Afganistán y el origen de la yihad

La invasión soviética de Afganistán fue presentada por la administración Reagan como una muestra del expansionismo soviético, una adaptación a las reglas de la Guerra Fría del Gran Juego de Asia del siglo XIX. Afganistán, se dijo, era el primer paso. El siguiente, anunciaron, sería Pakistán, la salida al Oceáno Índico que una vez el imperio zarista soñó y la llave para controlar el cercano Estrecho de Ormuz.

Era mentira. A finales de los años setenta Afganistán estaba gobernada por un partido comunista cuya recalcitrante ortodoxia marxista-leninista asustaba hasta en Moscú. Los intentos de modernizar el país por decreto, escolarización de las niñas y colectivización de la tierra entre otras medidas, había encontrado la resistencia de la población rural. Estallaron revueltas reprimidas duramente por el gobierno de Kabul. Se entró en una espiral de violencia que empujó a muchos campesinos a echarse al monte y a sus familias a refugiarse en la vecina Pakistán.

La CIA intervino apoyando a la oposición afgana. Quería causarle problemas a la U.R.S.S. en un país fronterizo poblado por los mismos grupos étnicos que dos de sus repúblicas centroasiáticas, Uzbekistán y Tayikistán. En Moscú la situación se analizó como una amenaza para la estabilidad de dichas repúblicas. En 1979 había caído el shah de Persia y en la U.R.S.S. se temía la expansión del islamismo político al Asia Central. Que hubiera partidos islamistas entre la oposición afgana se veía como una amenaza directa. Moscú intervino finalmente. La Unión Soviética invadió Afganistán el 24 de diciembre de 1979.

Cuando Ronald Reagan se convirtió en presidente de EE.UU. la CIA tomó una postura aún más agresiva respecto a la situación en Afganistán. El objetivo no era ya causar problemas a la U.R.S.S. Era atrapar al país en una guerra larga y costosa. Se trataba de hacerle pagar a la U.R.S.S. la derrota en Vietnam. Era una venganza y era personal. Pero la administración Reagan no se quería empantanar en otra guerra sucia y lejana en Asia. Era mejor delegar en aliados que aportaran el conocimiento del terreno y la experiencia de alguien local. Ese aliado fue Pakistán y su todopoderosa agencia de inteligencia, el Inter Service Intelligence. Como luego se comprobaría con cada actor implicado en la trama, Pakistán y en concreto el ISI tenía su propia agenda.

Afganistán era para las autoridades paquistaníes su particular “patio trasero”. La etnia pashtún se extendía a ambos lados de la frontera. De hecho Afganistán nunca la había reconocido oficialmente. Para los pashtunes la frontera que dividía los países era una entelequia administrativa, Y para los líderes pakistaníes convertir de facto a Afganistán en una extensión de Pakistán era la forma de obtener profundidad estratégica en caso de un hipotético conflicto convencional con la India.

EE.UU. puso el dinero y los suministros militares y el ISI se encargó de repartirlos. En los campos de refugiados y en los locales donde se bebía té y se discutía de política en las ciudades fronterizas se repetía el fragmentado espectro político afgano. Estaban por un lado los pashtunes monárquicos que contaban con el rey Zahir Shah, depuesto en 1973, como símbolo de la unidad del país. Pero fomentar el nacionalismo pashtún podría ser una arma que se volviera contra el propio régimen pakistaní. Estaban los tayikos del comandante Ahmed Shah Massud, que se habían mostrado combatientes fieros y eficaces en su inexpugnable valle del Panshir. Pero sus dominios estaban tan lejos de la frontera pakistaní que establecer un flujo grande de suministros hasta allí hubiera sido imposible. Habían también partidos interétnicos e islamistas moderados cuya implantación había estado siempre limitada a las élites urbanas. El ISI eligió a los islamistas radicales.

Desde la perspectiva del régimen pakistaní apoyar a un partido islamista era una vía para obtener una legitimidad religiosa, que dado el carácter dictatorial carecía en el terreno de la política. Para la CIA convertir la guerra contra el invasor soviético en una guerra santa era una forma de buscar la implicación de los regímenes conservadores de la Península Arábica y de países como Egipto. Todos necesitaban presentarse ante sus respectivas poblaciones como piadosos musulmanes que ejercían la solidaridad con los hermanos de Afganistán. Las embajadas pakistaníes otorgaron visados a todos los voluntarios que quisieron ir a luchar a Afganistán. Países como Egipto o Arabia Saudí pretendían así deshacerse del lumpen proletariado más militante que en vez de morir luchando contra el gobierno local lo haría ahora de forma heroica como carne de cañón en tierras afganas. A pesar de todo los voluntarios árabes, a los que con el tiempo se les llamaría “árabes afganos”, nunca fueron un contingente excesivamente numeroso dentro de la resistencia afgana a la ocupación soviética.

EE.UU. llegó a un acuerdo para que que Arabia Saudita igualara toda cantidad que la CIA canalizara hacia la resistencia afgana. Pero al margen de las contribuciones de EE.UU., Pakistán y Arabia Saudita hubo un flujo de dinero privado recogido en colectas en las mezquitas y contribuciones particulares. A través de ONG musulmanas ese dinero llegó a Pakistán en paralelo al gestionado por el ISI. En ese ambiente de señores de la guerra, espías, voluntarios, periodistas, cooperantes y oportunistas creado en las provincias pakistaníes fronterizas con Afganistán por el impulso del dinero llegado de el exterior aparecieron personajes como Osama Bin Laden, Ayman Al Zawahiri y Abulá Yusuf Azzam.

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Bin Laden era uno de tantos hijos de un famoso empresario de origen yemení cuya fortuna había crecido a la sombra de la casa real saudí. Usó sus contactos para recaudar dinero, su experiencia empresarial para administrarlo y su conocimiento del sector de las obras públicas para la construcción de infraestructuras. Años más tarde sería mundialmente famoso y sus seguidores, siguiendo instrucciones de él o quizás no, se encargarían de escribir biografías apócrifas en el que se le describe como un fiero muyahidín, voluntario de primera hora en la guerra. La realidad es que no apareció por Pakistán hasta mediados de los años ochenta, cuando ya empezaba a notarse el agotamiento soviético, y quienes le trataron cuentan que por aquel entonces se sentía agradecido por la contribución estadounidense a la yihad afgana.

La convivencia de los radicales islamistas provocó en ellos un cambio de su visión política del Islam. A Estados Unidos le había interesado la consideración de la guerra afgana como una yihad para atraer aliados en el mundo musulmán. Para los islamistas la yihad no acabaría cuando concluyera la guerra en Afganistán. Aquel era sólo el primer paso. Organizaron sus propios campos de entrenamiento al margen de los que el ISI dirigía. Contaban con el dinero que millonarios como Bin Laden aportaban y el flujo de dinero privado que recogían las ONG.

Según se fue acercando el fin de la guerra las diferencias entre las distintas facciones afganas se fue haciendo más evidente. Hasta aquel momento habían tenido un enemigo común que les había dotado de una identidad colectiva como muyahidines. Ahora quedaba decidir cómo sería gobernado el Afganistán de la posguerra. Por su lado dentro de las filas de los islamistas radicales también surgieron diferencias. La cuestión era el siguiente paso tras la guerra de Afganistán.

Una corriente la representaba Abdulá Azzam, palestino de origen y al que se sitúa en el origen de HAMAS. Era el cabeza de una organización llamada Oficina Afgana de Servicios, que se había encargado de recaudar dinero y acoger a los voluntarios islamistas llegados de todo el mundo. Azzam había procurado que esos voluntarios se redistribuyeran entre los distintos grupos afganos de combatientes. Opinaba que el siguiente objetivo debían ser las tierras del Islam bajo ocupación de los infieles, lo que se podía aplicar a Palestina. Azzam consideraba además que la yihad debía llevarse a cabo dentro de unos límites morales que implicaban no cometer ataques indiscriminados contra civiles indefensos, mujeres y niños. Pero ante todo había que esperar al fin de la guerra en Afganistán y procurar la victoria final.

La otra corriente la representaba Osama Bin Laden, vinculado también a la Oficina Afgana de Servicios pero con el paso del tiempo había caído en la órbita ideológica de Ayman Al Zawahiri. Tras las burlas de los afganos por la torpeza de los árabes sin experiencia llegados como voluntarios con más ánimos que otra cosa, Bin Laden había decidido organizar su propio campamento dentro de Afganistán y su propio grupo de combatientes aparte de las otros grupos afganos. Tras unos cuantos fracasos inciales el grupo de Bin Laden resistió un asalto de las fuerzas soviéticas contra su campamento lo que le permitió al fin presentarse como un verdadero muyahidín. Su opinión respecto al destino de los voluntarios árabes era continuar la yihad, entendida ahora como una lucha global. Tras la derrota de la U.R.S.S. el objetivo debía ser la otra gran potencia, Estados Unidos. En esa lucha no debía haber límites morales. Los civiles eran objetivos legítimos.

En 1989 una bomba mató a Azzam cuando un viernes iba de camino a la mezquita. Su relación con Bin Laden por aquel entonces era buena. Sus enemigos se encontraban entre los miembros de otras facciones islamistas. Pero la muerte de Azzam dejó vía libre para que Bin Laden tomara el control de la organzación.

Algunos afganos advirtieron a sus contactos de la C.I.A. sobre aquellos islamistas que habían organizado campamentos aparte del resto de los muyahidines y que hablaban de una yihad global. Pero con el fin de la Guerra Fría cesaron las actividades de la CIA en Afganistán. Se había derrotado a los soviéticos. ¿Qué más podía importar? Sólo quedó atrás un grupo reducido de agentes encargados de tratar de comprar los misiles antiaéreos portátiles FIM-92 Stinger que la C.I.A había repartido entre los muyahidines “como chupa chups” (like lollipops). Los presupuestos militares y de inteligencia se redujeron. Y al igual que los agentes de la CIA los voluntarios árabes regresaron a su países de origen convencidos de ser responsables de la caída de la Unión Soviética. El resto es historia.

Nota:

He escrito esta entrada de mi blog movido por lo que cuenta la Wikipedia en español sobre Osama Bin Laden. No es que el artículo sea malo. Es una puta mierda producida por una pandilla de gilipollas progres indocumentados. Una vergüenza total para la Wikipedia. La próxima vez que oigan a alguien decir que “Bin Laden fue entrenado por la CIA” o “Bin Laden fue agente de la C.I.A.” sepan que están ante alguien que no sabe de lo que habla.

Recomiendo la lectura de dos libros Premio Pulitzer:

The Looming Tower: Al Qaeda and the Road to 9/11 por Lawrence Wright. Si no tienen tiempo ni ganas para leer este es el libro. Es bastante ameno y fácil de leer. Arranca con Sayyid Qutb, sigue con la yihad afgana y se centra en la la vida de Osama Bin Laden y los vaivenes de su relación con Ayman Al Zawahiri, alternando con la historia de las unidades antiterroristas de EE.UU. y cómo su incomunicación llevó a la incapacidad de detener el 11-S.

Ghost Wars de Steve Coll . Es una obra monumental para quien quiera profundizar a fondo. Yo lo leí por rachas y completarlo me llevó meses. El libro es un relato pormenorizado del papel de la CIA en la guerra afgana y en la posterior lucha contra el terrorismo yihadista. El libro arranca con el asalto de la embajada estadounidense en Islamabad el 21 de noviembre de 1979 y concluye con la muerte de Ahmed Shah Massud el 9 de septiembre de 2001.

16 thoughts on “Afganistán y el origen de la yihad

  1. Ghost Wars es uno de los mejores libros que se pueden leer, también me llevó una eternidad terminarlo (y tuve que volver atrás muchas veces para repasar lo ya leido) pero merece la pena.

    Buen post, ¿vuelves a tu tradición de blogger de tochos? buena señal.

  2. Oye, lobo, me dijiste que ibas a salir públicamente del armario en tu blog, pero veo que de lo dicho nada, ¿en qué quedamos?

  3. La verdad es que viendo el artículo de la wikipedia es una vergüenza simplona. Parece sacada de una conversación pseudo-progre de bareto o de clases de prácticas de sociología 😉

    ¿por qué no editas tú la entrada de la wikipedia? Sería un problema que se mantuviese como está, ya que no hace más que alimentar el simplismo y la falta de rigor.

  4. gracias por escribir este articulo, se desde mi corazon que osama bin laden es un gran musulman, lo admiro por su certeza y veracidad en su actitud islamica, quisiera poder conseguir los documentos que ustedes hablan sobre estas verdades si pueden conseguirse en español, seria magnifico, hay una rotunda desinformacion frente a su formacion religiosa, su condicion humanitaria y su compromiso con los creyentes, quiero mantener comunicacion con personas que me ayuden en este campo soy una mistica en la fe musulmana pese a ser mujer latina, gracias por responder esta nota al email deavere@hotmail.com

    occidente sigue una guerra irresponsable ante el islam y hay mucha desinformacion me angustio viviendo esto a diario y buscando que pueda llegar algun dia a ese hermoso pais que es Afganistan, he escrito un poema para su gente y otro para ALLAH, en la embajada afgana de estados unidos los he enviado , desconozco si fueron traducidos y enviados a sus periodicos para mostrar que occidente tiene personas que los aman y se unen a sus propositos como musulmanes.

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