléctrica generada por fuentes renovables.

En 2013, del total de productos petrolíferos consumidos en España, un 65% era destinado en transporte. Así que la introducción del coche eléctrico tendría un impacto enorme. Ahora imaginemos un mundo donde todos los hogares tuvieran electricidad procedente de plantas o fuentes de energía renovable y tuvieran baterías para almacenarlas. Y todos los coches eléctricos fueran eléctricos. Es previsible que el actual desarrollo tecnológico nos lleve a ese mundo. El consumo de hidrocarburos decaerá y por tanto el horizonte de uso de las reservas de hidrocarburos se alejará más en el tiempo. El precio del petróleo bajará irremediablemente. Imaginen las consecuencias de ello para Rusia, Irán y Venezuela.