Desde el comienzo de la segunda invasión rusa de Ucrania he leído titulares que presentaban a cada bando como el ganador moral o incluso estratégico de la guerra. No en pocas ocasiones me han preguntado “quién va ganando la guerra”, como si se tratara de un encuentro deportivo en el que se mantiene un marcador. En realidad no sabremos quién ha ganado la guerra de Ucrania hasta que se logre un alto el fuego permanente y podamos ver el resultado de los acuerdos alcanzados. Pero puede que incluso en tal situación posiblemente tengamos sólo un resultado provisional a la espera de una nueva guerra.
Sólo entendiendo qué está en juego en la guerra de Ucrania podremos determinar el eventual ganador. Para ello tenemos primero que comprender los objetivos rusos atendiendo a las propias palabras de Vladimir Putin más allá de su literalidad. Cuando Putin dijo que el objetivo de la invasión era “desnazificar” y “desmilitarizar” Ucrania no quería decir que pretendía enfrentarse a las fuerzas ultranacionalistas de carácter neonazi ucranianas. Rusia está llena de militantes neonazis y no hemos visto que sean declarados enemigos del Estado. En Rusia el término fascista es un significante vacío (“véase Fascism as Stiob” de Mischa Gabowitsch) que se emplea para señalar a los enemigos del país. Por tanto, el objetivo de la guerra es eliminar del poder a los patriotas ucranianos y “desucraninizar” el país. En cuanto al objetivo de “desmilitarizar” el país se refiere a que Ucrania deje de contar con unas fuerzas armadas capaces de defender su soberanía y por tanto Rusia puede intervenir militarmente cuantas veces crea necesario en caso de que llegue de nuevo al poder un gobierno hostil.
El plan de invasión ruso de febrero de 2022 era una repetición de las operaciones DANUBIO en Checoslovaquia (1968) y TORMENTA-333 en Afganistán (1979). Las fuerzas rusas avanzaron por las principales vías de comunicación del país en largas columnas mientras un golpe de mano aerotransportado tomaba un aeropuerto cerca de la capital para establecer un puente aéreo de fuerzas que asestaran el golpe definitivo sobre el liderazgo del país. En febrero de 2022 el plan falló porque elementos de la 4ª Brigada de la Guardia Nacional opusieron resistencia a la toma del aeropuerto Antonov en Gostomel. Finalmente los combatientes ucranianos fueron expulsados del lugar pero provocando un retraso considerable en los planes rusos que impidió el aterrizaje del carrusel previsto de aviones de transporte.
El fracaso de los planes rusos en febrero de 2022 se debió fundamentalmente a que el Kremlin creyó que Ucrania y Occidente se comportarían ante la segunda invasión como lo hicieron ante la primera: sufriendo una parálisis. Crimea fue tomada sin apenas disparos y los gobiernos de Occidente emitieron mensajes de preocupación. El problema de la Rusia de 2022 es que sus líderes parecían haber tomado decisiones estratégicas intoxicados por su propia propaganda. Creyeron que los ucranianos no lucharían y recibirían al ejército invasor como una fuerza liberadora.
Fracasado el plan original de tomar el control del país, la invasión de Ucrania derivó en una guerra donde los objetivos rusos parecen centrados en la conquista territorial. Pero eso no es lo único que está en juego. La cuestión central es qué nivel de soberanía mantendrá Ucrania en el futuro. Rusia aspira a convertir a Ucrania en un país de soberanía limitada. Así que, incluso si Rusia aceptara volver a las fronteras de 1991, sería la ganadora de la guerra si la nueva Ucrania queda fuera de la OTAN o no recibe garantía alguna sobre el respeto de su soberanía por parte de Occidente. Garantías que recordemos fueran dadas en el Memorándum de Budapest en 1994 y no fueron respetadas. Por el contrario, si Rusia lograra anexionarse parte de Ucrania pero el país desmembrado resultante queda bajo un paraguas defensivo occidental la guerra habrá sido un fracaso para el Kremlin porque Ucrania se escapará de sus garras para emprender un camino sin retorno. Sin olvidar los efectos de esta guerra en el Mar Báltico, el Cáucaso y Asia Central.
Mientras tanto, es posible que los acuerdos que pongan fin a la presente guerra no resuelvan nada y dejen la cuestión de Ucrania congelada hasta que Rusia reúna fuerzas para una nueva invasión en algún momento del futuro en el que Francia y Alemania sean gobernadas por líderes dispuestos a sacrificar Ucrania por una relación cordial con Rusia.


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