La delgada línea verde (y 2)

Ayer decía que no me posicionaba sobre el cambio climático por no haber dedicado el tiempo suficiente a leer fuentes solventes sobre el tema. Pues bien, he encontrado que la revista Investigación y Ciencia (edición española de American Scientist) ha publicado un monográfico sobre cambio climático. Ningún artículo se dedica a debatir su existencia. Todos parten de darlo como un hecho contrastado. Lo que no hay acuerdo es sobre la naturaleza de ese cambio.

pateraEn la revista me ha llamado la atención un artículo titulado “Pérdida de sincronía de los ecosistemas”. Ligeros cambios de temperatura en el planeta están alterando las pautas de reproducción de flores y animales. Teniendo en cuenta que unos sirven de alimento a otros está por ver el impacto que tendrá en las cadenas tróficas. Curiosamente el periódico 20 Minutos recogía ayer una noticia en ese mismo sentido: “El cambio climático revoluciona la flora y fauna a la puerta de casa”. Ahondaba en la misma línea de lo que ya informaban en agosto pasado sobre el adelanto de la primavera o el martes pasado sobre la amenaza de extinción de varias especies animales.

La cuestión es que el ser humano es un eslabón más en esas cadenas tróficas. Nos alimentamos de plantas y animales, que una vez desaparezcan en zonas del planeta donde su población practica una economía de subsistencia se verán obligada a emigrar. Esas zonas están al sur de España.

¿Qué análisis y soluciones puede presentar Europa y España más allá de la acción limitada de taponar y/o sensibilizar?

Merece la pena volver a leer el artículo “La anarquía que viene” en el libro homónimo.

One thought on “La delgada línea verde (y 2)

  1. Yo no soy un entendido del tema, ni mucho menos, pero en mi pequeño mundo se ven cosas extrañas. Tengo algunos almendros en flor (!!!) y estos días estamos recogiendo aceituna en manga corta… Son dos anécdotas que no dicen mucho, pero ahí quedan; los almendros normalmente no florecen en noviembre, y en la temporada de la aceituna uno suele pasar más frío que un perro. No es la primera vez que se ven estas cosas, evidentemente, pero de unos años a esta parte parecen haberse convertido en algo recurrente.

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