Un hombre solo

Estos días Manuel Marín, presidente del Congreso de los Diputados, se está paseando por los medios (ya lo hemos visto en TVE, Tele5 y Canal +, y escuchado en la Cadena SER) para explicar su intento de reformar el reglamento de la cámara. Allá por 1989 se aprobó una resolución sobre en la que ordenaba a la Cámara su realización y desde entonces nada ha pasado. Según Marín los dos partidos mayoritarios muestran mucho interés cuando estaban en la oposición, pero tan pronto llegan al poder olvidan el tema. Se avecinan pronto la discusión sobre la Constitución Europea, la aprobación de los nuevos estatutos de autonomía, las elecciones autonómicas en Galicia, etc. Así que el presidente del Congreso se lo ha tomado como un asunto personal que pretende se tramite lo más rápido posible.

Marín quiere agilizar los plenos, que en sus propias palabras son un «tostón»; romper la dinámica de grupos cerrados permitiendo libremente a los diputados intervenir en un turno de oradores (algo que pretende estrenar en el debate sobre la Constitución); modernizar tecnológicamente el Parlamento (que hasta esta semana convocaba a sus miembros vía telegrama); poder alterar el orden del día de las sesiones hasta 24 horas antes en vez de una semana como hasta ahora…

Todo suena bastante bien dentro de la lógica de la democracia parlamentaria pero no hay forma de evitar esa sensación de que es precisamente el partido en el poder el que menos le interesa que el Parlamento sea el centro de la vida democrática de este país. Marín ya se ha encontrado con la oposición dentro de su propio partido, recibiendo ataques por las «prisas» y el «protagonismo» adoptados por Manuel Marín.

Y todo parece que al final tanto PSOE como PP harán que todo cambien para que todo siga igual.

[Esta entrada fue publicada originalmente en el blog Lobo Estepario de Zona Libre]

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