El dilema egipcio

En mi entrevista para Radio Sefarad, Galimatías de lealtades en Siria, el pasado 15 de junio dije casi al final que tendríamos pronto que hablar de Egipto. Poco más de dos semanas después se produjo el golpe del estado contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes.

Desde su llegada al poder los Hermanos Musulmanes se habían mostrado incapaces de mejorar la mala situación económica del país, lo que estuvo en la raíz de las protestas contra el régimen de Mubarak, pero sobre todo había mostrado su rostro autoritario y delirante ante las protestas de los sectores de la sociedad para los que el cambio de sistema político no les había resuelto sus problemas. Los líderes de los Hermanos Musulmanes sacaron el mismo guión que Mubarak: Acusaciones a los manifestantes que eran agitadores pagados desde el extranjero, denuncia de una conspiración internacional contra Egipto (a saber, la CIA, el Mossad, los masones e Irán), represión violenta y promulgación de leyes que blindaban el poder del gobierno. Egipto era un país con un gobierno y una sociedad en rumbo de colisión. Fue el ejército, la columna vertebral del país, la que dio el paso. Un golpe de estado para “savlar la democracia”. Ahí reside el terrible dilema de Egipto: Un partido de ideología autoritaria que alcanzó el poder de forma legítima enfrentado al ejército que ha hecho un acto de fuerza antidemocrático en nombre de la democracia.

La pasada semana hablé con Jorge Rozemblum, director de Radio Sefarad, sobre el dilema egipcio. Esta vez la bola de cristal me resultó bastante turbia y juraría, sin haberme escuchado, que mi voz sonó dubitativa. Más que tratar de adivinar qué pasará en Egipto, traté de presentar los caminos que se abren: Guerra civil a la argelina, una nueva generación de terrorismo yihadista o un arreglo bajo mesa entre los poderes fácticos del país. La esperanza nos llega desde Túnez, donde ante la deriva de los acontecimientos en Egipto se han producido negociaciones discretas para evitar el desastre.

Cuatro apuntes sobre la crisis egipcia

The beginning of the end came in November, almost a year to the day after the Mohamed Mahmoud battle, when Morsi issued a package of sovereign decrees – just four months into his term – that essentially placed himself and assembly above judicial review. He and his allies argued that to stand by and do nothing would leave courts packed with Mubarak appointees free to undermine every step of the transition. The opposition, which may have once been inclined to agree, did not take his side. There had been too many betrayals, trust had evaporated. To the apparent surprise of Morsi’s administration, they were outraged.

Evan Hill en “How did we get here?”

Army concern about the way President Mohamed Morsy was governing Egypt reached tipping point when the head of state attended a rally packed with hardline fellow Islamists calling for holy war in Syria, military sources said. At the June 15 rally, Sunni Muslim clerics used the word “infidels” to denounce both the Shi’ites fighting to protect Syrian President Bashar al-Assad and the non-Islamists that oppose Morsy at home.

Egypt Independent en “Morsy role at Syria rally seen as tipping point for Egypt army”

I’ve spent the last year railing against the Brotherhood’s increasing bigotry, bullying, incompetence. They failed, on strategy and substance. They don’t have the vision or the guts or the skills or the decency to govern Egypt and make something better of it. And the divisiveness the country suffers from now is largely their fault — they could never represent anyone beyond themselves, and they could never believe that there were so many who they did not represent at all.

Ursula Lindsey en “On Egypt’s Failure”

El fracaso económico de los Hermanos Musulmanes también se ha extrapolado al nivel político tampoco ha habido grandes avances desde la dictadura de Mubarak. Mursi ganó las elecciones por escaso margen y en lugar de gobernar con y para todos se fue encerrando paulatinamente en el caparazón político de su hermandad. La nueva Constitución fue boicoteada por cristianos y liberales y en el referéndum sólo votó el 32% de la población. El ex presidente también hizo oidos sordos al llamamiento a un gobierno de unidad nacional y aprobó un decreto que le otorgaba poderes absolutos. Las legislativas fueron aplazadas y el Parlamento continua disuelto desde verano de 2012. Sólo funciona la Cámara Alta que fue elegida por un 7% del censo.

Miguel Angel Benedicto en “¿Por qué fracasó Mursi?”

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